Capítulo 10: El nuevo Akatsuki y los secretos del clan
- Baka – le insulté y de un rápido movimiento me puse tras él, con mi katana en su cuello – Vuelve a decir eso y será lo último que hagas.
- Mitsuko, déjalo – me ordenó el líder y le obedecí, muy a mi pesar - ¿Quién eres?
De pronto apareció un hombre encapuchado, al parecer había corrido tras el hombre de pelo blanco ya que parecía exhausto.
- Lider-sama, perdóname pero no pude detenerle – se excusó el encapuchado – Es uno de los ninjas de la lluvia, el mejor de todos. Vino aquí con la intención de hablar contigo y no pude detenerlo.
- Está bien, gracias, puedes retirarte – le agradeció el lider al encapuchado y este se retiró, haciendo una pequeña reverencia - ¿Qué quieres?
- He oido que hay un puesto vacante en tu estúpida organización y, como soy el mejor de esta villa, quiero unirme – explicó – Pero veo que esta organización no es muy seria ya que también han podido entrar 2 mujeres.
En menos de un segundo había vuelto a desenvainar mi katana y depositado en su cuello. Pero lo más sorprendente es que la chica del pelo azul también había desenvainado su espada, apuntando a su corazón.
- Vamos, tranquilizaos chicas – intentó tranquilizarnos el líder, pero fue en vano ya que apretamos más nuestras katanas contra su cuerpo – Quiero que ante todo sepas una cosa, seas quién seas, aquí entra cualquiera que sea lo suficientemente fuerte, ya sea hombre, mujer o niño.
- Entendido – respondió el hombre con una sonrisa de superioridad – Debéis saber que todo lo que hagáis contra mi es inútil ya que soy inmortal, estúpidas.
- ¿Tú también? – pregunté sin querer, ante mi sorpresa.
- ¿Qué quieres decir? – me preguntó el hombre, sorprendido.
- Bueno, ella solo puede morir en una batalla. Se podría decir que es casi inmortal – respondió el líder antes de que yo pudiera decir nada.
- Eso significa que puedes morir – no soportaba su sonrisa de autosuficiencia.
- Hai… o al menos eso creo ¬¬ - respondí, no muy convencida – (¿Cómo voy a saber yo si puedo morir sabiendo que no soy como las de mi clan? Si hay una diosa en mi interior qué significa, ¿qué no puedo morir?)
- ¿Qué quieres decir con eso? – preguntó el líder.
- No lo sé ni yo demo hace poco he descubierto que en mi interior conviven dos almas – respondí, bajando la cabeza y guardando mi katana – En mi interior también está el alma de una Diosa por eso… no sé si puedo morir aunque supongo que tener el alma de una Diosa no supone nada ya que no soy una Diosa.
- M… Sólo hay una forma de averiguarlo – me desafió el peliblanco.
- Iie, tú no harás nada – le ordenó el líder – Por cierto, ¿cómo te llamas y cuáles son tus poderes?
- Es verdad, ¡qué descortés por mi parte! – respondió sarcástico – Mi nombre es Hidan y soy seguidor de mi Dios Jashin-sama. Soy inmortal y puedo asesinar a los demás con sólo beber de su sangre.
- O.O (Beber… de su sangre…) – pensé, por una parte aterrorizada y por otra… ¿excitada? – (¿Por qué me atrae tanto…? Ahora que me doy cuenta… huele tan bien… huele mejor que los de aquí presentes…)
- ¿Por qué me miras asi? ¬¬ - me preguntó Hidan, mirándome fijamente, haciendome salir de mis pensamientos.
- ¿Qué? Ah, yo por nada, jajaja – sonreí, nerviosa y sudorosa.
- Genial, otro que huele bien – se burló de mi el Uchiha.
- O.o ¿Otro que huele bien? – preguntó, estupefacto.
