Resumen: En el fic Zutara completo más largo de este sitio, Iroh envía a Zuko y Katara en una búsqueda para prevenir la caída de la Sociedad del Loto Blanco. Deben encontrar a la Princesa Ursa, antes de que el otoño de paso al invierno. Un cuento épico de una legendaria historia de amor.
La caída del Loto Blanco
Capítulo 10: Regreso
Música: Two steps from Hell, Nero
-¡Dónde está Katara!
Toph hizo una ligera mueca cuando el rugido de Aang rasgó el pacífico silencio de los jardines del palacio de Omashu. Sus pasos, livianos para ser los de un casi adulto, se acercaban con rapidez.
-¿Y dónde está Zuko? -Agregó amenazante, su mirada iba de la pequeña muchacha junto a la mesa de té a la marca dejada en un almohadón frente a ella. Su rostro se ensombreció al percatarse de quién había estado sentado allí, pero que se había ido de la terraza antes de su llegada.
Toph ladeó la cabeza ligeramente mientras una expresión ceñuda tomaba posesión de sus delicadas facciones. Le molestaba que Pies Ligeros todavía pudiera sorprenderla con sus pasos livianos. Pero de inmediato disimuló su sorpresa inicial y se giró, sus ojos ciegos se enfocaron en las rodillas de él.
-¿Y por qué razón específica es que me estás preguntando a mí? –Repuso mordaz-. Además, por si acaso no sabías, fulminarme con la mirada no sirve, porque soy ciega.
-Toph… -un dejo de advertencia envolvía su voz un poco ronca, cuando se agachó.
La maestra tierra inclinó la cabeza pero no iba a ceder todavía.
-¿Por qué no le preguntas al Tío Iroh? –desde hacía mucho tiempo que se le había concedido el derecho de llamar a su mentor Tío.
-Lo haría, pero no lo puedo encontrar en ningún lado –contestó Aang, sarcástico, disimulando apenas el enojo, provocando un suspiro de Toph. Ella sabía que Iroh se había desvanecido por una razón. Esto no iba a ser fácil.
-La Princesita y Chispitas se fueron de Omashu anoche para buscar a la madre de Zuko –respondió sin más, no quería andar con rodeos.
Aang abrió los ojos como platos por la conmoción y de inmediato horripilantes imágenes de la obra que habían visto en la Isla Ember se abrieron paso hasta su mente consciente.
-¡Voy a ir tras ellos!
-¡No!
De repente, una serie de afiladísimas columnas de piedra se levantaron de la nada, aprisionando al furioso adolescente frente a la menuda maestra tierra. Se estaba arriesgando, y lo sabía. Incluso sin que entrara al Estado Avatar, él podía destruir todo el lugar si así quería. Pero ella tenía que detenerlo.
Afortunadamente, lo inesperado del movimiento pareció tomarlo por sorpresa y lo distrajo momentáneamente de la ira. Aprovechando la oportunidad, Toph se puso de pie y caminó hasta quedar delante de su cautivo pupilo de tierra control. En los últimos tres años ella había crecido mucho y había empezado a mostrar indicios de que se convertiría en una hermosa señorita. Sin embargo, su actitud férrea no había cambiado ni un poco.
-¡Ahora escucha con atención! –Exclamó con las mejillas coloradas de furia mientras clavaba los ojos donde sospechaba estaba su rostro, al seguir el sonido de su respiración agitada-. Se fueron a buscar a la madre de Zuko, porque Tío se los pidió. Porque la Orden del Loto Blanco está en peligro. Y son los únicos que pueden salvarla.
Por un momento, Aang miró a la muchacha que lo mantenía prisionero, los ojos en llama, aunque no hizo ningún esfuerzo para liberarse. En lugar de eso, espetó con furia-:
-¿Desde cuándo está en peligro la Orden del Loto Blanco? ¿Qué tiene que ver la madre de Zuko con la Orden? ¿Y por qué ellos? ¡Si alguien puede ayudar a la Orden, ese soy yo! ¡Soy el Avatar!
Prácticamente gritó las últimas palabras y un par de pájaros alzaron vuelo, trinaron en protesta por la alteración de su paz. Pero Toph se limitó a encogerse de hombros ante su ira antes de desviar sus ojos ciegos. Parecía cansada de repente.
-¿Y dónde exactamente has estado en los último tres años? –Le preguntó calmadamente y Aang guardó silencio de inmediato. Inconscientemente se estremeció ante la clara decepción de su voz. Abrió la boca para replicar y luego la cerró de nuevo, no sabía que decir.
