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Hay razones sencillas, hay razones malas, hay razones que crees están bien pero en el fondo sabes que no lo están y hay razones que simplemente parecieron buena idea.
Armin piensa que escaparse con Reiner de la escuela es una mala idea, pero tiene una buena razón. O al menos eso supone.
—¿Y a dónde vamos? —No puede evitar preguntar, antes que nada, él piensa que las razones lógicas están por encima de todo.
—Bueno una de las razones por las que estoy aquí es la competencia de artes marciales mixtas y Tae kwon Do —Armin le mira con sorpresa, no lo sabia—. Así que iremos a las prácticas, mi pequeño saltamontes.
—Pero no tengo mi Dobok…
—No importa, te presto uno.
—Pero…
—¿Son excusas las que escucho? Armin, no pretendo obligarte pero al verte me das la sensación de que tienes muchas cosas guardadas. Iremos, patearas traseros y te vas a liberar del estrés. No crees que es un gran trato?
—Lo es —dijo sinceramente, dando una pequeña sonrisa que el mayor tomó por buena.
—Así me gusta.
A él también le gustaba la idea. Olvidarse de todo por un rato, olvidarse de todo cuando está con Reiner.
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Erwin no regresa a su casa, se toma su tiempo en el supermercado. Compra lo indispensable para que Armin pueda comer algo que no sea comida en la calle, algunas verduras y carne. Su inquilino realmente no toma mucho del refri y lo que suele comer lo compra él mismo. Le sabe mal eso, así que al menos lo que resta del tiempo espera que se alimente bien.
Toma el nuevo desinfectante del que tanto habla Levi solo para comprobar si hace esas maravillas. Ve a Mary pasar por el otro extremo del pasillo, con su carrito de las compras llena, ruega a la vida porque no lo haya visto y parece ser que si porque no acudió a un encuentro.
Muy en el fondo, cree que le vigila, pero a veces la razón le dice que no puede ser cierto. Tiene que trabajar, ¿no?
Cuando se dispone a abandonar el área de limpieza, ahora ve correr a Hanji por el otro lado gritando que encontró el cereal.
¿Acaso ese día era el de las compras? No puede ser eso posible, entre semana nadie va y llena su despensa.
Mejor se retira antes de encontrarse con…
Levi le mira el carrito y sonríe con suficiencia al ver el desinfectante del que tanto estuvo hablando y del que sus amigos se burlaban.
Erwin pretende no ver la sonrisa burlona y en cambio le saluda.
—No creí verte por aquí hoy -le dice una vez que deja de mirar el carrito.
—Vengo los días en los que no habrá gente para precisamente, no ver a nadie que conozca. Ahora tendré que venir otro día, ví a Hanji y me dieron escalofríos.
—Somos dos.
—¿Donde dejaste a tu mascota? —no parece querer detener el ataque—. ¿Cambió de dueño?
—Levi… —reprende, como le gusta hacer enojar a la gente.
—Oye,, no encontré del papel higiénico acolchonado, pero este dice que tiene olor a Jazmín —Eren mira al profesor, frunce el ceño y voltea a ver a su pequeño pero picoso amante—. Ya podemos ir a pagar.
—Bien —Levi se despide con la mano y sigue al joven de cabellera castaña.
Smith les ve discutir alejándose antes de dar la vuelta.
Piensa que la burla de encontrar otro dueño no parece si no una excusa para sacarle información. Su amigo sabe, por obvias razones, que Armin está con alguien.
A veces desearía no estar en tan malos términos con Eren.
No es su culpa en realidad, pero el castaño ve en él al mismísimo lucifer encarnado desde que el pequeño rubio se fue. Lamentablemente los años no mermaron su odio y aunque es el mejor amigo de Levi, eso no hace que intente al menos caerle bien. Cada que se reúnen por algún evento, el menor le hace ver cuánto detesta y aborrece su presencia, de ser posible escupiría por donde pisa.
Bien, ya lo ha meditando un montón de veces y siempre llega a la conclusión de que un día tiene que mermar ese odio.
Sigue su camino rumbo a la caja para pagar intentando no volver a encontrarse a nadie.
