¡Happy Reading!


Edward's POV

Después de dos largas juntas entre el personal de las empresas "Masen" y "Welch & Cía.", por fin me pude retirar a la habitación del hotel en el que estaba hospedado.

El dolor de cabeza me estaba matando, las punzadas se volvían cada vez más fuertes. No era de extrañarse, había pasado todo el día pegado en la pantalla de la computadora, checando que las cifras que dictaba el encargado de finanzas concordara con nuestra información. Dejando de lado, también, que no había comido nada desde el desayuno.

Desaté la corbata roja de mi cuello y la aventé a la cama en cuanto crucé el umbral de la puerta.

Coloqué los dedos índice y cordial en mis sienes para proporcionarme un suave masaje, esperando que el dolor disminuyera.

Me recosté en el sofá, sin dejar de mover los dedos en contra de las agujas del reloj. De repente, oí dos golpes rápidos en la puerta y mi padre apareció en la habitación.

- La junta fue exitosa. Gracias por acompañarme – dijo él en tono cordial.

Ya no me extrañaba el tono tan neutral que usaba Carlisle conmigo. Nuestra relación en los últimos meses, era estrictamente profesional.

- Me dijiste que terminando este compromiso me podría regresar a Nueva York, ¿Recuerdas?

- Edward – refutó fastidiado - el presidente y su familia nos invitaron a cenar mañana por la noche. No podemos faltar a ese compromiso. Además – continuó - su hija se mostró muy interesada en ti durante la junta. ¿No crees que sería bueno que entablaras una relación amistosa con ella?

- Estás bromeando, ¿cierto? – respondí molesto – La única razón por la que te acompañé fue para que no me estuvieras reclamando luego que no me interesa la compañía. Cumplí con nuestro acuerdo, mañana a primera hora regreso a casa, ¿oíste?

Mi padre no dijo nada y salió de allí, cerrando la puerta con fuerza.

Las punzadas continuaban. Saqué algo de ropa de la maleta que me preparó Kate y tomé una ducha de agua fría, esperando que calmara el dolor de cabeza.

No lo disminuyó, pero me sentí mucho mejor. Abrí el gran ventanal de la habitación y me quedé allí, observando las decenas de rascacielos que adornaban el paisaje nocturno de Chicago.

- Te extraño… - susurré.

Otros dos toques irrumpieron el silencio en el cuarto, sólo que ésta vez fue Irina quien apareció.

- Te traje algo de cenar – murmuró – No has comido nada en todo el día. No quiero que te vayas a desmayar.

La encaré y noté que ya había cambiado su traje gris usual por jeans y una sudadera.

- Gracias – respondí.

- Tu boleto para Nueva York ya está reservado, tu padre me pidió que lo hiciera - Mis ojos se abrieron sorprendidos - Él no es malo, Edward. Sabes bien que no ha podido manejar a la perfección lo que ocurrió con tu madre. Por favor, no seas duro con él. Necesita de ti y de Anthony más que nunca.

Regresé mi mirada al ventanal, dando por terminada la conversación.

- De acuerdo – suspiró ella – Tu vuelo sale a las 2 de la tarde. Paso a recogerte para llevarte al aeropuerto... Buenas noches.

- Buenas noches… y gracias – murmuré. Ella soltó una risita y salió de la habitación.

Tomé el sándwich de la bandeja que Irina depositó en la mesa para devorarlo en un par de bocados.

Encendí el televisor y zigzagueé entre todos los canales por inercia, ni siquiera alcanzaba a notar qué programa se estaba transmitiendo.

Sin embargo, una escena familiar apareció en la pantalla haciéndome detener: Un hombre alto y fornido de cabello rubio, corre detrás de una mujer pelirroja y delgada. Ella sostiene con fuerza un paraguas, el cielo prácticamente se está cayendo en la escena. Un par de taxis pasan con fuerza mojando a los actores; ellos no parecen notarlo. Están concentrados… Se miran fijamente antes de hablar:

- "No puedo seguir con esto. No quiero seguir sufriendo" – solloza la protagonista.

- "¿Qué no lo entiendes? Te amo, Lucía. Te amo" – replica él.

- "¿A dónde iremos? Dímelo. ¿A dónde es que quieres ir?" – dice frenética.

