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Rosalie miraba con reprobación a los dos hombres que estaban de pie frente a ella en la sala de su casa. Ambos con rostros angelicales de petición y suplica hacia su ceño fruncido y brazos cruzados en jarra sobre el pecho. Ella estaba firme en su posición y argumento y por más que la mirasen de todos los modos posibles no daría su brazo a torcer.

-Por favor.- rogó Emmett una vez más. Mostrándole a la pequeña cosa peluda que tenía entre las manos. Un cachorro de rottweiler que había encontrado Charlie abandonado en la estación de policía. Ella se resistió a aquella carita toda negra y al pequeño ladrido de atención que profirió.

-Emmett te dije que no.- dijo firme. Aunque las ganas por acariciarlo ya la estaban alcanzando, era difícil de resistirse. -Y llévatelo antes de que Ian lo vea.- apuró, señalando la puerta. Ya tenían suficiente con un hiperactivo niño de casi tres años para sumarle un cachorro que iba a ayudarlo a destruir la casa. Vio como de la boca de su esposo estaba por salir una protesta infantil pero la vocecita de su hijo lo interrumpió.

-¡A Guau!- chilló el niño con entusiasmo palpable desde la puerta. Entrando con pasos rápidos al salón.

-Creo que ya es muy tarde.- mascullo Charlie por lo bajó para su hijo. Rosalie los fulminó con la mirada mientras cargaba a Ian que le pedía alzarlo en brazos para estar cerca del cachorro.

-¡A guau mami!- dijo alegre, señalándolo y haciéndole señas a su padre para que se acercara y así poder tocarlo. Este lo hizo, con una sonrisa secreta bailando en sus labios. Él sabía que Rosalie no podría resistirse a la petición de Ian. Ella haría cualquier cosa en el mundo para verlo feliz. Aun cuando eso significara que tendrían una no planeada nueva mascota. El niño estalló en una carcajada cuando el cachorro comenzó a lamerle las manos, entusiasmado y alegre de ver al niño. -¡Mío!- dijo el pequeño segurísimo de si, estirando los brazos para que Emmett lo depositara en ellos. Rosalie retrocedió, ganándose una cara de puchero de parte de su hijo.

-El cachorro ya se iba, bebe.- le explicó con suavidad. Acariciando la arruga entre sus delgadas cejas. Esas palabras no lo habían hecho feliz. Mientras ella observaba de reojo el puchero imitado que estaba adornando la cara de su marido. Era tanto o más infantil que su propio hijo.

-No- negó con la cabeza el pequeño, pidiendo a su padre acercarse. -Mío mami. Queded yo.- Charlie soltó una pequeña risa. Le encantaba escuchar los escasos balbuceos de sus nietos al intentar hablar.

-Cielo, no nos lo podemos quedar.- le dijo su madre, iniciando a sentir culpa por la expresión triste que apareció en el rostro de su bebé.

-Queded yo, mami- repitió. Su labio inferior sobresaliendo y temblando. Ella trató de mirar a otro lado para así ser menos afectada por aquella carita pero al final ella sabía que terminaría cediendo. El silencio que reinó en la sala fue eterno. Ni siquiera el cachorro profería algún sonido, como si sintiera el aire tenso.

-Emmett un perro de ese tamaño necesitará un jardín que no tenemos.- dijo hacia su marido. Este se iluminó como un árbol de navidad sabiendo que si estaba diciendo eso era porque lo estaba considerando.

-¡Lo llevaré al parque!- agregó rápidamente.

-¿Y quién lo cuidará cuando queramos salir de viaje?-
ella lo miró con ojos entrecerrados ya que él tenía una sonrisa de victoria estampada en el rostro.

-Yo puedo tenerlo sin problemas.- se sumó Charlie al rescate del animal. La rubia dejó salir un suspiro que al final se convirtió en una sonrisa. Aquello era trampa en toda su naturaleza, eran 3 contra 1.

Ella tomó la barbilla del pequeño, alzándola para ver sus ojitos tristes. Él ya se había resignado a que no podría quedarse con el cachorro.

-¿Te gustaría tener una mascota, bebé?- sonrió amplio cuando su rostro se ilumino al igual que el de Emmett minutos atrás.

