Detrás del silencio
Historias dentro de la Historia
Angie Jb / Angelina Velarde
Inició en la Guerra Florida 2011
Editado Enero 2016
EPÍLOGO
- William… ¿te conformarás con ser solamente su amigo?
El me miró sin pestañear. Estaba tocando un tema delicado. Seguí con la vista fija en el camino mientras avanzábamos en el auto hacia la estación de trenes en Chicago. William partiría a Canadá por varias semanas a concretar los últimos convenios con la firma de Otawa. Yo sabía que él no deseaba partir, sobre todo porque no se había atrevido a hablar claramente con ella.
Estaba en un punto sin retorno. Cualquier decisión que tomara sería definitiva. Pero, para bien o para mal, no podía seguir callando.
Cercano al amanecer llegamos a la estación atiborrada de viajeros. Todavía en silencio lo acompañé hasta el andén privado. Aunque no me dijera nada, sabía que mis palabras seguían revoloteando en su mente. Me estaba resignando a su partida callada, cuando su voz pausada y preocupada se hizo escuchar sobre la algarabía de la última llamada para abordar.
- No quiero que actúe por obligación George – dijo con una mano en la agarradera de metal de su vagón y un pie sobre el primer escalón…
- Nunca lo haría William, ella es muy transparente… pero en todo caso… Solo hay una manera de saberlo – le contesté tranquilamente, antes de que el silbido de la locomotora nos interrumpiera otra vez–, y creo que bien vale el riesgo…
El tren empezó a moverse. William alzó la vista al cielo azul cubierto de nubes. Se volvió a mí y sonriendo dijo solo una palabra
- Volveré…
El tren partió envuelto en el vapor y chirriar de ruedas de metal. Poco a poco, los pasajeros que arribaron y sus acompañantes se fueron retirando del lugar, y empecé a caminar cabizbajo hacia el auto.
Casi tres meses después, una carta* precipitó la ansiada revelación que William deseaba con toda el alma.
Todo cambió diametralmente desde entonces; su semblante preocupado quedó atrás. Verlo pleno, me llenó de orgullo como si se tratara de mi propio hijo. William tenía derecho a luchar, a amar. Ya estaba bien de simulaciones y obligaciones patriarcales… Finalmente, William decidió ser feliz.
Por muchos años él se procuró su felicidad, la compañía, el hogar, como podía, donde le tocaba estar…
Primero la encontró apoyado en Rosemary, la figura materna y fraterna que le regaló la mirada de su madre a través de las generaciones. Cada minuto compartido… Es cierto que Rosemary vivió pocos años, demasiado pocos, pero suficientes para que su contacto, su voz, su amor fortalecieran a su hermano, a su hijo y toda persona que tuvimos la enorme bendición de haberla conocido. Luego de su muerte, la misma tía Elroy cambió. Su voz dura y fría ya se resquebrajaba en la soledad. Anthony fue el encargado de terminar la transformación de la vieja mujer. A partir de la perdida de Rosemary, la misma Elroy cedió a su corazón y aceptó la encomienda de amar desmesuradamente a su sobrino sin madre, y posteriormente al otro par de sobrinos quienes en conjunto terminaron por romper la coraza de esa mujer. Podrá engañar a quién sea con su semblante recio, pero yo lo vi aunque ella insistiera hasta sus últimos momentos en su aparente frialdad. Los amó como amó a su sobrina favorita, y no perdió tiempo en ello.
William era caso aparte. Torpemente, la tía decidió que William debía tener la capacidad de levantarse por ser quien era, con o sin amor. El nuevo aislamiento ahora de su sobrino Anthony marcó a William por bastante tiempo en su relación hacia Elroy, hasta que tuvo la capacidad y patria potestad para decidir por sí mismo que estaría cerca de su familia le pesara a quién le pesara, y que además lo haría como él quisiera, no como se lo dictara nadie. Conoció a Anthony desde lejos, y siguió su crecimiento con ferviente interés hasta que la fatalidad se presentó en la familia y desgraciadamente, no por última vez. Por todo esto es natural que no fuera sino hasta muchos años después cuando William y su tía Elroy pudieron limar algo más que asperezas.
William y yo seguimos en contacto permanentemente, aún hoy, así que puedo decir sin tapujos que nos adoptamos mutuamente como familia. El creció y se embriagó en la libertad de su propia esencia como él mismo la forjó pese a toda restricción… y mientras lo hacía, también se encontró con ella, o quizás deba decir en ella.
¡Cuántos encuentros fortuitos se vuelven médula de cada historia! Nos relacionamos de una forma especial o circunstancial con muchas personas. Unos permanecen, se vuelven importantes, vitales, y cuando menos uno piensa ya son parte intransferible de nuestros recuerdos.
He visto partir a tantos… Durante mucho tiempo pensé que era a mí a quién la muerte había perseguido siempre, pero que a propósito y en el último instante se ha burlado de mi dolor, llevándose a alguien amado y cercano en mi lugar...
Mi mente volaba hacia el padre y la madre de William quienes seguramente lo observaban con una sonrisa desde la eternidad… igual que su hermana…
- Creo que he sido como un ave de mal agüero William, - le dije alguna vez, en un momento de suma nostalgia – desde que llegué a esta familia, todos empezaron a morir…
- Eso no lo crees ni un ápice George. Yo lo veo de otro modo, y es que no puedo imaginar qué hubiera sido de mí, de Rosemary y de mi padre incluso si tú no hubieras venido incluido de ese viaje providencial a Francia. ¿Qué habría sido de mí sin ti, George? – me dijo, y yo suspiré callado mirándolo con cariño -Mi padre pudo haber tenido muchos errores George, pero tú siempre serás uno de sus mejores y más atinados aciertos… - prosiguió William echándose su mochila al hombro, antes de partir a una de sus excursiones encubiertas cerca del lago Michigan. - Llegaste justo a tiempo para salvarme del olvido, y la muerte nunca fue tan definitiva, porque a través de ti y tus recuerdos, todos ellos están aquí…
Si. Los recuerdos. Esos que aparecen y se van sin orden ni concierto en la bruma del tiempo.
