Capítulo 9
La luz que se colaba por entre las cortinas que no se preocuparon por correr del todo la noche anterior fue lo que despertó a Midorikawa temprano. Se arrebujó en la colcha y pegó más la cara a la almohada, y el olor conocido de su compañero de equipo fue lo que le recordó que no estaba en su casa, ni en la cama en la que le correspondería estar. Cuando se durmió, Hiroto todavía estaba aferrado a él aunque dormido, pero cuando despertó por el frío a mitad de la noche descubrió que le había soltado. Aún así le había dado pena dejarlo sólo, así que cogió la colcha del futón y la echó por encima de los dos. En aquel momento le había parecido una buena idea.
Ahora le parecía malísima. Pésima.
Intentó bajar con cuidado de la cama, sin moverse a penas, pero no fue o lo suficientemente rápido o lo suficientemente cuidadoso, porque ante su aterrorizada mirada Hiroto se empezó a mover y abrió los ojos para encontrárselo justo frente a él.
Durante un par de minutos se miraron el uno al otro sin saber qué decir ni qué hacer, y sin comprender por qué narices la tierra no explotaba en ese momento salvándolos del bochorno. Si Midorikawa no hubiese estado demasiado ocupado maldiciendo su propia suerte se habría dado cuenta de que no era el que lo estaba pasando peor de los dos. No era él quien se había abrazado llorando a un amigo al que conocía desde hacía poco tiempo.
- Buenos días.- dijo Midorikawa al final tirando por el cliché más seguro.
- Buenos días.- Hiroto estaba más pálido de lo habitual. Tenía los parpados enrojecidos aún.- Si quieres desayunar, puedo pedir que nos preparen...
- No tengo mucha hambre.- era cierto, quizás por primera vez en su vida.- En vez de eso, me gustaría bañarme, si no es molestia.
- No, claro que no.- Hiroto saltó de la cama tan rápido que se mareó.- Voy a prepararlo todo.
Midorikawa esperó sentado al borde de la cama a que Hiroto volviese. Necesitaba pasar un rato a solas, y por eso se acordó del inmenso baño. Movía los pies y se retorcía las manos mientras intentaba no pensar en la noche anterior y en por qué no se había marchado a su cama en cuanto Hiroto dejó de abrazarle... un abrazo que intentaba volver a su mente una y otra vez. Para cuando Hiroto volvió, Midorikawa se estaba dando de palmadas en las mejillas. Se levantó, cogió la toalla que el otro chico le tendió y echó a correr hasta el cuarto de baño. La bañera burbujeaba y soltaba chorros de vapor. Se metió en el agua y cerró los ojos. Y sólo allí se permitió pensar en el abrazo.
Nunca nada le había hecho sentir tan mal y tan bien a la vez.
Se quedó dentro del agua hasta que se quedó fría y no tuvo más remedio que salir y enfrentarse a Hiroto de nuevo. Hubiese huido de la casa en ese mismo instante, pero ya se había comprometido a quedarse a comer, y no hacerlo suscitaría preguntas que no quería contestar. Para su suerte tampoco parecía que el otro chico estuviese demasiado dispuesto a hablar de tema, así que cuando llegó al cuarto se lo encontró jugando a la consola y con un mando esperándolo. Jugaron toda la mañana en silencio hasta que llegó la hora de comer.
El padre de Hiroto había desaparecido por motivos de trabajo y aquello parecía un funeral. Hitomiko mantuvo la conversación como pudo mirando alternativamente a los dos. Había más comida que en la cena del día anterior, pero Midorikawa la engulló a toda velocidad y se disculpó con la hermana de Hiroto (que pretendía que se quedase también a merendar) diciendo que tenía deberes que hacer.
Hiroto lo acompañó hasta la verja de entrada.
- Siento mucho lo de anoche.
- No tienes que disculparte por eso- contestó Midorikawa con sinceridad.
Hiroto parecía muy interesado en la gravilla del suelo, aún así hizo un esfuerzo para mirarle a los ojos.
- Muchas gracias de todas formas.
- No hay de qué.
Tras medio minuto de más miradas incómodas y no saber qué decir se despidieron hasta el día siguiente en el instituto. Día que, ambos lo sabían, se pasarían evitándose el uno al otro.
