HOLI!
Pues este capitulo es lo que muchos esperaban. Finalmente, Camie despierta, sí, ya abrió sus ojitos soñadores… Todoroki habla un poco sobre su teoría para que vayan dándose una idea de lo que sigue.

Nota: Seguramente se preguntarán porque Camie dice a Bakugo "bae o Bakubaes" bueno, es un termino que no sé porque razón, adoptó el fandom en inglés y pues yo lo tome. Supongo es por la manera tan extraña de hablar que tiene Camie, con una jerga muy extraña del japones que a veces es difícil adaptar tanto al inglés como al español.

Otro detalle.

Me han dejado un mensaje de Manu, me preguntas sobre mis fics de Tekken, por ahora y no escribiré de otro fandom, de hecho, escribiré 3 más de BNHA y me retiraré. U_U lo siento. Ya es hora. Pero por mientras, sigo aquí.

¡Pues bien… Feliz lectura y felices teorías! Aún no termina este fic.

-o-

El universo está a mi favor

A las diez de la noche Inasa, Momo y Shoto tenían una video llamada por Skype. Momo y Todoroki estaban en la sala de estudio. Inasa desde su habitación los observaba y se había quedado sin palabras. Suspiró mientras asimilaba la información que Todoroki dio hace veinte minutos. Yaoyorozu parpadeaba y sorbía su jugo con ayuda del popote. Inasa no estaba seguro si gritar o reír. Le gustaba que Todoroki fuese apasionado en sus temas de interés, eso demostraba que iba en serio, no era una broma. Miró la pantalla.

El niño bicolor esperó paciente las impresiones de Inasa. Era importante, pues, pocos eran quienes habían escuchado sus locas teorías, además de Momo. Ella pude que no compartiera todas ellas al cien por ciento, pero admiraba su determinación y metodología para organizar toda la información. Procesarla era otra cosa. Ambos compañeros, tenían la duda. Como en toda teoría quedaba en el aire una posibilidad.

― ¿Crees entonces que ellos tuvieron algo que ver con lo que sucedió a Camie? ― preguntó Inasa jugando con una pluma que encontró.

― Les di pruebas… ― respondió con seriedad ― Aunque no estoy del todo seguro si Camie era la víctima.

― Es que… es ― Inasa no encontró la palabra adecuada para describir todo el escenario.

― Surreal ― añadió Momo― sí, lo es… pero es posible. Por mi padre, sé que existen organizaciones poderosas en las sombras que controlan los intereses políticos y sociales del mundo. No me sorprendería que también estuvieran relacionado con los villanos.

― Shigaraki no puede actuar solo. Hay muchos intereses de por medio ― agregó Todoroki.

Inasa observó a la pareja. Momo sonreía tranquila, Shoto explicaba sobre casos parecidos en otras partes del mundo. Mencionó clubs de Elite donde los presidentes asistían. Además, su propio padre pertenecía a la Masonería. Organización secreta más grande en el mundo.

― Ellos controlan el mundo ― Todoroki sonaba convincente, como si todas sus pruebas fueran admitidas ― All Migth también esta con ellos y podría mencionar a otros más… Quisiera saber cual es su objetivo. ¿Qué harán después?

― ¿Y qué quieres que haga? ― preguntó Inasa, aceptó finalmente la posibilidad de que el hijo de Endevar tenía razón ― me dices esto con qué fin.

― Creí que debía saberlo. Ella es tu amiga.

A decir verdad, Inasa tampoco entendió porque fueron atacados, porque justamente cuando se aplicaba la prueba, cuando Midoriya y Bakugo estaban dentro. Shishikura tenía razón, siempre que ellos dos están presentes sucede algo. Quizá también conspira como Todoroki pero no lo sabe. Sopló cansado y se recargó en la silla.

― ¿No has pensado que todos los problemas son causados por tus compañeros? ¡No pretendo ofender a nadie! Sólo piénsalo.

Momo miró a Todoroki que una vez más no mostró emoción alguna.

― Sí, lo tengo presente y no lo descartó. De hecho, Midoriya y Bakugo tienen secretos en común ― su mirada quedo suspendida, mirando sin mirar ― si son ellos los causantes entonces, no estamos seguros.

― No digas eso, Todoroki ― apuntó Momo y tomó su mano.

