YEY! Muchas gracias por leer y las buenas vibras, vamos avanzando por usted. Le agradezco mucho a Maye, mi querida compañera en todo este proyecto, y gracias a quienes se dan la molestia de hacer saber que les esta gustando. Y a todos los que leen, igual gracias! Mil besos!


Capítulo Diez

—Bueno, ¿crees que esté totalmente arruinado con tu prima? —Preguntó Evan ese frió lunes por la mañana, durante el desayuno. Albus miró hacia Slytherin y no vio a sus chicos por ningún lado, los supuso atrasados, nada raro, Rose llegaba tarde hasta en la cena de navidad en la Madriguera.

—No sé, Evan, por lo que vi, eso de ella y Luke como que es ultra serio —dijo, con la máxima voz de afectación que pudo lograr.

Había conversado largo y tendido consigo mismo durante la noche. Había llegado a conclusiones muy reveladoras.

Primero: Rose no se iba a fijar en Evan ni aunque éste se pintara el pelo de violeta. El pobre estaba tan cerca de ser su tipo, como un tomate de ser carne. Así que ponerle energías a ese proyecto era igual a energía perdida.

Segundo: Scorpius era un chico genial, súper guapo, entretenido e inteligente.

Tercero: La experimentación sexual, como la masturbación, era buena. Había leído mucho acerca de cómo, en la adolescencia, había tendencias bisexuales. Que era una fase de experimentación y que si no se experimentaba, se podían caer en negación ya siendo adulto-joven.

Él no quería a su queridísimo Evan en etapa de negación para toda la vida.

Así que sus energías, se tenían que ir a Evan y cómo mostrarle los placeres de la homosexualidad.

Hizo una nota mental de investigar al respecto. Lily algo había comentado sobre la próstata, pero él jamás la había escuchado mucho, en especial después de que se pusiera a leer novelas rosas subidas de tono. Y gais.

Nueva nota mental: hablar con Lily.

—Soy un estúpido, sabiendo de ella y todas sus banderas de lucha, voy y digo semejantes tonterías —se quejó Evan con el tenedor en su ensalada de frutas.

—Podrías haber dicho lo mismo, sin usar esos ejemplos de la mierda, digo, que desagradable.

—Lo sé.

—Además, no es comparable, si comparas alimentos, pues que los dos sean alimentos.

—Ya —y luego susurró—. Tienes un tacto...

—Pero mira, la primera impresión no lo es todo, así que arriba esos ánimos —Albus le desordenó el cabello al abatido chico y exclamó alegre— ¡Mira lo que te tengo! —al tiempo que sacaba una instantánea de su manga.

Era una fotografía muggle de él, Rose y Scorpius en una calle concurrida de Dublín durante la fiesta de San Patricio del año pasado.

—Te sabes unos trucos geniales —dijo Evan, refiriéndose a eso de sacarse fotos de la manga, antes de ver bien la foto y quitársela de las manos— ¡Es hermosa!

Si se refería a Rose, Albus no estaba muy de acuerdo. La chica era la menos privilegiada en la fotografía, tenía un ojo a medio cerrar y la sonrisa torcida. No así Scorpius, que se veía elegante y guapo.

—De nada, amigo mío— dijo Albus sonriendo.

Esa semana, fue una semana de pequeñas tareas para Albus. Si quería que Evan se fijara en Scorpius, tenía que hacer que se fijara en Scorpius.

Sacaba a Scorpius a colación cada vez que tenía oportunidad, sin ser muy hostigoso al respecto. En el entrenamiento de tenis, Miller, como por designios del destino, les dijo que se fijaran en los chicos que estaban en nivel banca. Quería elegir a los mejores para comenzar a prepararlos para las intercolegiales muggles.

—Evan, tú tienes mucha más experiencia que yo, pero creo que Malfoy tiene un buen saque y se maneja bien cerca de la red.

Evan tenía un pergamino de anotaciones, muy serio y profesional. Anotó Malfoy en la lista de candidatos.

—Y está en primer lugar de chicos guapos del colegio —agregó Cindy, quien cumplía más labores administrativas que deportivas dentro del club.

— ¿Qué tiene eso que ver? —Pregunto Evan, riendo.

