Disclaimer: Shaman King no me pertenece.

Resignándose.

Aún no podía creer lo que había dicho, lo analizaba constantemente y siempre obtenía el mismo resultado. Se reprochaba a sí misma por ello, sin embargo, no se arrepentía ¿Por qué? Ni ella misma lo comprendía.

-Tengo…cosas que hacer-dijo la rubia justificándose para que éste saliera del lugar.

Hao se quedó en silencio, asintió con la cabeza y salió. Era ahora cuando se empezaba a sentir culpable, si antes no, era porque sencillamente no le importaba Yoh en lo más mínimo… o al menos eso pensaba.

El día siguiente fue un poco más tranquilo, salió como siempre a la universidad, no sin antes tomar algo de jugo en lugar de algún alimento, simplemente engañando a su estómago porque no podía detenerse en la concina para preparar algo decente, ya que como todos los días se había levantado tarde.

Aún no sabía porque llevando ya varios años estudiando ahí todavía no se relacionaba con alguien, en fin, tampoco era algo que le importara tanto.

Al término de ésta decidió no pensarlo tanto y buscar algún trabajo, ya que si seguía esperando a su boda con Hao, las deudas crecerían y terminarían por quitarle el departamento junto con algunas cosas más. Así que visitó varias tiendas de prestigio, empresas y hasta instituciones sin obtener resultados.

Caminó un par de horas más por las amplias calles de la ciudad, como si fuera cualquier madre buscando a su hijo. Era Anna Kyouyama, alguien agresiva, decisiva, inteligente, fría y hasta egoísta, sin embargo, eran las mismas circunstancias las que la obligaban a rebajarse a cualquier puesto, al menos hasta que formara parte de la familia Asakura.

Dirigió la mirada hasta una heladería tal vez guiada por el cansancio y el calor, observó que frente a ella y pegado al vidrio había un letrero con la leyenda "se solicita empleada"

-¡No!-se dijo a si misma.- ¿Por qué aquí?-

Maldijo su suerte por haberla conducido hasta ese lugar ¿Por qué no podía encontrar algo mejor? Estaba en la universidad, a punto de terminar y no acabaría trabajando en un negocio…así.

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Andaba en silencio, el cansancio se empezaba a notar en cada uno de sus pies, sólo estaba ella y sus pensamientos difusos y dolorosos, que por más que lo deseaba no se movían de su cabeza. Los ojos se inundaban de lágrimas cada cinco minutos, levantaba la mano y limpiaba de su rostro los residuos de agua salada esperando ver la hora en que desaparecieran por completo.

-¡Tamao!- gritaron del otro lado de la calle esperando una respuesta de parte de la chica.

La peli rosa se paralizó por algunos segundos, sabía que de alguna u otra forma se encontraría con él pero aún así no estaba preparada para enfrentarlo.

-Buenos días-decía mientras la rabia que sentía se mezclaba con una gran amargura.

Trató de avanzar evitándolo casi por completo e intentando llegar a la pensión. Eran incontables los latidos que emergían de su desolado corazón y sin detallar la inmensa fuerza con la que proporcionaba cada palpitar. Aunque no lo quisiera aceptar aún estaba enamorada de él, y eso iba a durar más de lo que ella deseaba.

-¡Espera!-dijo Yoh tomándola del brazo haciendo que se detuviera no sólo por el agarre sino también por tal impresión.

Tamao bajó la cabeza intentando pensar en algo para que la dejase en paz, pero nada…pasaron los segundos y en un total silencio se dispuso a dejar en claro las cosas con el castaño.

-Vine por mi ropa- susurró.

-Bien… ¿podemos hablar?

-Sí

Poco después de soltarla comenzaron a caminar planeando la disculpa que le ofrecería y ella por su parte lloraba en silencio tratando de que no se dieran cuenta.

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-Dígame señorita.

-Vengo por lo del anuncio.

-Permítame-dijo el joven para después dirigirse hacia un grupo de personas.

No podía creer que estuviera ahí, después de estar minutos afuera del establecimiento tomando una decisión, entró. No era el trabajo soñado pero al menos tendría un sueldo con el cual podría pagar la renta de su departamento.

Todo se veía extremadamente limpio, en tonos blancos y morados, que junto con miles de anuncios adornaban el local. Pequeñas mesitas se encontraban adentro y afuera con parejas supuestamente enamoradas, y varias familias degustaban de los productos ahí les ofrecían.

