AVISOS: Historia creada por dos autoras, kaoru-himura1878 (Kaoru Himura en Amor Yaoi) y Fullbbuster (Fullbuster en Amor Yaoi).

ACTUALIZACIONES: El último domingo de cada mes.

ACLARACIONES: Queremos dejar claro una cosa, esto no es un omegaverse. Leímos las normas sobre lo que es un omegaverse y sinceramente... no nos gusta en absoluto, por eso tanto mi compañera como yo decidimos hacer una historia simplemente de ficción, cogiendo la temática de hombres lobo, así que para dejarlo claro, que nadie se deje llevar por las normas que otros autores hayan puesto sobre el omegaverse, porque no lo es. Para nosotras, ningún lobo nace y muere siendo un omega, ninguno nace y muere siendo un alfa, es una manada de lobos y todos sus miembros pueden ascender y descender de categorías, así que preferimos dejar esto claro, porque no vamos a seguir las normas impuestas por otros autores en referencia al "omegaverse", sino que seguiremos nuestra propia ideología y documentación respecto al tema y cómo funcionan las manadas auténticas de lobos.

En cuanto a actualizaciones, lamentablemente tanto mi compañera como yo estamos algo saturadas y, por tanto, este proyecto tan sólo se podrá actualizar una vez al mes, siendo el último domingo de cada mes. Esperamos la disfrutéis la historia y sobre todo recordad... somos dos autoras escribiendo esta historia, Fullbuster y yo. Un saludo.


Capítulo 10: Enfrentamientos

Gaara estaba cabreado. Lo había estado desde prácticamente la noche anterior cuando se le había pasado un poco el susto que le había dado el idiota de Naruto. Al principio, se había quedado en casa de su amigo y había permanecido al lado de su cama, vigilando y velando por su sueño al igual que los padres del rubio y Kakashi; sin embargo, pasadas unas horas, cuando ya empezaba a ser un poco tarde, tuvo que marcharse, aunque no por voluntad propia.

Flashback

- Gaara – escuchó la dulce voz de Kushina, despertándole del ligero sueño en el que se había sumergido.
- ¿Pasa algo? ¿Le ha ocurrido algo a Naruto? - preguntó enderezándose con rapidez en la silla donde se encontraba debido a la culpa por haberse quedado dormido, y a la preocupación que sintió.
- No, Naruto está bien, sigue descansando – le contestó la pelirroja desviando su mirada hacia el sereno rostro de su hijo – es sólo que ya es tarde. Tus padres deben estar preocupados por ti.
- Saben que estoy aquí. Les avisé que venía a la barbacoa y que llegaría tarde – le explicó.
- Aun así, es tarde, incluso si la fiesta no hubiese terminado antes de tiempo. No es que no agradezca tu preocupación por Naruto, de verdad que lo hago, eres un muy buen amigo, siempre lo has sido, desde que erais pequeños, pero creo que es mejor que vayas a casa. Allí descansarás mejor, además, mañana tienes clase y no puedo permitir que faltes.
- De acuerdo – accedió al darse cuenta de que no tenía nada que hacer contra Kushina. Sabía perfectamente lo cabezota que podía llegar a ser, había sido testigo en numerosas ocasiones por culpa de Naruto.
- Kakashi te acompañará – le comentó la mujer.
- No es necesario, puedo irme solo.
- De eso nada. No voy a dejar que te vayas solo a estas horas, no es seguro, podría pasarte algo. Alguien podría intentar atracarte de camino a casa.

Gaara estuvo tentado de decirle que, si alguien trataba de robarle, el que correría peligro sería el ladrón, quien se arrepentiría de haberle elegido como víctima, pero se guardó ese pensamiento para sí mismo, porque Kushina no tenía ni idea de lo que él y el propio Naruto eran.

- Vale – no le quedó más remedio que seguirle la corriente.
- Bien, entonces iré a avisar a Kakashi. ¿Te importa esperar y vigilar a Naruto mientras lo hago? - le preguntó tratando de hablar con naturalidad, aunque Gaara podía notar la preocupación en su voz.
- En absoluto.

Kushina le sonrió agradecida antes de salir de la habitación de su hijo. En cuanto estuvo solo, Gaara no pudo evitar centrar su mirada en el rostro de su amigo con preocupación. ¡Le había dado un susto de muerte esa noche!

