Disclaimer: Los personajes mencionados a lo largo de la historia pertenecen a S. Meyer, mientras que la historia es mía.

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El retorno del cazador

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Outtake: niñez

1987.

Mamá estaba enojada. Papá no se encontraba en ese hospital. ¿Por qué no estaba allí? Yo esperaba que él se encontrara allí así mamá dejaría de hacerme daño. Estaba cansado y adolorido de las agujas y de doctores. Según mamá, papá era un doctor. Me dan escalofríos cada que escuchaba eso. No quería más doctores cerca.

Deje de jugar con mis carritos y mire a mamá, ella estaba con su fría mirada de color verde mirando fuera. Era un día lluvioso, gris no entendía porque le gustaba tanto mirar eso. Hoy los niños del vecindario no habían salido a jugar y no me importaba, de cualquier manera yo no jugaba con ellos. No me gustaban ni yo les gustaba.

Esos niños eran idiotas. Mi mamá lo decía a diario y decía que me volvería un niño más idiota si me juntaba con ellos. Le hacía caso para mantenerla contenta no me hiciera daño.

—Edward, llego la hora de comer —anuncio de repente poniéndose de pie del sofá donde estaba— dado que fue una completa pérdida de tiempo ir a ese hospital necesito mantenerte fuerte por un tiempo.

— ¿Ya no me dolerá el estómago? —Pregunte y una pequeña esperanza surgió dentro de mí.

Mamá suspiro viéndose enojada y me prepare para los golpes encogiéndome.

—No, bebe, no habrá más dolor de estómago —Respondió y me sorprendí porque ella nunca me llamaba bebe.

Le sonreí pero ella no lo hizo. Nunca me sonreía a mí.

Había días en los que sentía algo feo en mi estómago y garganta, a veces deseaba que mamá muriera. A veces, cuando ella estaba dormida, deseaba matarla con la almohada.

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1992.

Mamá me había obligado a permanecer bajo la lluvia durante la noche y después en la habitación dejo las cortinas abiertas y no me permitió cubrirme ni cambiarme de ropa. No recordaba mucho después de eso solo desperté en esta habitación blanca y estéril.

Estaba en el hospital.

Odiaba a Esme.

Quería verla muerta por mi propia mano. Cuando fuera lo suficientemente fuerte lo haría. No tenía miedo a nada.

Esme entro a mi habitación sonriente y un hombre rubio entro tras de ella. Podría reconocer el rostro de ese hombre donde sea, años atrás pedía siempre que por fin lo encontráramos para dejar de sufrir. Hoy sin embargo, lo odio tanto como a Esme. Él tiene parte de la culpa de que yo viviera esto.

—Hola nene —Esme beso mi mejilla y no me atreví a hacerle un mal gesto— ¿a que no sabes a quien encontramos aquí? Si, nene —asintió entusiasmada y su ilusa mente no la dejo ver que "papá" no estaba contento de verla… vernos— es tu papá, Carlisle.

Mire intensamente a mi "papá" antes de que el desviara su mirada a Esme y le pidiera que nos dejara a solas. Esme se atrevió a darme una mirada que claramente decía que me mantuviera callado y no me atreviera a delatarla. Mire su cuello brevemente y me imagine presionándolo hasta la asfixia.

Me aleje de él cuando intento checar mi pulso y vi como suspiro mirando las maquinas antes de mirarme.

—Se lo que tu madre te hace, hij-

—No me llames hijo.

—Eres mi hijo, las pruebas lo dicen.

— ¿Hiciste pruebas? —Parpadee e incline mi cabeza mirándolo— no quiero estar contigo. Tampoco con ella.

—Somos tus padres.

—Tú no me quieres y tampoco quieres a Esme. No te culpo, yo la odio.

—Siento much-

—Solo cállate y ve con ella —lo volví a interrumpir. No quería a nadie conmigo, quería estar solo.

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Esme solo se calmó unos meses mientras Carlisle venia y la hacía ilusionarse con volver a estar juntos. Tenías que estar ciego para darte cuenta el desprecio que él sentía hacia ella.

Carlisle me había dicho que tenía otro hijo y que era mayor que yo, se llamaba Jasper. Me enseño un foto y vi lo mucho que se parecía a él mientras yo me parecía más a Esme. Quizá por eso no me quería y no necesitaba su cariño. En realidad, con el tiempo me di cuenta que no necesitaba a nadie.

—Él no es tu hermano —Esme dijo la noche en la que Carlisle me había dicho de Jasper— ese niño no es nada tuyo. No te va a querer porque nadie te puede querer. Ni siquiera estas funcionando para que Carlisle quiera volver con nosotros. Eres un inútil.

—Él vi-viene a verte —odiaba tartamudear pero aún era demasiado débil para hacerle frente.

—No seas más imbécil, Edward —negó exasperada— tu papá no quiere estar con nosotros. Conmigo. ¿Qué debo hacer? ¿Matarte?

Una gran parte de mi esperaba que me matara. Muerto ya no podría seguir escuchándola, sentirla golpearme y no soportaría sus gritos.

—Si… quizá debería matarte —me acaricio el cabello haciéndome estremecer— pero no hoy, pequeña escoria.

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1998.

Esme levanto la mano dispuesta a darme un cachetada pero antes de que impactara la sostuve del brazo y se lo apreté con fuerte haciéndola chillar de coraje. Comenzó a querer lanzarme patadas por lo que con fuerza en el brazo que sostenía la jale aventándola al suelo.

— ¡Nunca en tu puta y miserable vida te atrevas a golpearme!