- Olvidalo, ahora solo te tienes que preocupar de pasar la prueba que te impondré para ver si estás capacitado – le informó el lider.
- ¿Qué clase de prueba?
- Oye, ¿Qué prueba? Ya me estás contando como una miembro sin yo decirtelo y no me has hecho ninguna prueba – me quejé, quería salir cuanto antes de esa habitación, de ese país y ver a mi abuela…
- No la necesitas, ya sé tu potencial… - me comunicó y después, con una sonrisa, añadió – Además, no saldrás de aquí, te guste o no.
- Maldito – le maldecía, susurrando, asi que él no me escuchó.
- Bien, acompáñame, ahora dará comienzo tu prueba – le informó, dirigiéndose primero a Hidan y caminando hacia una puerta. Todos empezaron a seguirle asi que yo no me quedé atrás.
Al cruzar la puerta vi una enorme sala, supuse que era para entrenar. Yami y yo nos quedamos anonadadas y, sacándonos a ambas de nuestra estupefacción, empezó a hablar el líder.
- Bien, tu prueba consistirá en luchar contra Mitsuko y su gata – no lo podía creer, ¿iba a luchar contra él? Demo yo nunca he luchado contra alguien que oliera tan bien, ese olor me iba a distraer, dando por acabada mi vida y eso no lo podía permitir.
- Esta bien demo si muere no me echéis luego la culpa – les advertí, con una sonrisa arrogante ya que quería parecer muy segura de mí misma, cosa que no era cierta. Estaba aterrada, ese hombre me daba auténtico terror y excitación a la vez.
Él me miraba con furia, lo había provocado y eso era lo que menos me convenía ahora. Pasé por todas las miradas de los Akatsuki, caminando firmemente, y me topé con una mirada de arrogancia por parte de Itachi y una de preocupación por parte de Deidara. Ya los pasé y me puse frente al peliblanco, en posición de ataque. La sala estaba iluminada, cosa que no me favorecía en lo más mínimo pero todavía me quedaba mi agilidad y una de mis líneas sucesorias: el hielo. Se dirigió hacia mí con una mirada sádica y lanzó con precisión su guadaña contra mi cuerpo pero lo esquivé a tiempo con un ágil movimiento, era demasiado lento… Con un rápido movimiento me posisioné detrás de él y le toqué el brazo con el que sujetaba la guadaña, congelándolo. Pero él se cambió de mano rápidamente su arma y me rozó el brazo, haciéndome una pequeña herida.
- (O.O No… dijo que mataba con solo beber de su sangre y me acaba de hacer una herida… No puede ser, yo no puedo morir ahora… ¡Kuso! ) – pensé, mientras de un salto me alejaba de él. Hidan me dedicó una mirada sádica y con un ligero movimiento hizo una circulo con su sangre y bebió la mia.
- Estás acabada, "gatita" – me dijo con una sonrisa dibujada en su rostro, se introdujo en el círculo y su cuerpo se transformó en una especie de esqueleto. A continuación se cortó con su guadaña en su brazo y al rato sangré yo también por el mismo sitio que él. Después se empezó a clavar lentamente la guadaña es su estómago y sentí un dolor tan grande que no pude aguantarme y caí de rodillas, tocándome la barriga ensangrentada y escupiendo sangre.
- No puedo morir… - dicho eso me levanté, sosteniendome a duras penas. Miré a Yami y le sonreí, ahora tocaba el trabajo en equipo.
En un movimiento ligero pasé mi mano por su boca y ella empezó a correr hacia un desconcertado Hidan. Se puso al lado de él y yo al otro lado, levanté mis brazos los cuales estaban cruzados, al igual que los de Yami y con un movimiento deshicimos el cruce. Nadie sabía que había pasado, solo que la cabeza de Hidan salía volando lejos de su cuerpo. Al poco se dieron cuenta que lo que le había dado a Yami era un fino hilo de metal y que lo habíamos pasado por el cuello del peliblanco, sin que este se diera cuenta, cortándole así la cabeza. Pero sorprendentemente la cabeza seguía hablando.
