NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE NICK Y CANCIONES DE ARTISTAS Y COPYRIGHT, SOLO ME DIVIERTO AL ESCRIBIR.
¡Hola a todo el mundo!
Aquí les traigo una canción completamente nueva para el fic. Esta es una canción muy bonita, donde básicamente el cantante a través de sus frases deja ver que, sin importar qué pase, será la persona que siempre amará a su chica. Me pareció tan dulce y apropiada para Aang, que no me resistí.
Comentarios:
klan: ¡Hola! Primero que nada, muchas gracias por los halagos, me hacen sonrojas... ahora, "gaang" es como se le llamó al Equipo Avatar en el fandom de inglés, pero terminó siendo "oficial" como podrás darte cuenta xD
Fireeflower: me alegro mucho que te haya gustado, lo sé, esa película es realmente hermosa y la canción más. Me alegro mucho que te haya inspirado y me halaga de sobremanera que te consideres mi fans ¡Gracias! =)
Helenil: al contrario, muchas gracias por leerme y por darme palabras tan llenas de ánimos que me siguen dando ganas e inspiración para escribir y escribir y escribir... xD
Emilia-Romagna: ¡que genial! en mi escuela no asistimos mucho a los torneos, porque suelen ser cuando hay clases; a lo que debes ir obligatoriamente y a participar es a un trote de 5 kilómetros T-T pero bueno, espero que ya hayas recuperado tu voz.
Maryel Tronks: lo sé, fue horrible, yo me hubiera esperado un capítulo más en la serie donde se ampliara el romance y los sentimientos de cada uno de los personajes, eso hubiera sido mejor, no un fin tan... drástico ¡que horror! ni modo... al menos el beso fue hermoso xD
Nieve Taisho: si, esa canción es mi inspiración todos los días, la escuchó y me dan más ganas de vivir (y de escribir xD)
ashlee bravo 199981: jajaja, éste es romántico.
Y muchas gracias a todos los lectores anónimos.
Este capitulo se ubica en el mismo universo de avatar, unos años después de la guerra.
Recomendación.-Escuchen la canción mientras leen, creo que les gustará.
¡Disfruten!
Letra: I
Canción: I'm gonna be (500 miles)
Artista: The Proclaimers.
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But I would walk five hundred miles
And I would walk five hundred more
Just to be the man who walks a thousand miles to fall down at your door
Pero caminaría quinientas millas y caminaría quinientas más
Solo por ser el hombre que caminó mil millas para caer frente a tu puerta
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—¿Me estás diciendo que soy un desconsiderado?—replicó Aang, visiblemente enojado.
—¡Si, eso mismo!—le gritó Katara de frente, enojadísima y con los puños temblándole—¡El más desconsiderado del mundo!
—¡Y aquí va la Maestra de la consideración!—dijo Aang con burla—¿Algo que quiera enseñarme, Si Fu?
—¡Lealtad quizá!—esa palabra golpeó muy duramente a Aang, desarmándolo por un momento—Paciencia, tolerancia… ¿Quieres que siga?
—¿Lealtad? ¿¡Lealtad!?—estalló—¿Ahora soy infiel?
—¡Lárgate con tus ridículas amigas!—Katara señaló la puerta—¡No quiero volver a verte nunca más en mi vida!
—¿Y dejar que esa bola de buscones se te acerque como si nada, a mis espaldas? ¡No estoy tan loco aún!
—No es necesario que sea a tus espaldas. Cuando yo quiera puedo perfectamente abrirles la puerta—sonrió con algo de petulancia.
Vale, quizá se había pasado. Aang cerró los ojos tratando de controlarse.
—¡Lo que me faltaba!—gritó el Avatar, agarrando el planeador que estaba apoyado en la pared.
—¡Si, vete! ¿Qué más importa? ¡Vete con ese club mugroso de niñas engreídas! ¡Me importa un comino!
—¡Y a mi me importará un comino tu estúpido grupo perdedores!
—¡Pues bien!
—¡Bien!
—¡No quiero verte nunca más en mi vida! ¡Ya, largo de mi casa!
—¡Ésta es mi casa!
—¡Largo!
—¡ADIOS!—Gritaron los dos al mismo tiempo.
