Disclaimer: Ni Glee ni sus personajes me pertenecen. La historia pertenece completamente a Cathryn Fox.
10
El cuerpo exhausto de Quinn quería seguir durmiendo, pero el canto de los pájaros se había colado en sus horas de descanso y se despertó. Abrió los ojos e inmediatamente volvió a cerrarlos, cegada por la intensa luz de la mañana que se filtraba por las cortinas. Se dio la vuelta y trató de conciliar el sueño de nuevo.
Sintió un intenso dolor en todos los músculos de su cuerpo y recordó cierto episodio sexual que había compartido con Rachel.
Afuera, los pájaros continuaron cantando hasta que Quinn ya no pudo estar más despierta. Se desperezó, sabiéndose descansada como hacía mucho tiempo que no se sentía. Miró la hora en el despertador de la mesita de noche e inmediatamente abrió los ojos espantada. ¡Las diez y media! Si lo había puesto a las cinco. ¿Qué demonios había pasado? Se incorporó rápidamente y miró a su alrededor en busca de Rachel.
¿Estaría en el laboratorio? Notó una sensación pesada en la boca del estómago.
Necesitaba hablar con Sugar a toda costa.
Saltó de la cama y sintió el frío suelo de parqué bajo los pies desnudos. Encontró unas zapatillas junto a la mesita de noche y se las puso y luego también se puso una bata de Rachel. Avanzó por el pasillo, peinándose el pelo con los dedos.
— ¿Rach? ¿Estás ahí? —Fue hasta la cocina y allí encontró una nota sobre la mesa.
La leyó, reconociendo inmediatamente su letra. Le había dejado la cafetera encendida y fruta y bollos frescos en la nevera. Lo que siempre desayunaba. Acarició las palabras con los dedos. La asombraba lo atenta y observadora que era con ella, cómo conocía al detalle lo que le gustaba y lo que no. De pronto sonó el teléfono. Quinn siguió el sonido hasta que finalmente encontró el aparato sobre una mesa pequeña.
—Hola. —Se apretó el auricular contra la oreja y empezó a buscar en los armarios de la cocina una taza para el café. Iba a necesitar una buena dosis de cafeína para sobrevivir a aquel día.
—Eh, Quinn. No te he despertado, ¿verdad? —La voz de Rachel llegó hasta el último nervio de su cuerpo.
—No. Estaba a punto de servirme una taza de café.
—Voy de camino a casa y quería saber si necesitas algo.
El corazón le dio un vuelco. Era la forma en que había dicho aquellas palabras, la naturalidad con la que habían salido de su boca. Camino a casa. Quinn imaginó cómo sería compartir una casa, un hogar, con Rachel. Las tardes a solas después de un largo día de trabajo en el laboratorio. Dejarse caer en la cama cada noche y hacer el amor apasionadamente. Luchó contra aquel cúmulo de emociones que pugnaban por apoderarse de ella.
—Necesito hablar con Sugar —consiguió decir al fin, ignorando el nudo que le apretaba la garganta.
—No estoy en el laboratorio. Estoy en el coche, a una manzana del apartamento.
Quinn se mordió el labio inferior.
— ¿Te has inyectado el supresor?
Rachel pareció dudar un segundo antes de responder.
—Sí. —En su voz detectó algo extraño.
— ¿Te ha pinchado Sugar? —preguntó Quinn, aguantando la respiración.
—Sí.
¡Dios!
Trató con todas sus fuerzas de mantener un tono de voz calmado.
— ¿Y cómo… cómo te sientes?
Rachel, ignorando la pregunta, respondió:
— ¿Qué llevas puesto, Quinn? —La excitación era evidente en su voz e hizo que Quinn sintiera pánico… y excitación.
¡Dios mío, seguro que Sugar había intercambiado los viales!
El corazón empezó a latirle con más fuerza y sintió cómo un intenso rubor le cubría las mejillas. Tenía que compartir con Rachel sus sospechas. ¿O no?
—Acabo de aparcar. Ahora subo. —Parecía tan salvaje, tan al límite del abismo.
