ESTA ES UNA HISTORIA MUY BUENA QUE LEI UN DIA ES UNA ADAPTACION DE LA HISTORIA DE PENNY JORDAN CON LOS PERSONAJES DE STEPHANIE MEYER POR LO QUE NADA ES MIO SOLO LA PASION POR LEER NOS VEMOS
ESTO ES UNA PEQUEÑA RESEÑA DE LA HISTORIA:
Título de la novela: El Deseo No Muere (1987)
Título Original: Desire never change (1986)
Editorial: Harlequin Ibérica
Sello / Colección: Bianca 287
Género: Contemporáneo
ESTA HISTORIA TIENE LENGUAJE ADULTO EN ALGUNOS CASOS ABSTENERSE DE LEER A LAS PERSONAS SENCIBLES
Protagonistas: Edward Cullen y Isabella Swan
Argumento:
A pesar del tiempo transcurrido, Bella no podía olvidar la
humillación de que había sido objeto cinco años atrás,
cuando Edward Cullen la había rechazado.
Había transcurrido mucho tiempo, pero las heridas no
estaban curadas por completo. Ella no amaba a Edward,
pero el recuerdo de su rechazo la había convertido en una
persona triste y amargada... El odio era el único
sentimiento que podía albergar su corazón.
Penny Jordan – El Deseo No Muere
Capítulo 10
Bella fue despertándose con lentitud, sabiendo por instinto que algo había cambiado, que todo era diferente. Sobre sus senos estaba el peso del brazo de Edward, la palma de su mano cubriendo uno de ellos.
—¿Edward?
—Ummm...
¡No estaba dormido! La observaba cuidadosamente con una mirada
lánguida y perezosa. Y no sólo miraba, sino que sus dedos la acariciaban sensualmente, despertando todos sus sentidos. Pero Bella no lo repudió, por el contrario, arqueó su cuerpo contra el de Edward.
—¿Qué me dirías si te confesara que anoche necesitaba tu sabor más de lo que tú necesitabas de mi aroma?—Susurró él con voz ronca de pasión—. ¡Oh, Bella!
Levantó las mantas y la estrechó contra sí, comenzando a apartar sus labios con su lengua en un largo beso. Ella no hizo el menor intento de resistencia, por el contrario comenzó a disfrutar de las caricias.
—Bella, no sé por qué haces esto pero sé cómo me perturbas. Abre los ojos, mi amor, quiero verte, quiero que me veas.
Ella obedeció sólo para que Edward la empezara a cubrir de besos en los ojos. Ella no se sentía despierta del todo aún. De tal forma que el sueño se mezclaba con la manera como él le estaba haciendo el amor. Era una atmósfera de irrealidad lo que cubría el cumplimiento de sus ilusiones. El estaba a su lado y la amaba.
—Bella... ¡Oh, Bella!
Como respuesta, ella lo abrazó también y comenzó a invitarlo con su cuerpo.
Hicieron el amor con frenesí. De una manera como nunca lo imaginaron.
Ni siquiera él. La entrega de ambos fue total, cada beso y cada caricia tuvieron su respuesta hasta conducirlos al éxtasis.
Después de un largo rato de silencio, en el que descansaron, Bella se acerco para musitarle algo al oído.
—Ahora sé cómo se siente Superman.
—Si se supone que es un cumplido, ya te dije que no me gusta que me compares. No soy sustituto...
—No Edward, me refiero al saber volar, ¿comprendes?
Las carcajadas de él sonaron trepidantes en toda la habitación, mientras Bella se dormía.
Cuando despertó, miró la hora, alarmada. ¡Mediodía! Rápido corrió a la ducha y luego se secó rápidamente. Se vistió y bajó por la escalera. ¿En dónde estaba Edward?
