Capítulo 10. No estás aquí.
Nadeshiko, Yukito y la Sociedad Naranja fueron corriendo por los pasillos del hospital al área donde le habían dicho que atendían a Sakura. Cuando abrieron la puerta, vieron una gran sala con un montón de camas. No había muchos pacientes. Cuando entraron, se tranquilizaron de ver a Sakura sentada en una de las camas, con las piernas colgando de un lado de la cama tan tranquila. Tan sólo llevaba el pie derecho vendado. Por suerte, no había sido nada.
–¿Ocurre algo? –preguntó Sakura tan tranquila, como si el hecho de estar allí fuera algo cotidiano. –¿Por qué estáis todos aquí?
–¿Estás bien? –preguntó Nadeshiko. –¿Estás herida? –preguntó agachándose para ver el pie herido.
–No es nada. Sólo ha sido un rasguño. –dijo Sakura. Cuando dijo eso, todos suspiraron aliviados. –Dejad de mirarme así, me siento incómoda.
–Han venido porque estaban preocupados por ti. –dijo su madre. –Lo menos que podrías hacer es disculparte.
–¿Por qué tengo que disculparme? –preguntó Sakura. Pero ante el silencio y las miradas que hubo. Sakura accedió, se levantó. –Lo siento. –y se inclinó. Cuando volvió a ponerse erecta, sonrió.
Ya en casa, Yukito, madre e hija se encontraban en un sofá cada uno. Sakura le mostraba los nuevos informes médicos sobre su oído.
–¿Por qué no me dijiste que tu oído está empeorando? –preguntó Nadeshiko.
–Quería decírtelo. Planeaba decírtelo, pero…
–Sakura. –interrumpió su madre. –Tienes que operarte. –pidió su madre. –Si esto continúa así, al final no podrás oír nada. En Alemania hay un médico muy bueno. Un amigo de Yukito tuvo la misma enfermedad que tú y se operó allí.
–Mi amigo recuperó su oído, aunque no completamente –explicó Yukito. Sakura no decía nada. No sabía qué decir.
–Si te sientes más cómoda en Tokio, si tienes miedo de ir allí, puedes operarte aquí. –dijo Nadeshiko.
–¿Y qué pasa con la oferta de ir a Alemania? –preguntó Sakura.
–¿De qué hablas? –preguntó Nadeshiko. –Si te quedas en Tokio, yo me quedaré contigo.
–No, ni hablar. –dijo Sakura. –Tu sueño es pertenecer a la Escuela Internacional de Música Klaus.
–Para mí, tú eres mucho más importante que mi sueño, Sakura. –dijo su madre, que estaba dispuesta a renunciar a todo por ella.
Shaoran llegaba tarde a su cita con Sakura. Después de subir las escaleras del metro, encontró a la castaña esperándole.
–Lo siento. ¿Has esperado mucho? –se disculpó Shaoran.
–No. No te preocupes. –dijo Sakura echando a andar.
–¿Ha intentado algún chico ligar contigo? –preguntó Shaoran en tono de broma. Sakura le enseñó tres dedos.
–¿Tres tíos? –preguntó Shaoran.
–Sí. –contestó Sakura.
–¿Tres tíos en diez minutos? Hoy no han sido muchos. –bromeó Shaoran.
–Sí, supongo. –dijo Sakura.
–A pesar de que estás muy guapa. –dijo Shaoran.
–Sí, supongo. –bromeó Sakura. Entonces tocó el hombro de Shaoran al verlo callado.
–¿Qué? Sólo pensaba que nunca me cansaré de tus "supongos".
–¿No te molestan? ¿En serio? –preguntó Sakura.
–Sí. No me cansaré en toda mi vida de estar contigo. –dijo Shaoran. Entonces Sakura se paró de repente. Al notar que Sakura detuvo su paso, el chico se giró. –¿Qué pasa?
–¿Eso que acabas de decir ha sido una proposición de matrimonio? –preguntó Sakura.
–¿Qué? –preguntó Shaoran una octava más aguda. –No, pero…
–Eso me parecía. Mi corazón dio un salto. –dijo Sakura, y siguió caminando, dejando a Shaoran ahí parado.
–Te dice eso pero después le quita importancia como si nada. –dijo Shaoran para sí.
Tomoyo y Touya se encontraban en el apartamento de la morena, sentados a la mesa, que estaba vacía y sin decir nada, hasta que Tomoyo rompió su silencio.
–Ya has tomado una decisión ¿verdad? –dijo Tomoyo.
–¿Qué? –preguntó Touya, que no esperaba la pregunta.
–Que ya has tomado una decisión. ¿Por eso querías hablar conmigo? –explicó Tomoyo.
–Me gustaría ir. –dijo Touya. –Sinceramente, cuando mi jefe me propuso ir al Tíbet mi corazón se aceleró. He pensado que no estaría mal dejarme llevar por el viento que se ha cruzado en mi camino e intentar volar. ¿Qué piensas?
–Yo no puedo ir contigo, Touya. –Touya se quedó extrañado de que ella hubiera considerado ir con él. –¡Sólo bromeaba! Creo que sería bueno para ti.
–¿En serio? –preguntó Touya.
–Sí. –dijo Tomoyo haciendo feliz a Touya. –Pero…
–¿Pero…? –preguntó Touya mientras Tomoyo se levantaba a por la tetera, que ya estaba pitando haciendo saber que el agua ya estaba caliente.
