Capitulo 9. Mientes tan bien

Que si sigo tu camino llegare hasta el cielo…

Tú me mientes en la cara, y yo me vuelvo un ciego…

Yo me trago tus palabras, tú juegas un juego,

Y me brilla el mundo cuando dices luego…

Cuando dices luego…

Cuando dices siento, siento que eres todo.

Cuando dices vida, yo estaré contigo,

Tomas de mi mano y por dentro lloro…

¡Aunque sea mentira me haces sentir vivo!

Aunque es falso el aire, siento que respiro…

Con los primeros rayos del sol entrando por su ventana, Temari despertó aún sintiéndose cansada. Ya tenía más o menos dos semanas sintiéndose así… y eso, sin contar las nauseas matutinas que desde el mismo tiempo sufría…

Kami, iba a tener que empezar a cancelarle las cenas que Kiba le invitaba, porque definitivamente le estaban cayendo de peso, tenía que ser eso, ella no encontraba otra explicación…

Con aquella idea en la mente y ejerciendo un poco de presión con una de sus manos sobre la boca del estómago, la ojiverde de Suna se puso lentamente de pie, y aún vistiendo únicamente el pijama, bajó al piso inferior en dirección de la cocina, dispuesta a prepararse el remedio casero para las nauseas que desde hacía dos semanas había estado tomando... aunque en esta ocasión, no fue siquiera capaz de prepararlo debido a las intensas ganas de vomitar, que apenas y controló hasta que pudo llegar al sanitario… y que en definitiva, no le auguraron nada bueno…

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-Sabes que lo que beber toda la noche no es nada bueno, ¿verdad Shikamaru?- habló a sus espaldas el muchacho de cabellera corta y castaña clara, mirando cansado al heredero Nara, que se refrescaba la cara con el agua helada que salía del lavabo. – Además, creo que deberías irte a tu casa, seguramente tus familiares deben estar preocupados – siguió diciéndole, manteniéndose cruzado de brazos y mirándolo con el entrecejo arrugado. Sin embargo, el otro muchacho pareció no escucharlo…

-No estás en posición de opinar al respecto Sentaro, de cualquier modo, te estoy pagando por las comidas y las botellas – respondió tranquilamente y a secas el ojinegro, aún agachado y con el agua escurriéndole por el rostro, juntando un poco de agua entre sus manos y llevándosela a la boca para enjuagarse. Suspirando resignado, el joven de cabellera castaña, sacudió molesto la cabeza.

-El problema no es el dinero idiota – le espetó antes de darse la media vuelta, dispuesto a salir de la habitación.- Simplemente, no quisiera encontrarte un día aquí bien muerto – le dijo, y sin esperar una respuesta que a estas alturas ya sabía que no vendría, salió dejando al otro solo, tan sólo escuchándolo escupir…

Muerto…

Sentaro había dicho muerto, y eso mismo se repitió mentalmente durante unos segundos el ojinegro, permaneciendo unos instantes más con el rostro sobre el lavabo, ya fuera pensando o tan sólo esperando…

Hasta ese momento, Nara Shikamaru no había pensado en morir. Tan sólo había intentado fervientemente olvidar, naturalmente sin conseguirlo… y levantando entonces el torso, el joven estratega miró atentamente el reflejo que le devolvía el espejo, y no pudo evitar medio sonreír apenas con ironía, entendiendo la preocupación del bar tender que desde hacía dos semanas lo había estado cuidando… porque en efecto, aún cuando estaba todavía vivo, la palidez que ahora había en su rostro, era prácticamente la de un muerto…

Y dándole la espalda a su propio reflejo, el joven shinobi tomó una de las toallitas que había junto al lavamanos y comenzó a secarse la cara, considerando tal vez un mejor método para acabar de una buena vez con su absurda y vacía existencia…

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Haciendo un último esfuerzo, Yamanaka Ino consiguió poner en su lugar el último de los equipos médicos en su lugar correspondiente, sosteniéndolo cuidadosamente un par de segundos antes de apartar poco a poco sus manos, en espera de que ocurriera o no un mini derrumbe.