― Los villanos están tras ellos. Lo demás fue un daño colateral.

― ¿Quién será el siguiente? ― se preguntó Inasa sin perder su sonrisa habitual. Tratando de regular la tensión y la incertidumbre, porque miedo, miedo no tenía.

El aquí

Tal vez no fue la mejor decisión, pero no tenía otra opción. Lo había pensado demasiado como todas las cosas que después no hace. No era una muchacha impulsiva y muchos menos atrevida. Su timidez la hizo quedarse siempre en su sitio, como espectadora. Hasta que conoció a Izuku Midoriya y quiso ser como él. Y así se encontró calculando la distancia y los metros que había desde el jardín del edificio A, hasta el balcón de la habitación de Katsuki.

Era peligroso.

No sólo llegar de esa forma y no tocar la puerta, si no que podía ser descubierta. Era una acción ilegal y poco ortodoxa. No sabía que daba más miedo, que la encontraran, que cayera desde más de diez metros de altura o que Katsuki le reventara la cabeza al verla aterrizar por su terraza.

Las cortinas estaban cerradas, eran más de las nueve de la noche. Probablemente dormía, quizá leía… Comenzó a flotar suavemente como un globo de gas. El viento sopló fuerte como si quisiera derribarla. Hacia frio, pero ella estaba tan nerviosa que sintió que estaba nevando. Su cuerpo temblaba y el estómago se hizo plomo. Ya estaba ahí, no iba a dar la vuelta, tenía que hablarlo… decirle.

Tocó el cristal del ventanal. Apretaba sus dedos nerviosa mientras movía su pie. Una parte de ella estaba arrepentida. Tal vez si brincaba y luego flotaba de regresó a su habitación, del otro lado del edificio, si claro, como si fuera posible llegar allá volando. La otra volvió a tocar ya que no hubo respuesta. Contradictoria, deseó que no estuviera, que algo más importante la ocupara.

― ¿Es en serio? ― lo oyó hablar del otro lado del cristal y brincó.

― Hablemos ― soltó su voz como si pidiera un favor. El frío comenzó a causar efecto, se abrazó así misma porque el suéter delgado no tapaba lo suficiente ― Bakugo, por favor.

― ¡Déjame en paz!

― No hasta que me escuches

― ¡Muérete! Desaparece… salta por la terraza y desaparece.

― Es sobre Camie.

Él no respondió, pero estaba seguro que ella le interesaba. Imaginó que estaba poniéndose de pie, ajustando sus zapatos de descanso. Ella temblaba y seguía pensando si era correcto o no estar ahí. ¿Y si Deku-kun se entera? Se preguntó y eso la entristeció. No quería malas interpretaciones, pero… ¿Qué era entones invadir la privacidad de un muchacho desde su balcón? La cortina se abrió seguido de la ventana.

Un olor dulzón y relajante llegó hasta sus narices. Era el aroma de Bakugo. Perfume o hormonas. El punto es que era delicioso.

― Habla ― escupió Katsuki. Su cuerpo era una barrera, no la dejaría entrar a su habitación, eso era seguro.

Distraída por el aroma, observó los rubíes de Bakugo y se perdió ahí. A su mente llegó Camie y entendió porque…

― Ella quería salvarte a ti ― dijo atropelladamente ― No sólo iban tras Deku, también eras su objetivo, pero te perdiste de vista… luego, ella apareció, creí que podía detenerla. Camie estaba en medio de los dos. No supo si ir contigo o ayudarme. Le dije que se fuera… y ella dijo: "Bakugo se las sabe arreglar sólo, si lo ayudo va a enfadarse" luego dijo que Toga le debía algo…― él no estaba mirándola, sus ojos estaban en el suelo, sobre sus pies descalzos y los tenis rosas de Ochaco.

Bajo la defensa y el brazo que sostenía la ventana. Se alejó hasta dejarse caer en su cama. La niña de cara redonda dio un paso adentro y el aroma se hizo más intenso. ¿Por qué olía tan rico? Miró un poco su habitación, era sencilla y ordenada, bastante ordenada para tratarse de un muchacho. Pensó que su habitación sería un desastre y con lo sucedió, apestaría y no se podría caminar en ella.

