Ambos jóvenes se mantenían sentados en la cama de Adrien. El abrazo había finalizado hace unos minutos, pero el silencio prevalecía aún en la habitación.

Adrien intentaba recordar a Emilie, pero no podía hacerlo. ¿Cómo recordar a alguien que desapareció cuando eras apenas un niño? Era doloroso pensar en eso, en la falta de recuerdos. Y aunque le doliera admitirlo, Nathalie siempre había estado ahí, era una buena mujer. Pero no era su madre, no era lo mismo.

En cambio Marinette pensaba en que sus padres se separaron cuando ella era apenas una niña. Siempre fueron ella y su madre solas contra el mundo, ¿por qué eso debería cambiar ahora? Era injusto.

—Es extraño pensar que ambos tenemos problemas familiares —comentó Marinette.

Adrien no quiso responder a eso, no sabía qué decir. No quería hablar del tema, no quería volver a llorar frente a su mejor amiga.

—Los adultos pueden ser muy complicados —fue lo que dijo Adrien.

Marinette se estiró un poco y pensó en lo que su amigo había dicho. ¿Los adultos eran complicados o los adolescentes eran los complicados? Quizás ambos.

—Creo que los adolescentes también podemos ser complicados —respondió Marinette.

—¿Nosotros? —Marinette asintió —. Nosotros solo somos divertidos, ya sabes, como cuando jugamos a ser patos.

Marinette se acercó más a Adrien y lo abrazó, lo estaba inmovilizando por completo.

—¡Deja de creerte un pato, Agreste! —le gritó.

Adrien rió y le devolvió el abrazo a la azabache. Le encantaba ser su amigo, le encantaba pasar momentos así a su lado, ella era una chica maravillosa.

—Nunca dejes de ser tú —le dijo para después besar su mejilla. Marinette se quedó sin palabras.

¿Cómo podías ser alguien y no tener idea de quién eras?

Marinette solo era una chica común y corriente, existían miles de personas en el mundo, ella era una persona y listo. ¿Qué la convertía en alguien especial? Nada.

Adrien no podía dejar de admirar la belleza de su mejor amiga. Su piel pálida, su cabello de un color tan poco común y hermoso y esos ojos tan celestes como el mar, eran preciosos, eran infinitos.

De pronto se dio cuenta de que se trataba de su mejor amiga. ¡Qué idiota era!

—¿Mañana también quieres espiar a ese chico? —preguntó Adrien.

Marinette regresó a la realidad, a su realidad.

¿Espiar a ese chico? Él la conocía, había hablado con ella. Sería fácil poder reconocerla, era demasiado riesgoso.

—Me conoce —le recordó a Adrien —. Basta con que yo diga algo para que escuché mi voz y sepa quien soy —se lamentó.

—¿Por qué? —tocó el hombro de su amiga de modo suave —. Tú eres una muy buena actriz, puedes hacer lo que quieras. No te reconocerá.

Adrien siempre estaba ahí diciéndole cumplidos, era el mejor amigo del mundo.

—Y si no estás del todo segura, siempre puedes hablar de modo distinto —le guiñó un ojo —. Como de éste modo —Adrien imitó la voz de un pato y Marinette se carcajeó. Él se unió a las risas.

—Mejod seda hablad así —Marinette imitaba la voz de Clarence, ella amaba esa caricatura.

—¡El viejo y bueno para nada de Clarence! —rió Adrien. Marinette asintió y también comenzó a reír.

Ambos compartían los mismos gustos, por eso era fácil para ellos reír de ese modo, eran los mejores amigos y siempre se apoyarían.

—Polar para presidente —Adrien imitó la voz de Polar.

—Selfie! —Marinette jugó a ser Panda.

Marinette realmente sacó su celular y tomó una selfie de recuerdo. En la selfie se apreciaban las sonrisas de oreja a oreja de ambos.

La puerta fue repentinamente abierta.

—Señorita Marinette ya es muy tarde, le recomiendo que vaya a su casa ahora —le dijo Nathalie.

Ambos amigos se miraron y asintieron, no querían tener más problemas.

—Gracias, Nathalie —la aludida se retiró de la entrada.

Ambos se levantaron.

—Mañana nos veremos en el colegio —Marinette le dio un abrazo a su mejor amigo, le estaba dando ánimos —. No olvides que eres él mejor —le recordó.

—Tú no olvides que conseguiremos hablar con él —levantó sus pulgares.

Ambos se despidieron.

Mientras Adrien se encontraba en la soledad de su habitación, pensó.

Pensó en su madre.

Ella seguramente había sido una mujer muy buena. Sabía que le gustaba actuar, en Internet había vídeos de ella porque en su juventud se presentó en distintas obras, fue muy conocida. Ella siempre estaba sonriente, siempre bromeaba. Era todo lo contrario a su padre.

—¿Qué fue lo que viste en ese viejo amargado? —le preguntó a la foto de su madre.

Luego fue a su lugar secreto y comenzó a acomodar la gran colección de Furbys con la que ahora contaba, eran demasiados.