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Armin ha sudado mucho, quiere darse una ducha y mira la hora en su teléfono. Erwin no llegará hasta más tarde.
Observa a Reiner dar instrucciones a sus alumnos, le da una sensación de seguridad, como la que tenía en Sina. Se le acerca mirándole curioso.
—¿Quieres descansar?
—Necesito pero ir a casa —Se ríe en circunstancia. No pretende ser grosero pero tiene tarea y una materia que justificar—. Gracias por este día, en realidad me ayudó mucho.
—Te llevo.
—No, en verdad puedo irme solo…
—Bah, tonterías. Yo fui quién te obligó a venir, ahora tengo que dejarte sano y salvo —No permite replicas pues anuncia a su otro instructor su salida.
Armin niega como siempre pero se deja arrastrar hasta los vestidores. En realidad a perdido mucha condición física y está cansado. Recuerda su tarea y ve de reojo a su compañero, encaja a la perfección.
No quisiera llevarle, pero en serio necesita una ducha y su portafolio de evidencias está en casa.
—Ya que te gusta tanto ayudar, necesito algo de tu tiempo —Recuerda de nueva cuenta a Erwin pero lo descarta de inmediato, llega siempre en la noche.
—Con gusto.
Armin tal vez tuvo que escuchar más a la razón.
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Erwin miró a ambos rubios entretenidos, mantenían una charla pacífica (cosa que envidiaba) y parecían muy cercanos. Al parecer ni si quieran se han percatado de su presencia, así que se limitó a dejar las bolsas en la repisa de la cocina.
Fue cuando Armin se giró que sus miradas se encontraron. Pudo ver claramente la sorpresa enmarcando sus facciones y bueno, le incomodó que fuese dirigido precisamente a él.
—Buen día, jóvenes —Tampoco quería interrumpirlos, no era un monstruo sin corazón o algo así como Armin pretendía que fuera—. No me hagan mucho caso, solo guardaré las compras.
Reiner observó el rostro del rubio menor, no entendía por qué se encontraba tan asustado. No era tampoco grosero, así que fue al encuentro del aquel hombre para saludar y estrechar las manos.
—Mucho gusto, soy Reiner Braun.
Smith asintió, tomó la mano del otro y apretó con más fuerza de la necesaria; sonrió quedamente.
Armin sentía un nudo en el estómago, no tenía razón de ser, quiere decir, no está haciendo absolutamente nada malo.
—Erwin Smith —Enunció simplemente, no pretendía volver a ver al joven en su vida. Miró al rubio que aún tenía su mano y su sonrisa se transformó en una fina línea con ceño fruncido incluido.
El maestro se limitó a soltarse y seguir en lo suyo.
A Armin por poco y se le salen los ojos. Era como estar en un encuentro tipo novela donde el marido conoce al amante, pero en ese caso no era nada de nadie aunque su mente estaba vuelta loca, ya no sabía ni quién era él.
Reiner le miró entonces como si estuviera loco o en el peor de los casos que fuera masoquista.
Armin se limitó a tapar su rostro con una mano mientras negaba con la otra. Tenía que explicarle después, no en ese momento, realmente necesitaba que le ayudará con la tarea. Le dio palmaditas a la silla para que se sentará porque si no lo hacía tal vez y le suelte un golpe al pobre hombre que ignora la película mental de los otros dos.
Estaba avergonzado, no tendría que estarlo porque no es su culpa pero sí lo fue el llevarlo a esa casa sin consentimiento previo.
Erwin no parecía molesto y tal vez eso le incomodaba aún más.
Cuando el mayor terminó de guardar las cosas se quedó un momento quieto, y ahora, ¿a donde iba? A su cuarto tal vez…
Sin dirigirles una sola mirada fue a su habitación donde pretendió trabajar.
Reiner seguía observando a Arlert con insistencia, quería respuestas.
—Cuando terminemos, ¿bien? —En serio quería acabar su tarea e irse. Nunca pensó que precisamente ese día llegaría temprano. Maldita suerte.
Al cabo de unos minutos, dónde Reiner respondía a las preguntas, Erwin salió del cuarto despidiéndose, alegando que iba con Levi.
