Capítulo 10.
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Condescender.
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Solo el amor hace condescender al goce con el deseo.
Jaeces lacan
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La habitación rosada que ocupaban las damas, hospedaba a tres mujeres preocupadas por la falta de noticias y la ausencia de Souichi. Hana san, Reiko y Kanako, con una aprensión en el pecho y garganta, estaba desesperadas de salir y buscar al primogénito de los Tatsumi.
Kurokawa junto a Tomoe, fueron los portavoces del mensaje que Souichi les mando.
- Niisan es el encargado de velar por el bienestar del príncipe, sabemos que ya ha llegado al castillo -
Kurokawa agrego:
- Soukun, nos pidió que cuidáramos de ustedes y siguiéramos con la rutina de los días atrás, ayudar a los que continúan delicados y tratar de que todo poco a poco vuelva a la normalidad. También dijo que podemos servirnos de lo necesario para nuestras necesidades, al menos mientras las cosas estén todavía caóticas -
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Una hora antes.
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El camino por recorrerse, resulto largo. El frondoso bosque, el fulgente sol y la sufriente sed; al fin quedaban atrás.
Aquel mensajero y sus acompañantes, sudorosos y agitados por el agotamiento, traían informes al rey del norte.
Ante su llegada, el principal portavoz comenzó por hablar. Impacientes esperaban: Souichi, Kunihiro y Masaky que continuaban reunidos, ellos escucharían en lugar del monarca el ansiado informe. El rey, aun se mantenía débil y bajo algunos cuidados.
Enseguida entro a la habitación Hiroto, que tan pronto escucho que llegaron informes, corrió a esa sala. No tardo en solicitar a un sirviente que le acercaran una silla y agua al mensajero, quien comenzó a hablar por la urgencia que le transmitían aquellos 4 pares de ojos, que lo miraban con interrogación.
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Informe y resultados de la guerra.
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. Muy cercano del amanecer, el rey de cobre había llegado junto con su ejército, cuando Tetsuhiro aún no estaba listo para combatir.
. El ejército del reino de cobre, parecía ganar la batalla ante un ejército que, comenzó a defender los alrededores del castillo sin la voz de mando de su caudillo.
. Afortunadamente, al poco tiempo llegaron los refuerzos con el ejército del reino de barro y ahora la pelea no estaba dispareja; contrariamente, los superaban ya en número.
. Fue hasta que Tetsuhiro apareció para comandar, que ambos ejércitos a su favor recobraron fuerzas al ver a su líder repuesto. El semblante y espíritu decaído se reanimo ante la presencia del comandante supremo.
. En total, más de la mitad del ejército de cobre pereció en combate, antes de rendirse.
. De los reinos de plata y barro, hubo también muchas bajas.
. El príncipe Tetsuhiro resulto herido en batalla, cuando dos soldados con alevosía intervinieron cobardemente entre la lucha que libraba con el rey de cobre y aun así, el príncipe de plata prevaleció.
. El reino de cobre, quedaría bajo el gobierno y orden del rey de plata, la estratagema de Isogai se volcó encima de él mismo.
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Ese fue el mensaje que recibió Kunihiro, Souichi y Masaky cuando estaban hablando acerca de lo sucedido la noche anterior.
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Souichi con evidente inquietud en su rostro y todos los presente, se preocuparon ante la noticia de que el príncipe Tetsuhiro estuviera herido.
El simple pensamiento de que Morinaga estaba herido de muerte, provoco que el estómago de Souichi se contrajera.
Tiempo después de que llegaran con los informes, Tetsuhiro arribo al castillo y fue llevado a su habitación inconsciente y en camilla.
Hiroto corrió a ese lugar y Souichi aun tratando de no involucrar sus sentimientos lo siguió detrás con sus amplias zancadas.
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Verlo yacer inconsciente y vulnerable estrujo el corazón del rubio, podía sentir la angustia y preocupación recorriendo su piel, los bellos de sus brazos se erizaban por lo atenazado que se encontraba.
Kunihiro ordeno que atendieran rápido a su hermano, informo que él iría después a verlo, que primero pondría a su padre al corriente de los acontecimientos, quien una hora atrás ya se encontraba despierto y fuera de peligro.
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Las heridas de Tetsuhiro aparentemente no ponían su vida en riesgo. Tenía un disparo en el hombro izquierdo que permanecía envuelto por una venda teñida de rojo. Una cortada de sable no muy profunda en la espalda que al verla, angustio todavía mas a Souichi que mantenía sus ojos fijos en él.
