Hola! disculpa por la demora u. gracias por sus comentarios y sobre todo, gracias por ser pacientes. Espero que este capitulo sea de su agrado y gracias, muchas gracias a quienes dejaron sus reviews y también a quienes se toman el tiempo en leer esta historia, sin mas aquí les dejo este capitulo, espero en realidad y sea de su agrado, cuídense y muchos besos. ;)
Capítulo 10
- Mátenme… - susurro, dio media vuelta hacia la puerta.
- ¿A dónde crees que vas, jovencita? – dijo Jankotsu interponiéndose entre la puerta.
- ¡No, no y no! Esto no me da buena espina – decía mientras lo empujaba – Renuncio, me niego a esto…
- Si claro querida, lo que tu digas – cerró la puerta con seguro – Pero… - se acerco a ella y se inclino quedando sus rostros a escasos centímetros con una expresión atemorizante – Recuerda lo que pasara si no haces tu trabajo – dijo amenazante.
Kagome asustada por la expresión de Jankotsu retrocedió tropezando y cayendo de bruces; siguió retrocediendo en el suelo y chocando con Suzaku.
Suzaku Hana, un hombre de la misma edad que Jankotsu, veintinueve años; un joven no tan alto, uno setenta y dos cuando mucho, tez clara, cabello cobrizo intenso, ojos marrones con ligeros toques de rojizos, porte refinado y voz aguda.
Se inclino quedando a la estatura de la azabache con su mano derecha tomo su mentón y alzo su cara; Suzaku coloco su dedo índice sobre su mentón de forma pensativa mientras examinaba el rostro de la pelinegra. Se levanto rápidamente junto con Kagome y comenzó a caminar a caminar alrededor de ella inspeccionando cada detalle; se inclinaba y se incorporada. Kagome simplemente lo seguía fría y cuidadosamente con la mirada hasta que…
- ¡Kyaaa!...
- ¡Oh! nadada mal – dijo sonriendo satisfactoriamente mientras palpaba y estrujaba su trasero – Al parecer no tendré tanto trabajo – suspiro con alivio - ¿Eh? ¿Y tú porque te formas detrás de mí?
- Oye… Miroku ¿Qué crees que estás haciendo? – decía Jankotsu con un extraño tic en su fina ceja izquierda.
- Bueno… hay que estar seguros de que no sean falsas ¿no? jojojo…
- Señor Suzaku ¿podría retirar su mano? si no es mucha…
- ¡Nada de señor! ¿Entendiste niñita? – indignadamente ofendido cruzado de brazos – Solo dime Suzaku – dijo sonriéndole – Bien ahora…
Plas, un estruendoso y fuerte golpe sobre una mejilla resonó por todo el pent-house haciendo que todos en el lugar vieran desaprobación al desafortunado.
- Espero que estés convencido, Miroku – menciono la pelinegra en un gruñido.
El joven pelinegro ya hacía en el suelo frotándose su mejilla izquierda tratando de calmar el ardor que la chica había dejado sobre ella; una roja y perfecta mano rojiza era el rastro que le había dejado. Miroku simplemente sonreía con algo de descaro y ganándose la negativa de los presentes.
- Miroku – decía apenada Izayoi mientras sostenía su frente con vergüenza.
- Bien como les decía – dijo Suzaku cambiando de tema drásticamente – Contamos con poco tiempo el día de hoy antes de que vuelvas al trabajo – camino hacia Kagome – Veremos tu guardarropa, que gracias a Jankotsu la hemos podido traer completamente – dijo con malicia.
- ¿Q…qué… demonios? – musito confundida y sorprendida.
- Hermosa Izayoi ¿A qué hora dices que Inuyasha necesita a su asistente? Ah pero que envidia me das – suspiro – Poder trabajar con un cuero como él - haciendo pucheros.
- Oh Suzaku, que cosas dice – rió con nerviosismo – Tienes dos horas cuando mucho. Pero… ella no es la asistente de Inuyasha – dijo captando por completo la atención del pelirrojo.
- ¿Qué? ¿Entonces…? – musito confundido.
- Es la asistente de Sesshomaru – dijo sonriendo ampliamente.
- ¡¿Qué?! – grito casi desfalleciendo – Kagome, te seré sincera – coloco su mano sobre el hombro de la chica.
- ¿Sincera? – pensó con una ceja levemente alzada.
- No tienes la menor idea de cuánto deseo matarte en estos momento – dijo con determinación haciendo retroceder a la chica un par de pasos – Como desearía estar en tu lugar…
- Je, no tienes idea de lo que hablas – dijo sin ánimo confundiendo al chico.
- Así es pobre de Kagome, hubiese sido mejor que fuera la asistente de Inuyasha. Pobre, veré si puedo convencer a Inutaisho de cambiarle de jefe…
- ¡No! – grito sorprendiendo a todos mientras una sonrisa picarona se formaba en el rostro de Jankotsu - ¡No es lo que te estás imaginando! – desanimo – Sesshomaru puede que sea todo lo que se nos ocurra pero… al final de cuenta termina su trabajo y lo hace con mucha dedicación – ladeo su rostro agachando levemente cubriendo su rostro con su flequillo – En cambio si trabajo con Inuyasha, definitivamente no tendría vida ya que me dejaría todo el trabajo – declaro – Bueno aun así no tengo tanta vida libre – rió con desanimo.
- Bueno, pues empecemos – cambiando de tema drásticamente.
Miroku entro y salió de una habitación con toda la ropa de la pelinegra en un perchero de metal móvil, mientras que Jankotsu sacaba lo que faltaba de las maletas que se "encontraban en su a habitación". Kagome abrió desmesuradamente su sus ojos, abriendo sus boca tratando de articular palabra alguna de ella pero solo balbuceaba nada coherente.
Tocaron a la puerta, Miroku el más cercano fue quien atendió dejando pasar a una persona del aseo quien cargaba un enorme cesto de basura; lo dejo justo al lado del perchero como Jankotsu le indico y paso a retirarse.
Kagome quien se encontraba enfrente de ellos, solo veía con atención, cierta preocupación y nerviosismo. Presentaba un ligero tic en su ojo derecho, pues al ver ese cesto de basura, dedujo que la cosa se pondría mucho peor a continuación.
Suzaku se acerco al perchero y comenzó a indagar en guarda ropa de la chica, y a cada prenda que pasaba su rostro cambiaba de horror, estupefacción y sorpresa negativa.
- Pero… ¿Qué clase de guardarropa es este? – decía mientras pasaba prenda por prenda - ¡Oh dios! – exclamo tomando el traje usado en el evento de convención - ¿Acaso se lo guardas a tu abuela? – alzó la prenda y examino afondo y volteo a verle.
- Lo uso en un evento – dijo Jankotsu sin ánimo alguno recargado en el perchero.
- ¡¿Qué?! – grito con lamento – Tienes suerte de que no te arresten o multen por tener pésimo gusto en la moda – volteo a verle seriamente – Esto se va a la basura – votando la prenda.
- ¡¿Qué demonios haces?! - dijo trastornada – Es nuevo y…
- Y horrendo, además que no es para tu edad – se encogió de hombros con varias prendas más en cada mano, como jeans y playeras – Estos están demasiados desgastados y ni siquiera son de tu talla – los boto.
