Esperaban actualización de esta y me quedé dormida ^^' perdón.

Espero les guste, la actualización de "Ella, tu y yo" será en la noche. ¿Vale?


Casualidad o destino.


Syaoran se echó agua en el rostro por quinta ocasión y parpadeó varias veces para tratar de despertar.

Estaba agotado; el día estuvo de locos y si le sumaba sus escasas horas de sueño, pues ya se sentía zombie.

Algo que su compañera notó y lo instó a dormir, sin embargo, ignoró la sugerencia. Sakura debía regresar a su departamento y no pensaba mandarla en taxi cuando él fue quien decidió que trabajarían en su hogar.

Suspiró sintiendo el peso de sus malas decisiones y tomó la pequeña toalla a su lado con la que procedió a secarse el rostro.

Al bajar la toalla, observó su reflejo y encontró que tenía el cabello más alborotado de lo normal. Dejó a un lado lo que tenía en la mano antes de pasar la mencionada por su cabello en un fallido intento por peinarse.

Finalmente sacudió la cabeza y salió del baño; la llevaría, pasaría por un café y regresaría para pasar todo los subrayado en limpio.

Pero al llegar a su sala la encontró inusualmente silenciosa... Y vacía.

—¿Ying Fa? —exclamó sabiendo que si estaba escondida, aquello sería suficiente para hacerla explotar. Sin embargo, el silencio siguió.

Se acercó más a la sala donde incluso notó la ausencia de folders y en su lugar halló un Post-it amarillo. Frunciendo el ceño se acercó y lo tomó para leer.

"Chino del demonio, temo que manejes y nos mates a ambos por tu nula capacidad de escuchar sugerencias. Duerme, mañana te paso a dejar el resumen."

Parpadeó varias veces no pudiendo creer que la mujer literalmente había huido de su departamento llevándose con ella el trabajo que le tocaba.

Sostuvo el puente de su nariz entre sus dedos antes de bufar.

—Rayos, Ying Fa, eres demasiado para ser real —masculló entre frustrado y aliviado.


Ojos amatistas lo veían con expectativa y optó por alejarse de la puerta dándole una silenciosa sugerencia.

Se quitó los lentes al darle la espalda y la escuchó cerrar la puerta; se pasó una mano por la frente antes de regresar los anteojos a su lugar.

—Eriol...

—No lo sé, Tomoyo, ¿cómo podría saberlo? —contestó caminando hasta su comedor.

—Es tu mejor amiga...

Él negó varias veces y finalmente la encaró.

—Era, hace mucho de eso, no es lo mismo —interrumpió moviendo las manos para acompañar su oración.

Tomoyo frunció el ceño confundida.

—¿Cómo no lo va a ser? Es la misma...

—La gente cambia, Tomoyo; sí, hubo un tiempo en el que me amó, pero amaba a ese niño que solía ser su mejor amigo, estaría cometiendo un error al creer que soy el mismo —exclamó empuñando una mano antes de soltarla. El movimiento fue tan rápido que pasó desapercibido por su acompañante.

Tomoyo sintió un dolor punzante ante esas palabras, lo sintió como una indirecta muy directa.

—Entonces déjame reformular la pregunta, ¿Sakura tiene una oportunidad contigo?

Eriol arqueó una ceja.

—No entiendo a qué viene eso, ¿qué no estabas buscando juntarnos?

Tomoyo abrió y cerró la boca varias veces antes de poder contestar.

—Quiero que seas feliz, Eriol, y lamento si a veces presiono...

—O será que quieres que tengamos citas dobles, que comparta más de mi vida contigo y Syaoran; que deje de ser mal tercio así no te sentirás culpable por arrastrarme a sus...

Eriol suspiró cansado, estaba harto de la situación. Tomoyo lo miró incrédula.

—¿Eso es lo que crees? Qué... —Un dejo de culpabilidad se acrecentó en su interior sabiendo que en parte tenía razón.

—No necesito que me busques pareja, Tomoyo; y si Sakura tiene o no una posibilidad conmigo, es mi asunto —masculló el inglés caminando hacia la mesa de su comedor donde tenía varios papeles.

La pelinegra lo miró extrañada.

—¿Por qué te comportas así?