Esa herida era la que podría haber sido más peligrosa si Isogai la hubiese asestado por completo, pero un hábil soldado fiel al reino de plata le disparo antes de que lo consiguiera. El monarca traidor lo había atacado por la espalda cuando Tetsuhiro enfrentaba a los otros dos soldados, que cobardemente lo distraían de su lucha principal con el rey de cobre.
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La pérdida de sangre del príncipe, que humedecía sus ropas, hacia todo parecer una horrible carnicería, el doctor dirigía todas las indicaciones a Souichi, quien aparentaba que aún no comprendía bien su papel y condición de prometido del príncipe de plata. Sin embargo, a los ojos de todos él ya era visto como la pareja de Tetsuhiro y quien estaba a cargo de sus cuidados.
Después de recibir todas las atenciones necesarias: sacarle la bala, suturar sus heridas y vendarlas, el medico dio indicaciones, tenía que revisar a otros heridos.
- Tatsumi sama, el príncipe perdió sangre y regular su temperatura costara mucho trabajo, aun mas durante las noches. Lo más indicado seria que se le arropara bien si no presenta fiebre, lo ideal sería que durmiera junto a él y lo ayudara a calentar su cuerpo -
- ¿No será suficiente con cubrirlo bien? Contamos con muchas mantas y frazadas -
- Estar junto a él es la mejor manera de asegurarse, que no tenga fiebre o que no se enfrié de más. Además de que debe estar alerta y recordar que tome los antibióticos para evitar infecciones y darle los debidos analgésicos -
Las débiles excusa de Souichi no fueron tomadas en cuenta, el doctor le estaba diciendo de forma directa que él era el indicado para estar atento en su cuerpo y en su estabilidad.
- Como usted diga doctor -
Sentía que ya era inútil esa batalla mental que libraba cada instante, que a los ojos de todos él era responsable de cuidar del príncipe como su futuro esposo. Más preocupado que otra cosa, decidió meterse a la cama junto a Tetsuhiro después de ponerse el pijama.
A penas se había medio acomodado en la cama y se sobresaltó cuando escucho al príncipe susurrar cosas que no comprendió, y acerco su oído.
- Souichi ¡Hueles tan rico! Conozco tan bien tu aroma -
¡No que estaba muy mal el príncipe pervertido! El rubio como primera reacción quiso levantarse, pero noto que lo que Tetsuhiro hacía, lo hacía medio dormido; como si estuviera soñando o es que ¿A caso tenía fiebre? De todos modos logro refrenar el impulso de irse cuando a tiempo recordó aquellas heridas.
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La noche fue difícil para ambos, Souichi al cuidar de un herido lo mantuvo casi todo el tiempo despierto, mientras que Tetsuhiro pasó la oscuridad en el duermevela de una excitación que le traía sueños nuevos, imposibles para él. Entre sus vividas imágenes veía: resbalar sus cuerpos sudorosos, besos que dejan marcas en la piel, sabores inescrutables, promesas, brazos que lo inmovilizaban, frases violentas, respiraciones entrecortadas, posturas increíbles y el calor abrigando su corazón.
Sin embargo, en momentos sus gestos mientras dormía, eran de alguien que sufría, filosos alfileres y clavos por todo su cuerpo era lo que el dolor le proyectaba. Los ocasionales quejidos que salían de su boca, sobresaltaban a Souichi a su lado, ni bien la pesadez en sus parpados lo vencían, en un movimiento rápido ya estaba revisando el semblante del príncipe. Aun sin aquellos sonidos alertándolo, el rubio se descubría mirando el rostro de Morinaga dormido. El príncipe, por segundos parecía retener la respiración para posteriormente tenerla acelerada. Con su mano, el prometido comprobaba frecuentemente la temperatura del herido.
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Sin sentir el paso de los últimos minutos del ocaso, Souichi se removió en aquella cama. Sus cabellos enredados y su cara marcada por la almohada del lado izquierdo, le recordaron lo dura que había sido la noche.
Miro a su lado derecho, vio a Tetsuhiro perdido en sueño profundo y se dirigió al baño. Su imagen en el espejo le recordó que ya no era aquel chiquillo intrépido que trepaba los arboles con una agilidad innata, las pronunciadas ojeras, le confirmaron lo cansado que se sentía y su rostro era una prueba.