El grito de Sasuke le había alarmado, ya que, por un instante, había creído que les estaban atacando, por eso su instinto fue ponerse en posición de ataque e ir al lado de su alfa para protegerle, pero cuando vio cómo el cuerpo de su alfa y amigo caía como un peso muerto... jamás había estado tan asustado en su vida.

No fue al momento a observar lo que ocurría como el resto de invitados, sino que observó todo a su alrededor con rabia buscando a quien había herido a Naruto, dispuesto a desobedecer una de las enseñanzas de su alfa: evitar matar.

Fue en ese entonces que a sus oídos llegó la conversación entre Minato y Sasuke y se dio cuenta de que nadie les había atacado, sino que Naruto se había desmayado.

Gaara siguió observando el rostro del rubio, aunque su mirada ya no denotaba solamente preocupación, sino que también enfado.

- Eres un cabezota – murmuró malhumorado – has heredado la terquedad de tu madre, pero creo que a niveles tan elevados que llegas a ser un idiota. Creía que habíamos llegado a un acuerdo, que...

Tuvo que interrumpir su monólogo porque oyó que varios pasos pertenecientes a tres personas se acercaban al dormitorio.

- Esta conversación no ha terminado – advirtió el pelirrojo a su amigo como si éste pudiera escucharle.

Justo en el momento en que terminó de pronunciar esas palabras, la puerta del cuarto se abrió.

- Ya he vuelto con Kakashi – le dijo Kushina pasando al interior junto al susodicho.

Detrás de ellos, también venía Minato con un par de tazas de café en las manos. Gaara supuso que serían para él y su esposa, para mantenerse despiertos durante la noche mientras cuidaban de su hijo.

- No he podido convencerla de que descanse, pese a asegurarle que la despertaría si sucediese algo – le comentó a Gaara al notar que éste se había quedado mirando las tazas de café – ya sabes lo terca que es.
- Minato – se quejó su mujer.
- Lo siento, cariño, pero es la verdad – le dijo sonriendo.

Pese a las sonrisas y el ambiente ligero que Minato trataba de crear, todos sabían que en verdad estaba preocupado por Naruto, aunque, de los presentes, solamente Kakashi y Gaara comprendían la extensión de esa preocupación debido a la particular situación de su hijo.

- Será mejor que te acompañe ya, antes de que se haga más tarde – se dirigió Kakashi a Gaara.

El pelirrojo se levantó de la silla donde estaba sentado un poco reticente todavía, pero sabía que tenía las de perder si insistía en quedarse.

- Sólo necesita descansar – le tranquilizó Minato colocando una mano sobre su hombro y sonriéndole – una buena noche de sueño hará que recargue las pilas.
- Vale, pero mañana por la mañana vendré a verle.
- De eso nada – intervino Kushina – ya te he dicho que no voy a permitir que faltes a clase – se puso en modo madre con Gaara – pero puedes venir a comer después y así le haces compañía al cabeza hueca de mi hijo cuando despierte.

Lo dicho, con esa mujer siempre tendría las de perder, por eso no pudo evitar sacar una pequeña sonrisa y asentir la cabeza en señal de que aceptaba su invitación. Dio unos pasos hasta llegar donde se encontraba Kakashi, y tras despedirse ambos de Kushina y Minato, ambos se marcharon.

- No necesito que vengas conmigo – le comentó Gaara a Kakashi una vez se encontraban fuera de la vivienda de los Namikaze.
- Lo sé, sé que puedes defenderte por ti mismo, pero no te acompaño para protegerte, sino para asegurarme de que llegas a casa y no te quedas escondido por el jardín para vigilar a Naruto – le contestó Kakashi.
- Yo no iba... - empezó a decir Gaara ofendido.
- Oh, sí que era tu intención – le cortó Kakashi – yo también he estado en tu situación, más de lo que te puedes imaginar – dijo pensando en las veces que había permanecido en las sombras vigilando y protegiendo a Minato – todos estamos preocupados por Naruto, pero no puedes hacer nada en este instante. Ya mañana podrás echarle la bronca todo lo que quieras.
- No deberías escuchar conversaciones ajenas – le dijo molesto.
- No es mi culpa que no hayas escuchado antes que estábamos subiendo – dijo como si nada Kakashi.
- Eso no te exime de tu culpa – insistió Gaara.
- Lo tendré en cuenta para la próxima vez – le respondió aunque sabía que seguramente no lo cumpliría.