Eriol suspiró con ligereza y empuñó una mano.

—Tengo trabajo, Tomoyo.

Pero la chica sacudió la cabeza y se puso frente a él.

—No, no puedes soltar ese tipo de cosas y esperar que las acepte así como...

—¡¿Qué quieres escuchar, Tomoyo?! ¿Qué estoy cansado de hacerla de consejero? ¿Que odio que me busques porque Syaoran está ocupado? —Su corazón comenzó a acelerar los latidos lo cual afectó su respiración—. ¿Que ya no quiero ser parte de su relación?

Los ojos de Tomoyo se abrieron con sorpresa. Eriol jamás le había hablado así.

—No es cierto... No eres un reemplazo ni nada por el estilo —murmuró ella bajando la mirada sintiéndose avergonzada. Eriol era mucho más que aquello que mencionaba.

—No lo parece, siempre acudes a mí cuando las cosas se dificultan, cuando Syaoran parece vacilar, cuando dudas de lo que eres para él —musitó el inglés cerrando los ojos y suspirando con fuerza—. Quiero ser lo que Syaoran es para ti.

Tomoyo frunció el ceño sintiendo aquello como una declaratoria. Subió la mirada pero su amigo veía hacia la ventana.

—Eriol...

—Debo trabajar, Tomoyo —susurró el inglés dándole la espalda y caminando hacia el pasillo que llevaba a su estudio.

La chica se quedó mirando su figura alejarse y brincó cuando escuchó una puerta azotarse.

Su corazón se contrajo y lágrimas llenaron sus ojos. No quería perder a Eriol, le daba pánico que su amigo se esfumara de su vida. Era un temor tan palpable que solo de imaginarse la ausencia del inglés, sentía que no podía respirar.

Eriol era demasiado importante en su vida y tal vez, no lo valoraba como debía.


Cuando Meiling abrió su puerta, no pudo controlar el brinco en su corazón y el doloroso tirón en su estómago. Menos cuando el chico le sonrío con coquetería antes de quitarse los lentes negros que dejaron al descubierto sus ojos grises.

—¿Y? —le preguntó Lien dando un giro de trescientos sesenta grados con las manos abriendo su saco.

—¿Qué? —cuestionó ella impasible aplaudiendo el excelente control que tenía sobre sus emociones.

Lien la miró irritado y entró a su departamento.

—¿Cómo me veo? —insistió haciendo un ademán con la mano de su pecho a la cintura.

Meiling arqueó una ceja antes de cerrar su puerta para apoyarse en ella.

—Cómo un vendedor de biblias —contestó con ironía.

El chico dejó caer los hombros y Meiling le dio una ligera sonrisa antes de ir a la cocina, había estado preparando su cena.

—Eres la peor consejera de modas —masculló Lien desde la entrada.

—Para eso tenemos a Tomoyo, puedes preguntarle —exclamó apagando la lumbre de la estufa antes de tomar un plato y servirse algo de crema de zanahoria.

—De hecho, la vi y dijo que me veo bien —alegó él con orgullo apareciendo dentro de la cocina.

Meiling lo vio con confusión tomando su plato y dirigiéndose a su comedor.

—¿Dónde viste a Tomoyo?

Lien se quitó el saco y lo puso en el respaldo de la silla frente a Meiling.

—Fue a ver a unos inversionistas al mismo edificio donde mi padre tiene su oficina —le contó tomando asiento.

La chica movió su comida sin hacer el mínimo intento por comer.

—¿Viste a tu papá?

Lien apoyó la barbilla en su mano.

—Acepté el empleo.

Meiling levantó la mirada y lo vio de una manera que le causó escalofríos. La chica cruzó los brazos.

—¿Qué pasó con "me regresaré apenas la vea"? —cuestionó haciendo comillas con los dedos.

El chico se encogió de hombros y sacó su celular. Cualquier cosa era buena cuando se trataba de escapar de esa mirada carmesí.

—Ya es tiempo de dejar de huir de mis responsabilidades, ¿no crees? —masculló.

La escuchó suspirar y sintió una opresión en el pecho.

—Mejor dime que te quedas por Sakura, ofende menos mi inteligencia —espetó ella levantándose.

Lien solo la vio con fingida indiferencia.

