Disclaimer, Rendición libro de Kayla Leiz, y Card Captor Sakura le pertenece a Clamp, es una adaptación de una de mis historias favoritas y quiero que la conozcan, salvo por algunos agregados que le voy a hacer porque siento que algunas ideas de la autora quedaron inconclusos (o porque el programa donde lo leo lo borro) los agregue yo sin animo de lucro. esta historia es muy buena y deseo que la conozcan , uso un poco el nombre chino de Shaoran (Li Xiao lang) porque el protagonista realmente se llama Wolf, la protagonista Shanie, si quieren saber como se llaman realmente los personajes pueden preguntarme.

Advertencia: esta novela tiene escenas subidas de tono (conocidas como Lemon) si no les gustan pueden bajar el cursor hasta casi el final de algunos episodios, es para mayor de 18 años o si eres un adolescente con criterio maduro y amplio adelante, pero quedas advertido. Hago algunos guiños a la serie de CCS por algunos nombres.

Bueno sin mas preámbulos disfruten la historia, hay lemon en este episodio

Rendición

Capitulo 10

Juntos para siempre…

Dos días después…

—Shaoran, ¿has dormido un poco? —le preguntó Yukito, realmente

preocupado por el estado de salud de su amigo.

—¿Qué te ha dicho tu amigo, Yukito?

El otro cerró los ojos y se guardó lo que iba a decirle.

—No hay nada. No la encuentra.

—Dile que siga buscando..., por favor.

Hizo el amago de levantarse, pero se tambaleó y cayó de nuevo en el sillón. Yukito corrió hasta él.

—Mira, le diré lo que quieras, pero, por favor, hazme caso. Necesitas dormir; estás exhausto.

—No puedo dormir.

—Hay pastillas que pueden ayudarte. Tienes que dormir, Shaoran, no puedes seguir así. Hace dos días que no duermes. Estás conduciendo por toda la ciudad, buscándola, y eso no puede ser. Caerás enfermo y...

—¿Hice algo malo, Yukito?

A su amigo, esa voz desesperada por la desaparición de Sakura le llegó al corazón.

—¡Por Dios, no! Shaoran, no has hecho nada malo.

—Entonces, ¿por qué se fue? ¿Por qué?

Yukito apretó los labios.

—Tengo que irme —dijo, levantándose algo más estable que la vez anterior.

—¿No quieres que te acompañe?

—No.- contesto rotundo saliendo de la librería

Yukito lo siguió con la mirada y lo vio coger el coche. Sabía que no iría a su casa; volvería a dar vueltas por la ciudad intentando encontrarla.

—Me voy a casa —le dijo a una de las empleadas de la librería. No esperó a que le respondiera.

Cogió su chaqueta y salió hacia su casa, que estaba cerca de allí. Subió los escalones que había hasta el apartamento y abrió la puerta mientras saludaba a su vecino, que salía en ese momento con su perro, seguramente para su paseo diario. Cerró la puerta pensando que se podría haber ido con ese chico que llevaba días queriendo invitar a su casa; sin embargo, se fijó en el bulto que estaba sentado en el sofá con las piernas encogidas y envuelto en una manta.

—Esto no puede seguir así, Sakura.

Ella lo miró. Tenía sus verdes ojos algo humedecidos.

—Lo sé.

—Os estáis haciendo daño los dos de una forma horrible —dijo, sentándose a su lado y quitándole la manta de la cabeza—. Sakura, Xiaolang lleva días sin dormir; no deja de buscarte. Y tú estás igual. ¿Has dormido algo?

—No, no puedo.

Yukito bufó.

—La misma respuesta que Shaoran.

Sakura llevaba allí desde la noche en que se había escapado de casa de Shaoran. Después de recibir la llamada de teléfono y haber estado todo el día caminando y preguntando por la zona, de llamar a su amigo policía y alertar a todos de que la buscaran, cuando por fin había ido a casa a dormir algo para seguir al día siguiente, la había encontrado acurrucada en la puerta de su apartamento. Lo único que había podido hacer había sido servirle de apoyo, pues sólo podía llorar. Apenas sí le conseguía sacar una palabra. Le había prometido que no le diría nada a Shaoran, pero ver a su amigo consumirse de aquel modo era demasiado para él.