-Disculpe la tardanza-habló un joven atrayendo su atención-Soy Takashi

Takenogushi, el encargado-

Anna, después de haberse presentado, le comentó cierto interés que tenía por trabajar y que estaría dispuesta a hacer lo posible por mantenerlo. Él gustoso de escucharla, la cuestionó acerca de su trabajo anterior…

-Lo dejé-respondió-Tenía que irme fuera de la ciudad-

No sabía si la mentira se reflejaba en su rostro o no, era sólo que no podía decir que la despidieron por faltar tanto al trabajo ya que no la contratarían.

-Entiendo-

La charla no duro más que un par de minutos, él decidido a contratarla le enseñó el lugar y los diferentes artículos que tenían a la venta, así como también los precios, ofertas y demás.

Hasta ese momento la rubia no se encontraba más feliz que al inicio, se sentía cómoda estando en ese lugar, todo parecía ir a la perfección, incluso los empleados parecían felices de estar ahí, aún así el hecho de que ya hubiera conseguido trabajo no significaba que su vida estuviera completa. Ahora se sentía más sola que de costumbre, confusa y trise.

-Ahora te daré el uniforme-

-"¿Uniforme?"-pensó.

Dirigió la mirada hacia los demás fijándose en lo que traían puesto. Cruzó los brazos e intentó hacerse a la idea de que ese era el atuendo que portaría todos los días.

-Te espero mañana-

-¿Mañana?-murmuró.

-Sí, necesito urgentemente alguien que atienda- Ella asintió con la mirada perdida en algún punto del ventanal.

Después de un tiempo Takashi llegó con las prendas y se las mostró para después entregárselas.

Aquello no era nada fuera de lo común, solo traía una blusa blanca de lo más simple y un delantal morado que no le hizo mucha gracia.

-Siéntate- dijo Yoh desinteresadamente mientras se dirigía hacia el otro lado de la habitación trayendo consigo una jarra con algo de agua y dos vasos.

La pensión no se encontraba tan diferente a comparación como cuando la dejó, varios objetos en el suelo dejaban ver lo descuidada que estaba.

-Dígame- lo apresuró con el deseo de irse lo más rápido posible.

Con el tiempo Tamao lo trataba con más confianza, confianza que perdió en cuanto la desilusionó. Con la mirada y la autoestima baja decidió ponerse de pie e ir a buscar sus pertenecías.

-¡Espera!-gritó-Perdóname, nunca debí engañarme-

-Iré a la habitación.-

Se podía sentir la respiración entre cortada por cada uno de los personajes que se hallaban en la escena. Caminaban velozmente y aproximadamente cerca uno del otro. Los pasillos, escaleras y paredes parecían mantener un sabor agrio que despedía la ocasión.

Un no muy ameno diálogo se inició por parte de Yoh, parecieran estar jugando un juego de guerra y éste sería algo corto.

-¡Sólo quiero que me perdones!-alzaba la voz queriendo atraer su atención.

-¿Es eso lo que quiere? ¿Así de fácil?-

-Te estimo mucho- continuó.

-Es algo complicado…-

Él se tomó algo de tiempo para poder pensar en cómo convencerla, mientras, del otro lado de la habitación, llorando y cansada, sacaba cuanta ropa fuera posible de una pequeña cómoda. Pensaba en todo aquello que había pasado y en todos los años que estuvieron juntos y en el "extraño a Anna" cuando esta ya tenía un año de haber partido.

-Lo supe todo este tiempo- dijo haciendo que él volteara a verla.-Sabía que la quería y que la seguía queriendo-

-Perdóname-avanzó poco a poco ofreciéndole la mano en signo de amistad.

-…-ella sólo sonrió respondiéndole el saludo, sabía que no podrían llegar más allá de una simple amistad.

..

La noche fue por demás tranquila, la rubia se quedó dormida entre recuerdos y varios rayos de luna que se colaban por la ventana…

-Buenas tardes-Habló sonriente el encargado sin esperar alguna respuesta de su parte-Después de limpiar puede descansar unos minutos…la gente no suele venir a estas horas-

Anna había tenido un pésimo día, los exámenes se acercaban y ella no había tenido ni un sólo minuto para poder estudiar, y ahí estaba, en su primer día de trabajo, siendo observada por los demás, acompañada por una que otra sonrisa.

-¿Limpiar?-preguntó volviendo en sí.

-Claro, los del turno vespertino tienen que hacer el aseo también.-

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Notas: Primero que nada, una disculpa por haberme tardado, no sabía como continuarlo pero tampoco podía dejar que acumulara más años sin finalizarlo.

Por otro lado me vengo encontrando con una situación que es verdaderamente lamentable, hay una chica que a hecho varios plagios y uno de ellos es de este fic. Su pseudónimo es Annita Vithani y el fic se llama memorias del ayer. Pido su ayuda para reportarla y que lo eliminen, porque no es justo que alguien se mate escribiendo para que de un momento a otro hagan esto.

Gracias por leer.