—Meiling...

Ella levantó ambas manos.

—No lo quiero escuchar, me cansas con tu actitud —musitó antes de salir del lugar para encerrarse en su recámara dónde podría llorar libremente al recordarse que su amigo era tan inalcanzable como el sol.

Por su lado, Lien miró al techo y bufó. Años escapando de los negocio de su padre para al final usarlo como excusa para quedarse en un país por cierta pelinegra que en esos momentos lo odiaba.

No quería lastimar de nuevo a Sakura, pero estaba lastimando a Meiling en el proceso.

Todo eso era una jodida basura... Él se sentía como una jodida basura.


Sakura bostezó mientras se terminaba de peinar. Había acabado lo que le prometió a Syaoran pero en el proceso se desveló hasta las dos de la mañana.

Pensó en su plan de la mañana mientras tomaba la carpeta con el resumen y se ponía unos zapatos bajos color negro.

—Ir a la oficina del chino, regresar corriendo a la mía, inventarle una excusa a mi jefe... —masculló tomando su mochila y abriendo la puerta para cerrar tras de sí—. O podría mandar eso con un mensajero...

Frunció el ceño y negó varias veces mientras bajaba las escaleras. Jamás mandaría información tan confidencial con un desconocido, tendría que llegar tarde a su trabajo.

Suspiró al llegar al último piso y se encaminó a la salida del complejo. Una vez que cruzó el umbral se detuvo de golpe como si hubiera chocado con un muro.

Había una Land Rover color verde estacionada justo frente a ella y cierto hombre apoyado en la puerta del copiloto con un café en los labios.

Hizo una mueca de irritación mientras bajaba.

—¿Cuánto llevas ahí? —preguntó deteniéndose frente a él.

Syaoran miró su reloj en la muñeca derecha antes de bajar su termo.

—Veinte minutos, no sabía que eras tan impuntual.

Sakura arqueó una ceja.

—No quedamos de vernos ni mucho menos —le recordó cruzando los brazos.

El castaño se encogió de hombros y se separó de la camioneta para abrirle la puerta.

—Necesito ese resumen y tú llegar a tiempo a tu trabajo, todos ganamos —alegó haciéndole un ademán para que subiera.

Ella suspiró antes de hacer girar los ojos pero finalmente aceptó. Una vez que subió al vehículo Syaoran le entregó su termo.

—¿Vamos a compartir babas? —cuestionó Sakura entre divertida y asqueada.

El castaño solo cerró la puerta sin contestar, sin embargo, Sakura no pudo contenerse al oler el café. Prefería las bebidas de en una pequeña cafetería del rumbo que el café de su oficina, ya que este segundo sabía a calcetín viejo; y la bebida en su manos olía exquisita.

Así que ignorando todas sus advertencias de higiene, bebió del café de castaño amargado para descubrir que tenía un toque de chocolate que la hizo gemir extasiada.

Sintió a Syaoran subir a la camioneta.

—¿No que te daba asco? —cuestionó jocoso.

—Ya usé tu ropa, no hay nada peor que eso —masculló tomando otro sorbo con los ojos cerrados—. Creo que he muerto he ido al cielo —exclamó con un gesto de emoción.

Syaoran carraspeó.

—Los muertos no hablan —musitó arrancando el vehículo.

Sakura abrió los ojos y lo vio feo.

—Amas mi hermosa voz, admítelo.

El castaño rio y sacudió la cabeza.

—No me gusta mentir, Ying Fa. —La chica entrecerró los ojos y lo picó en el costado mientras que él bajó el brazo derecho para impedirlo—. ¡¿Qué tienes contra mi cuerpo?! —exclamó.

—¡Es picable! —alegó ella.

Syaoran la vio un segundo antes de regresar la atención al camino.

—Eso ni siquiera es una palabra.

—Tampoco acosable y la usas —recordó antes de beber de nuevo.

El hombre a su lado abrió la boca para defender su palabra inventada pero una llamada los distrajo a ambos.

Syaoran frunció el ceño antes de presionar la pantalla de la camioneta.

—Li —dijo sin revisar quién llamaba.

—Syaoran, ¿estarás en tu oficina? —Se escuchó a Eriol preguntar.

