Este capítulo es continuación del anterior, porque pensé que le faltaba una segunda parte. así que espero que os guste esta conclusión y, por su puesto, espero muchas reviews.


La primera vez que se despertó, empapado en sudor, apenas la recordaba; incluso creía que podría tratarse perfectamente de un sueño. A pesar de ello, si que recordaba el cuerpo de Sam junto al suyo. Podría incluso asegura, que su hermano no estaba dormido en ese momento, pero Dean se volvió a dormir.

La siguiente vez que se despertó, Sam ya no estaba con él, sino que dormía en la otra cama, boca arriba, y medio destapado. Lo vio descansar tranquilo, recuperado por completo de la intensa fiebre que había sufrido los días anteriores. Sin embargo, él se sentía fatal; la cabeza parecía que le fuera a estallar y se sentía atontado, a causa de la fiebre que le hacía arder. Pensando sólo en que Sam ya estuviera bien, y mientras lo miraba dormir, en silencio, de nuevo, volvió a sumirse en un profundo sueño.

La última vez que se despertó, se mantuvo unos momentos con los ojos cerrados, creyendo que si los abría, todo a su alrededor comenzaría a dar vueltas. Mientras permanecía así, totalmente inmóvil, sintió el contacto de una mano cálida que sujetaba la suya delicadamente. Abrió los ojos lentamente y aunque al principio, la luz que entraba en la habitación, le impedía ver nada, cuando sus ojos se acostumbraron, miró a su alrededor y al lado de su cama, sentado en un sillón, pero con medio cuerpo apoyado en la cama, se encontraba Sam, dormido de nuevo, pero sosteniendo su mano.

Un ataque de tos sobrevino a Dean y le impidió continuar mirando a su hermano en completo silencio. Al escucharlo, Sam se movió, levantó la cabeza y se lo quedó mirando, sin decir nada, aunque sus ojos expresaban un tremendo alivio por verlo despierto al fin.

"¿Qué día es hoy?" Dean notaba su garganta dolorida y le costaba hablar.

"Miércoles, has estado medio inconsciente tres días." sin soltar la mano de Dean, Sam se incorporó y se acercó a la cabecera de la cama. Dean todavía no se había movido, le dolía todo el cuerpo y cualquier movimiento le iba a costar un gran esfuerzo. Sam se sentó en la cama. "Me has tenido muy preocupado."

"Vamos Sam." Dean trató de incorporarse, pero incluso eso, fue una tarea de lo más difícil. "Aquí soy yo el hermano mayor, así que no empieces con tu rollo de responsable conmigo."

"Pero Dean, es que…" Le dolía demasiado la cabeza como para dejar que su hermano siguiera con el mismo tema, así que levantando una mano, que parecía pesarle cien kilos, agarro la camiseta de Sam y acercándolo hasta él, le besó en los labios, mientras notó que Sam colocaba sus manos alrededor de su cintura. No sabía exactamente cuando tiempo había estado durmiendo, pero ahora se daba cuenta de lo mucho que echaba de menos el contacto con Sam, con sus labios, con su piel y con las manos que se aferraban a él.

"Dean, tienes que descansar, acabas de pasar unos días horribles."

"¿Sabes hermanito, lo que más me gusta de ti?" Sam no dijo nada, mantuvo sus manos a ambos lados del cuerpo de Dean, sin apartarse ni un centímetro, porque aunque su conciencia le dijera que su hermano necesitaba reposo, el resto de su cuerpo sentía unas ansias irrefrenables de continuar besándolo y de apoderarse de cada parte de cuerpo de Dean. "Lo bien que se te da el papel maternal."

"Que gracioso. Pues da las gracias porque he estado estos días pendiente de ti, porque no creas que han sido fáciles." Sam no podía ocultarle a su hermano, a pesar de seguir la broma de Dean, la tristeza que inundaba sus ojos, las ojeras debajo de estos y el enorme cansancio que recorría su cuerpo.

Sin decir nada, Dean acarició la mejilla de Sam y vio como esté se acercaba a él y tras volver a besarle otra vez, le decía al oído. "Has estado hablando en sueños. ¿No te acordarás de ninguno? Creo que han sido muy placenteros. He oído mi nombre varias veces" Afortunadamente para Dean, Sam descendió ligeramente y comenzó a besarle el cuello, sin pararse a mirarle a la cara, porque tras el comentario de su hermano, Dean se había ruborizado.

