Ahora les toca a ellas...¿Qué sienten, qué piensan?

Saga 2, Mientras ellos duermen


Lenalee Lee observó con gran asombró al chico que, como caído del cielo, se paró ante sus pies. El reconorcerlo hizo que que quedara boquiabiaerta. Estaba herido, descalzo y la ropa, siempre tan pulcramente llevada, hecha jirones y con manchas de sangre, sin embargo, sus ojos seguían igual de brillantes y traviesos, su cabello blanco amarrado malamente en una cola...

-Lenalee...-dijo su nombre, bien asombrado, para después pasar a la más sincera y pura sonrisa- he vuelto.

Sus orbes violetas se llenaron de lágrimas; corrió y saltó a sus brazos, cayeron al suelo, él estaba débil, pero a Lenalee no le importó. Lo abrazó con todas las fuerzas que obtuvo. Lloró, golpeó y enfadó, también sonrió. Pues estaba tan feliz que creía ser capaz de morir en ese momento.

Allen había vuelto.

-Allen-kun- supo que sonrió. Pues ella era la única persona que lo llamaba así; además, sintió sus brazos estrechándola con fuerza- bienvenido a casa.

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Cuando lentamente fue abriendo sus ojos, ubicando donde estaba, estos se agradaron ante tal sorpresa y, sus pálidas mejillas pasaron a teñirse de rojo intenso. Pareció que su respiración se detuviera, pero no, ahí seguía, lenta y profunda, acompañada de los latidos de un precipitado corazón que amenazaban con escapar de su pecho.

Rodó los orbes violetas, intentando recordar el momento en que cayó dormida sobre esa pequeña cama y juntó tanto su cuerpo al otro que sintió que casi podía fundirse a él.

¿Tan cansada estaba para caer en los brazos de Morfeo de esa forma? Era cierto que ella misma se había dispuesto a cuidarle día y noche, pero no pensó que eso llegara a cansarla tanto. Posiblemente las noches en vela cuidando de un caliente Allen debido a la fiebre, o a esos cambios de personalidad que la sorprendían y al momento relajaban.

No me importa, mientras esté con él…es todo lo que necesito

Pero, observó avergonzada sus manos. Una agarrada con firmeza de su camisa, otra, rodeando su cintura y sujetándose a sus espaldas. Apartó su rostro un poco para observar el que ahora yacía algo más arriba de su cabeza, apoyado en su mismo brazo.

No pudo evitarlo. El calor de sus mejillas aumentó.

Allen Walker era tan condenadamente guapo.

Con ese rostro entre niño y adulto, donde una marca de un rojo intenso cubría desde su frente hasta su mejilla izquierda, con su cabello blanco como la nieve sujeto en una cola mal hecha, con esos increíblemente ojos grises bajo sus parpados, que podrían hechizar hasta el mismo demonio; su sonrisa, su amabilidad, su preocupación, esas dulces caricias cuando ella se encontraba triste…

No podía negarlo, Allen Walker le atraía como un imán a su componente opuesto. Estaba enamorada hasta los huesos.

¿Cómo fue que ocurrió? ¿Dónde quedaron esos días en que tan sólo lo veía como un amigo a quien debía proteger?

Lenalee volvió a bajar su cabeza, pegando su frente al pecho cálido de él.

Todo aquello terminó. Las duras peleas, las dolorosas ausencias, los insufribles silencios…todo quedó atrás, dejando a sus espaldas sentimientos confusos, sentimientos que nunca experimentó.

A él lo buscó, lo añoró, lo echó tanto de menos que su corazón dolió como nunca. Lloraba y se entristecía con tal sólo escuchar su nombre. Sólo pensar en él, el no saber su paradero, dolía en lo más profundo de su alma. Allen se alejó de ella dejan palabras bonitas de amistad, y ahora…no, ahora no, entonces, con una mano en su corazón, comprendió que ya era demasiado tarde.

Se había enamorado de su buen amigo, se había enamorado de Allen Walker.

Una sonrisa curvó levemente sus labios, estrechando su brazo y pegando su nariz a su pecho. Aspiró el aroma de Allen.

-Te he echado de menos-susurró, cerrando momentáneamente sus ojos.

Pero él volvió, o eso pareció, porque después de una exhausta búsqueda, él apareció ante ella como caído del cielo-concretamente, porque saltó desde el techo de un edificio y cayó a sus pies- pero en todo caso, como caído del cielo.

Ella se asombró, él también lo hizo, luego sonrió él y ella sintió sus labios temblar y sus ojos llenarse de lágrimas, él sonrió más aún, rascando su cabeza, sorprendido de verla ahí a esas horas de la noche- realmente le estaba reprimiendo- pero no le importó, realmente, es que no le escuchó. Porque salir a esas horas de la noche habían tenido su recompensa.

Allen había vuelto y ahora estaba frente a ella.

Y sin volver a pensar en nada más, se lanzó a sus brazos, provocando que él, debido a sus heridas, cayera al suelo y que, los dos en la fría firmeza, se abrazaran con fuerza. Lenalee llorando de felicidad y Allen, entre quejumbroso por sus heridas y contento, acariciaba su cabeza.

Días pasaron de eso y él todavía seguía en cama. Sus heridas eran graves, pero no hasta el punto de pensar en la muerte. Neah, como bien ella pudo presenciar en alguna pequeña ocasión, ocupaba su mente y su cuerpo, transformándolo en el alguien horrible.

Sin saber cómo, ella siempre conseguía que volviera a ser Allen Walker.

Él se enfadaba y le decía que se alejara, que era peligroso permanecer a su lado, pero ella no quería. No ahora que por fin estaban juntos.

Quería permanecer a su lado para siempre. A duras y agradables circunstancias, todo el tiempo, estar para él…

-Tú eres mi mundo-susurró, quedándose minutos después completamente dormida.

¿Todavía estaba muy cansada eh?

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Lo que nunca llegó a escuchar Lenalee, tras sentir, sin saber si era un sueño o no, como su cuerpo se apretaba más al calor del otro, fue el leve susurro que Allen, estando despierto desde hacía rato, había dicho, observándola con una sonrisa sincera feliz.

-Te amo.

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Este es un final de la saga en la que actualmente se encuentra D-gray man en el manga, (o eso creo), sólo que inventado un final por mi.

Sé que es algo tostón, pastoso y romanticón, pero cuando una chica se enamora, sólo existen flores rosas y palabras bonitas y cursis. ¡Es lo que hay! XD

¡Espero que os haya gustado! ¡Nos vemos!

PD. La primera parte del fic pertenece al sueño de Lenalee