Dicen por ahí que cuando los planetas se alinean yo actualizo. NO ha habido alineación planetaria, así que esto no es una actualización. En realidad sí, así que agradézcanle a lo que sea en lo que crean que yo haya actualizado. ¡Es un milagro! ¡Alabado sea Dios, Buda, Zeus y Cthulhu! (?)
Ahora, me largo a mi caverna, me verán en otros varios meses más. Esperemos, no tantos.
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Capítulo X
Dos años.
Para su asombro cuando le devolvió el teléfono a Juvia, finalizada la primera clase, esta no notó que había leído las conversaciones.
—¡Lo tenía Lucy! —exclamó Juvia en cuanto se lo entregó, para luego suspirar aliviada—. Juvia pensó que lo había perdido definitivamente.
—¿No tenías tu celular? —preguntó Gray.
—No, Juvia lo perdió ayer por la noche.
—Se te cayó cuando sacaste las cosas para pagar el taxi —dijo Lucy, nerviosa ante la idea de que Juvia notara cómo invadió su privacidad.
—Juvia entiende, agradece que Lucy lo haya encontrado —dijo la joven, luego desvió la mirada al aparato—. Juvia le enviará un mensaje a Gray para compensar no haber podido continuar con su conversación de ayer.
—¡No me envíes un mensaje si estoy al lado tuyo!
Pero Juvia lo hizo, con lo cual quedo oculto que los mensajes recibidos ya habían sido leídos. Lucy pudo suspirar con calma ante eso; un poco, solo un poco de calma, porque esos mensajes seguían en su mente y le daban mal sabor de boca.
—Deberíamos ir a la biblioteca, Juvia —dijo Levy, acercándose a ellas—, para que veamos lo del trabajo ahora que estás aquí.
—¿Que está aquí? —repitió Lucy, confundida.
—Juvia no vendrá mañana —aclaró la chica—, debe practicar. Juvia solo vino hoy para ver el trabajo con Levy.
Lucy recordó de pronto el motivo por el que la chica faltaba tanto, y sus posibilidades de quedar en los olímpicos.
—Espero que te vaya bien —dijo sonriendo.
Juvia solo asintió, notándose extrañamente deprimida a diferencia de hace unos momentos.
—A Juvia le irá bien —musitó la chica, sin fuerzas, fijando la vista en el suelo—. Levy y Juvia ya deberían ir a la biblioteca —comentó, desviando el tema.
Levy fijó su vista en ella, forzando una sonrisa.
—Claro —contestó esta para luego dirigirse a la salida del salón, siendo seguida por Juvia.
Lucy las miró unos momentos, antes de apresurarse en seguirlas.
—Las acompaño —dijo, captando la atención de ambas chicas—, no sé donde está la biblioteca y yo también debo hacer el trabajo —explicó.
—Claro, no hay problema —respondió Levy.
Sonrió ante eso mientras las tres salían hacia el pasillo, avanzando a través de este.
—La biblioteca está en el primer piso —dijo Levy—, en una de las partes más viejas del edificio, cerca de la cancha.
—Ah. —Cerca de la cancha, donde estaba Laxus.
Lucy se comió su curiosidad, porque ciertamente no se sentía cómoda haciendo verbales todas sus dudas, además suponía que estas no serían respondidas. Simplemente continuó caminando junto a sus compañeras a través de los pasillos rumbo a la escalera.
—¿De qué harás el trabajo, Lucy? —preguntó Levy, sonriéndole mientras bajaban rumbo al primer piso.
—Aún no estoy segura —respondió Lucy—, supongo que lo veré allá.
Su pequeña compañera amplió la sonrisa al oír su respuesta.
—Deberías pensarlo bien —le aconsejó, devolviendo la vista al frente.
—Sí, eso haré —dijo Lucy, rogando que no se notara que iba distraída.
De cualquier manera Juvia iba igual que ella, por lo que no debería tener problemas. Aunque de todas maneras Lucy ya tenía suficientes problemas, más de los que le gustaría. Quizás era su culpa por no poder dejar en paz el tema de Lisanna, pero la había visto, y no importaba que hiciera no podía sacar su mirada y su mano ensangrentada de su mente, no podía sacarse su imagen dentro de aquel sucio baño. Sí, no podía alejar a Lisanna Strauss de sus pensamientos y de la misma manera no podía sino sentir curiosidad por todo el asunto de su desaparición, por todo lo que se refería a su persona. Y eso era algo que Lucy no lograba entender del todo, su extraña necesidad de averiguar cuanto pudiera de la chica albina, tomando en cuenta que simplemente la conocía por una pequeña conversación en un baño.