—Ahora dime —Ni tardo ni perezoso exigió Reiner.
—Fue cosa de la escuela, en cuanto pase esta semana mis padres volverán y como si nunca hubiese pasado nada.
—¿Te ha hecho algo? —no puedo evitar preguntar.
Eso pareció ofender a Armin. A pesar de todo, cree que nunca dio a pie para cree que Erwin fuese ese tipo de persona.
—Jamás —respondió frunciendo las cejas en desacuerdo, terminando por zanjar el asunto.
El otro rubio asintió, no quería hacerlo enojar.
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Erwin solo fue a caminar, no quería estar encerrado en su propia casa.
Por lo que alcanzó a escuchar ya iban a acabar, era cuestión de irse un rato. Armin no iba a quedarse tampoco por la cara que puso y no quería respuestas a la incógnita de quién era ese tal Reiner.
¿Amigo, conocido o amante? No le importa. No quería verlo y ya.
Alcanza ver a Mary caminar en su dirección, mal momento para que esa mujer se aparezca.
—Hey, chico sexy. ¿Quieres una copa? —Comienza como saludo.
Erwin ríe, ella es muy rara.
—No, gracias —Sigue su camino, repasa el mapa en su mente y vagamente recuerda una cafetería.
—Parece que te apalearon —Comenta ella, le mira de arriba abajo y el siempre varonil porte ahora tiene pinta de encorvado. Le toma del brazo del que se aferra y Erwin no hace nada por apartarla.
—Casi —Se limita a contestar. No tiene ganas de hablar de eso.
—¿Hay algún avance con Armin?
—No.
—¿Intentaste dándole un beso apasionado?
—No
—¿Vas a intentar algo si quiera? O hablo con un hombre derrotado.
—Mary, basta. No quiero hablar de eso.
—Quiero ayudarte.
Erwin suspira, tampoco quiere ser grosero.
Ella fue su novia, ahora eran amigos. Tal vez ellos sabían que su relación nunca iba a funcionar pero lo intentaron porque necesitaban un bote salvavidas al cual aferrarse.
Ella acababa de terminar una relación desde secundaria. Mientras, él recién descubierto homosexual con dudas morales por un chico de 15 años.
Una mala etapa para ambos. Cuando acabaron la universidad ella se mudó a otra ciudad para "darse nuevos aires".
Su relación era más como amigos, aunque siendo sinceros experimentaron para sacarse una espinita.
Ella concluyó, para un nuevo golpe a su orgullo que si, definitivamente amaba los pechos grandes y vaginas húmedas.
—¿Sabes cómo puedes ayudarme? Regresa al pasado y dime qué me arrepentiré de mis decisiones —Él no era del tipo que suele retractarse o lamentar causas. Piensa que toda acciones tiene un fin, pero en ese instante tenía sus dudas—. Hazme saber que todo lo que hice no valió la pena.
—No puedo —dice ella, no molesta por el arrebato—. Pero agradezco a tus errores, porque me ayudaron y a ti también, porque maduraste mentalmente. Y ahora estás haciendo lo mismo. No necesitas ir al pasado, grandulón. Ahora mismo es cuando necesitas de esas palabras.
Erwin recobró un poco de su paz mental.
—Lo lamento, estoy…
—Lo sé.
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Está forzando las cosas, Mary está forzando…
—Nuestro bebé está sufriendo —Mary apunta a Hanji, quién a su vez mira a Levi y este responde con el dedo medio—. Tendré que intervenir.
—¡No puedes! —Zoe grita, alzando las manos para dar énfasis—. ¡Vas a alterar el orden natural de las cosas!
—No intenten detenerme.
—Haz lo que quieras —responde Levi.
—Necesito ideas —pero si requiere ayuda.
—Vete al diablo. ¿Quién carajo te invitó? —Levi vuelve a hablar, no entiende cómo llegaron de una tranquila tarde comiendo pizza y tomando bebidas de dudosa procedencia que Hanji tenía en su refrigerador a hablar de amor como niñitas.
Cuando él sufría por amor nadie intervino en su travesía. Al contrario, lo hipnotizaron, le dijeron que no valía la pena y que dejara de acosar a Eren. Razones de sobra tenían para decirle eso pero le vale un soberano cacahuate.