–Supongo que nos hemos conocido demasiado tarde. –dijo Tomoyo mientras le apagaba el fuego a la tetera.
–¿Por qué? Es sólo el principio. –dijo Touya.
–¿Lo es?
–Sí. Y no es como si no fuera a volver. Volveré de vez en cuando. –dijo Touya acercándose a Tomoyo.
–Sí. Y es el Tíbet, así que supongo que sólo me podrías engañar con búfalos de agua. –dijo Tomoyo animándose ella misma mientras cogía un par de tazas.
–¿Búfalos de agua? –preguntó Touya.
–Mi corazón estará más tranquilo sabiendo que le echas fotos a ellos, en vez de a mujeres. –confesó Tomoyo.
–Si me dices cosas como esas, te engañaré con un búfalo de agua. –dijo Touya mientras la abrazaba por detrás.
Sakura y Shaoran se encontraban en una tienda de cedés de música y películas. Sakura se había despistado de Shaoran para ir a buscar un DVD. Cuando encontró lo que buscaba, lo cogió y fue por la tienda buscando a su novio. Parecía que se había despistado demasiado porque no le encontraba. Entonces vio como una pareja sostenía un auricular entre ellos escuchando una canción. A Sakura le dio envidia al no poder hacer eso con Shaoran. Como no quería mortificarse más, siguió buscándolo por la tienda hasta que lo encontró de espaldas escuchando con unos auriculares. Sakura se acercó a él y le apretó con los dedos por los costados. Shaoran se dio la vuelta y se quitó los auriculares. Sakura le mostró el DVD que había cogido.
–Me alegro de que la hayamos encontrado. –dijo Shaoran saliendo de la tienda y sacando la película y el Cd que había comprado él y que había estado escuchando previamente en la tienda. –No puedo esperar para verla juntos.
–¿Qué tipo de canción era la que escuchabas? –preguntó Sakura.
–Mmmm. ¿Cómo te lo digo? –pensó Shaoran mientras miraba el Cd.
–Quiero saber qué tipo de canciones te gustan. –dijo Sakura.
–No sé muy bien cómo explicarlo. –dijo Shaoran. –Tenía una melodía que sonaba agridulce.
–Agridulce. –repitió Sakura seria antes de continuar andando, dejando a Shaoran preocupado. Fueron paseando hasta llegar a un parque. Ya en el parque, Sakura se sentó en una banca frente a un estanque. En el parque había bastante gente como unos padres jugando con su pequeña hija con una pelota de béisbol y jóvenes practicando todo tipo de deportes. La niña gritaba cosas alegremente. Mientras tanto, Shaoran fue a por unos refrescos.
Pensamientos de Sakura:
Me pregunto que habrá dicho esa niña.
–Aquí tienes. –dijo Shaoran entregándole su bebida y sentándose a su lado.
–Gracias. –dijo Sakura dándole un trago a su bebida.
–Oye, ¿estás bien? –preguntó Shaoran por si había vuelto a tener más pérdida de audición como le ocurrió con la bicicleta o en el concurso de piano.
–Estoy bien. –dijo Sakura. –Mi audición empeora, pero me han dicho que haga vida normal.
–Entiendo. –dijo Shaoran antes de darle un trago a su bebida. Sakura se le quedó mirando. Sabía que su novio se preocupaba mucho por ella. Entonces le tocó para decirle algo. –¿Sí?
–Nada, no importa. –dijo Sakura arrepintiéndose.
–¿Qué es? –preguntó Shaoran. –Venga, dilo. –ante la negativa de Sakura y la insistencia de él, Sakura le pegó con la mano en el brazo y el chico la agarró. Ella intentaba deshacerse de su agarre y estuvieron forcejeando, acabando ella casi encima de él y riendo. Más tarde, Shaoran acompañó a Sakura a su casa y después él se dirigió a su apartamento. Una vez allí, puso el CD que había comprado.
–¿Qué tipo de canción es? –se preguntó para intentar poder dar una respuesta a Sakura. Mientras escuchaba, cogió un cuaderno y un lápiz y empezó a dibujar.
Al día siguiente, Sakura se encontraba en una mesa del campus leyendo un libro mientras esperaba al resto de miembros de la Sociedad Naranja. Sería la última reunión del grupo antes de que Touya se marchara al Tíbet. Entonces Touya llegó en ese momento.
–Pensé que sería el primero en llegar. –dijo Touya. Sakura hizo un gesto golpeando su puño contra la otra mano. –Sé qué significa eso. Significa "mala suerte", ¿verdad?
–¡Bingo! –contestó Sakura.
–Debería haber aprendido más lengua de signos. –dijo Touya, pero ante el gesto de Sakura que lo hizo saber que no entendía, Touya le tuvo que volver a explicar lo que dijo. –Decía que lamento no haber aprendido más lengua de signos porque así podría haber hablado más contigo.
–Gracias. –dijo Sakura.
–¡Hey! –dijo Eriol que llegaba trotando seguida de Tomoyo.
–Lo sentimos. ¿Habéis esperado mucho? –preguntó Tomoyo.
–Acabamos de llegar.
–Sólo falta Shaoran. –dijo Eriol intentando recuperar el aliento.
