Nota:
¡Hola a todos/as!
He querido comentar éste capítulo por varias razones.
La primera es agradecer a todas las personas que leen, comentan y siguen la historia de Elissa. Sé que avanza muy lentamente ¡Pero todo vale la pena!
La segunda es para decir que en éste capitulo, a parte de nuestros ya conocidos y amados compañeros, aparecen otros personajes relevantes que de momento no tendrán mucha importancia en la historia, ¡Pero a lo mejor más adelante vuelven a parecer!
Gracias de nuevo por vuestro apoyo y espero que disfrutéis tanto como yo de éste fanfic.
Capítulo 10: Lothering II: La monja y el asesino
-Buenos días.
Elissa se desperezó. Morrigan se peinaba frente a un maltrecho espejo que había colgado en la habitación.
-Buenos días, Morrigan – Dijo Elissa bostezando – ¿Dónde está Alistair?
-Ha ido a buscar el desayuno con tu chucho – Contestó la bruja – Después de babear mirándote mientras dormías, claro. Y no me refiero al perro.
Elissa rió.
-Morrigan ¿Estás bien viniendo con nosotros? Es decir, al principio parecías reacia a ello y me preocupa que no te sientas cómoda…
La bruja escrutó a Elissa con la mirada y finalmente volvió a mantener atención a su reflejo en el espejo.
-El idiota de tu amiguito me resulta bastante desagradable y nunca me han gustado los perros – Djio la chica – Pero tú no me caes del todo mal, guarda gris.
La joven sonrió satisfecha. Tratándose de Morrigan, aquello podía interpretarse como un cumplido. Las dos chicas terminaron de vestirse y arreglarse y bajaron a la taberna. A Elissa le dolía todo el cuerpo. Los últimos días había dormido con la armadura puesta y aquello le resultaba bastante incómodo, pero su educación como mujer noble le impedía el dormir en paños menores frente a un hombre.
Al descender por la escalera, oyó unas voces provenientes de la planta baja. Un grupo de hombres uniformados con el escudo de Ferelden gritaban al pobre camarero, que negaba con la cabeza enérgicamente.
-Esos son soldados reales – Susurró Elissa - ¿Crees que los habrá enviado Loghain?
-Es posible, espero que el idiota de tu templario no aparezca ahora y la fastidie como siempre.
-¡Una mujer! – Decía uno de los soldados - ¡Rubia y de ojos verdes! ¡Es una guarda gris acusada de haber matado al rey Cailan!
-Por aquí no ha pasado nadie con esa descripción – Contestó el tabernero – Os equivocáis de pueblo.
El guardia se acercó al mostrador y agarró al hombre por el cuello de la camisa, levantándolo del suelo.
-Espero que no me estés mintiendo, viejo. Porque si no…
-¡Basta! – Una mujer pelirroja vestida con la túnica de la capilla se aproximó a los guardias - ¡Si habéis venido a causar problemas ya podéis marcharos! Aquí en Lothering ya tenemos más de los que nos hacen falta.
El guardia soltó al anciano y se dirigió a la hermana.
-¿Quién te crees que eres para dirigirte a mí de esa manera? – Dijo el hombre con tono amenazante – Una sucia ramera como tú no tiene derecho a darme órdenes. Si defiendes a los guardas grises, compartirás su misma suerte.
Los guardias desenvainaron sus armas, dispuestos a atacar a la mujer.
-¡Vamos Morrigan!
Elissa saltó los peldaños de la escalera, espada en mano, y consiguió detener los ataques de los soldados.
-¡TÚ! – Gritó el hombre - ¡Con que nos habíamos equivocado de pueblo! ¡MATADLA!
Elissa mantuvo la posición de ataque, preparada para la batalla, pero entonces una lluvia de flechas atravesó la taberna e hirió a los enemigos, que cayeron de bruces profiriendo aullidos de dolor.
Elissa se giró y vio, sorprendida, a la hermana de la capilla con un arco en las manos.
-Han aprendido la lección – Dijo sonriente la mujer – Ya podemos dejar de pelear.
-Vuelve con Loghain – Ordenó Elissa dirigiéndose al soldado – Y llévale un mensaje de mi parte: "Los guardas grises sabemos lo que hiciste. Pagarás caro tus pecados".
El guardia gimió y salió cojeando de la taberna, junto a sus compañeros.
-Siento que hayáis tenido que veros envuelta en esto, hermana – Se disculpó Elissa con una reverencia.