—¡Yo tengo una! —Responde Hanji—. Podemos encerrarlos en un cuarto.
—No —dice Erwin lanzando una mirada de advertencia a la castaña.
—Parece buena idea —La rubia lo anotó en su libreta—, pero no. ¿Alguna otra?
—Gracias por su preocupación —aunque en realidad no le importa—. La verdad así estoy bien, puedo arreglarlo yo solo. No soy un niño.
—Pero…
—Basta —Se frota las sientes en señal de cansancio, suficiente tiene con su conciencia para que vengan otros a joder—. Iré a casa. ¿Quieres que te lleve, Levi?
—No, gracias —el aludido toma una rebanada de pizza—. Todavía queda.
—¿Estás seguro? —Insiste.
Levi alza una ceja indignadisimo, casi está seguro que esa palabra no existe pero lo está. Toma una servilleta, dos rebanada más y sigue al rubio a donde sea que quiera ir.
Una vez en el carro, el de oscuro cabello mira ceñudo a su futuro ex-amigo.
—¿Que carajo quieres?
Erwin inhala aire, está seguro que lo necesita. Aprieta el volante, las venas le saltan de las manos. Levi piensa que le va a dar un golpe, pero no ha hecho nada malo ese día.
—Necesito hablar con Eren —dice de pronto, soltando todo el aire acumulado.
—Buena suerte con eso —Ríe y casi de inmediato frunce las cejas, pues Smith no parece estar bromeando—. Oh, no.
—De verdad…
—¿Qué ganas con eso? Sabes que te odia.
—Quiero intentar algo, pero necesito que Eren coopere.
—Lo que me pides es casi imposible —Si es que su novio no intenta clavarle un cuchillo con la sola mención de Erwin.
—Por favor.
Ver a Erwin rogar era divertido.
—Veré que puedo hacer por ti.
—Gracias.
Y ayudarle para poder comer felices pizza de nuevo era aún más satisfactorio.
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Todos esos días en la biblioteca eran para prepararse para las conferencias. Iba a hablar sobre las especialidades y maestrías que daba la institución. Después de eso, tendría otras dos conferencias sobre su propia carrera, sus estadías y como es que la psiquiatría era más que tratar "locos".
Odiaba esa palabra, las enfermedades mentales no eran un juego y mucho menos una burla.
Armin acudió a dos de ellas, después de todo eran parte de su carrera.
Reiner se había ido con la promesa de volver pronto.
—El profesor Smith se ve joven —Para desgracia de Arlert, las chicas de su grupo hablaban muy fuerte—. No tiene anillo, no es casado.
Siguieron hablando sobre el profesor hasta que acabó la conferencia, no prestó mucha atención a lo que decía. Las mujeres de al lado no dejaban de murmurar sobre sus bíceps marcados y los muslos definidos.
Salió del aula de medios con más información del rubio que de la carrera.
Erwin era muy profesional en lo que hacía, daba la impresión de que estaba totalmente seguro de lo que decía y no dudabas de ello. Parecía buen embaucador.
Vuelve a casa con la sensación de entumecimiento en su retaguardia. Se quedó un rato con sus compañeros hablando de los proyectos y el servicio social, tal vez hasta Erwin ya haya llegado antes.
Sus sospechas son confirmadas cuando lo ve sentado frente a su laptop en la sala. En cuanto le ve acude en su encuentro.
—¿Podemos hablar?
Asiente no muy convencido.
—¿Sucede algo?
—El profesor Pixis me preguntó cómo estabas de salud, al parecer te saltaste su clase ayer.
¡Maldición! Había olvidado ese detalle, claro que le iba a preguntar a un colega su ausencia.
—Yo…
—Te ví yéndote con tu amigo ayer —no le dio tiempo de mentir, hubiese sentido una gran decepción—. Al menos pudiste decirme que intercedediera por ti, no me habría molestado.
Armin se sonrojó, sentía que estuvo engañándolo con otro. Parecía interrogatorio, dio un paso hacia atrás abochornado.
