¡BegaTormenta del Begadesierto!

—Comienza la cuenta regresiva —anunció Nakuru, presionando el botón que sellaba efectivamente todas las entradas y salidas de los dormitorios. Boris carraspeó—. Ejem… begacomienza la begacuenta begarregresiva. Begatreinta. Begaveintinueve. Begaveintiocho…

—Ese estúpido begaidioma ya me tiene harto —murmuró Tala.

—Begaveintidós. Begaveintiuno. Begaveinte…

—¡Begatodos a sus begaposiciones! —ordenó Boris. El personal, diseminado por las plantas del edificio de los dormitorios, se agrupó. (Dos elementos por cada alumno. Dos alumnos en cada habitación. Les tomaría una semana). El líder de cada escuadrón alistó el "begadispositivo" que anulaba el bloqueo de las puertas por el tiempo suficiente para entrar.

—Begadiez. Beganueve. Begaocho. Begasiete. Begaseis. Begacinco. Begacuatro —los demás elementos de cada escuadrón se dispusieron a entrar—. Begatres. Begados. Begauno.

La campana del reloj sonó doce veces.

Al mismo tiempo, en cuatro pisos distintos, los begadispositivos emitieron un sonido de "bega-ip", los escuadrones entraron, colocaron una funda de almohada en la cabeza de cada alumno en el dormitorio, lo sometieron, salieron con los prisioneros y cerraron. Todo en perfecto silencio.

De ahí, mientras la mitad del escuadrón se quedaba a inspeccionar la habitación, la otra mitad se llevaba a los estudiantes a A.L.L.I.: Algún Lugar Legalmente Inexistente. Un A.L.L.I. por piso. Servían indistintamente como salas de apuestas, interrogatorios, cuartos de tortura y estudios de grabación para Ming-Ming (aunque de estas últimas decir una es la otra).

— · — EN ALGÚN LUGAR DE LA BEGAPREPARATORIA — · —

Las ratas se sobresaltaron. Algo horrible estaba pasando, intuyó Daichi, a quien le comenzaban a apretar los pantalones. Decididamente, estaba engordando.

— · — A.L.L.I. 1 — · —

—Bien, Méndez, hagamos esto rápido —sentenció Miguel, apuntando una luz poderosa hacia la cara del alumno—. ¿Dónde está?

—¡No sé de qué habla!

—¡Sabes perfectamente de qué te estoy hablando! .¡Habla ahora y no te crearé lesiones permanentes, muchachito!

—Pe-pe-pero…

—¡Pero nada! .¿DÓNDE ESTÁ? —insistió Miguel, dando un porrazo a la mesa.

—¡EN EL ASILO ARKHAM! —gritó Méndez por fin.

—¿El asilo Arkham? —repitió Hiro, al intercambiar una mirada con Miguel, quien suspiró.

—Daniel…

—¡DANIEL! .¡DANIEEEEEEEEEL! .¡ES UNA TRAMPAA! —comenzó a clamar Méndez, fuera de sí.

—No vamos a sacar nada de él —sentenció Miguel, arrojándole un cubetazo de agua fría para después aporrearlo con la cubeta en sí.

— · — A.L.L.I. 2 — · —

—Así que… Sanguinex. Estás muerto, .¿no? .¿Y lo único que te mantiene con vida es la sangre humana? —preguntó Mistel, burlón.

—Eso mismo —asintió el interrogado con una digna calma.

—Supongo que eso te da una ventaja. No podemos matarte… tan fácilmente.

—Eso mismo.

