Ya está aquí el siguiente cap!!! ya por fin veremos el baile de navidad! así que prepárense. por cierto, les recomiendo escuchar la canción Magic Works (Si la que sale en el caliz de fuego) cuando lleguen al * se que les gustará disfrutenlo!!!

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Los días pasaron volando, la euforia por los recién llegados se había calmado un poco, y a Draco parecía que no le alcanzaban las horas del día. Entre la escuela, sus amigos y Hermione se llevaba demasiado tiempo, y ni hablar del P.E.D.D.O. que la castaña estaba mas que decidida a que fuera una realidad, por lo cual el papel de el rubio al ser su novio era ayudarla con todo lo que pudiera… aunque no estuviera del todo de acuerdo.

-- El que seas un sangre pura de una familia tan importante ayudaría mucho a cambiar la opinión de los elfos. – Le dijo cuando ambos se dirigían a las cocinas.

--Lo sé, pero esa misma familia tiene un sinfín de elfos domésticos en propiedad de objeto, y eso me incluye a mi, no creo que ayude mucho.

-- Pues te he dicho que liberes a tu elfo en mas de una ocasión.

-- ¿Estas loca? – contestó. --¿Tienes idea de lo que le haría a la pobre de Cherry? La lastimaría de por vida, los elfos domésticos están contentos trabajando para sus amos, al menos eso me han dicho.

--¡Claro! Porque están obligados a decirlo, si no son castigados.

--Yo nunca castigo a Cherry, sería incapaz.

Entre tanto jaleo Draco no había tenido tiempo de escribirle a su madre, pero extrañamente ella tampoco había podido hacerlo, lo que era extremadamente raro, todo lo que ella respondió cuando el chico pudo escribirle fue que su padre y ella estaban muy ocupados, que disfrutarla escuela y que cuidara de Hermione.

--Que cuide de Hermione. – Repitió extrañado.

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El banquete de Halloween les pareció mucho más largo de lo habitual. Quizá porque era su segundo banquete en dos días, Harry no disfrutó la insólita comida tanto como la habría disfrutado cualquier otro día, ni si quiera Ron, nadie conversaba de otra cosa que no fuera el torneo… Bueno Draco y Hermione lo hacían pero parecían no querer a incluir a nadie mas en su conversación. A juzgar por los cuellos que se giraban continuamente, las expresiones de impaciencia, las piernas que se movían nerviosas y la gente que se levantaba para ver si Dumbledore ya había terminado de comer—, Harry sólo deseaba que la cena terminara y anunciaran quiénes habían quedado seleccionados como campeones.

Por fin, los platos de oro volvieron a su original estado inmaculado. Se produjo cierto alboroto en el salón, que se cortó casi instantáneamente cuando Dumbledore se puso en pie. Junto a él, el profesor Karkarov y Madame Maxime parecían tan tensos y expectantes como los demás. Ron no podía aguantar la emoción al igual que Draco pero este la disimulaba mejor.

—Bien, el cáliz está casi preparado para tomar una decisión —anunció Dumbledore—. Según me parece, falta tan sólo un minuto. Cuando pronuncie el nombre de un campeón, le ruego que venga a esta parte del Gran Comedor, pase por la mesa de los profesores y entre en la sala de al lado —indicó la puerta que había detrás de su mesa—, donde recibirá las primeras instrucciones.

Sacó la varita y ejecutó con ella un amplio movimiento en el aire. De inmediato se apagaron todas las velas salvo las que estaban dentro de las calabazas con forma de cara, y la estancia quedó casi a oscuras. No había nada en el Gran Comedor que brillara tanto como el cáliz de fuego, y el fulgor de las chispas y la blancura azulada de las llamas casi hacia daño a los ojos. Todo el mundo miraba, expectante. Algunos consultaban los relojes.

—De un instante a otro —susurró Lee Jordan, dos asientos más allá de Harry.

De pronto, las llamas del cáliz se volvieron rojas, y empezaron a salir chispas. A continuación, brotó en el aire una lengua de fuego y arrojó un trozo carbonizado de pergamino. La sala entera ahogó un grito.

Dumbledore tomó el trozo de pergamino y lo alejó tanto como le daba el brazo para poder leerlo a la luz de las llamas, que habían vuelto a adquirir un color blanco azulado.

—El campeón de Durmstrang —leyó con voz alta y clara— será Viktor Krum.

—¡Era de imaginar! —gritó Ron, al tiempo que una tormenta de aplausos y vítores inundaba el Gran Comedor. Harry vio a Krum levantarse de la mesa de Slytherin y caminar hacia Dumbledore. Se volvió a la derecha, recorrió la mesa de los profesores y desapareció por la puerta hacia la sala contigua. Draco lo seguía con la mirada, había algo en Viktor que no le agradaba en lo absoluto.

—¡Bravo, Viktor! —bramó Karkarov, tan fuerte que todo el mundo lo oyó incluso por encima de los aplausos—. ¡Sabía que serías tú!

Se apagaron los aplausos y los comentarios. La atención de todo el mundo volvía a recaer sobre el cáliz, cuyo fuego tardó unos pocos segundos en volverse nuevamente rojo. Las llamas arrojaron un segundo trozo de pergamino.

—La campeona de Beauxbatons —dijo Dumbledore—es ¡Fleur Delacour!

—¡Es ella, Ron! —gritó Harry, cuando la chica que parecía una veela se puso en pie elegantemente, sacudió la cabeza para retirarse hacia atrás la amplia cortina de pelo plateado, y caminó por entre las mesas de Hufflepuff y Ravenclaw.

—¡Miren qué decepcionados están todos! —dijo Hermione elevando la voz por encima del alboroto, y señalando con la cabeza al resto de los alumnos de Beauxbatons.

«Decepcionados» era decir muy poco, pensó Harry. Dos de las chicas que no habían resultado elegidas habían roto a llorar, y sollozaban con la cabeza escondida entre los brazos.

Cuando Fleur Delacour hubo desaparecido también por la puerta, volvió a hacerse el silencio, pero esta vez era un silencio tan tenso y lleno de emoción, que casi se palpaba. El siguiente sería el campeón de Hogwarts...

Y el cáliz de fuego volvió a tornarse rojo; saltaron chispas, la lengua de fuego se alzó, y de su punta Dumbledore retiró un nuevo pedazo de pergamino.

—El campeón de Hogwarts —anunció— es ¡Cedric Diggory!

—¡No! —dijo Ron en voz alta, pero sólo lo oyó Harry: el jaleo proveniente de la mesa de al lado era demasiado estruendoso. Todos y cada uno de los alumnos de Hufflepuff se habían puesto de repente de pie, gritando y pataleando, mientras Cedric se abría camino entre ellos, con una amplia sonrisa, y marchaba hacia la sala que había tras la mesa de los profesores.