En la mesa del comedor encontró una nota: «Volveré pronto. Tengo que trabajar en los estudios» Y al otro lado: «Pero esta noche vamos a celebrar algo especial» No había otra indicación y Bella se preguntó qué celebrarían. No obstante tenía cosas que hacer, se apresuró a prepararse el desayuno. Estaba a punto de terminarlo, cuando sonó el timbre de la puerta. Bella fue abrir. Se topó con Lauren Mallory en persona. La joven casi había olvidado su existencia. Un grave error que no podía remediar.
Amable, Bella se hizo a un lado invitándola a entrar.
—No, no es necesario—indicó Lauren con evidente disgusto—. Pasaba por aquí y se me ocurrió venir a decirte que Edward vendrá tarde esta noche. Si es que viene. Me va a llevar a cenar.
—Ah sí, claro. Ha telefoneado para avisarme de que vendría tarde— mintió.
Mallory hizo otro gesto de desprecio, visible a pesar de la gruesa capa de maquillaje y, se retiró. Bella cerró la puerta. Y ya adentro se sentó en la sala y empezó a sollozar. Todo lo que había brillado con intensidad por la mañana, estaba destruido. Edward no la amaba.
En ese momento, el teléfono sonó. Era Edward.
—¿Bella?
-¿Sí?
—Me temo mucho que tendremos que cancelar nuestra celebración...
—Ah, ésta bien, no hay problema. Creo que iré a Barnwell Manor. Quiero supervisar el trabajo de los decoradores.
—¿Cuándo regresarás?
—No estoy segura. Pueden ser varios días.
—Bella... oh, Bella... mira, tengo que irme, tengo asuntos difíciles, por eso no voy a poder ir temprano por ti.
—No te preocupes—aseguró ella con frialdad—. Lo entiendo muy bien.
Colgaron y alejándose paso a paso del teléfono, comenzó a reflexionar sobre cómo había podido mentirle él después de lo sucedido hacía apenas unas horas. En todo caso, ella no había mentido; el trabajo de redecoración de Barnwell iba a comenzar y había que supervisarlo. Bella se marchó a Barnwell porque, además, deseaba empezar a olvidar a Edward.
Durante dos días enteros, Bella se recluyó en Barnwell. Al tercero, su encierro voluntario fue roto por la visita de Rosalie.
—Edward me pidió que viniera a verte. No sabe si estás aquí. Ha estado llamándote por el teléfono sin obtener respuesta.
Sí, así era. Bella desconectó el aparato telefónico a propósito. Ahora se arrepentía. Pero Rosalie continuó hablando a pesar de su extraño aire de ausencia.
—¿Por qué no me dijiste que vendrías? Hubieras ido a mi casa en vez de quedarte sola en esta casona.
—Deseaba estar sola. He estado fatigadísima. Apenas me acuesto, me duermo—mintió Bella.
—¿Sabes algo de tu padre?
—Pude hablarle por teléfono antes de salir de Londres. Él está seguro en Arabia Saudita. Por otra parte, la rebelión de QuHoor se está extinguiendo.
Todo estará bien. Cuando surgió el problema, Edward se portó maravilloso, de no ser por él...
—Ummm, ya sé qué quieres decir. Que en ciertos momentos él puede ser un bastón de seguridad. Bien, Edward es fuerte aunque tenga sus momentos de debilidad. Así fue educado por nuestro tío. Él y el anciano eran realmente muy afines. Cuando Edward heredó su fortuna se le complicó la vida. Tuvo que arreglar multitud de asuntos financieros.
Consiguió cobrar toda la herencia y se retiró de la fotografía, pero no para descansar gracias al dinero de tío Anthony, sino que invirtió una buena parte de su capital en «Western Televisión», donde trabaja ahora.
Bella escuchaba con atención. Había algo en la conversación de Rosalie que le llamaba la atención poderosamente.
—Cuando él heredó toda la fortuna, le reñí diciéndole que se convertiría en otro tío Anthony, y que entonces tendría que dejarme todo el dinero porque nunca se casaría ni tendría hijos. Creo que exageré un poco. Fui demasiado severa con él. Vi las fotografías que te tomó en la playa aquella y me di cuenta de que eras algo especial para él. Edward nunca se ha
comportado así con alguien. A mí me admiraban sus romances y sus pequeños escándalos. Dudé mucho de ti. Pensé que eras una buscadora de su herencia, pero desde que nos conocimos, comprendí que no era así...