Fin del flashback

Pese a haber cumplido con su palabra de ir a casa, no había podido pegar ojo. Cuando el miedo por lo ocurrido y la preocupación por Naruto se fue disipando, el enfado y la rabia inició su aparición, impidiéndole que lograra conciliar el sueño. Aunque aquello le permitió pensar en todo lo que le soltaría al idiota de su amigo en cuanto lo tuviera enfrente. Por eso, nada más terminar las clases, se metió en su coche y se dirigió hacia la casa del rubio.

Una vez allí, se encontró con el rostro sonriente de Naruto como si no hubiese ocurrido nada y le entraron ganas de pegarle un buen puñetazo, pero se contuvo porque estaban sus padres presentes y le estaban esperando para comer, aunque notó que el otro adolescente se había percatado de su malhumor, puesto que su sonrisa ahora era de nerviosismo y se rascaba la mejilla con el dedo índice.

La comida había pasado con cierta tranquilidad y normalidad, y nada más terminar, ambos se habían excusado y habían subido hasta la habitación del rubio con el pretexto de que debía ponerle al día con los deberes que habían mandado.

Naruto permanecía en silencio observando a Gaara con nerviosismo y cierta culpabilidad. Notaba desde lejos que su amigo estaba enfadado y creía que le iba a regañar por preocuparle debido a no haber tenido cuidado con su salud.

- ¿Por qué no confías en mí? - fue lo primero que escuchó.
- ¿Qué? - aquella pregunta le había pillado desprevenido.
- ¿Por qué no confías en mí? - repitió el pelirrojo con tanta calma que daba miedo.
- Sí lo hago – le contestó confundido.
- Entonces, ¿por qué siempre me apartas? ¿Por qué me echas a un lado y no me dejas que cumpla con mi deber como beta, que te ayude a ocuparte de la manada?
- Eso no es cierto. Yo no...
- Ya estás otra vez mintiéndome, como cuando te pregunté qué te preocupaba hace poco. Me estuviste mintiendo hasta que por fin logré sacarte el tema del beso de Sasuke – le interrumpió molesto.

Naruto se quedó en silencio, sin saber qué decir.

- Si de verdad confiases en mí, no tendría que ir detrás de ti preguntándote las cosas para saber lo que te ocurre, me las contarías directamente.

El rubio no sabía cómo rebatir aquello. Sí confiaba en Gaara, pero...

- Lo de Sasuke no te lo conté porque no sabía cómo ibas a reaccionar y no quería que hubiera más problemas en la manada de las que había.
- Vale, puedo entender lo de Sasuke y más porque parece que te gusta.
- No me gusta – dijo sorprendiéndose a sí mismo por la poca convicción con la que había dicho aquellas palabras, aunque no tenía sentido que así fuera.
- Lo que tú digas, supongo que es algo que tienes que ver tú si es así o no – cedió al ver la confusión que se reflejaban en aquellos ojos azules – pero no es por Sasuke, es por todo lo demás. Siempre has cargado con toda la responsabilidad de la manada, incluso antes de la incorporación del Uchiha. Creía que habíamos llegado a un acuerdo cuando me convertí en tu beta – le reprochó, aunque Naruto pudo ver que Gaara no estaba solamente cabreado sino dolido también.
- Lo sé, lo siento. Supongo que tienes razón, pero es que...

Por unos segundos, Naruto permaneció con la mirada fija en el suelo. El pelirrojo vio que el rubio estaba pensativo, pero también había otro sentimiento más que no lograba descifrar.

- Es sólo que no quiero que salgas herido – se sinceró, aunque aún permanecía cabizbajo impidiendo que el beta pudiera observar sus ojos y lo que estos reflejaban.
- Ni yo quiero que tú lo hagas. No sólo eres mi alfa, también mi amigo y por eso no quiero que te ocurra nada. No tienes ni idea de lo asustado y preocupado que estaba cuando te desmayaste, pero no sólo yo, todos lo estábamos – le alzó la voz sin darse cuenta.

Gaara trató de tranquilizarse; no servía de nada gritar, además, tampoco quería causarles más problemas a los padres del rubio.

