De Cómo Alleyne perdió la Virginidad Luego de Mil Años
Eso es paciencia y no tonterías...
Omake del Capítulo ocho.
Advertencia: Un Lemmon
Después de una refrescante ducha en la catarata y de haber golpeado al punto de casi matar a Aníbal, Christopher se sentía algo nervioso; si bien estar con una mujer no le era algo ajeno, ésta vez se trataba de Alleyne, la cual sin importar la edad seguía siendo una chica virgen y todo lo que eso conllevaba...
De donde él venía tal cosa como el concepto de mujer virgen no existía, o si existía nadie hablaba al respecto con tanta importancia, los únicos en conocer algo parecido eran los nobles.
Aún viniendo de una familia cercana a la realeza demoniaca, o el equivalente, a Christopher nunca le había interesado preocuparse por eso, y no recordaba haberlo hecho jamás con una virgen.
Por las historias que un día le había contado su padre se debía ser atento y tierno, aunque eso viniendo de un demonio sonaba raro, despertando la duda de dónde obtuvo tal experiencia. Sabiendo que esto ya era mucha información, Christopher decidió dejar de escarbar en su memoria, intentaría seguir con lo que vendría de la mejor forma posible.
Realmente, el mundo humano estaba lleno de situaciones a las cuales el no estaba acostumbrado. Tanto su nuevo compañero de viaje junto con la angelita se estaban asegurando de que fuera lo mas tedioso y embarazoso posible... realmente hacía a uno preguntar si esto valía la pena.
Alleyne por su parte, ya estaba preparada para las actividades nocturnas; si bien ella estaba hecha un manojo de nervios afrontaría esto dignamente. El demonio había ganado el combate justa y limpiamente, demostrando que la convicción que ella tenia estaba mal.
Alleyne ya había estado contemplando desde algún tiempo dejar una sucesora como guardiana del pueblo: después de saldar la deuda con el demonio tenía en mente tomar a Nowa en el ultimo viaje que realizarían juntas. Le daría su ultima lección como maestra y entonces le dejaría ir para que hiciera lo que creyera correcto, esto entristecía a Alleyne pero a la ves la enorgullecía.
Volviendo al tema principal, Alleyne estaba nerviosa porque a su edad todavía no había conocido lo que era un hombre: Tal vez cuando era más joven había contemplado una relación o algo parecido: prefiriendo guardar su titulo y concentrada en su entrenamiento lo había dejado en el olvido. Parecería que el mundo tenía interesantes maneras de retribuir su falta de experiencia en lo que relaciones concierne.
Aún así, Alleyne era una guerrera honorable por sobre todo y pagaría la deuda sin importar cuan nerviosa o incómoda la ponía su primera noche con otra persona.
A medianoche, hora de la cita, Christopher se encontraba en la entrada del hogar de la elfa, y no podía evitar estar nervioso; sólo esperaba no arruinar esta experiencia para Alleyne, ofenderla o asustarla. Guardaba admiración por la tomando aire, entró a la casa.
-¿Señorita Alleyne?
-Estoy en mi habitación, entra por favor.
La elfa se oía tan distante como de costumbre, lo que acrecentó un poco la incomodidad del demonio.
-De acuerdo...- preguntándose si realmente sabía lo que estaba haciendo.
Dando algunos pasos entró en la habitación de la elfa, y lo que vio lo dejó sin palabras durante algunos minutos. Sobre la suave cama, estaba una bellísima elfa, luciendo mucho más su hermosura; de hermoso cabello largo, con un inocente sonrojo en el rostro inmaculado donde dos orbes de un hermoso cobalto claro lo miraban con un poco de temor y nerviosismo.
Alleyne se abrazaba a sí misma resaltando aquel cuerpo con curvas bien pronunciadas, en los lugares correctos, y cubierta con lo que parecía ropa interior echa totalmente de hojas que tapaban las partes esenciales, típicamente élfica. Estaba iluminada por un par de velas instalados en la habitación.
Al ver esto Christopher obviamente comenzó a sentir cierto calor; por alguna razón los pantalones se sentían algo más ajustados en la región media.