-¡Ti!- chilló, dándole un beso baboso a su rubia madre. Luego inició a retorcerse para que lo dejara en el suelo. -¡Bajo, papi!- señaló, pidiendo que dejara al cachorro allí. Emmett lo hizo gustoso, viendo con diversión como este se abalanzaba sobre el niño. Lamiéndole el rostro, sacándoles carcajadas y en consecuencia a ellos también. Buscó a su mujer quien al encontrarla le regresó una mirada fulminante, negando con la cabeza. Él río, poniéndose de pie y acercándose a ella para abrazarla por detrás, pasando un brazo por su cuello cuando quiso escaparse del abrazo haciéndose la enojada.

-Gracias.- le dijo él al oído. Ella lo miró con ojos entrecerrados por sobré su hombro. Sosteniéndose de su brazo.

-Si encuentro un solo regalito en mi piso se irá, Emmett.- apuntó, tratando sin éxito de sonar sería.

-Si mi capitán.- concedió, tratando también sin éxito de esconder su sonrisa. Robándole un beso cuando ella no pudo ya ocultar la suya.

-¡Dex!- oyeron decir a Ian, que ya se había sentado en el piso. El cachorro acostado con la panza hacia arriba, pidiendo así cosquillas. Charlie se rio fuerte. Enseñándole a su nieto cómo hacer para que moviera la pata mientras lo hacía.

-¿Dex?- inquirió a su nieto que reía tratando de imitar a su abuelo. El niño negó.

-¡No, Dex!- corrigió, serio. Charlie lo miraba con el ceño fruncido.

-¿Tex?- no era para nada fácil descifrar el hablar de un pequeño de casi tres. Ian se exasperó, frunciéndole el ceño al hombre del bigote.

-¡Rex!- dijo la pareja al unísono que sólo podían reírse de la escena haciendo al hombre sonrojarse ligeramente.

-Rex será- sentenció.

…..

Edward Cullen como ya era costumbre entró en casa sin ser recibido por ningún miembro de su familia. Era algo que no sucedía en años. El que sus hijos corrieran con cada una de las llegadas o que Bella lo recibiese con un cálido beso eran solo recuerdos amargos bastante lejanos.

Caminando a paso lento, arrastró la maleta de mano mientras se quitaba la chaqueta. Estaba agotado, tanto física, mental y emocionalmente después de los últimos meses. Sus ojos cansados se percataron de la lluvia de cabello cobrizo rizado moviéndose en las escaleras cuando paso en dirección al salón.

-¿Nessie?- la llamó, olvidándose de la maleta y acercándose a ella. La niña se giró para mirarlo, sus risos saltando alrededor de su rostro. Él le sonrió, era tan hermosa. Su piel pálida contrastaba a la perfección con esa mata de cabello cobre y aquellos ojos marrones enormes.

-Hola, papi- le dijo con vocecita triste, regresando la vista a la pared unos segundos después. El hombre se sentó a los pies de las escaleras, a unos cuantos escalones de donde la pequeña estaba jugando con sus dedos.

-¿Qué haces aquí, princesa?- quiso saber, levantando la mano para acariciar la punta de los cabellos increíblemente largos que llegaban hasta su espalda baja.

-Estoy castigada- contesto ella sin más, resignada. Él se permitió soltar una risita por la actitud de su hija.

Estaba tan grande, notó con tristeza. Pronto cumpliría cinco años y sentía como si se hubiese perdido un pedazo de su vida. Subiendo sentado hasta el escalón donde ella se encontraba la tomó en brazos, sentándola en su regazo.

-¿Qué hiciste?- inquirió con voz suave, apartándole el cabello del rostro. Ella hizo un mohín rehuyéndole a la mirada dulce de su padre. Enojada.

-Le pegue a Tony- informó, sabiendo que eso no le traería una felicitación de su parte.

-¿Por qué?- Edward suspiro, besándole la frente y soltando un suspiro. Aquello no era una noticia nueva. A pesar de ser más pequeña que Anthony por más de cinco años Renesmee había crecido como superior a él, molestándolo por su condición después de lo sucedido. Ella no lo hacía con malicia, él lo sabía. Era más como una búsqueda de atención que él no había sido capaz de darle.

La niña inició a balbucear palabras que él no entendió al inicio ya que parecía estar hablando con ella misma para luego tomar un suspiro dramático e iniciar a recontarle lo sucedido.

