Los personajes de Twilight no me pertenecen y la historia tampoco, es de Rodrigo Reis; solo me adjudico la traducción.
Capítulo 9 — Opciones.
"Cuando creemos que estamos siguiendo por el camino correcto, tal vez no sea prudente mirar hacia atrás y ver que realmente, el camino que escogimos es el equivocado" Drigo
Cuando escuchamos que nuestras vidas son hechas de nuestras propias opciones, debemos creer. Nada más fuerte que nuestra voluntad para hacer realidad aquello que queremos.
Así siempre fue mi existencia. Mis propias y únicas opciones decidiendo el camino que tomaría, si ellas son correctas o erradas, ahora no sabría clasificarlas; pero, puedo afirmar que si no hubiera hecho lo que hice, no conocería a Alice, y eso sería insoportablemente doloroso, como viene siendo ahora.
Llegamos a la heladería que Joseph quería, en medio de la mañana. La pequeña puerta que servía como entrada se estaba abriendo cuando él, con una sonrisa, pasó al frente de la misma. Con un tono alto y caluroso, saludó a los presentes —que en ese mismo momento de la mañana, ya eran muchos— y con una sonrisa, me invitó con la cabeza.
—Buongirno, Joseph (1) — una señora que parecía cuidar del lugar le respondió con una sonrisa estampada en su rostro. — ¿Qué vas a querer en esta mañana nublada, bambino (2)? —preguntó la señora cariñosamente, colocando las manos sobre el hombro de él.
—Lo mismo de siempre, ¡mamma! (3) —respondió divertido.
La señora rió tranquilamente y fue para atrás del mostrador a buscar lo que quiera que fuese que él siempre pedía. Los ojos verdes de Joseph rondaban por el lugar con curiosidad. La sonrisa ancha en su rostro mostraba su emoción por algo, o alguien…
— ¡Mon Dieu! (4) —una voz, un tanto infantil, cargada con un acento que parecía ser francés inundó el lugar, y junto a ella una onda maciza de alegría, por poco no me derribó.
Inmediatamente Joseph giró el cuerpo en la silla, apoyando los antebrazos en el respaldo de la misma y encarándola directamente. La chica, que estaba petrificada en el lugar por la sorpresa, felicidad y un sentimiento burbujeante que no sabía descifrar —todavía— corrió en la dirección de él que sólo se levantó para recibirla en un abrazo caluroso.
El encuentro de los dos fue como un puñetazo en mi estómago. El golpe que causó en mí aquel mar de buenas emociones fue abrumador. Joseph, tomándola por los hombros, la apartó un poco y le besó la frente.
— ¡Cálmate Heloisa! —Él rió, envolviéndola nuevamente en un abrazo. —No hace tanto tiempo que no nos vemos, hermana. —dice nuevamente, mirándola a los ojos.
Y toda la euforia se agotó rápida, furtiva y temerosa; pude sentirla correr por la puerta de enfrente, yendo al encuentro del mar que colisionaba al otro lado de la calle. La chica, que atendía al nombre de Heloisa, venia envuelta en sus pocos recién cumplidos 16 años. Los cabellos de un tono castaño le caían por el hombro en brillantes rizos. Los ojos, igualmente castaños, ahora se perdían en el suelo, desviándolos del rostro e Joseph. Los brazos de él se soltaron del torso de ella y con una sonrisa se volvió a sentar. Tirando de la cadera de ella, me miró y pidió que me sentase y los dos seguimos a lo que él dice.
—Entonces Srta. Calmon (5), ¿cómo está? —él preguntó, cruzando las manos sobre la mesa y mirando divertido hacia ella que ahora tenía los ojos distantes.
—Bête (6) — refunfuño ella, con su fuerte acento antes de responderle. —Estoy bien. ¿Y tú? —su mirada ahora era perforante y sentí mi cuerpo temblar cuando la onda de aplastante decepción corrió por mi cuerpo.
Él también percibió la intensidad de la mirada de Heloisa y la desvió inmediatamente, sonriendo mientras me miraba con la cabeza gacha.
— ¡Vámonos! —rió nervioso
—Estoy feliz—. Ella dice sonriendo, la alegría poco a poco la envolvió nuevamente. — Podrías aparecer más por aquí, ¿no crees? —preguntó, colocándose de pie. —Porque justamente ahora, necesito terminar de organizar esto aquí para Dña. Maione—. Dice, balanceando un cuaderno que tenía en manos.