Naturalmente, los aplausos dedicados a Cedric se prolongaron tanto que Dumbledore tuvo que esperar un buen rato para poder volver a dirigirse a la concurrencia.

—¡Estupendo! —dijo Dumbledore en voz alta y muy contento cuando se apagaron los últimos aplausos—. Bueno, ya tenemos a nuestros tres campeones. Estoy seguro de que puedo confiar en que todos ustedes, incluyendo a los alumnos de Durmstrang y Beauxbatons, darán a sus respectivos campeones todo el apoyo que puedan. Al animarlos, todos contribuirán de forma muy significativa a...

Pero Dumbledore se calló de repente, y fue evidente para todo el mundo por qué se había interrumpido.

El fuego del cáliz había vuelto a ponerse de color rojo. Otra vez lanzaba chispas. Una larga lengua de fuego se elevó de repente en el aire y arrojó otro trozo de pergamino.

Dumbledore alargó la mano y lo tomó. Lo extendió y miró el nombre que había escrito en él. Hubo una larga pausa, durante la cual Dumbledore contempló el trozo de pergamino que tenía en las manos, mientras el resto de la sala lo observaba. Finalmente, Dumbledore se aclaró la garganta y leyó en voz alta:

—Harry Potter.

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-- No se que es lo que piense Weasley exactamente, pero no creo que tu hayas puesto tu nombre en el cáliz. –Le dijo Draco a Harry mientras esperaban sentados uno frente al otro en una de las mesas de la biblioteca a Hermione días después del incidente. Ron se había negado a dirigirle la palabra a Harry al igual que la mayoría de alumnos, y dado que Hermione y Malfoy apoyaban en su totalidad al moreno, se había alejado un poco de ellos.

-- Bueno, me alegra que lo digas. –Soltó con un suspiro de cansancio el moreno.

Los días pasados se contaron entre los peores que Harry pasó en Hogwarts. Lo más parecido que había experimentado habían sido aquellos meses, cuando estaba en segundo, en que una gran parte del colegio sospechaba que era él el que atacaba a sus compañeros, pero en aquella ocasión Ron había estado de su parte.

Le parecía que podría haber soportado la actitud del resto del colegio si hubiera vuelto a contar con la amistad de Ron, pero no iba a intentar convencerlo de que se volvieran a hablar si él no quería hacerlo. Tenía a Draco y Hermione, pero ellos estaban siempre juntos, se sentía solo y no recibía más que desprecio de todas partes.

Era capaz de entender la actitud de los de Hufflepuff, aunque no le hiciera ninguna gracia, porque ellos tenían un campeón propio al que apoyar. Tampoco esperaba otra cosa que insultos por parte de los de Slytherin salvo Pansy y Theo (les caía muy mal, y siempre había sido así, porque él había contribuido muy a menudo a la victoria de Gryffindor frente a ellos, tanto en quidditch como en la Copa de las Casas).

Pero había esperado que los de Ravenclaw encontraran tantos motivos para apoyarlo a él como a Cedric. Y se había equivocado: la mayor parte de los de Ravenclaw parecía pensar que él se desesperaba por conseguir un poco más de fama y que por eso había engañado al cáliz de fuego para que aceptara su nombre.

--Todos sabemos que los problemas siempre te buscan. – Rio Malfoy al igual que su amigo. –No te preocupes, si necesitas algo para el torneo dímelo, yo me encargaré.

--Gracias.

--Supongo que Sirius ya lo sabe.

--Si, se lo dije, dice que mis pesadillas y lo de mi nombre en el cáliz no son coincidencia.

-- Yo también lo supuse, espero que las cosas no se compliquen. –Se quedaron callados unos minutos, tratando de estudiar. Pasada una media hora Draco habló.

-- ¿En dónde esta Hermione? –Preguntó.

-- Se supone que va a terminar el trabajo de transformaciones con Ron...— Contestó Harry pero lo interrumpió la abrupta aparición de alguien a las espaldas del rubio en la entrada.

-- ¿Qué? – Cuestionó Draco dirigiendo la vista a donde la tenía Harry. Viktor Krum se encontraba en la entrada principal, parecía buscar algo pues pasaba su mirada por cada una de las mesas, sus ojos se cruzaron con los Gryffindors, y después de unos segundos salió.

-- ¿Qué crees que busque?

-- Evidentemente no viene a estudiar. – Espetó Draco extrañado. Momentos después llegó Hermione, lista para estudiar, como siempre se sentó junto a Draco y puso sus libros sobre la mesa.

-- Ronald no quiso venir. – Habló. – Es pasajero, ya se le pasará.

--Pues yo lo vi muy enserio. – Contestó Draco. Hermione le dio un codazo.

-- Descuida, si el no me cree es su problema. – Argumentó Harry.

-- Vaya vaya. – Dijo una voz femenina detrás de Harry.

– Pero si es el cuarto campeón del torneo. – Pansy Parkinson estaba parada junto a Theodore Nott, con una mano en la cintura.

– Estoy ansiosa por verte participar. – La chica tomó asiento junto al moreno y su acompañante hizo lo mismo.

-- Hola Theodore. – Dijo la castaña.

-- Buenos días Hermione. – Saludó caballerosamente el moreno con un leve asentimiento de cabeza, según Draco producto de su educación sangre pura antigua. Ya hacía tiempo que Pansy y Theo, (aunque el prefería que lo llamaran por su nombre completo) se unían a sus conversaciones de vez en cuando, casi siempre por iniciativa de Pansy, y aún así le sorprendía lo educado que era en su manera de hablar, de vestir y de actuar.

Pero había algo en su mirada que no cuadraba, esos ojos azules ocultaban algo, ella lo sabía, y lo que una vez le dijo el rubio se lo confirmó. Theo es un buen amigo, es justo, leal y no se deja llevar por los prejuicios de la sangre… pero no te confíes, si mi padre me enseñó cosas horribles el de él fue peor, su padre es muy viejo tiene ideales mucho mas elitistas y obscuros, le enseñó cosas que ni mi padre se atrevería a enseñármelas a mi, si te contara las cosas que Theo puede hacer probablemente no querrías volver a acercártele.

-- ¿Cómo estás Pansy? – Saludó Hermione.

-- Bien, no me quejo, aunque todos en Slytherin hablan Pestes de Harry todo esta tranquilo como siempre. – Draco no pudo evitar reír.

-- Bueno hablan pestes de él desde antes del torneo ¿no? – Todos rieron.

-- Supongo que toda la escuela estará apoyando a Cedric. – Habló Harry.

-- Nosotros te apoyamos a ti. – Contestó Hermione.

--Creo que serán los únicos. –Suspiró

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Los terrenos del colegio estaban envueltos en una oscuridad total. Harry bajó por la explanada hacia la luz que brillaba en la cabaña de Hagrid. También el interior del enorme carruaje de Beauxbatons se hallaba iluminado. Mientras llamaba a la puerta de la cabaña, Harry oyó hablar a Madame Maxime dentro de su carruaje.

