Sé que no hay explicación para tanta ausencia. Ni que a ustedes les interesa saber de mi vida personal. Pero debo agradecerles a todos aquellos que siguieron poniendo dentro de sus favoritos y siguieron esta historia, más a los que dejaron algún review. Deben saber que no la abandonaré. Amo demasiado este fic como para hacerlo.
Y para todos aquellos que lo hayan olvidado…
Un breve resumen de "Lo sé" hasta el momento: Peeta es rescatado por el distrito 13, bastante malherido, pero mentalmente estable (dentro de lo posible). Él y Katniss inician una relación, dentro del marco de la guerra y la posibilidad de partir al Capitolio para acabar con Snow. Cosa que finalmente terminan haciendo, Peeta más por seguir a Katniss que otra cosa, aunque sumando y restando, ambos se encuentran en la capital. Una vez en el Capitolio, después de un par de grabaciones de propos y un par de conversaciones conmovedoras entre cierto chico de la Veta y cierto hijo del panadero, Boggs recibe la orden de acabar con Katniss Everdeen. Orden directa de Alma Coin, Presidenta del distrito 13.
I° PARTE
Capítulo X.
Boggs nos ordena movernos. A todos. Peeta aún mantiene su mano entrelazada con fuerza alrededor de la mía cuando bajamos las escaleras detrás de él. Y yo no hago nada por soltarme.
No me creería capaz.
¿No te gustaría ser parte de la nueva esfera política?
Peeta pareció comprenderlo inmediatamente. Pienso en Coin, en su cargo de presidenta y en todo lo que ha hecho para liberar a los Distritos. Recuerdo las peleas verbales que Peeta ha mantenido con ella. ¿Qué tanto de ello ha sido por Panem? ¿Qué tanto de ello ha sido por ella? ¿Qué tanto ha sido para hacerse del poder de la manera más rápida?
Snow jamás ha indicado acabar conmigo directamente. ¿Aquello será una señal de que Coin puede terminar siendo peor que el Presidente?
Es una sensación horrible, como si de pronto todo lo que conociera no fuese real. Me recuerda a cuando estaba hospitalizada después de la arena, cuando creía ver serpientes en el suelo o cuando no reconocía la voz de mi madre. Es casi como un deja-vú.
Nos cubrimos con ropas del Capitolio. Comenzaremos a movernos en dirección hacia el centro, tal como eran nuestros planes originales. Y no pelearemos. Nos confundiremos con civiles hasta el punto de encontrar casas de rebeldes capitolinos y escondernos allí. Leg 2 y Michael comienzan a discutir la decisión hasta que una gélida mirada de Boggs les convence de lo contrario. Jackson frunce el ceño pero no contradice las palabras de nuestro superior.
Son Cressida y Peeta quienes nos pintan. Cressida por sus años en la capital, y Peeta por su talento natural. Él es quien se dedica a pintarme.
Me observa con cuidado, como los hombres de las minas observaban las cajas que traían las bombas que luego utilizarían en la faena. Casi con miedo, como si estuviera a punto de explotar.
Y aquello, de alguna forma, me asusta más de lo que debería. Peeta siempre es capaz de ver las cosas antes de que sucedan.
Gale me observa confundido mientras Cressida le coloca demasiada base morada para mi gusto. Su mirada se asemeja tanto a la de Peeta que aquello no puede significar nada bueno.
Mi cabeza es un torbellino en este mismo momento. Coin quiere asesinarme. Para ella es más fácil que desaparezca del mapa, tal como había pensando en más de alguna ocasión. Pero ahora, saberlo, en cierta forma me tranquiliza. Y me aterra. Antes era tan sólo una suposición. Acabar con el Sinsajo. Ya lo intentó al hacerme pasar por un soldado raso, sin embargo, no creo que haya logrado convencer a muchos.
No por algo estamos llenos de cámaras. No por algo debemos grabar las propos.