Desde luego, recordaba esos sueños, todos y cada uno, y si, había estado soñando con Sam, dejando que todas y cada una de sus más privadas fantasías se hicieran realidad en su mente. Obviamente no tenía intención de contarle ninguno a Sam, no porque se avergonzara de ellos, si no, porque quería dejar que Sam fuera descubriendo cada uno de esos sueños por si sólo en la realidad, cuando llegara el momento apropiado.

Mientras recorría con su lengua el cuello de Dean, Sam escuchó una voz interior, la de su parte más responsable que le repetía, que tenía que dejar que su hermano se repusiera del todo, que tenía que dejarlo descansar. Por ello, consiguió contener sus impulsos y se apartó de él, incluso separó sus manos de la cintura de Dean para evitar mayores tentaciones.

Aprovechando ese momento, Dean se incorporó, apartó las sábanas y se dispuso a levantarse de la cama. Sam se levantó rápidamente y se puso delante de él.

"¿Se puede saber adonde vas?"

"Necesito darme una ducha, ya no puedo con el sudor." Dean apoyó las manos en la cama, pero antes de que pudiera siquiera tomar impulso para levantarse, Sam puso las suyas sobre los hombros de Dean. "¿Sam, que haces?"

"Dean, estás débil, no has comido nada en tres días, apenas has tomado líquidos, relájate un poco y deja que tu cuerpo se recupere."

Dean levantó la cabeza y sonrió a su hermano. "Sam, lo creas o no, no tengo cinco años y soy lo suficientemente capaz de saber si mi cuerpo está en condiciones de levantarse o no."

Sam se encogió de hombros y dio un par de pasos hacia atrás. Dean volvió a apoyar las manos sobre la cama, tomó un ligero impulso y se levantó. Al hacerlo, sintió una horrible sensación de mareo y las piernas comenzaron a temblarle. Toda la habitación comenzó a balancearse y Dean perdió el sentido del equilibrio.

Sam vio inclinarse a su hermano y durante un segundo lo dejó, igual que si fuera un niño que trata de dar sus primeros pasos, pero finalmente y mientras le sonreía complacido y sintiéndose victorioso, dejó que se apoyara en él.

"Ni una palabra Sam, ni una sola palabra." Dean escuchó la risilla proveniente de su hermano, pero prefirió no mirarlo a la cara, sólo apoyó la frente sobre su pecho y casi se dejó caer sobre Sam.

Sintiendo el peso de su hermano sobre su cuerpo, Sam abrazó a Dean con fuerza, impidiendo de esa forma que pudiera caer al suelo. Su cuerpo todavía estaba caliente y empapado por el sudor y ahora que lo tenía entre sus brazos, tan frágil y vulnerable, no pudo resistirse y cogiendo su rostro con una mano y consiguiendo que lo mirara a los ojos, lo besó en la boca de la forma más tierna que pudo.

"Vamos, te llevaré al baño, creo que al final vas a tener razón y necesitas esa ducha."

"Gracias, pero puedo hacerlo sólo."

"Dean, vamos, no seas así."

"Sam, por favor, he dicho que puedo hacerlo sólo." Se apoyó en la pared con una mano y tras cerrar los ojos un momento y respirar profundamente, comenzó a dar pasos cortos y no del todo seguros hacia el cuarto de baño.

Sam lo seguía desde atrás, asegurándose de que no perdiera equilibrio y preparado por si volvía a caer de nuevo. Tenía ganas de cogerlo, de tomarlo por la cintura y ayudarle a llegar al baño, pero obviamente, ese no hubiera sido Dean. Su hermano no se dejaría ayudar por nada del mundo, prefería golpearse contra la pared o caer al suelo, antes de decir que necesitaba ayuda y eso desde luego, Sam no lo podía soportar, porque si le dejara, estaría encantado de auxiliar a Dean y de estar con él en todo momento y siempre que lo necesitara.

Una vez dentro del cuarto de baño, Dean se sentó en el retrete. Estaba agotado, como si hubiera corrido una maratón, el aire apenas llegaba a sus pulmones y una vez más, el cuarto comenzó a girar en su cabeza. Sam, apoyado en el marco de la puerta, lo observaba en silencio, esperando a que Dean le dijera algo, le pidiera ayuda o le terminara diciendo que lo dejara sólo.