—Tsk tsk tsk. No del todo —intervino Jenny—. Al fin y al cabo, es mejor un final horrible que horrores sin final —hubo un silencio tras el cual agregó—. Excepto en el caso del juego para GBA de Pirates of the Caribean: Curse of the Black Pearl, porque el final es decididamente un asco. ¿Creerás que tras vencer DOS VECES SEGUIDAS a un Barbossa asquerosamente fácil te vienes a enterar de que el Jack sin barba y que no corre chistosamente que protagoniza el juego comienza a pensar en dejar la piratería? .¡Como si no fuera suficiente que se pusiera al servicio de la corona inglesa en un momento del juego! Me recuerda a cuando en Earthbound

Y así, comenzaron una conversación altamente friki. Sanguinex se quedó de una pieza al ver a Mistel poniendo atención genuinamente.

—¡BASTA! —prorrumpió tras siete minutos, justo cuando iban a la mitad del siempre gratificante tema "Los finales del Chrono Trigger"—. ¡SÓLO DIGANME PORQUÉ RAYOS ESTOY AQUÍ!

—Ah, eso —Mistel y Jenny intercambiaron una mirada que denotaba a las claras que no se acordaban.

Todo lo cual tenía como único propósito el desesperarlo. A él y a Lupinex, que esperaba el momento en que lo interrogaran sin poder ver ni oír nada.

— · — A.L.L.I. 3 — · —

—Comenzamos —anunció Claude, accionando la grabadora que estaba sobre el escritorio. ¿Eres Hilary?

—¿Acaso no lo sabes después de todos los reportes que me han puesto?

—Limítate a contestar.

—Sí —el rencor era notorio, hasta para alguien con un cero en inteligencia personal.

—¿Estudias en la clase IB-RA de la BegaPreparatoria para BegaProfesionales?

—Eso intento.

—Bastante mal, por cierto, porque apenas va una semana de clases y ya reprobaste el primer parcial.

—Gracias a ustedes.

—De nada. ¿Dónde está Daichi?

—No lo sé.

—¿Lo ayudaste a escapar?

—No.

—Deja de mentir

—No miento.

Garland carraspeó.

—¿Puedo intentarlo? —Claude asintió y le cedió el puesto—. Bien, Hilary… ¿dónde estabas la tarde del miércoles pasado?

—En mi habitación, cumpliendo mi susp…

—¿Alguien puede confirmarlo?

—Eh…

—¿Y la noche del día anterior?

—En mi hab…

—¿Hace quince minutos?

—En mi…

—¿Qué comiste el viernes pasado a mediodía?

—Eh…

—¿Cuál fue la tarea de matemáticas del martes? .¿Cuáles discos te han prestado y no has devuelto? .¿Cuántas chupadas para llegar al centro de una paleta de caramelo macizo con relleno chicloso? .¿Dónde está Daichi? .¿Tenedor o cuchara? .¿Café o Té? .¿Vino o cerveza? .¿Dónde está Daichi? .¿Viruta o Capulina? .¿Cuál es la raíz cúbica de 29? .¿Quién mató a Kaji? .¿Dónde está Daichi? .¿Cómo se llamaba tu tatarabuela paterna? .¿Qué hay que hacer para revertir el calentamiento global? .¿Qué tiene pico pero no pica, alas pero no vuela y patas pero no corre? .¿Dónde está Daichi? .¿Porqué te gusta Tyson? .¿Porqué la novia de mi primo Walberto lo llama Pepe? .¿Cuál es la receta secreta? .¿DÓNDE ESTÁ DAICHI?

Claude lo detuvo en este punto. Hilary se había desmayado por falta de aire. Había intentado responder a todas las preguntas, fracasando miserablemente (¡premio para el que las conteste!).

— · — A.L.L.I. 4 — · —

—Bien, Max… hagamos esto rápido y sin dolor. ¿Dónde está Daichi?

—Les digo que le preguntemos a las ratas —interrumpió Brooklyn, antes de que el rubio contestara.

—Ay, cosita —respondió Nakuru enternecida, para acto seguido volver a concentrarse en Max—. ¿Y bien?

—No lo sé.

—¿Comentó algo sobre escapar de la Begapreparatoria?

—Mmmh… no creo.

—Eres tan cooperativo como una rata, Max —sonrió Brooklyn—. Eso es bueno.

