Capítulo 10: "Sueños"

(Casa cazadoras, Nueva York)

Después de oírse el "click" de la llave en la cerradura, la rubia abrió la puerta principal y por ella entraron las tres cazadoras, extremadamente cansadas y con cara de pocos amigos. No recordaban haberse sentido tan cansadas en mucho tiempo. Destiny, después de haber dejado las cosas, fue directa al sofá y se dejó caer, cogiendo el mando y acto seguido, encendiendo la televisión. Se tumbó a lo largo del sofá, ocupándolo por completo y en menos de cinco minutos, cayó rendida. Buffy, por su parte, se fue al dormitorio ya que era el único sitio mullido que quedaba libre. Se quitó las botas y la chupa, y se tiró en plancha encima de la cama. Se durmió antes incluso de llegar a tocar la almohada. Sin embargo, Faith había ido directa al cuarto de baño y se había lavado la cara varias veces. Sin haber llegado a secársela, se quedó mirándose en el espejo, con las manos apoyadas en la pila. Casi ni se reconocía. Había cambiado mucho en muy poco tiempo. ¿Cuánto tiempo llevaban las tres viviendo juntas? ¿Dos, tres semanas? Sí, definitivamente, era muy poco tiempo. Sin embargo, estaba muy orgullosa de sí misma. Sin duda, ese cambio había sido para mejor. Se secó la cara y las manos y se levantó la camiseta, dejando al descubierto su cuidado tatuaje, con esa B mayúscula gótica, cruzada por un puñal y una estaca. También se sentía muy orgullosa de eso. Y por suerte para ella, nadie lo había visto todavía. Bueno, Angel, pero él no se lo iba a decir a Buffy. La verdad es que lo echaba mucho de menos. Tenía ganas de hablar con él y contarle varias cosas que le rondaban por la cabeza. Le relajaba entablar una conversación con el vampiro. Después de haber descansado un poquito, lo llamaría.

Fue directa a la habitación y se dejó caer al lado de la rubia.

Se encontraban en medio de un remolino oscuro, lleno de puntitos brillantes, muy parecidos a luciérnagas, que las arrastraba hasta lo más profundo. Cada vez iban más rápido y parecía que no podrían hacer absolutamente nada al respecto. No tenían más remedio que dejarse llevar. Sin embargo, esto traía consecuencias nefastas con ello, porque empezaban a marearse y las malditas lucecitas no ayudaban para nada. De repente, el remolinó cesó y todo se paró de golpe, quedándose todo completamente negro. Durante dos minutos nada pasó.

Los dos minutos más largos de su vida. Después de lo que les parecido una eternidad, dieron con sus culos directamente en el suelo frío de lo que parecía una pequeña habitación.

F: ¡Joder! –despotricó masajeándose la rabadilla-.

D: ¿Nos hemos quedado todas dormidas?

B: Eso parece. Y tiene sentido, después de todo estábamos hechas polvo.

D: ¿No se supone que tú ya has descansado más que suficiente? –le preguntó a la morena-.

F: ¿Acaso te molesta que esté aquí? ¿Te estropeo los planes para quedarte a solas con Buffy?

D: ¡¿Pero qué dices? –le gritó pegándole un empujón-.

F: ¡No me toques! –se lo devolvió-.

B: (¿Desde cuándo me he convertido en un objeto?) ¡¿Estamos todas tontas o qué? –se interpuso entre las dos cazadoras-. ¡Dejad de discutir ya! Se supone que sois personas adultas.

F: Ha empezado ella… -se dirigió a un pequeño escritorio y se sentó en un enorme sillón-.

D: ¡Y una mierda!

B: ¿Estás bien? –se dirigió bajito a la morena-.

F: Sí…

La morena le dio la espalda a Buffy, ignorándola y haciendo como que no existía. Disimuladamente se miró las magulladuras. No podía creer que también le dolieran mientras estaba soñando. Todo era cuestión de comentárselo a Tara. Seguro que ella sabría algo. Después de compadecerse y hacerse la pobrecita, levantó la cabeza para fijarse en la habitación un poco más detenidamente. –Genial… ¿has visto el tamaño de esta "pequeña" habitación? ¡Es más grande que todo el apartamento en el que vivía cuando era pequeña! Aún así, me siento como atrapada. Y encima con la estúpida esa…-. Se giró y la fulminó con la mirada, -pues me da igual. Para mí como si no existe-. Se levantó del enorme sillón en el que estaba y se puso a escudriñar la habitación detenidamente. Era una manera de mantenerse ocupada y de dejar de pensar en sus dos compañeras. Una por ser B y la otra por ser simplemente imbécil.