-No podía quedarme sentada sin hacer nada – Contestó la joven mujer, risueña.
-¿Que ha ocurrido aquí? – Alistair entró en la taberna, seguido de Roary – Acabo de ver a un grupo de hombres de Loghain salir corriendo…
-Una hermanita de la caridad ha hecho tu trabajo, guarda gris – Dijo Morrigan con un deje de ironía.
-¡¿Cómo?! – Exclamó el muchacho, extrañado.
-Me sorprende que una hermana sepa dominar el arco como vos – Comentó Elissa.
-Algunas de nosotras llevábamos vidas algo… Pintorescas, antes de ingresar en la capilla – La hermana rió divertida – Permitid que me presente: Soy Leliana. Un placer conoceros, guardas grises.
-Soy Elisabeth. El placer es mío, hermana Leliana – Saludó la joven con una reverencia.
-Ahí va la princesita – Susurró Morrigan.
-¿Deseáis acompañarme? Estaba a punto de desayunar cuando entraron aquellos hombres – Dijo la mujer invitándoles a sentarse en una de las mesas de la taberna.
-Estaremos encantados.
Elissa, Alistair y Morrigan se sentaron alrededor de una desvencijada mesa de madera, junto con Leliana. El tabernero les sirvió unos cuencos de avena que devoraron en pocos segundos. Roary se relamía observando el desayuno de su dueña.
-En realidad, quería hablaros de algo – Dijo Leliana – Sé que va a parecer una locura, pero el Hacedor me habló en sueños. Me dijo que debía ir contigo, guarda gris.
-¿Mas dementes? – Suspiró Alistair en voz baja – Creía que ya teníamos el cupo completo.
-Toda ayuda es bienvenida, supongo. Si queréis venir con nosotros, yo no tengo ningún inconveniente – Elissa sonrió mientras observaba, divertida, la cara de horror de sus compañeros.
-Creo que el golpe que recibiste es más grave de lo que madre creía – Comentó Morrigan.
-Una apóstata, una hermana loca… Creo que ya tenemos toda la colección – Suspiró Alistair.
-¡Gracias! – Dijo Leliana dando saltitos de alegría – ¡No te decepcionare!
Tras poner a Leliana al corriente de la situación, los jóvenes comenzaron a discutir su posible destinación. El Arl Eamon de Risco Rojo era una opción bastante atractiva, pero los pueblos que formulaban los tratados también eran puntos importantes que atender.
-Orzammar está a varias semanas de aquí – Dijo Alistair – En cambio, los magos nos vienen de camino, el Círculo de los Hechiceros se encuentra a pocos días de Risco Rojo. Después de hablar con el Arl, podríamos dirigirnos allí.
-¿Y los elfos? – Preguntó Elissa – Tengo entendido que los dalishanos no se encuentran en un lugar estable.
-No, suelen desplazarse de un sitio a otro – Explicó Morrigan - Hay varios clanes por todo Ferelden pero si conseguimos comunicarnos con uno, ellos mismos se encargaran de esparcir la noticia entre los suyos. Por esta época del año suelen encontrarse por el bosque Brecilla. Empecemos a buscar por ahí.
-Entonces, pongámonos en marcha hacia Risco Rojo – Dijo Elissa levantándose.
Sus compañeros la siguieron y todos juntos salieron de la taberna. Avanzaron hacia la salida del pueblo cruzando el puente, cuando de repente una pelota surcó el cielo y colisionó en el rostro de Morrigan.
Fueron unos instantes de tensión muy largos en los que la cara de la bruja comenzó a adquirir un tono carmesí brillante. Elissa y Alistair reían a carcajadas mientras Leliana se tapaba la boca con las manos. Roary jugaba con la pelota que había caído a los pies de la maga.
-¡Carver! – Dijo una muchacha acercándose a ellos y arrastrando a un jovencito que luchaba por escapar - ¡Mira lo que has hecho!
-¡No he sido yo! – Replicó el chico - ¡Ha sido Bethany!
-Me da igual quien haya sido – La voz de Morrigan tenía un deje peligroso – Yo sólo quiero matar a alguien.
-No le hagáis caso – Se apresuró a decir Elissa viendo la cara de horror de los chicos – En realidad está bromeando.
-Lo… Lo sentimos mucho – Se disculpó la muchacha haciendo una reverencia – Es que mis hermanos estaban jugando y…
-¡Fue Bethany!
-Cállate ya, Carver.