—… ¡demasiado cooperativo! —exclamó Nakuru, como herida por el rayo—. ¡Lo que quiere decir que mientes a propósito para ocultar la verdad!

—Eeeh… —Max parpadeó, confundido.

— · — EN LA HABITACIÓN DE MÉNDEZ Y SU COMPAÑERO SIN NOMBRE — · —

—Mmmh… parece que está limpio —comentó Crusher, revisando uno de los cajones.

—No parecen ser demasiado subversivos… —asintió Matilda, pero se detuvo al notar que una de las tablas de la tarima de la cama estaba floja. La levantó—. ¡Por todos los cielos!

Había encontrado una colección completísima de todos los números de "El Informante Nocturno", un periodiquillo subversivo que aparecía mes a mes entre los Begapreparatorianos. Los prefectos casi enloquecían buscando la fuente, y las investigaciones estaban estancadas.

— · — EN LA HABITACIÓN DE SANGUINEX Y LUPINEX — · —

—Parece que alguien es hemofílico —comentó Aron, extrayendo de un pequeño refrigerador un montón de bolsas de sangre.

—Mmmmf… más bien ven demasiadas películas —replicó el buen camarada Kai, al notar que eran de distintos tipos sanguíneos.

—¿Serán satánicos? —se asombró Aron, al encontrar una especie de pergamino viejo intitulado "Nod".

—O jugaban mucho rol… ¡.¿Qué demonios?.!

El buen camarada Kai había encontrado un cadáver en el clóset.

—Mmmh… parece el viejo Haussalheff —dictaminó Aron—. Desapareció del pueblo el fin de semana pasado.

Con un escalofrío, cerraron el ropero y siguieron buscando.

— · — EN LA HABITACIÓN DE HILARY Y ALGUNA DESDICHADA CREATURA — · —

—Iiiiig, shoujo manga.

—Más Iiiiiiiiiiiig, yaoi lemmon.

—Iiiiiiiiiiiiiiig al infinito, fotos de Tyson.

—Iiiiiiiiiiiiiig al infinito al cuadrado, un altar para Tyson.

—IIIIiiiiiiiiiiiiiiiiggg…

Con sumo asco y cautela, Bryan e Ian siguieron inspeccionando el cuarto.

— · — EN LA HABITACIÓN DE MAX Y RICK — · —

—Mmmmh… parecen normales —dictaminó Spencer, registrando el cuarto muy ligeramente.

—No deberíamos hacer esta clase de cosas —insistió Tala.

—Mira, si vas a estar así hasta que acabemos con esto, le diré a Boris que "begas en begadesacato". Aburres.

La operación siguió su curso.

— · — A.L.L.I. 2 — · —

—Así que… ¿sobre ti pesa una maldición milenaria que te da poder pero te quita control y hace que las pulgas te ataquen, Lupinex? —preguntó Mistel. Sanguinex, desesperado por su estúpida conversación, se había clavado una estaca en el corazón, lo que habían encontrado muy útil. Flint apuntaba con una pistola a Lupinex.

—Algo así —gruñó el interrogado.

—¿Y podría ser que en una noche de luna llena hayas ayudado a Daichi a escapar o te lo hayas comido?

—Sólo llevamos una semana aquí, y no ha habido luna llena.

—Ah, esa es una coartada muy débil, porque igual podrías haber decidido desaparecerlo cualquier otra noche.

—¿Planean culparme de…?

—¡No, por supuesto que no!

—¡Ni por medio segundo eso ha pasado por…! —comenzó Jenny, pero se detuvo y se llevó una mano al oído—. Aquí Albatros. Sí, Correcaminos está conmigo. ¿Qué recondenada cosa…?

Lupinex decidió aprovechar el momento para atacar y salvarse a sí mismo y a su hermano. Se lanzó decididamente sobre Jenny, quien como si no pasara nada se quitó y siguió discutiendo con quien fuera que fuera "Fénix" por el auricular. Tampoco se dio cuenta cuando Mistel le quitó el arma y la usó para lanzarle un chorro de agua a Lupinex.