- ¿Qué clase de broma es esta? – empuño ambas manos – Esto parece a una de esos programas de televisión sobre moda…
Kagome no pudo más y dio media vuelta a tomar asiento en uno de los sofás más cercanos; hiciera lo que hiciera nada podía hacer, solo se quedo ahí sentada observando de reojo al dúo "demoniaco" de modas tirando sus preciadas prendas de vestir. Suspiro con pesadez y se deslizo en el sillón.
- No te preocupes querida, ya verás que todo saldrá bien – animo Izayoi.
- Eso espero – desanimada - ¿Podría al menos donar la ropa a alguien que en verdad la necesite? dijo con cierta preocupación confundiendo a la mujer – No sería correcto simplemente botarla ya que… hay personas más necesitadas que no tienen ni que calzar.
- Kagome – Tomo su rostro entre sus manos – No te preocupes, ya que tenía pensado eso – le regalo una amplia y sincera sonrisa. Eres tan diferente a tu padre…
- ¡Kyaa! esto es inaceptable – decía atónico – Esto es realmente inaceptable. No eres militar como para tener este tipo de calzado alzo unas botas negras estilo militar.
Jankotsu y Kagome voltearon hacia el pelirrojo quien estaba a punto de desecharlas.
- ¡No! – gritaron ambos mientras Jankotsu se aproximaba hacia él.
- Lo siento pero eso y… esto – tomo un maletín negro y las botas – no pueden desecharse…
- Todo se va – dijo con firmeza interponiéndose en el camino.
- ¡Claro! ¡Estoy muy desacuerdo…! – sintió la mirada fulminante a sus espaldas – Pero… esto no ya que no es de ella,… solo se lo está guardando a alguien – dijo nerviosamente ya que Suzaku lo veía fijamente – lo juro – rio con los nervios de punta.
- Bien, pero aléjalo o lo tiro – amenazo.
Jankotsu volteo a ver hacia donde se encontraba Izayoi dejando las cosas junto a ella, mientras que sentía pequeñas cuchillas clavarse en su espalda, así que volteo disimuladamente hacia atrás encontrándose con la mirada fulminadoramente asesina de la pelinegra. Río levente para así volvió junto al pelirrojo quien seguí botando su ropa, dejando en el transcurso solo la ropa de trabajo o trajes.
- Faltan esos – dijo Kagome sin ánimo alguno.
- Oh no, esos están bien. Solo hay que darles unos pequeños ajustes.
- Toma, cámbiate antes de que el "Demonio" se manifieste – Jankotsu le aventó un traje en la cara haciéndola enfurecer.
- ¡¿Y tienes que aventármelos en la casa?! – empuño ambas manos – No te doy una paliza solo porque ya es tarde y yo soy la que lo soporta – corrió al baño a vestirse.
- Interesante chica… Sra. Izayoi – seriamente con los brazos cruzados – Bueno, ahora que la conozco en persona puedo armar un patrón de estilo mucho más completo basándome en su personalidad y gusto – sonrió con complicidad.
- Su hora libre es después de las seis y media de la tarde. Justo mañana hoy hay venta nocturna en las principales centros comerciales – Jankotsu se acerco colocándose junto al pelirrojo optando un porte retador – Crees lograrlo o… te ayudo – dijo con malicia mirándolo retadoramente – La presentación es en dos días.
- Querida Jankotsu – dijo indignado - ¡Soy un profesional! – expreso arrogante.
- Chicos… cálmense por favor – dijo nerviosa por el ambiente.
…
Narra Sesshomaru
Llevábamos solo dos días en ese lugar y todo marchaba tranquilamente, a excepción del humor de los mil demonios con el que estaba esa molesta mujer.
Me encontraba desayunando plácidamente en la terraza mientras leía el diario del día y revisaba alguno que otro documento del día anterior; observé el reloj en mi muñeca, pasaban de las ocho de la mañana, cerré los ojos con pesadez. La noche anterior recibí un mensaje de texto de mi madre, dejando dicho que pasara a esas de las ocho por Higurashi y ella al parecer no está enterada ya que sigue dormida. La verdad es que no comprendía aun muy bien la situación pero de algo estaba seguro y eso era porque en sí, soy el dueño de Shikon y mi deber es estar al tanto de lo que pasa en ella.
Habían pasado solo dos días en aquel lugar y al parecer todo marchaba tranquilamente, hasta ese día.
Me había decidido tomarme medio día de descanso ya que la noche anterior había trabajado hasta tarde y mi cuerpo exigía un descanso, y no es que estuviera de vacaciones, estoy consciente de eso, pero… aprovechare el viaje y tomare uno que otros días.
Escuche el llamado a la puerta, ruidoso e insistente golpeteo casi adivinando de quien se trataba, así que me levante a atender el llamado. Me sorprendí un poco a ver al ver a un trió muy energético; Jankotsu, Miroku y mi madre.
Jankotsu entro alborotado sin ninguna invitación alguna ganando mi desaprobación.
- Hola bombón ¿Dónde está tu querida asistente? espero no en tu cama – dijo gañendo, este sujeto es tan predecible
- ¡Jankotsu! – reprendió mi madre
- En la recamara de la izquierda – digo y doy media vuelta regresando lo que hacía antes de ser interrumpido.
Sin pensarlo dos veces, Jankotsu fue en dirección donde le dije y sin tocar, irrumpió es la habitación de esa chiquilla, que al parecer y como lo pensaba aun se encontraba en cama y de pronto comenzaron los gritos, molestos gritos de esos dos, son como niños.
-¡Vamos Kagome!
- ¡No quiero!
De pronto ambos salieron de una manera un tanto ridícula y exagerada; Jankotsu sostenía a Higurashi de los tobillos y la arrastraba por todo el lugar y en verdad que esa chica me sorprende la insistencia que poseía. La siguió arrastrando hasta la salida y ella seguía insistiendo, puesto a que se aferraba a la alfombra y a la puerta como un gato asustado de tomar un baño.
El espectáculo que estaban dando esos dos era en verdad patética y ridícula por lo que tuve que levantar un poco más el periódico y que no se diera cuenta de la pequeña risa que me habían sacado. Serán insoportables e irritantes, pero sin duda alguna… son difíciles de ignorar.
- ¡No! ¡no quiero ir! ¡Bájame!... – al parece Jankotsu se arto de sus rabieta y termino cargándola -¡Que no quiero ir! ¡Bájame Jankotsu! – continuo e iba ayudarle un poco pero… - ¡Sesshomaru! ¡No te quedes ahí parado como idiota y ayúdame! ¡Sesshomaru! – me grito e insulto así que decidí volver a lo que estaba haciendo, es una desconsiderada.
- Te la devolveré lo más pronto que pueda hijo, ahora si me disculpas, tengo cosas que hacer – se despidió y se fue junto los demás.
No sé en lo que este metida mi madre y Higurashi, pero no debería de olvidar de que Sesshomaru Taisho siempre está un paso adelante.
Termino mi desayuno y tomo una ducha para después salir al lobby en el cual ya había alguien esperándome.
- Los años pasan y tú no cambias ni un poco – hablo con ironía viéndome de alguna manera, retadora.