Al llegar a casa sus padres lo acribillaron a preguntas sobre la mansión, sobre la familia, sobre qué había comido y sobre cualquier cosa que se les ocurrió. Midorikawa contestó a todas las preguntas intentando aparentar normalidad, pero no tenía ninguna gana de hablar del tema. Cuando logró esquivar a sus progenitores y llegar a su cuarto se tiró en la cama bocabajo y hundió la cabeza en la almohada. Se puso a dar golpes con los puños al colchón cuando lo primero que se le pasó por la cabeza es que la de Hiroto era más cómoda.
Su madre qué, al igual que su abuela antes que ella, tenía refranes y consejos para todo le hubiese dicho que pensaría mejor si pusiese su problema en voz alta.
Sólo se le ocurría una persona con la que pudiese y quisiese hablar de tema. Llevaba desde que salió de casa de los Kira con el móvil en la mano pensando en llamarle, pero el problema es que no podía explicarle lo que había pasado sin contar lo que Hiroto le había confiado a él, y eso era algo privado que no tenía derecho a contar. Así que cada vez que se encontraba con el dedo a punto de apretar el número de contacto, se arrepentía y volvía atrás. Se iba a volver loco a este paso.
Pasó la tarde de domingo tumbado boca arriba intentando descifrarse a sí mismo. Y pensando si debería comprar unas estrellitas fluorescentes para el techo de su habitación.
El entrenamiento colectivo del lunes fue un auténtico desastre.
Una epidemia de gripe hacía estragos en la ciudad y había encontrado un caldo de cultivo estupendo en los vestuarios del Aliea, así que más de la mitad del club estaba ausente. Hitomiko reunió a los supervivientes y tuvieron un entrenamiento conjunto que si no acabó en tragedia fue gracias a que Saginuma y Yagami estaban ahí para disciplinar a los jugadores, que estaban empezando a hacer lo que les daba la gana viendo que los cuatro capitanes restantes pasaban del tema, y encima empezó a soplar un viento bastante fuerte. Hubo quejas, protestas y acabaron agotados y enfadados.
Midorikawa bastante tuvo con intentar esquivar a Hiroto durante todo el tiempo. Desgraciadamente, como el otro tenía el mismo interés en evitarle a él, inevitablemente se acababan encontrando a cada rato. El único momento de respiro fue cuando al fin se fueron a los vestuarios. Consiguió salir de la ducha antes de que lo hiciese Hiroto y alcanzar a la persona que le hacía falta en esos momentos. Para entonces ya había decido que no podía seguir callado. Necesitaba pensar en voz alta.
Suzuno estaba atándose los cordones de los zapatos sentado en uno de los bancos. El Capitán del Diamond Dust directamente se había saltado el último cuarto de hora del entrenamiento, en cuanto Hitomiko desapareció reclamada por otro profesor.
- ¿Puedo hablar contigo?
- Más tarde. Es que ahora mismo estoy...
- No, tiene que ser ahora.
Más tarde podría venir Hiroto y lo que menos le interesaba en esos momentos es que le viese arrastrar a Suzuno en privado fuera del colegio.
No es que hubiese sido muy cortés coger a su amigo por la muñeca y llevárselo sin pedir permiso, pero a él ya le habían exigido muchas cosas y no había dicho nada. Y de hecho Suzuno no se quejó. Estaba más confundido con la extraña actitud de Midorikawa que enfadado. Llegaron al parque de siempre, por proximidad al colegio y por costumbre más que por ninguna otra cosa. Había una pendiente con hierba cerca del pequeño campo de arena y se sentaron allí. Midorikawa jugueteaba con la hebilla de su mochila.
- Tengo que contarte algo, pero no puedo contártelo.
- Pues tenemos un pequeño problema.
- Quiero decir que puedo, pero no todo. Y tú no puedes hacerme preguntas.
Suzuno lo miró enarcando las cejas.
- ¿De qué va todo eso?
- Necesito que me prometas primero que no vas a hacerme preguntas.
Suzuno era lo bastante listo como para hacerse una idea aproximada de por dónde iban los tiros atando cabos. De hecho, había muchas cosas que había querido decirle esa mañana sobre su fin de semana, por tomarle el pelo un poco. Pero entonces Midorikawa había entrado en la clase con cara de fantasma y de no haber pegado ojo en toda la noche, y se le habían quitado las ganas de divertirse. Ahora sí tenía preguntas, y serias.
