¡Muy buenas aca-lectores! Ha pasado casi una eternidad desde el último capi, pero en recompensa os traigo uno muy largo y con feels. Espero que os guste.
Nota: La parte en cursiva (entre líneas) es flashback.
Pitch Perfect no me pertenece, solo la idea de este fic.
¡A leer se ha dicho!
A penas un minuto después de que la última Bella se uniera al abrazo, la puerta de la habitación se abrió, y entraron dos enfermeras, una de las cuales era la joven que Beca ya había visto y otra nueva, de edad más avanzada.
- Disculpen - murmuró la más joven, ligeramente abochornada por irrumpir en la habitación en un momento tan íntimo. Allí había claramente más personas de visita de las que estaba permitido pero miró a su compañera deseando que no les llamase la atención. Aquellas mujeres parecían estar muy unidas y afectadas por el momento.
- Tenemos que realizarle unas pruebas - explicó otra enfermera dirigiéndose a Chloe, cuya pelirroja cabeza se dejó ver cuando se apartaron sus amigas.
Las Bellas asintieron en señal de entendimiento y fueron desplazándose hacia la puerta despacio, dedicándoles una mirada de agradecimiento a las enfermeras por no haberlas amonestado por sobrepasar el límite de visitas. Las enfermeras sonrieron con amabilidad en respuesta.
Beca fue la única que no se movió, estaba apoyada en el borde de la cama con su mano aun entrelazada con la de Chloe. Tenía que irse pero una parte de ella se negaba a volver a separarse de la pelirroja, había estado tan cerca de perderla que no podía concebir volver a dejarla sola.
- Señorita - la enfermera mayor se dirigió a ella sin borrar la sonrisa de sus labios, pero con un tono firme - Tiene que irse.
- Beca, cielo - le dijo Chloe llevando la mano a su mejilla - Estoy bien, no te preocupes.
La DJ asintió con resignación y dándole un suave beso en los labios se levantó de la cama. Salió al encuentro de las demás Bellas que acababan de llegar a la sala de espera donde aguardaban también los padres de Chloe, ambos sentados. La mano del hombre reposaba reconfortante sobre la rodilla de su mujer.
Beca se adelantó para explicarles lo que les había dicho la enfermera pero ellos ya habían sido informados. Y más detalladamente, por lo visto. Tenían que hacerle un montón de pruebas y análisis, que si una resonancia, que si un tac... y un montón de cosas de las que Beca no había oído hablar en su vida, todo para estudiar las secuelas a corto y largo plazo que tendría el accidente.
- Chicas, ¿por qué no os vais a casa? - sugirió la Señora Beale después de contar más de diez bostezos seguidos entre las amigas de su hija. Ya era media tarde y las pobres llevaban horas sin dormir - Ahora solo queda esperar.
Después de oponer una débil resistencia, las Bellas acordaron que sería lo mejor. Allí no tenían mucho que aportar y un sueñecito las vendría bien ahora que sabían que su amiga estaba fuera de peligro. Comenzaron a despedirse y la madre de Chloe se acercó a Beca, apartándose de las demás.
- Ve con ellas - le dijo con un tono ligeramente suplicante, consciente de que la joven DJ no se lo pondría fácil - Te avisaremos en cuanto sepamos algo.
- No - la tajante mirada de Beca descartaba cualquier cambio de opinión. Suavizó el tono al ver la cara de preocupación de la Señora Beale - Quiero quedarme, necesito hacerlo, por favor - esta vez era ella la que suplicaba - Quiero mucho a Chloe, muchísimo, necesito estar con ella. Necesito saber que está bien.
La madre de Chloe asintió con un suspiro. Si aquella chica era tan cabezota como su hija la había contado, nada la haría dar su brazo a torcer. Y desde luego no dudaba de sus palabras. No separaría a esa chica de la persona que amaba.
Había pasado aproximadamente una hora desde que las Bellas se habían ido cuando una enfermera les comunicó que podían volver a la habitación de Chloe y que en un momento el médico estaría con ellos.
