Habemus actualización, tal ven en poco tiempo tarde más en actualizar pues ya se acabaron mis vacaciones, pero procurare que no sea tanta la espera entre capítulos. En fin, espero les guste el capitulo, gracias totales por seguir leyendo la historia y ya saben, dejen su opinión del cap en los reviews.

Los tres chicos se encontraban en el apartamento bebiendo algunas cervezas con el único propósito de existir.

—Creo que tendré que aceptar la propuesta de Bonnibel… — Dijo una floja Marceline mirando al techo y acostada en la alfombra — Los pisos ideales se salen de mi presupuesto, los que sí puedo pagar les falta techo o el departamento de al lado es un laboratorio de metanfetaminas… Y mira que lo último igual y lo tolero…

— ¿Pero qué hay de malo en vivir con Bonnibel? —Preguntó Jake quien estaba recostado en el sillón con los pies en la mesa de centro —Ellas son las que saldrán perdiendo… —Y traes reírse bebió de su cerveza.

—Jaja… — Rió de manera sarcástica — Mira no es que sea malo pero sería muy complicado.

—Yo digo que te animes, total si no funciona te regresas acá — Dijo Finn quien estaba acostado en el segundo sillón boca abajo.

—Además, no pagarás renta — Le dijo Jake a la pelinegra guiñando un ojo. Los tres chicos quedaron en silencio por beber de su cerveza y entonces sonó el teléfono.

—Tú estás más cerca Jake —Dijo Marceline, a lo que el rubio le hizo segunda y por democracia Jake se levantó para atender la llamada.

— ¿Hola?

—Hola Jacke, habla Bonnibel… — Ambos chicos acostados levantaron la cabeza al oír el nombre.

—Hey, qué tal… ¿Te paso a Finn?

—Eeem no Jake, necesito hablar con Marceline…

—Aaah… espera… —Se puso la bocina en el pecho y ante la suposición de Finn de ser el solicitado aclaró —No hermano, para Marcy — Informó mientras de manera muy flexible, ganó el lugar a Finn y a su vez el rubio, tomó el lugar de Marceline en la alfombra.

—Hola —Saludo tras tomar la bocina.

—Hola… Te hablo porque no me has hablado en días para saber si te mudarás… y bueno, al parecer no has conseguido piso…

—Es que de hecho andaba considerando uno…

— ¿El del baño compartido?

—No, el del vecino esquizofrénico —Bromeó, y pudo escuchar la risa de la pelirrosa — En fin, creo que si ocuparé esa habitación.

— ¿De verdad? — Preguntó Bonnibel.

—Pues, si. Todo me indica que seré tu roomie… Si es que aguantamos más del primer día…

—Ok, consigue mudanza y me hablas cuando la empieces, bye. —Dijo y colgó a la pelinegra, Marceline hizo lo mismo y con aire natural tomó de su cerveza.

— ¿Y luego? —Preguntaron ambos chicos al unísono.

—Pues, ¿Creen que puedan ayudarme de nuevo con mis cosas? —Y tras la pregunta la situación era obvia.

—Claro amiga — dijo Finn

—Esto se pondrá bueno, jeje — Terminó por decir Jake.

Entre ensayos de la banda, presentaciones, buscar departamento y ahora que lo tenía la mudanza, Marceline apenas había tenido tiempo de visitar a Simon, tras perderse en el transporte, llegó a la recepción, afortunadamente no estaba el "tarado ese", tras registrar su visita fue al segundo salón por el anciano para después salir al jardín, al entrar pudo ver al hombre jugando ajedrez.

—Hola Simon —Dijo la pelinegra al saludar y darle un beso en la frente.

—Hola Gunny — Dijo el hombre feliz.

—Vaya, te están dando una paliza.

—Cierto, no importa ya habrá revancha — Dijo levantándose con esfuerzo, a lo que Marceline de inmediato le ayudó.

Salieron al jardín, que para entonces ya estaba desocupado. Tras sentarse en la banca de siempre el hombre fue quién habló primero.