Mientras miraba, se percató de que a su derecha había una puerta y justo enfrente de esta, una pequeña ventanita a no más de dos metros del suelo. No sabía porqué, pero tenía la extraña sensación de haber visto esa alfombra en algún sitio, anteriormente. Simplemente que no se acordaba de donde. Parecía que no era la única que estaba pensando lo mismo, ya que la rubia estaba mirándola también con aire de incertidumbre. Las dos asintieron y se dirigieron a la puerta decididas. Tenían curiosidad, por saber que habría al otro lado. Pero nada más dar dos pasos, el suelo comenzó a moverse violentamente, tirándolas al suelo y siendo incapaces de ponerse de pie o de moverse si quiera. Todo se volvió oscuro otra vez. Se sentían impotentes de no poder hacer nada al respecto. Para cuando todo había pasado, se dieron cuenta de que habían vuelto del mundo de los sueños y se encontraban en su apartamento de Nueva York.

La rubia se giró para ver a Faith, que estaba igual de confusa que ella. Las dos se miraban sin entender del todo qué había pasado. Estaban tan desorientadas, que ninguna de las dos se había dado cuenta de que la morena estaba casi encima de Buffy, como si estuviese abrazándola. Aunque, para ser sinceras, se encontraban muy a gusto. Estaban muy cómodas. Sin embargo, para su desgracia, su momento de felicidad y comodidad, fue interrumpido por la brusca entrada de Destiny en la habitación. En un acto reflejo, Buffy empujó a Faith, tirándola al suelo.

F: ¡Joder, B!

D: ¿Qué ha pasado? ¿Dónde está esa repelente? –preguntó mirando alrededor-.

B: ¡¿Estás bien? –se levantó y fue corriendo al otro lado de la cama-.

D: ¿Cómo has llegado ahí? –estaba confusa-.

F: Pregúntaselo a ella –dijo mientras se levantaba con la ayuda de la rubia-.

B: En fin… ¿Qué vamos a hacer?

D: Esa es una buena pregunta.

F: Creo que estábamos en la misma mansión/casa que en el último sueño, ¿os acordáis?

D: Vagamente…

B: Puede que tengas razón –ignoró el comentario de la pelirroja-.

D: Aún así no podemos hacer nada. Es dar dos pasos y que todo cambie por completo, o simplemente despertarnos.

B: Pues si no podemos movernos de la estancia en la que estemos, no tendremos más remedio que provocarnos los sueños…

F: De esa manera, veremos a ver si vamos a diferentes habitaciones de la casa, ¿no?

B: ¡Exacto!

D: Me he perdido…

F: Pues encuéntrate –le dio un empujón. La rubia adelantándose a la reacción de Destiny se interpuso entre las dos.

B: No empecemos… Simplemente ponte a soñar. Ale, a dormir todo el mundo.

La pelirroja salió de la habitación pegando un portazo, mientras Faith se reía por lo bajo.

B: A ti ya te vale…

F: Pero si no he hecho nada –dijo sin poder evitar una sonrisa-.

B: ¿Dónde vas a dormir?

F: Yo había pensado en la cama, pero si lo prefieres puedo dormir en otro sitio.

F: Bueno… –dijo en un suspiro-, ya estamos aquí otra vez –miró a su alrededor-, o no.

D: ¿Dónde se supone que estamos?

F: Definitivamente, no donde la última vez. Es un sitio un poco tétrico.

D: Es que es un cementerio… -aclaró como si fuera más que obvio-.

B: Vale ya. No empecéis.

D: ¿Qué vamos a hacer?

F: Esa es una buena pregunta. La mejor que has tenido desde que estás aquí.

D: Te voy a…

B: Tú no vas a nada –la cogió por un brazo-. A ver, pensad un poco. ¿Conocéis el lugar?

Tanto la morena como la pelirroja negaron con la cabeza.

B: Bien… -dijo con sarcasmo-, es todo un paso ¬¬

F: ¿Qué os parece si echamos un vistazo?

D: Qué remedio… -las otras dos la miraron con el ceño fruncido- está bien…

B: Cada una por un sitio. En un rato, nos reuniremos aquí.