— ¡Mucho! ¿No querrás que nos recuerden como los feos del campeonato? —Dijo la chica, enojada— Potter está bien, pero ¿Skinner?

—Cindy, tienes que recapitular tus prioridades —dijo Evan en voz solemne. La chica le sacó la lengua y se fue.

—Bueno, es un punto a favor —agregó Albus cuando la chica ya estaba gritoneando a los novatos.

— ¿Tú también? —dijo Evan, ya fastidiado.

—Soló como punto extra —se defendió el moreno.

La tarea no estaba siendo fácil. No sabía cómo diablos sacar el asunto de la experimentación sexual con Evan, después de todo, por muy amigos que fuesen, no eran compañeros de curso y no pasaban tanto tiempo juntos. Además, Evan estaba en pleno proceso de superación de su primer rechazo amoroso y no estaba siendo muy fácil, porque la pesada de su prima había decido besuquearse con Luke en cada rincón del Castillo.

— ¡¿Qué le ve?! —Preguntó irritado el pobre chico, una noche durante la cena. Albus se sintió perdido en la conversación hasta que divisó a Rose riendo junto a Luke.

—Bueno, es interesante —dijo Albus en voz conciliadora.

— ¿Qué? —la voz de Evan sonaba entre sorprendida y enojada.

—Sí, ya sabes con todo ese rollo de ser vegetariano, defender ballenas y tocar instrumentos, tú me entiendes.

—No es más que un flacucho come acelga.

Albus hubiese asentido, pero se recordó su plan— Sí, pero es interesante y más allá del físico y las caderas huesudas, hay una gran persona.

— ¿Y tú que te fumaste? —Dijo Evan, enfadado— Hasta la semana pasada clasificabas a las chicas según su talla de sostén.

—Maduré y me di cuenta de mi mal actuar, las mujeres no son objetos —se defendió Albus con cara de culpabilidad.

Evan murmuró unos cuantos insultos y comió mirando a su plato y sólo su plato.

Claro, Albus no dijo que su nuevo discurso fue ganado en largas y entretenidas charlas con Rose, quien en palabras a prueba de ignorantes en la materia, le había hecho entender unas cuantas cosas. Si le decía eso a Evan, era como escarbar en una herida sangrante y él no era ese tipo de persona.

Habían pasado un par de semanas desde la nefasta fiesta en el pueblo, pronto sería navidad y Albus no estaba muy seguro de sus avances.

Ahora, pasaba más tiempo con Rose y Scorpius, sabía más de temas sociales y de lucha. Y cómo preparar cup-cakes en las cocinas de Hogwarts. Sin embargo, con Evan, el tema no había avanzado mucho.

En un viernes cualquiera, convocó unos cuantos chicos y una botella de brandy, James trajo cartas y terminaron jugando a la Verdad, y ahí, Albus perdió apropósito una veintena de veces, sólo para preguntar cosas como:

— ¿Te has besado con un chico?

— ¿Alguna vez quisiste besar a un chico?

— ¿Te has toqueteado con alguien de tu mismo sexo, o sea, un chico?

Y

— ¿Que sientes cuando vez rubios?

Cuando la audiencia comenzó a mirarlo raro en general y Evan en particular, decidió dejarlo, total, el chico no había tomado ni un sorbo en ninguna de las preguntas.

Después del juego, James, medio borracho, le abrazó y le preguntó en tono paternalista— ¿Algo de lo que quieras hablarme, campeón?

—Nah —dijo Albus, viendo como el Evan ebrio por el que tanto había trabajado subía las escaleras hacia su habitación.

— ¿Estás seguro? Porque quiero que sepas que pase lo que pase yo te seguiré amando, hermano —dijo James, mirándole de forma extraña, mezcla amor, cariño y algo de ¿lástima?

—Sí, seguro, y ya deja de mirarme así.

James negó, dijo algo entre dientes y se durmió en uno de los sofás.

Albus bufó. No iba muy bien que digamos.


Continuara!

Nota: La vez anterior, no quise atacar a nadie, solo quise que supieran un poco más de la génesis de esto. Lamento si incomode a alguien! Saludos y muchas, muchas gracias por leer y comentar!