—¿Eres tú, Harry? —susurró Hagrid, abriendo la puerta.

—Sí —respondió Harry, que entró en la cabaña y se desembarazó de la capa—. ¿Por qué me has hecho venir?

—Tengo algo que mostrarte —repuso Hagrid.

Parecía muy emocionado. Llevaba en el ojal una flor que parecía una alcachofa de las más grandes. era evidente que había intentado peinarse, porque en el pelo se veían varias púas del peine rotas.

—¿Qué vas a mostrarme? —dijo Harry con recelo, preguntándose si habrían puesto huevos los escregutos o si Hagrid habría logrado comprarle a otro extraño en alguna taberna un nuevo perro gigante de tres cabezas.

—Cúbrete con la capa, ven conmigo y no hables —le indicó Hagrid—. No vamos a llevar a Fang, porque no le gustaría...

—Escucha, Hagrid, no puedo quedarme mucho... Tengo que estar en el castillo a la una.

Pero Hagrid no lo escuchaba. Abrió la puerta de la cabaña y se internó en la oscuridad a zancadas. Harry lo siguió aprisa y, para su sorpresa, advirtió que Hagrid lo llevaba hacia el carruaje de Beauxbatons.

—Hagrid, ¿qué...?

—¡Shhh! —lo acalló Hagrid, y llamó tres veces a la puerta que lucía las varitas doradas cruzadas.

Abrió Madame Maxime. Un chal de seda cubría sus voluminosos hombros.

Al ver a Hagrid, sonrió.

—¡Ah, Hagrid! ¿Ya es la «hoga»?

—«Bon suar» —le dijo Hagrid, dirigiéndole una sonrisa y ofreciéndole la mano para ayudarla a bajar los escalones dorados.

Madame Maxime cerró la puerta tras ella. Hagrid le ofreció el brazo, y se fueron bordeando el potrero donde descansaban los gigantescos caballos alados de Madame Maxime. Harry, sin entender nada, corría para no quedarse atrás. ¿Quería Hagrid mostrarle a Madame Maxime? Podía verla cuando quisiera: jamás pasaba inadvertida.

Pero daba la impresión de que Madame Maxime estaba tan en ascuas como Harry, porque un rato después preguntó alegremente:

—¿Adónde me llevas, Hagrid?

—Esto te gustará —aseguró Hagrid—.

Merece la pena, confía en mí. Pero no le digas a nadie que te lo he mostrado, ¿eh? Se supone que no puedes verlo.

—Descuida —le dijo Madame Maxime, luciendo sus largas y negras pestañas al parpadear.

Y siguieron caminando. Harry los seguía, cada vez más nervioso y mirando el reloj continuamente. Si no llegaban pronto a donde fuera, daría media vuelta para volver al castillo y dejaría a Hagrid disfrutando con Madame Maxime su paseo a la luz de la luna.

Pero entonces, cuando habían avanzado tanto por el perímetro del bosque que ya no se veían ni el castillo ni el lago, Harry oyó algo. Delante había hombres que gritaban. Luego oyó un bramido ensordecedor...

Hagrid llevó a Madame Maxime junto a un grupo de árboles y se detuvo. Harry caminó aprisa a su lado. Durante una fracción de segundo pensó que lo que veía eran hogueras y a hombres que corrían entre ellas. Luego se quedó con la boca abierta.

¡Dragones!

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—«Embrujos para cortarles las uñas... Cómo curar la podredumbre de las escamas...» Esto no nos sirve: es para chiflados como Hagrid que lo que quieren es cuidarlos... – Espetó Draco cerrando el libro que Cherry le había conseguido de la biblioteca en la mansión Malfoy, y que perteneció a su abuelo Abraxas. Desde que Harry vio los dragones él, Draco y Hermione se reunían todos los días en la biblioteca para buscar la manera de poder pasar la primera prueba, incluso le pidieron ayuda a Theodore Nott, quien según Draco era un experto en criaturas mágicas peligrosas.

—«Es extremadamente difícil matar a un dragón debido a la antigua magia que imbuye su gruesa piel, que nada excepto los encantamientos más fuertes puede penetrar...» —leyó Theo.

-- ¡Pero Sirius dijo que había uno sencillo que valdría! –Contestó Hermione. —Busquemos pues en los libros de encantamientos sencillos... —dijo

Harry, apartando a un lado el Libro del amante de los dragones. Volvió a la mesa con una pila de libros de hechizos y comenzó a hojearlos uno tras otro. A su lado, Hermione cuchicheaba sin parar:

—Bueno, están los encantamientos permutadores... pero ¿para qué cambiarlos? A menos que le cambiaras los colmillos en gominolas o algo así, porque eso lo haría menos peligroso... El problema es que, como decía el otro libro, no es fácil penetrar la piel del dragón. Lo mejor sería transformarlo, pero, algo tan grande, me temo que no tienes ninguna posibilidad: dudo incluso que la profesora McGonagall fuera capaz... Pero tal vez podrías encantarte tú mismo. Tal vez para adquirir más poderes. Claro que no son hechizos sencillos, y no los hemos visto en clase; sólo los conozco por haber hecho algunos ejercicios preparatorios para el TIMO...

—Hermione —pidió Harry, exasperado—, ¿quieres callarte un momento, por favor? Trato de concentrarme.

Pero lo único que ocurrió cuando Hermione se calló fue que el cerebro de Harry se llenó de una especie de zumbido que tampoco lo dejaba concentrarse.

Recorrió sin esperanzas el índice del libro Maleficios básicos para el hombre ocupado y fastidiado: arranque de cabellera instantáneo —pero los dragones ni siquiera tienen pelo, se dijo—, aliento de pimienta —eso seguramente sería echar más leña al fuego—, lengua de cuerno —precisamente lo que necesitaba: darle al dragón una nueva arma...

—¡Oh, no!, aquí vuelve. ¿Por qué no puede leer en su barquito? —dijo Hermione irritada cuando Viktor Krum entró con su andar desgarbado, les dirigió una hosca mirada y se sentó en un distante rincón con una pila de libros.

— Vamos, vayamos a otro lado... El club de fans llegará dentro de un momento y no pararán de cotorrear... – Comentó Draco poniéndose de pie y ayudando a su novia secreta a cargar unos cuantos libros.

Y, efectivamente, en el momento en que salían de la biblioteca, entraba de puntillas un ruidoso grupo de chicas, una de ellas con una bufanda de Bulgaria atada a la cintura.

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-- Estúpido torneo. – Mascullaba Ron, cuando caminaba cerca de las mazmorras para ir al gran comedor, todos hablaban de Harry y su hazaña con el cáliz. Él no podía estar mas indignado, su mejor amigo le había ocultado todo, y encima se negaba a contarle la verdad. – Estúpida escuela. – Seguía diciendo, tan sumergido en sus pensamientos que chocó con alguien.