El muchacho, irritado, se cruzó de brazos pero no se atrevió a replicar a su hermana mayor.
-No tiene importancia – Dijo Alistair quitándole la pelota a Roary de la boca y devolviéndosela – Además, le habéis dado justo donde le teníais que dar.
-Cierra el pico si no quieres que te congele, templario inútil – Gruñó Morrigan.
-¡¿Templario?!
Elissa observó a la muchacha que miraba con horror a Alistair. ¿Podía ser una apóstata al igual que Morrigan?
-Tranquila, no somos templarios ni nada parecido – Dijo Elissa – Somos guardas grises.
-¡¿Guardas grises?! – Los ojos del muchacho llamado Carver se iluminaron - ¿Los que mataron al rey?
-¡Carver! – Dijo su hermana – Sabes perfectamente que eso no es cierto.
-Tenía que preguntarlo.
-Eres Marian ¿Cierto? – Dijo Leliana.
-Hermana… ¿Se marcha con los guardas grises?
-Sí querida, y vosotros también deberíais huir de Lothering. Los engendros tenebrosos no tardarán en llegar.
La joven miró a su hermano con preocupación.
-Gracias por todo, guardas grises – Dijo Marian – Y lo sentimos mucho.
Carver se despidió agitando la mano enérgicamente y se dejó arrastrar por su hermana hacia el interior del pueblo.
-Leliana – Dijo Elissa reanudando la marcha – ¿Son apóstatas?
-¡Vaya! ¿Cómo lo has adivinado?
-La expresión de la chica al oír que Alistair era un templario ha sido delatadora.
-Pues sí, Marian y su hermana Bethany son apóstatas. Por lo visto provienen de un linaje con sangre mágica. Y siendo tan jóvenes… Marian solo tiene dieciocho años.
-¡Como yo! – Rió Elissa.
-Espera – Morrigan se detuvo repentinamente - ¿Tienes dieciocho años?
-Pues sí – Dijo la joven con un falso deje de enfado - ¿No los aparento?
-Pensaba que teníamos la misma edad – Exlamó Alistair sorprendido.
-¡Que insulto! – Elissa caminó a paso rápido fingiendo estar ofendida - ¡Jamás había oído semejantes blasfemias!
El grupo siguió a la muchacha mientras reían sus bromas cuando de repente se dieron cuenta de que habían llegado a los límites de Lothering. Aquella zona estaba totalmente desierta y desamparada, a excepción de una gran jaula de hierro que estaba situada en medio de la explanada. En el interior de ésta parecía haber alguien. Elissa, ignorando las advertencias de sus compañeros, se acercó al lugar y observó, asombrada, a un hombre de grandes dimensiones que susurraba palabras en un idioma desconocido. No era humano ni de ninguna raza que Elissa conociera personalmente.
-"Shok ebasit hissra. Meraad astaarit, meraad itwasit, aban aqun. Maraas shokra. Anaan esaam Qun"
-¡Hola! – Saludó la joven con la curiosidad propia de un niño.
El desconocido levantó la cabeza lentamente.
-No eres uno de mis captores – Dijo el prisionero con voz grave – No estoy aquí para ser víctima de vuestras humillaciones, humanos. Dejadme en paz.
-Disculpe la pregunta pero ¿Qué es usted?
El hombre la observó con expresión inescrutable.
-Un prisionero – Dijo al fin.
Elissa suspiró, decepcionada.
-Es un qunari – Susurró una voz en su oído.
La joven se giró sorprendida y vio a sus compañeros que le habían seguido, temerosos de que la muchacha pudiese estar en peligro.
-¿Un qunari?
-Los qunari son una raza de hombres y mujeres distinguidos por su gran tamaño corporal, pelo blanco, piel bronceada y sus cuernos – Explicó Leliana.
Elissa miró al prisionero.
-Este no tiene cuernos – Dijo con escepticismo.
-No todos tenemos cuernos – Contestó con irritación el qunari.
-Ejem… - Leliana carraspeó – Aunque ser un qunari no se limita simplemente a la raza. Cualquiera que se aplique a las enseñanzas del Qun, sea humano, elfo o enano, pueden convertirse en qunaris y ser denominados como tal.
-Nunca había conocido a un qunari – Dijo Elissa maravillada – Disculpe mi grosería, señor qunari.
El qunari no respondió.
-¿Por qué estás encerrado? – Preguntó Alistair.
-La capilla me ha puesto aquí.
-¿Y porque te ha puesto ahí?