Todas asintieron y echaron a andar cada una por su lado. Era un sitio bastante tétrico y quien dijera lo contrario de un cementerio que se atreviese a venir y echar un vistazo. Era uno de los cementerios más grandes que la morena hubiera visto en todos sus años como cazadora. A cada paso que daba tenía un pie en una tumba, lo cual, en cierto modo, le ponía los pies de punta. Es como si estuvieran prediciendo su inminente muerte. –Fíjate tú, que de todos los cementerios en los que he estado, este es el que más nerviosa me pone… solamente me falta que me pase como el Capitán Jack Sparrow (N/A soy una gran fan de Johnny Depp, era imposible que no lo mencionara ^^) y me caiga dentro de una tumba-. Sólo de pensarlo, le entró la risa floja y se le escapó una sonora carcajada que se escuchó en todo el cementerio. –Me encanta ese hombre. En fin… sigamos mirando y dejémonos de tonterías-. Mientras Faith seguía pensando tonterías varias de películas, Buffy se dirigió hacia la linde de un pequeño bosque que contenía la propiedad. Todo estaba oscuro y no se podía ver absolutamente nada; lo más sensato por su parte, hubiese sido dar media vuelta y reunirse con Faith y Destiny. Sin embargo, ya se sabe el dicho de: "la curiosidad mató al gato". La rubia no pudo resistirse a adentrarse en él.

Después de media hora aproximadamente, se reunieron todas en el punto del principio. La primera en llegar fue la pelirroja, que era la que menos se había alejado del lugar. La siguiente fue Faith, quien había estado ojeando las tumbas de alrededor. Se había entretenido mirando el nombre de un par de ellas y al leer los nombres le había dado un ataque de risa. Durante más de cinco minutos había intentado recobrar la compostura, lo que le resultó casi imposible. En el cementerio había varias tumbas con nombres procedentes del español, y gracias a sus escasos conocimientos de esta lengua (los había aprendido de una presidiaria de origen español) había sido capaz de entenderlos. En una de ellas estaba el nombre de un hombre: "Sandalio Zapata"; pero el colmo de los colmos, había sido el nombre de una mujer que había muerto unos veinte años atrás: "Dolores Fuertes Barriga". Estuvo a punto de mearse encima de las risas que se llevaba con las tumbas. Cualquiera que la hubiese visto, la habría tomado por loca mental y hubiese llamado a un psiquiátrico. Al llegar y solamente ver a la pelirroja preguntó extrañada.

F: ¿Dónde está, B?

D: Pensaba que estaba contigo…

F: (Ojalá) No…

D: ¿Dónde se habrá metido?

F: Vete tú a saber. Es que… no se la puede dejar sola…

D: ¿Vamos a buscarla?

F: Esperaremos unos minutos más, y si no viene, habrá que preocuparse. No es propio de ella desaparecer de esa manera.

(En algún lugar de Nueva York)

Hacía varios minutos que Richard O'Halley había salido de la habitación, dejando solos a los dos hermanos, después del pequeño susto que les había dado Ezequiel. Era la primera vez que le había pasado algo así y estaban un poco desconcertados. Sin embargo, todo había vuelto a la normalidad y Gabrielle estaba concentrada en las cazadoras. Tanto, que parecía haberse evadido del mundo y se había olvidad, por completo, de su hermano. Éste, viendo que no iba a poder hacer nada al respecto, salió del despacho y se reunió con su padre.

R: ¿Cómo te encuentras? –seguía preocupado, aunque Ezequiel tenía mejor aspecto-.

E: Ahora ya estoy mejor.

R: ¿Y tu hermana?

E: Ignorándome, como de costumbre –Richard frunció el ceño-. Está en el despacho. Parece estar muy concentrada y no he querido molestarla.

R: Muy bien. ¿Cuándo estaremos preparados?

E: En un día, dos como mucho.

R: ¿Y Angelus?

E: También lo estará –dijo sonriendo-.

Sin lugar a dudas, la rubia se había adentrado demasiado en el bosque y ahora le resultaba imposible salir de allí. Después de varios minutos andando, se dio cuenta de que esos árboles le resultaban francamente familiares. Estaba cansada y desesperada y había estado andando en círculos durante todo el rato. Decidió para por unos segundos y pensar. –Bien… ¿y ahora qué coño hago? (N/A preguntas estúpidas no, gracias) te he oído ¬¬ (N/A Sigamos…). Tendría que haber hecho como Hansel y Gretel y haber ido dejando miguitas de pan a lo largo del camino. A ver cómo salgo de aquí…-. Un ruido interrumpió sus pensamientos. En seguida se puso en pose defensiva y agudizó todos sus sentidos. Mirando en todas direcciones tanteó el terreno.

B: ¿Quién hay ahí? (Eso no se pregunta… parezco nueva en esto) –entornó los ojos para ver mejor en la oscuridad-.