Aang abrió su planeador y saltó por la ventana lanzándose a un vuelo estrepitoso y lleno de rabia, el viento que generó golpeó directamente el rostro de Katara y ella sintió su cabello despeinarse mientras la borrosa figura se alejaba entre la oscuridad de la noche.
Se alejaba de ella.
¿Pero que le estaba pasando?
Katara se llevó ambas manos a la cabeza tratando de contenerse, pero se echó a llorar pocos segundos después. Caminó a tientas hacia la habitación principal, donde terminó desplomándose sobre el colchón. ¿Cómo habían discutido así? Odiaba gritarle, se odiaba a sí misma por gritarle así y lo odiaba a él por haberse marchado.
No sabía hacer otra cosa ¡Irse, irse, irse! ¡Escapar de los problemas! Maldito Avatar de pacotilla. Estúpido desleal.
—¡Maldito mujeriego!—gritó, lanzando una almohada con todas sus fuerzas hacia la pared—¡Maldito, maldito, maldito estúpido engreído engendro de Aang!
Con cada insulto daba un golpe a puño cerrado hacia el pobre colchón que ni culpa tenía. Una vez que la rabia se fue con los golpes, ella dejó que las lágrimas fluyeran. Pero este llanto era de pura tristeza.
Katara sentía la horrible contradicción de odiar a Aang y al mismo tiempo desear con creces un abrazo suyo.
—Te odio…
Musitó.
Pero ella sabía que solo se mentía a sí misma.
Todo comenzó desde esa mañana.
Habían llegado a Ba Sing Se por una invitación del Rey Tierra. Se haría una enorme fiesta en nombre del primogénito del Rey. Habían pasado seis años desde la guerra. Y aunque la paz aún no era completa, al menos las cosas no se salían de sus manos. Los dos llevaron un noviazgo estable desde entonces, felices de estar uno al lado del otro. Katara no podía quejarse, Aang era una persona realmente sensible que siempre la ponía en primer lugar antes de cualquier necesidad personal y la trataba mejor que a una reina, además, de ser tierno, dulce y detallista.
Pero conforme su relación avanzaba, acorde a los años, ella se sentía frustrada de que no avanzaran. Cuando Aang cumplió los dieciséis, que era considerada la mayoría de edad, se les permitió viajar completamente solos y así habían pasado dos años, de un lado al otro del mundo, disfrutando su romance… pero nada más.
Katara quería formalizar su relación. No había estado segura de cómo tratar ese asunto con Aang. No quería pasarse toda la vida como la novia del Avatar. Quería hacerse llamar su esposa. Quería que él fuera suyo. Quería compartir más allá de lo que ya compartía con él.
Con ese sentimiento resguardado en su interior, Katara se arregló para acudir a la fiesta del Rey en la tarde. Pero mientras iban al Palacio (muy cerca de la casa que el Rey le regaló a Aang) se encontraron con el tumulto desesperante de chicos en la puerta esperándolos para rodearlos de preguntas y halagos.
Ni con el tiempo el club de fanáticas de Aang pudo dispersarse. En realidad, ellas crecían más y más en todas las Naciones. Pero las de las Tribus Agua respetaban a Katara por su linaje de princesa del Polo Sur, y las de la Nación de Fuego tendían a ser discretas. Las de Ba Sing Se no, eran descaradas, les encantaba ponerla furiosa.
Solo que repentinamente todo el Equipo Avatar tuvo sus grupos de admiradores, desde Toph hasta Momo. Y eso incluyo a Katara. El montón de chicos pubertos que la rodaban ansiosos de una sonrisa o un autógrafo enfadada siempre al Avatar, porque esos chicos no escondían sus intenciones lascivas para con la morena Maestra Agua.
La pareja se puso muy tensa cuando debieron prestarles atención al grupo de fanáticos mientras pasaban las puertas del Palacio. Creyeron que la cosa terminaría ahí, pero empeoró. Durante la velada, que se pretendía fuera sencilla, los políticos desde luego llevaron las cosas a niveles inesperados.
Comenzaron diciéndoles lo bien que se veían juntos y la hermosa pareja que eran. Pero después lanzaron preguntas mordaces. Katara odiaba a esos políticos metiches incluso más que Aang, y le causó fastidio descubrir que ni una sola fiesta podían disfrutar los dos en paz.