Si ya la elfa estaba nerviosa, cuando el demonio apareció frente a ella su sonrojo creció y no le era posible mirarlo a la cara, se sentía desprotegida ante el demonio. Era un ser absolutamente atractivo, con ese cuerpo tan torneado, y adornado con los trofeos de batallas que Christopher habría peleado en el pasado, si había una manera de describir la situación para Alleyne sería como el primer día de entrenamiento.
Tomando coraje elevó el rostro y lo miró dándose tiempo a ver mejor el rostro de quien sería su primer hombre: su rostro era joven, si fueran humanos, él tal vez sería dos o tres años mayor que ella, tenia una mandíbula fuerte, probablemente había recibido varios golpes, y tenía marcas en su rostro: tres cicatrices en forma de colmillos uno debajo del ojo y dos en su mejilla derecha, a diferencia de la otra mitad donde la mayoría lo cubría un vendaje con letras, seguramente algún encantamiento del infierno.
Alleyne en esos momentos se preguntaba qué tipo de herida había sufrido que lo llevara a usar esas vendas; por la apariencia de éstas podía deducir que la había usado por muy largo tiempo.
Se quedaron en silencio unos minutos, tratando de deshacerse de los nervios y la tensión. El demonio no podía despegar la vista de la mujer, fascinado por su belleza y la visible agitación en su pecho.
-Espero que no te moleste que recién ahora lo mencione pero... eres realmente hermosa-
Alleyne se sobresaltó un poco -¡g...gra...gracias!... tú...tú también eres guapo- la elfa ya estaba roja como tomate.
Las mejillas de Christopher se tiñeron levemente de rojo- gracias... s...hum, si así lo deseas puedo irme, no necesitas hacer esto y menos con alguien como yo...-
Alleyne se incorporó y se sentó sobre el borde de la cama- ¡No! Sí necesito hacer esto... no podría vivir conmigo misma si no honrara mi palabra: peleamos un buen combate y te probaste superior a mí, ésta es tu recompensa, sólo me insultarías si no la tomaras, así que por... por favor continua...
Al demonio le agradó la determinación de la elfa. -Alleyne, prometo ser gentil si así lo quieres...
-Te lo agradecería...
El demonio se acercó a la elfa sentándose a su lado, y la atrajo hacia él, notando un ligero temblor en su cuerpo, seguramente por los nervios de lo que iba a suceder. Al observar cómo la mujer se quedaba mirando hacia el suelo, decidió continuar, llevando las manos a la espalda de la elfa y comenzando a acariciarla; por y sobre aquel estorbo de brassier que llevaba puesto. Le distorsionaba la vista del hermoso cuerpo que poseía quien sería su amante esa noche.
Llevó sus manos a la banda de esas inusuales bragas y de ahí suavemente comenzó a ascender por su espalda rozando la tira del sujetador y enviando escalofríos a lo largo de la espalda de Alleyne. Continuó con su paseo por el cuerpo de ella, acariciando su espalda con su dedo índice, subiendo por su hombro, haciéndolo descender de nuevo por su clavícula, pasando por el costado de sus pechos, llegando hasta el ombligo y repitiendo el recorrido, notando como la piel de ella se erizaba. Alzó su mirada y se topó con sus ojos cerrados, mientras la elfa, tomando algo de valor se abrazaba al cuello de Christopher.
El demonio se sintió algo mas calmado al ver que la apertura que tomaba parecía dar resultado y la elfa comenzaba a ganar lentamente confianza; aprovechando esto pasó al siguiente paso, acercándose a su boca lentamente, admirando cada leve reacción en los labios entreabiertos de la elfa.
Tomó sus carnosos labios entre los de él, posando como acto voluntario una mano sobre uno de sus pechos, empezando a acariciarlo sobre las hojas que tenía por ropa interior, logrando que ella suspirara por primera vez; un suspiro de placer.
Mientras Alleyne comenzaba a emitir más de esos hermosos suspiros, que comenzaban a excitarlo mas, Christopher se forzó mentalmente a aguantar, sabía que tenía que ir despacio; necesitaba sentirla cómoda.
