Sasuke se giró al reconocer la voz característica de Menma, la voz que tanto lo molestaba en el pasado, y que ahora adquiría un tono inusual y serio como jamás había esperado oírlo.

—Hola—saludó sin emoción volviendo la vista al frente.

—Yo soy Menma, no nos hemos presentado formalmente antes. ¿Daiki, no? —el rubio le tendió una mano amistosamente.

—Encantado—respondió el Uchiha con acritud, sin voltearse ni devolverle el gesto.

—Antes de perderse a buscar incautas, Chara me ha hablado de ti, me ha dicho que eres un viejo amigo suyo que hizo de pequeño por correspondencia…—Menma aguardó silencio por unos instantes, a la espera de algún tipo de respuesta, pero Sasuke, nuevamente, no reaccionó—, pero le conozco bien. Aunque no lo parezca, es mi mejor amigo, y sé cuando mi mejor amigo miente.

«Mejor amigo».

Sasuke tensó la mandíbula, furioso. Aquellas dos palabras lo hacían enfurecer. Estaba empezando a alcanzar el límite de su paciencia.

—También te diré que confío en él. Si no quiere revelarme la verdad sobre ti, respeto sus motivos. Además, se nota que te aprecia.

Volvió a callar esperando alguna respuesta por parte del moreno, pero este no hizo nada.

—Hay algo extraño en ti. Solo quiero que sepas que si intentas algo que pueda herir a mis amigos, me enfrentaré a ti.

—Entendido—respondió Sasuke con total calma, antes de darse la vuelta y marcharse.

Su tranquilidad intrigó a Menma, que observó como el joven se dirigía de nuevo hacia el interior de la discoteca.

Una vez dentro, Sasuke trató de abrirse paso nuevamente para dirigirse hacia la salida. Consideraba que ya había tenido suficiente. Cuando estaba por alcanzar su objetivo, fue detenido por Itachi, que ya iba medio contentillo, festejando alegre con sus compañeros Akatsuki.

—¡Eh, Daiki!—lo interceptó—¿Adónde vas? ¿Quieres conocer a mis amigos?

—¿Tus amigos?—Sasuke desvió la mirada hacia el resto de los presentes. Allí estaban todos los Akatsuki, borrachos como cubas, disfrutando del desmadre—¿Los scout?

Itachi frunció el ceño, fastidiado.

—¡No somos scout, no le hagas caso a la loca de Hinata!

—¡PRIMITO!—Charasuke se aproximó hacia él por detrás—¿Te hace un chupito? ¡Invito yo!

—¿¡Primito!?—Deidara se acercó hacia ellos, haciendo serios esfuerzos para no caerse—¿Ha venido vuestro primo y no nos decís nada!? ¡Ronda de chupitos! ¡Hay que darle la bienvenida como se merece!

—¡SÍ! ¡El mío de aguardiente!—se sumó Kisame, poco dispuesto a perderse algo.

—¿Quieres dejar de beber cosas raras? ¡Que luego se te pone la piel azul!—lo riñó Pain.

—¡No les hagas caso, primito! ¡Ven por aquí!

—No, lo siento. Me voy a casa—replicó Sasuke.

Una oleada de abucheos por parte de todos los integrantes de los Akatsuki se levantó ante sus palabras.

—¡Aburrido!—desaprobó Zetsu.

Sasuke los ignoró, como hacía con todo el mundo, y se dirigió hacia la salida. Varias chicas lo siguieron con la mirada, entre susurros. Pudo notar las miradas de preocupación de Itachi y Charasuke clavándose en su espalda, pero las ignoró también.

—¿Todo bien, Daiki?—le preguntó Itachi, que se había escabullido hasta su lado.

—Sí, ¿por qué?—respondió Sasuke.

—Bueno…eres tan reservado y siempre estás tan serio…que no me veo capaz de atinar cuando te pasa algo o no….

Por toda respuesta, Sasuke se limitó a encogerse de hombros. Es cierto que estar en aquel lugar tan extraño lo irritaba, pero, para ser sincero, aunque no hubiese estado en su Konoha habitual, tampoco habría sido demasiado social. Así era él. Un hombre de pocas palabras. ¿Qué le iba a hacer?