- "Contigo… A adonde fuera… Incluso hasta al mismo infierno, porque yo te amo." – responde el hombre y se funden en un beso apasionado, dándole entrada a lo créditos finales.

Recuerdo haber visto esta película con mi madre, un día que ella me pidió ayuda con uno de sus bocetos.

Tenía alrededor de 10 años. Contemplé la escena y le pregunté cómo era posible que un hombre accediera a ir al infierno con tal de no alejarse de otra persona, en ese tiempo aquello me parecía tan absurdo.

Mi madre me sonrió, alborotó mi cabello y respondió: "Cuando te enamores lo entenderás, cariño".

El repique del celular, me sacó de mi trance. El número no me fue familiar, pero aún así no dudé en responder.

- ¿Diga?

- ¡Edward! – saludó una voz ronca.

- ¿Jacob? – exclamé sorprendido - ¿Qué quieres?

- Mi pobre, pobre Edward. Todavía no cumple la mayoría de edad y ya lo tienen trabajando como esclavo en la compañía de la familia.

- Qué simpático – repuse con sarcasmo - ¿Qué es lo que quieres?

- ¿Sabes? Creo que no es muy buena idea que gastes todo tu tiempo en el trabajo. A veces, por cuidar unas cosas puedes llegar a descuidar otras.

- No tengo tiempo para esto, Jacob. Ve al grano – gruñí.

- Lo digo porque… Mañana, nuestra dulce Bella, tiene una cita.

Gemí y sentí que mi cuerpo entero se prendía en llamas. Finalicé la llamada. El dolor de cabeza, junto con las punzadas, se volvieron aún más fuertes. No dudaba que en cualquier momento la cabeza me pudiese explotar.

Volví a tomar el celular, marqué el número de Irina y esperé a que contestara.

- ¿Edward? ¿Qué pasa? – dijo somnolienta.

- Necesito irme a Nueva York ahora mismo – exigí furioso.

Bella's POV

Bajé la escalera de dos en dos, dirigiéndome a mi habitación. Al pasar por el vestíbulo, la puerta principal se abrió.

- ¿Q-Qué haces aquí? – pregunté en extremo sorprendida. Demasiadas emociones fuertes por un día - ¿Qué no d-deberías estar en Chicago?

Edward avanzó y se posicionó frente a mi. Tenía puestos sus lentes Ray-Ban (mis favoritos), usaba un traje negro a la medida, camisa blanca y corbata negra. Su cabello castaño estaba peinado para atrás. Lucía increíblemente guapo.

- Recibí una llamada de Jacob – comentó ignorando mi pregunta - ¿Cómo te fue en tu cita con Jasper?

Al tratar de gemir, me ahogué con mi saliva y comencé a toser como loca.

- ¿C-como se enteró J-Jacob? – pregunté entrecortada.

Él se quitó las gafas y las guardó en el bolsillo de su saco.

- ¿Qué voy a hacer contigo? – masculló.

Acto seguido me tomó de la cintura y me cargó como si fuese un bebé.

- ¡Bájame! ¿Qué crees que estás haciendo?

- Reclamando mi premio – contestó y comenzó a avanzar hasta la puerta.

- ¡¿Cuál maldito premio?! ¡Bájame!

- Quedamos que si te vencía en los exámenes pasarías el día entero conmigo. Y eso es exacto lo que harás ahora.

- Estás loco. ¡Bájame!

- Me temo que eso no va a pasar – me dedicó una sonrisa torcida y salimos del Internado. Ya afuera me bajó. Un auto negro nos esperaba con la puerta trasera abierta.

- Sube – me pidió.

- En verdad que tu locura no tiene límites… ¿Y a dónde vamos ahora? Edward, no hay tiempo de salir a ningún lado son más de las 5 de la tarde. No tengo permiso de estar afuera durante la noche.

- Ahora sí – se limitó a decir. Cerró la puerta y le indicó al chofer que avanzáramos. Ni oportunidad de despedirme de Jasper tuve.

- ¿Cómo qué ahora sí? ¿Qué diablos significa eso?

- Significa – se acercó demasiado a mi rostro, podía sentir su aliento chocar contra mis labios – Que pasaras la noche en casa… conmigo… Eso significa.

- No quiero ir contigo – repuse.