-- Para ser guapo eres bastante tonto. – Dijo Pansy que estaba parada cruzada de brazos frente a él.

-- ¿Perdón? – Dijo sonrojado. Ella estaba bastante cerca.

-- Por favor, ¿enserio crees que Harry puso su nombre en el cáliz? –Replicó levantando una ceja.

--Bueno yo…

--No seas tonto Ronald Weasley, discúlpate con él.

-- Pero…

-- Pero nada, tu mejor amigo esta a punto de enfrentarse a un maldito dragón. Déjate de tonterías y discúlpate.

--Esta bien, esta bien. –Contestó bastante intimidado. -- lo haré en cuanto pueda.

-- Así me gusta. – Se acercó mas, abrazándolo y dándole un beso en la mejilla, acto seguido la cara de Ron se tornó aun mas roja.

Mientras él se quedaba paralizado la chica se alejó con una sonrisa triunfal en su rostro. Había logrado arreglar las cosas.

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—Los campeones tienen que bajar ya a los terrenos del colegio... Tienes que prepararte para la primera prueba. – Le dijo la profesora McGonagall. Cuando estaba con sus amigos en el gran comedor, repasando los últimos detalles para la prueba.

—¡Bien! —dijo Harry, poniéndose en pie.

—Buena suerte, Harry —le susurró Hermione—. ¡Todo irá bien!

—Sí —contestó, con una voz que no parecía la suya.

-- Te estaremos apoyando. – Lo animó Draco dándole una palmada en el hombro.

--Gracias.

-- Recuerda los hechizos que te expliqué. -- Le dijo Theodore.

-- Si, lo haré.

Salió del Gran Comedor con la profesora McGonagall. Tampoco ella parecía la misma; de hecho, estaba casi tan nerviosa como Hermione. Al bajar la escalinata de piedra y salir a la fría tarde de noviembre.

Ella lo conducía bordeando el bosque hacia donde estaban los dragones; pero, al acercarse al grupo de árboles detrás del cual habría debido ser claramente visible el cercado, Harry vio que habían levantado una tienda que lo ocultaba a la vista.

—Tienes que entrar con los demás campeones —le dijo la profesora McGonagall con voz temblorosa— y esperar tu turno, Potter. El señor Ludo Bagman está dentro. Él te explicará lo que tienes que hacer... Buena suerte.

—Gracias —dijo Harry con voz distante y apagada:

Ella lo dejó a la puerta de la tienda, y Harry entró. Fleur Delacour estaba sentada en un rincón, sobre un pequeño taburete de madera. No parecía ni remotamente tan segura como de costumbre; por el contrario, se la veía pálida y sudorosa. El aspecto de Viktor Krum era aún más hosco de lo habitual, y Harry supuso que aquélla era la forma en que manifestaba su nerviosismo. Cedric paseaba de un lado a otro. Cuando Harry entró le dirigió una leve sonrisa a la que éste correspondió, aunque a los músculos de la cara les costó bastante esfuerzo, como si hubieran olvidado cómo se sonreía.

—¡Harry! ¡Bien! —dijo Bagman muy contento, mirándolo—. ¡Ven, ven, ponte cómodo!

—Bueno, ahora ya estamos todos... ¡Es hora de poneros al corriente! — declaró Bagman con alegría—. Cuando hayan llegado los espectadores, les ofreceré esta bolsa a cada uno de vosotros para que saquéis la miniatura de aquello con lo que os va a tocar enfrentaros. —Les enseñó una bolsa roja de seda—. Hay diferentes... variedades, ya lo verán. Y tengo que decirles algo más... Ah, sí... ¡su objetivo es tomar el huevo de oro!

Harry miró a su alrededor. Cedric hizo un gesto de asentimiento para indicar que había comprendido las palabras de Bagman y volvió a pasear por la tienda. Tenía la cara ligeramente verde. Fleur Delacour y Krum no reaccionaron en absoluto. Tal vez pensaban que se pondrían a vomitar si abrían la boca; en todo caso, así se sentía Harry. Aunque ellos, al menos, estaban allí voluntariamente...

Y enseguida se oyeron alrededor de la tienda los pasos de cientos y cientos de personas que hablaban emocionadas, reían, bromeaban... Harry se sintió separado de aquella multitud como si perteneciera a una especie diferente. Y, a continuación (a Harry le pareció que no había pasado más que un segundo), Bagman abrió la bolsa roja de seda.

—Las damas primero —dijo tendiéndosela a Fleur Delacour. Ella metió una mano temblorosa en la bolsa y sacó una miniatura perfecta de un dragón: un galés verde. Alrededor del cuello tenía el número «dos». Y Harry estuvo seguro, por el hecho de que Fleur Delacour no mostró sorpresa alguna sino completa resignación, de que no se había equivocado: Madame Maxime le había dicho qué le esperaba.

Lo mismo que en el caso de Krum, que sacó el bola de fuego chino. Alrededor del cuello tenía el número «tres». Krum ni siquiera parpadeó; se limitó a mirar al suelo.

Cedric metió la mano en la bolsa y sacó el hocicorto sueco de color azul plateado con el número «uno» atado al cuello. Sabiendo lo que le quedaba,

Harry metió la mano en la bolsa de seda y extrajo el colacuerno húngaro con el número «cuatro». Cuando Harry lo miró, la miniatura desplegó las alas y enseñó los minúsculos colmillos.

—¡Bueno, ahí lo tienen! —dijo Bagman—. Han sacado cada uno el dragón con el que les tocará enfrentar, y el número es el del orden en que saldrán, ¿comprenden? Yo tendré que dejarlos dentro de un momento, porque soy el comentador. Diggory, eres el primero. Tendrás que salir al cercado cuando oigas un silbato, ¿de acuerdo? Bien. De pronto se escuchó el sonido del cañón, que no estaba programado.

—¡Santo Dios, tengo que darme prisa! —dijo Bagman alarmado, y salió corriendo.

Harry vio a Cedric que salía, con la cara más verde aún que antes. intentó desearle suerte, pero todo lo que le salió de la boca fue una especie de gruñido áspero.

Así fue, uno a uno hasta que tocó el turno de Harry.

Se levantó, notando apenas que las piernas parecían de merengue. Aguardó. Y luego oyó el silbato. Salió de la tienda, sintiendo cómo el pánico se apoderaba rápidamente de todo su cuerpo. Pasó los árboles y penetró en el cercado a través de un hueco.