Uno en particular les preguntó cuándo sería la boda. Katara estrujó sus manos sin poder responder y Aang se echó a reír, diciendo: "¿Boda? No señor, no por ahora" Si eso no fue suficiente para sacarle de quicio, al salir de la fiesta la bola de admiradores estaba ahí. Pero Aang les sonrió a las chicas e incluso saludó a varias con la mano mientras pasaban a la carroza que los llevaría a su casa.
Estalló en gritos.
Quizá se había pasado insultándolo de infiel… bueno, se pasó. Pero ella de verdad se sentía desplazada. Le sacaba de quicio que fuera coqueto, aun cuando lo fuera en broma. Y más aún, que bromeara de semejante forma con su relación.
Seguía acostada en la cama, pero más calmada. Pudo ver entonces detalles alrededor del cuarto que no contempló antes. Muchas veladoras reposaban en diferentes puntos de la habitación, apagadas, pero por los colores juraría que eran aromáticas. Luego estaban flores y pétalos sobre el suelo, incluso unos pocos en las sábanas, siendo aplastados por su cuerpo.
Ella y Aang no habían tenido relaciones en todo ese tiempo ¿Es que de un día al otro el Avatar había decidido cambiar eso? cuando tuvieron la charla, acordaron que lo harían en un momento más especial e íntimo. La mente de Katara comenzó a trabajar tratando de encontrarle algún sentido a esas charlas con la decoración de la habitación.
No pudo.
Si bien Ba Sing Se era una ciudad enorme y poderosa, también podía ser insegura. Los grupos rebeldes que siguieron a la guerra crecían sobre todo en el Reino Tierra, sorprendentemente, más que en la Nación e Fuego. Apenas Katara iba a sacar una conclusión, cuando escuchó el sonido de una explosión.
-o-
Aang tenía su planeador en la mano y miraba furtivamente hacia la ciudad, desde el alto y enorme muro que la protegía. Pelear con Katara era algo que siempre le ponía de malas y además, triste. La quería demasiado como para soportar la idea de que estaban enojados uno con el otro al grado de no poder ni hablarse.
Odiaba dejar las cosas de esa forma, tomar su planeador e irse. Pero desde muy tempranas horas de la fiesta Aang había notado lo tensa que se veía Katara, situación que se agravó cuando salieron del Palacio. En la carroza, sencillamente explotó y él desprevenidamente no supo que hacer con el cúmulo de insultos y reclamos que le fueron lanzados sin misericordia.
Su primer instinto de Maestro Aire hubiera sido callarse y dejar que se desahogara. Pero buena parte de las costumbres Nómadas se le fueron con los entrenamientos de los demás elementos. En la luna llena, con el esplendor de su poder sobre el agua, Aang sintió esa enjundia recorrer sus venas y le reclamó a Katara por sus acusaciones. Fue echarle leña al fuego. La situación se agravó.
Lo demás eran cosas que no quería recordar. Gritos, insultos, reclamos. Siempre era denigrante gritarle a las mujeres, más a las que quieres, y Aang se sentía horrible por haberle gritado a Katara. Más aún, se sintió peor por haberse ido volando, como si la abandonara no solo a ella, si no su relación, sus problemas.
Pero debía acomodar sus ideas y calmar su mente si quería que las cosas mejoraran. Ahora con el fresco viento reconfortándolo podía encontrar la paz que requería el asunto a ser resuelto. Aang no podía llegar a comprender porqué Katara estaba tan enojada. Quizá se había puesto celosa, pero ni idea de porqué ese ataque de celos. Sin fin de veces hablaron el tema de los clubes de fans y creía, al menos, haber llegado a la conclusión de que eran solo eso, clubes. Nada más.
Suspiró. El amor era difícil. Habían pasado por muchos problemas a lo largo de su relación, aunque los sobrellevaban con gran paciencia y dedicación. Pocas veces la discusión era tan fuerte que los debían mantener distancia. Como en esa noche.
¡Y precisamente en esa noche! Esa que había estado tratando de preparar durante meses para ser especial. Cada minucioso momento, cada minucioso detalle. Había hablado de eso con todos sus amigos, incluso pidió consejos a sus vidas pasadas (Roku y Kuruk estaban encantados de ayudarle, aunque Kyoshi se notó un poco molesta de haber sido consultada para un asunto que ella no encontraba del todo… urente) Y, después de todas esas asesorías, creía haber encontrado la manera correcta de llevar a cabo su plan.