Cuando sintió que empezaba a calmarse, Toph lo tomó como una señal para empezar a desmoronar las columnas que lo encerraban. Luego se sentó de nuevo y tomó un sorbo del té ahora tibio.
Por un instante, Aang permaneció inmóvil, mirando la imagen que ella creaba al acercar los labios a la taza y beber. La culpa lo embargó mientras la observaba disfrutar el té como el viejo General que le había transmitido su pasión a su joven protegida. Quedó conmovido por la expresión melancólica de sus pálidas facciones, intensificada por el sol naciente reflejado en sus ojos velados.
Toph no vio los rasgos de Aang suavizarse ligeramente y se sorprendió cuando Aang siguió su ejemplo y se sentó en el almohadón al otro lado de la mesita de té. Apenas, sacudió la cabeza, su flequillo negro cayó elegantemente sobre su rostro cuando lo hizo.
-En los últimos tres años, mientras viajabas para que el mundo conociera al Avatar, todos asumimos nuestras responsabilidades para reconstruir ese mundo. E hicimos nuestros sacrificios.
Cerró los ojos por un momento y dejó que la fresca brisa matutina, que llevaba la suave fragancia de las flores otoñales, le acariciara el rostro entristecido.
Aang miró de reojo a la apesadumbrada maestra tierra, y olvidándose de su propio sufrimiento se preguntó si ella estaba pensando en su encaprichamiento de larga duración con Sokka o en sus padres, a quienes había dejado sin aviso más de tres años atrás para no volver. Nadie entendía mejor que él lo culpable que ella todavía se sentía por eso. Los sucesos de ciento tres años atrás todavía estaban frescos en su memoria.
Pero Toph no se explayó, permaneció inmóvil; el flequillo se levantaba suavemente por el viento.
Luego añadió sin alterar la voz.
-¿Sabes? Ha sido difícil para Zuko encontrarle un nuevo lugar en el mundo a la Nación del Fuego tras cien años de guerra. Un poco de ayuda le hubiera venido bien –el distraído tono de voz suavizó sus palabras llenas de reproche.
Aang desvió la mirada, una expresión herida pasó fugazmente por sus facciones.
-Esto es toda obra de Iroh, ¿verdad? -Inquirió con amargura-. ¿Por qué lo estás ayudando?
-Porque creo que tiene razón –repuso Toph con calma, luego suspiró-. Por favor, Aang, no vayas tras ellos. Ven con nosotros a Ba Sing Se.
Aang la estudió mientras ella estaba sentada allí, viéndose adorable con ese kimono verde claro, pero irradiando una fuerza inflexible. Él sabía que si Katara le pedía que hiciera algo contra su voluntad, fácilmente podía evadirse. Pero esa muchacha junto a él no era Katara. Era Toph y nadie podía evadirse de Toph.
-Preferiría quedarme en Omashu y esperar su regreso –respondió con frialdad.
Toph inclinó la cabeza.
-Es muy probable que ellos ni siquiera regresen a Omashu –retrucó misteriosamente, haciendo que el maestro aire inhalara bruscamente y fijara una mirada fulminante sobre ella.
-Hay más en esto que la simple búsqueda de la madre de Zuko para salvar la Orden del Loto Blanco, ¿no? Y de alguna forma tú eres el cómplice de Iroh.
El rostro de Toph se endureció ante su tono acusador.
-El destino del mundo está entrelazado con el éxito que tengan Zuko y Katara en encontrar a la Princesa Ursa –respondió bastante cortante-. No diré que lo lamento porque no es así. Fue elección de Katara el ir. Ella podía haber dicho que no, de haber querido. Sugerir que fue obligada no es solo un insulto para el Tío Iroh y para mí, sino también para el libre albedrío de Katara. El único que pierde eres tú sino puedes ver eso.
Aang no dijo nada, se limitó a cerrar los puños con furia impotente. Luego toda la furia pareció abandonarlo de repente y cerró los ojos derrotado, las pestañas oscuras proyectaban sombras sobre sus mejillas.
-Quería pedirle que se casara conmigo –suspiró roncamente. Toph empalideció ante esa inesperada confesión, sus ojos desenfocados se abrieron como platos por la conmoción.
-¿Y tú crees que ella hubiera dicho que sí? –Preguntó finalmente, dejando de lado la cuestión de su joven edad.
Aang miró el piso, desanimado.