Erwin creyó que iba a salir corriendo así que lo tomó del brazo sin meditarlo mucho.
—No lo creí necesario —admitió—. Lo siento.
Armin volvía a sentir esa calidad sensación en su pecho, junto con el constante golpeteo de su corazón ansioso por sentir el calor en una pequeña porción de su brazo.
Estaba nervioso, pensando que en cualquier momento Erwin le atraería en un abrazo.
—Tan solo… —el mayor en cambio, dejó el brazo poco a poco—, no vuelvas a hacerlo.
Smith dió la vuelta, dejando confundido a Armin quién lo seguía mirando mientras guardaba su laptop, para poco después seguir rumbo a su habitación.
El pobre se quedó aguardando algo más. No creía que estuviera esperándole solo para decirle eso.
Sí Armin se pusiera a pensar en todo lo que dice Erwin, acabaría con un dolor de cabeza. Parece ser que en cada frase esconde algo.
Y esa vez, simple y sencillamente no supo descifrar el qué.
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Mikasa, Armin y Eren se habían reunido por fin, más por insistencia de la chica bajo amenazas que otra cosa.
Tal vez lo lamente un poco porque se la han pasado peleando. Una vez más culpa de Eren parece que se la vive energumenizado.
—¿Ayer vino Reiner y hoy te dedicas a hablar de Erwin? —Eren reprende molesto.
—Eren, él es un buen amigo pero no lo veo como algo más.
—¡Entonces díselo! ¿Lo mantienes ilusionado para satisfacción propia?
—Reiner lo sabe, no creo que necesita que lo defiendas.
—Pues déjaselo en claro, no necesita que lo ilusiones. ¿O acaso te estás desquitando? —Enojado se retira dejando parte de la cuenta.
—¡Eren! —Grita e intenta ir por él, pero Mikasa le detiene tomándole del brazo.
—Déjalo, Armin. Estamos hablando de lo que tú sientes, no de alguien más —el rubio se deja caer de vuelta en la silla—. Se enojó solo.
—Lo sé, pero es muy impulsivo. Temo que haga cosas imprudentes.
—Lo que haga es su problema.
—Te has vuelto un poco insensible respecto a él.
—Ya no soy una adolescente enamorada esperando por su amor —La chica sonríe, toma un poco de su café y vuelve a lo suyo—. ¿Seguiste mi consejo?
—No.
Ackerman suspira frustrada. Tiene a un par de estúpidos como amigos.
—Entonces sufres porque quieres y Eren tiene razón en molestarse contigo.
—Se que la tiene.
La chica podría cometer homicidio y estaría tan justificado que ella propia se defendería ante el tribunal.
—Después dicen que la complicada es una.
—No estoy diciendo que no lo seguiré —murmura sonriendo.
Mikasa sonríe de vuelta y el resto de la tarde fluye tan amena que olvidan que su amigo se había ido enojado.
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Levi llega del trabajo cansado, lo que menos espera es que su pareja este boca abajo en la alfombra. Señal de que hizo un berrinche y lo está lamentando.
—¿Volviste a gritarle al de metodología?
Eren rueda para poder mirarle. Levi se ve muy sexy en ese traje entallado, su cara que parece molesta todo el tiempo pero con esa media sonrisa que indica que no lo está del todo.
—Hubiera preferido que sea eso.
—Entonces ofendiste a otra persona —afirma más para si mismo que para el joven que se incorpora lentamente—. Pide disculpas y ya.
—No es tan sencillo.
—Lo es —A veces Eren es como un niño pequeño, le tiene que decir que hizo mal para que recapacite. Se quita la corbata y desabotona su camisa mientras llega a la cocina por agua. Siente el peso de su pareja en la espalda cuando intenta tomar un vaso del estante—. Habla o haz la cena.
Eren golpea su frente con la espalda del más bajo mientras gruñe inconforme.
Eso a Levi no le molesta.
—Creo que Armin sigue enamorado de Erwin.
—¿Y eso a ti te afecta en algo? —Sí estaba enojado por culpa de la mención de su amigo, no habría chance para poder hablar de eso. Mala suerte, uy ni modo por él.
—No…
—Pues bien, asunto arreglado.