― Le he dado muchas vueltas… ― continuó ―No es que quisiera protegerme, bueno sí, pero no era su prioridad, ella quería enfrentarse a Toga. No entendí porque… simplemente creí que se habían enfrentado tiempo atrás, no lo sé.

― ¿Qué más te dijo? ¿qué más hablaron? ― la voz de Katsuki fue más profunda y rasposa. Ese nudo en la garganta creció. Y claro que sabía, lo había dicho con otras palabras, pero lo sabía.

― Lo último que me dijo antes de desvanecerse fue… "si algo me sucede, sólo avanza", pero sé que es mensaje no fue para mí ― las chispas en las palmas de las manos comenzaron a aparecer ― Quise decírtelo antes pero tu inmadurez e histeria no lo permitían… Ya van tres semanas y tu sigues igual.

Sí, sin dudarlo, era algo que ella diría. Sus defensas cayeron muy debajo de la tierra. Su cuerpo de pronto bajo la tensión. Apretó los puños sobre sus piernas. Estaba ardiendo de ira o rabia, ni siquiera lo entendía. Quería gritar, romper, llorar, golpear… pero estaba ella ahí, parada a mitad de su habitación. Ella la "amiga" del nerd fastidioso que todo el tiempo lo perseguía. Se desplomó como un torrente sin cause. Derribó la brecha que había entre ellos y le gritó.

― Soy un imbécil, no… ¡no puedo! Ya no puedo más… Si no pude salvarla a ella, ¿crees que pueda salvar a otra persona? Si la Ilusiones muere o no despierta nunca más… ¿Qué será? Tal vez no quede en mi registro, pero… sé que estará ahí… ¡Maldita sea! ― lo último se escuchó con voz quebrada, ominosa y descuidada. Su rostro pintado de angustia y vergüenza.

Ochaco lo miró como si mirara un niño perdido. No se acercó, era un animal salvaje que en cualquier momento la devoraría. Lo oyó sollozar. Suspiró aliviada, metió sus manos a las bolsas traseras del pantalón. "Sácalo todo Kacchan" pensó.

― Aun así, no cambia el hecho que quiero que estés en su lugar ― confesó, no se sorprendió ― ella te salvó.

― No, Bakugo, salvarme fue un efecto secundario, ella quería atacar a Toga, yo estaba en medio.

― Primero intentaste salvar a Deku, luego ella a ti. ¿Por qué no habría de odiarlos? ¿No lo entiendo? A ti te desagrada ella…

Uraraka brincó al escuchar aquella confesión. Lo aceptaba, no le agradaba porque ella atacó a Midoriya y encima se paseó desnuda frente a él… no entendía, ella no sabía que esa era Toga y no Camie. No, no le agradaba. Habló a sus espaldas con Tsuyu y ella la regañó por sus malos pensamientos. Luego resulta que la chica que no le agrada le salva la vida. ¿El destino se burla de ella?

― Sí ― respondió Uraraka, de pie frente a él, con la distancia suficiente como se observaría a un leproso, a un moribundo ― no me agradaba. Ella intentó hacerle daño a Deku en el examen de licencias de primer año. Lo siento.

Katsuki río, él lo sabía y le escupió de mala gana la verdad. Camie también tenía orgullo y dignidad, solamente que su elegancia le impedía mostrarlo abiertamente. No quiso desaprovechar la oportunidad de vengarse de Toga.

Bakugo amo la cara de terror y abatimiento de Uraraka al escuchar la realidad, se dio el lujo de sonreír disfrutando ese momento al verla sufrir. Sentirse mierda por juzgarla mal. Finalmente pudo cumplir la amenaza que le hizo a Deku hace medio año. Gozó con las lágrimas que salieron de sus ojos llena de arrepentimiento. Un peso mucho más grande cayó sobre ella. Él sonrió malicioso. "¿Duele? Espero que te duela más, que arda y te queme lentamente las venas y te desangres maldita cara redonda" pensaba mientras Uraraka no daba crédito a la verdad.

― Pudo proteger a cualquiera, pero te protegió a ti ― tiraba sal a la herida, picante, limón y se hacía un exquisito filete ― ¿Por qué a ti? Quizá tú le agradabas a Camie. ¿No lo llegaste a pensar? Ella no es como tú y tus estúpidas amigas de la clase. Ella va por la vida haciendo amigos y aceptando solicitudes de amistad en las redes sociales. ¡No te sientas especial!