Suspiró, confundida, llamando con eso la atención de sus acompañantes.
—¿Pasa algo Lucy? —preguntó Levy.
Lucy negó suavemente con la cabeza.
—Nada, solo pensaba en el trabajo y en que no sé qué hacer —mintió.
—Ya veo —dijo McGarden, volviendo luego la vista al frente.
Juvia la miró unos momentos antes de también desviar la vista.
—Levy y Juvia tampoco lo han pensado mucho —comentó, captando la atención de Lucy—, aunque probablemente Levy ya tenga una idea.
La más pequeña sonrió ante esas palabras.
—Más o menos —dijo, deteniéndose frente a una ancha puerta.
La abrió despacio, probablemente evitando hacer ruido porque, a fin de cuentas, era una biblioteca. Entraron en silencio a causa de eso mismo, avanzando lentamente por la amplía estancia. Lucy se sorprendió un tanto ante eso, porque pese al decaimiento de la ciudad y el hecho de que el instituto distaba de tener, claramente, una buena cantidad de ingresos, la biblioteca no daba ese aspecto. Era grande, con amplios estantes repletos de libros y todos tan bien cuidados como el pequeño escritorio para el bibliotecario. Escritorio que, por cierto, estaba vacío. Levy frunció el ceño ante ese hecho, acercándose rápidamente al lugar.
—Que raro —comentó—, Freed no está.
Lucy volteó a verla, levemente extrañada ante ese nombre, estaba segura que...
—Sí estoy —dijo una voz a sus espaldas.
Las tres voltearon, encontrándose con una chico de larga cabellera verde.
—¡Freed! –exclamó Levy. Luego se llevó las manos a la boca, como arrepentida por ese pequeño arrebato—. ¿Dónde estabas? —preguntó esta vez en un murmuro.
—Viendo unos asuntos —respondió el joven, avanzando hacia el escritorio, se posicionó tras este, dejando sobre la madera unos pocos papeles antes de levantar la mirada hacia ellas de nuevo—. ¿Qué necesitas? —cuestionó mientras tomaba los papeles que había encima, ordenándolos.
—Es para un trabajo de historia, necesitaba algunos títulos —contestó Levy, apoyándose sobre la madera a la vez que comenzaba a explicarle al chico frente a ella lo que pensaba hacer.
Lucy parpadeó unos momentos, sorprendida de su amiga, porque Levy parecía saberse la biblioteca de memoria por la naturalidad con la que hablaba. Volteó hacia Juvia, extrañándose de verla simplemente de pie, sin hacer nada.
—¿No hacen el trabajo juntas? —inquirió.
Juvia le dirigió la mirada.
—Sí, de seguro cuando Levy termine de pedir los libros le diga a Juvia que planea hacer —explicó la joven, desviando la mirada hacia los estantes—. Ya que Lucy no sabe que hacer podría revisar las estanterías, así quizás se haga una idea.
La rubia parpadeó sorprendida, aunque luego sonrió porque ciertamente era una buena idea y a ella no se le había ocurrido, y de hacerlo le habría dado algo de vergüenza avanzar por la biblioteca siendo nueva. Le agradeció a Juvia y se separó de esta para dirigirse a los enormes estantes del lugar. Caminó a paso lento por el lugar, revisando los diferentes títulos para ver si se le ocurría algo de lo que hacer el trabajo, pero nada, no se le venía nada a la cabeza. Antecedentes y consecuencias de un hecho local, antecedentes y consecuencias de un hecho local, se repitió, contemplando los textos frente a ella. Primero debería pensar en algún hecho local, ¿no? Aunque no es como si ella llevase mucho tiempo en la ciudad.
—Quizás la caída económica sea una opción —dijo para sí misma mientras hojeaba un libro de economía.
Por supuesto, un libro cualquiera de economía no iba a ser tan especifico como para hablarle específicamente de una caída económica y específicamente de la de ese lugar.
—Especifico —se repitió, avanzando otro poco para alejarse de los estantes y poder tener una visión más global de la biblioteca.