-No estoy seguro –contestó tras un momento-. No puedo evitar pensar que Katara sospechaba algo y aceptó ir en esta búsqueda como una oportunidad para evitarlo… Yo… yo creo que ella ha sido infeliz por un tiempo… con nuestros viajes y eso…
Hundió los hombros y Toph sonrió con amargura, sintiendo pena por el muchacho abatido. Con un poco de ayuda de Iroh, la Princesita había derrotado a Aang en su propio juego. Vacilante, apoyó una mano sobre el brazo de él. Aang frunció el ceño y desvió la mirada, después suspiró.
-Está bien, iré con ustedes a Ba Sing Se –accedió con reticencia, no vio el atisbo de sonrisa destellar en las facciones de Toph cuando él se rindió.
-Genial. Me vendría bien un poco de ayuda con los muros.
En las sombras del majestuoso corredor Iroh dobló los brazos ocultando las manos en las largas mangas de su bata y sonrió con serenidad.
-Bien hecho, Toph –susurró.
-Te extrañamos, Iroh –aseveró un cliente lleno de agradecimiento mientras Iroh servía un poco más de té-. Nunca te habías ido por tanto tiempo.
La casa de té de Ba Sing Se estaba llena una vez más de clientes y Iroh le regaló una sonrisa radiante.
-Tuve que atender unos asuntos urgentes en Omashu –sonrió enigmáticamente, y entusiasmo reemplazó la mirada astuta en sus ojos-. Pero mientras estuve en Omashu tuve la oportunidad de comprar un té muy especial de un famoso mercader de té de Omashu. Se llama Té de los monos (*) y definitivamente lo recomiendo.
En los últimos tres años, los habitantes de Ba Sing Se se habían acostumbrado a que un estruendo constante atravesara la ciudad. Una brigada especial de maestros tierra de Ba Sing Se, a las órdenes de Toph, sin esfuerzo abría el paso en los muros internos, los que durante siglos habían dividido a los habitantes de acuerdo a su posición social y riqueza. Muchos de ellos eran antiguos agentes Dai Li.
Ya casi llegaba el anochecer de ese frío y sombrío día cuando un estruendo distrajo de su trabajo a los habitantes de un barrio comercial en el este de Ba Sing Se. Un viento crudo sopló lo último que quedaba de las hojas secas en las calles mientras ellos dejaban su trabajo para echar un vistazo. Parecía que los maestros tierra de la Señorita Bei Fong habían llegado para abrir una brecha entre ellos y el distrito vecino.
Un murmullo atravesó a la multitud que comenzaba a formarse con rapidez, cuando un chillido atrajo su atención. Para su sorpresa, un pequeño animal blanco de larga cola con orejas excesivamente grandes saltó sobre la pared. Se sentó y echó una mirada alrededor con una expresión de asombro permanente en sus ojos verde jade, aparentemente inconsciente de su presencia.
Luego la voz de una muchacha agitada sonó detrás de la pared.
-¡Aang, te dije que no trajeras a Momo contigo!
Alguien murmuró algo inteligible como respuesta, que fue seguido por una cortante orden por parte de la muchacha.
-¡Hombres, esperen un momento para que Aang atrape a Momo!
En la multitud, hubo varios que alzaron sus ceños cuando un muchacho alto, vestido de amarillo y naranja, saltó ligeramente sobre la pared también. Una enorme sonrisa apareció en sus labios antes de usar un simple movimiento de aire control para atraer a un atemorizado Momo entre sus brazo. Luego, al girarse, notó la pasmada audiencia. Su sonrisa se ensanchó todavía más y les saludó con alegría antes de desaparecer de nuevo.
Casi inmediatamente tras ese incidente, el muro se derrumbo en miles de pedazos, prolijamente apilados en el suelo y el muchacho y la joven abandonaron sus posiciones con sendas sonrisas de satisfacción. Los robustos maestros tierras que los rodeaban observaron el resultado con expresiones inescrutables.
Otro muro de Ba Sing Se había quedado al nivel del suelo.
Mientras un día seguía a otro y el clima en Ba Sing Se lentamente se volvía más gris y deprimente, Iroh estaba satisfecho de ver que el pequeño discurso de Toph en Omashu había hecho efecto en el joven Avatar. Aunque tan travieso como siempre, trabajaba duro e incluso había desarrollado una forma más rápida de destruir los muros, para la gran aprobación de la brigada y el disgusto de Toph. Pero Iroh sabía que secretamente ella estaba orgullosa de su estudiante de tierra control.
Durante las noches tranquilas y pacíficas que los tres pasaban juntos en la tienda de antigüedades que él llamaba su sala de estar, Iroh estudiaba a los más jóvenes que le hacían compañía. Por encima de una taza de té de primera calidad se enganchaban en largas conversaciones sobre el estado del mundo y sus opiniones sobre el futuro. Y cuando todo había sido dicho, el viejo general les enseñó el noble juego que era el Pai Sho.