—Te ves mal princesa, ¿Problemas en casa?

—No, sólo no dormí bien, ¿Qué tal has estado?

—Mal, sólo como pasto, ¿Trajiste mi tarta?

—No Simon, el médico me dijo que no te hacen bien las tartas, pero mira, te traje unas galletas.

—Bueno, es algo… —Tomó el paquete curioso y entonces hizo una pequeña mueca — ¿Dietéticas? ¿A caso tú también eres cómplice de los mata sanos? Y no me gusta esa mañita de llamarme Simon que has agarrado últimamente.

—Perdón, pero debes cuidarte… Después del susto que me diste quiero que te cuides.

—Ay princesa, lo que me haces hacer… —Tras una pequeña pausa, levantó la vista y pudo ver que alguien pasó por el pasillo… pero se había frenado un momento para mirarlos— ¿Esa es nueva? —Preguntó a Marceline, quién pudo ver a Bonnibel desde el pasillo y sólo movió la mano a forma de saludo, gesto regresado por la pelirrosa.

—Algo, es voluntaria —Explicó a su abuelo.

— ¿La conoces? ¡HEY ACERCATE! — Marceline se esperaba todo, inclusive algún piropo a Bonnibel por parte del pícaro Simon, pero que la llamara sí que la sorprendió y aún peor, le dio pánico otra maldita vez.

— ¡Simon! Debe estar ocupada, déjala trabajar —Pero ni a Simon ni a Bonnibel les importó la excusa de Marceline.

—Hola, hola Marceline… ¿Se les ofrece algo?

—No, de hecho ya te puedes… —Frase que no pudo completar tras la interrupción de su abuelo.

— ¿Cómo te llamas jovencita? Veo que conoces a mi Gunny — Marceline estaba sonrojada, en pánico y sin palabras.

—Bonnibel, mucho gusto y sí, soy… amiga de Marceline —En ese momento, Marceline no sabía que le preocupaba más, que hubiera dicho "amiga" o que se siguiera metiendo en cosas que no debía saber nadie.

— ¿Marceline? Pero si mi nieta es apenas una niña, ¿Eres su maestra o algo así? — Dijo un tanto divertido el octogenario hombre, a lo que Bonnibel le extraño un poco por la repuesta y al ver a la pelinegra, notó que ésta miraba fijamente el pasto.

— ¿Disculpe? —Preguntó Bonnibel para recibir alguna pista de aquella respuesta, pero quién habló fue la rockera.

—Sí, es maestra de Marcy, por eso la conozco. Bueno Bonnie no te quitamos más el tiempo.

—No seas grosera Gloria… Qué por cierto, hace mucho que no me traes a mi pequeña hada… — Se quejó el hombre, a lo que Bonnibel estaba más que confundida, pero era clara señal que para la rockera ella no debía estar ahí.

—Bueno señor Simon, mucho gusto y pues me gustaría platicar pero debo irme, cuídese mucho por favor, nos vemos — Y tras despedirse, caminó hacía el pasillo.

—Simpática muchacha, algo rara y extravagante con sus pelos rosas, pero simpática.

—Da igual —Repuso Marceline y entonces cambió el tema. Tras llegar al límite del horario de visita, se despidió de su abuelo y se encaminó hacia la salida, hasta que una chica tocó una de las siempre frías manos de Marceline.

—Hey —Habló Bonnibel pero Marceline deshizo inmediatamente el contacto, prendió un cigarrillo una vez fuera del lugar y actuó algo distante con la pelirrosa.

—Ah, hola

— ¿La han pasado bien? —Preguntó Bonnibel mientras caminaba a la par de la rockera.

— Algo —Musitó Marceline que por caminar para intentar evadir sin éxito a Bonnibel, ya no sabía dónde demonios estaba la parada del autobús de regreso.

—Oye… ¿Y tu auto? —Pregunto la chica quién no había reparado en que la pelinegra caminaba por la calle y no al estacionamiento como era normal.