Ella quiso decirle que era cruel, era malvado, pero seguramente si le decía, reiría satisfecho.

― Y aún a así ― respondió Uraraka― entonces, sus acciones tienen más valor ahora. Porque salvó la vida de alguien que la despreciaba. ¡Eso me dice que ella vale demasiado! Y por lo mismo, debes asumir esa responsabilidad. ¡Camie es mucho para ti!

Bakugo se levantó de la cama. Intimidó a Uraraka, se acercó a ella justo para golpearla, pero no lo hizo, la acorraló en la pared. Ella miró el suelo, el olor de Bakugo era demasiado dulce, manzana, canela, miel, una mezcla de todos. Sus piernas temblaron. Deseó que alguien entrara, la salvara. "Deku-kun" pensó.

Él no la miró. Apestaba al aroma de Deku y le dio nauseas. Era como si él estuviera ante él. Tan parecidos. Por eso conseguían compaginar en todo, mucho mejor que él y ella. También en eso lo habían superado.

― Así es… y por tu culpa casi está muerta ― respondió, cambió un poco el tema mientras sus ojos se hacían cristalinos. Para su suerte ella no lo miró. ― Hablas de avanzar, mientras ella se queda ahí. ¿Qué fácil? Dime, si envió al idiota del nerd al hospital por un mes… ¿qué me harías? ¿Cómo te sentirías?

― ¿Qué quieres? ¿Qué buscas? ― preguntó Uraraka aun temblando y aferrándose a la pared. Miró la puerta, cuanto tardaría en llegar hasta allí y si Bakugo la dejaría escapar.

― No lo sé, maldita sea ― finalmente se alejó y se dejó caer en su cama. Ya la había destruido minutos atrás y aun así no estaba conforme ― golpearte no me hará sentir mejor. ¡No sirves para nada!

Cubrió sus ojos húmedos con el brazo y le pidió a Uraraka que se fuera o gritaría, llamaría a Kirishima o a quien fuera para que la sacaran. Sintió que todo el peso que había en su espalda ya no estaba. Los kilos y kilos de pesas que creía cargar desaparecieron. Su cuerpo estaba menos denso. Quiso llorar pero no frente a ella.

― Siento haber entrado de esta manera. Necesitábamos hablar ― afirmó Uraraka― será mejor que regresé a mi habitación.

― No lo vuelvas a hacer ― advirtió, refiriéndose a la intromisión en su habitación ― para la otra te tiró por la ventana cara redonda.

La niña rodo los ojos, pero sabía que esa era una buena actitud. Quizá había ayudado más de lo que creía al muchacho problemático, a pesar de salir lastimada por sus palabras.

Su nuevo problema era… ¿cómo salir? Si lo hacía por la puerta las cámaras de seguridad registrarán su visita y el balcón… ella flotaría, pero aterrizarían en la azotea. No sabía qué hacer.

― ¿¡Qué esperas!? ¡Lárgate! ― exclamó Bakugo.

Uraraka estaba parada en medio de la habitación. Miró la puerta, luego la terraza.

― Es que… no sé cómo salir.

― ¡Eso hubieras pensando antes de irrumpir en mi habitación! ¡Eres igual de molesta que Deku!

― ¡Ya sé! Llamaré a Tsuyu para que me atrape cuando salga por la terraza… ― sacó su celular y escribió el mensaje a su amiga.

Bakugo estaba furioso, no quería que ella dejara su apestoso aroma ahí… le recordaba a Deku.

― Que desagradable eres ― le dijo.

Uraraka iba a responder que Tsuyu saldría a la jardinera en unos minutos y ella podría salir por la terraza, pero el teléfono de Bakugo sonó.

Urarka caminó en silenció hacia la terraza, pero lo suficientemente lento como para poder escuchar la conversación. Vio el rostro de Katsuki iluminarse. Una sutil sonrisa adornó su rostro.

― Muchísimas gracias… enseguida voy ― dijo antes de colgar.

