Retiró un mechón de su cabello para poder observar completamente el rostro de Kate. Esta estaba acostada de lado, frente a él.
Se movió, colocando uno de sus brazos doblado bajo su cabeza, alargó la mano y rozó muy suavemente la mejilla de su acompañante. Un simple roce con las yemas de sus dedos.
La había notado moverse durante toda la noche. Cambiaba de postura una y otra vez. Suspiraba y sollozaba casi inaudiblemente para no despertarlo.
Sin embargo, él estaba despierto pero no quería incomodarla, así que en silencio se acercaba más a ella, pegando sus cuerpos y la abrazaba para luego dejar un beso en su mejilla. Kate le devolvía el abrazarlo y, poco a poco, iba tranquilizándose hasta quedar dormida entre sus brazos.
Se acostó bocarriba en la cama, observando el techo de su habitación mientras pensaba. Tenía que hacer algo, no iba a quedarse de brazos cruzados. Más tarde llamaría a su abogado y le contaría la situación. Él podría informarle y aconsejarle qué podría hacer respecto al envenenamiento del caballo de Kate.
Notó un cierto cambio en el colchón, de nuevo Kate se estaba moviendo y para su sorpresa, lo hizo para acomodarse sobre su pecho, entrelazando sus piernas con las de él. Cuando Beckett hubo encontrado la postura adecuado, rodeó su cintura con una mano y besó su cabeza.
Esta suspiró y se removió sobre su pecho.
Pensó en lo idiota que había sido en su forma de actuar en esa última semana respecto a Beckett.
Respiró profundamente, llenado y vaciando sus pulmones por completo. Eso tampoco podía dejarlo pasar.
-Buenos días –susurró una adormilada Kate sin separarse del pecho del escritor.
-Buenos días. –La saludó con la nariz arrugada, pensaba que estaba dormida. -¿Has descansado algo? –le preguntó, acariciando su brazo con la mano que no estaba en su cintura.
-Sí, gracias. Siento no haberte dejado dormir apenas. –Se disculpó, girando el rostro lo suficiente como para poder mirarlo a los ojos.
-No te preocupes por eso. –Le sonrió con ternura. –Lo importante aquí es que tú estés bien.
Kate se perdió unos segundos en sus ojos para luego volver a la postura inicial, pero con un pequeño cambio, esta vez, escondió su cara en el cuello del escritor. Este se estremeció cuando los labios de Kate tocaron la piel de su cuello y sintió su aliento chocando contra su piel.
Esta sonrió tímidamente cuando se dio cuenta de lo que había provocado en él con algo tan inocente como ese movimiento. No lo había hecho a posta.
-¿Tienes hambre? Ayer no comiste nada en toda la tarde ni tampoco cenaste. –Le dijo en un leve tono de reprimenda.
-¿Me espías? –preguntó, irguiéndose, colocándose bocabajo en la cama, apoyándose sobre sus codos.
-No, solo me preocupo por ti. –Alargó su brazo y le retiró el pelo que había caído sobre su cara al cambiar de posición. Kate no pudo evitar esconder la tonta sonrisa que había curvado sus labios al escuchar lo último dicho por el escritor. –Me importas, Kate –Esta se ruborizó y no pudo aguantarle la intensa mirada más que unos minutos. –No debí haberme comportado así cuando me dijiste que no. –Suspiró y acarició su mejilla –Debí haber actuado de otra forma, demostrarte que sí que puedes confiar en mí, que mis sentimientos son verdaderos. –rozó con sus dedos la barbilla de Kate, acercándose a sus labios. –Pero, me gustaría, hacerlo a partir de ahora. Déjame demostrártelo, por favor. –Le pidió, mirándola directamente a los ojos.
-Rick… -dijo Kate.
Pero Castle negó, poniendo uno de sus dedos encima de sus labios para que lo dejase continuar a él.
-Sé que no debía haber contratado a otra pero me sentí ofendido cuando me dijiste que no confiabas en mí y que no sabía si podías hacerlo. Sé, que en parte, tienes razón por todo lo que las revistas dicen de mí. Pero, quiero demostrarte que no todo lo que dicen es cierto y que sí que puedes confiar en mí. Yo nunca te haría daño a conciencia. Tienes que creerme y, si no, dame la oportunidad de demostrártelo, por favor.
Kate asintió, limpiándose una lágrima traicionera que se había escapado de su ojo derecho.
-¡Hey! No llores. –La rodeó con sus brazos –Yo no quería hacerte llorar, no…
Beckett negó con la cabeza.
-Gracias –agradeció, besando su mejilla.