Pero su compañero tenía cara de necesitar vomitarlo todo.
- Vale.- se resignó.- Te lo prometo.
Midorikawa tomo aire varias veces. Tantas que Suzuno pensó que iba a hiperventilar antes de soltar lo que tuviese atascado en la garganta.
- El día que me quedé a dormir a casa de Hiroto, me abrazó.- lo dijo tan deprisa que Suzuno tuvo que separar mentalmente las palabras para que tuviese sentido.
Aunque ni aún así lo tenía.
- ¿Qué?
Midorikawa hizo una mueca.
- No me hagas repetirlo otra vez.
- ¿Por qué?...- vio la expresión de su amigo.- Vale. Nada de preguntas.
- Sólo puedo decirte que me contó algo importante para él. Y yo le dije algo y debía de estar sensible, no lo sé.
Suzuno hizo algo que Midorikawa ya le había visto hacer más veces. Lo miró durante un minuto largo, sin decir nada. Le ponía más nervioso. Al menos agradecía la capacidad de su amigo de no mostrar ningún tipo de emoción en su rostro.
- ¿Y qué es lo que te molesta de eso exactamente?
- ¿Te acuerdas de lo que me contaste en el cine sobre ti mismo? Aplícamelo a mí.- Y cómo no creía ser capaz de soportar otra vez el escrutinio de los ojos claros decidió enterrar la cabeza en sus rodillas.
- Creo que me he cargado la amistad que tenía con Hiroto.
Estuvo con la cabeza entra las piernas, con los ojos cerrados y en silencio hasta que notó unas manos frías que recogían los mechones que se le estaban escapando de la coleta y se los metía detrás de la oreja.
- Apostaría a que él debe estar pensando lo mismo en estos momentos. ¿por qué no hablas con él? O mejor, ni lo hables. Preséntate ante él y ponéos a entrenar. Así os hicisteis amigos en primer lugar.
Midorikawa movió la cabeza, sin separarla de sus rodillas pero lo suficiente para mirar a Suzuno.
- Deberías hablar en serio más veces. Das buenos consejos.
Soplaba un viento frío. Casi helado. Suzuno miró las nubes negras y se preguntó con desinterés si iba a nevar.
- Aquí vas a pillar una pulmonía.
- Creo que con esto podemos dar por zanjada la deuda.- dijo de pronto Midorikawa.
- ¿Por qué? Si sólo te he escuchado, y tampoco has hablado mucho. No he hecho nada más.
- Aún así.
- Creo que prefiero seguir debiéndote algo. De no ser por nuestro trato ni te acercarías a mí.
Era una verdad incómoda. Había hecho a Midorikawa amigo suyo a la fuerza y por interés. No sabía cuánto de lo que compartían ahora iba a quedar cuando San Valentín acabase y su trato con él. Hacía tiempo ya que había dejado de importarle el estúpido jueguecito que se traía con los otros dos. Le gustaba de corazón pasar ratos con Midorikawa: le escuchaba y sólo le hacía las preguntas justas. Era alegre, divertido, y un verdadero cambio poder hablar con alguien sin discutir constantemente. Es muy diferente estar rodeado de gente que estar rodeado de amigos. Suzuno solía estar rodeado de gente, y le era mucho más difícil de lo que todos se pensaban entablar verdadera amistad con alguien. Pero con Midorikawa todo era sencillo.
Podía ver con facilidad qué era lo que Hiroto había visto en él exactamente.
Y también podía ver por qué tenía una extraña sensación de incomodidad en el estómago después de escuchar el relato de lo que pasó en aquella casa.
Pero eso no iba a contárselo a Midorikawa.
Este levantó la cabeza.
- Hoy he ido a buscarte.
- Porque no tenías a nadie más a quién contárselo.- Suzuno sonrió ligeramente. Midorikawa no correspondió a su sonrisa.
- Hubiera ido a buscarte de todas maneras. Porque me acordé de un refrán.
Suzuno lo miró extrañado, con las cejas muy juntas.
- ¿Qué refrán?