–¿Qué pasará con tu graduación? –preguntó Sakura a Touya.
–¿Qué? –preguntó Touya, que no había entendido lo que signó Sakura.
–Pregunta si podrás graduarte. –tradujo Tomoyo.
–Sí, no habrá problema. –dijo Touya. –Hasta entonces, supongo que le tengo que decir adiós a la universidad.
–¡Lo siento, chicos! –se disculpaba Shaoran mientras corría hacía ellos. –¿Habéis esperado mucho?
–Llegas tarde. –le riñó Touya.
–Acabamos de llegar. –dijo Tomoyo contradiciendo a Touya.
–¿Vamos? –dijo Eriol.
–Sí. –dijo Tomoyo.
–Por cierto, he olvidado mi cartera. –dijo Shaoran mientras los demás cargaban sus mochilas y bolsos al hombro.
–¿Bromeas? –preguntó Tomoyo. Entonces Sakura se puso delante de todos ellos mientras caminaban.
–Está será la última vez que estemos juntos, ¿verdad? –preguntó Sakura. –Ya sabéis, diciéndonos unos a otros "acabo de llegar" y todo eso.
–Dice que será la última vez nos reunamos así. –tradujo Tomoyo a Touya, que tenía dificultad para comprender la velocidad de Sakura.
–¡Venga! No os deprimáis. –intervino Eriol. –Al fin y al cabo es una fiesta de despedida para Touya y para divertirnos. –dijo no muy convencido. –Creo que voy a llorar. –dijo parándose.
–¡Venga!¡No seas exagerado! –dijo Touya.
–No exagero.
–Wow, la puesta de sol es preciosa. –dijo Sakura.
–Sí, lo es. –dijo Touya.
–Vamos a pedir un deseo a la puesta de sol. –sugirió Sakura. –Elegid vuestros deseos.
–¿Sobre qué? –preguntó Tomoyo.
–Sobre cualquier cosa. –respondió Sakura. –Algo como quiero convertirme en esto o quiero quedarme así.
–¿Qué? –preguntó Eriol que no entendió muy bien.
–Dice que pidamos un deseo uno por uno, como recuerdo. –tradujo Shaoran.
–No, no hagamos ese tipo de cosas. Terminaré llorando. –dijo Eriol.
–Paso, me da vergüenza. –dijo Touya.
–Yo creo que es una buena idea. –dijo Tomoyo. –¿Qué os parece si lo hacemos todos en lengua de signos? Así no lo tendremos que decir en voz alta.
–¡Buena idea! –dijo Sakura.
–De acuerdo. –dijo Touya resignado, aunque en el fondo le gustaba la idea.
–Estamos indefensos ante estas chicas. –dijo Eriol. Entonces, se pusieron uno junto al otro mirando la puesta de sol.
–Empezaré yo. –se ofreció Sakura. –Yo espero poder ser siempre sincera conmigo misma.
–Yo espero poder ser fuerte siempre. –dijo Shaoran.
–Yo espero poder ser siempre amable. –fue el turno de Eriol.
–Espero que pueda continuar siendo alguien que comprenda los sentimientos de los demás. –deseó Tomoyo. Cuando llegó el turno de Touya, fue hacia Shaoran.
–Oye, Shaoran, ¿"proteger" es así? –preguntó haciendo unos gestos.
–Sí. –respondió Shaoran.
–Gracias. –dijo Touya y volvió a su sitio. –Espero que pueda proteger a la persona más importante para mí. –Tras acabar de expresar todos los deseos, Eriol gritó de emoción.
–¡Para! –dijo Shaoran riendo.
–¿Por qué no decidimos quién invita a quién con "piedra, papel, tijera"? –sugirió Tomoyo.
–¿Y si pierdo yo? –preguntó Shaoran, que había olvidado la cartera.
–No te preocupes, eso no va a pasar. –dijo Tomoyo convencida. Empezaron a jugar y, evidentemente perdió Shaoran. Los demás dieron saltos de alegría. Esa tarde, lo pasaron muy bien comiendo y brindando. Unos días después, se reunieron en la puerta del apartamento de Touya para despedirlo. Se montó en el taxi mientras Nakuru y la Sociedad Naranja le decían adiós.
Pensamientos de Shaoran:
Lo que deseábamos para el futuro frente a la puesta de sol eran cosas simples que todos pudimos expresar en lengua de signos. Pero cuanto más crecíamos, más rápido nos dábamos cuenta de lo difícil que era de cumplir. En ese momento, esos deseos que pedimos a la puesta de sol continuaron dándonos fuerza y apoyo en los años venideros. Incluso después de entrar en la sociedad y de ser adultos ocupados con el trabajo que necesitábamos para sobrevivir. Cuando pensábamos en aquel momento, una pequeña luz iluminaba nuestros corazones, y con algo de vergüenza, también nos reconfortaba y nos daba valor para seguir adelante.
Sakura, con su pijama puesto, entró a la sala de su casa. Su madre se encontraba dormida con la cabeza apoyada en la mesa, donde había un montón de papeles. Sakura les echó un vistazo. Por lo visto su madre se había quedado dormida mientras investigaba sobre su dolencia y sobre la operación a la que podría someterse. Mientras Sakura ojeaba los papeles, entró Yukito.
–Buenos días. –saludó Yukito. –Tu madre ha estado trabajando día y noche buscando un buen hospital.