—Yo no sabía nada de su herencia.
—Bueno, él heredó y afortunadamente no perdió la cabeza. El tío Anthony era inmensamente rico y quería mucho a Edward. Con decirte que le adelantó algo de su herencia para que se encargara de los gastos de su funeral cuando muriera. En fin, lo que Edward heredó es una inmensa suma de dinero y propiedades muy valiosas, como esta. Veo que te has tomado en serio la idea de convertirla en un lugar habitable. ¿Cómo va todo?
—Bien, bien—respondió Bella aparentemente tranquila, pero en su
interior, los sentimientos se confundían con la razón. Edward le había dicho que ella debía casarse con él para poder heredar, o el gobierno se quedaría con todo. En ello había mucho que Rosalie ni siquiera sospechaba. ¿Por qué la había engañado? ¿Para qué chantajearla si lo que deseaba era casarse con ella?
—¿Supongo de deseas terminar para poderos mudar aquí? Edward me dijo que desea retirarse de la compañía «Western Televisión». A mí me parece estupendo, especialmente si planeáis darme algunos sobrinos... bien puedes decirme que no es asunto mío, pero hay algo en ti que... Bella,, intentó hablar, pero pensándolo bien, prefirió quedarse callada.
—Estás pensativa, ¿verdad? Ya quiero ver la cara de mi querido hermano cuando se lo digas.
«Desgraciadamente, no tengo nada que decirle», pensó Bella con
amargura. Era posible que hubiera concebido un hijo de Edward, pero estaba muy lejos de tener la certeza.
Rosalie se despidió, recomendando a Bella que atendiera el teléfono.
Más tarde, se presentó la compañía de electricidad y Bella revisó los planos con el jefe de los ingenieros. Se pusieron de acuerdo y comenzó otra fase del trabajo. Muy pronto, Barnwell Manor volvería a ser habitable, pero Bella no se sentía feliz. En ese momento, sólo Edward Cullen le podía decir la verdad. ¿Por qué le había mentido? Pero Bella no quiso meditar demasiado en ello, porque en su presente estado se sentía demasiado vulnerable. Estaba tan cansada que se fue a dormir temprano,
admitiendo que Rosalie tenía razón. La casona era demasiado grande y de noche era impresionante. Durmió inquieta, hasta que finalmente, hacia las primeras horas de la madrugada, se quedó profundamente dormida.
No supo con exactitud qué fue lo que la despertó, alarmada. En la quietud de la noche podía detectar cualquier sonido, pero no en la madrugada. En la penumbra del amanecer, adivinó por instinto que no estaba sola en el dormitorio. Se incorporó y se puso una bata. Revisó el dormitorio y vio que no había nadie allí. Entonces bajó las escaleras.
La puerta principal estaba abierta y había luces encendidas, y una persona esperándola. Era Edward.
—Bella, ¿eres tú?
—Sí Edward, soy yo.
Allí estaba Edward Cullen, llamándola por su nombre y acercándose a ella. La penumbra del cuarto la envolvió y todo comenzó a oscurecerse a su alrededor.
—¿Te sientes mejor?
Bella abrió los ojos despacio, y se dio cuenta de que estaba en los brazos de Edward, recostada contra su pecho.
—Me desmaye...
—Sí, es la bienvenida más alarmante que me has dado.
—Pero, ¿qué haces aquí?
—Teníamos una cita, ¿recuerdas? ¿O no leíste mi nota?
—Ah sí, tu nota—dijo ella con brusquedad tratando de separarse de sus brazos—. ¿Y qué sucedió finalmente? ¿Acaso te dijo ella que no quería compartirte? ¿Por eso estás aquí? Para decirme finalmente que tu charada ha terminado.
—¿Ella? ¿De quién hablas?