Evidentemente, no obtuvo respuesta alguna. Oía unos pasos sigilosos que se acercaban justo donde estaba ella. Eran pasos rápidos y decididos que provenían de su derecha. Se giró en esa dirección, y sin embargo, no vio absolutamente nada. –Mierda… con tanta oscuridad no veo un pimiento…-. Los pasos cambiaron de posición y Buffy notó como empezaban a rodearla a pesar de que sabía que se trataba de una sola persona. O al menos, eso pensaba. De repente, escuchó la voz de Tara que le hablaba desde el interior de su mente.

T: Está justo detrás de ti…

B: ¿Tara? ¿Eres tú de verdad? –la rubia se dio la vuelta, donde segundos antes había estado su espalda-. ¿Qué está pasando?

T: ¡Cuidado Buffy!

B: ¿Qué? –alguien la había tirado al suelo de un puñetazo, dejándola sin sentido-.

(Apartamento cazadoras, Nueva York)

La morena se levantó sobresaltada y completamente empapada en sudor frío. Antes incluso de poder haberse movido o levantado, la pelirroja entró atropelladamente en la habitación casi gritando.

D: ¿Pero qué coño ha sido eso? –tenía los ojos fuera de las órbitas-.

F Así que tú también la has oído…

D: ¿Oír a quien?

F: A quien va a ser, a Tara.

D: ¿Quién?

F: Tara…

D: No sé quién era, pero estoy más que segura que algo malo le ha pasado a Buffy. ¿Todavía no se ha despertado?

La morena no se había percatado hasta ahora de la "ausencia" de la rubia si no fuera porque Destiny no lo hubiese dicho. Empezando a asustarse de verdad, se giró para ver a la elegida y ahogó un grito que pugnaba por salir de su garganta. Desde la raíz del pelo de Buffy, caía un hilito de sangre que le cruzaba toda la cara hasta llegar a la barbilla. Y sin embargo, estaba con los ojos cerrados y parecía de lo más normal. Por el contrario, no paraba de sangrar y a pesar de las sacudidas y los gritos que le daban sus compañeras, no se despertaba. Asustadas como estaban y sin saber qué hacer, Faith se fue al salón y descolgó el teléfono, marcando así el número de Sunnydale sin pensar en cómo la recibirían.

F: Vamos… -tenía los dientes muy apretados y las mandíbulas en tensión-.

W: ¿Sí? ¿Quién es? –lo había cogido Willow. Lo que le faltaba-.

F: (¿Es que no podría haberlo cogido otra persona?) ¿Está Tara?

W: ¿Quién lo pregunta?

F: Faith. Necesito hablar con ella.

W: Tara está durmiendo -¡¿Pero cómo se atrevía a llamar?- Y no creo que se vaya a poner…

F: Es-muy-importante –dijo entre dientes y aguantándose toda su furia contra la pelirroja. No era el momento más oportuno para los rencores del pasado-. Se trata de Buffy.

W: ¡¿Qué le has hecho ahora?

F: ¡YO NO LE HE HECHO NADA! ¡PÁSAME A TARA O LO LAMENTARÁS!

W: ¿Me estás amenazando?

F: ¿Tú qué crees? ¡Pásamela! –nadie contestó- ¡¿Oye? ¡¿Será imbécil? ¡ME HA COLGADO LA MUY…!

Colgó el teléfono de un golpe y volvió a la habitación donde estaban Buffy y Destiny. Estaba empezando a ponerse realmente nerviosa y a enfadarse de verdad. Y eso no era bueno. No había estado todo ese tiempo en la cárcel, esperando, para volver a ver a Buffy y perderla ahora. Y si eso seguía así, no se haría responsable de sus actos. No por nada, le decían siempre que era una persona demasiado impulsiva. Se dirigió hacia la cama donde estaban las dos cazadoras y se sentó al lado de la rubia. La miró detenidamente, o eso parecía a los ojos de Destiny, se acercó a su oído y le dijo algo que la pelirroja no alcanzo a escuchar. Acto seguido, se levantó de sopetón, se puso la chupa y, sin decir nada, salió de la habitación. Destiny, sin saber qué hacer, la siguió. La morena estaba en la puerta de entrada con la mano en el picaporte.

D: ¿Adónde vas?

Sin decir nada, Faith abrió la puerta y salió de la estancia, dando un portazo.

(En algún lugar de Nueva York)

Ezequiel abrió la puerta de un fuerte golpe, sobresaltando a los allí presentes. Se le veía realmente enfadado por algo, y si no llega a ser porque su padre, al verlo, lo había cogido, éste se hubiera abalanzado sobre su hermana.

E: ¡¿Pero qué coño has hecho?

R: ¿Qué pasa Ezequiel?

E: Pasa que, Gabrielle, ha metido la pata hasta el fondo.