- ¿Todo bien, cariño? - preguntó Beca con dulzura nada más cruzar el umbral de la puerta.
- Sí, mamá - respondió Chloe riendo. Sus padres sonrieron también, olvidando por un instante porqué estaban allí.
Beca cerró los ojos momentáneamente, dejando que sus oídos disfrutasen de esa risa como si fuera la canción más bonita del mundo. Para ella lo era.
La entrada del médico a la habitación la sacó de ese momento de ensoñación. El silencio se apoderó de la habitación, cubriendo cada rincón con miedo y expectación.
Pasó un minuto y nadie dijo nada. Pasaron dos y tampoco se pronunció palabra. No fue hasta el tercer minuto cuando Beca se dio cuenta de que el médico le miraba fijamente, como si esperase a que hiciera algo. Cuando comprendió a qué esperaba, negó con la cabeza.
- No - dijo sosteniéndole la mirada desafiante. Estaba harta de que no la dejasen estar con su novia - Yo me quedo también.
Eso no pareció convencer al hombre, que buscó la mirada de los padres en busca de aprobación.
- Ella se queda - afirmó Chloe antes de que nadie dijera nada. Su voz era un mero murmullo pero sonó con determinación y Beca sonrío para sus adentros.
- Está bien - se resignó a decir el médico. No era normal que tanta gente se quedase pero era posible que la paciente necesitase a esa chica cuando les comunicase la noticia - Ya tenemos los resultados de las pruebas que le hemos realizado a Chloe - hizo una pausa que aumentó considerablemente la tensión en el ambiente. Decidió empezar por lo fácil - Tal y como habíamos previsto, las fracturas de hueso del radio y fémur son graves pero sanarán sin problema, tendrás que recuperar musculatura y fuerza pero eso es cuestión de rehabilitación - explicó, obteniendo suaves sonrisas de alivio como respuesta - El problema es otro - comenzó. Tan pronto como las palabras salieron de su boca las sonrisas desaparecieron y pudo notar cómo tanto el paciente como los acompañantes contenían la respiración - Cuando el automóvil te arrolló - dijo mirando a Chloe - sufriste un fuerte traumatismo craneoencefálico. Aquí - indicó señalándose una de sus propias sienes. Beca se percató de que era el mismo lugar en el que Chloe tenía la cicatriz de la operación pero no recordaba haber visto ninguna herida antes de que la metieran en el quirófano - El golpe no produjo ninguna lesión externa - aclaró el médico leyendo sus pensamientos - pero sí interna.
Los labios de Beca dejaron escapar un mudo "Oh" y pudo notar que el nudo que hacía rato que había desaparecido, volvía hacerse presente en su garganta.
- Al golpearte la cabeza tu cerebro sufrió una falta de oxígeno prolongada y eso puede afectar de manera irreversible al organismo - hizo una pausa para que fueran procesando la información poco a poco - Esta deficiencia de oxígeno en tu sangre y células se denomina hipoxia.
- ¿Y eso qué consecuencias tiene? - preguntó la señora Beale, mirando nerviosa al médico como si no comprendiera la situación de incertidumbre que estaban viviendo.
- Las secuelas son variadas - afirmó el hombre quitándose las gafas de ver. Aquel gesto asustó a la DJ. En las películas los médicos se quitan las gafas en señal de cercanía a los afectados para dar malas noticias - Pero por las pruebas que hemos realizado lo más probable es que Chloe sufra, sobre todo al principio hasta que su cuerpo se readapte, sensación de falta de aire, ansiedad, mareos y náuseas - explicó con calma. Por su mirada Beca sospechó que eso no era si no la mejor parte. Tenía razón - Pero también tenemos la certeza de que a largo plazo sufrirás una pérdida notable de coordinación muscular.
- ¿De coordinación muscular? - preguntó Chloe con expresión interrogante. No entendía del todo el concepto pero una oscura idea le acababa de pasar por la cabeza y pudo sentir la angustia en su pecho.