—Lo prometo—. Parpadeó.
—Aquí está, Joseph —la que ahora sabía se llamaba Dña. Maione, dice, pasándole el helado de una bola verde para él.
—Grazie (7) —dice sonriendo. —Es verdad, Heloisa—. Se dirigió nuevamente a la niña. —Nos vemos en otra hora.
Ella asintió tímida y volteo para caminar hacia donde estaba yendo antes de ver a Joseph.
— ¿Intenso no? —Preguntó, mientras caminábamos fuera de la heladería. Reí y moví mi cabeza, mirándolo curioso. —Desde que conocí a Dña. Maione, Heloisa y yo nos llevamos muy bien—. Sonrió mientras intentaba morder su helado. —Simple y rápidamente nos volvimos grandes amigos—. Asintió con la cabeza. —Ella es así mismo, inestable —concluyó riendo.
—Yo no diría eso, si fuera tú—. Respondí. —A ella le gustas, Joseph—. Afirmé.
—A mí también me gusta ella—. Sonrió abiertamente. —Somos como hermanos.
Me carcajee alto mientras me recuperaba de la inestabilidad de sentimientos que encontré en Heloisa, miré a Joseph con reproche.
—Pero no vamos a quedarnos hablando del noioso(8) tema de Heloisa, ¿no es cierto? —cambio de tema. — ¡Vamos a hablar de su historia, Jasper! —En el momento en el que intenté prolongar el tema, ya estaba frente a mí, despiadado.
—Verdad —desistí de posponer esa charla. —No sé con certeza como o cuando "Nací". En el principio, confieso, estuve bastante confuso con lo que podía sentir y hacer. Los humanos a mi alrededor eran tan… —experimentaba la palabra ideal en la punta de mi lengua. —Frágiles—. Completé. —Eran todos tan susceptibles a lo que yo podía hacer y al mismo tiempo, ellos no podían oírme o verme—. Sonreí hacia él. —Eso duró bastante tiempo. Quiero decir, hasta que me di cuenta que era inútil gritar, llamar, tocar; nada de lo que hiciera le podía mostrar a aquella persona que yo estaba ahí.
Una pausa. Un suspiro por costumbre. Otras confesiones.
—Después de algún tiempo caminando entre esas personas, influenciando su modo de sentir el mundo alrededor de ellas mismas, noté que no iría a lugar alguno. Y lo que realmente me incomodaba… —el malestar invadía mi garganta, haciendo un nudo apretado. —Era ser simplemente filtrador de emociones. Sí, porque… —meneando la cabeza, otra inalada de oxígeno, inútil para mis pulmones. —Yo era simplemente un filtro.
— ¿Por cuánto tiempo vagaste con ese sentimiento, Jasper? —me preguntó cuándo andábamos lado a lado de la orilla.
—Décadas—. Declare. —Pero el tiempo realmente no hacia diferencia para mí. No cuando nada me importaba o desequilibraba lo que consideraba ser mi defensa. Por algunos años, estos pocos, busqué a más como yo para entender lo que debía hacer, como actuar, o algo por el estilo. Más, no encontré nada parecido. Y lo que ahora, para mi parece poco, en los últimos años volví a dedicarme a los humanos. Y bien, lo que voy a decir ahora puede ser un poco doloroso, pero conocí a Mariana.
Me recordó claramente la reacción de Joseph en aquel momento. Sus ojos verdes se volvieron oscuros, mientras sus dientes chirriaban dentro de su boca. Su mandíbula cuadrada ahora estaba apretada mientras su respiración acelerada acompañaba a los latidos descontrolados.
—Estuve con tus padres en el momento en que ellos fueron asesinados y… —las palabras en aquel momento parecían tener un peso mayor de lo que podía cargar, pero continué. —Principalmente estuve con tu hermana, las tres semanas en las que ella sobrevivió.
La rabia parecía sangre en el cuerpo de Joseph. Su mirada comprensiva ahora estaba cegada por el odio que cargaba. Sus puños estaban cerrados en respuesta al temor que le corría por el cuerpo. El dolor, que ahora venía en ondas flagelantes contra mí, era profundo. Tan mío, como de él.
