Los personajes, nombres de Harry Potter, así como otras marcas de identificación relacionadas, son marcas registradas de Warner Bros. ® & © de publicación de Harry Potter © J.K.R. 2006. Y están mis personajes, además, sin los cuales la historia no tendría ni el más mínimo sentido ^^
Volvía a tener los nervios a flor de piel, como cada que veía los verdes ojos de Lily, pero esta vez el terror era el sentimiento que predominaba sobre todas las emociones. Estaba seguro, qué va, completa y absolutamente seguro de que Lily no le había mentido jamás. Que Lily le quería. No lo veía en sus ojos precisamente, allí todo era un mar de contrariedad. Simplemente lo sentía. Siempre había dicho entre bromas que creía tener alguna especie de conexión con Evans, pero nunca se lo había creído del todo. En ese instante fue cuando empezó a sospechar si realmente existía esa conexión. Sí, claro que existía. ¿De qué otra forma entonces podría estar tan seguro de que Lily le quería mientras sus ojos le decían que lo que le estaba por decir no sería nada amistoso?
-James, yo... Lo siento tanto -masculló Lily blanca como la cera. Ni siquiera sus labios color carmín tenían color en ese rostro abandonado, dolorido.
Nara carraspeó interrumpiendo el momento. Era evidente por su expresión que estaba que no cabía en sí de felicidad y sin embargo seguía intentando actuar. James sintió asco de sí mismo mientras el rubor coloreaba sus propias mejillas. Estaba avergonzado, ¿cómo había podido creerle una sola palabra?
-Bueno, creo que eso nos deja todo en claro -hizo una pausa tras la que intentaba esconder una sonrisa de satisfacción-. ¿No creen?
-No. No voy a creer ni una sola palabra de lo que me has dicho tú hasta escucharlas de boca de Lily -le amenazó James. Sonrió triunfante al ver la expresión asustada de Nara, que se encogió al divisar en los ojos del morocho la determinación por primera vez sin ninguna duda-. Vamos Lily, si de verdad ha sido todo mentira, ¿por qué no me lo dices de una vez? -su cambio de humor también se reflejó como sorpresa en la ansiedad de los ojos de Lily.
-Esto es... difícil -susurró ella mientras se apartaba un mechón rojizo que le impedía la vista-. No sé... no sé cómo decirlo.
-Nara, vete -le ordenó, satisfecho de tener nuevamente el control. El control, sobre todas las cosas, no solo de la situación, sino de sí mismo. Ya no era un mar de inseguridad, estaba rebosante de confianza como siempre había pasado en él.
-Vale, pero luego vas a tener que buscarme James, júralo -musitó ella defendiéndose mientras se envaraba.
-No, definitivamente no lo haré. Tú bien lo has dicho antes, no es Lily lo que impide que entre nosotros no haya nada, es simplemente que no. Tú y yo, Nara, no vamos por el mismo carril -esperaba que esa parte en especial quedara en claro.
-Eres un -comenzó la morocha, pero James le interrumpió con sequedad.
-Seré todo lo que se te ocurra, pero tú te vas... Y ya mismo -amenazó.
Nara destilaba un aura que casi era tangible entre la cómoda Sala Común -donde estaban formando tremenda escenita-, puro odio y rabia se veían en sus ojos. Pero Lily le interrumpió.
-¡James! -exclamó ofendida. Lo siento, ¿ofendida dije?
-Vamos, Lil, no vas a defenderle ahora, ¿verdad? -inquirió incrédulo e incómodo. Lo último que le faltaba era haber metido la pata en esto también. Se preguntó si alguna vez comenzaría y terminaría de hacer las cosas bien.
-No, no voy a defenderla -espetó Lily con brusquedad-. Pero sabes que no me gusta que actúes así -se envaró formando una postura autoritaria, una que le veía utilizar solamente cuando estaba rebosante de orgullo. Cuando atacaba a Quejicus, por ejemplo.
Pero él también era orgulloso, como buen Aries*, por supuesto. Así que se defendió, más por instinto que por necesidad.