Se puso en pie dejando sorprendida a la guardiana del bosque. Retiró sus botas y sus pantalones, quedándose con su ropa interior negra. Para cuando finalizó, se acercó a ella y la llevó más atrás de la cama, ya que hasta ahora habían estado en el filo. Christopher llevó sus manos hasta el nudo del sujetador y lo desató por fin, dejando libres los pechos de ella, los cuales captaron su atención varios segundos.
Alleyne, al ver que el demonio no retiraba la mirada de sus pechos, intentó cubrírselos con su brazo.
-No te avergüences, eres hermosa- susurró Christopher besando el lóbulo de su oreja, mientras retiraba el brazo de ella. Ella dejó que los labios de él lamieran, besaran e incluso mordisquearan sus rosados pezones, ya erectos, a causa de la sensación de placer y de excitación corría lentamente por su cuerpo, al igual que por el del demonio en ese momento.
La elfa paseó tímidamente sus manos por el cuerpo de él, llegando a una zona un tanto sensible que rozó de pasada, logrando que él emitiera un gruñido, ya que su erección era notable.
Llevó sus manos a las bragas y las hizo descender hasta que Alleyne quedó completamente desnuda, a su merced. Retiró sus interiores y sentó a la elfa encima de él; ella pudo sentir como algo realmente caliente palpitaba contra su bajo vientre, haciendo que se removiera nerviosamente, causándole placer al demonio.
-Te lo repito... Eres hermosa...
-g-gracias...- Alleyne comenzaba a olvidarse de su incomodidad inicial, y entrecerró los ojos sintiendo al demonio debajo de ella.
-Iré lento, dime si deseas que pare...
-D-de-de acuerdo... por favor toma lo que por derecho te pertenece...- Alleyne tragó saliva.
-Como usted desee mi bella señorita...-
Susurró cerca de su cuello, mientras la alzaba, tomándola de las caderas, y haciendo que su miembro entrara muy lentamente en su interior. Ella llevó sus manos al cuello de él y lo rodeó, clavando las uñas en su pecho en el momento que su miembro penetró la prueba de su castidad, ya que un sensación placentera y otra de dolor estaban en su cuerpo, recorriéndolo entero.
-¿Estás bien?- preguntó el demonio acariciando su largo cabello, intentando tranquilizarla.
Ella asintió, después de soltar un gran suspiro, y comenzó a moverse ligeramente, sintiendo como su cuerpo reaccionaba ante aquel ser que ahora estaba conectado a ella, Christopher la recostó y se colocó encima de Alleyne, con cautela y paciencia comenzó dándole suaves embestidas; no quería asustarla y mucho menos hacerle más daño del que ya estaba echo.
Continuó con el movimiento, dejando escapar varios gemidos de su boca, igual que ella lo hacía. Abrió levemente su ojo para ver el rostro extasiado de la elfa y viendo esa sensual boca entreabierta, besó los labios de ella, repetidas veces, haciendo que parpadeara y que gimiera aún más, ya que el ritmo de sus embestidas había aumentado un poco.
Esto continuo un buen rato, en algunos momentos realizaba embestidas rápidas y cortas para pasar a un ritmo mas largo y lento, posando su mano en el suave trasero de ella para profundizar el contacto.
Esto a la vez que su otra mano se mantenía constantemente masajeando y acariciando sus senos. Aun si le apetecía probar algunas cosas mas exóticas, prefirió no hacerlo porque, sin importar el placer, ella era o fue una virgen. Además, más allá de eso la elfa era una mujer muy inocente hasta donde Christopher sabía, y sólo hacer esto le bastaba para estar satisfecho.
Había contemplado tomar algo de su energía pero la muy agitada respiración y el sudor de su cuerpo le indicaban que la elfa no debía tener en estos momentos mucha que pudiera usar el demonio, no era el mismo tipo de mujer que Echidna.
Christopher se dijo mentalmente que no importaba; al fin y al cabo estar con esta mujer tan inocente le bastaba. Se preguntó si hacer lo mismo con un ángel sería similar, pensamiento que abandonó mientras una sensación de satisfacción y placer comenzaba a recorrer el cuerpo de ambos.