Al salir del baño, escucho el cerrojo de la puerta y vio entrar a Hiroto kun, quien enseguida saludo.
- ¿Cómo pasaron la noche Souichi sama? -
Souichi entrecerró los ojos y frunció el ceño al ver a un vivaz y despabilado Hiroto, quien todavía cantarín le preguntaba algo estúpido.
- ¡No te queda claro al verme!... ¡Luzco como una mierda! -
- ¡Dulzura! Si tu estas mal ¿Dime lo que tomas? Estas divino como siempre -
- Lo que digas...debo bañarme y cambiarme, tú te harás cargo ahora, yo voy a mi habitación -
Hiroto no se impresiono por la fría forma de actuar y hablarle de Souichi, con el tiempo que llevaba conociéndolo, sabía que despertar con un bueno humor, era algo imposible para ese inquietante y colérico hombre.
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Su semblante lucia renovado después de un buen baño y cambio de ropas. Sentía un gran hueco en el estómago y como no, si la noche anterior no ceno al recibir la estricta orden del médico de no moverse del lado del príncipe. Mientras caminaba por los pasillos, escucho a alguien desde atrás decir su nombre y el golpeteo de unos pasos acelerados. Se trataba de Kunihiro, quien se apresuraba para darle alcance.
- Souichi kun ¿Cómo paso la noche mi hermano? -
Se trataba de Kunihiro, quien al ser mayor y emparentar próximamente como cuñados, no veía necesario llamarlo con ningún honorifico acompañando su nombre. Souichi se detuvo para contestarle.
- Sin contratiempos, los medicamentos fueron efectivos y aunque estaba inquieto; durmió toda la noche -
Kunihiro toco su hombro con un ligero empuje hacia adelante, con esto indicándole que continuara caminando.
- Entonces vamos a verlo, ya ordene que suban el desayuno de ambos. El seguramente se sentirá mejor si continúas a su lado sin la necesidad de que vayas al comedor -
- Ohh... Claro -
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El rostro de Tetsuhiro se ilumino al ver que quien entraba primero era Souichi y detrás de él Kunihiro.
Hiroto salió del baño, con todo lo necesario para cambiar sus vendas, limpiarle y desinfectar las heridas. Kunihiro saludo a ambos y se dirigió a Morinaga.
- Veo que estas mejor, ayer nos diste un buen susto. Ver que llegaste herido e inconsciente casi me mata -
Tetsuhiro había escuchado a su hermano mientras miraba a Souichi. Desvió su vista, solo para responder a su hermano. Le pareció lindo ver que el rubio se mantenía callado y tranquilo, cuando hace apenas unos días continuaba siendo terco y rebelde, eso a vivo sus esperanzas.
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Mientras Tetsuhiro relataba los detalles de la lucha, llego Masaky y se unió a ellos en la conversación.
Souichi se mantuvo sentado en una silla escuchando todo el relato. Hiroto comenzó a notar que Tetsuhiro le hacía señales para que todos se fueran de una buena vez y quedarse a solas con su prometido.
- Disculpen, pero creo que necesitamos dejar que el príncipe se cambie de ropas y yo ayudare a Souichi sama a hacerlo -
Kunihiro y Masaky comprendieron que esa era una invitación para retirarse. Souichi no pudo disimular la interrogación en su rostro.
- Te veré más tarde hermano, en poco tiempo les traerán el desayuno, así que será mejor que te cambies ya -
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Hiroto fue de gran ayuda, Souichi por sí mismo no podría cambiar nunca a otro hombre y menos cuando no quería mirar siquiera su cuerpo, no por aversión o algo parecido, eso lo comprendió enseguida. Más bien era la ligera sonrisa que el príncipe exhibía cuando por error tocaba una parte de su piel desnuda. Se sentía nervioso y bajo el escrutinio de esos ojos oscuros clavados en él, lo intimidaba y hacia que sus movimientos fueran más torpes.
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Hiroto se mantuvo esperando que llegara el desayuno y nadie más llamara a la puerta ya para molestar a la pareja.
Conocía a Tetsuhiro y lo que leía en el, era el deseo de disfrutar de la extraña condescendencia de Souichi al quedarse y no huir como hacía muy a menudo.
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Morinaga fue quien hablo rompiendo los breves segundos de silencio una vez que estaban solos.
