Esta es una adaptación con algunos de los personajes de Stephanie Meyer, la historia no es mi propiedad. Al finalizar les diré quién es la autora.
Reviews si les gusto el capitulo, muchas gracias a quien agrego la historia favorito. Bonito Día agradezco los reviews y las alertas disculpen la tardanza.
Rose estaba sentada en la sala de espera. Un ventilador giraba lentamente sobre su cabeza. Los brazos y los hombros seguían doliéndole, pero no le importaba. Sólo había una cosa que le importaba: Emmett. Miró el reloj. ¿Cuánto tiempo llevaba en la sala de operaciones? No lo sabía. Sólo sabía que nadie le decía algo tranquilizador. Nadie le decía que iba a vivir. Ella no podía dejar de repetirse que había sido por su culpa. Sólo había podido hacer otra cosa desde que el médico le dio el alta: pidió que la dejaran llamar al Reino Unido. Habló con Allie y le advirtió de que el hombre que la había dejado embarazada quería matarla.
Se abrieron las puertas y salió un médico. Se acercó a Rose mientras se quitaba la mascarilla. Estaba serio. Ella sintió un nudo de fuego en la garganta. El cirujano la miró un instante y luego esbozó una sonrisa cansina.
-Tiene un hombre muy duro ahí dentro. Lo he remendado, pero necesita una recompensa por su heroicidad. Esté cerca de él cuando se recobre. Se merece ver a una mujer guapa cuando se despierte.
Rose rompió a llorar.
Emmett estaba muy pálido. Casi ni respiraba, pero el movimiento del vendaje del pecho indicaba que estaba vivo. Ella sintió gratitud y algo más.
Acercó una silla y se sentó junto a él: Emmett tenía las manos inertes a los costados del cuerpo. Rose entrelazó los dedos en la que tenía más cerca. Lentamente bajó la mejilla, húmeda por las lágrimas, hasta la mano. No sabía cuánto tiempo tendría que estar así. Las enfermeras entraban de vez en cuando. La noche se acercó y ella seguía agarrándolo de la mano. Llegó el alba y una enfermera entró para comprobar el estado de Emmett y para llevarle un café y un sándwich a ella.
-Tiene el pulso más fuerte. Pronto volverá a estar entre nosotros -miró la mano que sujetaba Rose-. No la suelte. Él la nota -le sonrió-. Ahora, tómese el café mientras está caliente y coma algo.
Rose siguió sujetando la mano. ¿Lo notaría él? ¿Notaría que ella estaba allí? Si lo notaba, ¿sería para bien o para mal? Los ojos se le empañaron de lágrimas. Él había ido a rescatarla; se había jugado la vida por ella. Él pensaba que era una ladrona, pero había ido a rescatarla. Después de todo lo que ella le había dicho, había ido a salvarla. Sintió una emoción tan fuerte que la asustó. Tenía la vista nublada, así que lo primero que captó fue el levísimo movimiento de su mano. Derramaba lágrimas, pero consiguió ver que él levantaba los párpados, que miraba sin ver hasta que los ojos se enfocaron y se movieron; hacia ella. Por un instante, fueron unos ojos vacíos. A ella se le hundió el corazón y empezó a retirar los dedos. Él los sujetó y los apretó para retenerlos. Él volvió a cerrar los párpados.
-Rose-dijo él con un susurro casi inaudible.
Emmett volvió a quedarse dormido, pero ella pudo notar que sonreía levemente.
Más tarde, un empleado de Emmett la llevó a la villa. Todos fueron amabilísimos con ella. Ella quería gritarles que todo había sido culpa suya, pero las doncellas la ducharon, le dieron de comer y la acostaron. No en su cama, sino en la cama de Emmett. Ella se durmió abrazada a la almohada, que olía a él y estaba mojada con sus lágrimas.
Cuando Rose volvió al hospital, le dijeron que Emmett había recuperado toda la consciencia y luego se había quedo dormido otra vez. Sus signos vitales eran buenos.
-Pronto volverá a despertarse -le dijo la enfermera-. Esté cerca cuando lo haga y, por favor, no llore. Él va a recuperarse.