-Me han condenado por asesinato. Llevo aquí veinte días. No duraré mucho más, una semana a lo sumo.
Elissa y Alistair se miraron sorprendidos.
-¿Por asesinato? – Preguntó la muchacha.
-La reverenda madre me dijo que había asesinado a toda una familia. Incluidos los niños – Explicó Leliana.
-¿Por qué motivo lo hiciste? – Preguntó Elissa.
-Qué más da el motivo – Dijo el qunari – He perdido el derecho a vivir y la sentencia ya está dictada.
-A mi parecer – Morrigan habló entonces – Esta criatura podría sernos útil. Si no, sugiero liberarlo por piedad.
-¿Piedad? – Dijo Alistair con sorpresa – No sabía que esa palabra estuviera en tu vocabulario.
-También sugiero que Alistair ocupe su lugar en la jaula.
-Eso ya es más normal…
Elissa se acercó a la jaula y vio que estaba cerrada con un viejo y oxidado candado. Aquella criatura podría romperlo con suma facilidad pero había aceptado la muerte como expiación de sus pecados. No sabía porque pero no sentía maldad en aquellos ojos rojizos…
-¿Qué te parece si nos acompañas en nuestro viaje? – Preguntó Elissa con entusiasmo.
Todos los presentes, incluido el propio qunari, profirieron un grito ahogado de asombro.
-¿Te estás escuchando? – Dijo Alistair – ¡Es un asesino!
-¿De verdad crees que voy a dejarle aquí para que lo maten los engendros tenebrosos? – Contestó Elissa – No sería mejor de lo que él hizo.
-Humana – Dijo el qunari – No tienes derecho a decidir mi futuro por ti misma.
-Pero sí a darte otras opciones – Dijo Elissa - ¿No prefieres expiar tus pecados luchando contra la Ruina?
-¿La Ruina? ¿A caso eres una guarda gris?
-Lo soy.
-Vaya… Mi pueblo ha oído leyendas sobre la fuerza y habilidad de los guardas grises… Supongo que no todas las historias son ciertas.
-No sé cómo tomarme eso… - Dijo Elissa.
-Como un insulto – Contestó Alistair, divertido – Es un insulto.
-En fin, te propongo que luches a nuestro lado contra la Ruina. Si logramos combatirla, habrás redimido tus pecados. Si no… Tu destino será el mismo que el que te espera en esta jaula.
El qunari se quedó pensativo, valorando las palabras de la joven.
-… Está bien, guarda gris.
-¡Genial! – Exclamó Elissa – Ahora hay que sacarte de ahí. Leliana ¿Podrías hablar con la reverenda madre? Si le dices que los guardas grises se harán cargo del prisionero, quizás la convenzas.
-Lo intentaré. Pero no te prometo nada.
-Enseguida volvemos emmm…
-Sten – Dijo el qunari – Sten del Beresaad, vanguardia de los qunari.
-Muy bien, Sten. Volveremos enseguida.
El grupo retrocedió sobre sus pasos y caminaron a través de Lothering, guiados por Leliana, hasta la capilla. Era un edificio pequeño y ruinoso, rodeado de templarios y refugiados que recitaban el Cantar de la luz. Leliana accedió al lugar seguida por sus compañeros y se adelantó diciendo que debía hablar con la reverenda madre. La capilla estaba abarrotada de gente, tal y como había dicho el templario de la entrada.
-¡No es posible! – Exclamó repentinamente Alistair - ¿Ese es…?
El muchacho se separó de sus compañeras y se dirigió hacia un hombre que centraba toda su atención en uno de los libros de la capilla. Llevaba una lujosa armadura con un escudo que Elissa no llegó a reconocer.
-¡Ser Donall! – Gritó Alistair.
-¿Alistair? ¿Eres tú? – Dijo el hombre al ver al muchacho - ¡Por el Hacedor! Te daba por muerto.
-Aún no. Aunque no es gracias al teyrn Loghain.
-Ese maldito – Susurró Ser Donall – He oído que va a coronarse rey. Y el cadáver de Cailan aún no se ha enfriado.
-¿Rey? – Elissa se acercó a ellos – Loghain no tiene derecho legítimo al trono. ¿El rey Cailan no tuvo descendencia?
-Ninguna que sepamos – Ser Donall observó con curiosidad a Elissa - ¿Y tú eres…?
-¡Ay! Disculpe mi falta de educación, Ser Donall – Elissa hizo una reverencia – Soy Elisabeth, guarda gris y compañera de Alistair.