–No lo sabía. –reconoció Sakura.
–Creo que quería ser sensible con tus sentimientos, por eso no te ha dicho nada. Ya se ha puesto en contacto con un médico alemán. –le dijo Yukito dándole un papel con las referencias del médico. Sakura vio también unas cartillas del banco de Toto.
–¿Mamá ha estado ahorrando todo este dinero desde que perdí la audición? –preguntó Sakura con la cartilla de ahorros en la mano.
–Pensó que quizás podrías necesitarlo. –explicó Yukito. Sakura miró a su madre, que seguía durmiendo.
–¿Alemania? –preguntó Tomoyo a Sakura mientras caminaban por el campus universitario.
–El sueño de mi madre se hará realidad. –dijo Sakura. –¿Conoces la Escuela Internacional de Música Klaus?
–Sí, pero ¿y si vas a operarte allí y después vuelves aquí tu sola? –preguntó Tomoyo.
–No será tan fácil. –dijo Sakura.
–¿Por qué? –preguntó Tomoyo.
–No creo que mi madre me deje volver tan fácilmente. –dijo Sakura. –Se preocupa demasiado por mí. Desde que enfermé sólo le he causado preocupaciones. Tanto si la operación sale bien como si no, esta vez tengo que hacerlo por mi madre. Además, tengo que admitir que si mi oído mejora o lo pierdo completamente no me sentiría segura estando yo sola.
–Yo estoy aquí. –dijo Tomoyo. –Yo estaré en Tokio y te ayudaré. Incluso podríamos vivir juntas.
–Gracias. Lo aprecio mucho. –agradeció Sakura.
–¿Se lo has dicho a Shaoran? –preguntó Tomoyo.
–Todavía no.
–Ya veo.
Shaoran se encontraba en el descanso de su trabajo. Comía algo mientras escribía y escuchaba música con unos auriculares.
–¿Qué escribes? –le preguntó su supervisor que apareció sorprendiendo a Shaoran. Éste guardó el folio dentro de su carpeta rápidamente y se quitó los auriculares. –¿Piensas examinarte para entrar en la escuela de terapia ocupacional, verdad?
–Sí. –dijo Shaoran.
–Debe ser duro. –dijo el supervisor. –Seguirás siendo un alumno durante tres años más.
–Todo acabará antes de darme cuenta. –dijo Shaoran optimista. Una vez que salió del trabajo, el castaño se reunió con Sakura en su apartamento. Ésta se abrió una lata de cerveza mientras Shaoran volvía de la cocina con la cena.
–La cena ya está lista. –entró Shaoran dejado un plato en la mesa. –Es de mala educación ponerte a beber sola.
–Lo siento. Tenía mucha sed. –dijo Sakura.
–Eres muy gamberra, yendo a la casas de la gente, abriendo el frigorífico sin permiso y bebiéndote sus cervezas.
–Lo sé. Buen provecho. –dijo Sakura cogiendo los palillos y empezando a cenar. Mientras, Shaoran se sentó frente a ella y se abrió su lata de cerveza. –¡Delicioso!
–¿Por qué no vemos la película que compramos el otro día? –sugirió Shaoran. Entonces se levantó para preparar la película. Como la tele se encontraba justo detrás de Sakura, sólo se tuvo que girar para llamar la atención de su novio.
–Espera un momento. Tengo que hablar contigo.
–¿Hablar? –preguntó Shaoran. El chico dejó la película y volvió a sentarse frente a Sakura. Ésta empezó a signar.
–¿Te vas a Alemania con tu madre? –preguntó Shaoran. –¿Vas a operarte allí? –Sakura asintió y siguió signando. –¿Y te quedarás allí después de la operación?
–Sí. –dijo Sakura. –Quizás, si mi oído mejora pueda entrar en el Instituto Alemán de Música Rush.
–¿Te quedarás a vivir en Alemania? –preguntó Shaoran.
–Sí.
–Entiendo. Lo entiendo pero, ¿qué pasa con nosotros? –Sakura hizo un gesto. –¿El final? ¿Se ha acabado? –A Shaoran se le vino el mundo encima.
–Lo nuestro es un amor de universidad. Es como suelen funcionar las cosas. No se piensa en un futuro juntos. ¿No es así como funciona?
–¿Eso crees? –preguntó Shaoran, que no daba crédito a lo que decía Sakura.
–Por supuesto. Nos queda mucha vida por delante, no como adolescentes, sino como adultos. –explicó Sakura. –Cuando entremos en la sociedad, como adultos, no podremos estar juntos sólo porque nos gustemos.
–¿Qué quieres decir? ¿Me estás diciendo que te sientes insegura conmigo? –preguntó Shaoran empezando a alterarse.
–Digo que me siento insegura con lo nuestro. –dijo Sakura. –Desde el principio hemos vivido en mundos diferentes.
–¿Qué quieres decir con eso? –preguntó Shaoran.
–Yo no puedo oír. Tú sí. Ni siquiera podemos escuchar música juntos.
–No lo entiendo.
–Acabarás olvidándome. Sólo tienes 22 años. "Cuando era joven, tuve muchas experiencias. Tuve varias relaciones Entre ellas, estaba esa chica sorda que era bastante interesante". Es lo que dirás cuando tengas 35. Yo sólo seré una más de tus amores pasados. Después de hablar de mí, beberás un vaso de agua y arroparás a tus hijos. Y después seguirás hablando del amor que tuviste a los 23.