Lo vio todo ante sus ojos como si se tratara de un sueño de colores muy vivos. Desde las gradas que por arte de magia habían puesto después del sábado lo miraban cientos y cientos de rostros. Y allí, al otro lado del cercado, estaba el colacuerno agachado sobre la nidada, con las alas medio desplegadas y mirándolo con sus malévolos ojos am arillos, como un lagarto monstruoso cubierto de escamas negras, sacudiendo la cola llena de pinchos y abriendo surcos de casi un metro en el duro suelo. La multitud gritaba muchísimo, pero Harry ni sabía ni le preocupaba si eran gritos de apoyo o no. Era el momento de hacer lo que tenía que hacer: concentrarse, entera y absolutamente, en lo que constituía su única posibilidad.

Levantó la varita.

—¡Accio Saeta de Fuego! —gritó.

La escoba apareció de la nada y de inmediato se montó en ella, comenzó a volar mientras el dragón lo seguía peligrosamente de cerca, a lo lejos en las gradas Hermione tomaba con fuerza la mano de Draco temía por la vida de su amigo.

Harry se elevó un par de metros más, y el dragón soltó un bramido de exasperación. Harry era como una mosca para él, una mosca que ansiaba aplastar. Volvió a azotar con la cola, pero Harry estaba demasiado alto para alcanzarlo. Abriendo las fauces, echó una bocanada de fuego... que él consiguió esquivar.

—¡Vamos! —lo retó Harry en tono burlón, virando sobre el dragón para provocarlo—. ¡Vamos, ven a atraparme...! Levántate, vamos...

La enorme bestia se alzó al fin sobre las patas traseras y extendió las correosas alas negras, tan anchas como las de una avioneta, y Harry se lanzó en picado. Antes de que el dragón comprendiera lo que Harry estaba haciendo ni dónde se había metido, éste iba hacia el suelo a toda velocidad, hacia los huevos por fin desprotegidos. Soltó las manos de la Saeta de Fuego... y tomó el huevo de oro.

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—El año pasado dementores, este año dragones... ¿Qué traerán al colegio el año que viene? –Dijo Draco cuando todo Gryffindor celebraba en su sala común el triunfo de Harry.

Todos gritaban y aplaudían emocionados, los gemelos Weasley lo cargaban sobre sus hombros diciéndole que estaban seguros de que lo lograría.

—¡Harry, has estado genial! —le dijo Hermione con voz chillona. Tenía marcas de uñas en la cara, donde se había apretado del miedo—. ¡Alucinante! ¡De verdad!

Pero Harry miraba a Ron, que estaba muy blanco y miraba a su vez a Harry como si éste fuera un fantasma.

—Harry —dijo Ron muy serio— quienquiera que pusiera tu nombre en el cáliz de fuego, creo que quería matarte.

Fue como si las últimas semanas no hubieran existido, como si Harry viera a Ron por primera vez después de haber sido elegido campeón.

—Lo has comprendido, ¿eh? —contestó Harry fríamente—. Te ha costado trabajo.

Hermione estaba entre ellos sujetando el brazo de Draco, nerviosa, paseando la mirada de uno a otro.

Ron abrió la boca con aire vacilante. Harry se dio cuenta de que quería disculparse y comprendió que no necesitaba oír las excusas.

—Está bien —dijo, antes de que Ron hablara—. Olvídalo.

—No —replicó Ron—. Yo no debería haber...

—¡Olvídalo!

Ron le sonrió nerviosamente, y Harry le devolvió la sonrisa. Hermione, de pronto, se echó a llorar, y fue abrazada por Draco.

—¡No hay por qué llorar! —le dijo Harry, desconcertado.

—¡Son tan tontos los dos! —gritó ella, dando una patada en el suelo al tiempo que le caían las lágrimas.

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-- El baile de navidad. – Comenzó la profesora McGonagall. -- Constituye una parte tradicional del Torneo de los tres magos y es al mismo tiempo una buena oportunidad para relacionarnos con nuestros invitados extranjeros. Al baile sólo irán los alumnos de cuarto en adelante, aunque si lo desean pueden invitar a un estudiante más joven.

Lavender Brown dejó escapar una risita estridente. Parvati Patil le dio un codazo en las costillas, haciendo un duro esfuerzo por no reírse también, y las dos miraron a Harry. La profesora McGonagall no les hizo caso, lo cual le pareció injusto a Harry, ya que a Ron y a él sí que los había regañado.

Draco solo podía pensar en llevar Hermione, pero estaba perfectamente consiente de que era imposible, si lo suyo se hacía público llegaría a oídos de todos en el mundo mágico, y luego a los de su padre.

—Será obligatoria la túnica de gala —prosiguió la profesora McGonagall—. El baile tendrá lugar en el Gran Comedor, comenzará a las ocho en punto del día de Navidad y terminará a medianoche. Ahora bien... —La profesora McGonagall recorrió la clase muy despacio con la mirada—. El baile de Navidad es por supuesto una oportunidad para que todos echemos una cana al aire —dijo, en tono de desaprobación.

Lavender se rio más fuerte, poniéndose la mano en la boca para ahogar el sonido. Harry comprendió dónde estaba aquella vez lo divertido: la profesora McGonagall, que llevaba el pelo recogido en un moño muy apretado, no parecía haber echado nunca una cana al aire, en ningún sentido.

—Pero eso no quiere decir —prosiguió la profesora McGonagall— que vayamos a exigir menos del comportamiento que esperamos de los alumnos de Hogwarts. Me disgustaré muy seriamente si algún alumno de Gryffindor deja en mal lugar al colegio.

El baile no era para nada algo que Harry o sus amigos esperaran, no estaban realmente entusiasmados por una fiesta, mucho menos por tener que invitar a alguien, y que ese alguien aceptara.

Hermione y Draco acordaron no ir juntos, para no levantar sospechas (aunque el echo de que fueran a todos lados juntos y que pasearan tomados del brazo no ayudaba en absoluto)

-- Falta muy poco para el baile y no tengo con quien ir. – Se quejó Harry. Él, Ron, Draco y Theodore se encontraban en la biblioteca, esperando a Hermione y Pansy.

-- Dímelo a mi, no se a quien rayos invitar, no quiero tener nada que ver con nadie, perro tampoco quiero quedar como un perdedor.

-- Pensé que irías con Hermione. – Dijo un poco sorprendido Ron. – Ya sabes, ustedes…

Draco levantó una ceja temiendo que él supiera algo que no debía.

-- ¿Si?

-- Ustedes son muy unidos, creí que lo resolverían yendo juntos, ya sabes Hermione no es de ir a fiestas.

--No lo sé, no se me había ocurrido. – Mintió. Por supuesto que mintió, estaba deseoso de llevarla al baile pero por causas de fuerza mayor no podían permitírselo.

-- En fin yo ya tengo pareja. – Sonrió Ron despreocupado.

-¿Qué? –Replicaron Harry y Draco al mismo tiempo.

-- Pero… ¿quién esta tan loca para aceparlo? – Soltó el rubio.