- Eh, "gatita", aunque no pueda morir eso dolió – se quejó y yo, no pudiendo más, me desplomé junto a Yami, la cual sentía lo que yo sentía y tampoco pudo aguantar el dolor, desmayándose así.
- Bien, has pasado la prueba, nos serás de ayuda – sonrió el líder y, dirigiéndose a Itachi, ordenó – Llévala a su cuarto y cúrala.
- Hai – respondió con una sonrisa, caminando hacia mi cuerpo inerte en el cuelo, me cogió en brazos y me llevó a mi cuarto.
Me recostó en mi cama, junto a Yami, y se me quedó mirando, pensativo. Luego me empezó a quitar la camiseta, contemplando mi herida en el estómago, y cogió unas vendas. Me levantó con cuidado para empezar a rodearme el abdomen con las vendas, se sentía raro abrazándome… Cuando hubo terminado me volvió a recostar y, cogiéndome el brazo con cuidado, empezó a hacer el mismo proceso con mi herida. Iba a marchárse pero se detuvo en la puerta y se me volvió a quedar mirando, estaba dudoso de qué tenía que hacer, así que se acercó a mi, intentando no hacer ruido y se reclinó hacia mí. Su rostro estaba muy cerca del mío, nuestros labios casi rozándose… Su olor empezó a hacer acto de presencia en mi subconsciente, provocando que yo tuviera un sueño con él y susurrara su nombre. Él, ante mis susurros, sonrió complacido. Nuestros labios se acercaron más… Y en ese momento entró Hidan, haciendo que Itachi recuperara su postura e Hidan no notase lo que momentos antes estaba apunto de hacer.
- ¿No te enseñaron a tocar antes de entrar? – le recriminó, molesto, el Uchiha mayor.
- ¡Oh, cuánto lo siento! ¿He interrumpido algo? – le contestó, sarcástico y divertido ante la actitud del Uchiha.
- Iie, yo ya me iba ¿Qué quieres? – le preguntó, indiferente.
- Sólo venía para ver como estaba ¬¬ - dijo y aclaró, rápidamente – No quiero que me echen la culpa por haberla matado, ¿no te ibas? ¬¬
- He cambiado de opinión ¬¬ - le respondió y empezaron a mirarse, desafiantes.
- Se me había olvidado, el líder quiere verte – le informó y, al ver que el Uchiha no se movía y seguía mirándole de la misma forma, dijo – No querrás verle enojado, ¿no?
Y sin más palabras Itachi salió de la sala, molesto con el nuevo integrante. Cuando ya hubo salido y cerrado la puerta tras de sí, Hidan me miró. Cogió una silla que había por allí, se sentó y empezó a contemplarme hasta que se quedó dormido.
….EN MIS SUEÑOS…
Me encontraba en una sala oscura y de pronto se apareció ante mí mi abuela. Ella aparentaba tener 18 años a pesar de su edad: Tenía los ojos rasgados y amarillos como un felino, su pelo era de un rubio dorado, recogido con dos coletas. No tenía ninguna arruga… nada que la identificase como una anciana.
- Tienes que regresar lo antes posible, Mitsuko. Tenemos que hablar – me comentó – Hay muchas cosas que tienes que saber de tu clan antes de que yo muera. Date prisa, no me queda mucho tiempo.
Y desapareció. No comprendí exactamente el mensaje de mi abuela, ¿cómo que no le quedaba mucho tiempo? ¿A qué se refería? Lo único que sabía era que ese era un mensaje de su abuela, ya que las Neko pueden comunicarse en sueños entre ellas. Pero lo que no entendía era eso de que no le quedaba mucho tiempo… De pronto sintió ese olor más fuerte que nunca, por lo que se despertó.
…..FIN DEL SUEÑO….