La advertencia fue en vano. Rose lo miró, estaba pálido y con el pecho vendado, y se puso a llorar. Tenía el corazón encogido. Se sentó al lado de él sin dejar de mirarlo y de susurrar su nombre con el corazón rebosante de amor por Emmett McCarthy.
Emmett estaba soñando. Supo que estaba soñando porque Rose estaba llorando y no paraba de repetir que lo sentía. Tenía que ser un sueño. Rose nunca decía «lo siento». Le había robado una pulsera y no lo había sentido; lo había excitado para luego expulsarlo de su dormitorio y no lo había sentido; le había acusado de acosarla sexualmente y de ser un chantajista y no lo había sentido; había dicho que acostarse con él era sórdido y tampoco lo había sentido.
Además, unos psicópatas la habían secuestrado, él había ido a rescatarla y lo habían cosido a balazos. Sin embargo, esa vez, ella estaba diciendo que lo sentía, podía oírla.
Emmett abrió los ojos. No era un sueño. Rosalie Hale estaba sentada junto a su cama hecha un mar de lágrimas.
-Lo siento, Emmett. Lo siento muchísimo.
Ella vio que él había abierto los ojos y se quedó en silencio. Por un instante interminable, Emmett vio que a ella le temblaba la boca como si quisiera contener algo. Hasta que volvió a romper a llorar. Emmett la miró fijamente. Ella tenía los ojos verdes irritados, las mejillas surcadas por rastros de lágrima y la nariz roja.
Estaba espantosa. Sin embargo, para él, era la visión más maravillosa del mundo.
Emmett extendió la mano para tomarle la suya que retorcía un pañuelo sobre el regazo. Él le tiró el pañuelo al suelo y le agarró la mano para llevarla hasta la cama. Le pareció muy pesada, pero también le pareció la cosa más maravillosa del mundo.
Sabía que estaba loco. Era una ladrona, hipócrita, desvergonzada, tozuda y difamadora. Además, tenía peor genio que Atila y podía enfurecerlo más que ninguna otra mujer que hubiera conocido en su vida. Sin embargo, cuando la vio desnuda de cintura para arriba y con una pistola en la cabeza, sintió una cólera para él desconocida. Nadie haría eso a Rose y seguiría vivo. Aunque él acabara como un colador.
-Eres todo un lío, yineka mou -dijo él con un hilo de voz.
El llanto de ella subió de intensidad. Él la miró casi sin poder mantener los ojos abiertos. Todos los días se veía algo nuevo. Su maravillosa Rosalie Hale estaba llorando. Le apretó los dedos. Quiso atraerla hacia sí y abrazarla con tanta fuerza que ella no pudiera volver a escaparse, pero tuvo que conformarse con apretarle los dedos.
Eso hizo que ella llorara más todavía.
-Emmett... Lo siento. Todo ha sido culpa mía...
Él esbozó una sonrisa muy leve. Rosalie Hale por fin se disculpaba. Era una sensación estupenda. En ese momento no venía a cuento, pero era estupenda.
-Fuiste a rescatarme. Me considerabas una ladrona y yo te había dicho unas cosas espantosas, pero fuiste a rescatarme. Me salvaste la vida... y lo siento muchísimo. Estoy muy agradecida y me alegro de que estés vivo.
Emmett no podía dejar de mirarla. La insensible Rosalie Hale estaba hecha un mar de lágrimas por él. Sintió algo increíble.
Decidió que le daban igual los puntos y la atrajo hacia sí. Ella dejó de disculparse inmediatamente.
-¡Emmett, las heridas!
Ella intentaba zafarse y levantarse, pero él no iba a permitirlo. Ella no iba a apartarse de él.
-Estate quieta, no voy a soltarte.
-Pero te hago daño.
-Cállate -le ordenó Emmett.
Él le tomó la mejilla con la mano y le secó las lágrimas con el pulgar.
-¿Lloras por mí? -le preguntó él con asombro-. ¿Rosalie Hale está llorando por mí?
