Había pasado una semana desde mi llegada.
Volvía a estar en mi distrito, volvía a estar con mi familia y amigos, podía ver de nuevo el mar. Sin embargo, aunque todo fuera igual que antes, algo había cambiado. De hecho un par de cosas, pero la más importante era que yo había cambiado.
Los mutos me seguían persiguiendo allá a donde mirara. Las cabezas de los del distrito de vez en cuando volvían a caer, por mucho que anteriormente hubieran caído y vuelto a colocarse. Ahora vivía en la aldea de los vencedores con mis padres, justo al lado de la casa de Finnick.
Aun habiendo hablado con los Tatcher y habiendo sido perdonada por todo el distrito 4 tras mi llegada me seguía sintiendo culpable por vivir. Sintiéndome una asesina.
Una mañana, la mañana que hacía una semana de mi vuelta a casa me desperté de otra horrible pesadilla. En esta los mutos de la arena nos perseguían a Elrik y a mí, pero esta vez era yo la que tenía que morir para que él escapara. Me arrancaban la cabeza de un tirón y desmembraban mi cuerpo. Nunca había gritado tan fuerte en sueños.
Así que como salí corriendo de mi cuarto, de mi casa, de la aldea de vencedores. Corrí lo más rápido que pude, hasta llegar al límite de todo. El mar. El mar que me había acogido siempre y el agua, el agua que me había salvado la vida en la arena.
Quise ser el mar. Poder confundirme entre sus olas, ser parte de él. Dejar de soñar en mutos, y poder simplemente confundirme entre los peces, el coral, las barcas y el azul del cielo. Ser feliz, estar en paz. Como el mar.
Entonces me di cuenta de que sin proponérmelo estaba andando hacia la profundidad del mar. Nunca había pensado en la posibilidad de… dejar de existir, por mi propia cuenta, aliviar el dolor. El camisón se me pegaba más y más al cuerpo, y me hacia volver a la realidad, cosa que era lo último que quería. Sin dudar empecé a andar más rápido.
Llegué a un punto donde las pequeñas olas mañaneras llegaban casi a mi cuello. Sabía perfectamente que si ahora daba un paso más, caería en la parte más honda del mar. Si ahora daba un paso más, conseguiría unirme al mar en una unión harmoniosa, solo él y yo, la esperanza de un nuevo destino de filtraba por todos mis poros. Así que di el paso.
Rápidamente empecé a caer y a caer, como siendo absorbida por el mar, por las olas. Poco a poco el agua dejaba ver menos al sol, y tuve un poco de miedo, hasta que cerré los ojos. Entonces todo fue mejor. Recordé los veranos con mis padre en el mar, los inviernos con mi madre en casa mientras me enseñaba a tejer… era como volver a vivirlo. También pasó por mi mente Finnick, e imaginé mi vida en otro tiempo, en otro lugar, un lugar sin juegos. Un lugar donde me hubiera podido amar. Un lugar donde habríamos tenido una familia tranquila, un hermoso niño pelirrojo, poder vivir en paz.
Cuando me daba cuenta de que me quedaban pocos segundos empecé a pensar en Finnick de nuevo. Intentaba recordar su rostro por encima de todo, sus ojos mirándome a pocos centímetros, su sonrisa, su pelo, su cuerpo… Finnick, solo él. El chico al cual solo podía dejarle mi corazón, y ni siquiera sabría que lo tenía.
Y me hundí, y me hundí más en las profundidades cuando me pareció ver algo, o más bien a alguien. Cuando empezó a sacarme del agua pensé que era mi ángel de la guarda, que me venía a buscar para llevarme al cielo. Allí volvería a ver a Elrik, y podría disculparme, igual que con los otros tributos. Dejé de pensar justo cuando mi cuerpo salía del agua.
Al final resultó que mi ángel de la guarda era pelirrojo, tenía los ojos verdes como el mar y no era un ángel de la guarda. Finnick me había venido a buscar, y eso contrarrestaba mi enfado por haberme detenido. Estaba tendida en la arena de la playa, con la cabeza apoyada en una de sus piernas mientras él me tocaba el pecho con cara de preocupación. Emití un leve sonido para que se diera cuenta de que estaba allí y me miró con una gran sonrisa, que desapareció cuando vomité un montón de agua encima de su pierna.
Finnick solo hizo una mueca triste mientras me cogía en brazos y me llevaba otra vez a mi casa. No lo podía creer, yo en brazos de Finnick. Ahora la mayoría del pueblo se estaba despertando, pero apenas nadie se fijó en la pareja que se iba a la aldea de los vencedores. Sentía un poco de vergüenza de estar allí, pero aun así me encantaba sentir su respiración, su corazón, y sus brazos rodeándome.
Llegamos a nuestra calle en muy poco tiempo, pero él decidió llevarme a su casa para que mis padres no sospecharan de lo que había hecho. Me tumbó en su propia cama, y me preguntó.
—QUE DIABLOS ESTABAS HACIENDO
—Yo…
—¿TE HAS VUELTO LOCA? ¿COMO PUDISTE PENSAR SI QUIERA EN HACER UNA COSA ASÍ?
—Yo… tuve una pesadilla. Y desperté, pero la pesadilla seguía y… quise ser como… el mar… dejar todas las preocupaciones de lado… poder dejar de sentirme mal y de ver cosas que no están allí.
Esto lo dejo bastante descolocado. No sabía si enfadarse conmigo o sentir lástima por mí.
—A ver Annie, ¿pero en serio no encuentras cosas buenas por las que seguir viviendo?
—Sí pero… tengo tanto miedo…
Las lágrimas corrían por mi ya salada piel. Finnick me cogió otra vez en sus brazos y me acunó como a una niña pequeña. Acercó sus labios a mi oreja y susurró.
—No tengas miedo, todo ha terminado
—No puedo evitarlo
—Yo te protegeré
N/A: Capítulo corto, pero demasiado intenso para añadirle otro asunto. No sé qué os ha parecido el intento de suicidio de Annie, decidme si ha estado bien redactado, porque no tenia ni la más remota idea de como hacerlo.
Para las que me habeis preguntado por beso… bueno, se hacerca, solo diré eso ^^
Gracias por todas las reviews! nos vemos en "robando esperanza"