- No tienes otra opción – contestó con tono molesto.

Me aparté de él, recargándome por completo en la puerta. Coloqué el cinturón de seguridad y posé la mirada en el exterior del coche, evitando conversar con Edward. Cuando él se molestaba lo mejor era no acercársele; ya tenía yo experiencia al respecto.

Pasaron los minutos y ninguno decía nada. Lo miré de reojo y noté su perfil distinto. Sus mejillas estaban sonrojadas, su respiración era chistosa y su pecho jalaba mucho aire.

Él notó que lo miré y se cruzó de piernas.

- ¿Por qué te sientas tan lejos de mi? – exigió saber.

- P-porque estás enojado – dije con timidez.

Él abrió mucho los ojos y luego bajó su mirada, dejando que el cabello cobrizo lo cubriera.

- No estoy enojado – susurró.

Suspiré y fijé toda mi atención a las manos de Edward, que estaban cerradas en puños.

- ¿Estás seguro que quieres ir a tu casa? Tal vez podemos ir a otro lado – dije. Él me miró y me animé a preguntar - ¿A dónde quieres ir?

Sus ojos esmeralda lucían cansados, ojeras oscuras aparecieron en su rostro.

- La mujer preguntó: "¿A dónde iremos? Dímelo. ¿A dónde es que quieres ir?" – susurró Edward. Parecía como si estuviese delirando. Su voz no era muy clara. Desató su cinturón de seguridad y se acercó hacia mi – El hombre contestó: "Contigo… A adonde fuera… Incluso hasta al mismo infierno… porque yo t-te…".

Sentí que mi corazón se paralizó al ver a Edward desvanecerse en mis piernas. Su rostro palideció y sus ojos esmeralda perdieron color.

- ¡¿Edward?! – grité espantada. Toqué su frente y estaba hirviendo. Lo agité varias veces, tratando de que recobrara el sentido - ¡Edward! ¡Despierta, Edward! Por favor, ¡Edward! – sollocé.

El doctor de la familia acababa de salir de la habitación de Edward. Anthony y yo estábamos en la sala de su casa, esperando por noticias. Al ver al hombre de bata blanca, corrimos hacia él.

- ¿Mi hermano está bien, Garrett? – preguntó Anthony ansioso.

- Necesita descansar. No te preocupes, todo está bien – le contestó al pequeño para luego dirigirse a mi– Asegúrese que se tome el medicamento, que dejé en la mesita, cada 12 horas. Permitan que guarde reposo por un par de días. Ese chico está exhausto – explicó – En todo caso, si necesitan algo o tienen alguna pregunta, no duden en llamarme.

- Gracias, Garrett – dijo aliviado Anthony.

- ¿Usted es Isabella? – me preguntó el doctor con curiosidad.

- Sí – respondí - ¿Por qué? ¿Pasa algo?

- Edward ha estado preguntando por usted entre sueños – comentó guiñándome el ojo – Sé que él estará en buenas manos. Cuídelo bien.

Asentí y sentí que mis mejillas se sonrojaban. Anthony acompañó al doctor a la puerta, aproveché el momento para entrar a la habitación de Edward.

Y allí estaba él, arropado con un cobertor y sábanas blancas. Su respiración era irregular y su piel jamás había estado tan pálida.

Me arrodillé en el suelo, para verlo a la perfección y con extremo cuidado.

Aparté el cabello cobrizo de su frente. Lucía muy dulce y apuesto dormido.

- No vuelvas a asustarme así, ¿me oyes? – susurré en sollozos – No quiero perderte – Entrelacé sus dedos tibios con los míos y besé el dorso de su mano, como él solía hacerlo conmigo – No quiero perderte – repetí.

Esperaba que él se despertara e hiciera algún tipo de comentario que me hiciese reír, pero nada sucedió. Jamás había visto a Edward así de vulnerable. Quise reprimir el nudo que se formó en mi garganta sin mucho éxito. Un par de lágrimas rodearon mis mejillas.

- Edward estará bien, ¿verdad? – irrumpió Anthony. Me paré del suelo, dándole la espalda con rapidez para evitar que me viera llorar. No quería agobiarlo.

- Sólo necesita descansar – le dije - Ya sabes lo terco que es tu hermano. Cree que es un robot – Me senté en el sofá marrón de la habitación y el pequeño hizo lo mismo.