- "Un amigo es una persona con la que puedes pensar en voz alta". Y yo necesitaba justo eso.
Suzuno se revolvió en la hierba. Estaba fría un poco húmeda y era muy incómodo estar sentados allí.
Era muy incómodo sostenerle la mirada a Midorikawa y entender mejor que él mismo qué era lo que le pasaba.
- Gracias.
Yagami Reina se consideraba una chica con mucha paciencia. Tenía su carácter, y le gustaba que las cosas saliesen bien, y a veces la gente confundía su seriedad con hostilidad, pero la verdad es que había que enfadarla mucho para que sacase las uñas de verdad. Porque si la gente se pensaba que sus contestaciones cortantes era "estar enfadada" es que no conocían para nada la furia de la verdadera Reina.
Esa que hoy le había costado de todo su autocontrol guardarla y no pegarle un par de guantazos al imbécil de su capitán que se había pasado todo el día atontolinado mirando las nubes. Yagami lo sentía mucho si había algo que le preocupase, pero a ver, todos eran adolescentes, todos tenían los mismos problemas, pero si eres capitán, eres capitán, no estás para perder el tiempo deshojando margaritas. Al final Hiroto se había ido a casa con un balonazo en la mejilla derecha. Merecido.
Ese día en concreto necesitaba hablar con alguien, alguien que fuese un poquito más maduro que la panda de chavales hormonados con los que se relacionaba normalmente. Lo vio pasar por delante suya, una persona con la cabeza encima de los hombros, una persona que quizás pudiera entender que sus arranques de ira estaban totalmente justificados. Lo siguió, pero pronunció su nombre al mismo tiempo que alguien pronunciaba el de ella.
Los tres se pararon extrañados. Saginuma , Yagami y Nagumo.
- ¿Querías algo?- preguntaron Saginuma a Yagami y ella a Nagumo.
- No, nada.- contestaron también a la vez.
Se quedaron mirándose entre si, preguntándose si los otros también se estarían sintiendo las personas más estúpidas del universo.
- Me has llamado, ¿necesitas algo?- le dijo Yagami a Nagumo. Este había gastado todo el valor que tenía en pronunciar su nombre y no salir corriendo, y la presencia de testigos, no le hacía demasiada ilusión.
- No es importante, si tienes que hablar algo con Saginuma, lo mío puede esperar.
Genial, una frase muy apropiada. ¿De qué tenía que hablar ella con Saginuma? Lo había visto pasar y había sentido el impulso de ir a decirle algo, pero desde luego si tenía algo pensado se le había borrado de la mente en ese momento.
- No, eran sólo... cosas del club. Lo usual.- dijo apartándose el pelo de la cara.
Tenso silencio de nuevo. Saginuma era el único que miraba a los otros dos como si no entendiese de qué iba la historia. Ellos por su parte preferían mirar al suelo con el ávido interés del que espera que se abra para tragarlo en ese mismo momento. Lo que no sabía ninguno de los tres era cómo reaccionar: si irse, quedarse, abrirse las venas a mordiscos...
- Y entonces al final de la peli descubres que el tipo de la motosierra es el bueno y que los "humanos" a los que ha estado matando toda la película son en realidad zombies.
- No fastidies, ¿y de verdad eso lo han puesto en cines?
Las voces salvadoras de An, Atsuishi y Clara precedieron a sus dueños antes de que estos diesen la vuelta al edificio y se encontraran la reunión de la asociación de imbéciles anónimos. Saginuma y Yagami aprovecharon para marcharse con diferentes excusas mientras Nagumo tenía una epifanía sobre por qué sus mejores amigos eran sus mejores amigos.
An reaccionó antes que los demás.
- Ah, pero que lo de Yagami iba en serio.- comentó sorprendida una vez que se hubo perdido de vista.
- Calla esa bocaza, niña.
- Por ellos dos no te preocupes,- comentó- ya les conté que me pediste consejo para hablar con ella.
Nagumo la miro con la misma expresión del tipo de la motosierra de la película. De hecho, de haber estado armado con una en ese momento, probablemente su final hubiese sido el mismo que el de los zombies.
- ¿Y me lo dices así, tan pancha?
- Hombre, te lo puedo decir llorando, pero lo van a seguir sabiendo.