—No finjas que no lo sabes—gruñó Bella—. Lauren Mallory. Fue a
verme el día que me fui de Londres, para decirme que la habías invitado a cenar y que, si acaso, llegarías a casa muy tarde.
—¿Y tú la creíste? ¿Así de fácil? ¿Después de lo de esa mañana?
—¡Ah! Tú me hiciste el amor como un favor... tú no me amas... yo no soy tu primer amante ni la última... no soy tu única mujer...
—Y yo no soy Black, Bella, me estás confundiendo. A pesar de que nuestros cuerpos responden el uno al otro como si fueran hechos en el mismo molde. Pero en fin, yo no he venido hasta aquí de madrugada para pelear contigo.
—¿Y a qué has venido entonces?
—A esto—replicó él y luego apretó su boca en un largo beso. Tratar de resistírsele era inútil; respondió, a pesar de ella misma.
—Si eran besos lo que querías—exclamó ella zafándose del abrazo—, me sorprende que no fueras con Lauren. Está ansiosa por tenerte.
—Ella no tiene la calidad suficiente. Y yo soy muy celoso de mis besos. Busco un sabor que he extrañado desde hace cinco largos años.
—Detente, Edward. Ya basta de juegos bobos. No los soporto.
—Nuestro amor, mi amor, ¿un juego bobo?
—Sí, juegos; muy bobos, ¿por qué me engañaste diciéndome que debías casarte conmigo para poder heredar tu fortuna?
—Ah... has hablado con mi hermana, ¿eh?
—Sí. Y tú me mentiste. Lo que no comprendo es, ¿para qué me
chantajeaste? ¿No te das cuenta de todo el lío que causaste? ¿Por qué Edward?
—¿Acaso no lo sabes ya? ¿No tienes idea de lo que hiciste conmigo hace cinco años? Tú fuiste todo este tiempo como una espina en mi corazón.
Jamás he deseado a mujer alguna de la forma en que te deseo a ti. Y todo a partir de ese momento en la playa aquella de Jersey. Yo te deseaba y tú parecías desearme. Sólo que eras muy joven, tan cálida, tan inocente.
Desde que te vi en el ascensor y me atreví a tratar de seducirte ya no pude apartarte de mi mente, ¿recuerdas? Sólo pensaba en volver a verte.
Y de repente llegas tú misma y prácticamente me invitabas a salir contigo a aquella playa, donde me ofreciste tu inocencia. Yo... bien... el resto tú lo sabes.
—No. No lo sé. Continúa—insistió Bella, intrigada por las palabras de él. Parecían ser sinceras.
—Sorprendido me di cuenta de que querías algo de mí pero no sabía qué era. Pensé que eras una de esas chiquillas aventureras buscando publicidad y fama. Creí que querías mis fotografías; por ello cuando me pediste que te fotografiara casi te estrangulo. Parecías joven, pero experimentada y promiscua. Me impresionaste. Hasta que descubrí la verdad. En cierto momento, pude haberte matado, ¿te das cuenta? Tú no me deseabas por lo que yo era, sino que querías un hombre, cualquiera,
para entregarle tu virginidad. Y, oh sorpresa, me escogiste a mí, que te deseaba con tanto fervor. Tú nunca sabrás cuan tentado estuve a poseerte en esa ocasión. Nunca sabrás cómo y con qué ansiedad te deseaba, volvernos locos haciéndonos el amor. Pero luego...
—Luego me rechazaste como a una basura y me sometiste a tu castigo, a tu penitencia especial. Me hiciste dudar de mi femineidad. Jacob ya me había rechazado y luego tú lo hiciste.
—¿Y fue mi rechazo el que te causó el trauma?
Bella no lo negó.
—No sucedió como tú crees, Bella—le dijo Edward con suavidad—.
Después de que huiste de mí, traté de encontrarte. Me di cuenta de que me engañaba a mí mismo y anhelaba verte para explicar el porqué tuve que detenerme; no por rechazo, sino por no hacerte el amor en ese momento.