Aceleró las embestidas, haciendo que todo comenzará a ir más rápido; llegaron al orgasmo. Christopher dejó que de sus labios escapara un grito con el nombre de la elfa, mientras ella gritaba el suyo.
El cuerpo de ambos temblada de puro éxtasis, mientras él se había dejado caer sobre ella y yacía con la cabeza en sus pechos, intentando controlar sus respiraciones. Las piernas de la elfa se encontraban entumecidas, no podía moverlas, no tenía fuerzas para ello.
El demonio se retiró de encima de Alleyne, recostándose a su lado, cubriendo con su ala ahora extendida el cuerpo de ambos; acercó a la elfa, dejándola recostar su cabeza en el pecho de él, entrelazando sus piernas bajo aquella gran ala. La mano de Allyane descansó sobre su pecho, mientras que él rodeaba su cintura con su brazo, manteniendo sus cálidos cuerpos aún más próximos. Besó el nacimiento de sus cabellos rubios, mientras que ella copiaba su movimiento, pero en el pecho.
-¿Lo disfrutaste?- susurró mirando sus azules ojos, y se quedó sorprendido de encontrarse con una mirada muy diferente a la que esperaba. Alleyne lo miraba con esa valentía típica de ella, pese a lo que acababa de suceder.
-Si...- musitó la mujer, que dicho esto sorpresivamente atrapó los labios del demonio, en un beso que sólo significaba una palabra «más»... y luego de una ronda mas ambos quedaron dormidos.
A la mañana siguiente Alleyne abrió los ojos lentamente, notando como la luz del sol matutino se colaba por entre las rendijas de su ventana. Comenzó a reflexionar sobre la noche en compañía de ese demonio. Al notar algo de movimiento a su lado, alejó rápidamente sus pensamientos, llevándose una mano a la cabeza, mientras cubría sus ojos con la otra. No podía creerse que lo había hecho, pero... ¿y si no le había gustado? ¿o su total inexperiencia había de algún modo disgustado a su acompañante... ?
Volteó hacia su costado derecho, para encontrarse con él, que al parecer seguía durmiendo plácidamente, con una sonrisa inconsciente en su rostro. Llevó sus dedos a los mechones traviesos que caían libremente por el rostro y la frente de él; los acarició, haciendo que su mano paseara por su suave rostro, logrando que él se removiera un poco.
Alleyne entrecerró los ojos, preguntándose si nunca lo volvería a ver. Tal idea, que hacía unas horas habría tenido una respuesta totalmente opuesta, la entristecía un poco.
Se volteó, dejándolo descansar, pero, sintió unos brazos cálidos y masculinos rodeando su cintura, mientras que la cabeza de él descansaba en el hueco de su cuello, respirando cerca de su oído.
-Buenos días, ¿Estás bien?- preguntó él besando su mejilla y su cuello, acariciando su rubio cabello.
-Buenos días-saludó ella volteándose de nuevo para quedar frente a él.
-¿Cómo te encuentras?- preguntó Christopher, continuando con sus caricias.
-Me siento relajada, algo adolorida, pero nada preocupante.- Respondió la elfa abrazándose y juntando de nuevo sus cuerpos.
-Ya veo que te gustó.
Mencionó Christopher ocasionando que ella se sonrojara y bajara su rostro. Alleyne seguía un poco sumida en sus propios pensamientos, pero su habitual inocencia seguía apareciendo.
-A mi me encantó.- Añadió el demonio a la altura de su cuello, posicionándose encima del delicado cuerpo de ella.
Mientras Alleyne lo abrazaba en respuesta, con sus delicados brazos rodeándolo, Christopher tuvo un pequeño atisbo de melancolía. ¿Cuando emprendiera su viaje, Alleyne no volvería a estar cerca de él? ¿No volvería a contemplar su rostro jamás?
Lo había disfrutado, eso era seguro. Le había encantado y el pensamiento de ambos se centraba en volver a repetirlo, hasta cansarse uno del otro, algo imposible para ellos en este momento... más tarde pensarían en las consecuencias... y que consecuencias les esperaban.
Fin Del Omake.