-Vamos, Lily, relájate. Es Nara -puso los ojos en blanco, como evidenciando un hecho obvio-. Con ella es distinto, intenta separarnos.
-Pues para que sepas, las pruebas que te puse iban para todos, incluso si Nara estaba involucrada en todo esto -cruzó los brazos en jarras delante su cuerpo y le miró furibunda, jamás le había visto tan... insoportablemente perfecta. Era bellísima. Pero ignoró ese pensamiento como muchos otros y el orgullo volvió a encender en él una llama peligrosa. ¿Es que estaba diciendo que estando con ella jamás podría defenderla? Si seguía ella haciéndole creer semejantes cosas iba a terminar hablando sin pensar y apostaba que ninguno de los dos querría escuchar aquello. Y sin embargo... ¡Él se lo estaba jugando todo por ella! Y Lily allí, envarada e idiota (además de bellísima, por supuesto)-. No importa que sea Nara o no, es lo mismo. ¿Eres consciente de a cuántas personas trataste así? -su tono era subido y la gente en la Sala Común comenzaba a voltearse para mirarlos.
-Claro que soy consciente, ¡si yo mismo le pedí perdón a todas y cada una! Y tampoco es que quiera seguir en ese plan, pero los dos sabemos que con ella es una excepción a la regla -exclamó dolido.
-Pues yo jamás hablé de ninguna excepción de la regla, James -entonó Lily a modo teatral-. Lo siento, es evidente que me equivoqué al pensar que cambiarías de verdad.
-¡No, eso no es cierto! ¡La verdad es que no esperas que cambie! ¡Ese es el problema aquí! -ya, había empezado a hablar sin escucharse.
-Oh, claro, ahora la culpa la tengo yo. ¡Vamos, James! El que se ha puesto como un imbécil a gritarle que se fuera eres tú. Ah, ¿acaso debo recordarte que viniste a hablarme porque dudas de mí? ¡Preferiste creerle a alguien como ella! Seguro fuiste a buscarle para que te diga...
-Yo no le busqué -se defendió James encongiéndose de hombros. Era la única excusa que se le ocurría porque resultaba ser que sí había dudado de ella, así que ahora debía tragarse sus propias palabras y desear fervientemente que el maldito Agujero del Dolor se incendiara y ardiera hasta la muerte.
Vio en los ojos de Lily la rudeza, la furia en su expresión y el dolor en la forma en que mantenía su cuerpo anclado a un solo sitio: inmóvil. Le vio soltar un montón de improperios que jamás acudieron realmente a sus labios. Le vio odiarlo. Le vio el sentirse traicionada y la culpa le cubrió cada partícula de su cuerpo. Al final, él había sido el traidor. El recobeco de sí que nunca había dejado de serle fiel a Lily se expandió por todo su cuerpo llenándolo de culpa y tristeza y vio que Lily leía eso en sus propios ojos cafés. La respuesta de la chica era una ausencia que dolía mucho más que cualquier insulto. Le dolía mucho más porque sabía que se lo merecía. El silencio y los insultos.
-Apártate de mi vida, ¿quieres? -le espetó Lily con los ojos entornados y expresión amenazante-. Apártate y deja de molestarme por favor. Si alguna vez has tenido alguna oportunidad conmigo... Pues olvídalo.
Nara seguía en su sitió, tan atónita o quizás incluso más que sus dos amigos. Seguramente había estado planeando todos y cada uno de los movimientos de su gran jugada maligna, pero jamás habría imaginado un desenlace tal, ninguno habría podido.
-No -musitó él, incómodo pero firme-. Quiero hablar contigo. Hablar y hablar en serio. Vamos a un sitio donde no nos interrumpan -miró a Nara con intensidad y vio que su burbuja de felicidad se explotaba con la rapidez en la que se consume un suspiro, porque los dos sabían que Lily aceptaría. James se preguntó si Nara no necesitaría terapia Muggle después de tantos cambios de ánimo. Pensó de hecho que él mismo lo necesitaría, pero lo desechó con un suspiro al saber que lo que necesitaba era a Lily, no a algún tipo Muggle diciéndole que tenía un millón de embrollos de adolescente.