Rápidamente buscó una chamarra en su armario y zapatos casuales. Ochaco seguía parada en la terraza admirado el espectáculo. Estaba tan ensimismado que la olvidó. Iba a preguntar el motivo de su felicidad, pero la voz de Deku la hizo brincar. El muchacho la llamaba desde abajo junto a Tsuyu. Se heló. ¿Por qué le dijo que estaba ahí? Con una seña le indicó que bajara.

Miró de nuevo la habitación de Katsuki, él cerró la ventana de un golpe y le mostró el dedo medio antes de cerrar las cortinas. Algo sucedió.

Bajar fue más complicado que subir. Tsuyu la atrapó segundo después que ella comenzó a flotar. Una vez en tierra, Tsuyu explicó que tuvo que decirle Midoriya porque temía que estuviera en problemas. Ochaco no se enfadó, entendió la preocupación de su amiga. Luego ella volvió al edificio y dejo solos a los muchachos.

Uraraka explicó rápidamente, nerviosa y avergonzada por lo que pudiera pensar él. Izuku le creyó y entendió, sin embargo, su respuesta fue un abrazó fuerte. Después de hacerlo la primera vez ya se estaba acostumbrando. Ella se dejó querer, era tan suave estar entre sus brazos.

― ¿Qué pasa? ― preguntó atontada por el recibimiento.

― Camie acaba de despertar. El hospital llamó a Aizawa-sensei ― la sonrisa de Deku era mucho más grande, más brillante― nos ha informado a todos… quise decirte, pero… pensé que estabas en tu habitación y luego Tsuyu me dijo que necesitabas ayuda para salir de la habitación de Kacchan. No estoy molesto porque hayas estado hablando con él, sé que tenías que… ― Era tan hermoso. Quiso besarlo. Iba de un lado a otro murmurando como solía hacerlo.

Comprendió que aquella llamada que Bakugo recibió y lo llenó de felicidad, era la clave máxima para que todas las cosas volvieran a ser como antes.

10:00 pm

Alguien debió explicarle como se hacían esas cosas, él no sabía, nada, ni siquiera que se decía en esos momentos o como se caminaba. Estaba aterrado, como nunca lo había estado. A él nada le daba miedo, ni siquiera morir. Todo era tan indiferente. Por otra parte, su madre jamás le explicó y su padre estaba mucho más preocupado por su carácter que por decirle como tratar a las mujeres. Estaba a unos metros de entrar a la habitación. Las enfermeras estaban contentas y lo animaban a ir. La enfermera que cuidaba las gardenias le informó que esta mañana acaban de secarse las ultimas.

Algunas voces salían de la habitación trecientos tres. Sus padres posiblemente y algún médico. A unos metros se quedó de pie, helado. Sus pies parecían estar atrapados en el cemento. Tomó fuerzas de quien sabe dónde y consiguió quedarse petrificado en el umbral de la puerta.

Y ocurrió lo imprevisible, oculto en suave algodón, el corazón se movió. Hubo silencio y el brillo de un flash. Sintió por primera vez cada uno de los efectos del amor. Por poco se desmaya, quiso atreverse a decir que la quería, estaba furioso al mismo tiempo, un poco tierno e indiferente, difunto, vivo, leal, traidor, cobarde y animoso. No hallaba como reposar las emociones mientras se mostraba alegre, triste, humilde, altivo, enojado de nuevo, ofendido, aunque eso es más frecuente, celoso. Ese veneno del amor hace creer que vas al cielo, pero llegas a dar la vida y el alma. Quien lo probo ya sabe.

Si tan sólo ella se diera cuenta como era antes de comenzarla a quererla, cómo era antes de conocerla… podría percibir lo que ha hecho de él.

Camie sonrió como sonríen los dementes. Sintió dentro de su cuerpo una musiquita extraña y absurda, una musiquita boba que le anunció que ya estaba medio loca, me dio desequilibrada, bien enamorada…

Ambos siguieron a su corazón porque era temprano y la primavera ya estaba renaciendo.

Y la lo dijo Carl Jong "El encuentro de dos personas es como el contacto de dos sustancias químicas: si hay alguna reacción, ambas se transforman". Fusionaron sus miradas, con un tremendo poder de atracción. Fue tan colorido que la miel de los ojos de Camie y el carmesí de los ojos de Katsuki, se fundieron en un majestuoso arcoiris.