- Debo agradecerte por estar cuidando de mí estas dos ocasiones que he estado en mal estado. Has demostrado que eres alguien en quien se puede confiar y también...muy noble, te preocupaste por mi bienestar y seguridad -
Souichi desvió su cara ante el bochorno que sabía era evidente sobre sus mejillas.
- No tiene que agradecerme nada, no me gustan las injusticias y ese sujeto era un ventajoso. Además, es imposible actuar de otra forma bajo esas circunstancias -
Morinaga se puso de pie y se acercó a él, Souichi nervioso se levantó, el príncipe podría marearse y caer si estaba débil por aquella perdida sanguínea.
- No se levante así nada más, si necesita que lo lleve al baño, lo hare...aunque preferiría no -
Lo último fue dicho muy bajo, pero el príncipe sonrió porque escucho fuerte y claro. Se acercó peligrosamente sin respetar el espacio personal del rubio, que no se esperaba tal acción y por ende, se quedó mudo.
- Te preocupaste por mi seguridad y me cuidaste, no importa cuales hayan sido las circunstancias. Entonces yo...debo tomar ventaja, porque ya sabes, no peleo limpio -
Souichi sabía que no jugaba limpio, era un tramposo y timador, desde que se arrojó al rio con otras intenciones, hasta que lo derroto tumbándolo al piso en los entrenamientos con el sable. Claro que era un estafador de lo peor, y alguien muy bueno con las palabras.
Le tomo un hombro y lo acorralo contra la pared, su pierna izquierda, empujaba levemente su rodilla por la entre pierna de Souichi. Su mirada ansiosa, se clavó en los hermosos y dorados ojos del rubio.
- He intentado hacértelo fácil. He intentado hacer esta situación de manera que la puedas aceptar. Me he contenido de verdad y te he protegido. Quiero que hagas las cosas porque tú lo quieres también. No porque te fuerce a ello, pero el tiempo no se detiene y aunque por todo lo que ha sucedido, no nos casaremos la próxima semana, será dentro de poco.
Estoy enamorado y lo sabes, lo sabes porque sientes esa descarga eléctrica en el cuerpo cuando nos miramos, lo sabes porque no me detengo en decirlo y demostrarlo. Amo el coraje que veo en tus ojos cuando me miras, amo como mi piel se eriza ante tu presencia -
Logro que Souichi lo mirara nuevamente, pues por aquellas palabras se avergonzo e inclino el rostro, le obsequio una media sonrisa torcida que hizo que Morinaga tragara y su manzana de adán subiera y bajara sin hacer algo por ocultarlo. No era difícil para el rubio notar que el príncipe y su cuerpo emocionado, como su interior alborotado; trataba de devolverle el gesto, ambos sabían lo que podía suceder.
Tetsuhiro se acercó aún más a él y lo abrazo comenzando a llenarlo de besos y caricias, sus corazones se detenían y luego volvían a palpitar desesperados.
Souichi dejo que tomara su cara con esas grandes manos y escucho que le decía:
- No tengas miedo, mi amor por ti, es mayor que el mismo deseo -
Miedo era lo que más sentía en ese momento, desde que lo conoció, sus ojos, sus manos, su manera de mirarlo. Pero en esos instantes, su cuerpo estaba perdido, registrando cada caricia de sus dedos, cada roce de sus labios por su cuello. Se sentía tan jodidamente bien.
Tocaba su boca sin ningún pudor. Con un dedo tembloroso toco el borde de sus labios, dibujando cada línea como si quisiera memorizar cada parte, como si por primera vez su boca se entreabriera. Les bastaba con cerrar los ojos para sentirse cerca y comenzar una vez más.
Ahora la mano del príncipe sube lentamente dibujando en su cara, líneas suaves, líneas curvas, una boca que eligió entre tantas. Esos labios que coinciden exactamente con los suyos y sonríen por debajo de su mano.
Se miran de cerca, se vuelven a mirar, cada vez más cerca y entonces sus ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y las respiraciones se vuelven confusas, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus adentros donde el aire pesado va y viene con un perfume nuevo, desconocido y un silencio. Las manos titubeantes de Tetsuhiro buscan hundirse en ese rubio pelo, acariciar lentamente la profundidad de esa seda mientras se besan como si una fuerza externa los atara.