Pero Dean no hizo nada. Se mantuvo con los ojos cerrados e intentando que su respiración se estabilizara de nuevo. La presión que hasta hacía un momento sentía en su frente, comenzó a desaparecer lentamente.

Mientras estaba en así, notó unas manos que se apoyaban en él. "¿Sam, que haces?" Dean no abrió los ojos mientras le preguntaba a su hermano.

"Tratar de ayudarte, ya que eres tan sumamente cabezón como para no pedir ayuda tu mismo. Levanta los brazos."

"Sam, te he dicho que puedo hacerlo sólo."

"Y no lo dudo, pero sinceramente, no quiero tener que apostar sobre si te vas a romper el cuello en la ducha porque te marees. Así que cállate y levanta los brazos de una vez." Al escuchar a su hermano hablarle de esa forma, Dean abrió los ojos de repente y lo miró fijamente.

Mientras obedecía a Sam, Dean se dio cuenta que en un segundo, Sam se había convertido en el hermano mayor y que estaba cuidando de él, tal y como él mismo había hecho siempre con Sam. Le quitó toda la ropa sin decir nada más, concentrado como estaba en llevar a cabo su nueva tarea de hermano mayor.

Sam alargó una mano hacia su hermano para ayudarle a levantarse y cuando lo tuvo frente así, al mirar el cuerpo desnudo de Dean, no pudo evitar suspirar en un tono tan bajo que no esperaba que Dean lo hubiera escuchado. Sin embargo no fue así.

"Sammy se sincero, esto no lo estás haciendo desinteresadamente ¿verdad?"

"Oh, Dean por favor" Sin embargo una vocecilla dentro de Sam le dio la razón a su hermano. No es que sólo quisiera contemplar el cuerpo de Dean, pero después de haber pasado tres días velando por él y nada más que preocupándose por su salud, porque estuviera cómodo, porque la fiebre no subiera demasiado, tantas cosas, que se había olvidado por completo de lo que sentía al ver la figura perfecta de Dean.

"Lo que pasa es que querías verme desnudo." Dean abrazó con fuerza a Sam, haciendo que sus cuerpos estuvieran completamente juntos.

Sin embargo, Sam no estaba dispuesto a reconocerle a Dean, que en cierta forma estaba en lo cierto, así que sacando, momentáneamente de su pensamiento, todas las imágenes y las ideas que esa situación le estaba produciendo, trató de separarse de Dean, sin mucho éxito. "Dean, hace un frío terrible fuera y tu estas desnudo y sudando, creo que sería mejor que te dieras esa ducha, te pusieras ropa limpia y te volvieras a meter en la cama."

Dean se separó de él y se dio la vuelta hacia la ducha. "Sam, alguna vez me tienes que contar, que le ves de divertido a eso de ser tan aburridamente responsable."

Sam no le dijo nada, pero por en su mente le respondió. "Como si eso no fuera lo que más te gusta de mi" Sonrió ampliamente, pero prefirió no decirlo en voz alta. Lo vio entrar en la ducha y se quedó al lado, atentó a que no volviera a perder el equilibrio de nuevo.

El agua comenzó a caer sobre el cuerpo de Dean, que se mantenía en silencio, con los ojos cerrados, dejando que cada chorro de agua le reconfortara un poco y le fuera despejando la cabeza de los días que había pasado adormilado y con fiebre. Se dio la vuelta y apoyó la frente sobre la pared, dejando que el agua corriera por su espalda.

De improviso, las manos de Sam se apoyaron en su espalda y comenzaron a recorrerla igual que estaba haciendo el agua. Dean se incorporó y quiso darse la vuelta, pero el rostro de Sam, respirando de una forma tan sensual sobre su cuello, le hizo quedarse donde estaba. Volviendo la cara hacia su hermano, vio su cabello mojado sobre su cara y la ropa completamente empapada, pegada a su cuerpo.

Sam fue besando su cuello y deslizó sus labios hasta su hombro. Lo besó también y su hermano sintió sus dientes apretando ligeramente sobre su carne. Dean suspiró con fuerza al sentir el mordisco.

