Hola una semana más :D

Aquí estamos con otro capítulo ^-^


Capítulo 10: Una tarde movidita, primera parte

No sabría explicar qué lo había traído allí. Podría haber sido la infantil esperanza, aquella que nunca había muerto por completo, de que todo pudiese volver a ser como antes, al menos por un momento. Podría haber sido la noción de que, si no venía, cabía la posibilidad de que se arrepintiera por el resto de su vida.

Fuese por lo que fuese, al recibir la llamada había pasado varias horas debatiendo consigo mismo, tratando de convencerse de las mil y una razones por lo que aquello era una idea horrible, pero al final lo había hecho de todos modos.

Mientras Eustass Kid se sentaba en aquella rígida silla de plástico, tras haber pasado los ridículamente exhaustivos controles de seguridad del lugar, volvió a maldecir la decisión de venir, tal como llevaba haciendo desde que había sado de casa.

Cuando la pesada puerta de acero se cerró tras de sí, tuvo que hacer uso de todo su autocontrol para no correr hacia ella y comenzar a golpearla pidiendo que lo dejaran salir.

En vez de eso se quedó allí sentado, con la espalda recta y la barbilla en alto, fijando con su mirada más fría al hombre sentado al otro lado de la mesa, frente a él.

-Me han dicho que tienes novio, Kid.- Habló el otro hombre, y al joven pelirrojo se le heló la sangre.- Dime, ¿es un buen chico? ¿Te quiere?

-Eso no es asunto tuyo.- Gruñó Kid, pero el otro siguió hablando, como si nunca lo hubiese interrumpido.

-¿Crees que podrá soportarlo cuando dejes salir al monstruo que llevas dentro?

Y allí estaba, el mayor miedo de Eustass Kid traído al frente de su mente en una simple pregunta.

Él siguió hablando, cada una de sus palabras grabando con mayor fuerza aquel temor en el primer plano de su mente.

-Porque sabes que lo harás. No eres tan diferente a mí, a pesar de tus esfuerzos, Eustass Kid.

Mandando al traste cualquiera que fuera la estúpida noción infantil, Kid se levantó bruscamente, la silla permaneciendo erguida solamente por estar atornillada al suelo, y se giró hacia la puerta sin pronunciar una sola palabra, dando tres golpes en ella como le habían indicado que hiciera cuando quisiera salir.

-¿Ya te vas? Siempre se te ha dado tan bien huir y esconderte…

Kid no respondió, apretando los puños con tanta fuerza que sus uñas atravesaron la piel, mezclando el negro del pintauñas con en color rojo de la sangre que goteó al suelo.


Hacía ya un poco más de un mes desde el inicio de la relación entre Marco y Ace, y ambos hombres se habían adaptado a una confortable rutina que solo tenía de rutina los aspectos más generales de una, como que Ace se iba a comer a casa de Marco los lunes y los jueves cuando terminaba la clase que el hombre le daba, o que se quedaba a dormir los viernes por la noche. Más allá de esto, podía pasar cualquier cosa, y solían ser cosas bastante impredecibles.

Excepto esa semana.

Era la última semana de clase antes de las vacaciones de navidad, que venían inmediatamente seguidas por los exámenes, y Ace estaba tratando desesperadamente de terminar los trabajos de clase para los que había tenido, en muchos de los casos, más de un mes de tiempo para hacer con calma. En consecuencia, la semana anterior la pequeña biblioteca que Marco tenía ocupando parte de su salón había sido asaltada y muchos de sus libros secuestrados hasta nuevo aviso. Y ese día, jueves, Ace había venido con él, pero apenas comer se había tirado sobre la alfombra, un lugar que había decidido que le gustaba nada más probar, y se había puesto a terminar otro trabajo.

Como antiguo estudiante, Marco realmente simpatizaba con Ace por la situación en que se encontraba, aunque él nunca se hubiese dejado las cosas para el último momento posible. Como profesor temporal, no sabía si admirar la fuerza de voluntad de Ace por ser capaz de dedicar tantas horas al trabajo de clase o echarle la bronca por no haberlo hecho con tiempo. Como novio, Marco estaba comenzando a resentir la ya completa semana sin ninguna clase de actividad más allá de un par de besos.

Después de un mes con sexo bastante frecuente, aquel celibato forzado era, simplemente, una crueldad.

Ignorando a su frustrado cuerpo, Marco se había dejado caer en el sofá y, poniendo la tele sin volumen, se había dispuesto a ver las noticias un rato. El anuncio de la condena a muerte de Caesar Clown al finalizar el juicio no había sido ninguna sorpresa, como tampoco lo habían sido los diez minutos de repaso de todas sus atrocidades y entrevistas con los familiares de sus víctimas. Por desgracia, tampoco fue una sorpresa la retahíla de noticias navideñas que lo siguió, y cuando comenzaron a hablar de un concurso escolar de villancicos Marco decidió que había tenido bastante y apagó el televisor.

Se levantó y fue a fregar los platos, que había dejado convenientemente olvidados en el fregadero, mirando a Ace antes de salir del salón.

El chico estaba tirado cuan largo era en la alfombra, con un montón de folios delante, escribiendo concentradamente en uno de ellos, y dos libros abiertos a los lados, donde era fácil consultarlos.

La escena, tan cotidiana en apariencia, le arrancó a Marco una sonrisa, haciendo que se asombrase una vez más de lo bien que se habían adaptado a tener una relación.


No fue hasta pasadas las cinco de la tarde que Ace se incorporó en la alfombra, sentándose sobre ella y estirando los brazos por encima de la cabeza, bostezando.