Mientras pasaba el tiempo, el ojo agudo de Iroh descubrió una amistad que iba hondo, muy hondo. Mucho más hondo, de hecho, que el vínculo entre su sobrino y Katara, el que apenas habían tenido oportunidad de desarrollar por el tiempo que Zuko había pasado como enemigo del Avatar.
Se dio cuenta que el joven Avatar demostraba un cariño conmovedor por Toph, que no exteriorizaba con nadie más, ni siquiera con Katara, a quién trataba con admiración posesiva la mayor parte del tiempo. La en otro momento tenaz Toph, sorprendentemente, lo dejaba. Y aunque con frecuencia era dura con el adolescente, su animado espíritu de alguna forma se las arreglaba para aligerar un poco el dolor de Aang por la repentina partida de Katara.
Una noche, cuando Iroh les explicaba las sutilezas de crear las armonías correctas e incorrectas en Pai Sho, la mirada de Aang se deslizó sobre Toph que estaba sentada inmóvil frente a él. Como siempre cuando Iroh los introducía con uno de los muchos secretos del juego, su expresión era intensa escuchando con atención. Tenía las manos dobladas sobre el regazo mientras Iroh movía una ficha Rosa y una de Jazmín para mostrarle a Aang un movimiento en particular. Estaba muy ansiosa de aprender el juego pero solo podía imaginar el movimiento en su mente. Una sonrisa triste tiró de la comisura de los labios de Aang mientras su mirada indulgente se posó y permaneció sobre las ciegas y delicadas facciones de Toph. Luego apretó la mandíbula con determinación.
Se levantó de su asiento e hizo una respetuosa reverencia para Iroh, luego se excusó, y no se les unió por unas cuantas noches.
En la cuarta noche después de su desaparición finalmente regresó, trayendo un regalo para Toph con él. Toph agrandó los ojos cuando él apareció ante ella. En los últimos días se había vuelto bastante irritable por su evasiva, pero entonces una sonrisa tensó sus labios al tomar el regalo de sus manos. Con cuidado, recorrió la superficie con sus dedos sensibles, y su boca formó un oh silencioso cuando se dio cuenta lo que significaban los bordes vaporosos de madera que revestían las cajas. Era un tablero de Pai Sho, modificado para su condición. Un juego de fichas maravillosamente talladas acompañaban el tablero.
Toph se sonrojó de un poderoso rojo mientras dejaba que sus dedos recorrieran el resultado del paciente trabajo de Aang.
-Todavía no estás acostumbrada a recibir regalos, ¿o sí? –Bromeó Aang de buen humor, en un intento por hacerla sentir a gusto.
Ella murmuró algo inentendible y le dio un puñetazo suave en el brazo como agradecimiento, y después cogió una ficha Roca de la caja para examinarla.
Una sonrisa orgullosa adornó los labios de Aang mientras se frotaba el brazo, contento de que ella apreciara el regalo. La expresión de su cara cuando él entró en la sala de estar le había hecho caer el corazón hasta los pies.
Mientras tanto, Iroh había tomado el tablero de Pai Sho, los ojos le brillaban de aprobación y se entretuvo en estudiar la estructura intrínseca del tablero y admiró la maestría del tallado sobre las fichas.
-Esto está maravillosamente hecho en verdad, joven Avatar –comentó sobre el trabajo-. Veo que has desarrollado una gran habilidad en el tallado.
De repente un silencio descendió sobre ellos ante su comentario casual y Toph apretó la ficha Roca y Aang bajó la mirada. En los últimos días, se habían acomodado a una rutina segura de desmoronar las murallas de Ba Sing Se y pasar las noches con el General Iroh. Noches que habían apreciado sabiendo con seguridad que no se iban a tocar ciertos temas.
Pero la sutil indirecta de Iroh a los lazos de Aang para con Katara, lo habían hecho darse cuenta que la compañía de Toph había evitado que se preocupara demasiado por Katara. Inclinó la cabeza como reconociendo la renuencia que sintió de repente al pensar en el momento en que tuviera que dejar Ba Sing Se… no, dejarla a ella atrás para reunirse con Katara una vez más. Ese sentimiento lo sorprendió, pero no lo podía negar.
Toph, por su parte, fue abrumada por una sensación de tristeza cuando el anciano intencionalmente o no le recordó del hecho que ese tiempo con Aang en Ba Sing Se era simplemente tiempo robado, concedido para ella siempre y cuando… no podía soportar la idea. Enojada, sacudió la cabeza.