- Siempre está trabajando, nunca se toma un descanso. Y si no está trabajando está estudiando, o haciendo tareas. Supongo que lo has notado – me dijo – A veces he tratado que salga a divertirse. No sé, que vayamos juntos al cine o a comer un helado, pero mi padre llega siempre con algún tipo de emergencia de la oficina – Anthony hablaba pausado, su voz comenzaba a cortarse. Estaba llorando – Es la primera vez que colapsa de esta manera.

- Bella, tonta – me regañé mentalmente – La cita que apostaron tal vez era su forma de decirte que necesitaba un poco de diversión, de relajarse. Pero, como siempre, te pusiste histérica e hiciste todo un escándalo al respecto.

- ¿Te quedarás conmigo a cuidarlo? – preguntó Anthony sacándome de mi reprendida mental – Tengo miedo que algo pase y no tenga un adulto que me ayude.

- ¿De qué hablas? – dije extrañada – Esme o Carlisle no tardarán en llegar.

- Mi padre se quedará en Boston por otro par de días. Kate e Irina llegarán hasta mañana. Te prometo que yo no te daré problemas pero, por favor, ayúdame con mi hermano.

- ¿Qué hay de Esme? – me animé a preguntar.

- Bella… - dijo él rodando los ojos – ¿Cómo crees que mi madre vendrá?

- Pues vive aquí…. ¿cuál es el problema? – respondí sin entender.

Anthony abrió muchos los ojos.

- ¿E-Edward no te lo ha d-dicho? – titubeó anonadado.

- ¿Decirme qué? – dije exasperada.

- Bella… Mis papás se divorciaron hace casi 8 meses. Mi madre vive con su nuevo novio en Kansas – anunció - ¿Cómo es que no lo sabías?

Gemí a causa de la noticia. Ahora todo tenía sentido: cómo Edward estuvo evitando el tema, cómo los días que venía a su casa no encontraba a Esme por ningún lado. ¡Maldito, Edward!

- Él jamás lo mencionó – me excusé molesta.

¡Idiota! ¿Cómo pudo ocultarme el divorcio de sus padres? ¿Qué no éramos amigos? Todo ese sentimiento de tristeza que me albergaba minutos atrás, desapareció. Estaba en verdad furiosa.

- Oh – dijo el pequeño – Supongo que fue por una buena razón – Guardó silencio unos minutos mientras yo seguía pensando mil y un veces el sermón que le aventaría a Edward una vez despertara – Iré a decirle a la cocinera que prepare algo de cenar.

No le respondí nada. Anthony salió apenado de la habitación cerrando con fuerza la puerta.

Me crucé de brazos y seguí refunfuñando entre dientes.

De seguro, Alice, Rose y los demás, incluso mis padres también lo sabían y ninguno se dignó a contarme. ¿Mejores amigos? ¡Ha! Edward me va a escuchar. No sabe lo que le espera.

Pasaron los minutos y ni Anthony regresaba con la comida ni Edward despertaba del sueño profundo en el que se encontraba.

Comencé a curiosear entre sus cosas. No era este mi plan en un principio; al inicio buscaría un libro para entretenerme pero, jamás había estado antes en su habitación así que me ganó mi lado curioso.

- La curiosidad mató al gato – replicó mi subconsciente haciéndome una mueca.

Decidí ignorar la advertencia y a los pocos segundos ya estaba abriendo una pequeña cómoda blanca junto a su armario: Papeles firmados por él, estados financieros, contratos, pagarés… Parecía más el archivero de un contador que la mesa nocturna de un chico.

Justo cuando pensé en darme por vencida al no encontrar nada divertido, un portarretratos dorado salió a relucir. Le di la vuelta y ahogué un sollozo al ver el rostro de Esme y Edward sonrientes.

Yo estuve presente el día en que tomaron la fotografía:

Era el cumpleaños número 11 de Edward. Mis padres asistieron gustosos al picnic que organizó Esme en honor a su hijo mayor.

Fui la única niña invitada al festejo. Incluso, ahora que lo pienso, sí Alice y Jacob fueron amigos de Edward a tan corta edad, ¿por qué no los vi antes?

