ENSÉÑAME A QUERERTE

Por Haruko Sakuragi

CAPÍTULO 10

Toda esa semana había pasado muy rápido. O al menos así la había sentido Akari Müller. Entre las tareas habituales que los profesores asignaban y el trabajo que elaboraba con Rukawa, la escuela le estaba resultando un poco más cansada que al principio.

La verdad era que Rukawa sí parecía listo, pero no aplicado. No era tonto, porque lo demostraba cada vez que tenían que discutir algún punto o complementar otro. Pero se notaba a leguas que su mayor preocupación en el mundo era el básquetbol.

Sin embargo… En ese tiempo que habían sido obligados a pasar juntos, Akari había descubierto que Kaede Rukawa no era engreído, que era inteligente y que, aunque el básquetbol era lo primero para él, no era la única cosa que ocupaba su cabeza.

—Bueno… Ya sólo falta el último tema —murmuró Akari con alivio. Toda la semana había estado en la biblioteca hasta tarde, se levantaba temprano para ver a Rukawa antes de clases y durante el almuerzo continuaban trabajando los dos—. Es jueves y está casi terminado —sonrió orgullosa.

Konnichiwa —escuchó que saludaba una de sus compañeras.

Konnichiwa —pronunció en su japonés un poco más practicado.

—Müller —escuchó que le llamaba su compañera.

—¿Qué pasa, Miyazawa? —respondió sorprendida, pues no era común que las alumnas le dirigieran la palabra en un tono tan cordial.

—Yo… Quiero preguntarte una cosa.

Akari miró a la muchacha y parpadeó un par de veces.

—Dime, Miyazawa.

—Tú… —la muchacha titubeó— Tú… ¿E-eres novia de Rukawa?

—¡¿QUÉ?!

Akari gritó sin prudencia y abrió los ojos muy grandes. La chica se ruborizó y se cubrió el rostro.

—¡¿De dónde sacaste eso, Miyazawa?!

—Es que… Todas pensamos que Rukawa y tú son pareja… Siempre están juntos. Imaginábamos que estaban saliendo.

—¡Pero es mentira! —gritó Akari.

No podía creer que sus compañeras estuvieran especulando sobre la relación que tenía con Kaede Rukawa.

—¡Rukawa y yo sólo somos compañeros de equipo en biología!

—¿Es en serio, Müller? Nosotras lo pensábamos porque nos dificultarías continuar con su club de admiradoras.

—Pregúntenle a él si quieren: Kaede Rukawa y yo somos compañeros nada más.

Akari lucía molesta. Miyazawa decidió no preguntar más.

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Respiró hondo otra vez, para llenarse el pecho de valor.

Toda la semana había estado ensayando cómo le pediría una cita a Haruko, y, aparentemente, ese viernes estaba listo para hacerlo. Pero, en ese momento que se encontraba fuera de su aula, que ya la había visto platicar con sus amigas, no sabía en dónde demonios se había quedado todo el discurso que había memorizado frente al espejo.

—Vamos, Dai. Tú puedes —se dio valor a sí mismo.

Pero esa voz interna que lo había alentado toda la semana, justo en ese momento parecía haberse esfumado.

—No puede ser… —sacó el aire. Se asomó otra vez hacia el interior del aula, y volvió a ver a Haruko hablando con su amiga Fujii, si no mal recordaba.

Volvió a ensimismarse y suspiró: nunca reuniría el valor suficiente para confesarle a Haruko sus sentimientos.

—¡Hola, Daisuke! —escuchó una voz familiar a su costado.

—¡Ha-Haruko! —se sobresaltó.

—¿Te asusté? —preguntó la muchacha— Perdóname, no me di cuenta.

—No, no, Haruko. Lo siento, es que estaba pensando en otra cosa.

Junto a Haruko estaba de pie Fujii. Y pronto Matsui las alcanzó.

—Hola, chicas —saludó a las amigas de Haruko.

—Hola, Daisuke —respondió Fujii.

—Qué tal —fue lo único que Matsui dijo. Estaba molesta desde que Takamiya le quitara su almuerzo hacía algunos días.

—¿A-Adónde vas, Haruko? —preguntó Daisuke al darse cuenta de que las tres muchachas lo miraban impacientes… Más Fujii y Matsui que Haruko.

—Oh… Pues vamos a… Al aula del grupo siete de segundo —Fujii le dio un codazo a la muchacha— ¡Auch!