—¿Y por qué tuviste que detenerte? Al parecer, me deseabas...
—Oh, claro que sí. Pero no quería verme envuelto en un lío que no comprendía. Por lo menos, no quería ser sólo el hombre que tomara tu virginidad. Ello hería mi orgullo y mi dignidad como hombre y como persona. Pero cuando traté de hacer las cosas de otra forma contigo, tú ya te habías marchado. Jessica estaba en la recepción y pretendía no conocerte ni recordarte. Incluso me enseñó el registro del hotel en blanco.
Tú no firmaste.
Bella estaba asombrada y no pudo contestar la pregunta.
—¿Por qué hizo eso? ¿Para qué?
—No sé. Tal vez porque se daba cuenta de que incluso tu novio oficial en ese momento, Black, no era inmune a ti. Te envidiaba. Los celos son un sentimiento muy poderoso. En fin. Al llegar a casa, revelé los negativos de tus fotografías. Quise destruirlas para borrarte de mi memoria, pero cada vez que lo intentaba algo me lo impedía; no pude olvidarte. Rosalie encontró una de esas fotografías porque estaba en mi billetera.
—¿Por qué allí?
—Tonto de mí. Para llevarte cerca de mi corazón. Me daba perfecta cuenta de que sólo me estaba engañando, pero no podía detenerme. Tú eras el pasado, un fantasma. Me atormentaba el pensar que pronto habría alguien en tu vida, algún hombre a quien entregarías tu pureza, y que sentiría por ti lo mismo que yo; aunque nadie puede desearte ni amarte como yo.
—¿Ah sí?—susurró ella con fingida indiferencia, pero dentro de sí su corazón latía desesperadamente.
—¿Tú qué crees? Yo no era un niño inseguro de mis sentimientos, Bella, no ignoraba la intensidad de mi amor por ti. Es cierto que esto puede sonarte falso, pero me enamoré de ti a primera vista. Ah, luché contra ese sentimiento muchas veces. Y traté de convencerme una y otra vez, de que sólo se trataba de otra niña de rostro bonito. De otra muchacha promiscua y tentadora a quien le agradaba jugar con el amor y con el sexo y que por lo tanto, a ninguno de los dos nos haría daño divertirnos un rato. Pero el daño ya estaba hecho cuando me pediste que te tomara las fotografías y me confesaste la verdad. Ahora, ¿puedes darte cuenta por qué no te hice el amor en esa ocasión, y por qué no pude resistir la tentación de amartey poseerte cuando me dijiste que aún eras virgen? La primera vez, actué con rabia porque pensaba que eras la amante de Black. No pude creerlo cuando descubrí que no tenías experiencia. Pero tú me dijiste que lo eras porque aún lo amabas y porque en cierto modo te reservabas para él. ¿Es verdad eso, Bella?
—No, Edward; perdóname, te mentí.
—¿Por qué?
—Porque te amaba, porque te amo, aunque no quise admitirlo. Lo supe con certeza la primera vez que me tocaste después de casarnos. Hasta entonces pensaba que no podía sentir, que era frígida. Pero desde ese momento supe que no podía borrarte de mi mente, que tú eras el culpable porque habías destruido en aquella playa mi capacidad de amar y ser amada, pero no era verdad. Si tú me hubieras hecho el amor en esa ocasión el resultado hubiera sido el mismo.
—No. En eso te equivocas aún ahora. Si lo hubiéramos hecho en aquel momento, ya llevarías más de cinco años de matrimonio. No hubiera tenido necesidad de atraerte otra vez a mí por medio del chantaje. No lo creí cuando vi tus fotografías en los periódicos. Una vez que supe con certeza quién eras, comencé a tejer una red de la cual no pudieras escapar. Averigüé todo lo que pude sobre ti y empecé a fraguar mis planes. Pensé en todo, incluyendo la cuestión del falso testamento. Te deseaba tanto que no podía permitir que alguien se interpusiera.