Desde su asiento junto a la ventana, Iroh había estado observando divertido sus incómodas reacciones. Su mirada astuta traicionó que sabía demasiado bien que agitación había provocado su comentario casual en los jóvenes frente a él.
Pero pretendió no haber notado el repentino cambio en la atmósfera mientras bajaba el tablero de Pai Sho de Toph y anunció con alegría:
-Bueno… gracias a este hermoso tablero por fin puedo empezar a enseñarle Pai Sho de verdad a mi querida pupila esta vez. Pero no esta noche. No, esta noche les contaré más sobre la Orden del Loto Blanco.
De repente dos cabeza dieron un respingo de sorpresa y Iroh sonrió. Había alcanzado su meta, sabía que eso les llamaría la atención. Hasta ese momento, había evadido todas sus preguntas concernientes a la Orden del Loto Blanco.
-¿Eso significa que finalmente vas decirnos porque mandaste a Zuko y a Katara de viaje? –Preguntó Aang, un dejo de fastidio envolvía su voz, aunque Toph notó que no había puesto mucho énfasis en el nombre de Katara.
Iroh inclinó la cabeza.
-Si recuerdo correctamente, la Señorita Bei Fong ya te ha dicho la razón por la cual les pedí a mi sobrino y a la Princesa Katara para que vayan en esa búsqueda –respondió un poco severamente y Aang desvió la mirada. La respuesta de Iroh lo irritó, pero también lo hizo sentir un poquito avergonzado.
-Y –continuó Iroh serenamente-, es por eso que me gustaría contarles sobre la historia reciente de la Orden, sus lazos con el Avatar y cómo me convertí en Gran Maestro.
Ambos adolescentes se enderezaron en sus asientos y Iroh dejó que su sabia mirada se posara sobre los rasgos estupefactos. De repente, el Gran Maestro tuvo su atención plena e íntegra.
Iroh tomó un sorbo de su taza y cerró los ojos.
-Aunque sus miembros pueden apreciar una buena taza de té –empezó en un tono de voz cantarín-, la Orden del Loto Blanco no es simplemente un grupo de viejos amantes del té, que organicé en mi tiempo libre.
Aang y Toph se sonrojaron bajo la mirada seca de Iroh, avergonzado por su aguda perspicacia sobre la imagen poco halagadora que tenían de su Orden.
-Yo ya aprendí a ver eso –Toph se apresuró a defenderse y recibió una cálida sonrisa de parte de su mentor.
Aang la miró atentamente. Una vez más se preguntó cuánto sabía Toph de la Orden y sobre todo de las maquinaciones de Iroh que involucraban a Katara.
Iroh asintió, indulgente.
-Sí, ya has aprendido unas cuantas cosas, pero todavía tengo que poner unas cuantas en perspectiva, especialmente para el Avatar. Como les dije, yo no inicié la Orden del Loto Blanco. De hecho, la Orden es muy, muy antigua. Su historia se remonta a los días en que los primeros maestros aparecieron y el Ciclo del Avatar dio inicio. Y desde que existe, ha mantenido una fuerte conexión con el Avatar.
El anciano fijó su mirada en un punto detrás de ellos.
-El Avatar es la excepción a la ley de la separación de los cuatro elementos. El Avatar rompe esta regla reuniendo los cuatro elementos juntos en una sola persona ligando a las personas de los cuatro elementos con todo lo que tienen en común. La Orden del Loto Blanco representa el mismo ideal: la unidad de los cuatro elementos en lugar de su separación. Una de las razones principales para su existencia puede encontrarse, por lo tanto, en la tarea de supervisar la educación de los niños que sean reconocidos como el próximo Avatar, para asegurarse de que sean criados bajo este principio. Cuando un niño es identificado, la Orden del Loto Blanco asigna a un guardián que vigila la educación del niño. La intensidad de la participación del guardián depende de la estructura familiar. A veces el guardián simplemente cumple el rol de confidente, a veces él o ella se convierte en un sustituto de los padres ausentes…
Aang suspiró profundamente y cerró los ojos pensando en su propio guardián, el Monje Gyatso, a quien todavía extrañaba. Ya había descubierto que su mentor había sido un miembro de la Orden del Loto Blanco, pero le impactó que la participación de Gyatso en su crianza no hubiera sido solo voluntad de los ancianos Nómades Aire, sino que también fuera una asignación de la Orden del Loto Blanco.
Un golpe suave en su hombro lo hizo alzar la vista y se encontró con Toph sonriéndole de forma consoladora. Agradecido, le tomó la mano y le dio un ligero apretón.