-Porque mami me estaba leyendo un cuento y Tony continuaba a llamarla y ella no me termino de contar la historia por irse con él.- se cruzó de brazos, molesta porque su hermano siempre era el centro de atención donde fuera que llegara. Todo el mundo giraba a su alrededor y ella estaba molesta y triste porque siempre era dejada de lado. Edward sintió una fugaz punzada de pena por su hija, al ver como esta se quedaba con una expresión decaída en el rostro. Una expresión que ningún niño de su edad debería tener jamás.

-¿Qué te parece si te cuento yo más tarde la historia?- propuso entusiasta, dándole un leve toque a su naricita. Ella asistió con la cabeza, recostándola un momento después en el pecho del cobrizo quien la abrazó emocionado -Pero debes prometerme que no volverás a pegarle a Tony.- le pidió, atrapando su barbilla para hacer que lo mirase a los ojos. Ella le asintió con expresión sincera mientras se abalanzaba a él, enrollando los delgados brazos en su cuello.

-Lo prometo, papi.- concedió en el oído del cobrizo, quien la envolvió gustoso. Disfrutando de todo el amor que el abrazo de un hijo podía proyectar y que hacía mucho no recibía.

-¿Renesmee?- ambos escucharon la femenina voz acercarse. Un momento después apareció Bella por el pasillo del segundo piso. Endosaba unos pantalones de algodón y una felpa ligera, su cabello recogido en una coleta le permitió al hombre ser testigo de la cara de sorpresa al encontrarlo allí.

-Hola- saludó cuando la vio quedarse de pie en la meseta de la escalera. Ella no le respondió, pasmada y extrañada de que hubiese vuelto tan rápido. Luego recordó que ellos tenían siete horas de diferencia atrasada con la Italia y todo encajó.

-Ve a ponerte el pijama- le dijo seria a la niña cuando esta se asomó para mirarla desde los brazos de su padre.

-Pero papi dijo que me leería un cuento.- se quejó, aferrándose de manera caprichosa al hombre quien hizo una mueca incomoda por la situación. Podía sentir los ojos de Bella taladrándole la nuca.

Ella estuvo a punto de soltar un "Papi promete muchas cosas que no cumple" como respuesta irónica pero se mordió la lengua. Su hija no tenía por qué ser entrometida en sus problemas.

-Ve a ponértelo cielo- sonrió a medias él, separándola de sus brazos. La niña estuvo a punto de protestar, con su labio inferior iniciando a temblar por el anuncio de lágrimas que él se apresuró a detener -yo subo ahora.- le susurro, atrapando un mechón de pelo y metiéndolo tras su oreja. Ella no pudo hacer más que asentir, dándole a su madre una mirada intensa desde su posición, para luego soltarse de su progenitor y correr escaleras arriba, pasando por el lado de la morena sin siquiera mirarla.

-Lávate los dientes.- le dijo ella a sus espaldas y ambos escucharon al momento siguiente un portazo. La mujer suspiro, cerrando los ojos, cansada de esa actitud.

Ambos se quedaron dónde estaban, el silencio reinando entre ellos y la atmosfera tensándose como un hilo de hierro. Él sin saber que decir, ella en cambio con tantas cosas que soltar pero sin saber por dónde iniciar.

-¿Cómo estás?- pregunto él a modo de romper el hielo. Era una pregunta tan estúpida que no podía siquiera mirarla a la cara mientras la hacía. Bella se tragó las ganas de llorar, no queriendo quebrarse ante él. Se lo había prometido a sí misma. Si a él no le importaba lo suyo ¿Por qué tendría a ella que importarle? ¿Por qué tenía ella que sufrir?

-¿De verdad te interesa?- escupió de manera acida, sin saber cómo el nudo en su garganta había pasado desapercibido. Edward sintió como si lo hubiesen abofeteado.

-Isabell…- inició a decir, girándose para encararla desde el final de las escaleras pero callándose al escuchar a su hija llamarlo con un grito insistente.

-Ve.- le dijo ella, señalándole el pasillo -No quiero que despierte a Tony.- después de decir aquello ella comenzó a descender rápidamente los escalones, deteniéndose cuando tuvo que pasar por su lado ya que él la tomó de la muñeca, no queriendo que ella huyera más lejos.

-Bella…- pronunció en un susurro, su rostro afligido, cansado y torturado. Ella tomó una inhalación profunda, sintiendo como su fuerza iniciaba a abandonarla. –Yo

-¡Papa!- otro llamado en grito los interrumpió. Ella se sacudió de su agarre, bajando los últimos tres escalones y perdiéndose por el pasillo, dejándolo allí. Suspirando hondo él se giró, subiendo lentamente mientras hundía los dedos en su cabello.

