- Bueno, os presento a Ukitake-sama, capitán del 13º escuadrón. A Matsumoto Rangiku, teniente del 10º escuadrón, a Graveyard y Thika Sora, oficiales del 11º Escuadrón, a Kaede, oficial del 6º Escuadrón y a Krunzik, oficial del 10 escuadrón.- les presentó Koe. Meikram se volvió al escuchar ese último nombre, pues era el único que no conocía.
La chica que respondía al nombre de Krunzik era más o menos alta, con el cabello castaño cayéndole libre por los hombros y la espalda, de complexión atlética. Sus ojos oscuros eran bastante atrayentes pero al principio el vizard no la reconoció. Después la recordó: era la chica a la que salvó del zero del menos. Al reconocerlo volvió a darles la espalda y siguió centrado en el juego.
- Tenéis los gigais que encargasteis a Urahara detrás de esos arbustos, ponéoslos y vestíos, la ropa esta en las bolsas de al lado. Os esperamos- dijo el vizard de flequillo recto.
- Si, aburridos de cojones- dijo uno que había pasado desapercibido a los shinigamis. Estaba sentado detrás del vizard enorme. Tenía un piercing en la ceja y fulminaba con la mirada a Meikram.
- Kensei, muérete un rato anda- le espetó Meikram.
- Para ti es fácil decirlo Meik… eres el que está jugando a este aburrido juego.
- Me uno a Kensei…- dijo el chico de los tirantes.
- Muérete tú también Kei.
- No te metas con mi hermano, Meik, que la vamos a tener…
Los vizard discutían entre ellos como cuando se discute en una familia, por banalidades, pero sin pretender ofender a nadie. Así eran los vizard, no eran monstruos exentos de sentimientos, fríos y calculadores como los hollows, pero tampoco tenian la rigidez de los shinigami. Se notaba que eran libres, que no estaban sometidos a ningún poder superior, que no estaban dominados por alguien más fuerte. Eran extraños. Y para los capitanes, peligrosos.
- Por cierto, Dhinji- dijo Meikram dirigiéndose al del flequillo recto.- No pienso volver a ir a la tienda del tendero loco ese de Urahara, siempre intenta timarme… y un día de estos le arreare una ostia al mocoso del pelo rojo. La próxima vez manda a Kei, yo me niego.
El chico de los tirantes se dio por aludido y miró al vizard de la camisa a cuadros con un deje de odio.
- Ni de coña… Antes me voy de camping a hueco mundo…
- Dejad de quejaros… sois muy ruidosos- se quejó la estudiante.
Sora salió con el gigai y la ropa puesta: un top sin tirantes negro que no le llegaba al ombligo y dejaba entre ver dos cicatrices que se cruzaban más arriba. También vestía unos pantalones vaqueros negros con una cadena en lugar de un cinturón. Unas botas y una gabardina negra que le llegaba un poco más debajo de las rodillas. Por último una gargantilla con el símbolo del ying-yang. Se dirigió hacia Koe pues Meikram parecía ignorarles a todos ellos.
Detrás de ella apareció Krunzik, que llevaba simplemente una camisa negra y unos vaqueros del mismo color, el calzado eran unas zapatillas deportivas entre negras y grises.
Kaede y Grave salieron a la vez. Kaede llevaba una sudadera simple con capucha y unos vaqueros. Graveyard una sudadera dos tallas más grande y unos vaqueros extremadamente anchos con una cadena bastante grande colgándole por el lado derecho.
Matsumoto llevaba un una camiseta amarilla y una chaqueta vaquera corta, unos jeans de color desgastado.
Por último salió Ukitake, vestido con unos vaqueros nuevos, unos zapatos normales, una camisa azulada y una chaqueta americana que le llegaba por debajo de la cintura. Cuando Ukitake salía Meikram daba un golpe a la bola de golf. Esta surcó rápidamente el cielo, todo el campo llegando al green. Rebotó dos veces y rodó directa al hoyo. Su compañero suspiró con tristeza.
- Maldita sea… así no hay forma… llevamos 9 de 18… y solo hacemos eagles… no es posible- dijo el vizard bajando la vista.
- Me aburro…- rezongó Kensei otra vez.
- Ya vale, chicos… dejad esa mierda de juego- dijo Shinji.
- Hirakooo
- Con los shinigami aquí ya no hay que esperar- replicó muy mal humorada la niña.
- Hiyori tiene razón. Vámonos de aquí- concluyó Hirako y todos se movieron, dejaron lo que estaban haciendo, cogieron sus zampakutoh y comenzaron a abandonar la zona.
- ¿A dónde vamos?
- Por lo pronto a comer- contestó rápidamente el vizard de los cascos.
Los shinigamis se quedaron de una pieza hasta que el estomago del que respondía al nombre de Kei comenzó a rugir. Al suyo lo siguió el de Kensei y a estos les acompañó el de la chica del pelo verde. Kaede pasaba de los demás vizards y centraba su atención en Koe. Durante el trayecto del campo de golf al súper intentó entablar conversación numerosas veces con ella, pero ella le esquivaba con sutileza. Empezaba a sentirse especialmente ignorado, a pesar de que en el pasado habían estado muy unidos.
Lo mismo pasaba con Sora y Grave con respecto a Meikram. El vizard se entretenía charlando con Kei y la que dijo ser su hermana, se parecían mucho. Sora le observaba con ira reflejada en sus ojos. Lo único que la calmó y al mismo tiempo la extrañó fue lo que colgaba del cuello del vizard. Le dio un codazo a Graveyard y le dijo que mirara a su antiguo amigo. Él también se dio cuenta al momento.
- Lo sigue teniendo- dijo casi en un susurro el shinigami. Era una cruz frisada de plata. Krunzik, que les había visto observando al vizard, se acercó para preguntar qué ocurría.
- ¿Ves la cruz que lleva Meikram al cuello?- preguntó Grave sin mostrar asomo de emoción. La joven asintió- Fue el regalo que le hicimos entre todos por haber sido ascendido a teniente. Antes la llevaba colgando de esa especie de candado que lleva en la zampa… la lleva como un colgante.
- Pero la sigue llevando- sentenció Sora.
Los vizard, dentro del Súper, compraron prácticamente de todo. Desde fideos precocinados, a pan de molde y lonchas de queso y de distintos embutidos, bolsas de snacks, patatas fritas precocinadas…. Y todo en grandes cantidades.
- ¿Compráis comida para un mes?- preguntó Kaede.
- Me parece mucha comida ¿no?- comentó Ukitake al ver pasar toda aquella cantidad de comida por la caja registradora. La cajera interiormente se estaba acordando de toda la familia de todos y cada uno de los vizards.
- ¿Un mes? Que tonterías dices…- contestó Hiyori.
- Ah¿es para dos?
- Es para esta semana- explicó secamente la hermana de Kei. Los shinigamis se quedaron con la boca abierta.
Ukitake sonrió aunque con el pensamiento interno de Que raros que son estos vizards Lo que más sorprendió a los shinigamis fue ver a Matsumoto con varios embases de 5 litros de helado de distintos sabores. Esta se puso en la fila de los vizard y colocó su compra con la suya.
- ¿¿Me lo pagáis??
- Kei… me acaba de dar un antojo... trae mas de estos… y también de frambuesa, ese es mío- ordenó la hermana del aludido. Este obedeció pero en contra de su voluntad. Cuando regresó llevaba casi el triple de lo que Matsumoto había cogido- Ahora si, y por esta vez lo pagaremos todo nosotros…