- Sí - reafirmó el médico - No es limitante - aclaró tratando de que la noticia no golpease tan fuerte a la familia - Se puede manifestar en temblores, torpeza al andar y falta de coordinación para hacer movimientos complejos en general, como conducir, hacer ejercicio o-
- Bailar - completó Chloe con un murmullo. Su voz sonó firme con un tono tan neutro que a Beca se le puso la piel de gallina - No podré bailar.
Si los ojos de Chloe hubieran sido cristales, se habrían roto en mil pedazos. Sus pupilas azul cielo se humedecieron y con un parpadeo una brillante lágrima descendió por su pálida mejilla.
- Chloe, cielo - dijo su padre acercándose prudentemente a ella - No pasa nada. Podría ser peor.
El señor Beale no lo sabía, pero no debía haber dicho eso.
- ¿Peor, papá? ¡¿Peor?! - preguntó la pelirroja incrédula con un débil chillido. No tenía fuerzas ni para gritar. A Beca se le rompió el corazón cuando una segunda lágrima resbaló por el rostro de su novia.
- Con el tiempo pasará - intentó tranquilizarla el médico, sin llegar a entender del todo cómo podía ser bailar tan importante para alguien, teniendo en cuenta que había sobrevivido a una condición de grave riesgo - Al principio será más duro, de hecho es recomendable que tenga continua compañía. Pero irá mejorando.
- ¿En cuánto tiempo? ¿Meses? ¿Años? - preguntó intentando incorporarse, pero fallando en el intento. Aquello la irritó aún más. Las fuerzas le abandonaban y ella quería salir corriendo de allí, irse lejos, huir.
El silencio del hombre lo dijo todo. Chloe dejó escapar un débil sollozo y comenzó a llorar con mucha más fuerza. Las lágrimas resbalaban hasta su barbilla, goteando en el camisón dejando una huella de agua salada sobre el algodón. Su pecho subía y bajaba a una velocidad vertiginosa y tenía la respiración tan entrecortada que Beca temió que pudiera ahogarse. Aunque lo peor era su llanto, silencioso, pero aun así capaz de llenar toda la habitación.
Beca se mordió el labio. Sabía que no debía intervenir pero no soportaba ver así a Chloe. Solo la había visto llorar una vez y daría lo que fuera por no verla nunca más.
Chloe Beale era una persona feliz. No. Chloe Beale era la persona más feliz que Beca había conocido.
Daba igual qué día de la semana fuera, qué tiempo hiciera, cuántos exámenes tuviese o cuántas horas llevaran ensayando. La pelirroja siempre llevaba una sonrisa dibujada en los labios. Esos carnosos labios rosados que la iluminaban la cara y que cuando se curvaban dejaban ver unos dientes perfectos, blancos como perlas. Hacía menos de un mes que la conocía pero podría jurar que en todo ese tiempo no le había visto fruncir el ceño ni una sola vez. Ni un enfado, ni siquiera una simple mueca, no hablemos de llorar.
Por eso aquel día le pilló por sorpresa.
Era ya bien entrada la noche cuando Beca cruzó la puerta de la casa de las Bellas. Estaban en plenos ensayos para las Regionales y Aubrey las había ofrecido insistentemente, por no decir obligado, a dormir todas juntas para no perder tiempo de prácticas en ir y venir a sus respectivas casas o residencias.
Echó la llave con sumo cuidado, pues lo último que le apetecía era despertar a la rubia para que le echase la bronca por llegar tan tarde de trabajar en la emisora de radio y que le recriminase por luego no estar a tope en los ensayos blablabla... Bastante cansada estaba.
Subió las escaleras de puntillas y entró en su cuarto. Amy dormía como un tronco en la cama de al lado, emitiendo estrepitosos ronquidos cada vez que expulsaba aire por la nariz. Beca sonrió por la imagen y se puso el pijama. Se iba a meter en la cama cuando se dio cuenta de que al cerrar la puerta se había dejado el móvil en la entrada de la casa. Mierda. No podía dejarlo allí, como a Jesse se le ocurriera hacer una llamada para hablar de tonterías, de esas que tanto le gustaban, en mitad de la noche, era mujer muerta.