Edward descendió las escaleras a paso lento, sintiéndose desubicado y perdido en su propia casa. Algo había cambiado desde la última vez que estuvo allí hacia poco menos de una semana pero no lograba descifrar lo que era. La habitación de su hija se venía algo vacía de juguetes pero él pensó que era debido a que estaba castigada. Seguramente Bella había escondido muchos de ellos a modo de reprimenda. También faltaban algunos retratos de los niños sobre las repisas del pasillo y había notado al ir a darle un beso de buenas noches a Tony que faltaba uno que otro objeto importante para él, como la lamparíta de pared que hacia figuras de estrellas en el techo o algunos libros en su estante de colores.

Dejó aquella sensación extraña de vacío atrás cuando consiguió a su morena esposa sentada en el sofá de la sala, con las piernas escondidas bajo su regazo y la mirada fija en la pantalla apagada de la enorme televisión. Jugaba de manera nerviosa con un parlante de bebé encendido en sus manos.

-Se durmió- hizo saber de manera casual, para llenar el vacío interminable en la sala. Ella Se veía demasiado pequeña en aquella habitación. -Anthony necesita una cama más grande. Está creciendo cada día más rápido- dijo, haciendo que ella lo mirase incrédula. Bufando una risa irónica. ¿Desaparecía por una semana y eso era lo único que tenía que decir? Bella comenzó a preguntarse si era ella la que estaba mal de la cabeza, era lo único que podía explicar el que él se dejase ver así de ambivalente ante la situación.

-¿No esperaste ni un día para correr a ella no?- escupió directa. Envalentonada por alguna fuerza divina o el vaso de whisky que había bebido mientas lo esperaba. El hombre la miró perdido. Cerrando la puerta tras de él. Esto sin duda sería una pelea.

-¿De qué estás hablando?- inquirió, confundido.

-Rosalie.- pronuncio a modo obvio. -¿Te llamó de manera telepática u otra vez fue una más de las tantas coincidencias?- culminó con un tono de risa sarcástica. Ella estaba tratando de no alterarse pero el tema ya la tenía más que harta. El cobrizo se quedó de pie, apoyándose de la pared junto a la puerta.

-Bella, no metas a Rosalie en esto.- le pidió él, negando con la cabeza -No tiene sentido.- esas palabras en vez de calmar a la morena la hicieron arder como un bosque seco.

-¿No tiene sentido?- escupió -Si no tiene sentido entonces explícame ¿por qué siempre estas pululando a su alrededor?- Edward que estaba a punto de decir algo cerro la boca, ofendido.

-Yo nunca estoy pululando alrededor de nadie.- gruñó por lo bajo, incapaz de mirarla a la cara.

-¿Ah no?- jadeo ella -¿Qué hacías en Italia entonces? – preguntó a la defensiva.

-Estaba...

-Me vas a decir que fue casualidad el que justamente estabas allí el día que Ian apareció.- lo cortó sin dejarlo siquiera responder. El cobrizo se quedó en silencio, sin saber que decir ¿Qué le podía responder? Cualquier cosa que le dijera tendría el mismo final doloroso. Ella se iría, jamás lo perdonaría, lo odiaría por el resto de su vida y era la última cosa que deseaba. Ya tenía suficiente al cargar con la culpa de que su hijo hubiese perdido su alma serena debido al trauma causado.

-¿Qué estas tratando de decirme?- inquirió, desconcertado.

-Sabes bien lo que te quise decir, Edward.- él tragó grueso al sentir aquella voz acusadora.

-Bella yo…

-Respóndeme.- lo interrumpió, exigiendo una respuesta. El cobrizo respiro, mirando a todos lados menos a ella. – ¿Tuviste algo que ver con la desaparición de Ian?- soltó la pregunta que bailaba en su cabeza pero que en los últimos tres años no se había atrevido a hacer. Era la única cosa que podría explicar el porqué de su lejanía, de sus llamadas misteriosas y sus viajes relámpago pero si las cosas eran como ella suponía aun no descifraba el por qué ¿Por qué Edward querría hacerle daño a su familia?