Abrí perezosamente los ojos y tardé un poco en acostumbrarme a la luz del nuevo día. Ladeé mi cabeza hacia la izquierda y ví a Yami, la cual estaba placidamente dormida, y después se encontró con aquel peliblanco. Se veía como un ángel mientras dormía pero sabía perfectamente que no lo era, era más bien como un ángel oscuro. No supe cuánto tiempo estuve contemplando su rostro angelical, solo que él despertó y nuestras miradas se encontraron. Él me sonrió, no de esa manera tan sádica sino con una dulce, y me perdí en sus ojos violetas. No nos dijimos nada, solo nos quedamos contemplando hasta que recordé el mensaje de mi abuela. No tenía tiempo, así que me levanté rápidamente, cogí mi camiseta y pasé corriendo por un sorprendido Hidan, seguida de una Yami soñolienta que intentaba seguirme el paso. Me dirigí al salón donde tendría que estar el líder, tenía que decirselo. Llegué a las enormes puertas, las abrí y vi a todo Akatsuki alrededor del líder, el cual supongo que estaba diciendo algo importante. Todos me miraron y, sin prestarles atención, me adelanté hasta ponerme frente a frente con él.
- Tengo que irme, mi abuela me ha mandado un mensaje urgente comunicándome que tiene algo importante que decirme – le informé.
- Ya me suponía que vendrías para decirme eso – me comentó con una sonrisa – Por eso te dejaré ir demo con dos condiciones.
- ¿Cuáles? – la miré un poco temerosa.
- 1º Cuando ya te diga lo que te tiene que decir, regresarás ya que eres ya una miembro oficial y no pienso dejarte escapar y 2º irás acompañada de un miembro de Akatsuki por si se te ocurre escaparte – iba a replicar pero se adelantó – Y ya sé con quién irás… irás con…
Ya estaba saltando de rama en rama hacia mi casa, en la villa de la nube. En mi hombro como siempre se encontraba Yami, la cual estaba más sonriente que de costumbre y mirándome, de vez en cuando, burlonamente. Ella sabía que el hombre que me acompañaba me atraía y no hacía otra cosa que burlarse de mí por ser él el elegido por el líder para hacer de mi acompañante. A mi lado, saltando a la misma velocidad que yo, se encontraba un hombre alto, fuerte y de peliblanco. ¿Por qué él, de entre tantos miembros, tenía que ser el que me acompañara?
- Así que eres una Neko, ¿eh "gatita"? – me dijo, rompiendo el silencio.
- Y a tí qué y no me llames gatita – le respondí, enfadada conmigo misma.
- ¡Oh venga no te cabrees conmigo! ¡Somos compañeros de equipo! Además de inmortales, bueno tú no tanto pero más o menos – me contestó, sarcásticamente, sonriendo de medio lado.
-U.U (Venga Mitsuko calmate, calmate…) – me repetía para tranquilizarme y para no verle la cara aumenté mi velocidad, llegando así por fin a la villa - ¡Por fin llegamos a casa Yami ^^! Hidan, mejor quédate aquí.
- ¿Por qué? ¬¬ - cuando iba a responder se adelantó – El líder me dijo que no te perdiera de vista y eso es lo que voy a hacer.
- (Mamón…) Esta bien demo a mi casa no entras – le informé o mejor dicho ordené.
- No eres quien para decirme u ordenarme nada "gatita" ¬¬ - me contestó.
- ¡Haz lo que quieras! – le grité para después dirigirme a paso ligero hacia mi casa, seguida del peliblanco, quien me miraba sorprendido.
Todo el mundo nos miraba pero sobretodo a mi, todos murmuraban cosas como "Ha vuelto" o "Que contenta se va a poner Kairi-sama" o "Pobrecita, cuando se entere de…". Cuando giramos una esquina vimos una enorme mansión, la mansión de las Neko. A simple vista se notaba que había sido construida mucho tiempo atrás. Me encaminé hacia la puerta principal, la cual era enorme, y me abrió una chica de mi misma edad, rubia y recogido en una coleta baja.