–¿Por qué dices eso? ¿Cómo puedes decir algo tan cruel? –preguntaba Shaoran con impotencia.
–Lo que has tenido conmigo es sólo una parte de tu juventud. No tienes que llevarlo como una carga toda tu vida.
–Si lo que dices es cierto, mis historias de amores pasados terminarán aquí. Acabarán con 22 años. No habrá nada al margen de eso. Repetiré una y otra vez la historia de cómo conocí a una chica sorda con 22 años. Como la historia que se repite eternamente –decía Shaoran también con los ojos vidriosos.
–Decir cosas que me hagan llorar va contra las normas. –le reprochó Sakura, con los ojos vidriosos. –Tengo que irme con mi madre. Ya he tomado una decisión. Mi madre es muy importante para mí.
–¿Qué?¿Y eso es mi culpa? –preguntó Eriol, sentado en un tronco del campus.
–No, no es tu culpa, pero ayúdame a hacer algo. –pidió Tomoyo sentándose en el tronco de al lado para estar a su altura.
–¿Hacer algo? Pero, entiendo cómo debe de sentirse Sakura. –dijo Eriol levantándose.
–¿Qué? –preguntó Tomoyo siguiéndole con la mirada.
–Se va a Alemania con sólo 22 años. Yo tampoco me sentiría demasiado bien si tuviera que dominar el futuro de otra persona.
–Es verdad, pero…
–¿Sabes lo que creo? –preguntó Eriol interrumpiendo a Tomoyo. –Creo que hay periodos de tiempo en los que las parejas deben estar separadas. Es distinto de la familia o los amigos. La distancia y el tiempo debilitan las relaciones de pareja.
–¿Cómo puedes decir algo tan mezquino? ¡¿Cómo puedes decir esas cosas?! –preguntó Tomoyo gritándole.
–Por casualidad, ¿has recibido alguna carta de Touya? –preguntó Eriol para confirmar su teoría.
–¡Olvídalo! –gritó Tomoyo empujando a Eriol y marchándose.
–Supongo que he dado en el clavo. –dijo Eriol. –¡Espera Tomoyo! –dijo Eriol cogiendo su mochila y corriendo tras ella.
Shaoran caminaba con la mirada perdida por uno de los pasillos de la facultad. Entonces, de uno de los despachos salió Meiling, que se detuvo al encontrar a Shaoran de frente.
–Hacía mucho tiempo que no nos veíamos. –dijo Meiling.
–Sí, mucho. –dijo Shaoran.
–Eh, si tienes tiempo podemos ir a tomar un té. –sugirió Meiling. Shaoran asintió con la cabeza. Ambos se fueron a la cafetería de la facultad y se sentaron uno frente al otro después de coger sus bebidas.
–Entonces las cosas van bien entre vosotros. –dijo Shaoran después de que Meiling le contara sobre su vida.
–¿Y qué hay de ti? –preguntó Meiling.
–¿Qué? –preguntó Shaoran un poco distraído.
–Con Sakura. ¿Estás saliendo con ella no? –preguntó Meiling.
–¿Cómo sabes eso? –preguntó Shaoran, aunque parecía que Meiling no sabía las novedades sobre él y Sakura.
–Por aquí se sabe todo. Aunque en realidad me lo dijo Eriol. –explicó Meiling.
–Ese idiota… –musitó Shaoran.
–No te enfades con él. Me lo encontré aquí de casualidad y le amenacé con darle una paliza si no me contaba la verdad. –dijo Meiling riendo. –¡Venga, vamos a tomar algo fuera! Ahora que somos un hombre y una mujer que han superado por completo su relación.
–¿Qué significa eso? –preguntó Shaoran. Shaoran no parecía tener muchas ganas de nada, pero al final la siguió. Después de tomar algo, ya había anochecido. Shaoran intentaba coger un taxi mientras que Meiling estaba sentada en una baranda mirando a la acera. Se encontraba en la calle con la mano levantada para parar uno, pero el que llegaba pasó de largo. –Ocupado.
–Oye Shaoran. –dijo Meiling. –Ven. Antes me he sentido algo febril.
–¿Qué?
–¿Tengo fiebre ahora? –preguntó Meiling.
–¿Lo dices en serio? –cuando Shaoran se acercó para ponerle la mano en la frente, Meiling le besó en los labios.
–Sólo bromeaba. –dijo Meiling sonriéndole. Shaoran la miraba serio –Sólo era mi venganza.
–¿Venganza por qué?
–Cuando salía contigo, siempre me reprimía. Al ser más mayor, pensaba que no debía llorar ni actuar de forma caprichosa. Por eso no decía cosas como "bésame" o "abrázame". Pero ahora que lo pienso me pregunto por qué no lo decía. La edad no debería haber importado. Éramos novios. La niña que hay dentro de mí no puede evitar llorar por eso. –Shaoran no decía nada. –¿Te sientes incómodo conmigo diciéndote estas cosas?
–Sí, un poco. –admitió Shaoran.
–Oye, Shaoran. –dijo Meiling bajándose de la baranda y dando la vuelta para ponerse frente a él. –Eso ha sido como un primer beso, ¿verdad? –le dijo susurrándole al oído. –Aunque en realidad sea el último.