- Juegas, pierdes, ganas, piezas – murmuro, mientras Peeta me coloca sombra de ojos. Él alza una ceja. Sacudo la cabeza levemente y miro al suelo. No quiero decirle qué es lo que estoy pensando. Somos simples piezas, tal como predijera él, casi dos años atrás. Ha pasado una eternidad desde entonces. El Peeta que tengo en frente parece casi un abuelo en comparación al que me habló aquella noche en la azotea.
Peeta mira por unos segundos a Boggs. Luego suspira y le entrega el maquillaje a Pollux.
- ¿Tú también puedes hacer algo con esto, verdad?
El avox sonríe levemente y asiente con la cabeza. Peeta le guiña un ojo.
- Cúbreme, campeón.
Pollux toma los maquillajes, nos lanza una pequeña mirada interrogante y va en dirección a Leg 1 y Leg 2, que increíblemente no se encuentran discutiendo. Supongo que debe ser un mal común entre hermanos normales, eso de pelear. Me hago la nota mental de preguntarle a Peeta cuando acabe todo esto.
Peeta me toma por los codos y nos movemos del centro de la sala. El mismo sitio donde hemos desayunado todos estos días ahora mágicamente se ha convertido en algo así como un Centro de Belleza propio del Capitolio. Antes de que Peeta me hable, veo el gesto de horror de Gale antes de que Cressida le coloque una peluca en la cabeza.
- No dejaré que nadie te haga daño. – me suelta, una vez que considera que nadie más puede escucharnos. De todas formas habla en voz baja. Siento cómo mis ojos se humedecen, pero no respondo. - ¿Me escuchaste, Katniss? No dejaré que te hagan daño.
- No puedes ir en contra de Coin. – susurro, con un aire fatalista que jamás tuve en relación a Snow. Quizá se deba a que, en algún momento, realmente consideré a Coin de mi lado.
- Una vez vi a una chica de dieciséis años desafiar a un país entero por televisión. Y ahora, gracias a ella, casi ganamos una guerra. Tú eres la menos indicada para decirme que no puedo ir en contra de Coin.
- Pero… ¡Ella es de nuestro equipo! ¡Ella es la líder de la revolución!
Mi voz inevitablemente ha ido subiendo. Y el resto del escuadrón nos lanza miradas de desconcierto. Boggs una de censura. Peeta frunce el ceño y suelta un gruñido.
- ¿Podemos conversar en el segundo piso? Tan solo diez minutos.
Boggs asiente sin decir nada más y rápidamente gira su atención hacia su mano derecha, Jackson. Otra vez, Peeta prácticamente me arrastra hacia el piso superior. Una vez allí, me mira a los ojos.
- No puede ser que tú creas eso.
Me sorprende su tono enfadado.
- ¡Peeta!
- No, Katniss. Esto es serio. Tú iniciaste todo esto. Eres la única persona en el mundo que puede afirmar que todo se puede.
Su elección de palabras me confunde por un segundo. Luego sacudo la cabeza.
- Ahora es distinto, Peeta. Nosotros estamos…
- Nada es distinto, Katniss. Antes, tú eras el símbolo de la revolución. Ahora eres el líder, al menos, ante los ojos de la gente. Eso es todo lo que necesitas. Por eso Coin te quiere eliminar. Si tu te levantas y dices lo que sea, ellos tendrán que acatar. Creo que aún no eres consciente de aquello.
Sus palabras me recuerdan un poco a lo que me dijo Prim, hace tanto tiempo. Son tan elocuentes. Peeta y Prim parecen ser personas calcadas, pese a que antes de los juegos jamás se hayan tratado. Parecen estar aún en más sintonía que yo y él.
- ¿Y cuál es tu punto?
- Mi punto es que no te puedes echar a morir. De esta casa, la única persona que importa algo para efectos prácticos eres tú. Todos los demás somos accesorios, no nos necesitan. Pero tú… Katniss, por algo Boggs está desobedeciendo. Esto es todo lo que conoce, está arriesgando su vida profesional por ti.
- ¿Y qué debo hacer ahora?
- ¿Qué has venido a hacer al Capitolio?