Los labios carnosos del príncipe rozaron la punta de esa oreja e hizo un sendero hasta aquel rostro. Ambas manos se apoderaron de esa cintura delgada tirando de él con fuerza, contra su enorme cuerpo, Souichi escucho:
- Tú me enloqueces, todo acerca de ti, me vuelve loco -
Una de sus manos que se posaba en la parte derecha de su cintura, se trasladó hasta acariciar suavemente su pecho.
Morinaga bajó la cabeza al hombro que descubrió y besó en la curva de aquel satinado cuello. Su mano se movió por debajo de la camisa y el calor en la palma de su mano se posaba ahora sobre el vientre plano y desnudo del rubio. El fuerte pulso y el calor se apoderó del más alto y lo apretó fuertemente contra él para que no se cayera ante el rudo y rápido movimiento.
Souichi estaba seguro que nunca había sentido algo así. Ese tacto era como una droga, éxtasis completo. El silencio desapareció, un gemido bajo, que antes habia escuchado, vibraba por todo su cuerpo.
Souichi cedió al placer que sentía, no había nada que quisiera más que sentirlo todo, cada poro en su cuerpo era una descarga eléctrica por aquel tacto, cada parte de él deseaba que eso no terminara jamás, que ese momento fuera eterno, quería estar encarcelado entre sus brazos.
El príncipe ya había conseguido tumbarlo hasta la cama, se inclinó para capturar nuevamente su boca y mordisquear suavemente su labio carnoso inferior. Souichi abrió su boca inmediatamente y Morinaga no desaprovecho deslizando toda su lengua, necesitaba probarlo. Detenerse no le sería fácil. Tener su calor y sabor en sus labios lo hacía aferrarse y reclamarlo como suyo.
Souichi al tratar de escapar, se levantó un poco y presionó su cuerpo contra Morinaga. Todas las buenas intenciones que pudo haber tenido el príncipe volaron con el viento mientras que un gemido hambriento escapó de su pecho y boca. Recostado todavía sobre él y contra él, capturaba su dulce sabor.
Las piernas largas del rubio se separaron por el peso sobre él y fácilmente el príncipe se posicionó en medio de ellas, presionando su cuerpo contra el otro tan cerca como nunca antes habían estado.
El calor golpeo las caderas del príncipe, y le envió un temblor de placer a través de todo su cuerpo. Necesitaba sentir más, a estas alturas ya era imposible parar.
Después de un beso que lo dejo sin aliento, Souichi abrió los ojos, descubriendo asustado, que había sangre fresca sobre la camisa que acababan de ponerle al príncipe. Entendió que lo que estaba haciendo Tetsuhiro no era bueno precisamente para su condición.
Ladeando su rostro y presionando sus manos contra ese pectoral pegado al suyo, finalmente pudo hacerlo a un lado y confrontarlo.
- Deténgase -
Esa orden, lo regreso en un instante de nuevo a la realidad. Sin querer hacerlo, lentamente, el príncipe saco la mano de debajo de su camisa y sentó sobre su lado en la cama totalmente frustrado.
Su respiración era entrecortada y el corazón estaba acelerado. Había estado tan cerca de tenerlo. La enorme erección que se presionaba contra la cremallera de su pantalón, le causaba un poco de dolor y molestia. Lo suficiente para recordarse que tenía que esperar y no apresurar las cosas. Pronto seria completamente suyo.
- Eso fue,...fantástico... Lo siento, me dejé llevar y no podía detenerme -
Los ojos oscuros del príncipe bajaron al pecho aun descubierto por la camisa desabotonada de Souichi, esta también aún estaba un poco levantada y desordenada por donde su mano traviesa había estado. La piel desnuda, marcada y tibia todavía era visible y muy apetecible para el príncipe que fue descubierto por el rubio mirándolo.
- No importa...necesitaba parar, su herida, está sangrando de nuevo -
Tetsuhiro todavía no podía creer lo que escuchaba ¿Souichi dijo no importa? Sintió que soñaba, con todo lo que había hecho, avanzo en unos minutos más de lo que había logrado los pasados días. ¡Estaba feliz! Después de todo, Souichi no estaba enfadado y tampoco le pareció que lo rechazo en algún momento...si no fuera por esas malditas heridas.
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Y entonces, ese medio día nublado y que amenazaba con inundar el suelo; resultó que le obsequio una de las mejores experiencias que hubiese experimentado jamás…
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Como siempre, pueden comentar que les pareció.
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Saludos!
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