Ya casi amanece y sigue haciendo frío. Me levantó con trabajo del sillón desde donde he visto despuntar el alba tantas veces, y me froto las manos junto a la chimenea encendida. Luego termino frente a la ventana, esperando…
William viene frecuentemente a casa, la mayoría de las veces acompañado por su esposa, la de los tiernos y risueños ojos verdes. Otras ocasiones ella viene sin William, rodeada de sus pequeños, y se apropia de mi cocina, de mi jardín, de mi aire y de mi risa… de toda mi morada para darle un poco más de color y algarabía. Siempre oportuna, siempre tan cariñosa. Los retratos de sus hijos se han acumulado llenando los lugares especiales sobre la repisa de mi chimenea…
Congeniamos desde que era una niña, ¿y cómo no hacerlo? Finalmente, como ambos concluimos hace años, la mansión de los Andrew siempre fue un refugio para huérfanos, empezando por los propios Andrew y terminando con nosotros mismos; y a pesar de la resistencia de muchos, seguimos formando parte del paquete nos quieran o no…
Y aunque esos días de visitas refrescan mi corazón, también disfruto mi soledad.
Esa que se me viene encima cuando los días pasan tan lentamente. Después de tanto correr por la vida, ahora que la vejez instalada en mis rodillas y mis sienes ha menguado mis fuerzas, observo todo el tiempo que se me da la gana de cada detalle a mí alrededor.
No tengo prisa por avanzar, porque de cualquier modo llegaré a donde me espera la muerte puntual. Además, jamás estoy completamente solo. Me codeo con mis espíritus queridos y escucho sus voces desde el pasado, y sus risas, sus cálidos abrazos cubren mis sueños cada noche y cada madrugada…
Hoy me levanto con tiempo suficiente para ver como un nuevo amanecer avanza sobre el horizonte en la campiña de mi querida Francia… y reiteradamente estoy aquí en primera fila para congraciarme con la vida, como cada día. La vida… La vida sus razones, tristezas y pasiones que todavía le sigue dando motivos para sonreír al anciano decrépito, ese que me ve desde el espejo. Ese, que bajo las arrugas anda por ahí sin nada que pedirle al mundo, sin nada que deber… satisfecho y tranquilo.
Sigo vivo. Y ella también conmigo…
Viene a mí con la brisa que mece los enormes pinos cercanos, al borde del viñedo. Espero paciente, a que su imagen se refresque de lleno en mi corazón, de sus labios no se ha borrado. Lo paladeo con solo cerrar los ojos.
Me cobijo en su mirada aguamarina profunda que vuelve cualquier sitio en mi casa, porque ahí también está ella…
Marrie… Aparece fugaz en mis sueños, sorprendiéndome en cualquier instante cuando estoy despierto. Esperándome en los albores del alba con su sonrisa clara. Desde que partió, más mía y más cercana que nunca…
¿Cuánto tiempo dura un sueño?
Solo sé que alimento esta ilusión todos los días… y que seguramente vivirá mucho después de que yo me haya marchado.
Fin
"...Hay mil historias detrás de un silencio, hay olas que se roba el mar, tú abrazo se consume en el tiempo, y en ti yo quiero descansar.
Hay noches de hielo, hay alas caídas. Llovizna en la acera, tu cara divina…
La vida es un puñado de sueños y besos en la oscuridad. Velas que encienden un sentimiento y amores que renacerán…
Hay mil canciones detrás de un te quiero, ternura en un amanecer. Luces que bajan cuando estás lejos, y brillan porque has de volver
Hay tardes de fuego, hay notas perdidas, hay pétalos muertos, palabras vencidas…
Hay risas eternas, hay siestas contigo. Hay largos otoños que hoy tienen abrigo…
Si tuviera que elegir… Te elegiría a ti, besándome, cuidándome, sintiéndote...
Tan solo esos momentos son los que guardo dentro..."
Notas de la autora (o sea mua)
*La referencia que hace George, es hacia una carta escrita por Candy en el mini fic de mi autoría, que precisamente se llama La Carta.
El último párrafo, es parte de la letra de la canción de "Momentos" de Noel Schajris.
Detrás del silencio, fue el primer fic más largo que escribí por allá de 2011 en la Guerra Florida. Ahora lo retomo y reedito para dejar aquí en fanfiction la última versión. En la primer versión eran un prefacio, 7 capítulos y un epílogo. En esta última versión, el capítulo 7 quedó dividido en tres partes, por eso suman 10 pero es el mismo nada más extendido y ¡se me olvidó publicar el prefacio! entonces, lo publicaré al último ¡Discúlpenme la vida! . Según mis registros esta historia es la número 14 dentro de lo que he llamado "Historias dentro de la Historia". Lo dediqué a Galilea Johnson, la más fiel admiradora de George. Recuerdo que CFRio me dijo cuando leía capítulo tras capítulo de este relato: "¡Es un Andrewcidio!" ¡Y si!. En fin, esta historia se basa en los personajes y la historia de Candy Candy de Mizuqui e Igarashi, los cuales tomo sin fines de lucro, tan solo por el biensano placer de escribir. Cualquier parecido con otro fic o historia es mera coincidencia. Espero lo hayan disfrutando. ¡Hasta pronto!