La respuesta es tan simple. Es en lo único que he pensado durante dos años. Incluso cuando estaba en la segunda arena y temía por mi vida y la de Peeta. Siempre ha sido matar a Snow.
- Pero… ¿cómo? – murmuro, perdida. Peeta suspira por millonésima vez.
- Vamos allá y lo matamos. Con tu arco, o cualquier cosa. En el momento dado, nos quitamos los disfraces y todo estará resuelto. Y entonces, te irás a casa a cuidar de Prim.
La forma en que retrata todo me parece tan bella. Como cada vez que toma un pincel y hace de las suyas. Peeta tiene esa cualidad. Y también de ver las cosas antes de que sucedan.
Inspiro y expiro, intentando encontrar un poco de calma en el torbellino de pensamientos en el que se ha convertido mi cabeza.
- Le he pedido a Haymitch que haga los trámites para que seas el tutor legal de Prim en caso de que yo fallezca. – le confieso, mientras abro los ojos. Él me mira, extrañado. Me muero el labio e intento explicarme, mientras fijo mi vista en el suelo. Por alguna extraña razón, no soy capaz de verle a los ojos. – No podía soportar la posibilidad de que mi madre se volviese a perder a sí misma. Y sé que Prim y tu estarán bien, porque se llevan… bien.
- ¿Qué has hecho qué?
Suena enfadado. Me muerdo el labio y de pronto recuerdo que tan sólo nos han dado diez minutos.
- No podía confiarle a mi madre otra vez el cuidado de Prim. Y yo… yo… a veces pienso que no volveré. Y me da miedo. Y quizá sólo quiero tener en cuenta que… Peeta, por favor.
Él niega con la cabeza. Me atrevo a levantar la mirada y ver a sus ojos azules, que brillan como zafiros. Aunque no lucen tan enfadados. Son esos ojos que ni con tres mil kilos de maquillaje podrían lucir mortíferos o sin escrúpulos. Le miro durante unos segundos. Quizá eso sea algo bueno. Vuelvo a mirar al suelo.
- Con claridad, Katniss.
- Dime que lo harás. Haymitch dijo que se haría cargo de todo, creo que está listo. Él verá, o vio, el papeleo con Beetee. Tampoco es como si le fuéramos a arrebatar a Prim de mi madre... son sólo suposiciones. Y está listo, pero él quería que te dijera. No confío en nadie más, Peeta. - De pronto, todo es tan grande. Todo es tanto. Es como si el mundo se acabara si él no responde afirmativamente. Las palmas de mis manos comienzan a sudar, a medida de que mi corazón se acelera. – Necesito saber que lo harás.
Quiero levantar mi rostro para ver sus ojos, pero antes de que logre hacer algún movimiento, sus brazos me rodean y mi cara queda estampada en su pecho.
Siento como suspira.
- Claro que lo haré, Katniss. Prim es parte de lo que eres tú, por supuesto que la cuidaría sin falta. Pero, por favor, no te rindas ahora. Que esto quede sólo en... suposiciones, como tu has dicho. - Me sorprende escuchar en sus palabras al mismo Haymitch, cuando hablamos de esto. Le rodeo con mis brazos mientras aspiro con fuerza su olor. - Te amo, haría cualquier cosa por ti. Pensé que había quedado claro.
Mi mentón tiembla. De pronto, un peso que no sabía que tenía se desprende de mis hombros. Y el alivio es una sensación tan buena.
- Yo también te amo. – susurro, porque, pese a que ha pasado un tiempo, aún no soy capaz de decirlo a viva voz. Peeta me besa la cabeza y me acaricia la espalda un par de veces antes de dejarme ir.
- Vamos.
Cuando bajamos por las escaleras, el resto del equipo nos mira fijamente. En un acto reflejo, le suelto la mano a Peeta. Aunque luego me doy cuenta de que es estúpido, por lo que vuelvo a tomársela.
- ¿Y bien? – nos apremia Boggs, con su mirada penetrante y su ceño fruncido. Recuerdo las palabras de Peeta, que está arriesgando toda su carrera militar por esto, y siento un súbito cariño hacia él.