Clara decidió relajar el ambiente previo al homicidio.
- Por mi no te preocupes, no diré nada.
- Yo en cambio estoy enfadado.- dijo Atsuishi con los ojos entrecerrados.- ¿se lo cuentas a ella antes que a mí?
- Pensaba que ella sabía un poco más de mujeres que tú.
Los dos se volvieron para mirar a la ex-mejor amiga de Nagumo con la duda reflejada en su rostro. Ella bufó.
- Mejor no te quejes porque hoy te mereces cualquier cosas que te digamos, bocazas. Te faltó tiempo para cotorrearlo.
- Jo, qué quieres, me lo contaste en aquel entrenamiento conjunto...
- … y te dije expresamente "no digas nada".
- … y aún lo tenía en la cabeza cuando estábamos los cuatro hablando y se me escapó.
Nagumo contó mentalmente.
- ¿Cuatro? ¿Qué cuatro?
- Nosotros tres y Suzuno.
La motosierra había cambiado de manos. Ahora el principal culpable de que él se plantease estrategias tan suicidas como invitar a Yagami a tener una cita iba a estar al tanto de su anunciado fracaso, porque estaba seguro de que su plan no iba a salir bien (si es que en algún momento se daba la ocasión propicia y sin testigos para poder llevarlo a cabo). Aunque quizás no fuese tan mala cosa... pero no, era muy cutre y muy cliché de película americana de adolescentes ese rollo de poner celoso a alguien para...
Un momento, ¿qué acababa de pensar?
Él no había pensado eso.
No, ciertamente no podía haber pensado eso, ni en esa persona, ni de esa manera.
- ¡Te odio!.- le gritó a An antes de salir a paso rápido de las instalaciones del club dejando a los tres desconcertados.
- ¿Pero para tanto es lo que he hecho?- les preguntó An una vez Nagumo se hubo marchado.
Hiroto pasó dos días más intentando evitar a Midorikawa. Lo cierto es que se sentía estúpido porque en realidad quería verlo, pero tenía la impresión de que él no iba a querer verle, y no se sentía con demasiados ánimos de soportar su cara de desagrado.
Uno no invita a un amigo para abrazarlo en la cama, no había querido ni imaginar lo que Midorikawa debía de pensar de él.
Aunque por otro lado había amanecido tapado y estaba seguro de que él no había cogido la colcha antes de dormir. Que Midorikawa se hubiese despertado de la cama por la noche y no sólo no hubiese huido si no que se hubiese dedicado a taparlo era algo que le producía unas cosquillas y un calorcito bastante agradable en el estómago. Pero se le pasaba cuando recordaba cómo había sido incapaz de mirarle a la cara al día siguiente.
Las cosquillas volvieron en cuanto lo vio de pie en el pasillo. Midorikawa lo estaba esperando a la puerta de su clase.
- Tengo partido pronto. Voy a entrenar un rato, ¿vienes?- fue todo lo que le dijo.
- Claro que sí.
Si Midorikawa le hubiese pedido que le bajase la luna en ese momento, hubiese subido a por ella. Si Midorikawa le hubiese dicho que invadiese un país extranjero él solo, Hiroto sólo hubiese preguntado "¿Cuál?".
Porque llevaba el pelo suelto. Y alguien debería prohibirle hacer eso, porque Hiroto era incapaz de decirle que no cuando llevaba el pelo suelto.
Era un peligro.
Es un milagro de año nuevo que haya salido el capítulo hoy. Empecé con mucho margen, pero se me ha agotado y esta semana ha sido terrible. no me ha dado tiempo ni de mandárselo a mi beta habitual, pero en fin, aquí está. Capítulo aburrido y de transición, pero el que viene tiene bastante chicha. Por cierto, la película de la que van hablando An, Clara y Atsuishi es la que fueron a ver Suzuno y Midorikawa hace unos capítulos.
No me ha dado tiempo a contestar ningún review, lo siento de verás e intentaré hacerlo en esta semana. También os prometí un especial, y salir saldrá, pero va a tardar. Las cosas han venido así, afortunadamente van a mejor.
Muchas gracias igualmente por leer, comentar o tener reacciones dramáticas por twitter. Me alegran la vida.
Hasta la semana que viene.