- Una cosa es que te sucediera algo por culpa de otra manada, hasta cierto punto es algo que está fuera de nuestro control, pero... que tu salud se vea afectada porque eres un idiota y un cabezota que quiere hacer todo solo no es algo a lo que esté dispuesto, así que vas a cumplir con tu palabra y vas a dejar que cumpla mi papel de beta, delegando en mí y pidiéndome ayuda cuando la necesites.

Naruto sabía que tenía razón, que no podía seguir así y que por su culpa, les había dado un susto de muerte a todos sus seres queridos, pero tenía sus razones para actuar de esa manera, razones que no podía compartir con su amigo. Gaara era muy importante para él y, por eso mismo, se comportaba así.

- No puedo prometerte nada, pero lo intentaré – le dijo para tranquilizarle, aunque en el fondo, sabía que jamás podría cumplir su palabra. Por eso mismo, no se lo prometía.

Pareció que aquellas palabras lograron calmar a Gaara, aunque no fuese lo que deseaba oír. No estaba convencido del todo, siempre había intuido que algo pasaba con Naruto para que actuase de esa manera y, hasta cierto punto, se lo había dejado pasar porque pensaba que cuando estuviese preparado, se lo contaría, pero su paciencia se había agotado. Averiguaría el motivo por el que Naruto no se apoyaba en él como debería, tarde o temprano, aunque no ahora mismo. Por el momento, trataría de quitarle algunas responsabilidades al rubio, quisiera éste o no.

- Llamaré a los demás para decirles que ya estás mejor – le dijo dándole a entender que, por ahora, dejarían el tema así, aunque ambos sabían que la conversación no había acabado.

. . .

¡Kiba! Él era su objetivo, ese chucho mugriento hiperactivo que se creía el más fuerte y la verdad… era que no sabía cómo iba a enfrentarse a él todavía. Era cierto que no controlaba totalmente su poder y no quería decirle nada a Naruto de su plan, sobre todo tras haberle visto desplomarse frente a todos por el agotamiento. Era su culpa y se sentía responsable de ello.

Ese chico había mantenido su liderazgo, ayudando a su manada, yendo a clases, entrenando, socializando y siendo un buen hijo con su familia, estaba siempre ocupado con todo y ahora… sólo le faltaba un novato en su manada por el que debía preocuparse el doble. Había llegado a la extenuación.

- ¿Estás bien? – escuchó la voz de Sai tras él, lo que hizo que casi se cayese del capó de su coche donde estaba sentado.
- ¡Joder! – susurró Sasuke alterado.
- ¿No me digas que no me has oído llegar?
- No, no estaba atento – comentó algo sonrojado al no haberle podido oír.
- ¿Ni olerme? Vamos… tengo un olor peculiar – sonrió Sai.
- Hueles a testosterona pura – le dijo Sasuke algo ofendido.

Pese a las palabras que querían resultar algo hirientes, Sai se lo tomó de la forma incorrecta, casi como un cumplido. Ni siquiera esperó a que Sasuke se recompusiera o le diera permiso, se sentó con rapidez a su lado en el capó del coche, mirando la puesta de sol desde el acantilado.

- Hueles a nervios – dijo Sai.
- Cállate.
- Odias conducir.
- He dicho que te calles.
- ¿Por qué has venido tan lejos conduciendo si lo odias?
- ¿Qué te he dicho?
- ¿Estás practicando? ¿Sin Naruto? La otra vez Naruto te acompañaba para calmar tus nervios.
- Sai – se quejó Sasuke.

Era cierto todo lo que decía ese chico, pero no quería darle información pese a que pareciera saberlo todo de él. Odiaba conducir, no se le daba bien ni le gustaba, acababa de sacarse el carné y su padre insistía en que cogiera el coche todos los días un rato para practicar. Hoy sólo había salido sin rumbo fijo, como siempre, pero había acabado allí, cruzando el bosque y deteniéndose frente al acantilado para contemplar la puesta de sol. Quería estar solo, intentar calmar la culpabilidad que sentía por lo sucedido con Naruto y tratar de pensar un plan para vencer a Kiba.