-¡Claro que estoy llorando! Te debo la vida y casi te matan por mi culpa. Me siento fatal. Creía que eras un canalla arrogante y malcriado que pensaba que podía disponer de mí porque soy modelo, que sólo quería darse un revolcón conmigo porque pensaba que era una mujer fácil, que te acostabas conmigo porque me chantajeabas porque yo te había hecho creer que soy una ladrona y que a ti no te parecía mal acostarte conmigo por ese motivo. Te odiaba por eso y te odiaba más todavía por conseguir que yo me olvidara de por qué te acostabas conmigo. Me enfurecía que yo deseara a un hombre que me trataba de esa manera y eso hacía que te odiara más y que fuera todo lo desagradable que podía ser contigo. Pero fuiste a rescatarme de esos asesinos a sueldo que me habrían matado y me habrían torturado y que casi te matan a ti. Cuando pensé que estabas muerto... Emmett fue... Hizo que todo me pareciera estúpido y sin sentido. No me importó que fueras arrogante y malcriado porque sólo quería que estuvieras vivo. Lo quería con toda mi alma... –Rose se atragantó e hizo una pausa-. Sólo quería que estuvieras vivo -siguió ella con un susurro-. Lo siento mucho, Emmett...
Emmett la miraba sin parpadear. Había dejado de escuchar sus disculpas porque ya no eran una novedad y eran impropias de ella. Sin embargo, había dicho algo muy típico de ella. El intentó repasar todo para recordar qué era.
-¿A qué te refieres con arrogante y malcriado? -le preguntó él bruscamente.
Ella dejó de disculparse inmediatamente.
-Lo eres. En el castillo te colaste en mi habitación convencido de que podrías disponer de mí.
-Estuviste invitándome toda la noche.
Ella soltó la mano y se irguió.
-¡No es verdad!
-¿Crees que no sé cuándo una mujer se entusiasma conmigo?
-Bueno, no es muy difícil si tenemos en cuenta que todas lo hacen -replicó ella.
Él cerró los ojos.
-No como tú. Ninguna mujer se ha entusiasmado conmigo como tú, Rosalie Hale, y ninguna lo hará. Me enfureciste de verdad al negar lo que estaba pasando -Emmett volvió a abrir los ojos para mirarla-. Me pareciste una hipócrita. Casi me alegré cuando te pillé con la pulsera. Me puse furioso, pero contento. Me brindó la venganza que necesitaba.
-¡Te dio la oportunidad de chantajearme para que me acostara contigo!
-Bueno, no iba a permitir que acabaras en la cárcel, ¿no? Sobre todo, cuando te deseaba tanto y cuando sabía positivamente que me deseabas. ¡Dijeras lo que dijeras e hicieras lo que hicieras! Efectivamente, me deseaste todas las noches y en todo momento.
Rose se levantó de un salto. ¿Cómo era posible que él la enfadara tan rápidamente?
-¡No me diste ninguna alternativa!
-No -confirmó el con tono satisfecho-. Sin embargo -Emmett cambió el tono-, no conseguí encandilarte fuera de la cama. Te resistías -Emmett suspiró-. Eres dura de pelar, yineka mou, y si tuviera dos dedos de frente, te metería en el primer vuelo a Londres. En clase turista -añadió con tono sombrío-. Pero estaría loco si hubiera dejado que me llenaran de plomo para luego perderte. Sobre todo, cuando por fin he conseguido que seas amable conmigo. Por cierto, hablando de llenarme de plomo -endureció el tono y la mirada, como era tan típico de él-. Necesito saber la verdad sobre la pulsera, Rose. La policía querrá hablar con los dos y si cuando salgo de aquí mi jefe de seguridad no tiene un informe completo sobre tus secuestradores, tendrá que buscarse otro empleo.
Su voz no tenía ni rastro de ironía. Rose abrió la boca y volvió a cerrarla. Le debía la verdad, pero también tenía que proteger a Allie. Especialmente, en ese momento. Sin embargo, quería decirle la verdad. Él notó que ella se debatía en un dilema y le apretó las tuercas.
-Rose, no voy a presentar cargos por lo de la pulsera; la he recuperado y te he recuperado a ti. Sin embargo, ¿estás metida en alguna actividad delictiva? ¿Tienes algo que ver con gentuza como la que estuvo a punto de matarte? Tengo que saberlo.