-¡Vaya! Menuda novia te has echado, muchacho. Es muy hermosa – Alistair se sonrojó hasta las orejas, pero no dijo nada – Me alegro de que no hayan desaparecido todos los guardas grises. Si el Arl Eamon estuviese bien, no tardaría en poner a Loghain en su sitio.
-¿Si estuviera bien? – Preguntó Alistair con temor - ¿Qué quieres decir?
-El Arl padece una enfermedad mortal de la cual no hemos encontrado cura – El hombre parecía afectado – Nuestra única esperanza es un milagro. Todos los caballeros de Risco Rojo han partido en busca de la Urna de las cenizas sagradas.
-¿La qué? – Preguntó Elissa, perpleja.
-Es una leyenda – Explicó Morrigan, que también escuchaba la conversación – A la profetisa Andraste, la novia del hacedor, la incineraron y las cenizas de su cuerpo fueron recolectadas en una urna. Explica la leyenda que éstas cenizas curan cualquier enfermedad.
-Exacto – Afirmó el caballero – Pero hasta ahora no he recibido ningún tipo de información que corrobore la existencia de esas cenizas. Temo que no sean más que invenciones… Debo volver a Risco Rojo en cuanto ser Henric llegue e informar a la arlesa.
-¿Ser Henric? – Dijo Elissa – Ese es el nombre que firmaba la carta del templario…
La joven extrajo de su mochila la carta y el medallón que había encontrado en el cadáver del templario. Ser Donall abrió mucho los ojos y le arrebató los enseres a la chica de un manotazo.
-¡Este es el medallón de ser Henric! – Exclamó el hombre - ¿De dónde lo has sacado?
-Encontramos el cuerpo de tu amigo en la entrada de Lothering – Dijo Alistair con voz queda – Lo habían matado unos bandidos.
-Oh, buen Hacedor… Muchas gracias, de no ser por vosotros nunca lo hubiese sabido – El hombre se guardó las pertenencias de su compañero y suspiró – He de volver a Risco Rojo cuanto antes. Gracias de nuevo My ladie.
El caballero se alejó rápidamente.
-¿De qué lo conoces? –Preguntó Elissa con curiosidad.
-Emmm…
-¡La tengo! – Leliana apareció súbitamente agitando en su mano una gran llave oxidada – Al final convencí a la reverenda madre. Espero que valga la pena.
-Confía en mí – La joven se guardó la llave en la mochila y junto sus compañeros, salieron de la capilla.
-¿Qué crees que debemos hacer? – Preguntó Alistair a Elissa – El arl está enfermo. No podrá prestarnos su ayuda.
-Deberíamos ir a Risco Rojo igualmente. Podríamos hablar con la arlesa, y de todas maneras no perdemos nada por probar.
El grupo llegó al fin donde se encontraba el qunari y lo liberaron. De cerca era mucho más grande de lo que parecía encerrado en aquella jaula. Le ofrecieron comida y agua que devoró en pocos segundos. Elissa no cesaba de hacerle preguntas, deseosa por aprender todo sobre aquella extraña raza, pero Sten la esquivaba dando respuestas monosilábicas o simplemente ignorándola.
Al llegar a un puente a las afueras de Lothering, la muchacha sintió una sensación punzante en el pecho y su cabeza se llenó de voces extrañas. Un sentimiento de peligro se apoderó de su cuerpo e hizo que desenvainara su espada.
-¡Engendros tenebrosos! – Gritó Alistair.
Ante aquel aviso, el grupo en su totalidad se situó en posición de ataque. Caminaron unos cuantos metros más y, tal y como había dicho el guarda gris, encontraron a un pequeño grupo de engendros tenebrosos que atacaban un carro de mercancías. Los dueños de éste, dos enanos, protegían desesperados sus artículos.
Elissa, Alistair, Roary y Sten se abalanzaron contra los engendros mientras Morrigan y Leliana atacaban de lejos. El qunari, por falta de equipo, luchaba con sus puños, pero al ser de mayor tamaño y fuerza, derrotaba a los enemigos con pasmosa facilidad.
Abatidos todos los engendros tenebrosos, los enanos salieron de su escondite, agradecidos, y ofrecieron a los chicos sus mercancías con un pequeño descuento.
-Que simpáticos – Dijo Leliana mientras se despedía con la mano.
Elissa, junto a sus nuevos compañeros, comenzó su viaje por las tierras de Ferelden. Su próximo objetivo: Risco Rojo.