—No suelo hablar mucho, y no me gustan las cosas con mucho ruido.

Itachi lo contempló, algo perplejo, preguntándose qué más decirle para mostrarle que, pese a su desconfianza inicial, le caía bien.

—¿No vas a despedirte de Hinata?

—¿De Hinata? ¿No te acabo de decir que no me gustan las cosas con mucho ruido?

Itachi soltó una pequeña risita ante su respuesta.

—Pues bien que os morreáis a la primera de cambio…—sonrió Itachi con sorna.

—Hmpf…—Sasuke apartó la mirada, con una mezcla de soberbia y molestia brillando en sus ojos—Solo le enseñaba a esa descarada quien manda. Además, eso no es asunto tuyo.

Itachi no pudo evitar abrir los ojos como platos ante la respuesta de Sasuke. Unos segundos después, estalló en carcajadas.

—¿Enseñarle quien manda? ¿A Hinata Hyuuga?—reía—¡Pues no te faltan gafas de pasta y sueters beiges para lograrlo!

Sasuke lo contempló en silencio, sin comprender el chiste, hasta el punto que Itachi hasta se sintió incómodo de reírse solo.

—Bueno…—añadió rascándose la nuca—eres de los que las mata callando, eh.

—Supongo.

—En realidad, la música no está tan mal—seguía Itachi.

—No es mi estilo.

Más silencio.

—¿Estás cómodo en la cabaña?

—Sí, gracias por el detalle.

Itachi carraspeó su garganta sin saber bien qué más decir. Sasuke no le parecía mal chico, de hecho, hasta creía ser capaz de encontrarle su punto divertido entre tanta seriedad, pero la verdad es que no era fácil. Parecía que había que sacarle las palabras con tenazas.

—Entonces, ¿te vas?

—Esa era mi idea, sí.

De nuevo, Itachi volvió a rascarse la nuca, con semblante reflexivo, hasta que Sasuke soltó un resoplido. Nuevamente, no supo si fue por la influencia que el aspecto de Itachi ejercía en él, o que aquel peculiar mundo le hacía hacer cosas inusuales, o quizá fueron las dos cosas, pero acabó accediendo a los patéticos intentos de Itachi por buscar su compañía y acercarse a él.

—Está bien—concedió—. Me tomaré ese chupito.

El rostro de Itachi se iluminó súbitamente.

—¡Genial! ¡Mis amigos van más ciegos que los topos, así que igual se ponen algo pesados, pero tú ni caso!

Sasuke se limitó a asentir y a seguir a Itachi hasta la barra. Cuando volvieron junto a los Akatsuki, estos ovacionaron a Sasuke, contentos por su regreso. Deidara hasta tuvo la osadía de intentar abrazarlo, en un arrebato etílico de exaltación de amistad y amor por el mundo, pero fue disuadido de ello por Charasuke, que ya empezaba a reconocer las miradas amenazantes de Sasuke.

Una vez en la barra, la camarera sirvió los chupitos. Sasuke observó el diminuto vaso ante él, dubitativo. Jamás en su vida había probado el alcohol. Miró de reojo a los Akatsuki junto a él, que se bebieron aquello como si de agua se tratase, Deidara incluso se bebió el suyo y el de Pain, que ya iba medio ido y bailaba en la tarima autoproclamándose un dios, pero era descaradamente ignorado por todos.

Después de ver a Deidara beberse dos vasitos de esos de golpe, supo que él no podía ser menos. Se había enfrentado a aquel rubio en el pasado, y, lo había vencido. Era consciente de que no eran los mismos Deidaras, pero daba igual. Su vena orgullosa, competitiva y soberbia que le impedía perder ante rubios escandalosos, se apoderó de él.

—Póngame tres más, por favor. De lo más fuerte que haya—pidió educadamente a la camarera.

—¡WOW! ¡Ese es mi primito! ¡Vamos a por todas esta noche!—celebró Charasuke, contentísimo.