—¿Por qué te marchaste?

Era la misma pregunta que le venía haciendo desde hacía dos días atrás, pero aún no había conseguido que le respondiera.

—Por favor, dime sólo eso.

—Él se merece a alguien mejor.

Yukito frunció el ceño.

—No digas tonterías, corazón. ¿Por qué no vas a ser tú lo que él se merece?

—Porque yo sólo haré que hablen de él; que piensen que es un pervertido por estar con una...

—¿Niña?

Sakura asintió.

—¿Y Xiaolang no te ha convencido de que los demás no tienen por qué verte así? ¿O que no importa lo que los demás piensen?

—Sí..., pero aun así... La gente que no me conozca hablará, y hablarán de él; no quiero que lo descalifiquen, no quiero... Xiaolang me dijo que me amaba... —soltó de pronto, sin venir a cuento.

Yukito le levantó la cara para que lo mirara. —Ya lo sé, cariño; me lo dijo. Cree que eso es lo que hizo que huyeras de él; que pensó que por fin había encontrado a alguien con quien vivir esta miserable vida, y que lo has rechazado como tantas veces él ha hecho.

Las lágrimas de Sakura mojaban las manos de Yukito.

—No puedo condenarle a alguien como yo —sollozó.

—Dame una buena razón para eso que dices.

—Lo amo.

Yukito sonrió, abrazándola.

—Ésa es una razón para ir a buscarlo y no soltarte más de él. ¿No te das cuenta de que se ha enamorado de ti? A él no le importa si te ves como una niña o si así te ven los demás. Para él, eres tú..., tu esencia.

—No...

Yukito la acalló.

—Llevas días sin dormir, llorando a cada momento. Y te he oído susurrar su nombre, Sakura. Deja de comportarte como lo haría una niña y de escudarte en los demás. ¿Cuál es el miedo esta vez? —le espetó, echando a un lado su tono divertido. La detuvo antes de que se abrazara a sí misma

—No te ocultes, Sakura; sácalo. Dime por qué no puedes estar con él.

—¡No lo sé! —gritó ella—. ¡No sé por qué no puedo estar con él si lo amo con todo mi corazón!

Yukito le regaló una de sus sonrisas más traviesas cuando Sakura se dio cuenta de lo que había dicho.

—Está en la discoteca —la informó.

—Gracias, Yukito.

Echó a correr sin cerrar la puerta del apartamento. Tenía que ir con él.

Decidida a decirle todo lo que estaba en su corazón, Sakura llegó a la discoteca sin apenas aliento. Había salido de forma tan precipitada que no se había parado a pensar en lo que iba a necesitar para entrar, ni lo lejos que estaba la discoteca de la casa de Yukito. Sin embargo, eso no la amedrentó y echó a correr con todas sus fuerzas para ir en busca de Shaoran, para estar con él ahora que se daba cuenta de que había estado ocultando su propio miedo a amarle tras su físico. Recuperando una respiración normal, se acercó al portero, un grandullón que le pareció algo familiar, pero no podía asegurarlo.

—Perdona, necesito hablar con Shaoran.

Soportó la mirada analítica y despectiva del hombre sin apartar la vista.

—Entrada y carné. No se admiten menores.

¡Genial!, tampoco había pensado en eso.

—No tengo el carné ni la entrada. Por favor, llama a Shaoran. Dile que Sakura está aquí.

—Ya...

El hombre siguió con su trabajo sin prestarle atención. —Mira, sé que no puedes dejarme entrar por no tener dinero ni carné, pero, de verdad, llama a Shaoran. Cuando me vea...

El hombre la miró, malhumorado.

—¿Quién te crees que eres, niñata?

—Pues resulta que es la chica de Xiaolang—respondió otra voz.

Sakura se dio la vuelta y vio a Yukito con traje blanco, levita blanca, camisa negra y corbata roja acercándose a ellos. Cuando llegó a su lado, le guiñó un ojo.