Extendió una mano hacia Lily que le miró dubitativa, pero aceptó. El tacto era cálido, cómodo. Recordó que la última mano con la que había tenido contacto había sido con la de Nara y a su mente acudió la electricidad del momento. Se imaginó que con Lily todo debía ser comodidad, calidez y tranquilidad y entonces fue cuando entendió la importancia de las pruebas. Entendió que Lily era lo que más quería por sobre todas las cosas, que no le importaba estar por completo bajo su control, manejado y manipulado, le importaba Lily; y para eso, debían importarle las pruebas. No debía cuestionarse, ni cuestionarla a Lily, debía tomárselo en serio. Suspiró apenado, pensando que quizás tendría que habérsele ocurrido todo aquello un día antes, que ahora quizás fuera demasiado tarde para darle importancia a las pruebas.
Caminaron por los pasillos fríos, vacíos y espeluznantes con parsimonia, disfrutando cada uno del tacto y relajándose. James sintió poco a poco cómo el flujo de la bronca de su compañera iba disminuyendo; y sintió también en él mismo esa comodidad que le daba la mano de Lily. Pensó que quizás si ahora un tercero le tomaba la mano sentiría lo que él había sentido al tomar la de Lily. Entonces ¿era de eso de lo que se trataba la conexión? Era algo así como que sus almas estaban perdidamente atadas, conectadas la una con la otra. Eran un imán, habían nacido uno para el otro y viceversa y se tenían, o mejor dicho se podían tener. Era en esos momentos -cuando se tenían- que la conexión daba lugar. Si estaba lejos de ella sabía que las dudas volverían quizás, y por ahí también el miedo; pero en cuanto y le veía -y mucho mejor si le podía sentir- la conexión se activava y ellos estaban lisa y llanamente uno a la deriva del otro. Eran un todo. Algo así como un LilyJames en vez de Lily y James. No había separación ni y's entre ellos.
Se preguntó si ella estaría sintiendo lo mismo que él y deseó con todas sus fuerzas que así fuera, que sintiera aquella unión y fuerza de cuando estaban juntos.
-¿Adónde vamos? -interrumpió Lily con la voz quebrada y un color carmín muy sutil en las mejillas.
-¿A la Sala Multipropósito? -era una pregunta porque era lo primero que le había venido a la cabeza luego de haber estado allí más temprano con Nara. Sonrió de satisfacción al imaginarse ocupando aquella cama matrimonial con Lily y la cara de decepción que demostraría Nara si les veía. Se prometió hacer un boceto o algo por el estilo en cuanto tuviera tiempo.
-Vale -asintió Lily y se encaminó por el primer tramo de escaleras que tuvieron cerca.
En cuanto la puerta de madera forjada reapareció por segunda vez en el día para James, él volvió a sobresaltarse. Era tal el transe en el que se hallaba por el tacto de su compañera que no se había dado cuenta de que habían llegado o de que traspasaban el mismo trecho de pared tres veces.
La Sala que apareció frente a sus ojos no tenía ningún parecido a la que había hecho aparecer Nara y eso le demostró la inocencia de Lily, aunque no necesitara pruebas. El espacio era circular y pequeño, donde sólo habían una chimenea de piedra y un sillón escarlata gastado. James se dirigió hacia el sillón tirando de la mano de Lily para no separarla de sí ni un segundo.
En cuanto se sentaron Lily intentó deshacer el contacto, pero James le aferró la mano con fuerza y le sonrió para instarle a hablar.
-Quiero me digas todo desde el principio -se explicó.
Lily carraspeó y se removió ansiosa y angustiada en su parte del sillón, pero empezó a hablar. James hizo un esfuerzo para seguirle, pues sus palabras sonaban atolondradas y se atropellaban unas con otras.