Iroh observó con atención cómo el gesto sorprendentemente sutil y consolador de Toph sacaba al Avatar de su tristeza. Estaba extremadamente impresionado.
-El guardián asignado a mantener un ojo sobre el Avatar –prosiguió con calma-, siempre ha sido un miembro del Consejo del Loto Negro, el consejo más alto dentro de la Orden del Loto Blanco. El guardián ha dedicado su vida al sendero y la filosofía de la Orden por su vínculo con el Avatar en una vida pasada. El guardián se convierte en miembro sabiendo que su tarea primordial será guiar a la adultez al niño que posea al espíritu del Avatar. Para Aang su guardián fue el Monje Gyatso quien fue el mejor amigo del Avatar Roku entre los Nómadas Aire en vida -Iroh hizo una momentánea pausa, y luego añadió-: Además, la persona que asume el deber de ser el guardián del Avatar, se convierte también en el Gran Maestro de la Orden del Loto Blanco.
Aang inhaló ruidosamente.
-¿Gyatso era el Gran Maestro en esa época? –Estaba perplejo.
Iroh asintió con la cabeza.
-El collar de madera que usaste en la coronación de mi sobrino, ha sido el símbolo de un Gran Maestro de Aire-Control de la Orden por siglos, solo se usaba cuando el Ciclo del Avatar regresaba a los Nómades Aire de nuevo. Por supuesto que esto no quiere decir que dejes de usarlo –agregó de modo tranquilizador en el momento en que las mejillas de Aang se sonrojaron de vergüenza-. El collar perdió ese significado específico con la desaparición de los Nómadas Aire. En cambio, ha ganado uno nuevo: se ha convertido en el recuerdo de tu guardián; como el collar de la Princesa Katara tampoco es un collar de compromiso, sino un sentido recuerdo de su madre.
Mientras su voz se apagaba, Iroh notó que Toph lo observaba con una pregunta tácita en su mirada vacía. Suspiró. Después de todos esos años, todavía le tenía terror a recordar esos sucesos que se acumulaban en la siguiente parte de la historia, la que respondería la pregunta de su pupila.
-Una vez que el Avatar Roku falleció, el Avatar renació en los Nómadas Aire y el Monje Gyatso, el maestro aire representante en el Consejo del Loto Negro en aquel entonces, se convirtió en Gran Maestro ni bien Aang fue identificado. Conforme a la tradición de los Nómadas Aire, el joven fue criado en el Templo Aire del Sur solo para hombres, donde el Monje Gyatso se convirtió en su guardián. Por doce años el niño Avatar vivió en la segura atmósfera del templo, ignorando que la situación mundial empeoraba con rapidez.
"Entonces llegó un día oscuro. El Señor del Fuego Sozin, que no había hecho nada para evitar la muerte del Avatar Roku, se sumió en la frenética búsqueda del próximo Avatar. En un intento por matar al niño que había nacido en el pueblo de los Nómadas Aire arrasó con todos los Templos Aire cuando el Gran Cometa pasó por el mundo tras un año de ausencia. Nunca pudo haber previsto, sin embargo, que el Avatar acababa de escapar de su guardián y no lo encontrarían por cien años. En un día, la Orden del Loto Blanco había perdido a ambos, al Avatar y a su Gran Maestro."
Aang abrió los ojos como platos, conmocionado. El tono calmado en el que Iroh había contado la historia no podía ocultar el abatimiento tras sus palabras y por primera vez en su vida empezó a ver la magnitud de la desesperación que los sucesos de cien años atrás le habían causado a la Orden del Loto Blanco.
-Los miembros restantes del Consejo del Loto Negro se reunieron totalmente devastados, sabiendo que la nación de los Aires Nómadas estaba completamente destruida y que el Gran Maestro había muerto. Sin embargo, sabían que a pesar de sus esfuerzos, el Señor del Fuego Sozin no había tenido éxito en poner sus manos sobre el joven Avatar y que el muchacho había escapado milagrosamente a la masacre de su pueblo. El Consejo decidió entonces emprender la búsqueda del Avatar, la cual persistiría por décadas.
Iroh tomó otro sorbo de su té tranquilamente, mientras Aang y Toph permanecían inmóviles, embelesados por la historias.
-En los muchos años que siguieron, el Señor del Fuego Sozin murió y fue sucedido por su hijo, el Señor de Fuego Azulon. Una vez más, muchas décadas pasaron y bajo el reinado de Azulon la expansión de la Nación del Fuego continuó al mismo tiempo que el nuevo Señor del Fuego y la Orden del Loto Blanco continuaban en vano la búsqueda del niño Avatar.