–¿Puedes ser tú misma con él? –preguntó Shaoran, refiriéndose a Yue.
–Se podría decir que sí. –dijo Meiling.
–Entonces me alegro. –dijo Shaoran.
Eriol se encontraba cambiando una bombilla en el techo de la entrada de su bloque de apartamentos.
–Muchísimas gracias. –le decía la portera.
–De nada. –dijo Eriol.
–Al ser tan alto eres de gran ayuda. –dijo la mujer.
–Esa es mi única ventaja. –dijo el chico.
–Cuando vuelvas a Nagoya te echaré de menos. –confesó la portera.
–Todavía falta. –dijo Eriol, cerrando la escalera a la que se había subido y devolviéndosela a la portera.
–¿Pero qué dices? ¡El tiempo vuela! Antes de que te des cuenta te estarás graduando. Te veo luego. Gracias otra vez. –dijo marchándose.
Nadeshiko se encontraba recogiendo sus cosas para mudarse a Alemania. Llevaba una pila de cedés hasta una caja.
–Debería haber sonreído más. –mirando a la portada del primer Cd que llevaba, donde su cara le devolvía la mirada. Entonces el teléfono de su hija empezó a vibrar.
–Vaya, Sakura está bañándose. –fue hacia el teléfono y vio que había recibido un correo de Shaoran. No pudo con su curiosidad y leyó el correo que iba dirigido a su hija, asegurándose antes de que no apareciera nadie por la puerta.
Quiero volver a verte. Necesito verte y hablar contigo otra vez.
Aunque sabía que lo que iba a hacer estaba mal, Nadeshiko borró el mensaje. Mientras tanto, Shaoran se encontraba en su apartamento, esperando impaciente una respuesta de Sakura, pero ésta no llegaba. Sin poder aguantar más, cogió su teléfono y una hoja y se dirigió a la residencia Kinomoto. Tocó el timbre y Nadeshiko le abrió la puerta. No esperaba ver a Shaoran. Sakura, que estaba en su habitación, supo que había alguien en la puerta porque las luces de casa empezaron a parpadear cuando se abrió la puerta de entrada. Curiosa, abrió la puerta de su habitación y se encontró con Yukito.
–Está aquí. –dijo Yukito. –¿Estás segura que no quieres verle?
–Estoy bien. Ya le dije todo le que le tenía que decir. –contestó Sakura.
–Entiendo. –Sakura cerró la puerta una vez que Yukito volvió a su habitación. En el salón, Nadeshiko y Shaoran se encontraban sentados en un sofá respectivamente.
–No quiero que interfieras en su futuro. –dijo Nadeshiko seriamente a Shaoran. –Va a operarse en Alemania y, con un poco de suerte, recuperará la audición. Después entrará en la escuela de música. Quizá salga con Yukito.
–¿Qué? –preguntó Shaoran.
–Oh, ¿has oído hablar de Yukito, no?
–Sí, un poco. –dijo Shaoran.
–Toca el piano para la Sinfónica de la Escuela Internacional de Música Klaus. Está empezando a ser reconocido internacionalmente. Tú planeas seguir con tu educación más allá de tu campo, y lo entiendo, pero pasarán años antes de que puedas ofrecerle estabilidad a mi hija.
–No sé si pasarán años, pero sí, seguiré estudiando. –dijo Shaoran.
–Tal y como está Sakura, no puedo dejarla sola aquí. –dijo la mujer. –Quiero que entiendas su situación.
Shaoran caminaba por la ciudad con paso lento y ensimismado en sí mismo. Tenía la sensación de que había perdido a Sakura para siempre. Ya había oscurecido. De pronto, se sobresaltó un poco al escuchar su teléfono. Cuando vio la pantalla, vio que Meiling le estaba llamando.
–Moshi, moshi. –contestó Shaoran.
–Shaoran, perdona, ¿tienes un minuto? –preguntó Meiling.
–Sí, ¿qué pasa?
–¿Tienes el número de teléfono del profesor Amamiya? –dijo Meiling, que estaba en un despacho de la universidad con otros compañeros mientras miraba unos papeles. –Creo que se lo ha cambiado.
–Sí, lo tengo. Espera un segundo. –dijo Shaoran. Se sentó en una baranda baja, buscó el número y dijo: –Moshi, moshi.
–Dime. –dijo Meiling preparada para apuntar el número. –Gracias. Nos vemos. –dijo Meiling una vez que Shaoran le dijo el número.
–Espera. –dijo Shaoran.
–¿Qué pasa? –preguntó Meiling. –¿Ocurre algo? –volvió a preguntar ante el silencio de Shaoran.
Sakura abrió la puerta del frigorífico y sacó una jarra para servirse té helado.
–Sakura. –dijo su madre, apareciendo por detrás de ella. –Lo siento. Hace un rato, antes de que viniera Shaoran, te envió un mensaje a tu móvil. Lo borré accidentalmente.
–No pasa nada. Ya se ha acabado. –dijo Sakura. Entonces, cuando se dirigía a la mesa, vio que en el sofá Shaoran había olvidado una de las camisas que solía llevar siempre encima de sus camisetas. Dejó el vaso en la mesa y se dirigió al sofá a coger la camisa. Entonces miró a su madre.
