NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):

Ningún personaje del Final Fantasy VI me pertenece, son una creación exclusiva de Square-Enix (Squaresoft) y respectivos colaboradores.

Escrito en tercera persona

Kefka x Terra está siempre implícito (ya sea de una u otra manera)

FanFic Final Fantasy VI

ARDE, ARDE, ARDE

Agrupados en filas, cincuenta soldados escogidos a dedo permanecían tan erguidos y serenos como la ansiedad y la impaciencia les permitía. Por supuesto se trataba de hombres pertenecientes al escuadro bajo el mando del General Palazzo, de diversa edad y condición a causa de las demandas que más de uno no había sido capaz de cumplir pero todos graduados en la academia militar. Aún mirándose unos a otros en busca de alguna información, sus labios firmemente cerrados apenas se despegaban. ¡Oh qué magnifica colección de soldaditos de latón! Pensaba el hombre de poca estatura, cabellos rubios y ojos frios y pálidos como el hielo, observándolos antes de avanzar hacía ellos acompañado por su preciosa muñeca, una joven que causaba igual terror que él de similares proporciones pero curvilínea figura protegida por sus ropas de intenso color rojo en conjunto con los redondeados rubíes que adornaban su cuello y orejas casi ocultas por los largos bucles que conformaban su melena recogida por una gruesa cinta de igual color con ribetes dorados como los trazados sobre el metal de sus hombreras o las piezas cubriendo sus brazos y piernas bajo el fino algodón de sus rosa blanquecinas medias. Dejando escapar un poco de aire por los orificios nasales, Kefka emitió un sutil sonido de satisfacción, permitiendo que sus finos labios se curvaran formándose así una retorcida sonrisa previo giro para contemplar a su mortífera muñeca que mirándolo ladeando delicadamente la cabeza hacía un lado fijo sus ojos en él, tiempo antes verdes y luminosos como esmeraldas fundidas. Ahora ausentes y carentes de emoción, como a él le gustaba que hiciera cada vez que le hablaba.

-Mi preciosa muñequita, este es el momento decisivo, ve y demuestra cuan grandioso es tu poder. -Las palabras brotaron con una marcada entonación como buscando crear dramatismo a pesar de la contención del volumen. Terra asintió limitándose a sonreír del modo que le había enseñado a hacer nuevamente tras la implantación de la corona. -No quiero a ninguno en pie, quémalos hasta que no quede más que polvo. -Su voz se tornó casi un susurro, sosteniendo su redondeada y hermosa cara entre sus dedos largos y curvados finalizando en puntiagudas uñas evocando la imagen de zarpas, habiendo acariciado su mejilla con sus suaves labios. Ella asintió nuevamente con una nueva sonrisa que desaparecería al ser liberada.

Sin mediar palabra avanzó unos pasos, finos tacones resonando sobre el solido suelo, el artefacto de fino metal bordeando su clara frente bañado en oro parecía brillar más de lo usual. Quizás fuese una ilusión producida por los fuertes rayos del sol aquella mañana contra la circular superficie del objeto. A medida que estiraba sus brazos hacía delante cerró sus ojos, la energía fluyendo de su cuerpo originaba que el espacio a su alrededor se cargara a pesar de la fresca brisa de la mañana, el calor que se acumulaba en su sangre y calentaba todos sus órganos y sólo su piel reflejaba al ser tocada poco a poco se manifestaba como aterradoras llamas concentrándose principalmente en sus manos. El mago de dorados cabellos recogidos en un elaborado moño rodeado de pequeñas bolas de diversos colores y plumas de diferentes tamaños contuvo el aliento sintiendo la primera chispa de excitación ante el fenómeno que sus ojos veían abriéndose más de lo normal. ¡Cómo deseaba acercarse a ella para disfrutar también de su calor! Torciendo los labios cuidadosamente pintados y negando con la cabeza se recordaba con fastidio que no podía cuando tantos ojos les observaban desde la distancia y protección ofrecida por un ventanal. Levantando un poco el cuello, elevó la mirada a los soldados cuyo nerviosismo se estaba convirtiendo en pavor rápidamente. Temblorosos y conteniendo sus voces, en su pequeño fragmento de suelo se removían inquietos e indecisos. En sus cabezas sólo había dos opciones y eran correr o atacar. Ninguna muy útil contra el fuego que se les venía. Mordiéndose el labio inferior con el superior controló como pudo la carcajada mientras observaba con entusiasmo como las llamas se precipitaban hacía ellos como fantasmas anaranjados y rojos hambrientos, creciendo y multiplicándose como enloquecidos alcanzándolos. Por muy resistente que fuese el metal que cubría su cuerpo por encima de sus gruesos uniformes ese fuego no era como el de su mundo, ese fuego era como el fuego de Ifrit, poderoso, imparable y penetrante, capaz de fundir cualquier material mientras devoraba la tela y corrompía la carne. Apretando sus dedos enroscados disfrutó intensamente de las primeras notas de esa melodía que eran sus voces alzándose hasta rasgarse impregnadas de dolor, presas ya no sólo del pánico sino de las llamas envolviéndoles. Terra ni pestañeaba bajando sus brazos tras conjurar el fuego. Ni arrugaba la nariz cuando la tela y la carne quemándose empezaban a desprender un fuerte y desagradable olor. Ella simplemente aguardaba una nueva orden proveniente de Kefka, único en encontrar gozo en la masacre. Golpeando el aire con sus puños, finalmente rompió a reír siendo su maníaca y prolongada risotada superior al chisporroteo del fuego parecido al ruido de dientes mascando.

-¡Arded, arded, todos, arded para mí! -

En el interior del Castillo Imperial, los espectadores de tan alto calibre como El Emperador Gestahl acompañado de algunos de sus hombres más valiosos como el Dr Cid y otros consejeros y amigos de altos rangos como Mariscal o General componentes del consejo de guerra no podían disimular su asombro, observando sus elegantes relojes de mano, seguramente apreciados regalos o herencias familiares, midiendo el tiempo que había tomado derribar al pequeño grupo de soldados con un simple hechizo. De entre ellos uno de ellos no tardaría en alcanzar ese rango, Leo Cristophe siendo el más alejado de la ventana negaba con la cabeza, expresión seria en su rostro, apoyado entre sus manos entrelazadas mientras el resto de su cuerpo descansaba sentado en una silla de madera pintada y de respaldo tapizado. Sus pardos ojos estaban entrecerrados bajo sus gruesas cejas dobladas. Si había algo que detestase de su trabajo, eso formaba parte de ello mas suspirando rechazar la invitación hubiese sido un duro desprecio. Sólo levanto la mirada al apreciar que de entre el resto, el regordete hombre de cabellos de blanquecino tono naranja incapaz de aguantarlo más se había apartado y caminando por la densidad de la habitación buscaba un asiento, mano colocada sobre su cabeza. Poco después le tocaría a los demás. Leo estudió en silencio el rostro del gobernante, a pesar de sus duras facciones, siempre con el ceño fruncido y concediendo pocas sonrisas, sus ojos del color que cubría Vector, un azul grisáceo, denotaban aprobación. ¡Escalofriante!

MARYXULA

Otra de mis escenas favoritas canon donde Kefka está con Terra X3

Aunque cuando lo escribí no estaba segura de su Terra estaba de pie ante los soldados montados en las armaduras Magitek o plantados en filas de pie n_nU Agregué a Leo pues entre los espectadores él ofrecería una visión contradiciendo la de Gestahl y otros miembros presentes...

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