-- Yo. – Dijo Pansy enfurecida, azotando la mesa con un libro acababa de llegar junto con Hermione y Ginny Weasley. -- ¿algún problema?

-- No… no. –Respondió asustado.

En realidad Ron no había invitado a Pansy al baile, fue ella quien lo hizo, y no fue exactamente una invitación. El pelirrojo se encontraba caminando un día saliendo del gran comedor, cuando ella le impidió el paso y dijo:

-- ¡Oye tú! ¿tienes con quien ir al baile?

--¿Yo? –Contestó señalándose a si mismo.

--Si tu, ¿quién mas Weasley?

-- Bueno… no aún. – Se encogió de hombros. Ella sonrió.

--Bueno pues ya tienes pareja, llevaré un vestido negro así que sugiero que lleves algo igual. – Dicho esto se alejó.

--¿Qué? – Esta vez fue Theo quien replicó, Draco casi había olvidado que estaba ahí. – ¿Entonces con quien voy a ir yo? – Preguntó confundido.

-- No lo sé Theodore invita a alguien. –Respondió la morena.

--¿A quién? Sabes que no me agradan los demás. –Y era cierto, apenas y hablaba con otras personas y eso gracias a Pansy y Draco, si no fuera por ellos habría pasado desapercibido durante toda su estancia en el colegio. -- ¿quieres ir conmigo al baile Hermione? –Preguntó en un intento desesperado.

-- Lo siento Theodore, pero alguien ya lo hizo. – Contestó riendo.

--¿quién? – Preguntó abruptamente Draco, tratando en vano de sonar lo mas natural posible.

-- Nadie importante. –Contestó.

-- Pues a mi me gustaría ir. – Comentó Ginny. – Pero no puedo a menos que alguien me invite. – Theo estaba a punto de invitarla, pero Harry se le adelantó.

-- Perfecto ven conmigo entonces.

--¡Claro!

-- Entonces supongo que no invitaré a nadie. – Musitó Nott mientras sus amigos reían.

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El cielo brillaba esplendoroso, pese a que fuera invierno y estuviera nevando muchos alumnos tanto de Hogwarts como de las otras dos escuelas salían a pasear cerca del lago congelado, y uno de ellos era Luna Lovegood. La chica caminaba cerca de los árboles, tratando de encontrar algún Thestral para alimentarlo cuando vio a unos niños de primer año jugando en la nieve.

-- ¡Luna! – Gritaron emocionados.

--Ven con nosotros. –Le gritó Dennis Creevey. Parecía inmaduro, pero la mayoría del tiempo que pasaba acompañada de alguien lo hacía con alumnos menores, ya que por lo general los otros no la comprendían ni se mostraban amables con ella, salvo Ginny y sus amigos o Cho Chang.

No tardó en aceptar la propuesta, se agachó y tomó entre sus manos un poco de nieve que arrojó a la cara del niño, y este respondió lanzándole otra, espontáneamente se creó un bando de niñas contra uno de niños, que al parecer estaba ganando.

Luna entonces tomó un buen montón de nieve y después de darle la forma adecuada lo lanzó con tal fuerza que fue a impactar en el rostro de un estudiante de cuarto grado tumbándolo en el suelo blanco. Acto seguido los niños salieron corriendo temerosos al ver que era de Slytherin.

--Lo siento, lo siento, lo siento. – Dijo la rubia hincándose junto a él y tratando de quitarle la nieve del rostro. Theodore Nott estaba furioso no veía nada bajo toda esa nieve, cuando por fin abrió los ojos pudo ver una imagen muy similar a la que vio cuando estaba observando el carruaje de Beauxbatons llegar, era la misma chica que cayó sobre él aquel día.

-- ¡Tu! – Dijo sentándose para recuperar el aliento. – Tu otra vez.

-- ¡Eres tu! – A diferencia de Theo Luna parecía bastante feliz de verlo. – Me da gusto verte otra vez.

-- Es una lástima que no pueda decir lo mismo. –Exclamó quitándose la nieve de la ropa.

-- Lo siento, no fue mi intención arrojarte esa bola de nieve. –Theo se relajó.

-- Si, lo se. Discúlpame.

-- ¿Qué haces por aquí?

-- Camino por aquí a menudo. – Contestó Theodore poniéndose de pie y tendiéndole la mano para que ella también pudiera hacerlo.

-- Pues, es un lindo lugar si quieres buscar escarbatos, o thestrals, incluso algunos unicornios. – Comentó la chica aceptando su ayuda.

--En realidad buscaba plantas medicinales, pero lo tendré en mente, gracias. – Mintió inclinando la cabeza educadamente para para despedirse, cuando se dio la vuelta la chica lo interrumpió.

-- Espera.

-- ¿Si? – El moreno se giró.

– No se cual es tu nombre. – Era cierto, había tropezado con ella dos veces y ni si quiera sabía como se llamaba, sabía que era de Ravenclaw y una que otra vez oyó que la llamaban lunática.

-- Mi nombre es Theodore Nott. – Le dijo. -- ¿cuál es el tuyo?

--Soy Luna, Luna Lovegood. – Dijo sonriente.

-- Un placer. –Dijo volviendo a su camino finalmente.

-- Igualmente Theodore Nott. – Dijo tan bajo que él no pudo escucharla. Estaba tan distraída por aquel encuentro que no notó la dirección que el chico había tomado, el bosque prohibido.

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-- ¿Entonces?

--Entonces ¿qué? – Draco y Hermione se encontraban "estudiando" bajo un árbol cerca de la cabaña de Hagrid. Ella estaba con la espalda apoyada en el tronco, y él se había recostado poniendo la cabeza en su regazo.

--Ya, dime quien te invitó al baile. –

-- ¿Para qué quieres que te lo diga? No creo que tenga relevancia. –Contestó pasando las hojas de su libro de transformaciones. – Acepté porque fue el primero que me invitó, y no planeo tener nada que ver con él así que ¿qué mas da?

--Bueno si no tiene relevancia no tienes problemas en decírmelo. – Hermione soltó un suspiro.

-- Esta bien. Voy a ir con Viktor Krum. – Justo en ese momento Draco podría jurar que escuchó el sonido de un vaso rompiéndose. ¿estaba loco? ¿o escuchó bien? Hermione Granger su amor platónico desde primer grado y su ahora novia iría al baile con el jugador de Quidditch profesional y campeón de Durmstrang. No podía competir contra eso.

-- ¿Qué? – Dijo secamente. Sentándose para aclarar su cabeza.

-- Él me invitó ayer y como dijiste que fuéramos con otros para no levantar sospechas no iba a desaprovechar la oportunidad.

-- ¿Estas hablando en serio?

-- Por supuesto que hablo enserio. –Respondió ofendida poniéndose de pie y cruzándose de brazos, Draco la imitó. – No tengo motivos para mentir.

