Bien, muchas gracias! Les agradecería a los lectores si dejan un review. Como ven, la historia va un poco lenta; pero avanza. Al menos, a Sasuke lo puse menos frío que de costumbre, (algo tenía que salir en el capítulo 9) pero si me preguntan, Hinata y Sasuke no son personas que empiecen una relación amorosa como si nada, verdad? Todo un logro para mí, ya que las historias largas no me salen bien.
Me tardé porque hice al menos 3 borradores sobre este capítulo. Gracias por leer, disfruten.
Aparte, en amistad incondicional casi no dejaron reviews y estoy sentida :(
Por primera vez en mucho tiempo, Sasuke uchiha durmió de forma reparadora. Al entrar el sol por la ventanilla se dio cuenta de que tal vez, su sueño se había prolongado demasiado. Encaminándose al baño, se desvistió y el agua fría recorrió su piel.
No encontró a la Hyuuga cuando salió. Le quitó importancia; después de todo
¿No era ella una asesina en potencia? ¿No había matado a un espadachín fuerte?
Eso no importaba, si terminaría igual que el resto de los despreciables experimentos del sannin. Salió de su habitación cerrando la puerta con fuerza, aunque era muy pesada.
Caminó observando su alrededor, con energía renovada por el reparador sueño.
Mucha gente pasaba a su lado, gente utilizada, sin identidad, sin importancia. No conocían más que la ambición y la obediencia. Él sabía que muchos terminarían muertos pronto.
"Tal vez no tenga sentido vivir, pero si sigues vivo puedes encontrar muchas cosas interesantes. Igual que has encontrado esa flor. Igual que te he encontrado a ti...…"
Esa frase tan conocida, tan vacía…la frase que le había dicho Orochimaru a Kimimimaro. Era repetida por los pasillos y en las bocas de los títeres.
¿Dónde estará esa Hyuuga?
¿Por qué el pensamiento de su presencia interrumpió el resto del hilo de mis pensamientos?
Ignoró al resto de la progenie de Orochimaru. Salió afuera, estaba casi seguro de que ella se encontraría ahí.
Y no se equivocó.
Ella estaba entrenando por su cuenta. Golpeaba los árboles con su chakra, mientras se movía en el agua pantanosa de la ciénaga. No vio nuevamente el chakra verde curativo. Necesitaba dejarle en claro algunas cosas. ¿Ella no se había percatado de su presencia, o lo había notado, dejándolo acercarse?
Según sus fuentes, era prácticamente imposible ocultarse de un byakugan.
Tenía que preguntarle a ella.
Aunque, seguramente, Orochimaru ya había averiguado todo lo relacionado con eso y planeaba alterarla. Eso no se lo permitiría, con los problemas que esa mujer le había causado, no la dejaría ser humillada o alterada a merced del sannin.
Claro que no. Él era Sasuke Uchiha.
Avanzó aún más, con el propósito de detenerla, aunque con esa concentración estaba totalmente absorta en sus movimientos. Admiró la destreza con la que se movía.
Bien, era rápida, aunque no tanto como esperaba, aún le faltaba.
Era fuerte gracias al control de chakra que salía de sus manos, ya que el que se encontraba en las plantas de sus pies sólo podía sostenerla.
Pero lo que más destacaba…era…su flexibilidad.
Ella no paró al verlo caminar sobre el agua, aunque le dedicó una mirada rápida.
-No te distraigas – le advirtió él, detrás de ella.
Abrió sus ojos aún más por la sorpresa. ¡Nunca había visto una rapidez así… no tenía igual, de ninguna manera…!
-¿Qué pasa? – dijo con arrogancia, sin retirar el filo cortante de su katana de su cuello -¿No pudiste verme?
Ella buscó las palabras, pero sentía el frío cortante de la katana rozar su cuello. No iba a arriesgarse, menos si Sasuke ya le había advertido sobre distracciones.
Se dio la vuelta; agachándose y concentrando el chakra exclusivamente en las puntas de sus dedos. Sasuke era demasiado rápido, así que apenas alcanzó a hacer el movimiento y agacharse para salvar su vida y dejar intacta su cabeza.
Unos cuantos cabellos cortados, sedosos, femeninos y negros como la misma noche, flotaron con ligereza para después posarse delicadamente sobre el agua, intacta y quieta como un espejo liso y transparente.