-No- contestó él horrorizado. Incrédulo de que pensara tal cosa pero para ella era la única explicación de que Edward nunca se hubiese recuperado de lo sucedido. Eso o…

-¿Entonces si es por ella?- afirmó ya sin poder retener las lágrimas. -Es por eso que siempre estas detrás de ella. Por eso te involucras tanto en la desaparición del niño.- el dolor de la traición estaba taladrándole el pecho. –Te duele más ella que tu propio hijo.- jadeo ella con voz quebrada, un sollozo abandonando sus finos labios haciendo al cobrizo sentirse miserable.

-Bella, no digas eso porque sabes que no es cierto.- negó hacia ella. La situación estaba tomando un rumbo inesperado.

-Dime tú sí es cierto.- lo retó, lanzando el aparato que sostenía a la alfombra -Tal vez Ian no es solo primo de mis hijos sino también su medio hermano.- soltó, sin dejarse nada guardado, habían sido años de silencio, lágrimas y desconfianzas guardadas que se había solo multiplicado en los últimos años alimentadas por sus acciones que ya no podían estar en paz dentro de ella.

-Bella ¿Qué estás diciendo?- jadeo el cobrizo, tambaleándose, incrédulo de hasta donde estaba llegando aquella discusión -¡estás hablando de la mujer de tu hermano!.- le recordó. Acercándose con paso decidido cuando ella se puso de pie, dándole la espalda para que no la viese llorar.

-¡Precisamente, Edward!- casi gritó, alzando las manos al aire -Yo eso lo tengo claro pero me da la impresión que tu no.- repuso. Él se quedó callado, sintiéndose pateado en el estómago al verle el rostro inundado en lágrimas, al darse cuenta de que ella había vivido toda su vida con la idea de que el aun tenia sentimientos por Rosalie. Si no fuera por lo seria de la situación se habría reído. Él estaba buscando la manera de no herirla y era lo único que había hecho en todo ese tiempo.

-¿Es así como te has sentido todos estos años?- quiso saber. ¿Por qué no se lo había dicho? Nunca había notado algún indicio de celos de parte de ella hacia la rubia. Al contrario, eran muy cercanas. Para él siempre había sido especial la relación con Rosalie. Sus padres eran amigos, prácticamente habían crecido juntos y si, para nadie era un secreto que ella había sido su primer amor aun cuando nunca fuese correspondido. Él la amaba pero había aprendido a hacerlo no como mujer sino como alguien cercano que necesitaba cuidar siempre. Él se acercó, incapaz de soportar tanta distancia al verla tan rota.

-Sí.- afirmo la morena, sorbiendo la nariz. Comenzando a sentirse estúpida. Ella había dejado que todo llegara tan lejos por miedo de perderlo, todo por culpa de sus malditas inseguridades -Y ya estoy cansada de hacerme la estúpida ante tus sentimientos por ella.- murmuro, resignándose. Ya se había cansado de empujar, de ser siempre ella la que lo buscaba en los últimos tres años.

Sintió las masculinas manos posarse sobre sus hombros y ella se paralizó, tragándose el nuevo nudo de lágrimas que se acumularon en su garganta.

-Bella yo no tengo sentimientos por Rosalie.- le susurro, girándola lentamente. Mirándola con expresión dolida, secando las lágrimas que habían dejado un camino brillante en su cara. Podía ver como ella le suplicaba con aquellos ojos cafés que se abriera, que enterrara lo que fuera que lo estuviera alejando.

-Entonces dime que es lo que te ata a ella- suplicó, articulando lo que su mirada le pedía. Apoyándose hacia su toque. Haciendo al cobrizo paralizarse. El silencio tomando protagónico una vez más entre ellos y Bella lo supo. Supo que él no confiaba ni confiaría nunca lo suficientemente en ella para decirle lo que lo atormentaba.

-Te perderé si te lo digo.- soltó en un murmullo casi inaudible. Haciendo que ella retrocediera. Su mano cayendo inerte en su posición.

-Pues entérate que ya lo hiciste.- masculló, pasando de manera brusca el dorso de la mano por su nariz, para secar los remanentes de líquido. Edward la miraba, como si alguien hubiese quitado el piso donde estaba parado pero no pronuncio palabra. –Me mudo con mi madre y me llevo a los niños.- tomó una respiración que se escuchó entrecortada debido al llanto. Secretamente ella esperaba que él reaccionara, que corriera a ella y le rogara que no lo dejara pero al ver que nada sucedía se rindió, cansada de nadar contra la corriente. Como una llamada a dejarlo todo hasta allí ella escuchó un llanto débil provenir del aparato a sus pies, Renesmee se había desertado. Recogiendo el parlante se encamino fuera de la habitación, pasando por el lado de su aun esposo y deteniéndose. Sus brazos casi tocándose -Siendo el abogado brillante que eres imagino que no debo explicarte cuáles son tus deberes y derechos.- culmino serena pero completamente rota por dentro. Cuando el hombre pudo reaccionar ella ya se había alejado, dejándolo allí con la cosa que sería su amiga por un tiempo. La soledad.