El mencionado frunció el ceño, ese tono de voz le recordaba mucho a cierta llamada...

—En una hora más o menos —respondió sintiendo algo de ansiedad.

—Bien, necesito hablar contigo —continuó su amigo.

Syaoran apretó el agarre en el volante.

—Ok, te veo en un rato —murmuró antes de cortar la llamada y suspirar.

—¿Tan malo va a ser? —cuestionó Sakura en voz baja.

Él se movió incómodo.

—No sé, supongo —contestó antes de apretar de nuevo el volante—. Su voz...

—Sí, hace ese tono cuando el tema no es agradable —lo interrumpió ella cerrando el termo—. ¿Quieres oír una verdad?

Syaoran la vio de soslayo.

—¿Sobre Eriol?

Sakura negó varias veces.

—Sobre ti y Tomoyo —masculló.

El hombre a su lado se puso tenso, incluso endureció la mandíbula pero finalmente asintió mientras ella tamborileaba los dedos en el termo.

—Si no sientes algo especial ahorita, no lo harás nunca —susurró y cerró los ojos—. Pasarán los años y vivirán engañados en que algo puede crecer entre ustedes con el tiempo, pero el amor no se puede forzar. O nace o no.

Syaoran la observó cuando se detuvieron en un semáforo.

—¿Hablas por experiencia?

Sakura asintió abriendo los ojos y mirando por la ventana.

—No hay nada peor que dejar pasar la vida creyendo algo que jamás será, ¿en serio quieres ser quien le impida a Tomoyo encontrar eso que busca en ti?

El castaño miró hacia el frente y al ver la luz verde comenzó a avanzar con la pregunta de Sakura dando vueltas en su cabeza.

—No —contestó después de unos minutos y suspiró de manera audible—. No quiero.

Se detuvo frente al edificio donde trabajaba Sakura y ella dejó su termo en medio de ellos antes de entregarle el folder con el resumen.

—Te saqué de la lista de solteros para la subasta —dijo mientras Syaoran revisaba las hojas entregadas, el castaño la miró incrédulo y ella se encogió de hombros—. Me hubiera gustado que estuvieras porque necesitamos un Li, pero tampoco soy de obligar a nadie —concluyó abriendo la puerta y saliendo de la camioneta.

Se acomodó su saco y se colgó la mochila al hombro.

—Hey. —Volteó arqueando una ceja, Syaoran había bajado el vidrio y la miraba con cierta seriedad mientras estiraba el brazo con el termo en la mano—. Toma esto, te vas a dormir en cualquier momento.

Sakura hizo girar los ojos pero tomó lo ofrecido, la verdad es que se había enamorado de la bebida. Se dio la vuelta para entrar al edificio cuando escuchó—: Lo haré, pero si me compra una loca irás a salvarme.

Sakura se giró con la boca en forma de "o" hasta que finalmente sonrió con sincera felicidad y él pudo detallar que sus ojos se iluminaban de manera peculiar.

—Lo prometo —dijo enseñándole la mano izquierda.

Syaoran negó varias veces antes de subir el vidrio.

—Me voy a arrepentir de esto —masculló avanzando, sin embargo, al mirar por el retrovisor y ver a Sakura despedirse de él con la mano, sonrió.


Cuando Eriol entró a la corporación Li lo primero que vio fue el largo cabello de Meiling mientras esperaba el elevador. Y lo segundo que pudo notar fue el pañuelo que llevaba en la mano derecha.

Cuando el elevador tintineó, la joven Li entró en él y fue hasta que alzó la mirada que lo vio caminando a ella y forzó una sonrisa que no lo logró engañar.

—¡Eriol! —exclamó presionando el botón para que las puertas se mantuvieran abiertas.

El mencionado le dio una sonrisa y al entrar al elevador la saludó con un abrazo que ella regresó.

—¿Qué te trae por acá? —preguntó Meiling guardando de manera disimulada el pañuelo y rogando a todos los dioses que sus ojos no estuvieran hinchados.

Eriol presionó el número del piso de Syaoran.

—Debo tratar unos asuntos con tu primo —le informó.

Meiling asintió y se miró en el espejo a su izquierda; rayos, tenía rojo alrededor de los ojos.

—Casi no se nota —susurró su amigo.