G: ¡¿Qué?

E: Se suponía que debías mantenerte oculta y pasar lo más desapercibida posible. Bastante has hecho ya con las palizas a una de las cazadoras. Pero ahora te has pasado.

G: ¡¿Yo? ¡¿Por qué?

E: Has descubierto nuestra posición –dijo en un tono reprobador-.

R: ¿Qué quieres decir?

E: La cazadora morena viene hacia aquí –hizo una pausa-., y no tardará en llegar…

(Casa Summers, Sunnydale)

La pequeña de las Summers bajó precipitadamente las escaleras debido al griterío que la pelirroja estaba armando. Una vez estuvo en el salón, vio como ésta colgaba el teléfono de un golpe y se giraba hecha una furia. Cuando estaba a punto de preguntarle qué había pasado, Tara se le adelantó.

T: ¿A qué viene todo ese alboroto? –estaba bajando las escaleras para reunirse con las dos chicas-. ¿Por qué estás gritando Will?

W: Esa imbécil… ¿quién se cree que es? ¿Cómo ha osado llamar? ¡Encima quería hablar contigo! –estaba a punto de romper todo lo que se le pusiera delante-. Se me ha puesto a gritar como si tuviese ese derecho.

D: ¿Quién ha llamado?

X: ¿Qué está pasando? ¿Por qué tanto grito?

T: Will, ¿quién era? –preguntó preocupada-.

W: Faith –dijo escupiendo el nombre de la cazadora morena con odio-.

X: ¿En serio?

D: ¿Y qué quería?

La pelirroja se mantenía en silencio, prolongando la ansiedad de los allí presentes. No era muy normal que la morena hubiera llamado a Sunnydale. Era más lógico que lo hiciera Buffy, ya que la otra no es que fuera bienvenida. Por eso les había extrañado tanto y como no, la curiosidad es una de las peores cualidades del ser humano. Podía llevarte más de una sorpresa por ser tan curioso.

T: Will… -se acercó a su novia-. ¿Qué ha pasado? ¿Para qué ha llamado Faith exactamente?

W: ¡¿Por qué te importa tanto?

T: ¡Por que puede que Buffy esté en peligro! –la pelirroja la miró con los ojos muy abiertos-. ¿No te das cuenta, Will? ¿Por qué iba a llamar Faith aquí sabiendo que ninguno de vosotros la ha perdonado todavía? –todos bajaron la cabeza. Todos, menos Willow-. Faith no es mala. Ha cambiado mucho, y sólo quiere lo mejor para Buffy. Faith no está tan loca para llamar sino tiene un buen motivo. ¿Sabes lo que puedes haber hecho al no pasármela? ¿Acaso no sabes cómo es Faith? ¿Lo impulsiva que puede llegar a ser? ¡Puede haber cometido una tontería muy grande! Dawn –dijo girándose de golpe-, pásame el teléfono.

W: Yo solo…

T: ¿Destiny? ¿Está Faith? ¡¿Cómo? ¿Cuánto hace que se ha ido? ¿Sabes adónde? Está bien… ¿Y Buffy? Vale… Me lo imaginaba. En seguida nos ponemos manos a la obra. Si tienes algún problema, llámanos. Mira a ver como evoluciona Buffy; veré qué puedo hacer –colgó el teléfono- Todos la miraban expectantes. Sin embargo, Willow hacía un rato que había bajado la cabeza y murmuraba algo por lo bajo inteligible-. Faith se ha ido.

X: ¿Qué hacemos?

T: Nosotros no podemos hacer nada.

D: ¿Entonces… quién?

T: Angel.

Todo estaba completamente negro. Le dolía mucho la cabeza y todas y cada una de las partes de su cuerpo. Pero no era nada en comparación con el dolor que estaba sufriendo su ego. Intentó incorporarse, pero decidió que lo mejor era quedarse como estaba. Había sido derribada por alguien o por algo que no había sido capaz de ver. Era más que evidente que estaba en desventaja, pero eso no la consolaba del hecho que estaba tirada en el suelo, que había estado inconsciente durante un buen rato y de que era incapaz de levantarse del suelo del dolor que tenía.

Se llevó la mano a la cabeza. ¿Estaba… húmeda? Abrió los ojos y puso su mano a menos de un palmo de distancia, para ver que estaba manchada de algo que no llegaba a distinguir del todo. No podía ver con claridad, pero estaba casi segura de que era sangre. Lo que significaba que le habían dado un buen porrazo. De ahí a que viera todo borroso. Sin embargo, lo que más le había llamado la atención, fue aquella vocecilla en el interior de su cerebro. ¿Habría sido Tara? No… si hubiera sido ella, se lo habría dicho. Aunque… le sonaba tan familiar… Se medio incorporó como pudo y recostó su espalda en el tronco más cercano. Empezaba a hacer frío y no sabía cuanto tiempo estaba allí. Empezaba a estar preocupada de verdad.