—Quieto, chucho.

—¿Eh? .¿No que disparaba balas de plata?

—Je, te la creíste.

—Ajá. Ajá. Copiado, Fénix. Los alcanzaremos en Beta-1 en 280 segundos —se quitó la mano del oído y se volvió a Mistel y Lupinex—. ¿No me puedo distraer un segundo sin que hagas un desastre?

—¡No eres nadie para reclamarme eso! .¿A qué tanta comadreada a medio interrogatorio?

—Dice Fénix que es "Hora de devolver los peces al estanque". Creo que Zopilote gritaba "¡SANGRE!" o algo así.

—Pues habrá que hacerle caso a Fénix, .¿no? —gruñó Mistel, apresaron a Lupinex y los arrastraron a él y a Sanguinex de regreso a su habitación, donde el buen camarada Kai volvió a activar el begadispositivo y los arrojaron dentro.

—Mmmf… a la siguiente —bufó el buen camarada Kai, malhumorado, viendo un plano. Volvieron a tomar posiciones frente a la puerta siguiente y el proceso se repitió.

— · — A.L.L.I. 3 — · —

—Aquí Pájaro Carpintero —respondió Garland de mala gana, interrumpiendo su interrogatorio a la desdichada muchacha que tenía que compartir el cuarto con Hilary—. Ah, eso. Bien —se volvió hacia Claude—. Que las regresemos.

—Mmh, ya me parecía a mí.

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Estaba Nakuru en un interesantísimo duelo psicológico contra Rick, cuando Brooklyn oyó voces.

—Sí, aquí Cisne. Ah. De acuerdo —se levantó y le dio un golpecito a Nakuru en el hombro—. Que ya.

—Está bien —se volvió hacia Rick—. ¡Pero ni creas que hemos acabado! —bramó, y le dio un martillazo para dejarlo inconsciente.

—¿Porqué hiciste eso?

—Para poder regresarlo sin problemas. Es muy latoso.

— · — EN ALGÚN LUGAR DE LA BEGAPREPARATORIA — · —

Las ratas comenzaron a reunirse alrededor de Daichi. Sea lo que fuera que estuviera pasando, mejor sería seguir con su propio plan antes de que fuera imposible.

Pero llevaban ventaja. Su operación "Cochinito" ya estaba en la última etapa.

Daichi estaba gordito y jugoso.

— · — A.L.L.I. 1 — · —

—Habla, Enrique —instó Hiro.

—No sin mi abogado.

—¿Cuántas veces tenemos que repetir que esto es un estado de emergencia y tus derechos civiles están suspendidos? —espetó Miguel.

—Las que sean necesarias para que se harten y me dejen llamar a mi abogado.

Hiro y Miguel intercambiaron una mirada y suspiraron con resignación.

—Bien, dejemos lo del interrogatorio. Pero no podemos regresarte hasta que nos avisen, así que… ¿alguien juega ajedrez?

—Yo.

—¡Ah, eso va a ser muy aburrido! —exclamó Enrique—. ¡Prefiero el interrogatorio!

—Bien —sonrió Miguel—. ¿Dónde estabas el lunes pasado…?

— · — A.L.L.I. 2 — · —

—Increíble —comentaron Mistel y Jenny tras haber mirado fijamente a Mariam por espacio de un minuto.

—¿Qué?

—No tiene pupilas… genial…

—Zorrales… ¡Debe ser un mutante! —dictaminó la prefecta con celeridad.

—¡Genial! Ah, espera… entonces no deberías estar aquí, sino en el Instituto Charles Xavier para Jóvenes Superdotados.

—Iiiig, y yo creía que BegaPreparatoria para BegaProfesionales era un nombre largo.

—MMmh… el nombre del Xavier tiene 14, y…

—¿Catorce? .¿Qué no son 17?