Ella suspiró y bajó la mirada.

—Me di cuenta de algo la última vez que hablamos —masculló.

Eriol metió las manos en las bolsas de su pantalón.

—¿De qué? —preguntó sabiendo la respuesta.

La chica a su lado se miró de nuevo en el espejo y él la imitó. Meiling lo señaló a través del reflejo.

—Tienes la misma mirada triste que yo —musitó y Eriol le sostuvo la mirada por medio del reflejo—. ¿Es Tomoyo?

El chico giró la cabeza y cruzó sus brazos.

—¿Importa?

Escuchó a su acompañante suspirar a la par que el elevador se detuvo.

—No, creo que al final lo que menos importa es lo que sentimos —contestó ella antes de salir del elevador dejando a Eriol solo.

Cuando se cerraron las puertas, se apoyó en la pared y miró hacia arriba sabiendo que irse a España iba a ser la única manera de superar a la mujer de ojos amatistas que llevaba años amando en silencio.


Entraron a la oficina juntos, Syaoran se dirigió a su silla tras pedir que le cancelaran la reunión con Meiling.

Eriol no tomó asiento, solo puso un folder frente a su amigo quien frunció el ceño con confusión.

—¿Esto es...? —preguntó levantando el folder para revisar su contenido.

—Mi reemplazo; como podrás ver, está bien capacitado y es de mi entera confianza —contestó el de lentes.

Syaoran arqueó una ceja no entendiendo a qué iba todo aquello y Eriol suspiró.

—Me ofrecieron un puesto en España, debo viajar dentro de tres meses, es tiempo suficiente para preparar a...

—Espera, ¿te vas? —preguntó incrédulo el castaño.

Su amigo exhaló de manera audible y se miraron fijamente por unos segundos.

—Es tiempo, Syaoran —dijo tajante.

El mencionado endureció la mandíbula.

—Tiempo... Me hablas de tiempo —murmuró con ironía—. Me hiciste volver para tomar tus cosas e irte —espetó.

Eriol negó.

—Lo hice por Tomoyo, ella te quiere a ti y...

Syaoran azotó el folder en su escritorio.

—¡Porque jamás lo intentaste!

El otro lo miró con dureza.

—¡¿Qué iba a intentar?! Todo el tiempo era Syaoran esto, Syaoran lo otro... ¿Cuándo querías que...?

—¡En cualquier momento! Debiste... —Syaoran pasó una mano por su rostro con frustración—. Te quieres ir, bien vete. —Bajó la mano y lo vio con suma dureza—. Pero espero que mínimo tengas el suficiente valor para decirle a Tomoyo el porqué lo haces —espetó antes de tomar lo que Sakura le había dado para dirigirse a la puerta de su oficina.

—Necesito esto, Syaoran, ya no puedo más —exclamó Eriol y su amigo se detuvo en la puerta para verlo de soslayo.

—Tomoyo merece a alguien que la ame como yo jamás lo haré. —Miró a Eriol y antes de que pudiera intervenir, prosiguió—: Igual para ti no merezca encontrar algo real, Eriol; pero alguien me hizo ver que estoy dejando la vida pasar —masculló antes de salir de su oficina.

Eriol empuñó con fuerza sus manos. Sí, también él y Tomoyo estaban dejando pasar la vida por no decirse lo que en realidad sentían.


Salió algo corto jajaja, tengo este detalle con la historia, sé a donde quiero llegar pero el camino se me complica un poco. Estoy más inspirada en ETYY, por eso las actualizaciones tan lentas de esta.

Eso y que de pronto comentan que los personajes son planos, algo que por momentos me llega a causar ansiedad.

No voy a justificar a ninguno, todos son lo que son porque como humanos la regamos mucho. Tomoyo es de las que debe tocar fondo para darse cuenta de todo así que la van a odiar un poquito.

SS se van a ir acercando, no esperen una relación fugaz que se da con una mirada porque ellos no son así. Me gusta que se vayan notando poco a poco y que Syaoran se anime a salir del caparazón porque ella lo invita a hacerlo.

Cómo siempre, sugerencias, reclamos y comentarios son bien recibidos y tomados muy en cuenta.

En la noche subo el capítulo de Ella, tú y yo ;)