(Los Angeles, California)

El tiempo se le echaba encima. Nunca había estado tan preocupado por el tiempo como lo estaba ahora; y mira que había pasado siglos y siglos sin preocuparse por nada. Y lo que le jodía de verdad era no poder ir más rápido. Si se chamuscaba bajo el sol, todo el viaje habría sido en vano y no podría ayudar a las cazadoras. Tenía que darse prisa o solamente llegaría para ver los destrozos del inminente desastre.

(En algún lugar de Nueva York)

Estaba más que segura. Había sido ella. La muy perra… ¿Cómo se había atrevido a tocarle ni un solo pelo a Buffy? ¿A su rubia? Esta se la iba a pagar. No se iba a librar así como así, por las buenas. No sabía con quien se había cruzado.

La morena caminaba decidida por las calles de Nueva York. No sabía exactamente a donde tenía que dirigirse, simplemente se dejaba guiar por su instinto, mientras sus pies la llevaban. Pocas veces su instinto le había fallado y tenía la corazonada de que esta vez, no era una de ellas. Antes de llegar a su destino necesitaba calentar un poco, así que se dirigió al cementerio más cercano que encontró a su paso y con unos pocos golpes, pero concisos se cargó a una manada de vampiros.

Sin lugar a dudas eso le había dado fuerzas y confianza. –Esto está mucho mejor. Me siento llena de vida y con fuerzas renovadas. Esa perra no va a volver a darme otra paliza. Esta vez no lo va a tener tan fácil. Ya se puede preparar-. Salió del cementerio y siguió su camino.

(Los Angeles, California)

Había tenido que parar y resguardarse, ya que estaba a punto de amanecer y necesitaba comer algo. Estaba siendo un viaje muy largo y a pesar de no ser humano, necesitaba alimentarse. Antes de haber entrado en una casa abandonada, había ido a comprar algo de sangre de cerdo a un antro de las profundidades, frecuentado por vampiros y diversas especies. Debido a las prisas se le había olvidado coger suministros para el viaje. Mientras estaba de camino a la casa, recordó la conversación con Tara y los motivos de su inmediata salida.

L: "Investigaciones Angel", solucionamos cualquier problema. Al habla Lorne, ¿en qué puedo ayudarle?

T: Soy Tara. ¿Está Angel? Es urgente.

L: Un momentito, por favor.

A: ¿Sí?

T: ¡Angel! Soy Tara –el tono de su voz lo decía todo-.

A: ¿Qué ha pasado?

T: Faith –no supo qué más decir. Sin embargo, era más que suficiente para el vampiro-.

A: ¿Qué le ha pasado?

T: En realidad a ella no le ha pasado nada. Más bien, ha sido Buffy, pero el problema es Faith.

A: ¿Por qué? ¿Qué ha hecho?

T: Se ha ido.

A: ¿Adónde?

Se hizo el silencio. El vampiro esperó la respuesta al otro lado del teléfono. Pasaron los minutos y Tara seguía sin responder. Empezaba a impacientarse. El tiempo corría en su contra y no era momento de ponerse a dudar. Sin embargo, sabía perfectamente que Faith habría cometido alguna estupidez muy propia de ella. Era demasiado impulsiva, por eso necesitaba que Tara le dijera adónde había ido la morena y pararle los pies. No sería la primera vez, ni la última.

A: ¿Tara?

T: A por ellos… -dijo en apenas un susurro-.

A: ¡¿Cómo? ¡¿Y por qué nadie la ha parado? –sabía que era un poco suicida, pero esto ya era el colmo-.

T: Destiny no pudo. Estaba con Buffy que estaba herida.

A: ¡Mierda!

T: ¿Qué hacemos Angel?

A: Vosotros no podéis hacer mucho. Yo me encargo. Iré a buscarla.

T: … ten… cuidado…

A: Cuando sepas algo de Buffy, me llamas –dijo colgando el teléfono-.

Mañana iba a ser un día muy duro. Tendría que darse prisa si quería llegar antes que Faith y así evitar que no acabaran por matarla. Algo muy grave le habría pasado a Buffy para que la cazadora morena hubiese tomado esa decisión. Aunque siendo sinceros, Faith se caracterizaba por pensar después de haber actuado. Se recostó en un sofá cubierto de polvo y carcomido por el paso del tiempo y descansó hasta que el sol se hubo puesto, pensando en cómo podría Faith haber descubierto la manera de llegar a los O'Halley.