Itachi observaba de lejos la escena, sin poder evitar sonreír. Aquel Sasuke era un tipo serio, pero tenía algo magnético, alguna clase de carisma oculto que hacía que la gente se sintiese misteriosamente atraída hacia él. Y, desde luego, cuando se le veía sacar a relucir su carácter, demostraba tener agallas como el que más. Pese a lo grosero y directo que podía llegar a ser, a Itachi, definitivamente, aquel chico idéntico a su hermano menor le caía bien.

—¡Por Daiki!—exclamó alzando su chupito.

Debido al ruido, solo Sasuke y Charasuke alcanzaron a oírlo. El primero arrimó su vasito educadamente, sin perder su seriedad, y Charasuke derramó la mitad del líquido debido al ímpetu con el que fue a brindar.

Sasuke no tenía muy claro cómo iba aquello del beber, así que, ni corto ni perezoso, se pimpló los cuatro chupitos seguidos, totalmente desconocedor a los efectos que el alcohol podía tener sobre él. Tuvo que reprimir una arcada para no quedar mal, porque lo cierto es que aquello sabía a rayos. Conforme los minutos fueron avanzando, el efecto de los extraños chupitos fue demostrándose. Lejos de anunciar un Sasuke agresivo, o un Sasuke especialmente grosero, o un Sasuke melancólico y atormentado por su oscuro pasado, surgió nada más y nada menos que el Sasuke competitivo y mordaz. La ambigua y chocante familiaridad que Itachi despertaba sobre él, aunque Sasuke no fuese consciente de ello, influyeron en ello. Itachi, pese a no ser su verdadero hermano, había demostrado genuino interés por él, y eso, a una parte inconsciente de Sasuke, lo reconfortó y lo alegró, así que lo primero que hizo fue entablar conversación con él, aprovechando que Charasuke se había ido a tirarle los tratos a Konan, desencadenando una disputa entre él y Pain, que se había bajado de la tarima y se disponía a defender lo que él consideraba suyo. Itachi trató de hacerle hablar sobre Hinata, a lo que Sasuke respondía con su sarcasmo habitual. Kisame, que siempre se metía en medio de todo, se acopló a la conversación y comenzó a alentar a Sasuke a lanzarse a por Hinata.

—¡Esa tía tiene un carácter de la hostia!—opinaba Kisame—¡Pero uf, a la vez es tan fría y sensual! ¡De pequeño estaba coladísimo por ella!—confesó.

—Es una descarada…—seguía despotricando Sasuke, desviando la mirada.

—¡Y eso la hace más sexy!—declaró Kisame alzando su cubata de aguardiente.

Como si hubiese sido invocada, Hinata Hyuuga hizo aparición, acompañada de Tenten, Lee y sus compañeros de equipo: Kiba y Shino.

—No me puedo creer que al final te hayas puesto la dichosa corbata de gatitos—saludó Itachi al ver al Inuzuka.

—¡Es la bomba, nyan!

—Hola—saludó Sasuke.

—¿Habéis visto a Menma?—respondió la Hyuuga—Sakura andaba muy cerca suyo esta noche, y eso no me gusta…

—¿Qué? ¿A Sakura le gusta Naruto?—se sorprendió Sasuke, recordando y comprendiendo la actitud de la pelirrosa hacia el rubio.

—¿Naruto? ¿Quién es ese?—cuestionó Hinata.

—Me refiero a Menma, lenta.

—¿¡Y por qué demonios le cambias el nombre así!? ¡Ni siquiera se parecen!

Pero para gran molestia de la Hyuuga, Sasuke la ignoró, mientras Itachi contenía una risita. No era habitual ver a alguien vacilando a Hinata, y algo que tampoco parecía ser habitual era ver a Sasuke molestando a alguien.

Sasuke, por su parte, observaba a un chico ubicado no muy lejos que bailaba con gran presteza. El tipo no era especialmente guapo físicamente, pero su atractiva y pronunciada forma de bailar era incuestionable fascinante. Un grupo de gente incluso formó un círculo a su alrededor para contemplarlo, las chicas deleitándose con la impúdica danza y los chicos con una mezcla de envidia y secreta admiración.

—¿¡Qué demonios hace un tipo soso y aburrido como tú aquí todavía!?—le espetó Hinata, llamando su atención.