—A ver, a ver… Ins-ti-tu-to, 4. Charles, 1. Xa-vier, 2. Pa-ra, 2. Jó-ve-nes, 3. Su-per-do-ta-dos, 5. Cuatro y uno, cinco. Cinco y dos, siete. Siete y dos, nueve. Nueve y tres, once. Once y cinco, dieciséis.

—Bega, no sabemos contar. Be-ga-Pre-pa-ra-to-ria, 7. Pa-ra, 2. Be-ga-Pro-fe-sio-na-les, 7. Siete y dos, nueve. Nueve y siete, dieciséis.

—Entonces es un empate.

—¡Basta! .¿PARA QUÉ ME TRAJERON AQUÍ?

—Ah, eso… ¿para qué era?

—Creo que necesitábamos su opinión para algo muy importante.

—¿Importante…?

—Muy importante.

—¡Ah, ya! Mariam, .¿cuál color crees que le iría bien a las cortinas de la BegaPreparatoria?

(Insértese media hora de charla intrascendental aquí)

—¡Ah, no era eso tampoco! —soltó Mistel, dándose un golpe en la frente—. ¿Qué sería? Algo de "Dai…"

—Piccolo Dai Maku.

—No, eso no. Dai…

—¡DAICHI! —completó Mariam, desesperada—. ¡No tengo idea de dónde esté! .¿Ya puedo irme?

—La verdad, no.

— · — A.L.L.I. 3 — · —

—¿Eres Ozuma, del EB-BT?

—Sí.

—¿Está en tu salón un tal Daichi?

—Eso creo.

—¿Dónde está Daichi?

—No sé.

—No mientas.

—No miento.

—En serio, Claude, tu método no da resultado.

—Oh, cállate.

— · — A.L.L.I. 4 — · —

—No importa lo que hagan, no voy a hablar —declaró Rey.

—Mucho mejor. No hay forma de que tú sepas nada que nos interese —declaró Nakuru, abriendo una revista.

—Mejor me voy a preguntarle a una rata —manifestó Brooklyn, haciendo ademán de levantarse.

—Que no puedes hacer eso.

—Pero…

—¡Pero nada! Además, si quieres hablar con una rata, ahí está ese inútil.

—¿Rata? —repitió Rey.

—¿Porqué?

—Está en todas las grabaciones. El muy imbécil se la pasa robándose a sí mismo los calcetines. Mira.

Sacó un control remoto, encendió el monitor a su derecha, y puso una grabación de Rey entrando de puntillas a un cuarto para después abrir un cajón, sacar unos calcetines, salir de puntillas, volver a entrar riéndose maléficamente, abrir el cajón inferior al que había abierto en un principio, meter los calcetines en él y volver a reír maléficamente.

—Patético, si me preguntan.

— · — A.L.L.I. 1 — · —

—Suéltalo ya, Raúl —espetó Miguel, amenazante, enfocando el súper-foco a los ojos de Raúl.

—¿Qué cosa? —preguntó él, entrecerrando los ojos.

—Daichi.

—No sé dónde está.

—¡No mientas!

—¡Será mejor que hables ahora que puedes! —arremetió Hiro, mostrándole unas tijeras para podar.

—Caramba, Hiro, no hay que ser salvajes —comentó Miguel, sacando un soldador.

Dos segundos después, Raúl estaba llorando tanto que no tuvieron corazón para seguir.

— · — A.L.L.I. 2 — · —

—Oye, Salima —comenzó Jenny muy seria—. ¿Tu color de cabello es natural?

—¿Eh?

—Yo creo que no —comentó Mistel.

—Je, tú no puedes decir nada, "güerito".

— · — A.L.L.I. 3 — · —

—¿Dónde está Daichi?

—¡Eso díganmelo ustedes! —exclamó Tyson.

—¿Dónde está Daichi?

—¡Que no lo sé?

—¿Dónde está Daichi?

—¡Acaso…!