Aang se puso de pie con determinación, extendiendo el planeador ¿Cuánto habrían pasado? ¿Dos, tres horas? Katara debía de estar calmada para ese momento, y podrían hablar mejor del tema.
Comenzó a sobrevolar en la ciudad. Aunque era de noche, muchos establecimientos habían prosperado con su política de permanecer abiertos tanto en el día como en la noche. Se detuvo en una florería para comprar un enorme ramo de flores.
El amable muchacho le mostró unos ramos elaborados, paciente con las descripciones del Avatar, hasta que encontraron el idóneo. Apenas Aang lo estaba pagando, sosteniendo en sus manos el ramo con una sonrisa, cuando se escuchó una detonación.
El suelo tembló ligeramente mientras una pequeña hilera de humo se alzó hacia el cielo de color negro.
¿Por qué tenía que provenir de donde estaba su casa?
-o-
Katara cayó al suelo cuando éste tembló por la explosión. Provenía de la entrada ¡Menuda noche estaba resultando! Se miró. Aún llevaba puesto el vestido de gala. Tiró de la falda rompiéndola solo lo suficiente para poder caminar y correr con facilidad. Corrió hacia la puerta del baño que estaba en la misma recámara, encontrando lo que buscaba: palanganas llenas de agua.
Se llevó una buena cantidad del líquido a sus brazos formando tentáculos de agua. Se puso en posición de ataque, esperando al enemigo. Los pasos apresurados resonaban desde el pasillo, una explosión más fue la que abrió la puerta. Un número relativamente pequeño de ninjas vestidos de negro entró en la habitación.
Katara no esperó dos veces antes de lanzarles toda el agua que pudo en un golpe sorpresa que los tomó desprevenidos. Sin darles oportunidad de pensarlo, o siquiera reaccionar, Katara les atizó con látigos de agua mandándolos lejos y congelando a un buen número de hombres contra la pared, dejándolos fuera de combate.
Los ruidos atrajeron al resto de los ninjas que estaban en otras partes de la casa. Pero éstos, que se esperaban ya el ataque de la Maestra Agua, apenas se asomaron a la habitación y lanzaron una bomba hacia Katara. Ella se cubrió con el agua pero la fuerza de la detonación la mandó hacia la pared, haciendo que se estrellara en un golpe doloroso.
Cayó al suelo antes de que una enorme loza de piedra la inmovilizada contra el muro. Miró entonces a los bandoleros. Tenían máscaras cubriendo sus rostros y, al parecer, unos eran Maestros Tierra, pero no todos.
—La Maestra Katara—se mofó uno de los ninjas—¿Tu querido Avatar te ha dejado sola?—los que estaban conscientes, rieron—Gran partido ¿No lo crees?
Su primera reacción fue un enfado inmediato, pero debió contenerse por sus ojos húmedos ante la realidad de que Aang no estaba ahí.
No fue una sensación que experimentó por mucho tiempo. Porque apenas el ninja dio un paso, un temblor y unos pilares de tierra los detuvieron. Aang estaba en el umbral con una mirada que perfectamente podía causar miedo; los demás ninjas se tensaron y comenzaron una pelea que ya estaba perdida desde el principio.
Pero no solo había Maestros Tierra entre los ninjas. Los Maestros Fuego fueron más fieros. Ellos se lanzaron contra el Avatar creando enormes llamaradas. Años de paz no pueden quitar el trauma de haber crecido temiéndole a las llamas y solo de ver el rojo fuego crecer en la habitación puso a Katara en pánico inmediato. Más cuando Aang se aventuró contra el elemento altivo, poderoso… y peligrosamente.
Cuando los ninjas se dieron cuenta que estaban en desventaja absoluta, lanzaron una bomba que abrió hueco en la pared y escaparon por ahí. Katara sintió su opresión de tierra desaparecer y ser remplazados por un par de brazos fornidos.
—¡Katara!—Aang la estrechó contra su pecho, como si nada hubiera pasado, y se separó solo para inspeccionarla de pies a cabeza—¿Estás bien? ¿No te han hecho nada? ¿Estás herida? ¿Qué fue lo que pasó?
Katara asintió primero un poco aturdida.
—Estoy bien—dijo al fin—No lo sé, simplemente escuché la explosión. Creo que fue un atentado en tu contra.