La casa estaba cargada de un aroma a asado que nublaba los sentidos. El estómago del niño gruñía cada vez que Emmett abría la puerta de la cocina para unirse a su pensativa esposa y su silencioso hijo en la gran sala. Él intentaba llenar los silencios sepulcrales entre ellos, haciendo preguntas tontas que solo contestaban con monosílabos cada vez que regresaba de darle una ojeada a la cena. Ya se le estaban acabando las ideas. Ellos solo estaban allí, estudiándose el uno al otro. Rosalie con expresión indescifrable, confundida. El niño en cambio con mirada penetrante y sería hacia ella, como si no estuviera a gusto con la presencia de la rubia.

Los tres se sobresaltaron al escuchar el timbre de la casa. Rosalie saltó de su puesto directo a abrir la puerta con la piel erizada. La mirada azul intensa del niño sobre ella la tenía nerviosa.

Notó que su suegro la saludaba con una amplia sonrisa cuando abrió la puerta, ella se la regresó a medias. También notando con asombro al enorme rottweiler a su lado, que al reconocerla se le abalanzó encima, posando dos enormes patas en su pecho, haciéndola trastabillar hacia atrás.

-¡Rex no!- reprendió Charlie, tirando de la cuerda para alejarlo de ella pero Rosalie solo podía reírse de los besos babosos del perro en su cuello.

-¡Hola grandulón!- saludo, permitiéndose reír. Sin poder creer que ese era el pequeño cachorrito que habían adoptado años atrás. Charlie se lo había llevado a vivir con él desde que se mudo a Val si Fassa hacía más de dos años, para que le hiciera compañía y para que no muriese de depresión ya que después de lo sucedido el animal se había vuelto triste y agresivo, ella no lo había visto desde entonces. Ahora era una enorme masa de músculo y pelo negro lustroso. -¡Qué enorme estas!- enfatizo, tomándolo de las orejas y moviéndolas de un lado a otro, él solo se dejó hacer.

-¡Hey!- saludó Emmett a las espaldas de la rubia. Ambos adultos girándose a su llamado mientras Rex se asomaba desde los brazos de la mujer. -Ven acá, grandote.- lo llamó entusiasmado, hincándose para esperarlo con los brazos abiertos. El perro ladró gravemente, resbalándose en el piso de madera debido a sus uñas cuando inició a correr en su dirección. Charlie sostuvo a su nuera cuando la cuerda del perro se enredó en sus pies, haciéndola perder el equilibrio y luego reír. -Eccoti!- dijo el moreno cuando la enorme masa de músculos se estrelló contra él, acariciando de manera brusca su cabeza y orejas. Cualquiera que lo viera diría que era una máquina asesina con ese aspecto rudo y ese enorme tamaño pero era todo lo contrario. Era todo un amor con las personas que conocía.

-Sé que no pregunte primero antes de traerlo, pero pensé que podía hacerle bien a Ian.- justifico el hombre de bigote, pasando un brazo por encima del hombro de la rubia quien se apoyó en él, mientras ambos miraban como Rex intentaba empujar a Emmett con su enorme cabeza. Ninguno de los presentes se percató del pequeño asomado en el marco de la puerta hasta que el perro comenzó a gruñir en esa dirección, tornándose protector y a la defensiva. Emmett se puso de pie, sosteniendo a Rex de la correa como seguridad ya que en su postura se notaba tenso.

-Ian, Guarda chi e venuto a salutarti (mira quien ha venido a saludarte)- le dijo el moreno entusiasmado. El pequeño dio un paso fuera de su escondite, quedando a la vista de todos los presentes. Rex olisqueaba el aire cerca de él pero no se acercó –Non devi avere paura. (No debes tener miedo)- dejó saber Emmett, estirándole la mano al niño para que se acercara.