"Quería saber si eras real o todavía estaba soñando." Sam le hablaba al oído, susurrando de nuevo, al mismo tiempo que sus manos rodearon la cintura de su hermano y comenzaron a acariciarlo con los pulgares, masajeando sus caderas de una forma que resultaba tremendamente relajante para el mayor de los hermanos.

Dean se dio la vuelta y Sam lo empujó con suavidad contra la pared, que le resultó extremadamente fría al contacto con su espalda. Pero no le importó, mirando los ojos de nuevo vivos y risueños de Sam, que ya no expresaban ninguna tristeza y como el cabello mojado caía sobre su rostro, se sentía tan feliz, que el frío pasó pronto.

Sam Apoyó sus manos sobre el pecho de su hermano mientras el agua caía ahora sobre su cabello, haciéndolo caer sobre su rostro. Dean con una de sus manos apartó los mechones de sus ojos, para luego atrapar su cara con ambas manos y besarlo con renovadas energías, mientras Sam se abrazaba a él, llegando incluso a arañar su piel mojada.

Mientras sus bocas permanecían unidas en un baile frenético de pasión, Dean bajó sus manos hasta la camiseta de su hermano introduciéndolas debajo y llegó hasta el pecho mojado de Sam.

Sam se separó ligeramente de él, la ropa, demasiado pesada ahora y empapada, el molestaba enormemente, por lo que se quitó la camiseta y la tiró fuera de la ducha.

Comenzó a desabrocharse el cinturón, pero Dean le apartó las manos, mientras lo miraba a los ojos, con una sonrisa que Sam no había visto en los últimos días en la boca de su hermano, y comenzó a hacerlo él, despacio y tranquilamente, mientras veía como la mirada antes agotada de Sam, se había convertido en una mirada de llena de fuego y pasión.

Al ver a Dean sonreír por fin, en no recordaba cuanto tiempo, un deseo irrefrenable de apoderarse de todo su cuerpo, recorrió la columna vertebral de Sam. Sin dejarle terminar de quitarle el cinturón, Sam atrapó el cuerpo de su hermano entre sus brazos y tras besar y morder sus labios casi con desesperación, le hizo darse la vuelta. Volvió a abrazarlo por la cintura y sintió las manos de Dean jugar con su pelo mojado y revuelto, acariciarle la cara y al darse la vuelta, vio sus ojos verdes, fuertes y tiernos al mismo tiempo, que lo miraban como si le estuvieran diciendo en silencio, sin palabras, "Te quiero."

Sam se agachó sobre el cuerpo de Dean y comenzó a besar su espalda, despacio, como si no quisiera dejar ni un solo punto por el que no fuera a pasar. Llegó hasta su cintura y se deleitó besando y recorriendo con su lengua sus caderas.

Dean tenía las manos apoyadas en la pared, mientras su respiración era cada vez más acelerada. De nuevo, la habitación comenzó a girar, pero ahora no se trataba de un mareo, si no de la emoción que el cálido aliento de Sam estaba produciendo en él; por sentir sus manos acariciando sus muslos delicadamente, tal y como Sam sabía que a él le gustaba de verdad y su lengua terminando de recorrer toda su espalda y deslizándose ahora entre sus piernas, con suavidad primero, pero con una mayor intensidad a cada segundo que pasaba.

Un momento después de que Sam se levantara por fin y volviera a abrazarle de nuevo, un estremecimiento recorrió todo su cuerpo.

Deslizando sus manos hacia atrás, Dean consiguió quitarle el cinturón a Sam y comenzó a desabrochar su pantalón, mientras, girándose de nuevo hacia el rostro de Sam lo vio acercarse a él y lo besó de nuevo. "No recuerdo muy bien como acababa este sueño¿podrías refrescarme la memoria?" Dijo Sam mientras sonreía a su hermano.

Dean, sorprendido, dejó de desabrochar el pantalón de su hermano y lo miró con los ojos muy abiertos. "Habías dicho que no sabías de que había estado hablando en sueños. ¿Por qué me has preguntado entonces?"

"Quería saber y estabas dispuesto a contármelos, pero ya veo que no. Pensaba que nos contábamos todo Dean, no es justo que te guardes las cosas más entretenidas sólo para ti."