Había sido una semana infernal, con horas y horas invertidas en terminar trabajos monstruosamente largos para todas las asignaturas, pero por fin acababa de poner el toque final al último. Sonriendo satisfecho, se levantó y fue a la cocina, donde todavía podía escuchar a Marco moviendo cosas.

Le debo una buena disculpa, después de todo.


Marco estaba terminando de colocar los platos, ya limpios, en el armario cuando unos brazos envolvieron su cintura y el plato que sostenía en la mano casi se le cayó.

Con cuidado, lo dejó sobre el banco.

-Deduzco que ya has terminado.

-No me queda nada.- Confirmó el chico.

Marco se giró, sin apartar los brazos que lo rodeaban, y miró a Ace, diciéndole en tono serio:

-A la próxima haz los trabajos con tiempo, no pienso pasarme otra semana de abstinencia porque tú seas un vago.- Justo antes de abalanzarse sobre su boca y besarlo con todo lo que había estado conteniéndose aquella semana.

Les dio la vuelta, dejando a Ace atrapado entre su cuerpo y la encimera, y dijo, sus manos ya trabajando en deshacerse del jersey de Ace:

-Espero que no tuvieras pensado caminar mucho mañana.

-Me las apañaré.- Aseguró el moreno, moviendo sus caderas y haciendo que notara contra su muslo exactamente lo ansioso que él también estaba.

Una vibración, y Bink's Sake empezó a sonar por la cocina.

-Me cago en la hostia.- Gruñó Marco.

-Ignóralo.- Dijo Ace, sacando el teléfono del bolsillo del pantalón y dejándolo sobre el banco.

Volvieron a besarse, y Marco intentó de verdad concentrarse en tener a Ace desnudo en su cocina lo antes posible, pero la puñetera música no paraba.

-Cógelo o me lo cargo.- Dijo, haciendo un gesto hacia el ofensivo aparato con la espantosa carcasa verde fluorescente.

Ace suspiró y, de mal humor, cogió el teléfono y le dio al botón de responder, sin separarse en ningún momento de Marco.

-¿Qué?- Le gruñó a la persona al otro lado de la línea, pero pronto su expresión se transformó en una de sorpresa y espanto.- ¡¿QUÉ?!

Marco observó, entre sorprendido y curioso, cómo Ace iba poniéndose cada vez más nervioso, y pudo notar cómo se tensaba bajo sus manos.

Se preguntó si habría pasado algo malo.

-¡¿Y por qué le habéis dejado?!- Le gritó a quien quiera que hubiese llamado.- Franky, claro. Voy a matarlo… A quién se le ocurre. ¿Cuánto hace de eso?

Un breve silencio.

-¡Mierda!

Y Marco se vio bruscamente apartado de Ace, quien corrió hacia el salón y comenzó a guardar todas sus cosas, sin soltar en ningún momento el teléfono.

Y ahí va mi tarde de sexo. Pensó Marco, resignada y egoístamente. Para ese punto ya había deducido que no había habido ningún accidente o algo por el estilo, y su frustración volvió con más fuerza que antes.

Resignado, Marco lo siguió al salón.

-Vale, gracias por avisarme, Nami. Nos vemos luego.- Ace cortó la llamada y se guardó el maldito aparato en el bolsillo del pantalón. Sin sentarse siquiera, se puso las botas a toda prisa y haciendo equilibrios.

-¿Se puede saber qué pasa?- Quiso saber Marco. Al menos quería ponerle nombre a lo que acababa de extender su periodo de forzosa abstinencia.

Ace lo miró y, una mezcla de ilusión y pánico brillando en sus ojos.


Law había decidido aprovechar que Ace se había ido a casa de su novio para pasar una tranquila tarde estudiando, sin accidentes raros o situaciones extremadamente ridículas de por medio. Por eso estaba sentado en el sofá, con una de sus libretas de apuntes en el regazo y un libro de consulta abierto a un lado, mordiendo distraídamente un lápiz mientras leía.

Entonces su móvil sonó y, curioso al ver que la llamada era de Ace, respondió.

-Dime que no has provocado un accidente.

-Vas a desear que lo hubiera hecho.

Aquella respuesta, en vez de una de las bromas que solían seguir a sus comentarios, lo preocupó.

-¿Ha pasado algo?

-Me ha llamado Nami.

Aquello no podía ser bueno, los amigos de Luffy no solían llamar a Ace a menos que hubiese pasado algo grave.

-¿Luffy está bien?- Preguntó con cautela. Ace no sonaba como si algo malo le hubiese pasado a su adorado hermano pequeño, pero era mejor andar sobre seguro.

-De maravilla. Solo que aburrido. Y, como tantas otras veces que se aburre, ha decidido hacer el gilipollas.

-Me estás asustando, Ace. ¿Qué ha hecho?

-Ha decidido que quiere conocer a Marco. Y Franky estaba con él.

-No me jodas.- Exhaló Law, dejando caer el lápiz al suelo y llevándose una mano a la cara.

Adiós a mi tranquila tarde de estudio.

-Calculamos que llegará en media hora.

Monkey D. Luffy venía a la ciudad.

Continuará


¡Y aquí viene Luffy!

Sé que muchas queríais a Garp, pero dice que pasa de ir, que le da pereza, y Luffy quiere conocer al novio de su hermano, así que…

Que conste que solamente tenéis capítulo porque lo escribí de antemano, que yo esta semana estoy como Ace: cuatro trabajos para entregar de aquí al viernes. Voy a morirme xD