Quinn colgó el teléfono y corrió al cuarto de baño para refrescarse. El olor de Rachel aún flotaba en el ambiente después de su ducha matinal. Sintió un intenso placer que la recorría por dentro y todo su cuerpo empezó a humedecerse debido a pensamientos sobre qué pasaría si obviara el insignificante detalle de que por las venas de Rachel corría un potenciador de la libido, o si sucumbiera a sus deseos e hiciesen el amor, o si el cuerpo de Rachel estuviera encima del suyo y ella le clavara las uñas en la espalda mientras ella la penetraba. Absorta como estaba en aquellas imágenes, no oyó los pasos de Rachel acercándose, ni tampoco se dio cuenta del tiempo que llevaba observándola.
—Eh, hola.
Quinn se dio la vuelta, se encontró con sus ojos cafés y tomó aire.
—Hola.
Reconocía perfectamente aquella mirada en sus ojos. Era oscura y salvaje como la de un lobo, la mirada de un animal indomable acechando a su presa. Eran los mismos ojos que le habían hecho el amor con los dedos y la lengua. Tragó saliva.
— ¿Estás bien? —El corazón de Quinn latía cada vez con más fuerza y le temblaban las piernas.
Rachel se acercó a ella hasta que pudo sentir la calidez de su cuerpo.
—En realidad, no. —Su voz era como un susurro profundo.
— ¿Qué te pasa? —le preguntó Quinn frunciendo el entrecejo.
Rachel la sujetó por la cintura y la atrajo hacia ella. Luego, con un rápido movimiento, la besó. Quinn notó la erección entre sus piernas y el corazón le dio un vuelco dentro del pecho. Tratando de disimular el placer que sentía, retrocedió un paso y trató de mostrarse como una auténtica profesional.
—Ya veo. —Dios, la deseaba con tanta intensidad que casi resultaba doloroso.
Pero aquello estaba mal, ¿verdad? ¿Cómo podía hacer el amor con Rachel sabiendo lo que Sugar había hecho, sabiendo que en circunstancias normales Rachel nunca se acostaría con ella? Su intento de seducción la noche anterior era una buena prueba de ello.
—Supongo que la dosis no te ha hecho efecto. Tal vez deberíamos ir al laboratorio y realizar unos análisis —sugirió Quinn.
Al ver que se apartaba de ella, Rachel se sintió decepcionada. La sujetó por el codo y tiró de ella. Cuando el cuerpo de Quinn chocó contra el de Rachel, notó cómo todas sus terminaciones nerviosas cobraron vida. Los ojos de Rachel se posaron sobre su boca. Quinn se estremeció de placer y luego se pasó la lengua por los labios.
—Está funcionando, Quinn. Todo está ocurriendo tal y como debe ser. —Su voz se fue dulcificando.
¿Qué querría decir con eso?
—Deja que te haga el amor, preciosa. —El deseo y la pasión desenfrenada le nublaban la mirada.
Dios, tenía que decírselo. Era lo correcto, y también lo más lógico. Rachel le acarició la mejilla con el reverso de los dedos y la miró a los ojos con un deseo sincero y profundo brillando en ellos.
Quinn abrió la boca para hablar, pero no pudo decir nada. Una lujuria incontrolable le recorrió el cuerpo cuando los dedos de Rachel descendieron, hasta detenerse a tan sólo unos centímetros de sus pezones.
De pronto supo que había ido demasiado lejos y que ya no podía negarse el placer de sus besos y de sus caricias. Tal vez no tuvieran futuro juntas, pero al menos les quedaba el presente. Y, por el momento, eso tendría que ser más que suficiente. Lo que estaba a punto de hacer no era lo más inteligente que había hecho en su vida y carecía de moral, pero no pudo detenerse. Después de aquel día nunca más tendría la oportunidad de estar con Rachel. Estiró un brazo y le acarició el cabello, atrayendo la boca de Rachel hacia la suya. Se abrió por completo a ella, en cuerpo y alma. Se desabrochó la bata y dejó que se deslizara por su cuerpo hasta el suelo.
—Hazme el amor, Rachel —le susurró en la boca.
Con la boca ligeramente abierta, Quinn se apretó contra el cuerpo de Rachel mientras le recorría la espalda con las uñas, haciendo vibrar su cuerpo con cada una de sus suaves caricias.
Rachel inclinó la cabeza y cubrió la boca de Quinn con la suya. En cuanto sus labios se tocaron, tuvo que recordarse a sí misma qué tenía que hacerlo para no dejar de respirar. Sintió que el cuerpo de Quinn se relajaba y supo que estaba a punto de volverse loca de deseo.