En fin, ese día después de la fiesta, los Cullen nos invitaron a la mansión para que Edward nos deleitara con un concierto privado de piano. En ese entonces, aún le tenía mucho rencor a él por haberme dejado en ridículo frente a mi padre. Al terminar una pieza alegre, Esme abrazó a su hijo con fuerza y lo llenó de besos, exigiéndole a Carlisle que fotografiara el momento.

¡Dios! ¿Por qué Edward no me lo dijo? ¿Por qué me ocultaría el divorcio de sus padres?

- ¿Bella? – dijo una voz débil al otro lado de la habitación.

Corrí a su lado deprisa, dejando el portarretratos donde lo encontré.

- Hola – susurré – Te desmayaste… El chofer nos trajo a tu casa y el Dr. Garrett vino a revisarte.

Él quiso levantarse de la cama pero se lo impedí de inmediato.

- ¿Estás loco? ¿O acaso no me escuchaste? – lo reprendí – Te desmayaste, Edward. El doctor dijo que fue porque estás exhausto.

Sus ojos verdes aún no recuperaban su color brillante del todo. Su frente estaba llena de sudor al igual que su cuello.

- Tengo frío – repuso entrecortado.

Alcé un poco las sábanas para arroparlo, sin embargo me di cuenta que seguía usando el traje negro costoso con el que me recogió en el Internado y, además, que éste estaba empapado de sudor.

- Tengo que cambiarte de ropa. ¿Me escuchas? – mascullé con ternura. Edward asintió - ¿Dónde está tu piyama?

- E-En el armario n-negro – jadeó, como si le faltara aire.

Me paré y caminé directo a donde me indicó. Abrí las puertas y escogí un pants gris y una camiseta de cuello v blanca. Supuse que esto lo haría sentir más cómodo.

- Edward – lo llamé a susurros – Voy a quitarte la ropa, ¿si? Para que no quieras pasarte de listo, ¿me oyes?

Él seguía con los ojos cerrados pero me regaló una sonrisa.

Pasé mi brazo por sus hombros alzándolo lo suficiente para quitarle la camisa. Me impedí mirar sus abdominales marcadas y lo cubrí de inmediato con la camiseta fresca. Eso fue fácil. Lo difícil sería reemplazar los pantalones.

La respiración de Edward se volvió lenta, agradecí que se hubiese quedado dormido. Desabroché el cinturón de cuero y le quité los pantalones con rapidez para reemplazarlos con los pants.

Minutos después llegó Anthony con una bandeja que albergaba un gran tazón de caldo de pollo, agua natural y pan tostado.

- ¿L-Lo cambiaste de r-ropa? – preguntó incrédulo. Me limité a contestar afirmativamente. Él alzó la ceja y me miró con cara graciosa – Isabella Swan… No se te ocurrió violar a mi hermano, ¿verdad?

No entiendo por qué, pero mis mejillas se sonrojaron por sus acusaciones.

- ¡Anthony! Por supuesto que no. Somos amigos.

El niño soltó una risita y tras asegurarse que Edward no necesitaba otra cosa abandonó la habitación, no sin antes decirme que, por ordenes de Carlisle, él pasaría la noche en el Internado.

Le prometí que cuidaría bien de su hermano hasta que Irina y Kate llegaran a reemplazarme el día siguiente. Me dio las gracias y nos dejó solos.

Tuve que despertar a Edward al poco tiempo. Lo obligué a terminarse su comida y a que se tomara su medicamento sin refutar. Él lucía bastante sorprendido porque aún me encontrara allí con él. ¿A dónde más iría?

Su aspecto lucía mucho mejor que horas antes, por lo que no dudé en preguntar.

- Edward… ¿Por qué no me dijiste que tus padres se divorciaron?

Detuvo su cuchara al momento de escucharme. Lo agarré desprevenido.

- Porque no tenía caso que lo supieras – contestó como si nada.

Su respuesta me dejó helada y un nudo se formó en mi garganta.

- ¿Acaso tan poco te importo? – pregunté con voz cortada. Él alzó su vista con rapidez para encararme. Sus ojos estaban muy abiertos – Siempre pensé que el cariño que nos teníamos era recíproco… Pero ahora veo que no es así.

Edward no dijo nada. Simplemente dejó de comer.