Ella lo miró, sus ojos soñadores estaban un poco adormilados y lucia mucho más delgada. Sonrió. Extendió su brazo cubierto por picaduras de inyecciones y la sonda de suero. Indicando que se acercara. Sus padres saludaron con cortesía y los dejaron solos. El padre de Camie sonrió de una forma tan amistosa que lo hizo sentir en casa. Bakugo entró despacio como si no quisiera hacer ruido, como se pisa un recinto sagrado.

Le gustaba como le gustaba contemplar el techo de su habitación y su mente se vaciaba. La vio sonriendo, porque sabe que eso basta. La piel siente con el olfato un olor a refugió que emana de su piel. A una distancia prudente ni muy lejos para que no se separen.

― Iremos por algo de cenar. ¿Quieres algo Bakugo-kun? ― preguntó la señora Utsushimi, dejando que los muchachos tuvieran su espacio, había muchas cosas que decir. Lo vio en los ojos de Bakugo y Camie no dejó de preguntar por él desde que despertó.

La voz de Katsuki no salió, no quería parecer descortés, tartamudeó algo incompresible.

― Traeremos un sándwich y leche con café. No tardaremos ― agregó el padre.

Finalmente estaba la enfermedad y la medicina frente a él. Los cabellos de Camie estaban grasosos y su piel enfermiza. Pero ya no estaba el respirador ni las sondas. Y aunque tenía bolsas en los ojos y las pestañas sin rizar, seguía siendo bonita. Su belleza era natural que debía ser bonita a cualquier hora del día. Despeinada y oliendo a antibiótico. No sabía que decirle, por su puesto había muchos reclamos. Ella lo preocupó, lo lastimó, estaba lleno de tanta mierda y colores que no sabía que sacar primero.

― Bakubabes, ¿me extrañaste? ― preguntó como si hubiese ido de viaje. Su dulce vocecita con tono de pregunta, era la misma que había oído hace un mes.

Meditó un momento la respuesta y era evidente que no se lo diría, no al menos ese momento. Claro que la había extrañado, había analizado el desastre de su partida y extrañarla se había convertido en un vicio. Estaba enojado, muy enojado con ella a pesar de todo lo que se contuvo. La miró con fijeza, el ceño frunció, pero Camie no apartaba esa linda cara de no saber que sucedía que tenía todos los días.

Sus labios estaban igual de carnosos y rosas. ¿Y si la besaba? Se contuvo. No caería ante unos labios exquisitos. No la dejaría ganar porque, de cualquier forma, ella ya lo había vencido.

― ¿¡En que estabas pensando!? Por poco mueres, estúpida ilusiones… ― soltó lo primero que llegó a su cabeza con tal de omitir sus impulsos de deseo por esos labios un poco partidos ― ¡Todos preocupados por ti! Mírate, eres un saco de huesos y aún tienes la cicatriz de la herida… ¿Quién te crees que eres? Hacerte la importante. Caer en coma para que te llenen de flores y regalos… ¡Das muchos problemas!

Camie sonrió dulcemente. Él decía todas esas cosas crudas en medio de lágrimas. Su mano débil alcanzó a rozar la muñeca de Bakugo y él brincó ante el contacto. Dejo de regañarla.

― Ahora soy una heroína y tú sigues pasado de moda, bab.

― No entiendes… ¿Por qué? A caso vale más la vida de la gorda que la tuya. ¡Ella te odia!

― ¿Gorda? ¿qué gorda?

― La cara redonda, a la que salvaste… ― Bakugo no había quitado su usual tonó de voz y eso era algo bueno.

Camie rió bajito, aun le dolía la herida de la espalda. Recordó un poco el incidente y a la muchacha que salvó. Para ella no era más que otra chica con las mismas ilusiones y deseos que ella.

― Siéntate ― invitó― Ella tiene una ilusión igual que la mía ― Bakugo obedeció, cruzó los brazos. No quiso dejar de mirarla. ¿Por qué era tan rubia? ― ambas queremos ser heroínas y salvar a quienes amamos. A las dos nos gustan los muchachos complicados. Pero a mis los pasados de moda.

― No era necesario, no lo valía ― aceptar que ella empatizaba con algo cercano a Deku le desagradaba ― ella no lo…

― Piensa que ella pudo hacerlo por mí.