Ella pasó por debajo de su brazo extendido; intentando ocupar por detrás una posición que le proporcionara ventaja. Ella creía que Sasuke no tendría ningún inconveniente en asesinarla, así que pensaba sobrevivir por su cuenta, pero tenía que ganárselo en una pelea.
Sasuke levantó su katana de nuevo, para bajarla con fuerza, con las claras intenciones de clavársela en la espalda. Ella consiguió esquivarlo, pero aún así, el arma consiguió herirla, cortando por arriba de su codo, larga pero no profunda. Concentró chakra nuevamente, para crear una buena defensa. El juuken sobraba, él tenía un arma y se enfocaría en utilizarla. Debería usar una técnica diferente como distracción.
Se alejó momentáneamente, no recordaba una técnica lo suficientemente buena para enfrentarlo.
- No habrá pausas – dijo nuevamente atacando el Uchiha – Como tú lo sabes bien, tu oponente no se detendrá si te vuelves vulnerable.
Hinata lo sabía bien. Cada vez que entrenaba, sola o acompañada, en su mente se repetía esa regla, que sabía que cumpliría si no quería morir.
- Lo sé – jadeó apartándose, Sasuke era realmente rápido.
Sasuke continuó elevando la velocidad, corriendo tras ella.
- ¡N- no puedo...!- susurró indefensa. La katana había finalizado su recorrido hasta rozar su delicado cuello de tórtola. Se había rendido.
-¿No? – Preguntó él con la katana en el cuello de la Hyuuga – Entonces no entiendo cómo la heredera de los Hyuuga puede llegar a ser tan débil, sin que la hayan pasado a la rama secundaria del clan...
Hinata se estremeció de vergüenza, tristeza y su típico complejo de inferioridad.
- Eso no es...- buscó una continuación apropiada, pero él la interrumpió:
-¿Eso no es qué? ¿Adecuado? ¿No es pelear limpio? Pues te voy a mostrar, Hyuuga, que nuestra pelea terminó. No voy a matarte... No lo vale y tampoco deberías preocuparte por que te entrene... No lo haré.
Retiró con rapidez el filo de su katana y la envainó, dándole la espalda y marchándose sin volverse u observarla por última vez.
Hinata lo observó hasta que sus ojos lo perdieron de vista, ya que su byakugan se había desactivado ante las palabras de Sasuke. Bajó la vista, el sol apenas había subido y ocupado su puesto en la bóveda celeste.
La subió nuevamente, el cielo azul y el amarillo sol, que sus ojos aguantaban bastante bien, precisamente esa singular combinación, le recordó instantáneamente a una persona especial.
-Naruto kun – susurró a la vacía ciénega – No sé que haya sido de ti, pero...estoy contigo. Yo...tampoco voy a rendirme, nuevamente.
Apartó el recuerdo de su declinación, concentrándose exclusivamente en seguir entrenando, esforzándose hasta el máximo nivel. Si Sasuke la había rechazado, ella haría lo posible por ganar de nuevo su confianza, lograr que decidiera entrenarla y si era necesario... ganaría su respeto.
-¿Qué ocurre, Sasuke? – Preguntó Suigetsu, cuando regresó al laboratorio de Orochimaru a verlo- ¿No estabas entrenando a esa niña?
-No lo haré – musitó sin querer hablar del tema – Ni tiene potencial.
- ¡Bah! – Exclamó pícaramente desde el tanque en el centro de la estancia– Si Orochimaru la codicia tanto, debe ser por algo.
- Puede – dijo sin prestarle demasiada atención a la figura flotante – Pero en batalla, es un conejo asustado.
-¡No me digas que la enfrentaste! – Dijo interesado, colocando sus manos en el vidrio – Ha logrado sobrevivir, eso es algo.
- Le perdoné la vida – abrevió Sasuke – Ahora cállate y déjame descansar.
-¿Descansar? – Resopló Suigetsu - ¡Ni siquiera has trabajado!
- Entonces cállate.
Y se volteó.
-Sasuke, tan frío como siempre – recalcó Suigetsu, acercándose – Me pregunto si alguna vez le diste oportunidad a una mujer.
-No – remató.
- Pues deberías – dijo llevando sus brazos a su nuca – Te conviene ayudar a la niña, para que te sirva después.
- No lo creo –dijo recostándose y cerrando los ojos – Ella no lo vale.
- Pues yo no lo creo – dijo mostrando todos sus dientes en una sonrisa pícara, propia de él – Después de todo, se parece bastante a ti.