—Hmpf…—Sasuke observó de reojo a la Hyuuga, que lo miraba frustrada. Una perversa sonrisa se dibujó en su rostro. Se acercó al oído de Hinata y le susurró—¿Soso y aburrido? Ahora verás de lo que es capaz un Uchiha, monada—añadió activando su Sharingan con cuidado de que nadie se diese cuenta y copiando los pasos del habilidoso bailarín.

Sin pensárselo dos veces, y en gran parte debido a la influencia del alcohol, Sasuke comenzó a ejecutar sensuales y lentos pasos de baile con una gracia que dejó boquiabierto a más de uno. Incluso Hinata, que siempre tenía respuesta para todo, guardó silencio ante la sorpresa de ver a aquel tipo serio y malhumorado bailando así.

«Dios, parece un stripper profesional», pensaba alucinada contemplando a Sasuke de arriba abajo.

Como si leyese sus pensamientos, Sasuke la miró fijamente, mientras esbozada una sonrisa de medio lado y se desprendía de su suéter, tirándoselo a la cara con gran picardía. Hinata, por supuesto, reaccionó a tiempo y detuvo el lanzamiento. Una oleada del varonil olor de Sasuke se internó por sus fosas nasales. Aquel penetrante y libidinoso olor.

«¡Joder, joder, joder! ¡Maldito alíen!»

Varias chicas que contemplaban embelesadas a Sasuke miraron con algo de molestia a la Hyuuga.

—¡Joder con tu primo! ¡Vaya forma de menearse!—se maravilló Konan, que seguía en medio de Charasuke y Pain,

—¡Ese no es ni un semidiós!— protestó Pain—¡Yo puedo hacerlo mejor! ¡Shinra Tensei Style!

—Es increíble…ha usado….para aprender a bailar…eso ha sido…—Charasuke se olvidó de que supuestamente estaba camelándose a Konan y se acercó totalmente hechizado hacia Sasuke.

—¡Eres un genio, primito! ¡LO SABÍA! ¡Esa ha sido una táctica genial! ¡Yo también quiero!—ni corto ni perezoso, Chara activó su Sharingan y comenzó a imitar a la perfección la danza de Sasuke, lo que provocó que una oleada de fans, incluso mayor que la que Sasuke había organizado, los abordase.

—¡Charasuke-kun! ¡Eres genial!

—¡Chara-san! ¡Baila conmigo, por favor!

—¿Me presentas a tu amigo, Charasuke? ¡Haré lo que sea!

Sasuke detuvo su baile. Ya estaba acaparando demasiado atención, algo que él detestaba, así que decidió retirarse sutilmente, para decepción de muchas de las jóvenes que se habían enamorado de él a primera vista. Desvió la mirada hacia atrás, pero Hinata también había desaparecido entre tanto alboroto.

—Creo que ya debería irme a casa…—se dijo a sí mismo.

Cuando estaba por alcanzar la puerta, otra voz femenina lo detuvo.

—D-Daiki-kun…

—¿Hmpf?

Sasuke enarcó una ceja sorprendido al reconocer a la Ino de aquel mundo.

—¿Y-ya te vas?—preguntó esta con timidez.

—Sí…estoy cansado—respondió el moreno dispuesto a seguir su camino.

—T-te he visto bailar…¡lo haces muy bien!

Sasuke sonrió ante las palabras de la rubia.

—Gracias. ¿Has visto a Hinata?

El rostro de Ino se ensombreció súbitamente, a pesar del esfuerzo de la rubia por disimularlo. Sasuke percibió aquel cambio. ¿Quizá Hinata le caía mal?

—Hinata…ya veo…no, no la he visto—el tono de Ino se volvió sombrío—Seguramente ande detrás de Menma—añadió con acritud.

Sasuke la observó sin decir nada. Aquella joven parecía guardarle un gran resentimiento a Hinata. Aún recordaba la misteriosa nota.

Sé quién eres, y de dónde vienes. Si quieres que te ayude a regresar a tu mundo, tendrás que asesinar a Hinata Hyuuga.

