AMARTE DE TURNO

CAPITULO # 10

Por: Tatita Andrew

Después de bailar con Annie, Albert se mantuvo todo el tiempo a su lado. Y ella se sintió culpable por pensar mal de él.

Después de todo, en el tiempo que estuvieron separados los dos salían constantemente en eventos en los periódicos todos murmuraba que se iban a casar, y a lo mejor habría sido así si por cosas de la vida ellos habían ido a cenar al mismo restaurante en donde estaba cenando Albert con sus padres y los de esta.

Por eso se notaba tanta confianza entre ambos, se reían y se miraban con aprecio, ella no tenía que sentirse celosa pero lo estaba, incluso la misma Annie debería estar odiándola en aquel momento, por haberse llevado su oportunidad, pero ni siquiera eso podía tener en su contra, es que era tan perfecta que hasta se había acercado a saludarla durante la fiesta con una sonrisa, tal vez solo era una buena actriz, porque en cuanto saludo a Albert, se lanzó a sus brazos este le dijo algo en el oído y ella estaba realmente feliz.

Habían pasado semanas, desde que había nacido el pequeño Williams y Albert ni siquiera quería sacar a colación el tema de Annie, por más que ella había tratado de preguntarle. ¿Qué tipo de relación llevaban? Como se había tomado lo de su boda, y ella había optado por no preguntarle nada más.

Sin embargo al estar en su boda, no se estaba sintiendo cómoda, ya la familia de Albert al parecer también la adoraban a Annie, y ella en el fondo se ponía a pensar si ellos no hubieran preferido que él se casará con alguien de su mismo nivel social, elegante y sofisticada nada de eso era ella, y a pesar de que se veía hermosa en su vestido se sentía inferior en todos los aspectos, y se ponía a preguntar ¿sino se hubiera quedado embarazada en estos momentos Albert tal vez ya estuviera casado con otra mujer?

Mientras estaba en los brazos de su esposo se recordaba así misma. debo de dar gracias por lo que tengo y por un momento se dejo llevar por el amor que le tenía y olvidarse de todo.

Después de un rato se alejo un poco del bullicio intentando serenarse y mostrase feliz.

Cuando escucho una voz a su espalda. Era su mejor amiga Dorothy.

-Basta ya Candy. No te tortures. ¿Por qué te estas comportando así? ¿No ves que Albert empieza a notar tu raro comportamiento?

-No lo sé.

-No hagas ninguna tontería, si hubiera estado enamorado de ella no se habría casado contigo.

-Solo lo hizo por que me quede embarazada. ¿Acaso no has visto como toda la familia de Albert la halaga y le lanza flores?

-En primer lugar no hay ningún hijo en el mundo que haga casar a un hombre que así no lo desee, por mucho que quiera ser padre, y en segundo sí se nota que le tienen aprecio, pero eso no quiere decir nada, he escuchado como todos hablan de lo hermosa que te ves y lo feliz que están por haberles dado un nieto. Ya deja de ver fantasmas donde no los hay.

-Gracias amiga. Te quiero.

-Y yo a ti, por eso me duele tanto verte preocupar por tonterías.

Cuando se dirigía de nuevo hacia la fiesta Albert salió a su encuentro.

-¿Te encuentras bien? Te he notado un poco rara.

Lo tomo de la mano para ir a bailar.

-Perfectamente, solo que todo esto es nuevo para mi.

Albert la beso en los labios.

-No te preocupes yo también me siento igual que tu, no todos los días uno se casa.

En ese mismo momento decidió dejar de pensar en la ex novia de Albert, ella era el pasado, ahora ella era su esposa, por lo que no volvería tocar ese tema nunca más, lo único que iba a conseguir con aquello es que Albert se molestara mucho por sus dudas.

Después de despedirse de los invitados salieron de luna de miel, a Paris, no podía ser perfecto la ciudad más romántica del mundo.

Allá Albert tenía una enorme casa, y con ella varias niñeras que la ayudarían en el cuidado del pequeño Williams, era demasiado pequeño para estar alejado mucho tiempo, pero con la ayuda extra se podrían dedicar de lleno a disfrutar de su luna de miel.

Al llegar entregaron al pequeño a una niñera y lo llevaron a una habitación adecuada para él.

Al mirar la casa desde donde se podía apreciar la torre effielt no pudo dejar de sentirse feliz.

-Es hermoso.

-Me alegro que te guste, pretendo quedarme todo el tiempo que tu quieras.

Ella se volteó a mirarlo.

-¿De verás?

-Porque crees que he estado trabajando como un loco todas estas semanas.

-Ojala me lo hubieras dicho, te veía tan estresado y preocupado.