Se puso los primeros calcetines que pilló a mano para hacer el menor ruido posible y volvió a salir al pasillo. Gracias a Dios, estaba donde lo había dejado así que se lo metió en el bolsillo y subió de nuevo.
Estaba a apenas dos metros de la puerta de su habitación cuando le pareció oír algo en el silencio de la casa. Agudizó el oído. Parecía un murmullo, sollozos más bien. Aguantó la respiración un segundo para esforzarse en encontrar la habitación de la que venía el ruido, fue guiándose a ciegas por el pasillo tanteando pomos de puerta y apoyando la cabeza con sigilo en todas ellas. Todavía no se había aprendido en qué habitación dormía cada Bella y no podía arriesgarse a abrir la puerta equivocada.
No fue hasta que llegó a una de las últimas puertas cuando descubrió exactamente de cual provenía el sonido. No sabía a ciencia cierta a quién se encontraría detrás pero si una amiga suya estaba mal, era su deber ayudarla. Empujó el pomo y abrió la puerta.
En un primer momento pensó que se había equivocado, pues no había nadie en la habitación. Le costó un segundo que sus ojos se adaptasen bien a la oscuridad para poder distinguir a alguien agazapado en la cabecera de la cama. Apoyada en la pared con las piernas encogidas y la cara enterrada entre las rodillas, agitándose débilmente por unos sollozos que no podía controlar, se dejaba ver una pelirroja cabellera.
- ¿Chloe? - preguntó. No era para llamar su atención, sino más bien para asegurarse de que era ella. Sabía que no había otra pelirroja de esas características entre las Bellas pero se encontró a sí misma preguntándose si Chloe podía llorar. Claro que podía llorar. Era humana.
Como si le hubiera leído el pensamiento, Chloe alzó la cabeza. Sus miradas se cruzaron y Beca se encontró con unos brillantes ojos azules, hinchados y ligeramente teñidos de rojo, que parecían romperse por cada segundo que le sostenía la mirada. La DJ apartó la vista, incapaz de soportar tanto dolor reflejado en los ojos de la pelirroja.
- Beca... - murmuró Chloe pasándose las manos a toda prisa por las mejillas, intentando arrastrar las lágrimas.
- ¿Estás bien, Chloe? - preguntó preocupada. No sabía si acercarse o no a la cama así que se quedó a medio camino, indecisa.
- No es nada - aseguró la pelirroja intentando contener el llanto inútilmente. Beca la miró interrogante y no le hizo falta nada más para que se soltara a hablar - Es solo que... He roto con Tom.
Tom. Beca chequeó rápidamente en su memoria. Jugador del equipo de baloncesto, moreno, alto, no muy buenas notas. Tampoco es que fuesen muy en serio pero Chloe parecía contenta con él. Aunque siendo sinceros, Beca no era capaz de juzgar sus propias relaciones, como para juzgar las de los demás.
- Lo siento... - dijo apenada. Iba a dar un paso hacia la cama pero se echó para atrás. Consideraba que su amistad con Chloe ya era suficientemente buena, pero aun así la falta de costumbre a acercarse a las personas le hizo quedarse donde estaba.
- Puedes sentarte si quieres - le ofreció la pelirroja con una sonrisa. A veces la cara de Beca era como un libro abierto, al menos para ella.
La DJ se sorprendió por el ofrecimiento, pero agradecida se sentó en el borde de la cama, a los pies del colchón, en el extremo contrario al que estaba Chloe. La habitación quedó en silencio y Beca no hubiera sabido decir si era cómodo o incómodo.