—¿Ni siquiera Lauren Mallory?—inquirió ella con aire provocativo—. No vas a decirme que nunca habéis estado juntos. Yo misma comprobé en tu oficina cuánto te deseaba ella.
—Sí, viste lo que yo quise que vieras. Yo conocía a Lauren como actriz y sabía que como mujer se iba a poner celosa de ti. Así que dejé que Lauren representara su papel, lo que yo buscaba era que sintieras celos para ver si así lograba que me amaras.
—Ummm... sólo que lo hiciste muy torpemente. Si me lo hubieras
preguntado te habría dicho que sí, que te amaba.
—Pero... ¿no amabas a Black?
—Claro que no. Creo que nunca le amé. Pero me aterraba la idea de que descubrieras mis verdaderos sentimientos y por eso dejé que creyeras que lo amaba. Cuando nos sorprendiste juntos al salir de los estudios de televisión, yo ni siquiera sabía que él estaba en Londres.
—Bella, ¿podrás perdonarme el que te chantajeara para lograr que te casaras conmigo, que te forzara a compartir la cama conmigo?
—Puedo perdonarte eso, creo. Pero lo que nunca te perdonaré son todas esas noches que he tenido que dormir sola pensando en ti.
—Tuve que hacerlo. Tenía que concentrarme en los negocios y en las series de la televisión. Cuando dormimos juntos en casa de Rosalie fue casi el purgatorio. Pensé entonces en decirte la verdad o en separarnos, pero lo cierto es que sentía que me estaba volviendo loco. Sin embargo, el dormir contigo y despertar con tu cuerpo en mis brazos fue un aliciente.
Fue lo único que evitó que fueras literalmente violada por tu esposo.
Todavía tengo pesadillas con eso.
Bella no pudo menos que sonreír bajando la cabeza.
—Y ahora, ¿está todo perfecto para ti? ¿Estás completamente segura de que me amas?
—Te lo digo o... te lo demuestro.
—Las dos cosas.
Edward se apretó más fuerte contra ella y Bella intuyó que en ese instante él estaba siendo especialmente sincero y honesto.
—Te he deseado tanto y tan intensamente, mi amor, que necesito con desesperación toda la seguridad que me puedas dar sobre tu amor y tu fidelidad hacia mí. A pesar de lo que puedas pensar, no acostumbro chantajear a las personas. Hubo ocasiones, cuando dormíamos separados, en que me despertaba con la intención de ir hacia ti y confesártelo todo y pedirte perdón de rodillas.
—Y ahora, ¿qué piensas?
—Que entre todos los hombres, he sido escogido para tener a mi lado a una mujer excepcional en todos los sentidos. Pero tú no me has dicho aúnque me amas, cuánto me amas, cómo me amas...
Bella permaneció en silencio unos segundos, meditando qué decir
y cómo decirlo. Luego empezó a hablar con suavidad y ternura, poniendo con franqueza todo su corazón en cada palabra.
—Te amo, Edward Cullen. Te amo de todas las formas posibles. La misma noche en que te fuiste a la casa de mi padre a pedirme en matrimonio comprendí que te amaba y que siempre te amaría.
—Oh, mi amor; perdóname también por ese teatro, pero estaba
desesperado, pensé que podrías huir de mí. Yo nunca te quise como mi amante de ocasión, toda la vida he deseado a alguien como tú para compartir mi vida.
—¿Y lo de Lauren? ¿Por qué cenaste con ella esa noche?
—Cene con ella sí, pero también con media docena de ejecutivos de televisión. Mira, el problema con Lauren es que no sabe distinguir la realidad de la ficción. Piensa que dentro y fuera de la escena puede ser siempre la mujer fatal, la femme fátale, la irresistible, y ello le ha llevado a sufrir grandes chascos, como en su matrimonio. Por lo que a mí respecta, no me interesa como mujer. No la deseo, no siento amor por ella. Es una buena amiga y nada más.
—Eres a prueba de fuego, ¿no?
—No cuando estoy contigo, ¿quieres hacer el intento?