—Te has ido tan deprisa que sabía que tendrías problemas para que te dejaran pasar, así que me he arreglado un poco y he salido hacia aquí.

—Gracias.

—¿Esa niña es la chica de Shaoran? —inquirió el hombre casi con asco. —Apuesto a que si se entera de esto, te pone de patitas en la calle-

El hombre tragó con dificultad—. Déjala pasar.

—¿La conoces? ¿Respondes por ella?

—Que sí, que sí —contestó, batiendo en el aire una mano en señal de que se olvidara de eso

—Sakura, el despacho de Xiaolang está en la primera planta, tercera puerta a la derecha. Tienes las escaleras nada más entrar a la izquierda. Y por lo que más quieras, no lo sueltes.

—No lo haré.

Sakura sonrió a Yukito y le dio un beso en la mejilla, al que él correspondió antes de empujarla para que entrara. Ella corrió mientras escuchaba las últimas palabras del otro.

—¡Sed felices!

Abrió la puerta y buscó las escaleras. Las subió de dos en dos y siguió el pasillo hasta encontrar varias puertas. Unos hombres que la vieron pasar trataron de detenerla, pero no se dejó. Contó las puertas y, al llegar a la tercera, llamó con impaciencia. No quería que la echaran de allí y si Shaoran

no respondía...

—¡Tú! —exclamaron.

Volvió a llamar más fuerte, hasta que varias manos la apresaron. —¡Shaoran! —gritó, forcejeando para que no la alejaran—. ¡Shaoran!

La puerta del despacho se abrió de golpe, y apareció Shaoran. Se le veía el rostro cansado y con aspecto de no haber dormido en días, justo como ella.

—¿Sakura? —Al ver cómo los otros la sujetaban, se le despertó la furia—. ¡Quitadle las manos de encima! —gritó.

La soltaron al instante, y Sakura corrió a los brazos de Shaoran, que la recibieron con anhelo. Los dos cuerpos se fusionaron.

—Sakura... —susurró en su pelo, empapándose de su olor—. Sakura...

—Perdóname, Shaoran. Por favor, perdóname.

Él la abrazó más fuerte, dejando que su olor lo calmara y sedujera más aún. —Shaoran..., te amo... —Eso sólo bastó para apartarla un poco y mirarla para salir de su asombro—. Te amo —dijo de nuevo.

Xiaolang cerró los ojos, dejando que las palabras lo acariciaran, mientras volvía a abrazarla y la empujaba a su despacho. —Que no me moleste nadie —les dijo a los que se encontraban allí contemplando la escena.

Después, Xiaolang cerró la puerta y echó la llave para tener intimidad. Se fijó en Sakura, que estaba delante de él, y tiró de ella para que volviera a sus brazos mientras se apoyaba en la puerta. Se dejó caer hasta quedar sentado en el suelo y la arrastró a ella, que se puso de rodillas. No tenía fuerzas para mantenerse después de verla allí, de saber que estaba bien. Con sus manos fue palpándola, como si no creyera que fuera real, y al mismo tiempo, comprobó que no estaba herida.

—¿Estás bien? ¿Dónde has estado?

—Estoy bien —respondió sin decirle dónde se había refugiado.

Cuando se tranquilizara y supiera que no iba a matar a Yukito, entonces se lo explicaría, con suavidad y, a poder ser, después de que se sintiera muy feliz.

—¿Cómo estás tú?

—Me parece un sueño. —Le cogió la cara y la miró a sus ojos verdes

—. ¿Eres tú de verdad?

Sakura sonrió y, apoyando las manos en su pecho, se inclinó hacia delante para besarlo y que lo comprobara por sí mismo. Sólo quería que fuera un beso suave, apenas un roce de labios, pero, cuando se produjo, Xiaolang la atrajo hacia él y la besó con furor, con violencia, demostrándole lo desesperado que había estado. Abrió la boca, asaltada por tal intensidad que apenas podía seguirle el ritmo. Su lengua, más sumisa, esperaba la de él, que recorría su boca, sus labios. Sabía a alcohol; seguramente había estado bebiendo.