La firmeza del tono dejó muy claro a Rose que quería respuestas. Sin embargo, las palabras de él la habían aliviado un poco.
-¿Lo dices de verdad? -la ansiedad del tono sorprendió a Emmett-. ¿No vas a presentar cargos por lo de la pulsera?
-De verdad, ¿por qué? -le preguntó él con los ojos entrecerrados.
-¿Lo prometes?
-Acabo de decírtelo...
Rose tomó aliento.
-¡Yo no robé la pulsera!
Emmett la miró detenidamente. Si ella no hubiera sabido que decía la verdad, habría sentido un escalofrío de miedo.
-Rose, te pillé con las manos en la masa... -dijo él lenta e implacablemente.
Ella sacudió la cabeza. Después de casi perder la vida, ¿comprendería por qué la había robado Allie? Ni siquiera ella había pensado que Khalil podría ser tan infame como para mandar a dos pistoleros para que la buscaran. Rose tragó saliva.
-Cuando me pillaste estaba intentando devolver la pulsera, no robándola. Pero la zona estaba llena de gente y tuve que seguir andando. Intentaba pensar qué hacer, dónde dejarla de tal forma que no acusara a...
Rose se calló.
-¿A? -le preguntó Emmett con una calma aterradora.
-A Allie.
Emmett la miró inexpresivamente.
-Allie?
-¡La modelo rubia, la flaca! -aclaró Rose con cierta aspereza.
-¿La que parecía una neurótica? ¿Estás diciéndome que ella robó la pulsera?
-Sí. Se la quedó cuando las joyas se cayeron al suelo. Se la metió en el zapato y la recuperó cuando se cambió de ropa. La encontré con ella en su dormitorio e hice que entrara en razón. Le dije que yo la devolvería y que nadie se enteraría. Pero... me pillaste con las manos en la masa.
Rose se quedó en silencio y se mordió el labio.
Emmett sintió una oleada de emociones que no podía controlar, pero tenía que controlarlas. El mundo había dado un vuelco en su cabeza.
-¿No robaste la pulsera? ¿Estabas encubriendo a la otra modelo?
Rose asintió con la cabeza.
-¿Y pagaste el pato? -los ojos de Emmett soltaron un destello-. Dejaste que te considerara una ladrona...
-¡Tenía que hacerlo! -exclamó Rose-. No podía dejar que culparas a Allie. Emmett, ella ya está metida en un buen lío.
-¿Tiene la costumbre de robar?
Emmett parecía más enfadado de lo que ella había pensado que estaría cuando le dijera la verdad.
-¡No! Estaba desesperada, aterrada. Fue algo impulsivo, vio la oportunidad. Emmett, necesita dinero para esconderse. Ni siquiera yo sabía cuánto lo necesita. Esos pistoleros no me perseguían a mí, la perseguían a ella. Ellos creían que yo sabría dónde está. Les dije que no lo sabía, pero no me creyeron. Iban a torturarme para que hablara. Si la hubieran encontrado...
Rose se quedó en silencio por el miedo.
-¿Por qué la persiguen? -preguntó Emmett con severidad.
Rose tomó aliento.
-Tuvo una aventura con un jeque muy rico. Yo la avisé de que no lo hiciera, pero la muy tonta siguió y ahora él está buscándola. Tiene que esconderse. Ya sé que parece un disparate, pero es verdad. Ella tiene motivos para estar aterrada. Los pistoleros eran asesinos a sueldo.
Él la miraba desde la cama. Tenía los ojos rebosantes de rabia.
-Emmett -Anua se mordió el labio-. Por favor, no te enfades. Ella estaba muy asustada...
-No estoy enfadado con Allie-reconoció él con un tono inexpresivo.
-Si estás enfadado conmigo, lo aceptaré. Te mentí y encubrí la verdad. Lo siento sinceramente, pero tenía que proteger a Allie.
Emmett soltó una perorata en griego con los ojos como ascuas.