Retiré con cuidado la bandeja de sus piernas y, evitando que él me viera llorar, salí al balcón de su habitación, cerrando la puerta corrediza tras de mi.

¡Dios! Tal vez no tenía el mínimo derecho al llorar por la indiferencia de Edward en estos temas. Sin embargo, en las últimas semanas, ha sido cuando me he dado cuenta de lo poco que sé de él. Aquél que consideraba mi mejor amigo…

Recargué mis codos en el balcón y oculté mi rostro con las manos, echándome a llorar tendido.

- Perdóname – masculló Edward desde la puerta.

Me giré para verlo enseguida. Su respiración era agitada y sus mejillas estaban sonrojadas. Me posicioné a su lado para evitar que él se cayera en cualquier momento.

Agaché la cabeza para que no viera mis lágrimas pero fue en vano, me tomó de la barbilla obligándome a encararlo. Sus ojos tristes miraron los míos.

- Perdóname – repitió.

Rodeé mis brazos en su cuello y lo abracé, él posó sus manos en mi cintura. Nos quedamos así por varios minutos. Jamás me había sentido tan cómoda y protegida. Se sentía… maravillosamente perfecto, como si pudiera estar así toda la vida.

- ¿Por qué no me lo dijiste? – pregunté en susurros y sin abandonar mi posición entre sus brazos.

- Porque… Porque me duele hablar de eso… Estar contigo, estar en el Internado… Me hacen distraerme de lo sucedido. Sabía que si te lo contaba me obligarías a hablar de ello.

Lo apreté más contra mi y él hizo lo mismo.

Tuve que jalar deprisa a Edward dentro de la habitación cuando casi se desvanece una segunda vez. La temperatura no le bajaba. Un par de mucamas me trajeron trapos de agua fría para que la colocara en su frente, sin embargo, nada funcionaba.

Quise convencerlo de que tomara una ducha de agua fría, pero él se negó.

- Trata de dormir, ¿quieres? – le pedí.

- No quiero – refutó.

- Eres demasiado testarudo – lo regañé – Necesitas descansar. Así te sentirás mejor – él guardó silencio – Te dejaré solo para que concilies el sueño más rápido.

- ¡No! – bramó con pánico – No puedes dejarme solo. Te gané en la apuesta. Estás obligada a estar conmigo todo el día.

Su reacción me extrañó, así que aún un poco confundida, le dediqué una sonrisa.

- No me iré – le dije – Pero tienes que dormir.

- No – contestó de nuevo – Si me duermo… Caerá la noche… Y tendrás que irte.

Una ola de furia se alojó en mi ser.

- ¿Acaso eres estúpido? ¿Me estás diciendo que no te dormirás para poder estar conmigo? – grité – Tú eres el que siempre me está diciendo: "No seas imprudente" "Hazlo con moderación". Ahora soy yo la que te estoy diciendo esto así que ¡Duérmete! Necesitas dormir, al menos, unas 12 horas seguidas para que logres recuperarte por completo. ¡Así que hazlo! Y hasta que te quedes dormido, ¡yo no me iré de…!

Iba a continuar con mi sermón cuando noté que la respiración de Edward se volvió lenta y profunda. ¡Se había quedado dormido!

- Me haces enojar por nada – susurré aún un poco molesta – Estaré aquí contigo… No te preocupes.

Edward's POV

Lo único que aparecía en mis sueños era la imagen de Bella y yo abrazados en el balcón de mi habitación.

Sentí que podría estar abrazado a ella para siempre. Me sentía… completo.

Su rostro sonrojado por haber derramado lágrimas me torturaba, también. Odiaba ver a Bella llorar, me partía el corazón y más aún al saber que la razón de sus sollozos había sido yo.

"Contigo… A donde fuera… Incluso hasta al mismo infierno, porque yo te amo…" - fue el final de mis pensamientos.

Arrugué los ojos antes de abrirlos. La habitación estaba a oscuras. Visualicé mi alarma a la distancia, marcaba las 3:46 de la mañana. Llevé mi mirada hacia el sillón marrón donde estaba sentada Bella, pero no había nadie.

No pude evitar sentirme decepcionado. Por quedarme dormido, había perdido el poco tiempo que tenía con ella.

¿Por qué las cosas nunca me marchaban bien con Bella? Y justo hoy era mi oportunidad y todo… Todo se fue a la basura.