- Todo bien – asegura Peeta, luego de asentir con la cabeza. Yo hago un sonido para afirmar, aún no me siento capaz de hablar demasiado.
Boggs comienza a explicar lo que nos había explicado antes, pero ahora con más detalles, como la dirección de algunos rebeldes que sabe a los que podemos acudir. Me sorprende la cantidad de rebeldes en el centro mismo del Capitolio, pero lo dejo pasar. Gale parece más que enterado, por lo que no le escucha como debiera. Se mueve, cosa de quedar justo a mi derecha.
Pese a que esté vestido con las ridículas ropas del Capitolio y una peluca morada adorne su cabeza, algo en su caminar o en su postura podrían indicarte rápidamente que él no pertenece a este mundo.
- Podrías contarme qué sucede, ya sabes. – me murmura, cerca del oído. Se me erizan los cabellos de la nuca ante tanta cercanía y pongo los ojos en blanco.
- No es para tanto.
- Dios, Catnip, eres horrible mintiendo.
Suelto una risita nerviosa. Tiene razón.
Lo medito por unos momentos, mientras Peeta, a mi izquierda, parece estar totalmente atento a Boggs. Como si me estuviera dando un espacio. Gale es mi mejor amigo. Ha sido mi mejor amigo por años. Si una presidenta de algún distrito quiere acabar conmigo, creo que él es uno de los que debería saber.
- Boggs recibió otras instrucciones, distintas. – murmuro, lo suficientemente alto como para que él me escuche. Asiente levemente y suspira. Se queda en silencio, por lo que continúo hablando. – Coin le mandó a… joder. – frunzo el ceño. – No me quiere en el mapa.
Los ojos de Gale se abren de par en par. No responde, mientras la voz de Boggs, penetrante y grave, llega hasta nuestros oídos. Peeta nos mira de reojo y suspira.
- ¿Tú sabías? – le dice mi amigo a mi… ¿novio? Es extremadamente raro. Gale toma uno de mis brazos y me coloca detrás suyo, como defendiéndome. Peeta lanza un bufido.
- Boggs nos acaba de decir. Y sí, algo sospechaba.
Los miro, completamente sorprendida. De partida, parecen haber olvidado mi presencia. Si bien Gale es considerablemente más alto, ambos tienen una corpulencia parecida. Me siento muy pequeña justo al medio de sus cuerpos gigantescos. Y el hecho de que ambos parezcan confabulados en protegerme me hace sentir un poco incómoda.
Casi siento la voz de Haymitch susurrándome al oído: "Así que el príncipe azul y el caballero del bosque unirán sus fuerzas y protegerán a la preciosa."
- Gale, entendemos que… es decir, sabemos que trabajas para Coin. No sería ningún problema… - intento explicarme. Mi mejor amigo suelta un bufido y pone los ojos en blanco.
- Eres mi mejor amiga, Catnip. – las palabras, salidas de la boca de Gale, suenan increíblemente solemnes. – No creo que sea necesario explicar más.
Peeta me mira con las cejas alzadas. Como si el hecho de que mi amigo hablara comprobara todas sus advertencias anteriores. Pongo los ojos en blanco.
Jackson levanta una de sus manos, llamando la atención de nosotros tres y del resto del equipo que escuchaba a Bogss. Me siento un poco culpable por no haberlo hecho.
- Sí, todo está bien, pero creo que no podemos salir a la calle en estas circunstancias. En El Capitolio deben estar más que enterados que nos encontramos aquí, y según el holo, la calle es un campo minado ahora mismo.
Aaron suelta un bufido.
El holo es una máquina que todos tenemos enganchada en nuestros cinturones, pero que tan solo Boggs y Jackson pueden utilizar como el mapa que realmente es. El resto de nosotros tan solo sabe que repitiendo tres veces la palabra nightlock este estallará como una bomba. Lo cual es un tanto irónico, si me preguntan. También sé que el mando debe ser transferido para poder utilizarlo como mapa, por lo que sería completamente inútil quitárselo a la fuera a Jackson o a Boggs.
