X. Lágrimas
Faltaban dos días para que terminaran las vacaciones. Draco se las había pasado la mayor parte del tiempo encerrado en la casa. Estaba de mal humor todo el tiempo y no tenía ganas de estar con Zabini ni con Crabb. Pansy había ido a visitarle un par de veces, pero después de pedirle que le preparara la comida la había sacado de allí. Ella intentaba acercarse a él todo el tiempo, pero el chico ya no sentía atracción ninguna por ella, cosa que por más veces que le explicara, parecía que la chica no entendía. Nunca había añorado a nadie, pero supuso que era añoranza lo que sentía.
Había dedicado ese tiempo a pensar. Después de la noche antes de las vacaciones, algo había cambiado en el chico. No podía seguir ignorando sus sentimientos. No cabía duda: sentía algo por Granger. ¿Pero qué era exactamente lo que sentía? ¿Amor? Su familia le había enseñado que el amor sólo lo sentían los débiles. Él bien sabía que sus padres no se habían casado por amor, sino por conveniencia. Su familia tenía una larga ascendencia Sangre Limpia. Él mismo creía en la supremacía de los Sangre Limpia, así que no podía permitirse sentir algo por una chica como Hermione. El problema estaba en que ya era demasiado tarde. ¿Qué podía hacer ahora? La única solución era olvidarla. Y, ¿qué mejor manera que buscando a la siguiente presa?
Hermione estaba de camino a la casa. Se había sentido muy incómoda durante esas vacaciones.
No podía contarles a Harry ni a Ron lo que había sucedido con Malfoy. ¿Qué iba a suceder ahora? Ellos dos eran completamente opuestos y no podrían estar juntos. Sus amigos odiaban a Malfoy, y no sin razón. ¿Qué pensarían de ella? Pero por otra parte, nunca había experimentado esa sensación de felicidad que sintió al besar a Malfoy con ningún otro chico. De todas formas, eso era una relación destinada al fracaso. Había demasiados problemas en medio, empezando por que Malfoy había sido un mortífago. Ella misma le había dicho que había cambiado, pero, ¿lo había hecho realmente?
Hermione había tomado una decisión: centrarse en sus estudios lo que quedaba de curso. Y si al final del curso no había logrado olvidarle, no iba a volver a verlo después de todas maneras.
Entró en la casa y más le hubiera valido no haberlo hecho. Malfoy estaba sentado en el mismo sillón donde habían dormido juntos hacía unos días, con la única diferencia que no era ella la que estaba sentada sobre él, sino Astoria Greengrass. Draco miraba a Hermione con su característica mirada de hielo, mientras Astoria le susurraba cosas al oído. Sintió como si le hubieran lanzado el mejor de los hechizos aturdidores. No pudo evitar que los ojos se le llenaran de lágrimas. Odiaba a Astoria y la envidiaba a la vez. Deseaba fervientemente estar en su lugar y se odiaba a si misma por ello. Se había enamorado del estúpido de Malfoy. ¿Qué esperaraba? Que él la hubiera estado esperando echándola de menos? Menuda tonta estás hecha Hermione Granger, se dijo.
No por favor, Hermione, no, pégame, insúltame, lánzame una maldición imperdonable, pero por Merlín no llores, pensó Draco. Mierda. ¿Qué demonios importa si llora? Unos años atrás hubiera disfrutado viéndola llorar. Pero ahora... Se la veía tan frágil... Basta Draco. Es lo mejor.
Hermione no podía soportar más esa situación tan embarazosa, ni la mirada de hielo de Draco. Se volteó y se encerró en su habitación.
Si no hubiera sido porque Astoria estaba sentada sobre él, hubiera ido corriendo a buscarla. Se moría de ganas de abrazarla y besarla... YA BASTA, MALDITA SEA, se dijo a sí mismo. Se quedó muy serio durante unos segundos.
-Vete- le gruñó a Astoria apartándola de sus rodillas cuando Hermione hubo cerrado la puerta de su habitación.
-Pero acabo de llegar, quiero estar un ratito más contigo, ratoncito.
-Si quieres que vuelva a dirigirte la palabra, más te vale no volver a llamarme así. Vete, ya contactaré contigo cuándo vuelva a necesitarte.
Y dicho esto, se encerró él también en su habitación dando un sonoro portazo.