El se acercó y le rozo los labios con los suyos.

-¿Has traído a otras mujeres aquí? Se llevo las manos a la boca. ¿No entendía porque había preguntado eso? Pensó que todas sus dudas habían quedado atrás, pero la duda de los celos siempre es traicionera.

-No, le dio otro beso en los labios- No tienes de que preocuparte.

-¿Y a Annie? Tenía que saberlo y allí quedaría olvidado todo.

-Sí, ella si ha estado aquí.

Lo dijo tan natural sin mostrar ninguna expresión en la cara, que ella se arrepintió de haber lanzado esa pregunta.

-Lo siento, no se… porque te hice esa pregunta.

-Candy, la única mujer que estoy encantado de tenerla en estos momentos es a mi esposa, y esa eres tú.

La beso con intensidad y ella se dejo llevar, lo tomo por el cuello y el beso se hizo más profundo cada vez mas intenso. Albert gruño y dijo contra su boca.

-No puedo esperar, más, he deseado quitarte este vestido toda la noche.

La tomo en brazos y la llevo por una enorme escalera hasta una suite enorme en donde había una cama que ocupaba casi la mitad del cuarto, con sabanas de seda roja, listas para la seducción y claro que quería sentirse seducida, amarlo todas las noches, hacerle entender que ella lo amaba.

Entonces la deposito en la cama y el se acostó encima de ella, la volvió a besar con urgencia, y hacía tanto tiempo que no la tocaba que ella estaba muy excitada, pero de pronto empezó a preguntarse si se habría acostado con Annie en aquella misma cama.

Quiso desterrar los pensamientos de su cabeza, lo siguió besando con pasión quería que su cabeza dejara de pensar en imágenes de Albert y la morena haciendo el amor.

Llego un momento que no pudo soportarlo más. Empujo a Albert con fuerza y se paro rápidamente.

-Lo siento, pero no puedo. Acostarme contigo.

El se levantó frío como el hielo se quedo observándola con mucha furia y apretando los puños con fuerza se volvió a abotonar los primeros botones de la camisa que ella misma había desabrochado.

-Como quieras, allá tú.

Salió de la habitación tirando la puerta con fuerza. Cuando se quedo sola se arrodillo en el suelo a llorar.

¿Por qué tenía que sentirse tan insegura? Se sentía fatal por ello.

¿Qué diablos le había ocurrido? Ella no era así, era su noche de boda por Dios santos y no quería pasarla sola. Ahora supo que tal vez había arruinado su matrimonio la misma noche en que este empezaba.

Pasaros varios días, y Candy ni siquiera podía disfrutar de la belleza de ese país. Estaba en una de las ciudades mas bellas del mundo, pero se hallaba triste.

-Lo he hecho, mi pequeño le hablaba a su hijo mientras besaba sus cabellos.

Apenas se hablaban desde aquella noche que se había dejado llevar por esos locos celos, Albert ahora dormía en la habitación de huéspedes.

Apenas la miraba pasaba la mayor parte del tiempo en el estudio y las pocas veces que se tocaban o rozaba, era cuando tenía que pasar al niño de un brazo a otro. El resto del tiempo se comportaba con ella como si tuviera la misma peste.

Aparte de eso, habían disfrutado, salido paseado, conociendo todos los hermosos lugares, era un buen acompañante, no había que negarlo, pero la trataba como a una amiga, menos que a una amiga, como a una cosa molesta con la que tenía que lidiar.

Se preguntaba y estaba furiosa a la vez porque Albert no sacaba el tema a la luz, quería que le reclamara que hablaran de porque se había comportado como una loca.

Se mostraba educado, distante frío, serio, y en las noches el se marchaba después de acostar al pequeño Williams y otro día más comenzaba.

-Como te iba diciendo, arruine las cosas con tu padre, y además el tonto ni siquiera se da cuenta que quiero pedirle perdón. Es tan lento.

Se había mostrado coqueta, le había lanzado miradas seductoras, y hasta se había vestido sexy disimulando andar por allí paseando por la casa en paños menores, pero el hacía como que no notaba nada, incluso a veces rozaba intencionadamente su brazo o alguna otra parte de su cuerpo pero este ni por enterado, se dijo que debía tomar cartas en el asunto era hora de mostrarse mas sincera, decida y agresiva, y si la montaña no va a mahoma ella iría a la montaña de una vez por todas.

E iba a ser lo mas sincera posible.

Solo rogaba que no fuera demasiado tarde, y no haber arruinado su matrimonio para siempre.

CONTINUARÁ….

UN NUEVO CAPITULO CHICAS LUNES NOOOOOOOO JA JA …