Revisó las pelucas y encontró una de color rojizo, el cabello era rizado y bastante largo. La metió en su mochila junto a unos lentes de sol, mañana la llevaría al colegio.

—Marinette, mañana tendremos la actuación de nuestras vidas —pensó sonriente.

Al siguiente día, ambos se encontraron en el colegio. Estuvieron juntos durante gran parte del día como era su costumbre.

A la hora del almuerzo, Kim había comenzado una guerra de comida. La comida volaba en todas direcciones.

—¡Cuidado! —Alya empujó a Marinette para evitar que puré de papas cayera en su cabello.

Marinette le agradeció tomando su mano y comenzando a correr fuera de la cafetería.

—Gracias por ayudarme, Alya —dijo la azabache.

Alya le sonrió.

—De las personas del salón consideró que eres una de las únicas chicas que vale la pena —le respondió ella mirándola.

Marinette vio en dirección a la cafetería y vio que Adrien seguía ahí dentro. Si lo veían estaría en graves problemas, ¡no se podía ensuciar!

Corrió dentro del lugar y tomó su mochila como protección. Sujetó del brazo a Adrien y lo cubrió con su mochila, él salió ileso, pero ella no recibió la misma suerte.

—¡Marinette, eres grandiosa! —exclamó él preocupado.

Gabriel lo hubiese castigado de haberse ensuciado, lo que menos quería era tener problemas con su padre.

—Pero tú estás sucia —se preocupó Adrien.

—No es nada —intentó restar importancia al problema.

—De hecho, no es problema —Alya tomó del brazo a la azabache y la llevó a los vestuarios —. Siempre traigo conmigo el uniforme de gimnasia por si hay algún problema, puedes usarlo —se lo entregó.

Marinette lo recibió algo dudosa.

—¿Por qué eres tan buena conmigo? —preguntó recelosa —. Lo siento, es solo que...

—...no nos frecuentamos mucho. Lo sé —respondió Alya —. Sucede que me gustaría tener más amistades, amistades que realmente valgan la pena —explicó.

Marinette recordó que antes Alya se juntaba con chicas como Chloé. Seguramente descubrió lo mala persona que era.

—¿Problemas con Chloé? —preguntó Marinette.

—Ni siquiera quiero hablar de eso —el rostro de Alya demostraba enojo.

—Te entiendo —Marinette palmeó la espalda de la morena —. Podemos ser buenas amigas —le dio un abrazo.

Cuando las clases se acabaron Adrien le pidió a Marinette esperar a que todos se retiraran. Cuando eso finalmente sucedió, Adrien cerró la puerta y colocó una silla para que nadie más ingresará al lugar.

—¡Traje la peluca! —exclamó Adrien.

Imposible, ella tenía una peluca rubia en su casa bien escondida.

—Está es nueva —explicó. Adrien abrió la mochila y sacó una peluca de color rojo, era muy bonita y llamativa —. Iremos ahora mismo.

—Tengo uniforme deportivo.

—¿Y eso qué tiene? Ese hombre no sabe en que colegio estás —el rostro de Adrien se tensó —. ¿Lo sabe? ¡¿y si es un acosador?! —se asustó un poco.

—¡No lo sabe!

—Mejor así. No me gustaría verlo por aquí, es demasiado alto —se quejó Adrien.

Marinette lo miró incrédula.

—¿Qué? No me gustan las personas altas, me hacen sentir intimidado —aclaró.

Marinette rió.

—¿Te intimidan? —preguntó de modo suave. Eso era extraño.

—Por eso eres mi mejor amiga, porque eres bajita —respondió Adrien.

Marinette le dio un leve empujón.

—¿Ves? Mientras tú tienes que conformarte con empujarme yo puedo hacer esto.

Sin darle tiempo a Marinette de correr o hacer cualquier otra cosa, Adrien la tomó entre sus brazos. Ella gritó y movió sus piernas, quería que la bajara.

—¡Bájame! —gritó.

—Eres tan adorable —Adrien la abrazó aún más.

Lo que ellos no sabían era que desde la ventana alguien los estaba viendo y esa persona sentía una gran rabia. ¿Por qué Adrien se comportaba de ese modo con esa chica? ¡no era justo!

Adrien sentó en la silla a Marinette.

Luego le colocó la peluca y los lentes de sol.

—Iremos con ese hombre —dijo Adrien.

Marinette se sentía nerviosa, pero estaba dispuesta a hacerlo.

—Iremos —respondió intentando sonar segura de su respuesta.

Adrien se colocó una gorra y lentes de sol, estaba listo.

Se dirigieron a los casilleros y ahí dejaron sus mochilas resguardadas con llave. No las necesitarían por un día.

—Toma mi mano —Adrien extendió su mano —. Siempre estaré contigo.

—Gracias, Adrien —ella tomó su mano.

Ambos salieron del colegio.

Alguien intentó seguirlos, pero no pudo hacerlo debido a que recibió una llamada, debía volver a casa enseguida.

—Se salvaron por ahora... —susurró con rabia.

Todo eso del plan sigue pendiente por ahora. Solo que en el próximo capítulo finalmente conseguirán hablar con ese trabajador, jaja, ya tengo todo en mente XD