—Algo indispuesto… — Y sin más remedio, perdiendo algo de orgullo tuvo que pedir ayuda a su prácticamente roomie — ¿Sabes en dónde pasa la maldita ruta 28?

—Era hace dos cuadras, pero es mejor que tomes la 32, te deja a dos cuadras del apartamento de los chicos.

— ¿Hay algo que no sepas? —Preguntó y exhalo el humo del cigarro — ¿Qué ruta tomas tú?

—La misma — Dijo con una sonrisa — Por cierto ya está ordenado el cuarto que ocuparás, y metimos las cosas que ya habías llevado ahí.

—Gracias, están selladas las cajas por cierto, señorita curiosa, me daré cuenta si hurgas.

—A ver, tampoco es como que esté al pendiente todo el tiempo de enterarme de tu vida ¿Vale?... —Dijo sentándose en la banca de la parada.

—Pues eso parece, por ejemplo hace unas horas… "Mucho gusto soy Bonnibel y vengo a llenar el ambiente con mi dulce luz y pastelitos de bondad"…

— ¡Yo sólo fui educada! No hice nada inoportuno "Gunny".

—No quiero sonar más grosera, pero no vuelvas a decirme Gunny, sólo él puede hacerlo, ¿Ok?

—No puedo creer que a partir de mañana tendré que aguantar tu patanería todos los días… ¿En qué momento creí que era buena idea?

— ¿Si tanto te molesta por qué lo propusiste?

—Porque somos amigas ¿No? —Y Marceline desvió la mirada — Ni siquiera podemos esperar un camión juntas sin discutir.

Afortunadamente y pareciendo adivinar el ambiente entre las chicas, el camión llego, ambas chicas subieron, tomaron un asiento doble y el camión arrancó de nuevo, aunque se sentaron una junto a la otra, Marceline sólo veía por la ventana.

— ¿Por qué no te gusta tu nombre Gloria? —Preguntó de la nada. A lo que Marceline giro los ojos — Ok, ya sé "No es mi maldito problema" —Resopló y ahora ella era quién tenía la vista en otro lado.

—No es que no me guste, es sólo que… era el nombre de mi mamá… —Y tras eso, volteo de nuevo a la ventana — Me queda demasiado grande el nombre.

—A ti no te queda grande nada… Bueno, yo bajo en la siguiente parada — Tras decir eso, Marceline se volteo con algo de pánico —Tranquila, después de pasar los cines, te bajas a la tercer parada…

—Ya sé, ya me había ubicado, pero gracias igual —Dijo disimulando el alivio, pues era capaz de terminar en París.

—Ajaa… Bueno, nos vemos entonces —Se despidió y bajo abrirse la puerta.

Bonnibel bajo del autobús y al llegar al departamento de Lumpy se encontró con una gran sorpresa.

— ¡¿Mamá?!... Pero, ¿Qué haces aquí?... ¿Vino Gumball contigo? —Preguntó emocionada.

—No, de hecho me voy mañana… Son nueve y media, te estuve llamando y no contestas, ¿Se puede saber dónde andaba la señorita?

—En el… Museo —Pensaba decirle que en el asilo, pero probablemente la regañaría por distraerse y no concentrarse al cien por ciento en la escuela — Necesitaba hacer un trabajo, el celular lo apagué lo siento, no me dijiste que venías hubiera preparado la habitación.

—Ya lo hice, hay muchas cajas ¿Son de Lumpy?

—No, en realidad, son de una amiga, vivirá con nosotras un tiempo, mañana se muda —Dijo mientras abrazaba a su madre.

— ¿Por qué no me habías dicho? —Contestó Helena separándose un poco de su hija para verla a los ojos.

— ¿Por qué tendría que hacerlo?

—Aún así creo que los padres de Lumpy deberían dar su opinión sobre esto, hablaré con ellos.

—Mamá, no te entrometas, Lumpy y yo estamos de acuerdo, con eso basta.