― Y una mierda, ella jamás hubiera hecho esto por ti. Porque no le agradas…

― Entonces yo me hubiera sentido un poco mal ― ella ignoró su comentario, no quería escuchar sus quejas si era verdad o no, no quería saber ― Bae. Está bien, yo estoy aquí. He despertado. Déjame contarte mis sueños. Fue como vivir en otro mundo… ¡wow! Había dragones, estabas tú… eras fuerte y guapo. Igual que ahora pero más maduro.

― Eran los medicamentos ― soltó y rodó los ojos. Ya iba a empezar a contar sus fantasías.

Con dificultad, Camie consiguió moverse un poco de la cama hasta estar cerca del rostro de Bakugo. Ella parpadeó un par de veces, se mareaba y era natural. Tomó su mano entre las suyas. Susurró gracias, muy cerca de su mejilla y depositó ahí un tierno beso. La acción lo tomó por sorpresa, su cuerpo pesó de pronto y no pudo moverse, pero sintió el calor en su cara. Estaba sonrojado y Camie sonrió dulcemente.

Quiso que se quedará así, quieta, muda, enojada, quedarse en ese beso en la mejilla, guardarse a un centímetro de sus pupilas dilatadas, en donde el sol sonroja y las lágrimas hidratan, aguardarse donde las palabras erizan ahí debajo del murmullo… o donde tú quieras, pero aquí, en este cuerpo que nació mío, pero sé que presta tuyo.

― Me las vas a pagar, ilusiones… la pase muy mal por tu culpa― dijo avergonzado.

― Ya habrá mucho tiempo para que salde mi deuda… mientras tanto, abre las cortinas. Quiero ver las estrellas.

Obedeció. Ambos observaron, ella desde su cama y él desde el banquito que solía usar cuando la visitaba.

― ¿Te sentabas ahí? Desde ahí mirabas la calle y a mí… lo sé. La enfermera me contó todo. Y las gardenias y tus visitas.

Las mejillas de Katsuki estaban listas para estallar de lo intensas y rojas que estaban. Por qué no podía tener privacidad, que necesidad había de contar esas pequeñeces.

― Podía oír las canciones y a veces alguna voz lejana que me llamaba. Pero tú jamás hablaste. Permanecías en silencio preguntándote que hiciste mal.

― ¿Cómo sabes?

― Porque eres fácil de leer ― su mirada continuó en la ciudad nocturna ― y siempre estamos de acuerdo en todo. A decir verdad, si fue tu culpa.

La enfrentó sin vergüenza y con las mejillas coloradas. Se sentó en la cama, tan cerca que, si flexionaba un poco el cuerpo, podía esta frente a frente con ella.

― Lo que eres, me distrae de lo que dices ― Camie se quedó con su objeción en la lengua y cerró los ojos, a la espera de un beso tibio y cortó.

Un escalofrío la recorrió y el vértigo en el estómago la hizo brincar. Fue como la primera vez, dulce e inexperta, pero esta vez su piel percibió el calor alebrestado de su edad. La juventud se sintió más poderosa entre sus muslos y sus manos. Los ojos de Katsuki la miraban con insistencia como si ella fuese a escapar. Pudo decirle tantas cosas, pero quería que ella viera la forma en como lo miraba, ella ya debía saberlo todo.

Hubiera querido saber que pensaba él en ese momento, quizá que era bonita, pero si lo decía sería redundar y un cliche. Tal vez sólo quería ser espontaneo, quizá le nació y no había porque pensar demasiado, además Camie estaba loca… cambió de tema antes que sus sentimientos la acorralaran.

― No me soltaste y te sentiste culpable. Al igual que tú, también me gusta superar mis propios retos. Sabes que Toga Himiko no me agrada y no le temó. Simplemente vi la oportunidad. Salvar a la niña no fue mi plan, mi cuerpo se movió sólo. No lo creerás, babe, pero, me vi en ella. Creí que si no la salvaba moriría.

― Estas loca

― Sí, me gusta estar loca, lo que no me gusta es perder. Y esta vez perdí.

― También yo. Ni siquiera puedo salvar a una persona. ¿Qué clase de héroe soy?