"Entonces, un día, el Consejo del Loto Negro recibió un informe de un golpe de estado que había ocurrido en la Nación del Fuego. El Señor de Fuego Azulon había muerto en sospechosas circunstancias; era sabido por todos que gozaba de buena salud. Su muerte dio lugar al destierro de la Princesa Ursa, esposa del segundo hijo de Azulon, el Príncipe Ozai. Y, en lugar del hijo mayor del Señor del Fuego, su segundo hijo, mucho más joven, ascendió al trono, apenas días después de que el príncipe heredero perdiera a su hijo en el asedio de Ba Sing Se".
Aang y Toph bajaron la mirada cuando el anciano guardó silencio. El dolor que repentinamente cruzó sus facciones lo hizo lucir diez años mayor. Les recordó el hecho de que su viejo amigo amante del té estaba destinado originalmente a ser el próximo Señor del Fuego, cuando poseía un heredero que se lo aseguraba, el hijo que había amado muchísimo. Le dieron a Iroh un poco de espacio; esperaron pacientemente hasta que estuvo listo para continuar su historia.
Tras un momento, en el que el anciano pareció recuperar el coraje, sonrió con tristeza y prosiguió:
-El Consejo de inmediato reconoció el peligro de la situación. Al contrario de su hermano mayor, el Príncipe Ozai era conocido por su crueldad y sed de poder. Esto aumentó considerablemente el peligro de empeorar el estado ya frágil del mundo, mientras silenciosamente los miembros de la Orden habían esperado la paz una vez que el Señor del Fuego Azulon hubiera pasado a mejor vida.
Otrora, Iroh hubiera ascendido al trono; en silencio Aang y Toph asimilaron las modestas palabras de Iroh.
-En esa época yo acababa de entrar al Consejo del Loto Blanco, como representante fuego-control; uno de los últimos maestros fuegos que todavía respetaban las viejas tradiciones. Los otros miembros eran el Rey Bumi del Reino Tierra, que como Gyatso había conocido personalmente al Avatar Aang, y el Maestro Pakku por las Tribus Aguas. El Consejo decidió que la urgencia de la situación requería una intervención inmediata. Cualquier vacilación probablemente culminaría en la perdición de todos.
"Fue en ese entonces que, en contra de miles de años de historia en los que el objetivo de la Orden del Loto Blanco siempre había sido apoyar al Avatar, el Consejo decidió, con gran dolor en el corazón, detener la búsqueda del niño Avatar. En su lugar, la atención del Consejo pasó a los alarmantes acontecimientos en la Nación del Fuego. El foco de atención pasó a ser el presunto nuevo heredero al trono".
-Zuko –susurraron Toph y Aang al unísono y conmocionados.
Iroh asintió en silencio.
-Habiendo fallecido mi único hijo y al haber sido excluido de la sucesión, Zuko, que había estado cuarto en línea detrás de mí, su primo y su padre, se había convertido en el nuevo Príncipe Heredero de la Nación del Fuego.
"Tenía diez años en aquel entonces y todo lo que conocía era el amor de su madre por él. Este amor, junto con mi protección y el vínculo fraternal con mi hijo lo habían protegido del desprecio de su padre y la crueldad de su hermana. Y aunque era un chico bastante impaciente, Zuko era excepcionalmente cordial y tranquilo.
"Con la situación en la Nación del Fuego deteriorándose con rapidez, él se convirtió en la única esperanza de paz de la Orden. Por lo tanto, Zuko se volvió el centro de la atención de la Orden".
Aang y Toph lo escucharon con los ojos como platos mientras trataban de imaginar a su amigo, enojado y herido como había sido en el aquel entonces, tomando involuntariamente el lugar de Aang como la única esperanza de la Orden para la restauración del equilibrio en el mundo. Ambos empezaban a verlo bajo una luz nueva.
La voz suave de Iroh los sacó de sus pensamientos.
-La situación en la que el chico había terminado tras el destierro de su madre preocupaba al Consejo del Loto Negro ya que de repente había quedado a merced de dos de las personas más peligrosas sobre la tierra. Así que por esto fue que el Consejo tomó la drástica decisión de ponerle un guardián al Príncipe Heredero de la Nación del Fuego. A este guardián se le asignó la difícil tarea de enseñarle las prácticas de la Orden del Loto Blanco y de salvaguardarlo de cualquier daño. Y el guardián se convirtió en el Gran Maestro de la Orden del Loto Blanco. Yo –Iroh les sonrió a los atónitos rostros frente a él.