- ¿Y cuál es la solución? – pregunto, aún media escondida entre los cuerpos de Peeta y Gale, solo para hacer de cuentas que estuve escuchando todo el resto de la explicación.
Cressida es quién me responde.
- Pollux dice que una opción es ir por el alcantarillado. Si la calle no es opción, ir por el tejado sería como anunciarnos con bengalas. No es lo más seguro… pero es más factible que ir por la calle.
Todos miramos a Boggs.
Él frunce el ceño, pareciendo cavilar acerca de la nueva opción que le han entregado. Veo como las ideas se mueven detrás de sus ojos, como engranajes, intentando encontrar una solución.
Intento imaginar qué es lo que está pensando, qué opciones está barajando. Aquello se supone que hacen los líderes, buscan soluciones cuando el resto cree que todo está perdido. Aprieto con fuerza la mano que tengo entrelazada a la de Peeta y él me devuelve el apretón.
- ¿Crees que podríamos llegar a las casa de Tigris o de Lux?
Según la explicación anterior, ambas rebeldes viven en las cercanías del centro del Capitolio, el lugar más exclusivo en todo Panem. Me pregunto por algunos instantes qué motivación tendrán un par de acaudaladas Capitolinas para unirse a la causa. Aunque no lo discuto, de eso estamos claros.
Pollux asiente con nerviosismo, poco acostumbrado a que la gente se le dirija directamente a él. Forma un par de frases con las manos, que Cressida se apresura en traducir.
- Incluso podríamos entrar directamente dentro de su casa, si es que logramos encontrar sus recolectores de basura.
- ¿Y en cuanto tiempo sería eso?
- Aquello depende de la cantidad de trampas que estén instaladas en el subsuelo. – traduce Cressida, con el ceño fruncido. Pollux sigue hablando con sus manos, pero ella no habla hasta largo tiempo después. – Pollux dice que recuerda varias, pero que en estos años pudieron haberlas cambiado. Sobre todo por encontrarnos en tiempos de guerra.
- ¿Cuántas? – repite Boggs, enfadado.
- Las suficientes como para ser evitadas. Y estaríamos allí en cosa de una hora, o menos. Quizá un poco más si es que existen más obstáculos.
Boggs suspira y permanece en silencio unos instantes. Sé lo que está pensando, que lo más probable es que esto termine mal. Peeta vuelve a apretar mi mano, quizá entendiendo al mismo tiempo que yo el peligro que estamos corriendo.
- Creo que no existe otra opción.
Nos disponemos a movernos, en fila india, detrás de Pollux. Boggs le indica que ahora él es quién está a cargo, pues es el único que conoce del todo allá abajo. Castor le explica a los demás el porqué.
- Mi hermano trabajó años en el subsuelo. Todo el tiempo que nos costó reunir el dinero para sacarlos a la superficie. Supongo que ahora es algo bueno… - su voz se extingue cuando todos nos dirigimos hasta el lavadero de esta casa y Pollux es quien abre la manilla.
Veo como un sudor perlado le corre el maquillaje en la frente. ¿Qué sentirá en este momento? ¿El mismo pánico que sentía yo cada vez que íbamos de excursión a las minas luego de la muerte de mi padre? La idea de bajar a niveles inferiores me gusta tanto como me gustaba entonces ir a las minas. Cada vez que tenía que ir me imaginaba los últimos momentos de mi padre, qué habrá pensando, cómo no se habrá salvado. Qué habrá sentido cuando el último ascensor subió y él no logró estar dentro. ¿O él ya estaba muerto para entonces? Siento un ligero mareo y frunzo el ceño.
No es momento para pensar en esas cosas.
Todos descendemos, siguiendo a Pollux. Al mismo tiempo que Boggs ve por el holo dónde es que hay que pisar y dónde no. El espacio es demasiado refinado como para tratarse de un alcantarillado, lo cual solo me hace poner los ojos en blanco ante tantos recursos perdidos por parte del Capitolio. ¿Nosotros nos moríamos de hambre a diario y ellos tenían azulejos con diseños de pájaros en su alcantarilla? Contengo un bufido.