- Kiba no será tan fácil como yo – le aclaró Sai, esta vez más serio que de costumbre – odia perder y dará todo de él para vencerte. No va a ceder su puesto.
- Lo imaginaba.
- No estás a su nivel – al ver los ojos de Sasuke, se dio cuenta de que esa afilada mirada escondía mucho más tras él, un escalofrío recorrió la columna de Sai – ojo… no quiero decir que no puedas vencerle, creo que tienes mucho potencial, vas a ser grande, Sasuke, muy grande, pero… no tienes el nivel que necesitas para vencerle ahora mismo. Te falta controlar mejor tus instintos. Ni siquiera me has escuchado llegar. Tienes miedo de que tu parte animal te controle y por eso… apenas utilizas tus sentidos.
- Lo hago… cuando Naruto está a mi lado.
- Porque sabes que si ocurre algo y te descontrolas, él te ayudará a volver en ti, pero Naruto no estará siempre a tu lado. En algún momento tendrás que confiar en ti mismo y frenar por tu cuenta.
- No quiero ser una carga para Naruto.
- Naruto siempre se preocupa por todos, no puedes evitar eso de él, está en su naturaleza. Incluso si llegas a beta, seguirá preocupándose por ti.
- Pero entonces, espero que sepa delegar funciones en mí – le insistió Sasuke, volviendo a mirar la puesta de sol – sólo quiero ayudarle.
- No sabes lo que significa ser beta, Sasuke, es un peso demasiado grande. Es… como un segundo líder, que actúa cuando el líder está descansando, que protege a todos cuando el alfa no puede hacerlo, que siempre está bajo las órdenes de su jefe y que es capaz hasta de dar su vida por el alfa, porque sabe que es lo mejor para la manada. El alfa siempre debe sobrevivir, pero es el primero que atacará, así que…
- El beta siempre estará en primera línea, ¿no?
- Si el alfa ataca, tú deberás apoyarle y defenderle todo lo que puedas, eso es un beta, Sasuke. Es… la mano derecha del líder, la persona en la que más confía el alfa, tanto… como hasta para poner su vida en sus manos. Es una carga muy dura y difícil de soportar. Y Naruto no es fácil de manejar, ni siquiera Gaara es capaz de estar lo suficientemente cerca como para que Naruto le cuente todo. Confía en él, pero… no sé cómo explicártelo…
- ¿No están compenetrados?
- Algo así. Se llevan muy bien, pero falta una parte importante entre ellos.

Una parte de él quería creer que Naruto jamás sintió algo por Gaara, pero por las palabras que había utilizado su alfa, algo le decía que no era así. ¿Sentiría aún algo por él? Le había dicho que no ocurrió nada en el pasado, lo que le hacía pensar que ahora ya no sentía nada, pero una parte suya dudaba. Sin pronunciar palabra alguna, se levantó del capó y abrió la puerta del conductor para marcharse. Pensó que quizá en la oscuridad de la noche, podría tener ventaja en la batalla. Siempre le decían que él tenía mejores instintos, debía aprovechar sus puntos fuertes.

Encendió las luces del vehículo y arrancó para volver por el camino de tierra. Condujo despacio y con cuidado, saliendo finalmente de aquella senda para entrar en la carretera asfaltada que cruzaba el bosque. Kiba seguramente estaría saliendo ahora de su entrenamiento de fútbol americano.

¡Odiaba ese deporte! Le resultaba violento y poco atractivo, sin embargo, era uno de los deportes más populares allí en Estados Unidos. Para colmo… Kiba era más alto que él y con mayor musculatura. Todavía no tenía un plan decente para vencerle. Él siempre había practicado la natación, era un deporte donde requería de fuerza y resistencia, sobre todo para aguantar las brazadas en el agua y hacer los largos. Pensó que quizá… él podría ser más rápido que Kiba y cansarle sería una buena opción antes de golpearle.

Al aparcar en el estacionamiento tras el campo de fútbol americano, agachó la cabeza hasta el volante. ¡Él nunca se había peleado! Ni siquiera sabía muy bien cómo hacerlo. Su hermano aún veía algunas peleas de boxeo en la televisión, pero él… él ni eso. Odiaba la violencia y siempre prefirió deportes tranquilos como la natación.

- No puede ser tan difícil, Sasuke – se quejó para sí mismo, intentando espabilarse – un puño detrás del otro y esquivar, no es complicado – se repetía aunque no estaba muy seguro de sí mismo.

Al ver salir a Kiba por la puerta de los vestuarios, abrió la puerta de su coche y caminó hacia él. Por supuesto… Kiba se giró enseguida identificando el olor de Sasuke, más aún… identificando su estado de ánimo y sonriendo al darse cuenta a lo que venía.