Me senté con cuidado en la cama, sentí un ligero mareo por levantarme tan rápido. El dolor de cabeza había desaparecido casi por completo. Estiré los brazos para liberarme de los nudos que se formaron al estar horas en la misma posición.

Estaba a punto de pararme, cuando un pequeño bulto llamó mi atención. Era un ovillo envuelto en sábanas justo a la mitad de mi habitación.

Caminé hacia él y mis ojos se abrieron al llevarme la sorpresa de que era Bella, quien estaba profundamente dormida.

Usaba sus manos como almohada y su cuerpo estaba envuelto en una de las sábanas blancas de mi armario. Llevaba puesta, también, una de mis camisas blancas idéntica a la que yo llevaba puesta.

- No dejas de sorprenderme – susurré con una sonrisa.

A pesar de estar durmiendo prácticamente en el suelo, Bella lucía cómoda e incluso parecía como si estuviese soñando pues sonrió y suspiró.

- Para bien o para mal… - pensé en voz alta – … eres lo único que me hace feliz.

Bella se removió de su lugar y abrió lentamente los ojos. Al verme despierto y de pie, se paró rápidamente de su lugar, enredándose de una forma encantadora con la sábana.

- Ya despertaste – dijo aliviada - ¿Cómo te sientes? ¿Necesitas algo? ¿Agua? ¿Comida? ¿Te duele la cabeza? ¿Aún tienes temperatura?

- ¿Cuál de todas esas preguntas quieres que te responda primero? – pregunté.

- ¡Vaya! Por fin regresaste a la normalidad – me sonrió.

- Pensé que te habías ido a casa.

- Te dije que no lo haría. Además, tendría que haber regresado al Internado; y de quedarme aquí contigo a regresar sola a ese lugar, preferí quedarme contigo – respondió alzando la ceja.

- Bueno, al menos te sirvió de algo la apuesta – gruñí – Te saqué de la escuela.

Ella soltó una risita y la miré extrañado.

- Estaba bromeando – me dijo – Para serte sincera, jamás había estado tan preocupada. Tú estabas muy enfermo y no parecías mejorar. Me asusté mucho.

Procuré no inmutarme por sus comentarios. Opté por parecer serio tras sus confesiones.

- Lo que te pasó fue por estar siempre tan estresado y atareado… Así que… - comenzó a jugar nerviosa con un mecho de cabello castaño sin verme a la cara - … Está bien si no quieres pero… Quería saber si… ¿Te gustaría salir conmigo el próximo domingo?

Por un momento consideré pellizcarme, o tocarme la frente para saber si no era una jugarreta de mi cabeza lo que acababa de oír. Abrí mucho los ojos y Bella me miró apenada.

- … Te ayudará a relajarte… Aunque si tu no quieres… Lo entiendo totalmente…

- ¿A dónde? – pregunté evitando que se diera cuenta de lo ansioso que me sentía.

En definitiva no se esperaba la pregunta pues posicionó la mano en su barbilla y guardó silencio unos segundos, pensando qué contestarme. No había notado que aún llevaba puesta mi camiseta blanca, que cubría muy ligeramente sus muslos, dejando expuestas sus largas piernas blancas.

Me fascinó verla tan concentrada en su respuesta, aunque estaba casi seguro que me contestaría:

- Donde sea está bien. Mientras nos divirtamos, todo estará bien.

Típico de Bella.

Sin embargo, ella me dedicó una sonrisa y me respondió:

- Donde sea está bien… Siempre que estoy contigo me divierto mucho, Edward.

Esta vez no fui capaz de evitar gemir. Abrí mucho los ojos por lo que acababa de exclamar. Ladeé la mirada para que no notara mi sorpresa.

- ¿Estás bien? ¿Te sientes mal? – preguntó con preocupación.

- N-No pasa nada – dije.

- Además, con esta salida pretendo reponer mis errores contigo.

- ¿Errores? – exclamé extrañado.

- Si… Ya sabes – sus mejillas comenzaron a sonrojarse – Por el beso del otro día… ¿recuerdas? Quiero decir, debe ser terrible ser besado por una chica que ni siquiera te gusta.

- Entonces reponer errores, ¿eh? – gruñí.