—Haruko —murmuró Fujii.

—Lo siento —se disculpó la castaña—. Es que Fujii está en el taller de poesía, y va a pedirle sus notas a Youhei.

—¿Youhie? —repitió Daisuke.

—El amigo de su novio —señaló Matsui observando con mucha atención la reacción del chico menor.

—Oh…

—¿Quieres ir? —invitó Haruko, tan despistada ella.

—Yo…

—Vamos, Daisuke —sonrió la castaña, y ante sus sonrisa, el muchacho no pudo negarse.

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Takamiya, Ookusu, Noma y Youhei estaban alrededor del pupitre del último, conversando.

—¿Entonces vamos a la cafetería o nos quedamos aquí? —preguntó Noma.

—Yo tengo hambre —se quejó Takamiya.

—Dinos algo nuevo, Gordo —se burló Ookusu. Acto seguido, el resto del ejército estalló en carcajadas.

—El profesor debe estar por llegar, chicos —señaló Youhei—. Vayamos en el descanso mejor.

—Oye, Youhei —llamó Ookusu—. ¿Cuándo visitaremos a Hanamichi?

—Sí —apoyó Noma—. Hace mucho que no lo vemos.

—Pues yo lo vi el fin de semana pasado —recordó Youhei.

—¿Por eso no estuviste en tu casa el domingo? —preguntó Takamiya.

—Es cierto —aportó Noma—. Te fuimos a buscar y Koani nos dijo que habías salido.

—Aunque ella dijo que habías ido al Centro —Ookusu se rascó la barbilla con gesto pensativo.

—Debe haberse confundido —meditó Noma.

—No. En realidad fui al Centro.

—¿Por qué no nos llamaste? Te habríamos acompañado.

—Estaba aburrido y decidí salir a caminar.

—¿Y caminando tardaste tanto?

—La verdad es que fui al cine con Fujii —confesó Youhei como si fuera lo más normal.

—¡¿Tuviste una cita con la amiga de Haruko?! —gritaron los tres muchachos al mismo tiempo.

—No fue una cita… Nos encontramos en el Centro y decidimos ir al cine.

—¡Yo sabía que te gustaba! —saltó un Takamiya sumamente feliz.

—¿Qué?

—Nosotros lo suponíamos —continuó Ookusu.

—No…

—¿Por qué nos lo ocultaste, Youhei?

—¡Fujii no me gusta! ¡Entiéndalo!

—¿Qué? —se entonaron los tres muchachos.

—Ya les dije que a mí me interesa Hikari, la compañera de habitación de Hanamichi.

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Fuera del aula del ejército, Fujii se había detenido en seco al escuchar el grito de Youhei.

Haruko y Matsui se detuvieron al mismo tiempo, sin entender por qué el muchacho había gritado aquello.

—Se los dije… —murmuró Fujii cerrando los ojos.

—Fujii… —susurró Matsui.

—Te lo dije, Haruko —dijo Fujii y comenzó a correr hacia el baño.

—No, Fujii… —dijo Haruko, más para si misma que para sus acompañantes.

—¿Qué sucede? —preguntó Daisuke, que se había mantenido al margen.

—Nada —cortó Matsui.

—Vámonos, Daisuke —determinó Haruko. El muchacho las siguió sin hablar.

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Ginji acababa de llegar a Shohoku, creyendo que se le había hecho tarde. Y nada más llegar al piso de los salones de primero, pensó en ir a saludar a Haruko y tomarle otra fotografía para Hanamichi.

—Eso haré —sonrió.

Alistó su cámara, pero antes de subir la escalera vio a la novia de su primo caminando junto a otro muchacho…

—A él lo conozco —pensó Ginji, y comenzó a tomar todas las fotografías que pudo.

Haruko se despidió del chico, y éste último descendió la escalera con una sonrisa tonta.

Pero nada más estar un poco cerca del piso, una serie de destellos le nublaron un poco la visión y tropezó, cayendo desde el segundo escalón.

—¡¿Qué te pasa?! —gritó el muchacho, dolorido por el golpe.

—¿Qué hacías con ella? —Ginji seguía tomando fotografías.

—¡Nada! ¿Qué te pasa? —Daisuke se levantó molesto.

—Tú estás en mi grupo… —declaró Ginji, fijándose bien en el rostro del muchacho que se acababa de levantar del suelo.