Hacía tan sólo unos minutos, al girar la esquina y verla allí de pie, tan sensual y tan preciosa, con su bata y sus zapatillas, había tenido la sensación de que alguien le había dado un puñetazo en la boca del estómago. Un deseo animal la poseyó. Quinn era la combinación perfecta de la inocencia y la seducción, una mezcla explosiva que provocaba en ella la necesidad urgente, casi dolorosa, de hacerle el amor.
Sintió que el latido de su erección sobre el cuerpo de Quinn era cada vez más intenso. Le temblaba todo el cuerpo. Llevaba demasiado tiempo esperando aquel momento. Era imposible ignorar la lujuria que corría por sus venas, no perder el control cuando la bestia se apoderara de ella. Necesitaba tomar el cuerpo de Quinn en aquel preciso instante, de forma rápida e implacable. La deseaba tanto que la intensidad del sentimiento le resultaba aterradora.
Se apartó unos centímetros de ella. Con los ojos fijos en su boca, tiró de la camiseta, y a, punto estuvo de perder el conocimiento al sentir la suavidad de sus cabello rubio y húmedos entre sus dedos.
—Dios, Quinn, no llevas bragas. —Estaba mojada, y mucho. Rachel exhaló un suspiro tembloroso y luego le acarició el clítoris, tensándola de placer.
—Me las robaron —respondió Quinn en un susurro.
Rachel deslizó un dedo dentro de Quinn y el cuerpo de ella respondió de inmediato. Era incapaz de disimular sus reacciones. Quería que aquello ocurriera tanto como Rachel.
—Gracias a Dios —murmuró Rachel.
La mirada de Quinn se había vuelto profunda y brillante.
—Rach, llevas demasiada ropa encima —dijo, mientras trataba de quitarle la ropa con manos impacientes—. Necesito tocar tu piel. —Su voz sonó intensa, desesperada.
Rachel retrocedió un paso y se quitó la ropa hasta quedar totalmente desnuda. Quinn bajó la mirada a su entrepierna, desde donde emergía una alarmante erección, y tomó aire. Se pasó la lengua por los labios y le hizo un gesto con el dedo índice para que se acercara.
Avanzando lentamente, Quinn abrió el armario del lavabo, cogió un preservativo y se lo puso. Luego continuó caminando hasta cubrir el espacio que se interponía entre ellas. Sin demasiados miramientos, le subió la camiseta hasta la cintura, rodeó su cuerpo con las manos hasta encontrar las curvas de su trasero y luego la levantó en volandas, con una pierna a cada lado de la cadera.
Quinn jadeó, sorprendida, y se movió contra su cuerpo. Rachel sintió el tacto inconfundible de su sexo abriéndose para ella y acariciándole la punta del pene. De pronto los músculos de su cuerpo se tensaron y sintió que la cabeza le daba vueltas. Había absorbido el calor que emanaba de entre sus piernas.
—Rodéame con las piernas —ordenó.
Quinn obedeció diligentemente y entonces Rachel avanzó dos pasos y apoyó la espalda de ella contra la fría superficie de la pared. El intenso aroma de la excitación le nublaba los sentidos. Estaba a punto de volverse loca de pasión. Un segundo más tarde, su boca caía violentamente sobre la de Quinn, húmeda y hambrienta. La acarició, por todas partes, como si nunca fuera a tener suficiente.
—Quinn, no puedo parar esto —susurró contra la suave piel de su cuello.
—No quiero que lo hagas. —La voz de Quinn, cruda, casi frenética, la llenó de mil emociones distintas. Tragó saliva e intentó continuar.
—Quería que la primera vez que hiciéramos el amor fuera lentamente, con ternura. Te lo mereces.
La respiración de Quinn era cada vez más superficial.
—Ya tendremos tiempo de hacer el amor más tarde, Rachel. Ahora quiero que me folles. —La camiseta se arremolinaba alrededor de su cintura, mientras Quinn se sujetaba a la cadera de Rachel con fuerza. Se contoneó sobre su cuerpo hasta que su sexo se abrió por completo.
Con un gruñido, Rachel le cubrió los pechos con las manos y le acarició los pezones a través de la fina tela de la camiseta.
— ¿Estás segura? Quería asegurarme de que te corrieses tú primero. —Su respiración era también más dificultosa por momentos.
Las mejillas de Quinn se cubrieron de un intenso rubor.