Tonta, Bella. ¿Acaso yo no era obvio sobre mis sentimientos por ella? ¿O ella era demasiado despistada e ingenua?

Al parecer, lo segundo.

- En verdad que personas como tú… - pensé - Ella era la única que podía hacerme sentir enojado, feliz, triste, ansioso y sorprendido en cuestión de minutos - ¡Tonta, Bella! – me repetí y no pude evitar sonreír.

- ¿Qué pasa? ¿Por qué sonríes? – dijo Bella con desconfianza.

- Por nada – respondí con una risita.

- Oye, entonces, ¿no hay ningún lugar en específico al que quieras ir el domingo? Por mi no hay problema.

- Contigo… A donde fuera – respondí.

Ella se sorprendió con mi respuesta y pasó las manos por su cabello nerviosa.

- Bella… - dije llamando su atención, armado de valor.

Y sin más, me acerqué a ella para besarla. Al entrelazar nuestros labios, sentí su cálido aliento hacerse paso por el mío. Me sentía en la misma gloria, tenía más de 5 años deseando saborear sus labios y ahora mismo estaba sucediendo. Bella no se movió, de seguro estaba paralizada por mi gesto.

El beso duró pocos segundos, pero para mi se sintió una eternidad.

Al separarme de ella, Bella tenía los ojos abiertos como platos y seguía sin moverse. Me crucé de brazos y solté una risita por su expresión.

- Bien. Ya no tiene caso que pagues tus errores respecto al beso. Ya me lo cobré – mascullé sonriendo.

Noté que sus manos se convirtieron en puños y comenzaron a temblar.

- ¡Eres un maldito idiota! – me gritó para luego encerrarse en mi baño.

- ¡Ya pagaste tus errores, Isabella, y esa camiseta te queda muy bien, por cierto! – le grité también ahogando una carcajada.

- ¡Cállate! ¡Eres un cerdo! – me dijo furiosa desde el interior.

Posé los dedos en mis labios, aún seguía tibios. Me abrí paso hasta el balcón, donde ella y yo habíamos estado abrazados por la tarde.

- Contigo iría a donde fuera, Bella… Incluso hasta al mismo infierno, porque te amo – susurré.


...

Kjmima: "Puedo asegurarte que todos los personajes terminarán con sus respectivas parejas, aún falta un poco para ver a Alice con Jasper. No comas ansias y gracias por leer. Un abrazo"

valelunitaandedward: "Te agradezco los comentarios y perdón por tardar tanto en subir. Espero que te guste este nuevo capítulo. Un abrazo enorme"

Twilight all my love 4 ever: "Lo sé. Bella es super imprudente y todavía faltan más imprudencias. No puedo esperar a que leas lo que viene. Gracias por dedicarle tiempo a esta historia. Saludos"

crematlv19: "Te lo agradezco. Un abrazo"

cullen n masen: "Gracias! y gracias a ti por leer. Un abrazo"

ichigoneeko: "Al parecer bastante celoso. LOLZ! Gracias por leer."

GUEST: "Wow! Gracias por tus lindos comentarios. Espero y me dejes el link de dónde contactarte, me encantaría ayudarte con tu historia. Un abrazo"

.HPTFMA: "¿Recibiste mi PM? Un abrazo y gracias por leer"

GUEST #2: "Como te habrás dado cuenta, no tengo un horario establecido de cuándo subo. Trato de subir lo más antes posible pero a veces por tareas me es imposible. Gracias por leer."

Nelita Cullen Hale: "Gracias por leer. Un abrazo enorme."

Elyy Pocoyoo: "A mi también. LOLZ! Gracias por leer"

Lilly Black Masen: "LOLZ! Gracias por leer"

Tany Cullen: "Tany! Gracias por leer, siempre espero con ansias tus comentarios. Espero te haya gustado este capítulo. Un abrazo y nos leemos pronto"

ximenafan: "Muchas gracias. Qué bueno que te guste y qué bueno que ahora sí te caiga bien Bella. Gracias por leer y espero que tu review"

Jeimy Alexandra: "Lo sé. Lo sé. Ahora sí me pasé. Tardé muchísimo en subir, prometo que no se repetirá. Gracias por leer y estar al pendiente de esta historia"

...

Nos leemos MUY pronto.

- Cezi

Próxima a actualizar: "Find Me"