Intentó empujarlo para que la soltara, pero eso sólo consiguió que la arrimara más a él, aunque sí relajó el beso y empezó a cambiar las sensaciones por unas más placenteras que encendían su cuerpo.

—¿Por qué te fuiste? —le susurró, apartándose de sus labios, pero mirándolos con ojos de lobo a punto de atrapar a su presa.

—Lo siento. Yo... Me entró pánico cuando me dijiste en la playa que...

—¿Que te amaba?

Sakura asintió.

—Pensaba que no te merecías a alguien como yo, y que yo tampoco merecía tu amor. Habías hecho tanto por mí que..., que pensé en alejarme para que vieras las cosas de otro modo. Pero cuanto más me alejaba más pensaba en ti, en el tiempo que pasamos juntos, en la forma en que me

trataste, cómo me mirabas..., cómo me hiciste el amor... —confesó, ruborizada.

—Pensé que me estabas rechazando con tu huida —se sinceró él, que le acarició la mejilla e hizo que se echara sobre él; su corazón latía deprisa

—. Creí que había hecho algo mal; que quizá me había extralimitado, o que tú no sentías nada por el hombre que te había condenado a una vida de apatía. Eso lo podía entender, pero la forma en que te fuiste... Me culpé por no haber puesto la alarma esa noche.

—Lo... siento... —Lloró, acariciándole el pecho—. No..., no podía pensar en condenarte a una vida en la que la gente te mirara de forma extraña por estar conmigo. No quería hacerte pasar por lo que a mí me pasa y pensé que...

La mano de Xiaolang le tapó la boca.—No me importa lo que piensen los demás. Yo no tengo que

demostrarles nada a ellos, sino a ti; que te amo con locura y que, ya sea que tengas veintiocho años o dieciocho, para mí eres Sakura, la mujer de mi vida. Y si tu cara es infantil, entonces yo voy a volver a ser un niño, para estar contigo y jugar.

Sakura rio, dejando que las lágrimas cayeran por sus mejillas y mojaran la camisa de Shaoran, a quien no le importó mecerla mientras los dos calmaban sus corazones ahora que se habían reencontrado. Por primera vez en días, los dos se sintieron cansados y somnolientos. —Te amo —susurró Shaoran.

Ella ronroneó y levantó un poco la cabeza para besarlo en el cuello. —Y yo a ti.

Entonces, Xiaolang la besó en los labios, y le puso una mano en el cuello para dirigirla y la otra en la cintura.

—Te necesito, criatura —masculló entre besos.

—Soy... tuya. Me rindo a ti...

Sakura le echó los brazos al cuello, y fue suficiente invitación para él. La apartó un poco y se puso de pie, y luego la ayudó a levantarse también ella. La guió hacia el interior de su despacho a oscuras. Llegaron hasta una enorme cristalera desde donde se podía ver toda la discoteca y la música se oía de fondo. Xiaolang la abrazó, profesándole caricias y besos delante de ese ventanal. Se recreó en ella, memorizando su silueta, sus gestos, y dejando que el brillo de sus ojos lo embaucara como un loco enamorado.

—Coloca las manos sobre el escritorio, Sakura —le dijo, señalándole un mueble que había junto a la ventana. Ella se lo quedó mirando, pero hizo lo que él le pedía. Puso las manos sobre el metal de la mesa.

—Inclínate.

Cuando estuvo en esa posición, Xiaolang se echó encima de ella, y la besó y le mordió la nuca. Las manos se ocuparon de los pezones, pellizcándolos sobre la ropa y el sujetador. Pronto, sin embargo, apartó esas dos prendas para tocarla más íntimamente, mientras ella se retorcía.

Poco a poco, Sakura iba notando que la erección de él crecía y se frotaba también contra ella. Xiaolangbajó las manos hasta los pantalones, abrió la cremallera y se los quitó junto con su ropa interior; se agachó para sacárselos primero de una pierna, mientras la acariciaba, y luego de la otra. Oyó los jadeos de Sakura, pero no les hizo caso. Desnuda como estaba, notó que cerraba sus piernas y miraba hacia la ventana, un poco cohibida. Sonrió y le acarició los pechos. —Quizá, si nos pillan así, no tendrán motivos para mirarnos de manera extraña, ¿verdad?—

—¡Shaoran! —se quejó ella—. Dime que ese tipo de cristal no permite ver el interior.