—Raro—rodó los ojos marcando ironía. Pero algo había cambiado en la mirada del Avatar. Sus ojos grises lucían pálidos por pensamientos nuevos y no del todo optimistas que bombardeaban su mente.
—Gracias—le dijo ella—De no haber llegado no sé qué hubiera pasado. Me tomaron completamente por sorpresa.
Katara estaba un poco molesta por ello, pero era la verdad. Aang en cambio, la abrazó nuevamente como quien se aferra a un objeto necesitado. Katara cerró los ojos deleitándose por esa sensación. En momentos así era sencillo recordar porqué amaba tanto a su Maestro Aire.
De repente, los hechos de horas atrás desaparecieron de su mente, haciéndose tan pequeños que no los recordaba. Ella miró el rostro afligido de Aang y se inclinó hacia él, rozando suavemente los labios.
Aang se separó de ella en ese momento, sorprendiéndola.
—¿Qué pasa?—preguntó ella, asustada de que Aang siguiera enojado por lo que habían discutido.
Pero la mente de Aang estaba en otra parte. De reojo, veía cómo los restos de las veladoras y las flores yacían rotas bajo los escombros y cenizas que causaron la batalla. Su propia casa estaba destrozada. Suspiró ¿Era esa la vida que deseaba darle a Katara?
—Yo…
Aang no pudo terminar la oración.
—¡Estás herido!—gritó Katara sorprendida.
El Avatar no había sentido nada aún por la adrenalina, pero sobre su brazo, estaba una quemadura pequeña apenas hinchándose bajo un trozo de ropa quemada. Katara de un hábil movimiento hizo resurgir agua del suelo para posarla sobre su piel enrojecida, tornándose brillosa en el segundo que comenzó a sanarle.
Él sintió la energía que lo curaba y le recordó tremendamente el día en que aprendió, o intentó aprender, de Jeong-Jeong. Ella lo curó de otra quemadura muy parecida. Después de que ella se curó a sí misma por las quemaduras que le ocasionó en la mano.
El brillo desapareció dejando la morena mano en solitario sobre piel sana. Aang agarró la delicada mano de su novia estrechándola con fuerza, alzando los ojos para verla mejor. Los brillantes luceros azules de Katara siempre le quitaban el aliento. Pero ahora, más que en otras ocasiones, por la intensidad de las emociones que estaban viviendo.
—Aang yo…
—Lo siento—le dijo él antes que nada—De verdad lo siento mucho.
—No es algo de lo que tengas toda la culpa—le consoló ella—Yo también tengo mi parte por…
—No, no es de eso sobre lo que hablo—le cortó—Es por ésta noche en general.
Katara entrecerró los ojos ¿Pero qué quería decirle?
—Aang yo…
—Hemos estado juntos por seis años—continuaba el Avatar sin escucharla—Sé que quieres algo más y yo quiero algo más también—cerró los ojos—Pero no sé si pueda vivir conmigo mismo… si lo que te ofrezco, es simplemente esto.
Señaló la habitación desecha.
—Tu mereces algo más que una vida llena de peligros y personas listas para asesinarse—la sola palabra le estremecía—Mereces alguien capaz de darte paz y felicidad.
Bajó la cabeza rindiéndose ante la realidad de que no puede ofrecerle lo que desea darle.
Pero Katara acarició suavemente la mejilla de su novio y le sonrió.
—¿Y qué crees que siento cuando estoy contigo?—le dijo con un tono seductor.—Me lo das todo, Aang. Siempre me lo das todo.
El Avatar sonrió.
—Precisamente ésta noche… de verdad, hay días en los que siento que no te merezco.
Katara se echó a reír.
—Yo soy la que debería pensar en eso.
Pero entonces la mirada de la morena quedó atrapada en un objeto que permanecía en el suelo. Aang, durante la batalla, ni se dio cuenta que se le había caído de sus túnicas. Katara estiró la mano para alcanzarlo y Aang se dio un golpe mental, bajando el rostro por una vergüenza que no lograba comprender.
En cambio, los ojos azules de Katara brillaban de alegría. El collar que sus manos recogieron tenía una banda suave de terciopelo resistente en color azul marino para sostenerla. El dije era completamente circular; un tallado ondulado como las aguas del mar realzaba su color celeste en la base del dije, para que el contraste con azul en unos tallados circulares de la parte superior fuera más impresionante. El Agua y el Aire estaban complicadamente unidos en una danza similar al ying y yang, que formaba un hermoso equilibrio.