—¡No lo está! —Levi se mueve bruscamente para encararle y Eren retrocede por qué no sabe expresar muy bien su inconformidad—. ¡Le hizo sufrir!
—Nadie tiene la culpa de que te caiga mal alguien —Interpone su mano para no gritar. Quiere hacerle ver más allá de la ira—. Sí al afectado en cuestión no le parece un insulto a la naturaleza, ¿por qué a ti si? No he querido hablar del tema por respeto a tus deseos, pero Erwin sigue siendo mi amigo y me parece injusta tu actitud hacia él.
—Yo…
—Te entiendo y te he entendido todos estos años —toma la mano morena para que se calme. Eren le mira asustado, cree que le ha hecho enfadar—. Ahora tú trata de entenderme a mi, a tus amigos y a la gente que te rodea. No debes imponer tus creencias por sobre los demás, tienes que respetar las decisiones ajenas.
—¿Aunque crea que están mal?
—Si, aunque lo creas o estés en lo cierto. Ellos o Armin tomarán en cuenta tu opinión pero solo los afectados deciden sobre cómo actuar.
Levi siempre calma esas inquietudes que le carcomen.
—Lo siento —El de ojos color esmeralda hunde sus cara en el cuello de Levi quién le abraza gustoso—. Me doy cuenta muy tarde de mis errores.
Ahora compadece a sus amigos por obligarlos a escuchar puras tonterías, medio justificadas pero sin causa aparente.
—Te amo aún con todo y defectos, porque sé que tampoco soy perfecto.
—Eres muy cursi —Y ama eso, él aún es muy tímido respecto al tema. Atrapa su rostro en sus manos bajo la asombrada mirada del más bajo. Esos arrebatos no son muy comunes—. Te amo porque eres tú.
Se dan un beso que se convierte en sonrisa sobre los labios contrarios.
Quien diría que después del inicio de la relación tan desastroso supieran sobrellevar su noviazgo sin tanto drama.
Eren hubiera jurado que se la pasarían peleando.
Los cursis siguen besándose mientras se quitan la ropa, Levi le alza en brazos hasta su habitación para no perder más tiempo.
Después del sexo duro pretende ayudar a su amigo así que lo necesita sin energía.
Tan cansado no estaba después de todo.
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Cuando Armin volvió a la casa no esperaba encontrar sobre la cama libros. ¡Y de su autor de novelas favorito!
Eran un montón, casi le da un paro. Algunas eran ediciones de pasta dura, cree que va a tener una erección ahí mismo.
Lisey's Story fue una de las primeras novelas que leyó que le hicieron sentir conmovido, aterrado e indignado al mismo tiempo. Su madre la tenía en su mesita de noche, odiaba admitir que si no fuera por el color rojo del libro tal vez jamás le habría puesto atención.
Ahí comenzó su ida de vez en vez la biblioteca para leer más historias de terror y ciencia ficción. Como siempre, la colección no estaba completa, pero siempre volvía por si las dudas.
Erwin apareció con más obras en sus manos.
—Creí que te agradarían —dijo el mayor acercándose a la cama—. No quería irrumpir en tu habitación, pero no sabía dónde dejarlas.
—No hay problema, gracias —Se le había hecho raro que a pesar de estar en su despacho no hubiera muchos libros en los estantes. Erwin era más del tipo que los mantenía en su cuarto o guardados para que no se empolvaran—. Creo que son muchos, no es necesario.
—No soy muy fan de Stephen King —comentó dándole el último libro de su colección—. La gran mayoría fueron regalos. Tú has de saber darles mejor uso que yo.
—No sé cómo agradecerle… —susurró anonadado. Le era casi imposible aplacar la felicidad.
Estaba emocionado, veía los libros y el de su mano, era Lisey's Story…
Erwin negó, no pretendía que estuviera en deuda. Quería que le mostrara una sonrisa, una dirigida a él.
—Que te diviertas —dijo, ya se iba cuando sintió que le halaba la camisa. Miró al rubio que mantenía el libro sobre su pecho con su mano derecha y la izquierda sostenía la prenda blanca. Mantenía la cabeza gacha y en realidad no podía verle la cara.