- Y tú sigues siendo igual de molesto que Inuyasha.
…
Kagome se encontraba en la suite buscando al ambarino, al cual no encontró en el lugar, así que dio media vuelta hacia la salida pero se detuvo al ver una nota en la puerta que decía:
"Te veo en el bar del hotel, apresúrate no tengo tu tiempo"
La pelinegra salió dando un fuerte portazo y arrugando a más no poder la nota mientras refunfuñaba unas cuantas maldiciones al ambarino.
Al llegar al bar, alzo un poco la vista, pero nada, así que se acerco a la barra y antes de que pudiera sentarse, el barman le llamo.
- Disculpe, señorita – cuestiono dudoso – ¿Es usted Higurashi Kagome?
- ¿Eh? ah sí – dijo confusa - ¿Nos con…
- Esto es para usted – extendiéndole nuevamente, una nota.
- Gracias – la tomo y desdoblo.
"Tarde, como siempre. Ve al estacionamiento, apresúrate y tal vez me alcances. De lo contrario, tomaras un taxi"
- Definitivamente… ¡Quiero matarlo! – pensó mientras hacía pedazos la servilleta con la nota.
Kagome fue a toda prisa hacia el estacionamiento; despedía un aura un tanto siniestra, dando la sensación de incomodidad y escalofríos a su alrededor, llamando así la atención de una persona que se encontraba en el lobby con una extraña sensación depresiva y un ligero tic en su ojo izquierdo.
- ¿Kagome?... No puede ser – suspiro alzando su cabeza – Tiene una expresión bastante aterradora – volteo a ver a su alterador – Aun no puedo que sea Kagome, es tan… distinta – rasco su cabeza – Al menos debería de esconder su aura asesina.
- Señorita Sango, Ya está todo listo – dijo un joven castaño con una coleta baja – ¿Se encuentra usted bien?
- Si, no te preocupes, todo está bien… creo …
…
Sesshomaru se encontraba recargado sobre su automóvil observando el reloj de pulsera, mientras daba unos constantes golpes con la yema de sus dedos sobre el laminado del carro. Suspiro con pesadez dio media vuelta y camino unos pasos hacia el ascensor pero se detuvo.
Negó levente varias veces y volvió al auto; miro nuevamente su reloj y entonces sintió como algo ligero golpeaba su cabeza. Miro el objeto que lo había golpeado, una uva, así que miro hacia atrás sobre su hombro y ahí se encontraba la razón de sus dolores de cabeza, una Kagome algo fastidiada e irritada jugando con lo que parecía ser una manzana.
- Ah, por fin llegas – dijo indiferente – Ya me había cansado de esperarte – abrió la puerta del auto.
- Idiota, ¡Pero si tú tienes la culpa! por algo existen estas malditas cosas – mostrando el teléfono celular.
- Dime Higurashi – subiendo y encendiendo el auto.
- ¿Qué quieres? – dijo de golpe.
- ¿A qué te está obligando mi madre?
- A nada – respondió cortante
…
Más tarde, faltaban veinte para las siete y Kagome se encontraba terminando de revisar unas cuantas cosas junto con el ambarino, cuando recibió un mensaje de texto. Entonces todo a su alrededor se detuvo, sus ojos se abrieron y palideció un poco, el mensaje le había resultado una mala y horripilante sorpresa al grado de dejar caer el celular.
- ¿Qué te ocurre? – preguntó confundido por su actitud.
Kagome parecía caer en un abismo depresivo; Sesshomaru simplemente suspiro esperando respuesta de la chica, pero esta solo lo ignoraba por lo que gruño con molestia al sentirse completamente ignorado.
Se levanto y camino hacia la azabache, quien aun se encontraba en su mundo sin darse cuenta que el platinado había tomado su teléfono.
Sesshomaru se inclino tomando el objeto y mirando a la chica quien no parecía reaccionar, pero al querer echar un vistazo a lo que había perturbado tanto a la chica, sintió unas manos aplastar a la suya junto con el aparato como un emparedado. Levanto la vista encontrándose con una asustada pelinegra viéndole fijamente a los ojos.
- Estoy bien, no pasa nada – contesto en automático – No es nada de qué preocuparse – aun trastornada.
- Aun si así lo dice… no es convincente – pensó incrédulo – Realmente no está bien, pero… - cayó en cuenta - ¡¿Y por qué demonios me preocupo por ella?! – levantándose y alejándose un poco de ella de ella.
El celular comenzó a sonar, una llamada entrante la cual pertenecía a Izayoi pero ignoro por completo la llamada, hasta que nuevamente volvió a sonar.
- ¿No contestaras?
- No es importante - evadió y dio media vuelta.
- Hm…
El teléfono volvió a sonar, esta vez tratándose de Jankotsu, la chica suspiro y colgó disponiéndose a recoger sus cosas con rapidez.
El platinado solo la observaba incrédulo mientras recogía sus pertenencias y nuevamente volvió a sonar, esta vez tomo el teléfono y lo arrojo con brusquedad en su maletín.
- Tengo que irme, deja los pendientes en mi habitación – decía apresurada – Maldita sea – murmuro.
- Mañana – menciono deteniendo a la chica en seco – Tendremos el día libre.
- ¿Eh? – confundida.
- Se te hace tarde – dijo dándole la espalda – Oh ¿deseas que te lleve? – la miro sobre su hombro.
- Idiota.
Mientras tanto fuera del edificio ya hacia Jankotsu junto con dos jóvenes algo extravagantes; uno con una mohicana punk platina y el otro cabello ligeramente corto en dos tonos, grisáceo y un mechón negro, ambos pantalón de cuero y botas negras, uno con blusa azul turquesa y el otro una camisa rojo vino manga tres cuartos, uno con saco negro y el otro un chalequito negro.
Jankotsu parecía más que animado parloteando de cosas sin sentido, sin embargo los chicos suspiraban con fastidio, mientras masajeaba ligeramente sus sienes.
- ¡Kagome! ¡Querida, ya era hora! – grito.
- Cállate.
- ¿Te has cambiado de ropa querida? – dijo con ironía al verla salir con unos jeans azules y camisa grisácea junto con su sudadera café.
Kagome simplemente lo estrujo con la mirada mientras subían en el auto junto con los otros dos quienes veían a la chica con nerviosismo por el aura asesina que emanaba de sí.
- Ah, por cierto – dando un chasquido con sus dedos – Ellos son parte del personal de Suzaku, Ginta y Hakaku. Lindos ¿no? – sumamente sonriente y guiñándoles.
- Eh… Jan, los estas asustando – dijo con una ligera gota de sudo al ver la cara de los chicos.
…
Mientras en el otro pent-house, un hombre de cabellos azabache se encontraba sentado en la sala tomando una copa de whisky y tratando asuntos de "negocios" con un par de personas, quienes parecían con algo de temor.
La chica albina quien se encontraba parada a su lado, le extendió lo que parecía ser una tablet, en la cual concentró toda su atención en el aparato, pero sin dejar de escuchar a quien le hablaba. Hasta que dio la señal de que guardara silencio, hizo a un lado la tablet tomándola la chica. Junto las manos haciendo que solo las yemas de sus dedos se tocaran; los miro durante un par de minutos mientras estos se miraba el uno al otro algo nerviosos, acepto uno que parecía más que fastidiado.