― El mío…

― Búrlate

Creyó que cuando ese momento llegará tendría millón de cosas que decirle, pero en ese momento sólo quería verla. Despierta, diciendo tonterías sobre sus sueños. Seguía teniendo los mismos movimientos con sus manos y los gestos admirados como si todo le pareciera nuevo.

Era tonta.

Y así le gustaba.

― Ya quiero volver a casa, darme un baño con sal y rosas… tomar chocolate caliente… ¡oh es cierto!

Bakugo la vio buscando en la mesa de noche, abrió un cajón y sacó su celular. Dijo que su madre lo había escondido porque era demasiado rápido para empezar a jugar con él.

― Acércate ― pidió la jovencita ― más cerca, no te voy a morder Katsubae

― ¡Deja de llamarme así! ― exclamó, pero obedeció. Normalmente huía de sus fotografías, tapaba su cara o salía disparado del lugar, no es que no le gustara fotografiarse con ella, pero Camie era toda una influencer en las redes y él no era muy apegado a la tecnología.

La imagen llegó al ciberespacio en menos de diez segundos. Instagram, Twitter, Facebook, se encendieron con la primera imagen de Camie después de tres semanas.

Era bonita, Camie siempre era bonita, vistiera lo que fuera y aún, estando en bata de hospital demacrada y con la piel semi seca. El rostro de Bakugo, malhumorado como de costumbre, la mirada fija y brillante, no pudo opacar su media sonrisa. "Holi Bros" decía al pie de la imagen. Al instante comenzaron a llegar notificaciones, "likes", mensajes de felicitaciones. Su aviso de decirle al mundo que estaba de regresó fue una conmoción.

AM

Urakaka estaba ansiosa quería verla, darle las gracias, disculparse. Incluso Todoroki dijo querer saludarla. Bakugo estuvo a punto de decirle que no fuera, que era molesta y ruidosa, pero Camie probablemente querría verla. Maldita la hora en que tenía que tener cosas en común entre ellas dos. Si la cara redonda no fuera amiga de Deku…

― Esa chica sí que es popular ― anunció Mina mirando su celular ― en Instagram tiene más de diez mil seguidores. Su foto con Bakugo llegó a los tres mil quinientos… ¡wow! Debe ser una especie de estrella de rock.

Bakugo ya sabía que era famosa y aunque le incomodaba, no iba a cambiar eso. Ella merecía todos los reflectores, la atención. Ella era tratada como reina, tener todos los beneficios porque simplemente era ella. Y aunque él no gustara de ese mundo glamoroso, verla feliz debía ser gratificante. Le gustaba que sonriera.

Haberla perdido tres semanas. Lo hizo saber…

Tal vez.

Estaba enamorado.

― Sólo es guapa ― Shoto siendo honesto, no por molestar, sólo era la verdad. Bakugo no entró en discusión ― y sabe cómo hacer relaciones públicas.

― Blasty… ¿cómo te dejaste convencer? Si a veces ni con nosotros quieres tomarte fotos― preguntó Kirishima.

― Es que tú no tienes un enorme par de buenas razones ni una cara preciosa ― explicó Sero

― ¡Cállate cara plana! Si no quieres que te rompa los dientes… ― esta vez iba en serio, tanto que la clase se quedó en silencio.

Sero tragó en secó y se disculpó. lo intuyó Kirishima y le pidió a Sero y Mineta no hacer bromas de Camie.

― Lo siento ― respondió apenado el muchacho.

― Le enviaré solicitud ― dijo Mina y todo regresó a su ritmo ― le diré que es bienvenida al Bakusquad.

― Cada vez somos más… con Jirou y ella aumentamos ― dijo Kaminari con una sonrisa dedicada a la jovencita de los audífonos quien negó con la cabeza ― vamos, te gusta ― le dijo.

-o-

Deku no es celoso, sabe que Ochaco tenía su propia batalla con Bakugo y pues… debía decirlo y soltarlo. Ya que Camie hermosa esta despierta… ¿qué pasará? Pos… aún siguen los misterios.

Mil gracias por leer a todos… de verdad y por sus comentarios lindos =) Y a los que no dejan comentario, pero leen también, aunque me encantaría saber sus impresiones, aunque sean negativas, porque uno nunca falta con los haters. En fin... nos vemos hasta el siguiente capítulo.

¡Los quiero!