- ¿Cómo ha sido? - tan pronto como la pregunta salió de sus labios comprendió que había sobrepasado los límites de su confianza. Solo se conocían desde hacía un mes y compartir algo como aquello requería algo más que una docena de ensayos y un par de comidas con las Bellas. A ella le costaría años llegar a ese nivel de complicidad pero por alguna razón de veras le importaba lo que le pasara a la pelirroja. No sabía si era porque era la primera amiga que había tenido en mucho tiempo o porque cantar desnudas en la ducha les había conferido algún tipo de vínculo, pero se sentía unida a ella - No pretendía... No tienes por qué responder.
Chloe la miraba con los ojos muy abiertos, la pregunta le había pillado tan desprevenida que su mente se había quedado en blanco. No se esperaba que la preguntara eso. Y menos aún ella, precisamente. No podía contárselo.
No podía decirle que había sido ella la que había roto con él. No podía confesarle que lo había hecho porque estaba enamorada de otra persona, de otra mujer, de ella. Porque hacía días que no podía pensar en otra cosa que no fuera su voz, sus ojos claros, sus finos labios, toda ella. Por eso mismo tampoco podía desahogarse en su hombro explicándole cómo Tom la había llamado "zorra lesbiana" y cómo casi le levanta la mano si no llega a ser porque estaban en público. Siempre pensó en él como un chico dulce al que podía decirle la verdad pero había descubierto cuan equivocada estaba respecto a cómo se tomaría su bisexualidad. Solo era un homófobo de mierda, como tantos otros que se había cruzado por el camino.
Con esos pensamientos en su mente, las lágrimas volvieron a humedecer sus ojos. Tom le había dicho cosas de las que le costaría recuperarse y ¿para qué? Beca nunca sería suya. La desesperación era tal que la impedía respirar.
Observó la silueta de la mujer sentada a los pies de su cama, dibujada por la luz de la calle que entraba por la ventana en contraste con la oscuridad de la habitación. Era guapísima. E inalcanzable. Un sueño frustrado.
Su sombra se volvió difusa cuando las lágrimas nublaron sus ojos y tuvo que parpadear para que cayeran libres por sus mejillas. Dio gracias a que el cuarto estuviera a oscuras, se sentiría patética se Beca la viera llorar así mirándola a ella.
La pregunta de la DJ sobre qué había pasado seguía flotando en el aire y Beca se sentía más tensa a cada segundo que pasaba. Chloe lloraba silenciosamente al otro lado de la cama, mirando a la nada ¿o era a ella a quién se dirigían sus azules pupilas? Apartó la mirada, confundida. Aquello había sido una mala idea. No podía irse, le haría falta un corazón de hielo para dejar allí a su amiga llorando, además, no quería dejarla, quería quedarse, asegurarse de que estaba bien. Pero Chloe estaba incómoda con ella allí, eso seguro, si no le hubiera contado lo que le pasaba, por qué estaba tan mal.
Mientras se debatía en su fuero interno sobre qué decisión tomar, Chloe se movió hacia ella, gateando a cuatro patas sobre la cama. Se sentó a su lado y sin decir una palabra le cogió la mano, entrelazando sus dedos. Al principio Beca no pudo evitar tensarse por el repentino contacto, pero al ver que las palmas de sus manos encajaban tan bien, como si estuvieran predestinadas para esa posición, se relajó.
- Gracias por pasar, Becs - le agradeció con sinceridad. Ya no lloraba pero su voz era frágil, como si pudiera volverse a romper en un sollozo en cualquier momento.
- Para eso estamos las amigas, ¿no? - respondió la DJ restándole importancia con una sonrisa.
- Para eso están las amigas - repitió en un susurro quebrado. Sus ojos brillaron con tristeza y Beca se preguntó si había dicho algo que pudiera haberla ofendido.
Chloe le soltó la mano para volver a su rincón, y continuar llorando, probablemente, pero Beca hizo algo que no había hecho en su vida. La detuvo. Impidió que se fuera. Por primera vez en lugar de ser ella la que huía de los demás, era la que hacía que se quedaran. Volvió a agarrar la mano de la pelirroja e hizo que se detuviera a medio camino. Sin mucha seguridad en el cuerpo se puso de rodillas sobre el colchón, de modo que quedaba un poco más alta que Chloe, que estaba sentada, pero no mucho dada su baja estatura. Rodeó el cuerpo de su amiga con los brazos y le dio el abrazo más sincero que había dado en sus 19 años de vida.