- Así que ¿no hay más alternativas más que encontrar la llave? – repitió el azabache.
- A… así es, mi señor – dijo el hombre inclinando su cabeza con temor.
- Vuelvan a intentarlo, incluso – viéndolo fijamente – Traten de clonarla si es necesario…
- Pero señor – interrumpiéndolo – Eso es algo muy complejo e incluso podría decirse que… peligroso – el hombre palideció al ver la expresión devuelta por el hombre de ojos carmín – Tendríamos que tratar de desmantelarla y podría haber complicaciones. No sabríamos con que nos pidiésemos encontrar…
- Entonces háganlo con cuidado…
- ¡Pero señor…!
- Retírense – amenazo.
El hombre junto con otros tres se retiró dejando a solas al azabache junto con los dos albinos.
El chico se levantó y se acercó un poco más al azabache quien mantenía sus ojos serrados mientras su respiración era lenta y pausada, como si tratase de calmarse.
- Oh wuo creo que esto solo empeorara tus nervios – dijo retirándole la copa – Tráele un té de tila – le murmuro algo nervioso a la chica que sin más acato la orden del chico, mientras este era estrujado con la mirada carmín – Le hará mejor…
- Y tú ¿Qué tienes que decirme? – dijo sin dejar de verle – Espero y me tengas mejores noticias que esos incompetentes.
- ¡Ah!, ahí si me ofendes – dijo indignado – Pero tampoco es que encontré la llave – dijo ganándose una mirada desaprobatoria – Tranquilo, ¡¿Kanna donde demonios dejaste…? ah, aquí esta ¡Olvídalo! – tomo la tablet y comenzó a indagar para luego extendiéndosela al hombre.
En ella se podía ver un video donde se apreciaba a una joven con sudadera de capucha y al parecer pelinegra - ya que unos cuantos mechones sobresalían – que merodeaba en un aeropuerto.
- ¿Qué no es el aeropuerto de Hong Kong? – inquirió, el albino solo asintió - ¿Y? – alzando una de sus finas cejas.
- ¿De verdad? – dio un bufido de fastidio – La fecha, es del año pasado – pero sin embargo, el pelinegro no le veía la importancia – Tú necesitas vitaminas para la memoria – suspiro con pesadez – En esa fecha estabas en un viaje de negocios, justamente ese día acababas de llegar y me hablaste quejándote por teléfono (como siempre por cierto) – aclaro – Checa bien la imagen.
Entonces Naraku presto más atención al video queriendo encontrar lo que el albino trataba de decirle, y entonces lo vio, o más bien se vio a si mismo dándole la espalda a la chica a unos diez centímetros de distancia. Abrió los ojos con sorpresa para luego observar, como alguien se acercaba a la chica y empezaban a hablar entre sí amenamente, no podía ver bien de quien se trataba puesto a que traía anteojos y una gorra. Luego dieron media vuelta topándose con él y deteniendo de golpe a la chica, pero retomando su andar en cuestión de segundos y pasando justamente a un lado de él.
- Ahora que te diste cuenta - se acercó más a él - ¿Te diste cuenta de ese detalle? Observa con más atención a los lados de su cadera.
- ¿Una pistola y un "air taser"? – inquirió confundido – ¿Qué acaso no es algo que usan los guardias de seguridad?
- Así es y la pregunta es…
- ¿Qué hace Kagome como guardia de seguridad? – sonriendo de lado.
…
No importaba hacia qué lado de la ventana del auto mirara, era lo mismo; tienda tras tienda, boutiques de alta moda, etc.…. Todo lo que veía para ella le era lo mismo e incomodo; suspiro con gran pesadez, hasta que el auto se estaciono en frente de uno de los centros comerciales más grandes.
Ginta, Hakaku y Jankotsu fueron los primeros en bajar del mercedes plata, mientras que Kagome tardo unos cuantos minutos en poder bajar, ya que era como si esperaba que pasase algún milagro. Hasta que al final se resigno a que nada podría parar aquello.
Bajo con pesar del automóvil y fue hacia donde los tres chicos estaban; Jankotsu se retiro un poco haciendo una llamada y al cabo de unos diez minutos, llego otro mercedes del cual bajaron Izayoi, Suzaku y otra chica de cabello castaño.
- Disculpen la tardanza, el trafico es terrible – excuso – Kagome hija ¿Cómo estás? - saludo con un fuerte abrazo – mira ella es Yuca la asistente de Hana – dijo sonriente.
- Es un placer, soy Kagome …
- Yuca, me han contado mucho de ti – saludo de mano – En especial por tu mal gusto por la moda. ¿Realmente eres Higurashi? – dijo con sarcasmo.
Repentinamente el aire ambiente cambio por uno más sofocante, un aire asesino y peligroso; Ginta y Hakaku voltearon a ver a la pelinegra e instintivamente se abrazaron uno al otro con temor, pues pareciera que la azabache se transformaba en algún tipo de demonio.
Apretó ambas manos en forma de pullos, las venas que sobresalían de su frente pareciesen que reventarían y cuando estaba a punto de hacer algún movimiento, algo o alguien intervinieron.
- ¡Kagome! – reprimió dando un leve golpe en la nuca - ¡Por dios! Espantas a la gente.
- ¿S…Sango? - reconoció - ¿Qué hace tú aquí? – riendo con nerviosismo.
- Solo paseaba ya que estaba algo fastidiado y ¿tú? - dijo sonriendo con falsedad.
- Mentirosa… TÚ… – señalando a Jankotsu.
- Culpable – acepto y sonrió con ironía.
- No dejaras a tu hermanita querida fuera de este acontecimiento tan importante ¿verdad? – con ojos de borrego a medio morir.
- ¡Ah maldita sea! ¡que me trague la tierra! – refunfuño – Solo me falta que también invites a Sesshomaru – dijo fulminando a Jankotsu.
- No lo tengo en mis planes pero… – dijo pensativo – Si quieres le llamo – giño pícaramente.
- ¡No me jodas!
Aquellos chicos que los acompañaban, se miraron uno al otro con gran nerviosismo tragando con fuerza al escuchar el nombre de Sesshomaru. Kagome quien peleaba con el castaño siempre estaba atenta a su alrededor, dando se cuenta así de la actitud de esos dos chicos a quienes miraba de reojo.
- Disculpe que me halla incluido sin su permiso, Sra. Taisho – se inclino levemente.
- No hay ningún problema – tocando levemente su cabeza y deslizando su mano hasta la barbilla de la castaña – Quita esa barrera de rivalidad. No dejes que su odio te afecte también a ti. Esta absurda odio no es entre los hijos, no es contigo, cariño – Sango abrió sus ojos con sorpresa ante las palabras de la mujer frente a ella quien le regalaba una sincera sonrisa de ternura – Mira a tu querida hermana, ella es un claro ejemplo. Andando, creo que tú debes ser la más emocionada por esto ¿no? – sonriente.
Kagome dio un bufido con fastidio y masajeo su cuello para luego ve hacia donde se dirigían dejándola completamente congelada, trago con fuerza mientras veía de reojo a los dos chicos quienes se veían entre sí sonrojados y nerviosos.