Katara tocó el dije hermoso que, para su sorpresa, no era de madera tallada. Era de metal.
Miró a Aang fijamente.
El Avatar tardó en reaccionar, pero al final pudo esbozar una débil sonrisa.
—Se suponía que iba a ser una sorpresa—le dijo—¿Ves que mereces algo mejor?
Pero Katara solamente podía pensar en que Aang iba a proponérsele esa misma noche. Sus ojos se llenaron de lágrimas ante la idea sola.
—¿Quién podría ser mejor que el Avatar?—le dijo, como quien dice una broma verdadera—Aang ¿Por qué nunca me dijiste nada al respecto?
—Te lo dije, quería que fuera una sorpresa—Aang agarró el collar—Tardé mucho tiempo en hacerlo. El metal no siempre es tan maleable.
—Son detalles tan exquisitos—Katara estaba enamorada del diseño.—¿Cómo lo conseguiste?
Él se encogió de hombros.
—Práctica, paciencia… siempre que lo hacia pensaba en tus ojos y en lo importante de que fuera delicado, para que armonizara contigo.
Tanto amor debía ser imposible.
—¿Y me dices que merezco algo más?—le reclamó, pero sin enfado—Aang ¡Tu te sales de las escalas!—se abrazó a él con mucha fuerza—En momentos como estos no sabes cuánto te quiero…
Aang rio y la abrazó con fuerza.
—¿Solo en momentos como estos?—bromeó.
—Vale, te quiero más en momentos como estos.
Los dos rieron sin soltarse.
—Y a todo esto—dijo el Avatar—¿Por qué estabas tan enojada?
Katara se sonrojó.
—Olvídalo, no tenía importancia.
—¿Qué no? ¡Me corriste!—no era un reclamo, Aang lo decía en un tono que hasta lo mostraba divertido—Y varias veces… es más ¿Qué era? ¿Mujeriego, infiel, insensible…?
—No digas más cosas—le reprendió muy avergonzada—Olvidémoslo mejor ¿Quieres?
—¿Es que me queda otra opción?—ella le dio un golpecito en el hombro por la broma.
—¿No lo piensas hacer de la manera formal?—le dijo, señalando hacia el collar que Aang sostenía.
—Claro, Si Fu—Aang apretó la gema en su mano y se separó un poco de Katara. Se puso de pie, ayudándola a que se parara, y después comenzó a hablar—Katara, desde que desperté ese día en el iceberg, que te vi por primera vez, supe que eras una persona especial. Siempre procuré estar contigo. Siempre estoy contigo. No soy la persona más rica, quizá ni el mejor postor de todos los fanáticos que tienes—la miró con son de broma—Pero puedo prometerte que siempre estarán tus necesidades por encima de las mías, que me esforzaré en darte un hogar digno y que te amaré hasta que llegue la muerte a separarnos.
Katara cerró los ojos en un vano intento de no llorar. Pero las lágrimas ya se deslizaban por sus mejillas. Al momento en que los abrió de nuevo, Aang se inclinó frente a ella y estiró su mano, con el collar reposando brillante y hermoso en la palma.
Aang veía la mirada amorosa de Katara. En ese momento, inclinado, con el collar en la mano, el Avatar sentía no que le estaba dando una gema. Tenía su corazón y alma entera a sus pies.
—Yo seré el hombre que haga todo por ti—continuó, incapaz de detenerse—No importa lo absurdo que parezca. Katara ¿Me harías el honor de aceptar ser mi esposa?
Ella se desplomó frente a él besándolo en los labios con pasión y demanda.
—Claro que si—dijo—Si, si, si, si ¡Si!
Se besaron nuevamente, y hubieran seguido besándose de no ser por la policía que siempre llega cuando ya no la necesitas.
¡Tarán!
¿Les gustó? a mi me encanto, ni siquiera estoy segura de dónde salió. Ya había leído fics donde Katara se pone celosa por el club de fans, así que pensé hacer un capítulo donde los dos discuten. Empecé escribiendo la pelea y mis dedos se movieron solos después de eso. Al final, me encantó el resultado xD
¿Qué opinan? ¿Valió la pena?
¡Gracias por leer!
chao!