-No.
Suigetsu comprendió que se estaba pasando. Después de todo, la mentalidad de Sasuke era complicada. Suigetsu sabía que su líder no quería escuchar nada sobre gente con el mismo parecido. Él se sentía como el único maltratado y él, aunque lo intentara, no podía cambiar eso. Pero sabía, en el fondo de su no muy pequeña intuición, que la niña tenía una afinidad con él, aunque no sabía de qué forma.
-Bien – dijo juguetonamente el chico tiburón – No te creo, así que iré a comprobarlo yo mismo.
-No – ordenó Sasuke, recostado sin abrir los ojos – Deja que siga entrenando. Después te ocuparás de ella.
- Pero quiero salir de aquí, ¡ahora!
- No puedes – dijo sin inmutarse. Sasuke era un hombre de pocas palabras.
- Pero... tú puedes liberarme – dijo suplicante, ya que estaba mortalmente aburrido.
Sasuke se levantó, dispuesto a marcharse.
- ¡Sasuke...!
- ¿Y por qué lo haría? – dijo cínicamente, marchándose un instante después.
- ¡Arg!- gruñó furioso, golpeando el vidrio con los puños - ¡Ese hombre es una piedra!
Quinientos.
Hinata lanzó otro golpe, impactando en el árbol.
Quinientos Uno.
El chakra penetró en la corteza del árbol, haciendo que se cimbrara ante el golpe.
Quinientos Dos.
Nunca había golpeado tanto ni con tanta fuerza.
Quinientos Tres.
Se oyó una especie de quejido, proveniente del tronco. Aunque era sólo madera desprendiéndose.
Quinientos Cuatro.
El árbol se inclinó peligrosamente hacia ella, pero no se detuvo por eso.
Quinientos Cinco.
El árbol se tambaleaba, como si no pudiera elegir sobre qué flanco caer o en qué dirección.
Quinientos Seis.
El árbol cayó, pero antes de eso, ella se apartó.
Miró a su alrededor, observando los árboles caídos que la rodeaban. Lo sintió mucho por esos seres vivos, pero también se dio cuenta de que no había mejorado su marca para nada.
- Bien – se murmuró a sí misma – Puedo seguir...
Aunque sabía que no era muy cierto, pues derribar los árboles, con tantos golpes, había agotado siete octavas de su chakra.
- Sólo queda...entrenar mi condición física... sin chakra...- volvió a murmurar.
Miró a su alrededor, escrutando por si había personas a su alrededor.
No quiso activar su byakugan, se supone que debía recuperar chakra, no gastarlo.
Y entonces, sacó la chaqueta que usaba para cubrir su cuerpo y la dobló, dejándola en el suelo.
Comenzó a entrenar duro, pero más duro que nunca, para poder superarse.
Entre las sombras, se ocultan muchas criaturas malas y despreciables. El pánico se siembra diariamente por donde ellos pasan y tras las cenizas de la venganza, se alinean nuevas mentes con propósitos crueles y superiores.
Otras mentes suplen a otras, tratando de provocar en las anteriores una reacción en cadena que las lleve hasta los fríos brazos de la muerte.
Anhelan ver sufrir a las personas que los metieron en ese infierno, se fortalecen día y noche para prepararse, hacen tratos con mounstros numerosos, pasan las noches perfeccionando sus planes y amanecen con la impulsiva e irracional idea de la venganza.
Era la descripción exacta de Sasuke Uchiha.
Pero detrás de ese sombrío joven, estaba un mentor, que por supuesto, no le había entregado su fortaleza sin algo a cambio. El día se estaba acercando, eventualmente podría tomar el control del cuerpo de su joven aprendiz y sería más poderoso que todos los que pisan el árido camino del mal y por los que transitan el adoquinado sendero del bien. Se encargaría de todos ellos.
Pero... ¿Habría alguna razón para desear la dominación?
¿Tendría otro motivo, dejando de lado el evidente, sobre ganar poder?
Sólo Orochimaru lo sabía.
Desde su mullido sillón, que olía fuertemente a humedad, observaba atentamente a la reciente kunoichi, traída desde su aldea natal.
- Kabuto – llamó sin dejar de mirar a la joven, dirigiéndose al parecer a nadie en particular - ¿Qué puedes decirme de nuestra joven pupila?
Kabuto apareció de las sombras, acercándose a su maestro.