- Si no desean entrar, no entren – rio con nerviosismo – A veces suele ser algo incomodo para los chicos…
- ¡KAGOME!
- Es más me quedare con ustedes hacerles compañía… - dijo caminando con hacia ellos.
Izayoi y Jankotsu, tomaron a Kagome de los brazos y la arrastraron hasta el interior del centro comercial, mientras que la pelinegra trataba de detenerlos de todas las maneras que podía hacer, pero claro, no falto captar la atención de las personas alrededor.
Suzaku los guio a una de las tiendas la cual se veían bastante interesantes con el símbolo de una flor de loto, así que arrastraron a Kagome hasta ella pero esta atranco sus piernas en la puerta emitiendo fuerza. Sango suspiro con pesadez y la tomo de ambas piernas de los tobillos.
- ¡No! aun no estoy lista ¡Son unos malvados! – grito con desesperación.
Al entrar capto que ya hacia una señora de no más de cuarenta con una cinta métrica junto a un biombo blanco tradicional y a los lados los cómplices. Así que camino a rastras y se coloco justo detrás del biombo despojándose de las prendas y dejándose tomar medidas.
Izayoi y Suzaku veían confundido a lo que parecía ser ¿vedas? y faja; la señora salió después de darle a la pelinegra una bata negra para cubrirse.
- Bien, busquen una buena pieza sin relleno, ya que no necesita – rio levemente – la talla de sostén es treinta y seis D, y treinta y cuarto en pantaleta – concluyo sonriente
- ¿D…disculpe? – dijo confundida Izayoi – No parece.
- ¿D? ¿Está segura? - inquirió Sango.
Kagome salió de tras del biombo con los brazos cruzados evadiendo la mirada de los presentes acepto Jankotsu quien la veía sonriente con ya varias prendas en las manos.
- ¡¿Tan rápido?! – exclamo Suzaku levemente irritado – Mmm… No se vale, ya sabias.
Jankotsu lo vio con aire de superioridad para luego sacarle levemente la lengua mientras le entregaba a Kagome su elección. Mientras que Sango fulminaba ligeramente a su hermana, ya que mientras pelinegra "modelaba" la lencería que le era elegida, la castaña se había percatado de algunos detalles en su cuerpo que no le había mencionado la azabache.
Dentro de otra instalación, Kagome solo veía con agobio a sus acompañantes quienes iban de un lado a otro con bastantes prendas en brazos, pero lo que más la alarmaba era unas prendas algo reveladoras. Ahora emanaba un aura depresiva de angustia y temor, dio unos pasos hacia atrás topándose con los dos chicos quienes no se habían integrado del todo en la búsqueda de prendas.
- ¿Todo bien señorita Higurashi? – decían los dos.
- ¿Eh?... si jejeje – dijo con nerviosismos, para luego verlos fijamente seria a los ojos.
- ¡Kagome! ven aquí a medirte esto.
Una empleada del la tienda les dio un perchero chico con ruedas para que pudiesen manejarse mejor y armar atuendos, a lo cual Suzaku estaba más que fascinado.
Sango al ver que su hermana no se acercaba, opto por ir por ella jalándola de uno de sus brazos e introduciéndola en uno de los probadores privados. Ginta y Hakaku quienes solo tenían pocos conjuntos se los asignaron a la castaña Higurashi, mientras estos solos se quedaban a fuera esperando con fastidio.
- ¡Ni loca me pondré eso!
- ¡Hay querida, no seas exagerada! – reprochaba Jankotsu.
- ¡¿Exagerada?! ¡Ni siquiera deja nada a la imaginación! – protesto.
- ¡¿Te lo pones o te lo pongo?!
- No te atrevas Jan… ¡NO!
Ambos chicos se vieron uno al otro con extrañes puesto a que les intrigaba lo que pasaba dentro de los probadores.
Solo con un gran número de compras, partieron a la segunda tercera tienda, la cual era exclusivamente de zapatos.
- ¿Acaso quieren que me rompa una pierna con esas cosas? – dijo al ver semejante tacón.
- Oh, lo olvidaba – rio nerviosos – Kagome nunca ha usado un tacón arriba de cinco centímetros.
- Bueno no es algo que no que no se pueda arreglar con la práctica – dijo con maldad Suzaku.
- Lo voy a matar – murmuro.
- Tranquila querida – calmo Jankotsu – Yo igual, pero por diferentes razones.
Salieron con doce pares de zapatillas de diferente estilo y color; Kagome miro la hora en su celular, faltaban veinte para las once de la noche.
Por último fueron a dos tiendas más, comprando en la última uno que otro detalle no tan importante terminando así a las doce con treinta minutos.
Subieron al auto cansados, una en especial más que los otros y esa era nuestra pelinegra quien veía por la ventana desalentada.
Al llegar al hotel Jankotsu y Kagome se vieron uno al otro, mientras colocaban las compras en uno de los percheros móviles del hotel. Mientras que Suzaku e Izayoi se encargaban de dar instrucciones y una que otra cosa más, los chicos se quedaron en el lobby esperando junto con Jankotsu y Kagome. Jankotsu se encontraba sentado en uno de los sillones, mientras que Kagome se encontraba de pie frente a los chicos que al igual que ella se encontraban parados cuchicheando entre sí, sin saber que eran observados atentamente, hasta que uno de ellos sintió sus intensas miradas, volteando así a verlos.
- ¿Ocurre algo? – dijo curioso.
- Si – dijo sonriendo la pelinegra.
La chica camino hasta ellos conduciéndolos hasta donde se encontraba Jankotsu, sin dejar de verles directa y seriamente a los ojos.
- Cops – declaro dejando en shock a los dos.
- Yo digo lo mismo – dijo sonriente – Ya que dudo que sean de algún rango más alto.
Kagome dio un paso más hacia ellos haciendo que estos retrocedieran uno topándose con el sillón y sentándose junto a Jankotsu. Pelinegra tomo asiento del otro extremo, paso un brozo por el hombro de Ginta acariciando de esa manera un costado de sus rostro derecho llegando hasta su oreja de la cual extrajo lo que parecía ser un chícharo, el cual acerco hasta su boca.
- ¿La paso bien joven Sesshomaru? – dijo sonriente.
…
Sesshomaru y un pelinegro se encontraban sentados en la sala del pent-house de Izayoi escuchando atentamente todo lo que hacían junto con su madre, hasta que fueron descubiertos.
- "¿Ocurre algo?" – dijo curioso.
- "Si" – dijo la chica – "Cops" – declaro dejando en shock a todos.
- "Yo digo lo mismo" – dijo Jankotsu– "Ya que dudo que sean de algún rango más alto".
- "¿La paso bien joven Sesshomaru?"
El peli plata sonrió de lado al ser descubierto sin duda alguna; dio un sorbo a su copa de vodka mientras veía a su compañero quien parecía más serio de lo habitual.
- Como no tienes idea, Higurashi - irónico – Gracias por el entretenimiento, aunque hubiese sido más interesante estar presente y ver tu agonía en vivo – rio.
- "¡Jodete Sesshomaru Taisho!"
El ambarino rio con sorna mientras bebía lo que quedaba de su copa escuchando como le decía centenares de maldiciones. Hasta que capto que su compañero aun se encontraba serio y apartado de este "mundo".