"Serás…" Con la misma rapidez que le caracterizaba durante cualquier cacería, Dean se dio la vuelta y se apoderó del cuerpo de su hermano, haciéndole dar la vuelta y chocar contra la pared. "¿Quieres saber como acababa este sueño?" Sin permitir que Sam contestara, Dean, le mordió el labio con intensidad y luego le besó con frenesí y casi desesperadamente, mientras sus manos habían cogido las de Sam y le impedían moverse, como si las palabras de Sam hubieran desatado en él un torbellino de sensaciones, que hasta ese momento había reprimido.

Apenas sin aire, Dean separó su boca de la de Sam y lo miró a los ojos. Dejó suelta una de las manos de Sam y deslizó la suya por el pecho y el vientre de su hermano, mientras se pegaba a él todo lo que pudo. Sam gimió intensamente de placer, cuando sintió la mano de Dean moviéndose con rapidez, oculta entre ambos cuerpos. Con sus piernas, Dean le obligó a separar las suyas y mientras se acercaba todo lo posible al cuerpo de su hermano, con la mano que tenía libre, lo agarró por la cintura y le dio la vuelta.

Ahora era Sam el que apoyaba las manos sobre la pared y el que sentía el aliento de Dean sobre su cuello y su espalda, sus labios lamiendo su piel húmeda y una de sus manos todavía entre sus piernas lo estaba volviendo loco.

Estaba a punto de llegar al orgasmo, lo sabía y no podía aguantar más, pero antes de que eso ocurriera, sintió como Dean lo atraía todavía más hacia si y al igual que antes había hecho él con su lengua, fue internándose en su cuerpo, lentamente primero, pero notó como el ritmo iba aumentando, como toda la habitación a su alrededor desaparecía por completo, como los únicos sonidos que llegaban hasta él eran, el agua que caía ahora sobre el cuerpo de su hermano y la respiración entrecortada de Dean, cada vez más rápida, con cada envestida de su cuerpo contra el de Sam, cada vez más acelerada.

Cuando finalmente, escuchó el último gemido de Dean, y él comenzaba a respirar también con normalidad, sintió el cuerpo de Dean dejarse caer sobre el suyo. Se dio la vuelta con cuidado y vio a Dean con los ojos cerrados y con la frente apoyada sobre su pecho. Su hermano levantó los ojos, sonriéndole feliz.

Sam se incorporó y los llevó a los dos hasta que quedaron debajo del agua de la ducha. Dean estaba agotado, realmente no debería haber hecho todo ese esfuerzo, pero Sam no podía negar, que realmente había valido la pena.

Sujetó la cabeza de su hermano y la colocó debajo del agua, frotándole, primero el cabello y luego el resto del cuerpo, hasta que un nuevo suspiro proveniente de su hermano le hizo detenerse.

Dean abrió los ojos de nuevo. "Realmente, el sueño no terminaba así, pero creo que, por una vez, me gusta que seas tan responsable"

Sam salió de la ducha y cogió una toalla. "Vamos tienes que volver a la cama. Necesitas descansar." Dean no dijo nada, sino que de nuevo se dejó caer sobre su hermano, que lo envolvió con la toalla y comenzó a frotar su cuerpo para secarlo.

"Sam, espero sinceramente que se trate de la fiebre y que cuando me encuentre bien no uses lo que voy a decir contra mi, porque incluso febril, se que es una cursilería, pero si realmente existe el paraíso, tu eres la prueba de ello, debes de ser un ángel."

Sam comenzó a reír divertido. "Si, creo que todavía tienes fiebre, porque tu eras el que no creía en los ángeles." Sam comenzó a andar, llevando consigo a Dean. Lo sentó en la cama y esperó a que estuviera tumbado para arroparlo.

"Voy a por algo de comer, cuando despiertes necesitarás recuperar fuerzas." Dijo mientras se ponía algo de ropa seca y se secaba el pelo con la toalla

"No se te ocurra usar lo que he dicho contra mi." Dean ya estaba medio dormido cuando lo dijo, pero de todas formas, consiguió mantenerse despierto hasta que Sam le contestó.

"Dean, no se de que estas hablando." Se agachó hasta el rostro de su hermano y lo besó en la frente.

"¡Sam!"

"Voy a buscar algo de comer."

"¡Sam!" Antes de que Dean pudiera decir nada, Sam había salido de la habitación, riéndose y desahogando todo lo que había acumulado durante los últimos días.