—No te preocupes, me correré, pero ahora, Rach, fóllame, por favor. —Su voz era como una súplica susurrada. Apretó los dientes con fuerza e intensificó la fuerza de sus movimientos. Rachel sintió cómo se abría completamente para ella.
Con poca dulzura, le arrancó la camiseta y embistió con ferocidad. Su sexo se deslizó dentro de ella. Sin darle tiempo a que se acostumbrara, empezó a moverse adelante y atrás, a entrar y salir de entre sus piernas.
Quinn arqueó la espalda y le acarició la cara con los pechos. Rachel atrapó un pezón entre los labios y chupó con deleite, mientras pellizcaba el otro.
—Más… más… por favor… —Dominada por la pasión, Quinn echó la cabeza atrás y gritó su nombre—. ¡Rach!
La embistió con tanta fuerza que los testículos chocaron contra la suave piel de sus nalgas. Por la mirada en sus ojos y el rubor en sus mejillas, era evidente que Quinn estaba a punto de alcanzar el climax.
Quinn cerró los ojos. El corazón de Rachel no dejaba de latir cada vez con más fuerza dentro de su pecho.
—No, preciosa, deja que te mire mientras te corres. Eres tan bonita. Dios, te quiero tanto…
Quinn abrió los ojos y se encontró con los de Rachel. Abrió la boca, pero de ella no salió ningún sonido.
Rachel experimentó una agradable sensación de calidez cuando los músculos de Quinn empezaron a contraerse alrededor de su pene. Quinn deslizó una mano entre sus cuerpos para acariciarse el clítoris, y aquel gesto de abandono arrancó un gemido de la garganta de Rachel. Las delicadas manos de Quinn se movían febrilmente entre sus piernas. Sin salir de ella, empezó a describir movimientos circulares para provocarle el orgasmo. De pronto el cuerpo de Quinn se puso tenso y de su sexo manó un líquido dulce y cálido que abrasó a Rachel.
—Ésta es mi chica.
Excitada por lo que acababa de ver, sintió cómo la sangre bombeaba con fuerza entre sus piernas.
Quinn enterró la cara en su cuello y Rachel sintió su cálido aliento sobre la piel, cubierta de sudor. Embistió de nuevo, cada vez más cerca del abismo, una vez tras otra. Los brazos de Quinn le rodeaban el cuello y sus pechos chocaban contra los suyos. Con un empujón final, se dejó llevar.
Gimió de placer y se quedó inmóvil, incapaz de controlar el orgasmo que estaba experimentando. Quinn tensó los músculos de su sexo a su alrededor, ayudándole a liberar hasta la última gota de su esencia. Fue tan intensa la sensación que Rachel sintió cómo le temblaban las piernas. Cuando todo hubo acabado, exhaló un plácido gemido de satisfacción.
Se quedó inmóvil, dentro de Quinn, durante unos minutos que parecieron horas. Ninguna de las dos habló, concentradas en recuperar el aliento. Finalmente, Quinn rompió el silencio.
— ¿Rach?
— ¿Mmm?
—No me siento las piernas.
Rachel dio un paso atrás y la soltó con suavidad.
—Lo siento —se disculpó.
En cuanto Quinn puso un pie en el suelo, sus piernas empezaron a temblar descontroladas y Rachel deslizó un brazo alrededor de su cintura para ayudarla a mantener el equilibrio, un gesto que ella le agradeció con una sonrisa.
—Creo que necesito sentarme antes de que me caiga al suelo.
Con una fuerza impresionante la levantó en brazos y la llevó hasta el comedor. Con sumo cuidado, la colocó en el sofá y, sentado a su lado, le acarició la cara con ambas manos.
—Quinn, tengo que confesarte algo.
Quinn se mordió el labio.
—Yo también.
—Vale, empieza tú.
10/12
Estamos ya en la recta final, y bueno, ya hubo quienes preguntaron si haría otra adaptación y la verdad, no sé. Y es que estoy en un dilema, tengo dos excelentes libros en vista. Una sería G!P Rachel y la otra G!P Quinn, en mi opinión, ésta última nunca me ha atraído a la hora de leer fics de este tipo, pero he visto que (en su mayoría) los fics con esta temática son G!P Quinn, así que dejaré esa decisión en sus manos. Que por cierto ya tengo dos personas que ya han votado, por lo mismo y dependiendo de su opinión estaré subiendo el primer capítulo a finales de Agosto.
Sin más que decir (por el momento), les deseo que tengan un buen día, saludos.
XO.