- ¿Todo bien?
- Realmente es lista – levanto la mirada encontrándose con la cara confundida de su compañero – Lo siento Sesshomaru, te mentí – se levanto – Me pediste discreción, pero le pedí a unos amigos de la policía que me apoyaran en esto, anterior mente eran unos buenos para nada. Pero ahora brindan su servicio a la policía de Tokio en cubiertas – dijo con algo de nerviosismo.
- Te perdonare, al fin en cuenta ya eh obtenido lo que quiero – sonrió con cierta malicia.
…
Kagome caminaba evidentemente molesta hacia donde se encontraba Izayoi, que se encontraba esperando el elevador; mientras que los tres chicos trataban de alcanzar a la pelinegra, pues temían que armara un alboroto.
La pelinegra se paro frente a la mujer entregándole el micrófono.
- Su hijo Sesshomaru le saluda – entregando el aparato y entrando en el elevador.
- ¿Q… qué?
Al llegar al pent-house, Izayoi entro estrepitosamente sorprendiendo a los intrusos que se encontraban topando tranquilamente un par de copas.
- ¡Imperdonable! – grito - ¿Qué acaso no confías en tu madre, Sesshomaru?...
- Si me ocultas las cosas me es difícil confiar – dijo con serenidad – Y más en algo tan importante que pone en riesgo mi patrimonio a la que te e encomendado.
- Idiota – murmuro la pelinegra.
- Cuida tus palabras Higurashi, en este trabajo no tienes inmunidad contra mí – amenazo.
- Fhe, como si me importara…
- Sé que eso te agradaría más que nada, pero para nuestra mala suerte, no puedo despedirte ahora ya que no hay tiempo de buscar algún remplazo – declaro – Así que por favor… da lo mejor de ti – bufo.
- ¡Ve-te-al- in-fi-er- no!
Más tarde en la suite, Kagome se ponía el pijama para dormir, el cual consistía en una camisola floja de mangas largas y un pantalón de algodón; salió de su habitación y se encamino hacia la cocina tomando un vaso con leche y unas cuantas galletas.
- ¡Huy! que sexy – expreso secamente el platinado.
- Muérete
- "Aunque la mona se vista de seda, mona se queda"
- Sesshomaru, esto no es algo que yo quiera hacer – dijo caminando a la terraza y recargándose en la baranda – Fue algo que se le metió a tu madre en la cabeza y Jankotsu insistió – aclaro.
- ¿A que le temes, Higurashi?
- La gente le teme a lo que no puede entender y se alejan con temor; juzgan lo exterior más no el interior – menciono viendo fijamente a la luna – Y no es que le tema, simplemente no deseo a ser la de antes. – confeso confundiendo al ambarino- Ya no tiene sentido.
Kagome fijo su vista en cierto punto del edificio de enfrente, una ventana que daba hacia los pasillos del hotel, donde claramente se veía un hombre con el cual intercambiaba miradas. Ambos se veían fijamente y ninguno parecía dar su brazo a torcer, dio un leve trago a su vaso de leche sin apartar su mirada.
- Joven Sesshomaru – llamo – Tenga cuidado, la gente no siempre dice ser quien es.
Dio media vuelta retirándose a su habitación, dejando un confundido y alarmado ambarino. Sesshomaru volteo a ver hacia donde la pelinegra, encontrándose solo con la puerta de la habitación de ella cerrarse tras de sí.
Se quedo unos minutos inmóvil dándole vueltas a la palabras de la chica y sin más, un tanto molesto por no entender, fue hacia la habitación de la chica y sin molestarse al llamar a la puerta entro sin permiso alguno sobresaltando e irritando a la chica.
De un movimiento rápido la acorralo contra la pared y se inclino un poco quedando sus rostros a escasos centímetros; la chica palideció por la cercanía entre ellos.
- ¿Qué demonios…? – nerviosa y confundida.
- Basta de juegos – gruño – Desde que llegaste, no he confiado en ti - confeso – pero…
- Descuida, está bien, ya que nunca te pedí que lo hicieras – menciono – Y no te lo estoy pidiendo ahora…
Sesshomaru la tomo del cuello con un poco de fuerza, pero ella mantenía una expresión pasiva; se acerco lentamente a su oído y susurro.
- Hay algo en ti que me intriga – aspiro el aroma de su cabello y volvió a su oído haciendo un leve roce con sus labios – Eres todo un misterio Higurashi, algo me dice que puedo y no puedo confiar en ti. Así que estaré vigilado todos tus movimientos – dijo soltando el agarre del cuello de la chica
Kagome respiraba agitadamente mientras que el platinado tomaba de su barbilla levantando su rostro y haciéndole ver a los ojos; Sesshomaru acercó su rostro al de ella quedando solo unos escasos milímetros de sus labios. Kagome ladeo con brusquedad su rostro con molestia y entonces escucho al ambarino reír.
- ¿En verdad creíste que te besaría? – burlo – Pero ten por seguro, que para la próxima no tratare de besarte, sino, algo más interesante – dijo sonriendo de lado – Ahora será mejor que descanses, pues según mi madre, tienes una agenda muy apretada el día de mañana – dijo con sarcasmo dando media vuelta caminando hacia la puerta tomando la perilla.
- Hey, Sesshomaru – llamo deteniendo al ambarino.
- ¿Qué? dije que para la próxima…
Sesshomaru cayó al suelo repentinamente inconsciente, mientras que la azabache ya hacia a un lado despreocupadamente y su rostro no era el mejor de todos pues parecía maligna; sus ojos entrecerrados con cierta odio mientras empuñaba ambas manos a sus costados, hasta caer en cuenta lo que había hecho.
Se puso de cuclillas junto a él y aparto unos cuantos mechones platinados de su rostro; suspiro con pesadez levantándose y apreciando al ambarino.
- Vaya desperdicio de hombre, todo en el parece perfecto… hasta que habré su boca y hecha todo a perder.
Al a mañana siguiente, Sesshomaru se removió en su cama con un extraño dolor en la nuca y entonces abrió con sorpresa los ojos encontrándose en su habitación. Se incorporo levemente al sentir un poco de vértigo; estaba confundido, muy, muy confundido pero sin embargo bastante molesto pues tenía una leve idea de lo que pudo haber sucedido.
Y entonces escucho alboroto fuera de su habitación, así que sin más salió para ver lo que sucedía encontrándose con una escena similar a la del día anterior.
- Oye Sesshomaru, te importa si desayunamos contigo – decía un aparecido Inuyasha.
- ¿Desayunamos? – dijo confundido arqueando su ceja.
- Si, Miroku y yo, pues veras – rio levemente – mi madre nos corrió del pent-house, puesto a que no querían a hombres en el lugar – dijo pensativo – Bueno Jankotsu y Suzaku son la acepción por ciertas razones – se encogió de hombros.
- Iré a bañarme – mirando de reojo a una azabache que era cargada en el hombro de Jankotsu.
- Vale, pero no te tardes que esto se pondrá bueno – Sesshomaru se detuvo volteando a ver a su hermano – Y mira que suerte de tener buena vista del pent-house.