--¿Te has vuelto loca? ¿cómo se te ocurre ir al baile con él? – Se estaba poniendo bastante alterado, la cara se le puso roja del coraje, y sus ojos grises adquirieron un tono profundo.

--¿Acaso estás molesto? – Apuntó Hermione con una sonrisita burlona.

-- Pero claro que estoy molesto, ,¿no entiendes que el te invitó por algo?

-- ¡Ya te dije que no quiero tener nada que ver con él! Además tu fuiste el de la idea, dijiste que…

-- ¡Si que fueras con alguien como Neville o Ron pero no te dije que fueras con maldito Viktor Krum!.

--Por Dios Draco cálmate, el baile solo es para hacer amigos.

-- Creo que el pretende mas que una amistad. – Espetó. Hermione soltó una especie de bramido y se fue molesta hacia el castillo. Draco la observó alejarse todavía furioso.

-- Muy bien Hermione, quieres jugar, entonces yo también lo haré.

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Maldita sea. A quien quería engañar, su pequeña venganza le estaba saliendo del asco. Draco estaba frustrado, había jurado vengarse de la elección de Hermione al dejarse invitar por el tonto musculoso de Krum. El plan sonaba perfecto en su mente cuando discutió con ella esa tarde, invitaría a la chica mas hermosa de la escuela (la segunda según él) y haría que Granger se muriera de celos en pleno baile. Pero no estaba funcionando, antes de enterarse de aquello, había pensado seriamente en ir solo, al fin y al cabo Theodore también lo haría, por lo tanto no invitó a nadie. Así que cuando quiso ejecutar su plan se dio cuenta de que todas las chicas con las que podría funcionar ya tenían pareja.

-- Demonios. – Susurró después de que una chica de Hufflepuff lo rechazó en los jardines.

-- Vaya debes estar desesperado. – Ginny Weasley lo miraba con la espalda apoyada en un árbol y los brazos cruzados.

-- Claro que no. – Trató de parecer ofendido. – Me da igual si voy o no acompañado.

--¿De verdad? – Sonrió acercándose a él. – ¿Entonces tampoco te importa que Hermione vaya a ir con Viktor?

-- En lo absoluto. – La pelirroja a duras penas aguantó la risa.

-- Por favor Draco, ¿cuántos años crees que tengo? Podrán engañar a Harry y a mi hermano pero los demás nos damos perfectamente cuenta de que ustedes dos se ven a escondidas.

-- Hermione… y yo no tenemos nada. – Declaró con la cara crispada.

--Bueno, iba a decirte que tengo una amiga que puede acompañarte al baile.

--No quiero ninguna cita con una niñita…

--Oh, te aseguro que ella no estará interesada en ti, solo quiere ir al baile, créeme, eres demasiado aburrido para ella. Si quieres darle celos a Hermione… -- El Gryffindor pareció pensárselo.

--Y ella… ¿es bonita?

-- Hermosa. – Dijo exagerando la palabra.

--Esta bien. – Dijo al fin. –Pero si quiero que le dejes en claro que no será una cita.

-- ¡Descuida se lo diré! Yo pasaré por ella y los veremos a ti y a Harry en el baile ¿De acuerdo?

-- Como quieras.

-- ¡Fantástico! ¡Gracias Draco! – Dijo alejándose. ¿Gracias? ¿por qué rayos le agradecería si era ella la que le estaba haciendo el favor? Eso no le gustaba pata nada.

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El vestíbulo estaba abarrotado de estudiantes que se arremolinaban en espera de que dieran las ocho en punto, hora a la que se abrirían las puertas del Gran Comedor. Los que habían quedado con parejas pertenecientes a diferentes casas las buscaban entre la multitud. Harry, Draco y Ron esperaban a sus compañeras nerviosos, Harry no sabía bailar pero estaba obligado a hacerlo debido a que era uno de los campeones, Draco no conocía a su pareja pero esperaba que su plan saliera como lo planeó, y Ron estaba nervioso, esperando a Pansy vestido con el traje que ella misma consiguió. No tardó en unírseles Theodore que llevaba un traje negro de tres piezas, que lo hacían ver bastante elegante.

-- Hola. –Saludó casualmente, viendo la cara de sus amigos. – Suerte que vine solo. – Rio.

-- Aquí viene Pansy. – Comentó Draco. La morena bajaba las escaleras con un hermoso vestido negro, Ron no pudo evitar abrir la boca impresionado.

--Aquí estas Ron, vamos. –Le dijo tomándolo del brazo, ambos se dirigieron a la entrada del gran comedor.

--Bueno supongo que yo también entraré, los veo allá. –Dijo Theodore caminando con las manos en los bolsillos. Sólo quedaban Draco y Harry.

-- ¿Dónde rayos están? – Preguntó el rubio que empezaba a perder la paciencia.

--Espero que no te confíes demasiado. –Le dijo Harry. – Conozco a Ginny y estoy seguro de que ella no juega limpio.

-- ¿A qué te refieres? –

-- A que creo que te llevarás una gran sorpresa. –Le contestó apuntando con su índice a una dirección en concreta, Ginny venía caminando desde la sala común de Ravenclaw, y junto a ella estaba una chica mas bajita con cabello rubio y mirada distraída. Draco pronto la reconoció, era lunática Lovegood. Oh No

Se llevó una mano a la frente, ¿cómo pudo ser tan tonto y confiar en ella? Demonios.

--Hola Harry. – Saludó Ginny caminando emocionada. Su vestido color rosa pastel resaltaba el color de su cabello y Harry por primera vez se sintió realmente atraído hacia ella.

-- Hola. – Dijo sonriente. – Debemos esperar aquí para entrar con los demás.

--Esta bien, Draco ella es mi amiga Luna. – el chico fingía estar distraído no quería ver su realidad. --¡Draco!

--Oh lo siento… Hola, mucho gusto. –Dijo viéndola al fin. La chica llevaba un vestido azul de encaje que el rubio creyó era demasiado esponjoso.

-- no te preocupes Draco, solo quiero ver el baile. – Anunció Luna.-- dicen que las hadas salen a bailar durante la noche y la música las atrae.

-- Bueno…-- Pero el chico fue interrumpido por un codazo que le propinó Harry.

Este levantó la vista hacia donde su amigo la tenía, y ahí estaba Hermione Granger caminaba junto a Viktor Krum, este parecía embelesado, pero ella no lo miraba a él, miraba a Draco y él a ella. Por un instante parecía que nadie mas existía en esa habitación además de ellos dos.

Hermione llevaba un vestido color azul con holanes hermosos, sus rizos caían sobre sus hombros, Draco estuvo a punto de quitar a todos de en medio ir hasta donde estaba ella y besarla, sin importarle lo que los demás dijeran, sin importar lo que su padre opinara. Pero claro no era lo suficientemente valiente como para hacerlo.