—No lo sé... ¿Y si lo comprobamos? —sugirió él, acariciándole las nalgas y abriéndola con su rodilla.

La mano se aproximó a su sexo y apartó los labios para tocarla más profundamente, haciendo que gimiera a causa de ese contacto. De inmediato, notó que se le mojaban los dedos y que ella estaba preparaba; justo a tiempo, pues no podía aguantar más. Se desabrochó los pantalones y se los bajó. Colocándose entre sus piernas, la penetró de un solo golpe. El grito y la presión que ejerció Sakura hizo que se doblegara y se echara encima de ella gruñendo. Se mantuvo quieto mientras ella se adaptaba a su tamaño y le daba más margen de libertad.

—Granuja... —la llamó él cuando empezó a moverse.

—Impaciente —le dijo ella a su vez.

Las embestidas fueron cada vez más rápidas. La sujetaba por la cintura para facilitar el movimiento, pero, de vez en cuando, tomaba entre sus manos los pechos o una de ellas bajaba para acariciarle el clítoris. Llegó un momento en que la obligó a levantarse y quedar recta mientras él la penetraba por detrás, y ese cambio de postura hizo que lo sintiera entrar más profundamente en ella. Notó que la empujaba, pero hasta que el frío no le rozó los pezones no se dio cuenta de que la había llevado hasta la misma ventana. Estaba atrapada; tenía sus manos y los pechos apoyados en el cristal mientras él la penetraba a un ritmo irregular, para no dejar que llegara al precipicio del orgasmo.

—Sakura... —susurró él.

—No nos ven..., ¿verdad? —le preguntó ella entre jadeos. La risa de Xiaolangno la tranquilizó, sino que su cuerpo hirvió por esa vibración.

—¿Y si nos vieran?

Protestó al sentir su pene apretado en la vagina, se separó y la apartó de la ventana. Con una mano, hizo a un lado todo lo que había sobre el escritorio y lo tiró al suelo. Luego, tumbó a Sakura encima y, abriéndole las piernas, empezó de nuevo.

—Aquí el único que ha de mirarte soy yo, Sakura; sólo yo quiero ver la pasión que esconden tus ojos y que me mires así siempre —le dijo, besándola después y aumentando el ritmo. Cuando estaba a punto de correrse, dejó de besarla, se contuvo y la miró; los ojos de ambos estaban muy oscurecidos, por la fiebre de lujuria que los consumía.

—Mírame así, Sakura; mírame siempre así, demostrándome tu éxtasis, aquel al que yo te conduzco.

—Shaoran... —susurró—. ¡Shaoran! —gritó cuando se desencadenó el orgasmo.

Él siguió moviéndose, y una vez sorteada la primera oleada del orgasmo, la llevó al siguiente, y después al tercero, antes de que él explotara en ella y sus jugos se mezclaran. Exhausto, se tumbó encima, y ella, con las fuerzas que le sobraban, lo abrazó.

—Te amo —susurró.

—Te amo, criatura mía —respondió Shaoran, aferrándola más fuerte. A partir de ese momento, él sabría lo que era vivir de verdad. A su lado.

En el bar de la disco Sentado en la barra, Yukito levantó la copa hacia la ventana de cristal que presidía la discoteca, veía el ventanal "polarizado" donde imaginaba la escena que se desarrollaba

—Va por vosotros —dijo, antes de bebérsela de un trago.

Miró a su alrededor y sonrió. Ya tenía a su próxima víctima, un joven de cabello negro alto que bailaba como un ángel (Touya).

Gracias chicas por acompañarme en esta aventura, mañana el epilogo (que si es de mi cosecha porque creo que le hizo falta un final cerrada a la historia si continua bueno solo se borra y ya). Muchas gracias por sus reviews y que les encantara la historia de Kayla leiz

Hasta mañana