Daisuke no lo reconoció de inmediato, y, una vez en pie, se le quedó mirando al chico que lo había hecho tropezar.

—¡Sí! ¡Tú y yo somos compañeros de grupo! —repitió Ginji, completamente convencido.

—¿Y eso qué? —preguntó Daisuke, que ya lo había reconocido y ni siquiera le importaba.

—¿Por qué estabas con Haruko? —soltó Ginji de repente.

—Pues… Porque ella es mi amiga —respondió Daisuke con recelo.

—¿Es eso cierto? —Ginji aún dudaba. No creía que Haruko no quisiera a Hanamichi, pero él iba a vigilar los intereses de su primo.

—Sí… —Daisuke fingió molestarse por las dudas que un perfecto desconocido planeaba aclarar.

—Bueno… —Ginji meditó por dos segundos, y luego decidió que le creía— Me llamo Ginji Miyabara —sonrió, al tiempo que hacía una reverencia y sonreía.

—Mucho gusto —correspondió el aludido, y luego él también se presentó—. Yo soy Daisuke Müller.

—¿Mu-qué?

—Müller.

—…

—¡Müller! —Daisuke ya se había impacientado.

—Mmmm… ¿Eres extranjero?

—Mi hermana y yo nacimos en Munich.

—¡¿Eres alemán?! —Ginji se entusiasmó: nunca había conocido a alguien que no fuera japonés o chino.

—Mi padre lo es…

—¿Y qué haces viviendo en Japón?

—Mi madre es de Kanagawa…

—¿Entonces viniste con tu familia a vivir aquí?

—No —Daisuke comenzaba a participar en la conversación—. Mis padres se divorciaron y mamá obtuvo la custodia…

—Yo… Lo siento —dijo Ginji sinceramente.

Un silencio se hizo presente entre ambos muchachos.

—Tú estás en primero también, ¿no? —preguntó Daisuke. Ginji asintió con un movimiento— ¿Por qué te inscribiste hasta ahora? No llegaste desde el principio.

—Eso es porque mi papá trabajaba en China pero lo transfirieron a Japón de nuevo.

—¿Eres chino?

—No. Yo nací aquí, en Kanagawa, y crecí con mi familia y la de mi primo. Pero cuando cumplí once años a papá lo transfirieron a China y tuvimos que mudarnos. Hace algunas semanas lo retransfirieron y regresamos de nuevo.

Ginji sonrió: le fascinaba contar su vida. Y Daisuke parecía interesado en lo que él decía.

—Oye… ¿Quieres almorzar conmigo? —invitó Ginji con algo de timidez.

—¿En… En serio? —Daisuke abrió los ojos grandes. Era un chico extrovertido, pero en realidad con la única persona que había entablado alguna conversación era Haruko. Hasta ese momento, no había hecho amigos.

—Sí. Siempre almuerzo con los amigos de mi primo… Y con Haruko.

—Es cierto —en ese momento, Daisuke recordó la pregunta que Ginji le había hecho hacía unos minutos— ¿Por qué conoces a Haruko?

—Pues… Porque ella es la novia de mi primo —respondió Ginji con la mayor naturalidad.

Daisuke se le quedó mirando a su nuevo amigo. El timbre que anunciaba el inicio de las clases sonó, y ambos muchachos se dirigieron a su aula.

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Serían como las dos de la tarde cuando la señora Mizuko le anunció a Sakuragi que la sesión de esa tarde había terminado.

El pelirrojo, un poco extrañado porque no se sentía exhausto, se dirigió a su habitación. Hikari no estaba ahí cuando él llegó, pero lo atribuyó a una posible visita de sus padres o su novio.

Decidió tomar una ducha para relajarse, pero no se demoró en la regadera. Se vistió con un pantalón deportivo y una camiseta que su madre le había llevado en la última visita. Encendió el televisor y cambió los canales con despreocupación. Era viernes, por lo que suponía no tendría visitas. Haruko debía estar aún en el entrenamiento, y por la tarde estaría con sus amigas; el ejército tal vez estaría en Danny's. Su madre estaba trabajando. O sea: él estaría solo el resto de la tarde.

La puerta de la habitación se abrió de repente, sin que la persona que entrara llamara antes.