—No me contestes así, además ustedes son jóvenes y eso de estar metiendo gente desconocida en el apartamento no me agrada.

—No es ninguna desconocida…

—Bueno, ya qué mañana se muda echaré el visto bueno, si llego a ver que no es conveniente hablaré con los padres de Lumpy.

—No me extraña…

— ¡Bájale a tu tono Bonnibel! —Dijo a modo de regaño —Además vine exclusivamente a hablar contigo, ayer llegaron tus calificaciones del cuatrimestre, bajaste un punto en dos materias… ¡Estás al margen de la beca!

— Mamá, no seas exagerada por favor… —Dijo tocando su cien con los dedos, clamando paciencia.

—No estoy siendo exagerada, si te reducen la beca no podríamos solventar el costo extra.

—Pues ya les dije que puedo trabajar…

— ¿Para que bajes el promedio aún más? Últimamente has estado muy rebelde y ahora bajas las notas… ¿No te das cuenta el esfuerzo que hacemos tu padre y yo? —Bonnibel iba a objetar algo pero su madre lo evitó — Y no me vengas con que te presionamos, no te estamos presionando ni controlando, simplemente nos preocupamos por ti… Dime la verdad, ¿Te estás drogando? Que el domingo pasado en el templo dieron una plática acerca de eso y tu comportamiento en los últimos meses…

— ¿Es en serio mamá? ¡NO ME DROGO! Ni siquiera bebo, ¿A caso no me conoces? —Dijo perdiendo ya cualquier dejo de paciencia o serenidad.

—Pues ya no, no sé en dónde quedo la Bonnibel que yo eduqué…

—OK… ok, lo dejamos aquí mejor, cada quién a dormir, no tiene caso esta discusión.

—Si lo tiene, pero tienes razón, mañana continuamos, que te calmes. Buenas noches. —Y tras finiquitar "la plática" Helena dejó a Bonnibel completamente furibunda y sola en la sala.

Lumpy, Helena y Bonnibel acababan de desayunar, una vez levantadas, estaban a solas la pelirrosa y su madre, afortunadamente antes de continuar la charla pendiente, fue salvada por Marceline que llegó junto con Finn y las últimas cajas por llevar.

—Marceline, querida pero qué fachas, si vas a vivir aquí haz el favor de no andar así —Advirtió Lumpy mientras Bonnibel salía de la habitación.

— ¿De verdad? — Preguntó Marceline con sarcasmo.

—Bueno, cuando regresé te daré las reglas detalladas, nos vemos después.

—Hola Marceline, ¿Te ayudo?

—No, está bien, no pesan, las llevaré al cuarto.

— ¿No nos vas a presentar Bonnibel? —Preguntó su madre saliendo del pasillo.

—Claro, ella es Marceline y él es Finn, chicos, ella es mi madre, Helena Bubblegum.

Ambos chicos la saludaron cordialmente y llevaron las cajas a la habitación correspondiente. Mientras Finn y Marceline se mantenían ocupados intentando desempacar algunas cajas.

— ¿Entre las reglas de Lucy está el no poder fumar? —Preguntó Marceline enseñando la cajetilla de cigarros.

— ¡Lumpy!... Pero abre la ventana y ahorita te doy un cenicero…

—No te preocupes, tengo el mío, con permiso.

Helena llevó a su hija hasta la cocina para poder hablar con ella.

— ¿De verdad piensan meter a esa… muchacha aquí?... Ahora entiendo, con ese tipo de amistades nuevas…

—A ver mamá ya está decidido, además serán sólo unos meses… Será mejor que nos vayamos o perderás el tren.

—En definitiva no estoy de acuerdo con esto, hablaré con los padres de Lumpy, entiende que es por tu propio bien, además si en éste cuatrimestre no te repones, te lo juro que me vengo a vivir acá Bonnibel, no abuses de mi confianza —Y tras sentenciar a la pelirrosa, ambas salieron del departamento.