-Emmett.- advirtió Rosalie, notando como el perro dejaba de mover su diminuta cola cuando Ian dio un paso más cerca. El hombre le hizo una seña de que todo estaba bajo control mientras Charlie miraba la escena con el ceño fruncido, desconcertado por la actitud del animal, más hacia su dueño. El perro comenzó a ladrar cuando el niño estuvo a una decena de pasos de él. No era un ladrido de atención amigable, era más bien un ladrido de advertencia, haciéndolo retroceder.

-Cane Stupido (perro estúpido)- murmuró el niño con voz molesta, corriendo escaleras arriba. Los adultos lo miraron perderse mientras el animal intentaba seguirlo, ladrando de manera intensa y rabiosa. Emmett le tendió la cuerda a su padre, siguiendo al niño.

-Rex, shhh- lo calmò Charlie, hincándose y acariciando su enorme cara mientras compartía una mirada confundida y perpleja con su nuera. Ambos con el mismo pensamiento flotando en sus cabezas, algo no andaba bien con el niño.

...

Unos dedos pálidos se cernían sobre el teclado del computador. Escribiendo y borrando con dedos temblorosos por la rabia que sentía. "Eres experta entrometiendote y arruinando la felicidad de los demás, espero que la tuya no dure mucho tiempo"

El teléfono de la rubia se ilumino con un nuevo correo en su bandeja de E-mails en el buró de la habitación pero nadie estaba despierto para darse cuenta. Ella dormía profundamente siendo perturbada por un sueño inquietante de obscuridad, ojos penetrantes y voces indescifrables pero su cuerpo estaba completamente desmayado y pesado, impidiéndole despertarse. Emmett a su espalda roncaba ligeramente.

Al parecer el único que no podía dormir esa noche era el pequeño de siete años. Que vagaba por la casa en plena madrugada obscura. Los ladridos de Rex no dejaban que conciliara el sueño. Eso y las voces que se repetían en su cabeza. Observaba bajo la obscuridad la cicatriz blanquecina en la muñeca de Rosalie que descansaba en la almohada, justo al lado de su cabeza. "Ella intento matarse porque está loca…" murmuró una voz en su cabeza "Ella no te quiere" agregó "Ella te hará regresar al hueco de donde saliste" el niño dio un paso más cerca, llevando por una rabia que no sabía de dónde provenía. Ese paso produjo un ruido de rechine bajo sus pies que despertaron al hombre de golpe. Observando bajo la obscuridad hasta que sus ojos se adaptaron y descifraron la sombra de pie junto a la cama.

-¿Ian?- susurro. Frotándose los ojos e incorporándose. El niño lo miro impasible y por un momento, por debajo de su estado aun medio adormilado se preguntó si era sonámbulo -¿Che c'è? (¿Qué pasa?)- inquirió muy bajo, cuidando de no despertar a su mujer.

-Non posso dormire (No puedo dormir)- le contesto con simpleza, sin apartar los ojos de la rubia. Emmett se desperezo, pescando sus pantalones en el suelo para acompañarlo a su cuarto.

-Vieni, non doviamo svegliare a la mamma. (Ven, No debemos despertar a mama.)- lo llamo cuando vio que el pequeño no se percató de que se hubiese levantado. Él le hizo señas para que lo siguiera fuera de la habitación y el niño obedeció, dándole una última ojeada a la mujer en la cama.


HOLA! =D gracias a todsas las que se han sumado a la historia. Gracias cecy por la idea de recomendarla en los grupos de Face =)

con respeto a las sospechas, contestare algunas para ir descartando o volviendolas mas sospechosas xD

Edward esta siendo chanajeado por alguen debido a su profesion: Jmmm esta podria ser una buena teoria pero, recordemos que el que estuvo desaparecido fue ian, porque Tony regreso asi que, no tendria sentido que quisieran chantajear a Edward llevandose a SU SOBRINO.

Que IAN desconfia de Rose por la mujer que lo tuvo en los anos de desaparecido... Jmmm tambien es una buena teoria, veremos que sucede mas adelante con Ian y Rose.

Desconfianza en Jane. Creo que no han puesto atencion al que Ian se mostro desinteresado en ella cuando la vio en la cafeteria. =0

Edward: como dije sera una parte importante de la historia pero como ven en este capitulo el desmintio el haber sido culpable de que el nino desapareciera.

AHORA PREGUNTO. CUALES SERAN LAS NUEVAS TEORIAS? (hace una carita con cejas alzadas de maldad) xD

NOS LEEMOS PRONTO =D