- ¡Yugito ni-chan, cuánto tiempo sin verte! ¡Tengo tanto que contarte! – le dije mientras la abrazaba.
- Todo eso va a tener que esperar, a nuestra abuela no le queda mucho tiempo – me respondió rompiendo el abrazo y con un deje de tristeza en su joven rostro.
Sin más tiempo que perder fuimos a verla, no sabía que le pasaba a Yugito pero si que era algo tan grave como para no darse cuenta de nuestro "invitado" que no se despegaba de mí. Entramos a una habitación oscura y entonces vi a mi abuela acostada en su cama, rodeada de lo que antes eran sábanas blancas pero que ahora estaban teñidas de un rojo sangre. Me temí lo peor y me acerqué a ella corriendo, seguida de mi "fiel perro".
- ¡Abuela! No puede ser, esto no puede estar pasando… - murmuraba mientras abrazaba a una chica de unos 18 años, con el cabello largo y rubio.
- Mitsuko… No tengo mucho tiempo, tengo que decirte algunas cosas importantes de nuestro clan. Por favor, déjennos solas – decía, no sin esfuerzo. Y cuando ya estuvimos solas, empezó otra vez a hablar – Mitsuko, ¿hueles eso?
- Hai, huele a freesia refracta, tus flores favoritas – decía en un susurro casi perceptible mientras que unas lágrimas traicioneras se resbalaban por mis mejillas. De pronto me dí cuenta de que ese olor era el mismo que olí en todos los miembros de Akatsuki.
- Exacto – respondió con una débil sonrisa al ver mi sorpresa – Seguro que lo habrás olido en más de una ocasión, por ejemplo en ese joven del pelo blanco. Verás, ese olor solo podemos olerlo nosotras y ese olor significa que la muerte está cerca. En mi caso significa que ya me falta poco para morir.
- Ahora lo entiendo un poco mejor demo… ¿Quién te ha hecho esto? – le pregunté.
- Un sacerdote llamado Kohaku, dijo que quería hablar contigo y yo me negué a decirle donde estabas – me respondió – Ese hombre no traía nada bueno… ¿De qué lo conoces?
- Es una larga historia… Abuela, ¿Conoces a la diosa de los 8 elementos? – sus ojos se abrieron desmesuradamente de la sorpresa.
- ¿Cómo sabes…? Bueno, no importa… Lo siento Mitsuko porque no he podido responder a tus miles de preguntas demo en nuestra guarida, donde está toda nuestra historia y poderes, podrás encontrar todas las respuestas – levantó su mano para darme un trozo de papel donde había un dibujo para llegar a nuestra guarida – Mitsuko… una cosa más, debes saber que toda muerte tiene su razón.
- No… no puedes decirme que te deje morir… - la miré horrorizada pero al ver su cara entendí a qué se refería - ¡No puedes decirme que deje morir a Yugito!
- Mitsuko, todo el mundo muere por alguna razón y no puedes quitar ese hecho – me dijo con una sonrisa de compresión y compasión – Yo también tengo tu poder, puedo ver el futuro… Y, como tú, intenté evitar la muerte de un ser querido. Lo pagué caro… Ese día no solo murió la persona que yo quería salvar, sino también toda mi familia y me quedé sola…
- ¡No puedes comparar lo tuyo con lo mío! ¡Es mi hermana!
- ¡Y él mi novio! – me quedé paralizada y me mordí la lengua, ¿por qué tenía que ser tan bocazas? – Por favor… prométeme que dejaras que se vaya…
- No puedo prometerte nada… - me levanté y le dí la espalda – Es mi hermana… la única hermana que tengo…
Me giré para verle el rostro y ví con ojos llorosos que ya nos había dejado.