Pasan varios minutos así, todos en completo silencio siguiendo los pasos de Pollux, pisando exactamente donde él lo ha hecho y moviéndonos bajo las indicaciones de Boggs, evitando todo lo que él nos dice que hay que evitar.
Pienso en que lo lograremos, en que finalmente podremos salir de aquí, cuando un montón de gritos que por poco suenan humanos nos interrumpen.
- Avoxes – susurra Peeta, con un tono que nunca antes le había oído utilizar. La mano que lleva unida a la mía comienza a temblar frenéticamente y Boggs se da vuelta para mirarle. – Los están torturando, los están matando. Pero no creo que Agentes de la Paz bajen a…
- Mutos – responde Cressida, mirando en dirección de Castor y Pollux.
- Saben que estamos aquí. – murmura Gale, unos metros más atrás.
Todos nos miramos los unos a los otros por angustiantes segundos. Y es entonces que el grito de Boggs nos saca de nuestro hermetismo.
- ¿¡Pero qué están esperando?! ¡Corran!
No necesita decirlo dos veces. Pollux va a la cabeza, donde inmediatamente le seguimos Cressida, Peeta y yo. Sé que detrás de nosotros viene Aaron, Castor y el resto del equipo, siendo este cerrado por Gale y Boggs en la retaguardia. Ya no hay tiempo de revisar el holo o de Pollux siendo muy cuidadoso con lo que deja o no deja de pisar, por lo que comenzamos a correr como si nuestras vidas dependieran de ello. Y en el fondo, es así.
Paulatinamente, mientras corremos, los colores del alcantarillado van cambiando. Comienza a hacerse más oscuro y el olor también comienza a concentrarse. En ese sentido, los habitantes del Capitolio son tan humanos como nosotros y no puedo evitar el deje irónico de mis pensamientos cuando soy consciente de aquello.
Comenzamos a subir una serie de escaleras, pasando de un piso a otro, para poder salir a alguna parte. Y los murmullos de los mutos, cada vez más cerca de nosotros, parecen corear mi nombre. Pienso en los avoxes de minutos atrás, que no tenían nada que ver con esto.
Y allí está nuevamente el Sinsajo: matando gente que ni siquiera conoce, que no tiene culpa de nada, tan solo por encontrarse en su camino.
Llega un momento en que Boggs le indica a Pollux que se olvide de la casa de Tigris o de Lux y que tan solo salgamos a la superficie.
Cuando los mutos nos alcanzan, todo el mundo abre fuego. Entonces suelto la mano de Peeta y comienzo a disparar. Elijo mis flechas sin discreción, enviando puntas de flecha, fuego, explosivos contra los cuerpos de los mutos. Son mortales, pero por poco. Sí, eventualmente podemos matarlos, sólo que hay tantos, que es casi imposible.
No me detengo mucho a ver su forma, pero lo único que logro sacar en cuenta es que son muy altos. Castor, Gale, Boggs, Michael y Leg 2 comienzan a pelear con ellos, mientras el resto de nosotros trata de detener una especie de molino para poder pasar. Cuando lo logramos, nadie mira atrás y comenzamos a avanzar.
Cressida, mientras corre, nos explica que debemos seguir ascendiendo, pues el Capitolio es una especie de colina, donde el palacio de la casa de Snow se encuentra en la punta de esta, y que debemos llegar a sus alrededores. Gracias a los cambios estructurales que se le ha hecho a la ciudad, los habitantes no lo notan, pero de que aquello es así, definitivamente lo es.
Es un par de escaleras más tarde que soy consciente que el resto del equipo no está. Y pese a que los mutos ya no nos sigan tan de cerca como antes, no logro pensar con claridad.
- ¡Aún queda gente detrás! – chillo, horrorizada. Y luego caigo en la cuenta de que a mi lado tan solo se encuentran Aaron, Johanna, Peeta, Leg 1, Pollux y Cressida. No hay rastro de los demás.