No estaba seguro si quería volver a agradecerle o necesitaba algo más. Sí Armin se lo pidiera le daría hasta su colección más preciada con tal de al menos quedar en buenos términos.
Estuvo pensando sobre lo qué pasó entre ambos y sí no lograba hacerle entender que nunca pretendió hacerle daño; sí no podía ser parte de su vida porque había alguien más, al menos le daría algo para que le recordara y le hiciera feliz.
Le pidió a Eren el nombre de algún autor favorito, el castaño no estaba seguro pero le dijo que Armin era fan de la ciencia ficción, fantasía y horror. Algo raro pero encajaba con alguien que conocía.
Mikasa le había comentado alguna vez sobre sus gustos pero creía que más bien le hablaba de películas.
—De verdad —comenzó por decir, sacando de sus pensamientos al mayor —. Gracias.
Y la vió.
La más pura, hermosa y genial sonrisa que ha visto en toda su vida.
Contuvo el aliento unos segundos sorprendido.
Y quiere besarle, quiere tomarle entre sus brazos y estrecharlo hasta que se le acaben las fuerzas.
Quiere decirle que lo lamenta una y otra vez, quiere decirle que le puede llamar cobarde las veces que quiera porque si lo fue sí eso le hacía sentir satisfecho.
En un impulso de los que no suele tener casi lo hace, pero el celular de Armin interrumpe cualquier acercamiento.
Arlert se da la vuelta con el aparato en mano y él sabe que debe salir para darle privacidad.
Antes de que eso pase el joven le llama.
—Espere —le dice en voz baja tapando el auricular—. ¿Podemos hablar más tarde?
Asiente y Armin vuelve a lo suyo.
De trayecto rumbo a la cocina está confundido, solo un poco. Se desvía a la pequeña sala de estar y prende el televisor para distraerse.
Esta nervioso como nunca. ¿Cuántos años tiene?
Cierra los ojos y se deja caer en medio del sillón.
No puede controlar el tic en las manos, separa los brazos a los costados estirándolos en el respaldo. Se extienden cuan largos son.
En la televisión anuncian una almohada y él solo puede pensar en los latidos frenéticos de su corazón.
Su lado derecho se hunde. Armin está sentado a su lado.
Cuándo abre los ojos el muchacho le está viendo fijamente.
—¿Pasa algo? —Pregunta y se da cuenta que su boca está seca.
Armin niega y humedece sus labios. Casi al instante le besa y él no tarda en abrazarle para profundizar el contacto.
Es cuando se despierta sobresaltado que cae en cuenta fue un sueño.
Mira la hora, las once de la noche. Hasta la televisión se ha apagado por inactividad. Solo la fina línea de luz debajo de la puerta donde está Armin alumbra la oscuridad.
Al pasar por ella escucha decirle a Eren que se calme. Siguen hablando.
Bueno, ese día ya terminó.
Antes de ducharse para ir a dormir, le manda un mensaje a Levi diciéndole que controle a su hombre.
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Han pasado muchas cosas.
No puedo evitar meter humooooooooooor.
Lamento mucho usar a Reiner para mis fines cochinos. La idea solo era meterle la duda y porque me gustan todos los rubios de Shingeki y quiero darles amor.
Siento que Erwin es el tipo de persona que, pues, aleja a otros. No es que no tenga celos de Reiner, es que no pretende hacerle daño a Armin y no puede hacerle sentir mal. "maduraramente" cree que no tiene por que meterse.
Sí se diera cuenta que ellos no son nada creo que le obligaría a amarlo. Y por quecreo y no estoy segura si soy la autora? Porque si.
(;
Magdalena: ¡muchas gracias! La verdad intento continuar mis historias pero aparte de la decidía pues viene el tiempo. Espero que te guste el capítulo.
Guest: BUENAS VIBRAS PARA TI EL DOBLE PORQUE TERMINÉ ESTE CAPITULO. Muchas gracias, de verdad es muy gratificante que te haga sentir parte de la historia. Mi estilo de narración es bien desastroso pero como cuesta corregirlo jajajajaja(?) Me encanta que te guste (:
Que tengan bonito dia.