- Sasuke… es mejor que no hagas esto – comentó divertido – no estás preparado y no quiero que me llamen abusón por vencer a un novato.
- Quiero pelear contigo.
- ¡Joder, Sasuke! – dejó escapar mientras tiraba la bolsa que llevaba al hombro al suelo - ¿En serio tenías que retarme? Está bien… empecemos entonces, quiero acabar cuanto antes para irme a casa.

Sasuke dejó escapar una sonrisa altanera creyendo que sólo tendría que esquivar sus lentos ataques, pero cuando observó cómo todo su cuerpo empezaba a cambiar, sus garras salían a la luz y sus comillos se activaban en ese morro más lobezno que de humano, le quedó claro que su plan hacía aguas por todos lados. No había pensado en la velocidad adicional que tendría él como lobo y había otro problema… ¡Él no sabía transformarse voluntariamente!

- Oh, mierda – susurró Sasuke al ver la saliva que salía de entre los dientes de Kiba.

En cuanto observó la musculatura de ese medio lobo y medio humano erizarse y contraerse, supo que debía empezar a correr. Por suerte, todo el edificio parecía estar vacío ya, Kiba era el más lento en arreglarse y siempre se quedaba el último. Corrió como alma que lleva el diablo, tratando de esquivar los placajes de ese lobo que le perseguía rompiendo todo a su paso, desgarrando casi de raíz la hierba bajo sus patas.

- Sasuke… deja de correr y pelea – se quejó Kiba al verle entrar hacia el vestuario y cerrar tras él la puerta metálica.

. . .

Naruto miraba por la ventanilla del coche mientras Gaara conducía hacia el campo de fútbol americano. Habían quedado allí para recoger a Kiba e ir a cenar unas hamburguesas. Quería hablar seriamente con él sabiendo lo mal que se llevaban Sasuke y Kiba. Intentar apaciguar las cosas en la manada era su principal objetivo, sin embargo, al llegar al estacionamiento, lo único que observó con sorpresa fue a Sasuke corriendo como "pollo sin cabeza" y a Kiba medio transformado tras él, destrozando algún árbol que se ponía en su camino.

- ¡Oh, mierda! – se quejó Naruto al ver cómo Sasuke se encerraba tras la puerta metálica del edificio, escuchando que sus pisadas seguían alejándose por el pasillo.
- Naruto, espera – le dijo Gaara, agarrando el brazo del rubio antes de que abriera la puerta del coche y saliera tras ellos – no es lo que crees.
- ¿No es Kiba queriendo matar al novato? – preguntó Naruto.
- No… se está conteniendo. Creo que sólo quiere darle una lección a Sasuke – sonrió Gaara – Sasuke le habrá retado a un combate.
- Aun así… no pueden transformarse en medio de un lugar público. Alguien podría verles.
- No hay nadie cerca y Kiba lo sabe. Su olfato es uno de los mejores de la manada. Esperemos un poco a ver qué ocurre, Kiba no le hará nada al novato y quizá Sasuke necesite esta lección. Como omega, está pasando límites que no debería cruzar y tú se lo estás permitiendo. No puedes ser blando con los nuevos y lo sabes, así no aprenden.
- Lo sé, pero… - susurró Naruto sabiendo que había sido demasiado amable con Sasuke.
- Viste lo que Orochimaru le hizo, su miedo y empatizaste con él, lo entiendo, pero somos mitad lobo, Naruto, no puedes ser blando con él, no en algunos momentos como éste. Deja que Kiba se ocupe de él ahora. No te detendré si ves que las cosas se tuercen, podrás intervenir y lo sabes.
- Tienes razón. Sasuke debe empezar a aprender las consecuencias de sus actos. No siempre podré estar a su lado para protegerle. Tiene que aprender a defenderse solo.

Naruto cerró los ojos y se dejó llevar por sus instintos. Podía oler a Kiba y a Sasuke, sabía dónde estaban los dos y casi podía hacerse una idea mental de todo el lugar por los ruidos y el aroma que percibía. Le veía desesperado, pero era algo normal siendo un humano que iba a enfrentarse a un hombre–lobo. Sasuke ni siquiera sabía aún transformarse. También era cierto que él no podía interferir en esas batallas, los omegas debían aprender cual era su sitio y él había sido muy suave con Sasuke hasta la fecha. La manada también le enseñaría y por mucho que le doliera, debía dejarle solo.