-Bueno, pues, como sabrás si quieres conocer la historia desde el principio, empieza cuando tuvimos once años y no hace dos días desde que te planté las pruebas -ella no continuó, quizás pensando que James iba a reclamarle algo; pero él le sorprendió con un silencio amable y alentador, así que no le quedó más opción que seguir hablando-. Nunca me gustaste en realidad -el rostro del muchacho se descompuso y ahora fue él quien quiso deshacer el tacto, pero Lily le aferró con fuerza ruborizándose y se explicó:- Me refiero a que nunca me gustaste al principio, en cuanto te conocí en el Expresso de Hogwarts -¿eso significaba que ahora sí?-. Y tampoco con el pasar de los días, ni de los meses. Me parecías aborrecible -sonrió recordando algo del pasado-. Digamos que Sev siempre fue mi único contacto con el Mundo Mágico ya que, bueno, tú sabes, mis padres son Muggles. Mis padres y mi hermana -inspiró hondo-. Supe desde el principio que había algo que iba mal en el hecho de que le tuviera tanto apego a los Slytherin. Bueno, en realidad no desde el principio, pero sí desde que empecé a conocer un poco más sobre vosotros los Magos (quizás ahora debería incluirme) y que mis amigas siempre me dijeron que tenía algo de macabro -volvió a sonreír con nostalgia-. Nunca quise creerlo, por supuesto. ¿Cómo un chico que tanto me había ayudado mientras fuimos más chicos podría ser... macabro? Pero por supuesto todo me está quedando claro ahora que es obvio que Sev eligió su lealtad -hizo una pausa en la que miró a un punto muerto del sofá con odio profundo-. Pero la historia de Severus y yo no es de la que venimos a hablar, sino de ti y de mí.
Te decía que te aborrecí desde un principio por lo superficial y por tu forma de tratar a Sev, mi único primer amigo. Seguí aborreciéndote en cuanto mis amigas (en especial Nara) no paraban de llamarte guapo, precioso, atento y un millón de mentiras más -se envaró por la presión del relato-. En cierto punto me molestaba que no vieran lo que eras en verdad. Alguien que solo disfrutaba de tratar mal a los demás para valerce por alguien importante. Tú no eres importante por tratar mal a la gente, y mucho menos por hacer hechizos que están de moda para colgar a la gente de un tobillo -le espetó-. Pero con el pasar del tiempo hubo una parte de mí (el odio, quizás) que empezó a tirarme para el otro lado.
Hizo una pausa en la que se acomodó con ansiedad con mechón del cabello que le caía sobre la cara y no le permitía una completa visión de su alrededor; aunque no miraba a James a los ojos recorría con los suyos cada una de sus expresiones, intentando descifrar si le hería o le hacía reír. Pero a los ojos, no.
-Cuando digo que empecé a tirarme para el otro lado me refiero claramente a que comenzaste a atraerme. No sé qué fue precisamente, pero creo que el conjunto de defectos que tienes. Me revienta que te regodees de lo bien que juegas al Quidditch, tu perseverancia respecto a "no recibiré un no por parte de Evans" -la imitación de la voz de James fue muy pobre y le quitó una sonrisa al morocho que no quiso interrumpirle-, que te hagas el superficial, el yo lo sé todo y por sobre todas las cosas, me saca de quicio que creas que eres más fuerte que los demás cuando tienes a Black pegado a los talones. Pero todo eso empezó a fascinarme, y me pregunté si habría algo más detrás de esa máscara que sé que no eres tú, de eso que aparentas ser para hacerte popular y querido por gente que ni siquiera conoces. Enconces fue cuando me empecé a plantear que quizás hubiera llegado el punto de darte una oportunidad.