- Cuando estés preparada, estaré ahí para que me lo cuentes - le susurró al oído a modo de promesa.
Chloe iba a contestar pero las palabras se le atragantaron en forma de un silencioso sollozo. Sin poder contenerse se dejó llevar por la impotencia y lloró, tanto que Beca en seguida notó la humedad en su hombro, traspasando su pijama y llegando hasta su piel. Pero no parecía importarle.
Irónico, le estaba consolando la persona que era la causa de su llanto.
- Quiero estar sola - declaró Chloe con seriedad. Seguían resbalando lágrimas por sus mejillas y muchas más que quedaban por caer.
El médico no lo dudó ni un momento y con una inclinación de cabeza salió de la habitación. Sabía por experiencia que a veces lo mejor era que los pacientes tratasen con sus demonios internos a solas.
- Hija, ¿seguro que...? - comenzó a preguntar la señora Beale. Volvía estar pálida y el dolor por ver sufrir así a su hija se reflejaba en su rostro.
- Por favor - su voz sonaba tan suplicante que parecía que en lugar de estar pidiendo un rato a solas estaba pidiendo piedad por su vida.
Su madre asintió, miró a su marido y ambos salieron de la habitación con paso lento y cabezas bajas. Ahora les tocaba llamar a familiares y amigos cuyas llamadas perdidas y mensajes de ánimo de amontonaban en sus teléfonos. Les tocaba hacer de padres, aunque su hija pensase que no los necesitaba.
En la habitación, con ahora solo dos personas, reinaba el silencio. Beca no quería que le pidiese irse y Chloe no quería tener que pedirle que se fuera. Pero parecía que si hablaban de ello el problema se haría más tangible, más real, y ninguna de ellas podía asumirlo.
- Tengo miedo, Becs - dijo la pelirroja por fin. Seguía llorando, pero ya con menos fuerza. Respirar ya le costaba de por sí bastante trabajo como para además tener que lidiar con el llanto.
Pero su expresión se clavaba en el alma de Beca como un cuchillo. Sus ojos azules estaban apagados y sus labios, siempre dibujando sonrisas, descansaban inertes sobre su rostro. Seguía siendo preciosa, pero eso solo lo hacía más doloroso.
Esta vez la DJ no pudo resistirse y se acercó a su novia. Se apoyó en la cama con cuidado y se reclinó hasta que sus caras quedaron solo a unos centímetros. Sostuvo la cara de la pelirroja entre sus manos y posó los labios sobre su frente, depositando un cariñoso beso.
- Todo va a salir bien - le susurró al oído cuando separó los labios de su suave piel - Yo voy a cuidarte, cielo. Todo va a salir bien - repitió acariciando sus mejillas, aun húmedas - Te lo prometo.
Reprimiendo el impulso de llorar otra vez, Chloe asintió. Todo iría bien si lo afrontaban juntas. Tenía suerte de tenerla.
Beca volvió a poner sus caras a la misma altura y acercándose despacio, la besó en los labios. Sabían salados por todas las lágrimas que habían resbalado por ellos, pero no le molestó, en su lugar se prometió a sí misma que haría lo que fuese para que la mujer a la que estaba besando no volviera a llorar nunca más.
¡Y esto es todo! Espero que os haya gustado. Me gustaría añadir que no soy médico, la hipoxia es real (de hecho tomé la idea de la serie Agents of SHIELD) pero no se produce en casos como el que relato, lo he "adaptado" porque me venía bien el concepto. Mi fic, mis reglas jajajaj ;)
Como siempre, es un placer saber que me estáis leyendo y agradezco de todo corazón todas las opiniones e ideas. Así que ya sabéis, dejadme reviews que me ayudan mucho a la hora de continuar.
¡Hasta la próxima!