–Debe haberla olvidado aquí. –dijo Nadeshiko. Sakura notó algo en la camisa. En el bolsillo había un folio doblado en cuatro partes. Lo abrió y vio un dibujo de una botella del que sobresalía una rosa. Dentro de la botella, apoyados en el tallo de la rosa y espalda contra espalda, una chica y un chico sentados de perfil. Se parecían mucho a Sakura y Shaoran. El fondo era un cielo estrellado, en el cual también se veía Saturno con sus anillos. Sakura leyó el título de la canción: "Bara no Hana"* de Quruli. Entonces Sakura recordó el momento en el que salieron de la tienda de discos y le preguntó a Shaoran por la canción que había estado escuchando.
Pensamientos de Sakura:
Es aquella canción. Ha dibujado su significado para mí.
Entonces, Sakura salió corriendo con el dibujo y la camisa de Shaoran en la mano.
–¡Sakura! –gritó Nadeshiko intentando detenerla, pero Sakura siguió su camino hasta llegar al apartamento de Shaoran.
–La sesión de estudio ha durado más de lo que pensaba, así que he venido directamente. –dijo Meiling después de que Shaoran le abriera la puerta. –Esta noche escucharé todos tus problemas. –dijo entrando con una bolsa llena de bebida. –Toma. –dijo Meiling dejándole una bolsa muy pesada mientras la chica se quitaba los zapatos en el genkan.
–¿Vamos a beber aquí? –preguntó Shaoran.
–¿Qué hay de malo? Tranquilo. No voy a atacarte ni nada de eso. –dijo Meiling. La chica entró y se arrodilló donde estaba la mesa baja.
–¿Qué hay de la niña de la que me hablaste la última vez? –preguntó Shaoran devolviéndole la bolsa.
–¿Cuál? –preguntó Meiling mientras sacaba una botella de la bolsa.
–La niña de tu interior, la que no podía olvidarme.
–Oh. Dijo que está bien y se salió de mí. –explicó Meiling mientras sacaba varias latas de cerveza de la bolsa.
–Hace lo que quiere, ¿no?
–Así somos las mujeres. Si no sería aburrido. Bueno, ¿qué ha pasado? –preguntó Meiling mientras sacaba comida de la bolsa.
–Me ha dejado. –dijo Shaoran. Meiling no se lo esperaba. –Pero no puedo rendirme. Sin embargo, también me pregunto que quizás no sea yo quien pueda hacerla feliz.
–Escucharé todo lo que me tengas que decir. –dijo Meiling. –Oh, vaya, he olvidado comprar hielo.
–Creo que tengo en el congelador. –dijo Shaoran levantándose después de darle un trago a su cerveza.
–No te preocupes, iré a comprarlo. –dijo Meiling. Mientras tanto, Sakura bajaba de un taxi con la camisa y el dibujo de Shaoran. Lo volvió a abrir antes de dirigirse al apartamento del castaño. Lo cerró y siguió andando hasta ver la entrada del castaño. Entonces, vio a Shaoran saliendo de su casa.
–¡Espérame! –dijo Meiling.
–No te preocupes. –dijo Shaoran, seguido de Meiling.
–En serio, ¿por qué no compramos más alcohol?
–Ya es suficiente. –dijo Shaoran. Sakura, que los vio, volvió hacia atrás para no ser vista. Vio como Shaoran y Meiling se alejaban en dirección contraria.
Pensamientos de Sakura:
¿Qué significa eso? Supongo que significa lo que parece.
Shaoran y Meiling se encontraban en el apartamento del chico. Hacía ya rato que habían vuelto de comprar hielo.
–Oh, estoy borracho. –dijo Shaoran acostándose en el suelo. –Hace tiempo que no bebía tanto.
–¿Nos acostamos juntos? –preguntó Meiling.
–No. Paso. –contestó Shaoran.
–Lo sabía. Siempre has sido así. –dijo Meiling.
–No lo has dicho en serio, ¿verdad? –preguntó Shaoran incorporándose.
–Me has leído el pensamiento. –dijo Meiling.
–Lo sé porque esa parte honesta, inflexible y obstinada era lo que más gustaba de ti. –dijo Shaoran mientras cogía un botellín de agua y le daba un trago.
–Gustaba. –dijo Meiling. –En pasado.
–Sí, en pasado.
–Es cierto. Me voy a casa. –dijo Meiling.
–Te acompaño. –se ofreció Shaoran.
–No te preocupes. Cogeré un taxi abajo. –Meiling se dirigió a la puerta y se puso sus zapatos. –¿Sabes? Probablemente va contra las reglas ir a casa de un ex novio para beber así, pero ha estado bien. –dijo Meiling. –Siento que al final hemos podido entendernos.
–Sí. –dijo Shaoran asintiendo.
–Cuídate. –dijo Meiling. –Nos vemos.
–Nos vemos. Cuídate. –dijo Shaoran una vez que Meiling abrió la puerta. Allí encontró colgada una camisa de Shaoran y se la dio al chico. Shaoran suspiró pensando que era lo que le faltaba para empeorar las cosas con Sakura.
Al día siguiente hacía un día de bastante calor. Por la tarde, Eriol, Tomoyo y Shaoran se encontraba en la sala de la facultad.
–¿Qué? –preguntó Shaoran, que no sabía si había oído bien.
–Lo que oyes. Sakura vino esta mañana y se llevó el cuaderno naranja de recuerdo. –explicó Eriol.