- Son unos ingratos y yo que estaba dispuesto a ayudar en lo que fuera – dijo un lloroso Miroku recibiendo un golpe en la nuca por el comentario.
- No todas tus intenciones son buenas, pervertido.
Miroku rio con descaro al ser descubierto, mientras que Sesshomaru retomo su camino hiendo a tomar una ducha.
…
Al entrar al Pent-house, Kagome aprecio a todo el personal de Hana y de todas las cosas que se habían llevado para el trabajo. Trago con fuerza retrocediendo un paso topándose con un sonriente y escalofriante Jankotsu, quien la arrastro a todo eso.
Paso media hora en ponerse de acuerdo con lo que empezarían y por si fuera poco, la pelinegra aprovechó ese tiempo para poder desayunar algo, ya que ni chance le había podido dejar desayunar.
Cuando por fin se decidieron, voltearon a ver a la chica de una manera que a ella no le gusto para nada, ya que había sentido claramente como todos los vellos de su cuerpo se erizaban.
Le dieron una bata blanca para que se desvistiera, así que entro al baño. Jankotsu alistaba una camilla para que se acostase la pelinegra, la cual al salir se dio con tremenda sorpresa, una que tenia espectadores en frente y una indeseable sobre todo, la segunda sorpresa era, depilación con cera.
- O…oye… Jankotsu – hablo nerviosa.
- Nada de pero – aclaro – Anda sube, coloca tu trasero aquí – palpando la camilla.
Jankotsu corrió la cortina del ventanal de la terraza, mientras que un par de chicas preparaban a la pelinegra quien se veía realmente nerviosa. Comenzaron por las piernas y en el primer jalón Kagome ahogo un grito mordiendo una toalla que le habían ofrecido.
Mientras tanto, en frente dos chicos se encontraban degustando su rico desayuno, en cambio Sesshomaru estaba más que atento a lo que ocurría de aquel lado mientras tomaba una buena taza de café; había pasado bastante tiempo, hasta que un ensordecedor y agónico grito captara la atención de los tres, volteando a ver en frente que al cabo de unos cuantos minutos se volvió a escuchar el mismo grito. Inuyasha se levanto y se apoyo en la baranda viendo con impaciencia aquel lugar con preocupación.
Entonces Jankotsu volvió a correr las cortinas mostrando a una Kagome caminando furiosamente indignada de una forma bastante rara, como si acabara de bajar de un caballo; entonces Jankotsu volteo hacia los chicos y con señas y movimiento de labios explico.
- "depilación en el área del bikini" – indico.
- ¡Huy! – exclamaron los tres con dolor.
- ¡Dios! no quisiera estar en sus zapatos – dijo Inuyasha con temor.
Sin embargo Sesshomaru mantenía una sonrisa ladina con ironía, tomo lo último de su taza de café y dio media vuelta hiendo hacia la salida.
- ¿Saldrás? – dijo Inuyasha – Te perderás de la revelación jaja – bromeo – Bueno, bueno. ¿Estarás en el evento?
- Si – dijo cortante.
Con Kagome, la pelinegra se encontraba sentada frente al espejo con un Suzaku e Izayoi probándole diferentes tipos de pelucas de diversos colores y cortes.
- Oye Suzaku, ¿Qué no habías dicho que eras profesional? – inquirió – eso es algo que ya deberías de tener resuelto, después de todo… ere un profesional…
- Cállate bruja - dijo ofendido – ¿Rubio dorado cobrizo o cenizo?...
- Eh, pues – rio levemente con nerviosismo – no me gusta ninguno, lo siento.
Suzaku iba a protestar pero un Jankotsu con aura triunfante, se coloco a un lado del pelirrojo, tomo una peluca larga y azabache y se la sobrepuso a la chica.
- Negro azulado es el más indicado – sonrió con victoria – Ya antes fue rubia y no le gusto, además ¿no sería un cambio tan drástico e incómodo para ella?, así que ¡kya! – grito repentinamente al ser fuertemente jalado del cabello por la pelinegra - ¡Oye!
- Está bien, pero será un negro azulado súper intenso y con algunos reflejos azules para darle más luz – decía fantaseando – Pero primero a cortar ese horrendo cabello…
Antes de que pudiese tocar el cabello de la pelinegra, Kagome apuntaba a su cuello con unas tijeras dejando así al pelirrojo sumamente asustado.
- ¡Kagome! – gritaron ambos.
- Regla número uno, solo se cortara un poco, ¿escuchaste? un poco, regla número dos, tú llegas a cortar el cabello antes de pintarlo y yo te corto algo que jamás vas a recuperar, ¿entendido?
- S…si
- ¡¿Pero qué carajos te sucede, Kagome?! – grito Jankotsu.
- Si corta primero el cabello y después coloca el tinte, debilitara las puntas del cabello y se maltratara en poco tiempo – dijo con seriedad – No es saludable – dijo cortante.
- Bien, como sea – dijo disgustado el pelirrojo – Manos a la obra. Son las dos en punto, bien tenemos siete horas cuando mucho.
Suzaku a regañadientes comenzó a decolorar y envolver en aluminio unas cuantas cortinas en la parte superior y enfrente de la cabellera de la chica, tratando de hacer algo uniforme y proporcionado. Después comenzó a aplicar el negro azulado en lo que restaba del cabello, mientras que Kagome a cada jaloneo, sus ojos parecían cerrarse con pesadez y Suzaku al percatarse de esto jalaba con más fuerza haciendo gritar a la chica.
Después de seis horas y media de arduo trabajo, Suzaku y su personal original terminaba los últimos detalles de la azabache mientras le daba un último chequeo para luego dar pequeños brinquitos de alegría por su trabajo. Le ofreció su mano para ayudarle a levantarse y conducirla hasta uno de los cuartos desocupados del pent-house.
- Bien y dime, ¿en donde es que esta esa niña tan testaruda? – dijo Izayoi saliendo con un hermoso vestido coral y una chica estilista – ¿Suzaku? – buscándolo con la mirada.
- Ayudándole con el vestido – dijo saliendo del baño.
- Creo que llego la hora – dijo Suzaku saliendo y detrás de él Kagome.
- Mi dios…
…
En otro lugar, en un amplio y elegante salón Sesshomaru conversaba con unos cuantos hombres, que sinceramente ya lo tenían algo fastidiado, así que busco disimuladamente a su madre o en todo caso a su hermano para que lo sacara de aquella situación, pero sin éxito alguno. Y de pronto como caída del mismo cielo, escucha a sus espaldas la voz de su madre llamándole, por lo que se disculpa con sus colegas y va donde su madre, Inuyasha y Miroku, entonces se percata de algo inusual.
- ¿Dónde están Kagome y Jankotsu? – cuestiono extrañado.
- Oh, en un rato vienen – dijo mientras daba pequeñas risitas.
Sesshomaru simplemente arqueo su ceja con extrañes, sin embargo no le tomo mucha importancia y Kagura quien había estado observando desde lejos estaba a punto de acercársele, pero una mano justo en su hombro la detuvo, por lo cual hizo que volteara a ver de quien se trataba.
- Después – dijo cortante – Ahora ve a ayudar a Hakudoshi – demando.
- Como quieras – dijo marchándose enojada.