—¿Dónde está Daichi?

—¿Es…?

—¿Dónde está Daichi?

—¡A…

—¿Dónde está Daichi? .¿Dónde está Daichi? .¿Dónde está Daichi? .¿Dónde está Daichi? .¿Dónde está Daichi? .¿Dónde está Daichi? .¿Dónde está Daichi? .¿Dónde está Daichi? .¿Dónde está Daichi? .¿Dónde está Daichi? .¿Dónde está Daichi? .¿Dónde está Daichi? .¿Dónde está Daichi? .¿Dónde está Daichi? .¿Dónde está Daichi? .¿Dónde está Daichi? .¿Dónde está Daichi? .¿Dónde está Daichi? .¿Dónde está Daichi? .¿Dónde está Daichi? .¿Dónde está Daichi? .¿Dónde está Daichi? .¿Dónde está Daichi? .¿Dónde está Daichi? .¿Dónde está Daichi? .¿Dónde está Daichi? .¿Dónde está Daichi? .¿Dónde está Daichi? .¿Dónde está Daichi? .¿Dónde está Daichi? ¿DÓNDE ESTÁ DAICHI?

—Que no sé.

—Tu técnica tampoco funciona, Garland —le restregó Claude, burlón.

— · — A.L.L.I. 4 — · —

—Zeo, yo sé que tú eres un buen robot —comenzó Nakuru—. Así que, dime: .¿dónde está Daichi?

—No sé.

—¿Seguro?

—Seguro.

—Bien, te creo.

—No deberías ser blanda sólo porque crees que es lindo —comentó Brooklyn.

Nakuru iba a reñir con él, pero lo encontró tan lindo que cambió de idea y decidió desquitarse con Jenny (o mejor con Hilary) más adelante.

Tres días después, para alivio de todos, la operación BegaTormenta del BegaDesierto estaba completa.

Apéndice: El recuento de los daños.

— · — EN LA SALA DE MAESTROS — · —

—Begaprocedan —indicó Boris. Hiro carraspeó y se puso en pie.

—El begaescuadrón Alfa begaconfiscó begatrescientos cuarenta y dos begaejemplares del "Informante Nocturno", además de begahaber begalocalizado y begaerradicado su begafuente. Respecto al begaobjetivo begaprincipal, los begalumnos de la begaclase EB-BT, begaencontramos que los White Tigers begaescondían begaplantas de begadudosos begaefectos, al igual que los Saint Shields.

—El escuadrón Beta —comenzó el buen camarada Kai, mandando al cuerno el begarruso—, encontró cadáveres en los cuartos de los Dark Bladers y metanfetaminas en los de los Psychics, además de cantidades industriales de peróxido de hidrógeno.

—El begaescuadrón Gama no begaencontró nada begaincriminatorio entre los Bladebreakers o la Dinastía F —informó Claude sin ningún apasionamiento.

—El begaescuadrón Delta begaencontró begapiezas de begarrecambio begailegales en el begacuarto de Zeo y Gordon, begapruebas de begafraude en el de Rey y Reina, begalujos no begapermitidos en los de los Majestics y metanfetaminas en los de los All-Starz.

—Y por lo que begadicen, ni begaseñales de Daichi —bufó Boris, molesto, cuando Nakuru se sentó—. Esto es begaintolerable.

—Si se me permite una sugerencia… —comenzó Brooklyn—. Deberíamos preguntarle a las ratas.

—Ya se te begaha begadicho que eso es begaestúpido —espetó Boris, suspiró y se levantó—. Begadecreto begaterminada la begaoperación. Begaliberen a los begaestudiantes y begavigílenlos begaestrechamente. Que los Begaprefectos begavayan a begainvestigar al begapueblo.

—Trabajo, trabajo, trabajo. Lo odio, lo odio, lo odio —murmuró Jenny por lo bajo cuando Boris se fue. Nakuru le dio un zape.

—No te estés quejando.