Podía escuchar taquillas metálicas que se abrían y cerraban, seguramente Sasuke buscando algo con lo que defenderse y, finalmente, la puerta trasera que se habría dejando salir a Sasuke, quien buscaba un lugar donde esconderse entre unos cubos de basura.

La puerta salió volando casi un minuto después, lanzada con mala leche por un Kiba que se estaba cansando de tener que perseguir a su presa. Kiba siempre había sido impulsivo y eso era su perdición en los combates, debía aprender a calmarse, pero era algo que aprendería con el tiempo y las peleas entre ellos.

Un cubo de basura metálico fue lo que Sasuke le colocó a Kiba en la cabeza para bloquearle la visión, segundos antes de coger el bate que había encontrado entre las taquillas y golpearle con toda la fuerza que pudo en la espalda, rompiendo el bate y observando cómo Kiba se giraba hacia él quitándose el cubo como si ese golpe le hubiera hecho cosquillas.

Naruto se llevó la mano a los ojos. ¡No quería ni verlo! ¿Cómo era posible que se le hubiera ocurrido hacer algo así? Y más con el mal genio de Kiba. ¿Es que no le había enseñado ya a Sasuke que un lobo era más fuerte, rápido y ágil que un humano? Un bate de béisbol no era suficiente para frenar a esa bestia.

- Tío… tienes que enseñarle a transformarse – sonrió Gaara al ver cómo Kiba se lanzaba sobre Sasuke y mordía su cuello, presionando e inmovilizándole.

Sasuke se removía en el suelo, asustado todavía por aquella mordida de la que empezaba a gotear sangre. Aquel fue el momento en que Naruto salió del vehículo pese a que Gaara trató de detenerle.

- Sabes que debe rendirse, Naruto – le dijo Gaara.
- Yo sí, pero no le he enseñado nada de esto a él – le aclaró – no sabe las normas, ni siquiera sabe que debe colocarse en sumisión para evitar más conflicto.

Gaara soltó el brazo de Naruto y esperó junto a las luces del vehículo a que Naruto diera por terminada la pelea. Evidentemente, Kiba era el vencedor claro en todo aquello, pero sólo soltó cuando escuchó a su alfa ordenárselo.

- Él… - intentó hablar Kiba quitando su transformación.
- Sé que te retó y lo has hecho bien. Lo siento, Kiba, no le he enseñado a rendirse aún. ¿Puedes dejarme a solas con él?
- Sí – comentó Kiba, marchándose hacia donde estaba Gaara.
- Ya casi le tenía – comentó Sasuke, cogiéndose el cuello que aún sangraba.
- No, no le tenías ni por asomo. Voy a dejarte una cosa muy clara, Sasuke, un humano no puede igualar el instinto de un lobo, tienes que aprender a transformarte o encontrar trucos humanos para vencer esos instintos, pero no tenías ninguna de las dos cosas. Un bate de béisbol no te salvará – le añadió cogiendo el bate partido y enseñándoselo – y debes aprender a cuándo rendirte. Tienes que aprender a pelear, no a correr.
- ¿Y vas a enseñarme?
- No, Sasuke, no voy a enseñar a un omega que no sabe cuál es su lugar ni cuándo retar a la jerarquía por encima. No estás listo. Ni siquiera sé por qué tienes tanta prisa en ascender.
- No quiero ser el omega, no el novato al que tenéis que cuidar o al que podéis pisotear, yo no voy a ser un perdedor.
- No voy a enseñarte, Sasuke – le añadió Naruto con seriedad, tirando el bate de béisbol al suelo y caminando de nuevo hacia sus compañeros.
- Vale… es por ti – se sinceró Sasuke finalmente, consiguiendo que Naruto frenase pese a que aún le daba la espalda – quiero ayudarte, quiero ser tu beta y que confíes en mí, quiero que no cargues el peso tú solo, sino que lo compartas conmigo. No quiero ver cómo te desmayas de nuevo por tratar de hacer todo tú solo. Quiero ser ese apoyo que te falta – le gritó.
- Te veo mañana en el bosque. Te enseñaré a pelear – le agregó Naruto al ver que finalmente… ese chico había conseguido sincerarse. Tan sólo quería eso de Sasuke… una verdad, su honestidad para entender por qué hacía lo que hacía.