Richard la miró confundido. ¿Por qué le agradecía exactamente? Cuando fue a responderle, las tripas de Beckett rugieron, haciendo que las mejillas de esta se volvieran en un tono carmesí.
-Creo que voy a prepararte el desayuno antes que mueras de hambre. –Dijo divertido, saliendo de la cama después de dejar una caricia en la mejilla de Kate. -¡Eh! No te levantes. Te lo traeré en la cama. Déjame que ahora yo cuide de ti –añadió antes la mirada de Beckett.
-No hace falta –insistió, colocando los pies en el suelo.
-¡Oh, sí! Sí hace falta –empujó levemente su hombro. –Vuelve a la cama. Estaré devuelta enseguida.
Kate sonrió cuando Richard salió por la puerta.
XXX
-¿Puedo preguntarte algo? –inquirió, tragando la comida que tenía en la boca.
-Claro, puedes preguntarme todo lo que quieras. –Dejó el tenedor en su plato para prestarle toda su atención a Kate.
-Ayer, antes de enterarme de lo de Zar –recordó y se entristeció. Rick rozó sus dedos por su mejilla –Ian y Zoey salieron corriendo cuando me vieron y… – se fijó en la cara de confusión que había puesta Castle. -¿Sabes por qué hicieron eso?
-No, no lo sé. Me sorprende, ellos te quieren mucho. Es raro pero cuando se despierten les preguntamos.
-Sí –dijo desviando su mirada a su plato.
XXX
-Buenos días –saludó Rick a sus hijos cuando los vio entrar soñolientos por la puerta de su habitación. Ian corrió hasta los brazos de su padre mientras que Zoey arrastró los pies hasta la cama y levantó los brazos para que Castle la cogiese.
Ambos niños besaron la mejilla de su padre como saludo pero miraron con recelo a Kate que estaba sentada a su lado. Agachó la cabeza, ocultando las lágrimas que se habían instalados en sus ojos. Todo lo ocurrido con Zar la hacía estar más sensible, además, ella adoraba a esos niños que ahora habían dejado de mirarla con cariño.
-¿No saludáis a Kate? –les preguntó.
El pequeño miró a su padre y negó.
-¿Por qué? Si Kate os quiere mucho y vosotros a ella. –Los ojos de su hija se llenaron de tristeza. -¿Qué ha pasado?
-Ella no nos quiere –contestó el mayor, señalando a Kate con su dedo índice. La aludida levantó la cabeza para mirarlo, y luego hacer lo mismo con los otros dos Castle.
-Sí os quiere –le rebatió su padre.
-Entonces, ¿por qué dejó de cuidarnos y de darnos las buenas noches? Tampoco jugaba con nosotros. –Gimoteó Ian con la cara llena de lágrimas.
Kate miró sorprendida a Castle.
-Fue por mi culpa. –Dijo con pesar Rick. –Ian, Zo, Kate sí os quiere y si dejó de venir fue por mi culpa pero sí os quiere. ¿Verdad, Kate? –preguntó.
-Claro que sí, os quiero mucho –confesó dejando notar su emoción en su voz. –Siento mucho no haber venido a daros en beso de buenas noches ni haber jugado con vosotros, pero, os prometo, que a partir de ahora vendré todos, todos los días.
-Así que, ya podéis darle un beso y un abrazo a Kate –le ordenó a sus hijos. Estos le hicieron caso de inmediato cuando Beckett abrió sus brazos para recibirlos.
-Os he echado mucho de menos. –Les dijo sin dejar de abrazarlos, besando sus frentes luego.
-¿Mucho, mucho, mucho? –inquirió Zoey, mirándola a los ojos con algunos rastros de lágrimas aún por sus mejillas.
-Mucho, mucho, muchísimo, cariño. –Le peinó el pelo con sus dedos.
-Te quiero, Kate –dijo Ian, colocando su cabeza sobre su pecho.
-Yo también, compañero. –Le sonrió.
Cuando los ojos de los dos adultos se cruzaron, Beckett pudo ver cómo Richard la miraba algo emocionado y, en sus ojos, pudo ver algo más que no pudo descifrar. Le sonrió agradecida. Y le susurró un "gracias". Rick sacudió la cabeza y la señaló con su dedo varias veces.
XXX
Tres días más tarde
-Ven, quiero enseñarte algo. –La cogió de la mano y tiró de ella para que lo acompañase.
-¿Qué? –curioseó, dejándose llevar por él.
-Ahora verás, es una sorpresa.
Kate arrugó la nariz.
-¿Una sorpresa? –repitió, confundida.
-Sí, vamos y deja de preguntar. –Dijo, haciendo una mueca graciosa con sus labios.