—Hola, Sakuragi —sonrió una mujer en edad madura. Vestía bata blanca, tenía los ojos oscuros y el cabello negro que dejaba ver varias canas.

—Hola, señora Mizuko —respondió Hanamichi, levantándose de la cama—. Pensé que habíamos terminado por hoy.

—Así es, Sakuragi —convino la señora Mizuko—. Pero tengo muy buenas noticias y… ¡Qué rayos! No pude esperar a la siguiente sesión para comunicártelas.

Hanamichi miró a su fisioterapeuta con cara de no entender.

—¿Buenas noticias? —repitió parpadeando.

—Acabo de hablar con el doctor Yamamoto —comenzó la señora Mizuko, refiriéndose al médico de cabecera de Hanamichi—. Ambos hemos determinado que podrás abandonar la clínica la semana siguiente.

La mujer sonreía plenamente. Sabía que el pelirrojo se desesperaba ahí sin poder ir a la escuela, y varias veces lo había escuchado contarle lo mucho que extrañaba el equipo de básquetbol.

—Es… ¿Es en serio, señora Mizuko?

Hanamichi no sabía si creer o no: no confiaba mucho en su juicio por aquellos días, después de que le habían sucedido muchas cosas buenas juntas.

—Claro que sí —reiteró la señora Mizuko—. El miércoles de la próxima semana te daremos de alta.

Hanamichi agrandó aún más su sonrisa: saldría de la clínica.

Sabía que no podría volver al equipo de inmediato, pero no importaba mucho: una vez fuera de ese lugar, su regreso al equipo sería inminente.

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Notas de la autora:

¡¡Holas!! ¡FELIZ NAVIDAD!

Ya se acerca el fin de año en este lado del planeta, y hoy es Navidad. Y yo cada vez estoy más cerca de mi viaje… ¡¡Estoy nerviosa!!

Bueno. Dejemos eso por un momento.

Tengo noticias (aunque a la mayoría no le afecta para nada saberlo o no): soy soltera otra vez. Aunque a mi novio no le ha parecido la idea, pero a mí ya no me va eso del compromiso. En fin. Esperemos que el próximo año pinte mejor y ya no cometa la estupidez de formalizar una relación de nuevo.

Ahora sí: el capi es un poco más largo. Y decidí darle un regalo a Hanamichi: abandonar la clínica, aunque en el fic no es la misma temporada que aquí fuera. Pero de todos modos es un regalo para quienes querían ver en acción a nuestro pelirrojo estrella.

Ahora sí a responder reviews:

Miguel: Tus deseos son órdenes y ya conociste a Daisuke. Todavía falta tiempo para que te topes con el señor cara dura, pero a lo mejor para el próximo capítulo Daisuke o Haruko te invitan a ver el entrenamiento, y entonces te presentan a Rukawa. Ojalá te guste cómo van las cosas. Y no te olvides de dejar un review. Besos y felices fiestas… Y que l 2007 pinte de maravilla para ti.

Elena: Gracias por seguir la historia. Espero que te guste el capítulo y que tengas felices fiestas. Besos y sigue leyendo.

Hipolita: Aquí tienes la actualización, un poquito después del cuarto capítulo de Quédate conmigo. Espero tener tiempo suficiente para subir algunos capítulos más antes de irme, porque si no lo hago… Pues no habrá algo mío por aquí sino hasta la última semana de enero, y eso si bien me va. Felices fiestas y que tengas buen inicio de año.

Mcy: Gracias por dejar este review. Te confieso que he estado tentada a dejar este fic como no yaoi, pero, simplemente, no se me hace justo romperle el corazón a Kaede ni que el pobrecito de Daisuke se quede sin una oportunidad. Pretendo hacer este fic largo, así que las cosas irán desarrollándose poco a poco. O sea: todavía falta un poco para el yaoi. Pero no te desesperes y sigue leyendo, que no te decepcionará la historia. Felicidades en estas fiestas y buen 2007.

Mai Maxwell: Sí v iene el yaoi, ya lo dije. Pero falta poquito todavía. Las cosas tienen que pasar lentas para que salgan bien. Pero pronto verás acción, lo prometo. Sigue leyendo por aquí. Subiré algo para la primera semana de enero a más tardar, para dejarles con qué entretenerse mientras me voy de viaje. Besos y feliz fin de año.

Cruz: Eres breve pero significativa. Gracias por el review. Sigue leyendo por favor. Felicidades.