Cuando hablo de oportunidad me refiero a darte un sí en vez de un no, por primera vez. No a mucho más que eso. Pero entonces me lo preguntaste de nuevo esa noche de camino al castigo y yo... dudé. No sé si fue de ti o de mí misma de quién dudé. Pensé que podría contigo, pero tenía miedo. Muchísimo miedo. Entonces fue cuando, nuevamente, te dije que no. Pero me lo quedé pensando y llegué a la conclusión de que lo que me molestaba no eras tú, tú me fascinas -le sonrió-. Me molestaba tener que pensar en un futuro contigo siendo de esta forma. Arrogante, superficial, orgulloso, tan tercamente perseverante y cobarde. Entonces fue cuando se me ocurrió que quizás si pudiera cambiarte... Existiría una posibilidad en la que tú y yo entremos en una misma escena -carraspeó nerviosa ante tremenda declaración, pero continuó impasible:
No voy a negarte que me sorprendió a tope tu soberna determinación a cumplir todas y cada una de las pruebas. Pensé que no querrías cambiar por mí, algo que Jenny me ha advertido desde el principio. Le dije que no estaba de acuerdo, que si de verdad me querías cambiarías. Jenny se rió de mí y me preguntó si de verdad me pensaba que tú serías "para toda la vida" y le dije que... ¿de qué te ríes James? -inquirió molesta.
-Lo siento, lo siento; es que Sirius y yo hemos tenido la misma conversación y le prometí que sería el padrino de la boda -continuó riéndose mientras veía sonrojarse a Lily-. Pero perdona, continúa -se calmó y le miró a los ojos, siendo correspondido a la mirada por primera vez.
-Bueno, lo que quiero decir es que estaba decidida a que si cumplías las pruebas y cambiabas por mí, esto -señaló la escasa distancia que les separaba- daría algún fruto. Pues parece que me equivoqué, en todo caso, porque tú has echado todo a perder, ¡por supuesto! -¿cuántas veces había escuchado en su propia conciencia decirse eso mismo?
-Vamos, Lil, tienes que entenderme. Luego de seis años de negativas me vienes en plan de perdonarme todo con solamente tres pruebas. ¿Quieres que no desconfíe ni un poco? Pensé que nosotros los hombres éramos predecibles, y que tú más que nadie me conocías -hizo una pausa reflexionando-. En realidad, tú misma lo has dicho recién: no soy quien aparento ser. No soy arrogante, ni superficial, bueno, orgulloso sí, pero tampoco soy cobarde ni tan perseverante. En cuanto a que no soy cobarde, pues aquí me tienes, que cambiaría todo lo que soy y lo que tengo por estar contigo, y que ya no se me ocurren más formas de humillarme para poder decirte que te quiero. Que te quiero de verdad. No soy superficial porque no es sólo lo que se ve de ti lo que me gusta. Te quiero. Y te quiero de verdad. No soy tan perseverante porque aquí me tuviste hoy, dudando de ti cuando de quién dudaba en realidad era de mí, por no saber si me querías como yo te quiero de verdad. Y que por si no te lo he dicho ya, te quiero: y te quiero de verdad.
Lily le miró estupefacta. Las manos le temblaban y hasta James pudo sentir el latido de su corazón que traqueteaba con furia, como si le hubiesen dado cuerda de repente.
James no esperó a recibir ningún tipo de respuesta, todo lo que necesitaba lo veía nuevamente en sus ojos y lo sentía en la conexión que aún no se había desecho entre ellos. Le sonrió y entre intrigado y divertido se le acercó cauteloso. Espero a escasos centímetros de su rostro, deseando no encontrarse con una negativa o algo que se le pareciera. Cuando el tiempo no dejaba de pasar y la distancia que había entre ambos rostros era sumamente escasa, el corazón de James también comenzó a latir furioso, recargado de pasión y el deseo de sentir los labios de Lily sobre los suyos otra vez.
Ninguno de los dos supo quién fue el que inició aquel beso, pero ambos sabían que no lo terminarían.
*27 de Marzo de 1960 - 31 de Octubre de 1981
Que no se acaba aquí, siento decepcionaros! Y que cuidado con el próximo cap a los menores, que se viene un poco más subido de tono... Disfrutad, que me ha quitado todas y cada una de mis neuronas! Y dejad comentarios, por favor ¬