—Ella... —intento pronunciar. — ¿sufrió... mucho? —El aire salió de su pecho en un suspiro estrangulado.
Aquella noche silenciosa se abrió paso en mi mente, así que su ojo derramó una única lágrima que él se permitía llorar.
El viento se arrastraba pesadamente por la ribera baja, deteniéndose en la cabaña mal construida detrás de la colina. Yo estaba allí, absorbiendo los temores de la pareja que tenía la muerte en su frente. Con los ojos vendados, ellos sentían el suspirar helado de inercia aproximarse a través del tubo metálico apuntando para ellos. La chica, escondida en la otra esquina no pasaba desapercibida para mí. La confusión de su cuerpo gritaba en mis oídos, mientras el pavor de ambos me abrazaba en un pedido de socorro. A diferencia de sus padres, ella no estaba vendada, o aún inconsciente. Los ojos verdes oscuros, como los de Joseph, estaba abiertos, muy abiertos para su propio bien.
El asesino tenía la sangre congelada en las venas. Ni un poro de su cuerpo, osaba liberar una gota de sudor almacenada en su piel, demostrando así la cobardía del ser humano. La ira, sin fundamento alguno, que pulsaba en sus venas, lo hizo apretar el gatillo dos veces seguidas, pausadamente. Sus ojos, controlados por la lujuria de la sangre que fluía de los cuerpos débiles de la pareja, reposaron en la chica que estaba paralizada en la esquina opuesta.
Su cuerpo pálido, encogido, demostraba el miedo; la inocencia de ser una niña. Él se aproximó a Mariana, a pasos lentos, pasando por mi sin resistencia alguna. La chica, aún paralizada por la escena, no permitió que ningún ruido saliese de su cuerpo mientras sentía las manos acariciarle violentamente el cuerpo.
—No—. Hablé demasiado bajo como para que también yo pudiera oírme. —No dejé que sintiera un momento así—. Le tomé el hombro, apretándolo suavemente. —La envolví en una onda de sopor, mucho mayor de lo que pude imaginar, de comienzo a fin, sin romperla un solo segundo mientras su corazón aún hacia la sangre fluir por el cuerpo destrozado.
Algunos segundos sin respirar, el soltó el aire junto con el llanto acumulado a través de los años. El dolor aprisionado en su garganta a través del tiempo, salió alto por la garganta de Joseph mientras las lágrimas le cubrían el rostro.
—Cálmate, Joseph—. Le apreté el hombro nuevamente. —Te juro que ella no sufrió un solo momento.
Se limpió las lágrimas que todavía caían, y respirando profundo, se intentó calmar.
— ¡Eso! —animé. —Ven, vamos a volver a aquel cuarto.
—No, Jasper. —continuó parado. —Tú aún no terminas—. Nuevamente se limpió las lágrimas que continuaban cayendo.
—Olvida eso, Joseph—. Giré y continúe caminando. —Ven.
Él paró por algunos minutos esperándome. Después me acompañó.
— ¿Por qué paras acá? —preguntó, aparentemente ya recuperado.
—Joseph...
— ¡Vamos, Jasper! —me interrumpió. — ¡Quiero saber de tu historia hasta ahora!
—Pero...
— ¡Sin pero! —sonrió, finalmente. — ¡Cuenta!
Y si, él me hizo recordar los 14 años con Alice y Edward, y definitivamente eso dolió.
(1) Buongirno, Joseph: está en italiano "Buenos días, Joseph"
(2) bambino: está en italiano "niño"
(3) ¡mamma! : está en italiano "¡mamá!"
(4) ¡Mon Dieu! : está en francés "Mi Dios"
(5) me imagino que es una manera de decirle a Heloisa como "Srta. Impulsiva" algo así, realmente no supe cómo cambiarlo.
(6) Bête: está en francés "¡Bestia!"
(7) Grazie: está en italiano "Gracias"
(8) Noioso: está en italiano "aburrido"
Obrigada, Rodrigo Reis
Aquí estoy de nuevo. ¿Qué les pareció? Espero sus comentarios.
El siguiente capítulo lo subiré más tarde **
GRACIAS POR LEER
Beijos
Merce