Bella no contestó, pero lo besó en los labios con suavidad.
—Esta vez, mi amor, tenemos todo el tiempo del mundo. Y ya no hay motivo para inseguridad alguna—agregó él.
—Y entonces, ¿por qué me das la impresión de ser un hombre que todo el tiempo corre de un lado para otro, sin tiempo para nada?
—No, mi amor. No soy yo quien tiene prisa. Ambos tenemos prisa. Debes enfocarlo desde los dos puntos de vista, ¿no crees?
Más tarde, cuando volvieron a hacer el amor, se congratularon de estar juntos, pero acordaron conseguir una cama más grande para la siguiente vez, es decir, de inmediato.
—¿Sabes cuál es el problema contigo, Bella?... que no tienes espíritu de aventura.
—Oh, ya veo.
Edward rió de buena gana y dijo:
—Bien, bien ya veremos quién es el que tiene el espíritu aventurero—y acontinuación empezó a acariciarla de tal manera, que Bella empezó a gemir de placer.
Cuando despertó por la mañana, a Bella le complació ver que Edward estaba todavía dormido. Comenzó a despertarlo con ligeros besos en la punta de la nariz. Él abrió los ojos y lo primero que hizo fue mirarla.
—¿Todavía me amas, Bella Swan, Bella Cullen?
—Te amo más que nunca, Edward Cullen o Edward Swan y te amaré
más si...—ella trató de seguir, pero se sintió terriblemente mareada.
—Bella...amor... ¿estás bien? ¿Qué tienes?
—Oh Edward ¿tú, que eres tío de cuatro gemelos, no te das cuenta de lo que me está pasando? ¿No te das cuenta de lo que va a afectar nuestras vidas? Créeme, tu hermana Rosalie se avergonzaría de ti.
—Un bebé... estás esperando un bebé... mi bebé... ¡Mi bebé!
—Uno, ¿estás seguro de que es sólo uno? Debemos hacer un seguro en caso de que tengamos mellizos—señaló ella, tomándole la mano y llevándosela al vientre para que él pudiera palpar.
Una hora después, ambos bebían una taza de café en medio del caos de la enorme cocina.
—Bella... ¿estás segura de que es esto lo que quieres? Una familia, hijos, un hogar, un esposo... ¿estás segura?
—Te diré Edward: hace seis meses lo único que tenía era a mi padre y una computadora. A mi padre por supuesto lo amo y quiero conservarlo, pero en cuanto a la computadora, prefiero cambiarla por otras cosas más... interesantes. Oh, Edward, no dudes de que te amo, por favor.
—Ummm—dijo él, rodeándola por la cintura y atrayéndola hacia sí—. ¿Quiere decir que puedo llevarte a la cama y hacerte el amor de nuevo?
—Yo no tengo inconveniente. Pero Rosalie viene hacia acá justo en este momento. ¿Por qué no le preguntas también a ella?
Edward vio, con un gruñido, avanzar a su hermana hacia él.
—¡Edward!—Gritó Rosalie—. No avisaste que vendrías.
—No. No lo hice. Ni siquiera a Bella. De pronto me di cuenta de que no podía estar separado de ella y ahora, justo en este momento, me la llevo de regreso a Londres conmigo. Necesita cuidados. Ha trabajado demasiado últimamente.
—Claro. Y eso de los cuidados significa que tú te ofrecerás a...
—Entre otras muchas cosas, lo que imaginas Rosalie.
De regreso a Londres, no salieron a cenar y a celebrar como Edward sugiriera. En vez de ello, Bella cocinó y los dos comieron con regocijo disfrutando del momento de intimidad.
—Ámame para siempre, Bella, amor, no puedo creer que por fin sea verdad, que seas mía. Mi esposa, la madre de mis hijos.
¿Comprendes? No es ya sólo cuestión de decírmelo, aunque no me canso de oírlo.
Ella sonrió y comprendió. Más tarde, cuando estuvieron solos en el dormitorio, ella se lo demostró plenamente.