Tenía toda la piel de pollo. Lo que significaba que estaba realmente mal. Porque a ella, nunca le había afectado el frío. Al menos, no tanto. Lo que no acababa de entender era, porque no se había despertado todavía y seguía en ese extraño sueño. Hacía un buen rato que no veía ni a Faith ni a Destiny y no sabía si seguían con ella en el sueño o estaban despiertas. Pero tampoco podía ponerse a buscarlas, ya que no podía ni incorporarse y mucho menos andar. Lo que le extrañaba era que éstas no hubiesen ido a buscarla. Lo que la mosqueaba un poco.

De repente, su vista comenzó a nublarse, y en segundos se quedó todo a oscuras. Pensando que había vuelto a perder la consciencia, se dejó llevar. Sin embargo, notaba como algo tiraba de ella hacia arriba y una voz a lo lejos le gritaba su nombre. Pero estaba demasiado cansada como para luchar contra ello y decidió que lo mejor sería que lo dejara pasar.

(Casa cazadoras, Nueva York)

La pelirroja ya no sabía qué más hacer. Faith se había ido hacía un rato largo y Buffy no parecía que se fuera a despertar. Los nervios la estaban sobrecogiendo y la amiga bruja de sus compañeras no la había ayudado en absoluto. Le había dicho algo de un tal Angel y sin más, le había colgado, diciéndole que ya la llamaría más tarde. Pero Destiny estaba más preocupada por Buffy que por otra cosa.

No paraba de dar vueltas por toda la casa, regresando al dormitorio. Pensaba la manera en cómo podría intentar despertar a la cazadora rubia. Tenía varias ideas en mente, aunque algunas de ellas no eran muy agradables que dijéramos. Sin embargo, podrían llegar a funcionar.

La pelirroja puso en marcha la primera de las ideas, sin mucho éxito. Consistía en zarandearla un poco diciendo su nombre varias veces. NADA. Se fue directa a la cocina y llenó un vaso de agua. Volvió a la habitación y mojó sus dedos en la superficie del vaso; los sacudió encima de la cara de Buffy, mojándosela cuanto apenas. Esperaba que la rubia reaccionase. Pero NADA. Tuvo que contenerse del inminente arrebato que le dio, estando a punto de tirarle el vaso lleno a la rubia. Ya no sabía qué más hacer. Lo había intentado todo, o casi todo: le había hecho cosquillas, le había tapado la nariz, le había gritado y zarandeado con violencia y nada. NADA, había hecho efecto. O al menos, eso pensaba ella.

Destiny se había dado la vuelta, y estaba a punto de salir por la puerta, cuando escuchó detrás de sí un poco de movimiento. Se giró bruscamente y, poniéndose de rodillas junto a la cama, siguió sacudiendo a Buffy. Ésta empezaba a responder a lo empeñones de la pelirroja, moviendo la cabeza de un lado a otro, con los ojos todavía cerrados. Abría y cerraba la boca sin articular ningún sonido. –Estaría genial que ahora abrieras los ojos-. Y como si hubiese escuchado sus pensamientos, Buffy abrió mucho los ojos.

D: ¡Buffy! –gritó abrazándose a ella como una lapa-. ¡Pensaba que te había perdido!

B: ¿Destiny? ¿Qué ha pasado? –dijo tocándose la cabeza-. ¿Dónde está Faith? –la había estado buscando por toda la habitación, haciendo caso omiso a la sangre de su cabeza-.

D: Se ha ido… -dijo con apenas un hilo de voz-.

B: ¿Adónde?

D: No lo sé –hizo una pausa-. Creo que llamó a Sunnydale y no fue muy bien recibida. Colgó y se largó sin decir nada. No parecía muy contenta, la verdad.

B: ¡¿Cómo?

D: ¿Adónde vas?

B: A llamar a Sunnydale.

(En algún lugar de Nueva York)

Cada vez caminaba más deprisa. Sin embargo, algo en su interior le decía que iba por el camino correcto y que no tardaría en llegar. Se sentía con fuerzas renovadas y la confianza en sí misma había incrementado considerablemente. Esta vez, la zorra esa lo tendría muy difícil. No iba a caer a la primera de canto. Se las haría pagar todas juntas, por las dos veces que había estado en el hospital, a causa de sus palizas y ya de paso, por lo que tuviese en mente hacer. Ella y todos los que la siguieran.