«Este mundo…no es tan absurdo e idílico como parece…», comprendió clavando sus ojos fijamente sobre Ino, que se había dado la vuelta y se marchaba sin decir nada. «Algo extraño sucede…y Hinata parece estar en medio de todo, como siempre …»

-.-.-.-

Hinata se dirigía a través de las oscuras calles de vuelta a su casa. Se sentía hecha un manojo de sentimientos, y la culpa de todo la tenía Sasuke. Desde que aquel alíen había llegado a su vida, esta se encontraba patas arriba. Siempre había pensado que Menma era el único hombre en el que podría fijarse sexual y románticamente hablando. Era bondadoso, guapo, responsable y atento con los demás. Justo todo lo que ella no era. Y, por esa misma razón, siempre había estado enamorada de él. Siempre había querido protegerlo, salvaguardar aquella benevolencia de cualquiera que intentase hacerle daño.

«Él se preocupa por todos, sin excepción, siempre está dispuesto a echarle una mano desinteresada a quien más lo necesita….gente como Menma…es tan difícil de encontrar…por eso, decidí protegerlo, y acabé enamorándome de él….», pensaba la Hyuuga. Sin embargo, desde que apareció el idiota, serio, engreído y fastidioso de Sasuke, Hinata caminaba en una encrucijada de sentimientos. No alcanzaba a ver ni la mitad de generosidad de Menma en Sasuke, pero, por alguna misteriosa razón, con Sasuke sentía algo que le hacía cuestionarse lo que nunca antes se había cuestionado: sus sentimientos por Menma.

«¿Por qué razón?», meditaba. Era cierto que con Menma se obligaba a ser más dulce y menos agresiva, mientras que son Sasuke podía mostrarse tal y como era, sin fingir.

«¿Quizá sea eso lo que me confunde? ¿Qué Sasuke y yo somos parecidos y por eso me llama la atención?», pensaba mordiéndose el labio inferior, dudosa. Fuera como fuese, quedarse en la discoteca viéndolo bailar de aquella manera solo la turbada más.

«Ese idiota sí que sabe como ser sexy, maldito el día que se me ocurrió darle un beso para picarlo….».

Estaba a punto de llegar a su casa, debatiéndose seriamente entre su cerebro, su corazón y sus partes íntimas cuando una voz interrumpió sus cavilaciones.

—¡Hola, señorita Hinata!

Un tipo con una máscara naranja y ataviado con una túnica negra con nubes rojas apareció en su camino. Hinata levantó la cabeza, aburrida, al reconocerlo.

—¿Ha tomado ya una decisión? La llegada de Sasuke confirma lo que le dije…existe otra dimensión…—seguía hablando el tipo de la máscara.

—Ya lo veo—respondió Hinata con acritud, molesta porque hubiesen interrumpido sus reflexiones.

—Por favor, no se enfade conmigo. Usted es la única que puede ayudarme, señorita Hinata. Además, esto es lo que su madre hubiera querido. Un cambio en el sistema político de los Hyuuga. Y solo usted puede lograrlo, pero para ello, primero debemos ir a…..

—¿De verdad esto te lo pidió mi madre?—lo interrumpió con la voz entrecortada. No podía evitarlo, era algo que le sucedía cada vez que se mencionaba a su madre.

—¡Sí! ¡Su madre y yo éramos muy buenos amigos! ¿Por qué nunca confía en mí?

—Porque llevas una máscara ridícula. ¡Ni siquiera me enseñas tu verdadera cara!

—Aaah…bueno…es por mis cicatrices…ya sabe….

Hinata respiró hondo, debatiéndose consigo misma.

—Está bien. ¿Por dónde empezamos?

-.-.-.-

N/A

¡Hoooola a todos! Hoy os traigo capítulo doble, ya que me ha quedado muy largo. ^^ Al final Hinata es la que aparentemente está de parte de Tobi...así que...ya podéis hipotetizar sobre cuanta gente puede quererla muerta xD ¿Quién le habrá mandado esa carta a Sasuke?

Espero que os esté gustando la historia, sea como sea, me haría mucha ilusión si me dejáis reviews diciendome si os gusta o no ;P ¡escribo con más ilusión si os leo y me ayuda tener feedback para ver si voy bien!

Un besote a todos ^^