La oscuridad había caído sobre Ba Sing Se mientras Iroh contaba su historia y su sirviente silenciosamente había encendido varias lámparas en la pequeña sala de estar. Aang miraba fijamente, con la boca abierta, al anciano sentado frente a él, incluso las facciones de Toph expresaban asombro. Nunca antes se habían preguntado como el viejo General de la Nación del Fuego, nieto del mismísimo Señor del Fuego Sozin, se había convertido en el Gran Maestro de la Orden Loto Blanco. Pero súbitamente todo se les había aclarado. El General Iroh, que había sido la excepción a una infinita sucesión de guardianes del Avatar, se había hecho responsable de la imposible tarea de traer paz al mundo convirtiéndose en guardián de su sobrino y… había tenido éxito.
Finalmente, Toph preguntó:
-Así que, ¿La Orden del Loto Blanco intentó criar a Zuko como habían hecho con todo los Avatares?
Iroh asintió y explicó.
-Esperábamos crear otra forma de terminar la guerra. Sin embargo, la Orden, habiendo tratado solo con padres orgullosos y de buena voluntad que solo querían lo mejor para sus hijos, todavía subestimaba la crueldad de Ozai y la influencia sobre su hijo. El daño que se las arregló para infligir sobre su hijo a pesar de mi, es decir, de nuestra protección al final resultó en la obsesiva búsqueda de Zuko por el Avatar, que controló nuestras vidas por tres largos años. Ustedes ya saben el resto.
Cuando Aang y Toph se retiraron por la noche, automáticamente el maestro aire tomó a la muchacha ciega del codo para guiarla entre el lío de objetos, aunque ella había vivido en la abarrotada casa de Iroh por más tiempo que Aang. Sin embargo, no protestó.
Pero cuando Toph ya había subido las escaleras, Aang repentinamente dudó y se volvió. Miró a la silueta ligeramente inclinada de Iroh e inquirió:
-¿Zuko y Katara saben esto?
Por un momento pensó que Iroh no lo había oído, pero luego le llegó la respuesta quedamente:
-No.
N/A: Dado que no había consigna esta semana, pude escribir el interludio Taang que he estado queriendo escribir desde que comencé la historia.
Cosas para notar en este capítulo: el té al que Iroh se refiere, Té de los monos, existe de verdad. Es un sabrosísimo té pero bastante caro. Por supuesto, la referencia puede también indicar la estatua en la sala de estar de Iroh…
Además, creé el Consejo del Loto Negro para que sea el Consejo más alto dentro de la Orden del Loto Blanco. Consiste de cuatro personas, miembros representantes de cada habilidad de control. Debido a que la Orden misma se llama La Orden del Loto Blanco llamé a este alto consejo el Consejo del Loto Negro, como Ying y Yang. Este capítulo ilumina un poco el cómo Iroh, representante de la Nación del Fuego, se convirtió en el Gran Maestro de la Orden del Loto Blanco.
Como siempre, quiero agradecerle a mi beta Lieta por su gran precisión y conocimiento del Avatarverso.
En el próximo capítulo volveremos nuestro enfoque sobre Zuko y Katara que habían dejado las Aldeas de las Llanuras para dirigirse a la Isla Kyoshi.
¡Muchas gracias a todos por los reviews, siempre me alegro cuando hay uno en mi casilla! ¡Hasta la próxima vez!
(*) Monkey King en el original. Té de los monos es la única traducción que pude encontrar. No suena tan de la realeza pero es igual de caro. El té es el Tai Ping Hou Kui. Su sabor es dulce con tonos florales. y las hojas son enormes y planas con punta de lanza y con el tallo de color rojizo, la infusión que da es de un color verde brillante. Cuenta la leyenda, que las mejores hojas de este té crecian en lo más alto de unos arbustos de té muy altos, por lo que los chinos (que son muy listos) decidieron amaestrar a monos para que trepasen hasta allí arriba, y con el máximo cuidado se hicieran con las hojas más tiernas.
NT: Espero que hayan disfrutado del capítulo :)
Y ahora un pequeño aviso: el seis de agosto tengo que rendir un examen que ya rendí dos veces mal y que quiero sacarme de encima de una vez. Así que quiero dedicarle intensivamente esta semana a ver si puedo meter primer año de una buena vez y para siempre. Por lo que probablemente el capítulo 11 se demoré un poquito, intentaré que, a más tardar, este arriba el 14/8. Espero sepan comprender :)
¡Heero Kusanagi, Bell Star, Valeria16, Earanel, Azrasel y funny-life muchas, muchas, muchas gracias por leer y tomarse el tiempo de comentar el capítulo anterior! :) Guau, 65 reviews, valen oro, gente.