(Casa Summers, Sunnydale)

El teléfono sonó estrepitosamente en el abarrotado salón de la casa Summers. Todos los allí presentes se sobresaltaron. Se miraron unos a otros, mientras éste seguía sonando. Finalmente, Tara se levantó del sofá y los miró a todos, en especial a Willow, que no se movió ni un milímetro, mirándose siempre los pies.

T: ¿Buffy? –aventuró-.

B: Tara, tenemos un problema.

T: Lo sé…

B: ¡¿Ya sabes lo de Faith? –dijo en un grito-.

T: Sí… Cierta persona –dijo mirando a su novia-, ha dicho ciertas cosas que no debería…

B: ¿Qué? ¿Quién?

T: Eso ahora no importa. El problema es que se ha ido.

B: ¿Pero adónde?

T: A por ellos… pero no te preocupes –se apresuró a decir-, he llamado a Angel. Ya está de camino.

B: Está bien, pero hay una cosa más.

T: Sí, también lo sé.

La rubia se quedó muda.

T: Algo va mal –prosiguió la bruja-.

B: ¡¿Qué?

T: No puedo ver lo que soñáis.

B: Pero sí que sabes cuando estamos teniendo un sueño conjunto, ¿no?

T: Sí. Pero hay algo que me está bloqueando y no puedo acceder a las imágenes. Sin embargo, hice un hechizo para poder sentir todo lo que hay a vuestro alrededor. De esta manera, puedo protegeros un poco.

B: Entonces, ¿eras tú?

T: Sí…

B: ¿Pero cómo es posible que algo te bloquee?

T: No lo sé. Pero es muy poderoso. Lo he intentado todo. Puede que estéis en peligro.

B: ¿Qué podemos hacer?

T: No lo sé. Yo os ayudo con todo lo que puedo, pero debéis ir con mucho cuidado. Puede que lo que os pase en el sueño, también os pase en la realidad –la rubia se tocó la brecha de su cabeza, todavía sangrante-.

B: Es decir…

T: Que si morís en el sueño, también lo haréis en la realidad.

(En algún lugar de Nueva York)

Richard O'Halley había reunido a todos en el gran salón de la mansión. Todos se miraban con curiosidad. No era muy normal que el cabeza de familia los hubiese reunido allí, con tanta prisa, sino se tratase de algo realmente gordo. Eso, o tenía planeado matarlos a todos por algo que hubiesen hecho, o simplemente por diversión. Esta idea no pareció gustarles mucho y los nervios y le miedo comenzaron a invadirlos.

En lo alto de las escaleras estaban los dos gemelos, Gabrielle y Ezequiel, junto con su hermano mayor, Jason. Richard los había dejado al cargo de todo, mientras él iba a informar al resto de los miembros que se encontraban, en ese momento, fuera de la mansión. Sabían que no quedaba mucho para que la cazadora morena irrumpiera en el gran salón y tenían que estar preparados, para cuando eso ocurriera. La única diferencia era que, mientras ellos sí sabían lo que iba a ocurrir, el resto se revolvía nervioso, a expensas de que volviera Richard y se los cargara a todos. O al menos, eso era lo que pensaban ellos. Algo, que los tres hermanos encontraban muy divertido.

Si no se daba prisa no iba a llegar a tiempo. A pesar de que iba lo más rápido que podía, tenía la corazonada de que, para cuando hubiese llegado, ya sería demasiado tarde. Hacía más de una hora que la noche ya había caído y se podía ver una luna llena en lo alto del oscuro cielo, que sería testigo de los sucesos que acaecerían en las siguientes horas.

No se habían girado ni dos segundos, cuando Ezequiel se había puesto completamente tenso, con los ojos en blanco y el semblante muy serio. Después de varios años, tanto Gabrielle como Jason, ya sabían que estaba en trance. Estaba teniendo una visión. Cuando vieron que había vuelto a la normalidad, le preguntaron.

G: ¿Qué has visto?

E: Ya está aquí.

Por fin había llegado. Lo más raro había sido que no había nadie en los alrededores. Bueno, algún que otro vampiro, pero eso era todo. Había sido muy fácil llegar hasta donde estaba. Y todo, gracias a esos extraños sueños que habían estado teniendo últimamente. ¿Sería casualidad o el destino? De todas maneras, nunca había creído ni en una ni en otra. Todo pasa por alguna razón. Y lo mejor de todo, es que no le quedaba nada. Solamente tenía que poner la mano en el pomo, darle la vuelta y ya estaría dentro.

A: No lo hagas –la había pillado totalmente por sorpresa. Angel se le había ido acercando sigilosamente por detrás y la había cogido por el brazo-. No lo hagas, Faith –repitió-.