Llegó la hora de entrar al gran comedor, Draco y Ron estaban adentro con sus respectivas parejas y con Theodore. La voz del profesor Dumbledore anunció la entrada de los cuatro campeones. Todos se apartaron de la entrada, para dar paso a los recién llegados.

Fleur entró orgullosa con su acompañante, un chico del cual Draco no recordaba su nombre, después Cedric con Cho Chang, pobre Harry pensó el rubio, la tercer pareja era justamente el moreno con la hermana de Ron, y al parecer ya no se mostraba tan dolido por el rechazó de la Ravenclaw.

Por último estaba Viktor Krum al lado de Hermione, su Hermione la tomaba del brazo y lucía realmente feliz a su lado, y la reacción de Draco lejos de sentirse tranquilo y seguro de su posición al ver la mirada casi indiferente que le daba la castaña a Krum fue de enojo, enojo y celos de que otro que no fuera él pudiera verla de esa manera, que pudiera estar públicamente interesado en ella. Porque tenía que aceptarlo, él no podía ofrecerle eso a Hermione, si su padre se enteraba la expondría a un peligro inminente, lo sabía perfectamente, estaba seguro de que su madre lo aceptaría pero Lucius era capaz de hacer cosas horribles.

Los cuatro campeones de posicionaron en la pista y abrieron el baile con el vals de navidad. Harry y Ginny bailaban desacompasados, por culpa del moreno, Fleur y su pareja bailaban elegantemente sin esfuerzo alguno, se notaba que Cedric había ensayado mucho para ese momento, y Hermione lucía tan hermosa como siempre.

Los profesores comenzaron a unírseles y poco a poco los estudiantes también, Draco optó por sentarse en una mesa junto con Ron, Pansy, Luna y Theodore, al fin y al cabo su pareja estaba tan poco interesada en bailar y igual que él.

-- Quiero bailar. –Ordenó Pansy tomando al pelirrojo de la mano y llevándolo al centro de la pista.

-- Bueno supongo que quedamos nosotros. –dijo Theo.

Draco no respondió. No quitaba ojo a Hermione y a Krum, que bailaban cerca de ellos, ahora ya no sabía si lo que hacía era por pura cortesía o si en verdad se había olvidado de él, los celos lo cegaron por completo. Luna estaba sentada junto a él, moviendo sus pies al compás de la música. De vez en cuando le dirigía una mirada curiosa a Draco, que no le hacía el menor caso, pero a ella tampoco le importaba.

Hermione se acercó y se sentó en una silla junto a él. Estaba un poco sofocada por bailar.

—Hola — Saludó a Draco. Él no dijo nada.

—Hace calor, ¿no? —comentó Hermione abanicándose con la mano. — Viktor acaba de ir por bebidas.

—¿Viktor? —dijo con furia contenida—. ¿Todavía no te ha pedido que lo llames «Vicky»?

Hermione lo miró sorprendida.

—¿Qué te pasa? —le preguntó.

—Si no lo sabes, no te lo voy a explicar —replicó el rubio mordazmente.

Hermione interrogó con la mirada a Theodore, que se encogió de hombros.

—¿Qué? – Ella se puso de pie al igual que él.

-- Tú, tú estás... — Draco estaba obviamente buscando palabras lo bastante fuertes para describir el crimen de Hermione— ¡estas coqueteando en él! –Gritó al fin sin importarle que los demás escucharan. --¿Cómo puedes estar haciendo eso frente a mí?

Hermione se quedó boquiabierta.

—¡No seas idiota! —contestó al cabo—. ¡Yo jamás haría eso y lo sabes!

-- ¡Si, pero él obviamente si! – Decía moviendo exageradamente las manos. Ahora medio salón los veía. – Yo cumplí mi palabra, vine con una chica que no esta interesada en mi ni yo en ella. –Si claro, ahora ignoraba por completo el plan que tenía al principio, que después de todo le había funcionado de una manera u otra.

--Pero Draco… yo.

-- No pensaste en lo celoso que estaría si venías con él, inclusive no te importó que me enojara cuando me lo dijiste…

-- ¡Lo siento!—Lo interrumpió. --¿Esta bien? Lo lamento. Yo sólo… -- Pero no alcanzó a decir nada. Draco había acunado su rostro y la besó, con tal devoción que Hermione se perdió en él. Acarició su rubio cabello y al separarse vio como le sonreía.

--Perdón, fui un tonto.

--Eres un Gryffindor Draco Malfoy, siempre serás un tonto. – Se escucharon aplausos y vítores de todos los que veían la escena. Ambos pasaron toda la noche bailando, se habían olvidado de Viktor y de los celos, solo existían ellos dos. Ahora toda la escuela sabía de su romance, pero eso no le importaba mas, ya no.

Harry también bailaba feliz con Ginny, jamás hubiera imaginado que una chica fuera tan hermosa e inteligente como ella, y estaba contento de haberla invitado al baile, aunque fuera para no ir solo.

Pansy y Ron también se encontraban bailando, él la tomaba de la cintura y le daba vueltas mientras reían.

Al fondo, en la entrada del gran salón se encontraba Theodore Nott, con las manos en los bolsillos mirando la escena con cierta melancolía en sus ojos.

-- Bueno, supongo que eso me deja fuera del juego. – Dijo derrotado. Suspiró. – Espero que seas feliz Pansy. – Susurró. Retrocediendo sin dejar de ver la escena.

Se dio la vuelta para dirigirse a su sala común, salió del castillo y caminó por el exterior mirando el jardín. Sentada en una de las fuentes se encontraba Luna, mirando las estrellas con su abrigo color azul cubriendo su vestido.

-- Hola Theodore Nott. – Saludó alegre sin dejar de ver el cielo cuando él se acercó.

-- Hola Luna, ¿qué haces aquí? – Preguntó sentándose junto a ella.

--Es una linda noche. – Respondió. – Draco esta con Hermione y no me molesta pero, no quería regresar a mi sala común tan pronto, nunca tengo oportunidad de estar aquí en la noche, y quería ver a los nargles bailar con las hadas.

La música proveniente del castillo se escuchaba tenuemente, Luna seguía moviendo sus pies. Theodore se puso de pie y le tendió la mano. Ella la aceptó y ahí entre las luces de las luciérnagas y los nargles comenzaron a bailar. Al igual que Ron el también la tomó de la cintura y dieron vueltas en el aire. Luna no podía estar mas feliz, era la primera vez que un chico la invitaba a bailar.

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Les gustó el cap??? que creen que va a pasar ahora que Draco y Hermione han echo "público" lo suyo??? esperaban la reacción de Draco celoso??? y la de Theo??? en lo personal debo decir que me encantan las personalidadds de Theo y Pansy.

Por favor diganme que les parece en los comentarios hasta la próxima!!!