Naraku camino hacia donde se encontraba Sesshomaru, percatándose, que la Higurashi castaña se había incorporado al grupo, cosa que lo intrigo; volteo a alrededor en busca de Setsuna Higurashi pero fue en vano, así que retomo su camino colocándose justo a un lado de la castaña.
- Esta velada nos gratifica con hermosas joyas.
- Joven Kagewaki, muy buenas noches – saludo Izayoi sonriente.
Sango quien se encontraba justo al lado del pelinegro, volteo con algo de nerviosismo y disimuladamente aliso su largo vestido esmeralda y saludo levemente sonrojada.
No muy lejos de ellos, dentro de los baños para "damas", un hombre y una mujer se encontraban discutiendo, la mujer se aferraba dentro de uno de los cubículos para no salir, mientras que el chico trataba por todos los medios de abrir la puerta, sacarla y arrastrarla o cargarla si era necesario, pero la mujer parecía no desistir.
- ¡No, no y no! – gritaba la mujer.
- ¡Kagome! ¡Lo prometiste! – grito el hombre.
- ¡Sí! ¡Pero eso fue antes de saber que me meterían en un vestido que no deja mucho a la imaginación! – grito con histeria - ¡Parezco una cualquiera! – dijo abriendo la puerta con una fuerte patada mandando a volar al pobre chico – Me siento muy incómoda – dijo recargándose en el lavamanos.
- Salgamos y terminemos con esto para que puedas ponerte algo mucho más cómodo – le sonrió con ternura – Anda quítate esas balerina y ponte las zapatillas.
- ¿Cómo es que pueden caminar con estas cosas? – murmuro mientras se ponía de mala gana el calzado.
- Ya te acostumbraras…
- ¡Claro que no! – refunfuñaba mientras caminaban fuera del baño sujetándose del hombro del castaño, mientras se sumergía en sus propios pensamientos – Naraku de seguro estará ahí y estará fastidiando…
- No te preocupes, claro que estará tu príncipe demonio…
No pudo continuar puesto a que la chica le había plantado un gran coscorrón, dejando a un adolorido y chillante Jankotsu tendido en el suelo, mientras que la azabache caminaba a grandes zancadas retirándose más del castaño y de vez en cuando tambaleándose por las zapatillas.
- ¡Oye, espérame! – incorporándose y alcanzándole.
Todos charlaban amenamente mientras que disfrutaban de igual de la fiesta, Izayoi se mantenía al pendiente de lo que ocurría alrededor; se sentía ¿ansiosa?, si tal vez pudiese ser eso al no ver señal alguna de de aquellas dos personas, y más al ver como los críticos o jueces comenzaban a mezclarse y evaluar.
Mientras unos bailaban ante la suave y sensual balada, otros conversaban, bebían y degustaban pequeños bocadillos, la señora Izayoi comenzaba a ponerse cada vez más nerviosa, asiendo que Naraku se percatará y se extrañara.
- ¿Se encuentra usted bien, señora Taisho? – cuestiono más por curiosidad que por preocupación – ¿Es por su modelo? ¿Es que acaso aun no ha llegado?
- Esos dos ya se han tardado demasiado – dando un gran trago a su bebida preocupando a su hijo menor.
- Oye madre, no creo que sea conveniente que tomes de esa manera- dijo nerviosos – Recuerda por favor como es que te pones…
- Juro que los mato si no llegan... les doy cinco minutos – dijo molesta entre dientes.
- Si no llega será tu culpa, madre – aclaro – Desde un principio no debiste confiar en ella, además… mona se queda – dijo con sarcasmo.
- Fhe cállate Sesshomaru, no digas cosa de las cuales te arrepientas después – advirtió Inuyasha - ¿Cierto madre?... ¿Madre? oye espera las uñas no – dijo deteniendo de que se mordiera las uñas.
- Inuyasha tiene razón, Sesshomaru – dijo captando la atención del ambarino.
- Hm, Tonterías
- Aunque digas que son tonterías y tu orgullo no te permita retractarte, caerás – advirtió cayendo en cuenta de quien se trataba y confundiendo al platinado – Pero ella es mía – susurro para sí dejando al ambarino con una gran incógnita.
- Naraku, tu…
- ¡Mi vida! – exclamo Miroku viendo hacia la entrada y haciendo que los demás lo imitaran
Ahí justo en la entrada al salón de fiesta, una mujer de piel blanca como la nieve que resaltaba aun más su blancura con el vestido gris humo y cabellera azabache azulada y su ligero pero resaltable maquillaje. El vestido revelado no dejaba pasarla desapercibida; pues el escote de corazón de enfrente y la gran espalda descubierta hasta antes de llegar a su trasero, manteniéndola un poco más segura por un tirante con cristalería que pasaba alrededor de su cuello, y una abertura del lado izquierdo que dejaba al descubierto una de sus largas y bien torneadas piernas, captaba bastante la mirada, en especial de los barones. Pero sin duda alguna, lo que llamaba más la atención no era el simple cuerpo de la mujer, si no, lo que estaba marcado sobre él, tatuaje. Diversos signos extraños para quienes no saben el significado, en brazos y piernas, solo unos cuantos, pero el que más captaba la atención, era aquel dragón japonés que se extendía desde su espalda hasta su pierna derecha.
- No puede ser, ¿es en serio? – murmuro Inuyasha.
- ¡Por fin! Regreso a quien era antes – decía una Sango con lágrimas en sus ojos – Bueno, casi – dijo con una pequeña risita de nerviosismo.
- Como en los viejos tiempos – dijo con una sonrisa ladina.
- ¿Higurashi? – Pensaba el peli plata – Las marcas del la vez pasada son… ¿tatuajes?
- ¡Kagome! Te ves hermosa – se abalanzo la castaña a su hermana envolviéndola en un asfixiante abrazo.
- ¿Higurashi? – balbuceo Sesshomaru.
Kagome se separo de su hermana, miro hacia donde el ambarino se encontraba, le sonrió tiernamente, levanto un poco su vestido y camino hasta el aun con la dulce sonrisa y sorpresivamente al llegar hasta él pateo la espinilla de su pierna derecha, haciendo que se inclinara un poco por el dolor.
- Maldita – murmuro – Como era de esperarse, mona te que…
- ¡Hay cállate Sesshomaru! – dijo con fastidio – Si tus palabras no son mejores que el silencio, mantén la boca cerrada.
- Toda una fiera- dijo alguien tras ella.
La azabache volteo con sorpresa topándose con unos ojos carmesí sobre ella, haciendo que diera un paso hacia atrás. Naraku la detuvo sosteniendo su mano derecha y depositando un beso en ella.
- Se ve usted realmente hermosa, señorita Higurashi – mirándola con intensidad – Como en los viejos tiempos – susurro para los dos.
- Maldito.
Continuara...
Que les pareció? merezco reviews? les aburrí? abandono la historia?... acepto sus sugerencias, no muerdo XD! sus comentarios me motivan mucho... cuanlquier cosa pueden contactarme por Facebook, bueno si decean les mando el link por private messanging. u.u ok nos vemos en la próxima actualización cuídense mucho y muchos besos;) y de verdad perdonden la demora u.u... Proximo capitulo esta que arde O.O! besos!