- Ella es capaz – dijo seriamente – No ha sido muy bien entrenada, pero ella puede hacerlo.
- ¿Hay algo más?
- Ella, Orochimaru sama, puede usar el chakra curativo y sanar heridas de combate. Tsunade la supervisó personalmente.
- Interesante – dijo como hipnotizado con la mujer – Según los espías, Tsunade tenía sólo una aprendiz.
- Eso suponíamos – aseguró fervientemente – Pero el clan Hyuuga tiene de forma natural un control de chakra, casi a nivel médico, así que Hinata chan debería haber estado usándolo a escondidas.
- ¿Tsunade se enteró y decidió supervisarla?
-Así es.
- Ven aquí, Kabuto – indicó con un gesto de la mano - ¿Qué ves en esta jovencita?
Kabuto se acercó, escrutando por la sucia ventana, el espectáculo que le proporcionaba la ciénaga pantanosa.
Quedó turbado por unos instantes, pero luego sonrió, sintiéndose incapaz de apartar la vista de semejante espectáculo.
- Ella es...- buscó las palabras, que tenía atoradas en la garganta.
-¿Muy hermosa? – Se burló Orochimaru - ¿O realmente tiene talento?
Kabuto iba a abrir la boca para contestarle, pero Orochimaru lo calló con un gesto.
- No me respondas – dijo con una risa ligera – No necesito saberlo... también yo pienso lo mismo...
Y observando en su totalidad a Hinata, se relamió los labios con su larga lengua, en un gesto lascivo.
- ¡Uy! – Exclamó Naruto al empujar gente para pasar más rápidamente, tenía mucha prisa por llegar al palacio hokage - ¡Disculpe!
-¡Oye! – escuchó como reclamo. Creyó que era una voz perteneciente a Neji, pero eso sólo lo impulsó a deslizarse más rápido.
Naruto continuó avanzando, haciendo un gesto de disculpa al lugar de donde provenía la voz.
Una mano lo jaló del cuello de su ropa, impidiéndole avanzar.
-¿Pero qué...? – jadeó cuando fue jalado hacia atrás con fuerza.
-¡Naruto! – un grito en sus oídos lo hizo encogerse. Apenas había vuelto a la aldea de su entrenamiento, se había presentado y había visto a algunos de los nueve novatos. Aunque por supuesto, faltaba Sasuke.
- ¿A dónde vas? – dijo Anko, con expresión malhumorada, mientras seguía sosteniéndolo de la parte de atrás del cuello.
- ¡Tú eres...!
- ¡Naruto! – fue interrumpido por Lee, que se acercaba emocionado, dando saltos de conejo - ¿Vas a seguir caminando sin saludar a tu buen amigo Lee?
-...rompe ventanas! – finalizó Naruto, que apenas había escuchado a Lee.
- ¡Eso no importa! – Gruñó molesta – Ven conmigo, muchacho, alguien importante te busca.
- ¡Voy a la torre hokage! – Dijo tratando de zafarse - ¡Suéltame!
- ¡Escúchame! – susurró jalándolo hacia abajo. Salieron en una nube de humo gris y aparecieron en un claro deshabitado y así habló ella, con mucha gravedad: - El pánico se está sembrando aquí, así que Akatsuki no debe saber que has vuelto...-
No la dejó continuar.
-¿Que el pánico qué? ¿Está pasando algo malo?
- ¡Es lo que te estoy diciendo! – La mujer ANBU trató de calmarse para continuar – Han desaparecido varios ninjas, Hinata Hyuuga ha sido secuestrada...-
La interrumpió nuevamente.
-¿Hinata? ¿Quién ha sido?, ¡Juro que los encontraré y mataré si le han hecho algo!
Anko prefirió ignorarlo.
- Preferimos que te quedes escondido y vengas conmigo para poder hacer nuestro trabajo, ¿Entiendes?
- No entiendo esto – dijo haciendo una mueca
- No lo esperaba, Naruto. – Dijo sonriendo coquetamente – Cuídate, eres nuestra única esperanza.
Hizo un ademán de marcharse, pero Naruto gritó:
- ¡Cuando quedes libre, te invitaré una ronda de dango!
Anko quedó paralizada en el acto.
- ¡Te tengo! – gritó abalanzándose sobre ella el rubio, mientras ella esbozaba una mueca de sorpresa e intentaba evitarlo.
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