—Soy tu madre, puedo hacer lo que quiera contigo.

Me reí cruelmente de ella y me acerque haciéndola recorrerse alejándose de mí. Ella lucia bien en el piso siendo ella la que estuviera siendo abusada. Mire de nuevo su cuello… pero no, durante años estuve obsesionado con la idea de estrangularla no siendo consciente del millón de formas que existen para asesinar a una persona. Más a la persona que más odias. Aunque en realidad hoy en día odio a todo el mísero mundo.

— ¿Sabes lo jodidamente patética que luces ahora? Estas acabada, Esme.

— ¡Soy tu madre!

—No, no lo eres —me reí a un más. No podía dejar de reír— no eres más que la puta que me torturo durante años.

Esme como pudo se puso de pie y no le impedí hacerlo. Sería interesante ver cuánto daño puede hacerme ahora. Ella terminara muerta de aquí a la noche.

Avanzo decisivamente hacia mí y me trato de aventar antes de que le atestara una bofetada haciéndola casi caer de nuevo. Me volvió a mirar con sangre saliendo de la esquina de su boca y levanto la mano en puño, dándome un rozón en el estómago.

— ¿De verdad quieres jugar a los puños Esme? —Le pregunte retóricamente tomando todo su cabello y haciendo una presión cerca de su nuca jalándolo— ¿de verdad, mamá?

Jale con fuerza su cabello haciéndola gritar con fuerza de dolor y deje caer su cabeza en la mesita de madera. Jadeo de dolor y la levante viendo la sangre manchar la mesa… no era suficiente, volví a dejarla caer y lo hizo tantas veces hasta que ella ya no estaba consciente. Pero seguía viva.

Con el agarre firme en su cabello la arrastre hasta llegar al baño. Ese estúpido baño que tanto le encantaba mantener impecable y por el que me castigo muchas veces por si quiera entrar. La deje tirada y comencé a llenar la tina. Esta no era la primera vez que peleábamos casi iba a extrañar hacernos daño mutuamente, pero esta vez la pelea si llego a puños.

En realidad, esta era la primera vez que la hacía sangrar. Usualmente eran palabras hirientes y frías, con empujones. Carlisle cada vez venia menos sobre todo ahora que ya era mayor de edad. Lo odiaba. Tal vez él sería el siguiente.

Rebusque en el gabinete la sustancia con la que la puta me amenazo durante años. A diferencia de ella yo si estaba dispuesta a utilizarla.

Ácido sulfúrico y peróxido de hidrogeno mezclado con agua y el cuerpo de Esme dentro de la bañera se comerán el cuerpo hasta solo dejar huesos. Tardará días en ocurrir eso y mientras eso pase ella no dejara de gritar.

Todo de nuevo el cuerpo de Esme y lo meto a la bañera, ella se empieza a mover pero no despierta. La perra prefiere la inconsciencia que sentir el dolor… patética. Amarro sus manos del tubo sobresaliente de las llaves de la regadera y comienzo a echar el ácido.

Pasan dos minutos antes de que despierte gritando. Me mira suplicante y miro como se comienza a desbaratar la carne de su cuerpo y la tina comienza a verse roja. Sus piernas son las que se ven peor.

— ¡Edward! ¡Ayúdame! —grita y lágrimas salen de sus ojos demostrándome que ella si es humana— ¡Maaaaaldito!

Comienzo a reír histéricamente viéndola sufrir e impotente sin poder hacer algo para salvarse. Es lo menos que se merece la perra. Al paso que va no durara mucho tiempo… al menos en estar vivo porque su cuerpo si tardara en descomponerse.

Me maldice, se arrepiente de no haberme matado y me grita por ayuda antes de por fin morir. Sus ojos han quedado abiertos y llorosos, me acerco y verifico su cuello que no ha sido tocado por el ácido aun verificando su muerte antes de sacar un afilado cuchillo que aguardaba desde hace tiempo. Tome los guantes y con decisión comencé a abrir el pecho de Esme. ¿Tendría corazón la perra acaso? Si, lo tenía. Lo sostuve en mis manos por lo que pareció mucho tiempo antes de dejarlo envuelto en una servilleta.

Me acerque de nuevo a Esme, la desate y dejar caer por completo su cuerpo en la tina.

Miro a mi madre yacer muerte bajo el agua en ácido y no dejo de pensar en cuan hermoso es esto y preguntándome si estoy igual de jodido que ella después de todo.

Paso un mes en el que por fin soy capaz de solo ver los huesos de mi madre y vacío la tina dejando caer agua limpiando los huesos de ácido. No me fio y los saco con pinzas echándolos en una caja. Caja que será enviada a Carlisle.

Esme debería agradecerme de cualquier lugar en el infierno en el que este de que aún le cumpla manda su cuerpo a Carlisle. No lo hago por ella en sí, solo quiero torturarlo y prepararlo para lo que le espera.

En paz descanse, Esme.

Escribo en la nota y la envió con destino a su domicilio. Quise agregar el siguiente eres tu pero por los cambios en mi vida que habrá próximamente no me conviene amenazarlo. Aun ni siquiera estoy seguro de mi libertad.

Estoy seguro de una cosa: me gusta ser el cazador y no la presa.

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Les regalo la niñez del cazador. Me la pase escribiéndola toda la tarde e investigue de ese ácido. No sabia para lo que servía hasta hoy.

Espero les guste y tratare lo más pronto posible de subir. Añado que estoy trabajando en el siguiente capítulo de "un touchdown a mi corazón", porque me han pedido que la termine :D

Hasta pronto!