—Primero debería averiguar sobre el hecho —se dijo, recorriendo el lugar para inspeccionarlo mejor—, luego plantear sus antecedentes y consecuencias con una base teórica —miró alrededor, algo extrañada de no encontrar lo que buscaba.
Dio otra vuelta alrededor del recinto, cosa que le tomó unos pocos minutos, buscando. Nada.
Lucy frunció el ceño al no hallar la sección de periódicos. Quería leer las noticias locales del periodo de la caída económica, para así poder hacerse una visión más certera del evento, pero no hallaba los periódicos.
Dio la vuelta y regresó al escritorio, segura de que Freed debería saber donde se hallaban los periódicos y diarios guardados, pues claramente hacía de bibliotecario. Se extrañó un poco al acercarse y no ver a Juvia por ningún lado siendo que estaba con Levy cuando se separó de ellas.
—Así que —oyó decir a su amiga—, ¿será al día siguiente?
—Si todo sale bien.
Se acercó otro poco y alzó su mano, buscando llamar la atención.
—Y —Levy se mordió el labio, aún no notaba su presencia—, ¿Mira está segura, de verdad?
Hubo un silencio, que Lucy aprovechó para alzar la voz. Despacio, que no olvidaba el lugar en el que se encontraba.
—Levy.
La pequeña dio un respingo, volteando hacia ella.
—Lucy.
La rubia terminó de llegar hasta ellos, notando enseguida el ambiente algo tenso. Parpadeo, confundida.
—¿Pasa algo?
—No, nada, nada —respondió Levy—, solo me sorprendiste. ¿Pasa algo?
—Sí, más o menos, creo que ya sé de que haré el trabajo —aclaró—, pero busque y no hallo los periódicos. ¿Dónde están?
—Atrás —contestó Freed, algo tenso—. ¿Qué fechas?
Lucy abrió la boca, la cerró. Se quedo quieta unos segundos, tratando de definir cuándo fue la caída económica, pero no tenía ni idea.
—¿Cuándo fue la caída económica? —le preguntó a Levy, quien parpadeó.
—¿La caída económica?
—Sí, la más reciente, creo que trabajaré sobre eso.
—Del... —empezó Freed, captando la atención de ambas. Se detuvo unos momentos, dudando, antes de continuar—, del 2007 al 2009. Empezó en Abril del 2007. ¿Esas fechas?
Lucy parpadeó antes de asentir.
—Sí, por favor.
Se alegró un poco, debía admitirlo, había supuesto que había sido más larga. Hasta donde tenía entendido la caída económica había sido muy paulatina y lenta, y había durado un par de años. Le agradaba ver que no había sido tanto.
Cuando Freed se alejó de ellas, en busca del pedido, volteó hacia Levy.
—¿Y Juvia?
Levy fijó su atención en ella.
—En el baño.
Lucy se mordió el labio, aún algo incómoda por motivos un tanto desconocidos para ella.
—¿En verdad no pasa nada? —Juraba que Levy estaba tensa, pero no entendía por qué—. ¿Interrumpí algo?
—¿Qué? —Se sorprendió la más pequeña—. No —dijo, sonriendo—, no, claro que no. ¿En qué estás pensando?
—No sé, solo me dio esa impresión.
—No te preocupes, no fue nada. Solo no te vi llegar.
—Bueno, lamento eso.
Levy le sonrió y entonces, solo entonces, el ambiente le pareció más ameno. Freed llegó unos momentos después con una pila de periódicos y se los entregó.
—Debes firmar —le dijo.
—Por supuesto.
Lucy no tardó en hacerlo, esperaron a Juvia y luego se marcharon.
—Entonces, ¿de qué lo harán ustedes? —cuestionó Lucy, de mejor humor.
Juvia miró a su compañera.
—Del suceso de la cuarta comisaria de hace algunos años —respondió Levy.
—¿Qué suceso?
—Unos criminales se atrincheraron —dijo Juvia—, nada más —le restó importancia.
—Vale.
—Oye, Lucy —dijo Levy—. Hoy tenemos hasta tarde, ¿almorzamos juntas luego de álgebra?
—Me encantaría.
Ambas se sonrieron, contrastando con Juvia, que desde hace un tiempo parecía alicaída. Lucy decidió, por esa vez, no darle importancia. Después de todo, eran pocas las veces que había visto a Juvia feliz.
Demasiado pocas, debería decir.
Y es todo. Ha sido un placer actualizar esto tras eones.
Bye's.