-¡Estoy enfadado conmigo! He sido tan estúpido que he dejado que me engañaras y que yo pensara que eras una ladrona. Estaba convencido. Encajaba con todo lo que opinaba de ti. Rose, he sido tan bárbaro contigo que no puedo soportarlo. Todo el tiempo... -sus ojos reflejaban culpa y remordimiento-. Incluso cuando pensaba lo peor de ti, ibas ganándome. Me quería convencer de que sólo era sexo, pero era mucho más... El día que pasamos juntos y fuiste tan encantadora conmigo... me abrió los ojos, pero tú volviste a rechazarme como si no significara nada para ti. Me enfadé mucho contigo porque me llamaste todas esas cosas. Yo sabía que eran verdad, pero no quise enterarme. Entonces, cuando supe que te habían secuestrado...
Emmett se quedó en silencio y ella vio el recuerdo del miedo en sus ojos. Entonces, volvieron a brillar con otra luz.
-Maldita seas, Rosalie Hale, lo que he pasado por ti. Te consideraba levantisca... y lo eres.
-¿Qué quieres decir con levantisca? -le preguntó ella con indignación.
-Eres una auténtica levantisca -insistió él con un brillo muy especial en los ojos-. Lo supe desde que te vi parándole los pies a ese majadero de Volturi. Luego te resististe a ponerte todos los malditos diamantes Levantsky a la vez y te dio igual que fueran diamantes Levantsky y para rematarlo, te hiciste la virtuosa en el último momento y me expulsaste de tu dormitorio como si yo fuera un animal en celo. ¿Eso no es ser levantisca?
-¿Me llamas levantisca porque me defiendo? ¡Qué típico! Dije que eres arrogante y malcriado, pero me quedé corta. Eres el más...
Emmett nunca supo qué era porque la agarró de la mano, la atrajo hacia sí y la besó. Se hizo un silencio bastante largo.
-Una vez al mes -Emmett le tomó las mejillas entre las manos y la miró a los ojos-, un viernes, durante una hora, yineka mou, te permito que me grites todo tipo de insultos. Durante el resto del tiempo... -el rozó los labios con los suyos- ronronearás conmigo, Rosalie Hale, porque soy el único hombre que puede hacer que ronronees y lo haces muy bien. Ronronearás en la cama y fuera de ella y serás muy feliz, como yo -añadió él.
Ella intentó soltarse, pero él no la dejó. Rose no insistió, podría hacerle daño en las heridas. Heridas que se había hecho por salvarla.
Se quedó en sus brazos. Era un buen sitio donde estar.
-¿Lo ves? -Emmett le acarició el pelo-. Ya estás haciéndolo, yineka mou, estás ronroneando en mis brazos.
-¿Qué quiere decir yineka mou? -le preguntó ella con los ojos entrecerrados-. ¿Quiere decir levantisca en griego?
-Quiere decir «mi mujer» y tú eres mi mujer. Durante el resto de nuestras vidas, me cuidarás, me mimarás y harás todo lo posible por complacerme... ¡Ay! -Emmett la miró ofendido-. Oye... me han cosido a balazos por ti y, además, no he terminado -la miró a los ojos color esmeralda-. Durante el resto de nuestras vidas, yo te cuidaré, te mantendré a salvo de pistoleros, te mimaré y te compraré todo lo que quiera comprarte, como joyas, te invitaré a café, haré todo lo posible por complacerte y...
Emmett se calló y la miró con seriedad.
-¿Por qué te hace llorar esa perspectiva?
Era muy difícil explicárselo a un hombre que hacía preguntas estúpidas y Rose siguió llorando. Emmett la abrazó con más fuerza.
-Estás mojándome las vendas...
Llamaron a la puerta y se abrió. El médico se quedó parado sin entrar. Rose se irguió con los ojos irritados y la cara congestionada.
-Mmm... Le dije que usted tenía que ver una cara bonita cuando volviera en sí -le explicó el médico a Emmett mientras sacudía la cabeza.
-Ya -confirmó Emmett-. Está espantosa, ¿verdad? Afortunadamente, la amo y ella me ama, así que da igual -Emmett miró a Rose-. Me amas, ¿verdad? -le preguntó él despreocupadamente.
-¡Sí! -exclamó ella antes de echarse a llorar otra vez.