–Después ha recogido su certificado médico y ha hecho el papeleo. –añadió Tomoyo.
–Sí, y después ha comido con nosotros por última vez. –dijo Eriol.
–¡¿Y por qué no me habéis avisado?! –les reclamó Shaoran enfadado cogiendo a Eriol de la pechera.
–¡Para, para! –gritaba Tomoyo. –Sakura nos pidió que no te lo dijéramos! –ante eso Shaoran se detuvo y se sentó enfadado a la mesa. –Lo siento.
–Nos ofrecimos a ir con ella al aeropuerto pero dijo que su madre estaría allí y que probablemente acabaría llorando, así que nos ha dicho que mejor no fuéramos. –dijo Eriol acercándose a Shaoran y poniéndose a su altura. –También nos ha dicho que cogería el autobús en Shibuya, así que puede que no sea demasiado tarde. –después de que Eriol dijera eso, Shaoran le miró.
–¡Me lo podrías haber dicho antes! –le recriminó Shaoran antes de salir corriendo como si su vida dependiera de ello. Atravesó todo el campus corriendo con todas sus fuerzas. Ya en la ciudad, tuvo que detenerse en un paso de cebras regulado por un semáforo en rojo. No paraban de pasar coches. Aprovechó esos momentos para tomar aire. En cuanto se puso verde, Shaoran cruzó y continuó su carrera hasta que llegó a un autobús verde y blanco que estaba parado en una parada de autobús. Por suerte, la parada en cuestión no quedaba lejos del campus. Shaoran se puso como un loco a buscar desde abajo a Sakura, pero no estaba por ese lado. Se dirigió hacia el lado de la parada y continuó buscándola pero no la encontraba. El autobús arrancó y cerró la puerta delantera. Shaoran siguió buscando y entonces vio unas manos sujetando el cuaderno naranja. Shaoran tocaba la puerta pero Sakura, además de estar de espaldas a él, no le escuchaba. Entonces, Sakura se giró para guardarse el cuaderno en su mochila y lo vio. Sakura se levantó y se quedó mirándole. El autobús se puso en marcha y Shaoran iba siguiéndolo para no perderla de vista. Sakura sacó el dibujo de la canción que tenía plegado en su bolsillo y se lo enseñó a Shaoran. El autobús iba dejando atrás a Shaoran y Sakura se fue al fondo del autobús para verlo por la ventana trasera.
–¡Lo siento! –signó Sakura a través de la ventana. –¡Gracias por todo!¡He sido muy feliz estando contigo!¡No te olvidaré! –Shaoran seguía corriendo pero ya no le quedaban fuerzas.
Pensamientos de Shaoran:
No seas idiota, Sakura Kinomoto.
–¡Nunca te olvidaré!¡Sé feliz!¡Sé muy feliz! –continuaba diciendo Sakura.
Pensamientos de Shaoran:
¿Qué dice? ¿Qué diablos quiere decir con eso?
–¡Puede que no vuelva a verte más, pero cuídate! ¡Gracias, de verdad, muchas gracias! –dijo Sakura con semblante triste. Shaoran no podía más y se detuvo viendo cómo el autobús, Sakura y sus sueños se alejaban.
–¡NO SEAS TONTA! –gritó Shaoran de la impotencia, porque pensaba que sin ella no podría ser feliz. –¡NO SEAS TONTA, SAKURA KINOMOTO!
Pensamientos de Shaoran:
Eso fue lo último que le dije. No sé si leyó mis labios o no.
El invierno llegó. Shaoran procuraba seguir con su vida normal en la universidad.
Después de aquello, perdí todo contacto con ella y pronto ni siquiera sabía en qué parte de Alemania se encontraba o si se encontraba allí.
El chico también continuó con su trabajo en el hospital y estudiando duro en la biblioteca para convertirse en terapeuta ocupacional.
Parecía que todo había sido una ilusión.
Cada vez que iba a los lugares que frecuentaba con ella, como la sala de la facultad o la cafetería, no podía evitar recordar momentos con ella.
Con Sakura fue todo tan distinto que sentía que todo había sido una ilusión.
Shaoran abrió el buzón para recoger el correo. Como siempre, no había nada más que facturas, excepto una carta que había al fondo procedente de Frankfurt.
Y justo cuando estaba a punto de olvidarlo todo, llegó una carta. Justo cuando mis lágrimas estaban a punto de secarse, llegó una carta. Muy propio de Sakura. Ella nunca permitiría que me olvidara de ella.
Shaoran entró rápido a la casa, se sentó y abrió la carta.
De eso estoy casi seguro.
Notas de autora: Al final el accidente no fue nada, aunque nadie les quita el susto. Lo gracioso es la reacción de Sakura, siempre tan natural. Finalmente, Touya se ha ido al Tíbet y Sakura, por apoyar a su madre, ha roto con Shaoran. Pobrecito, está deshecho y el pobre continúa con su vida casi por inercia y cuando se acostumbra, va y recibe una carta de Sakura para volver a poner su vida patas arriba. Ains, esta Sakura, cómo es. Nos vamos acercando al final. De hecho ya sólo queda el último capítulo. Espero que esteis disfrutando de la historia. Hacédmelo saber en los comentarios. Gracias por leer.
Referencia:
*Bara no Hana: La rosa.