- Demonios, descerebrada. – gruñe Johanna a mi lado. Toma uno de mis hombros y comienza a moverme con fuerza por el pasillo oscuro. Vagamente soy consciente de que estamos ascendiendo. – Muévete, que no sea en vano.
En vano. Como si el resto del equipo ya hubiese muerto.
- Katniss, no hay tiempo. – me urge Peeta, tomando mi otro hombro y empujándome sin delicadeza alguna. Pollux va a la cabeza, indicando por dónde debemos ir.
A mis espaldas escucho los gritos de los mutos y del equipo que resta. Michael. Gale. Boggs. Leg 2. Castor. Siguen con vida. Intento no pensar demasiado en ellos, manteniendo la mente en blanco. Pero sé que los mutos son demasiados.
Un par de minutos después, Pollux nos hace señas de detenernos y señala una escalera de metal. Observo desde su base hasta arriba, donde se pierde a un par de metros en un conducto vertical.
Es larga, larguísima.
Trago saliva.
Pollux comienza a subir, luego lo hago yo. No me detengo a pensar si es buena idea o no y le sigo. Sé que Peeta y Johanna se encuentran por debajo de mí, pero no me permito perder tiempo pensando en el resto del equipo.
- ¿Están todos? – les pregunto, luego de un par de metros de ascenso. Escucho las respuestas afirmativas de Cressida, Aaron, Johanna y Peeta. Estoy a punto de preguntar otra cosa más, cuando los ruidos de la compuerta siendo forzada me distraen y me obligan a fijar la vista hacia abajo.
En el suelo puedo ver forcejando a Boggs y a Gale contra unos tres mutos. Son grandes, más altos que mi amigo o el Comandante y tienen una extraña forma de lagartos demasiado largos como para serlo. De la puntas de sus manos y de sus pies salen largas garras, las cuales están utilizando para atacar a los hombres de mi equipo.
Escucho el gemido de Pollux justo arriba mío, indicándome claramente que él sabe qué son y que no son nada buenos. Boggs intenta contenerlos, pero no puede.
Dudo que alguien pueda.
A Gale tan solo le queda una flecha en el caraj. Y Boggs hace lo que puede con una de las espadas. Pero no es suficiente.
Boggs cae, y Gale corre hasta el inicio de la escalera. Agradezco a que esté oscuro y no pueda ver la sangre del comandante derramándose por el suelo. Gale intenta aferrarse a las barandas de la escalera, mientras uno de los mutos tira de sus piernas. Sus ojos, de alguna inexplicable manera, se clavan en los míos.
- ¡Hazlo! – su voz es un grito agónico, lleno de dolor. Me grita a mí. Me implora a mí. - ¡Katniss, hazlo!
Gale.
Mi mejor amigo. El niño que encontré cazando aquella vez. El joven que creció demasiado pronto. El adolescente que hablaba sobre rebelión y se enfadaba sin que nadie más le escuchara que yo misma en el bosque. El que se convirtió en hombre, en Sargento, el que tenía los ideales completamente claros, el que entendía lo que estaban haciendo sus hombres pero aún así no bajaba la mirada.
Mi mejor amigo.
- ¡Hazlo, Catnip!
Ante mis ojos se reproducen un millón de escenas que describen todo lo que Gale es. Él jugando con Vick, despidiéndose de su padre por última vez, recibiendo el medallón por la muerte de su padre, cuidando de su madre embarazada, nosotros cazando, malhumorado un día Domingo luego de una semana completa en la mina que mató a su padre, cuando estuvo tendido en la mesa de mi cocina, Hazelle mirándole con orgullo, él dirigiendo a su pelotón menor. Y no puedo, porque pese a que lo esté viendo, pese a que sea consciente que es lo mejor, no puedo.
No puedo acabar con su vida.
Es Peeta quien arranca de mi cinturón el holo. Ni siquiera me mira, tan solo lo saca de allí y dice las tres palabras, que de pronto, me saben a muerte.
Observo por unos instantes como el holo cae. Y escucho el último grito de mi mejor amigo.
Me aferro con fuerza a las barandas de metal para no caer con la fuerza de la explosión.