Últimamente no había tenido mucho trabajo en el hospital, y debido a eso había decidido encargarse de ordenar la bodega y limpiar todo lo que le fuera posible; necesitaba mantenerse ocupada para no pensar más en Shikamaru, a quien desde hacía dos semanas no había visto y no le parecía conveniente ir a buscar… no después de tanto daño que le había hecho en su necedad de tenerlo…

Aunque tenía que aceptar que aquella mañana el pelinegro no había conseguido salir de sus pensamientos gracias a Chouji, a quien se había encontrado por casualidad y le había contado que el Nara parecía simplemente haber desaparecido de la aldea porque no había ido a trabajar a la oficina, ni a dormir a su casa durante las mismas dos semanas que tenía ella de no verlo… y a estas alturas, la rubia platinada comenzaba a pensar que eso era en gran medida su culpa y por lo tanto, tenía que hacer algo para remediarlo.

-Disculpa, ¿dónde está urgencias? – se escuchó que preguntaban de pronto casi con desesperación en el mostrador, e Ino, reconociendo de inmediato aquella voz, sintió un fuerte escalofrío recorrerle por completo el cuerpo…

-Por este pasillo a la izquierda – informó con tranquilidad la encargada de la recepción.

-Gracias – escuchó de nueva cuenta la platinada aquella voz, y tras unos segundos en los que reacciono, se dio la media vuelta y salió con paso lento de la pequeña bodega que estaba frente a la recepción, y mirando a la encargada, preguntó.

-¿Esa era la embajadora de Suna?- dijo nerviosa, imaginando mil y un motivos por el cual la hermana del Kazekage pudiera estar ahí en el hospital, y la encargada, mirándola apenas unos instantes, asintió antes de volver la vista a los documentos que llenaba.

-Sí, era ella – confirmó, y la Yamanaka, sin mucho pensárselo, cerró cuidadosamente la puerta de la bodega, y avanzó con paso lento en dirección a urgencias, sintiendo un nudo enorme en la garganta, pero completamente decidida.

Tenía que hablar con Temari y explicarle la situación con Shikamaru, decirle que estaba desaparecido y que lamentaba mucho haberse metido entre ellos… Ino tenía que tragarse su orgullo, aceptar la derrota y volver a unir a esa rubia con el hombre del que ella siempre había estado enamorada y que nunca le había correspondido… y sin embargo, en cuanto la vio al final del pasillo, sentada tranquilamente en uno de los asientos de espera, la ojiazul no se vio capaz de ir hasta ella y decirle todo aquello que iba pensando, por lo que permaneció oculta en el recodo de aquel pasillo, con el corazón latiéndole apresuradamente en el pecho, escuchando a Sakura recibirla e invitándola a pasar a uno de los consultorios privados…

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-¿En qué puedo servirte, Temari san?- preguntó cordialmente Haruno Sakura, una vez ingresaron a uno de los consultorios, invitándola a sentarse en la silla frente al escritorio, y aunque ellas apenas y habían cruzado palabras en el pasado, de inmediato comenzó a decirle todos los síntomas padecidos, brindándole su plena confianza.

-Creo que tengo indigestión, por las mañanas me despierto con nauseas, a veces mareos… hoy vomité sin siquiera haber desayunado… ¿podrías hacerme algunos estudios? Un lavado intestina, o tal vez ponerme algún suero… – sugirió ella, segura de qué era lo que tenía y queriendo agilizar lo más posible las cosas. Sin embargo la pelirrosada tan sólo se limitó a bajar la vista hacia el papel en donde anotaba los síntomas de la rubia y que posteriormente debería anexar al expediente médico.

-¿Desde hace cuanto sientes esas molestias?- siguió cuestionando, haciendo caso omiso a las sugerencias de la embajadora, que respondió sin darle mucha importancia.

-Unas dos semanas más o menos – dijo, y en el acto, Sakura levantó la vista y la miró sorprendida…

-¿Dos semanas?- preguntó ligeramente confundida, queriendo comprobar que había escuchado bien. Era probable que Temari hubiera querido decir días, y no semanas… pero la rubia de ojos verdes asintió llevándose una mano a la boca y la otra al estomago, de nuevo sintiendo las espantosas ganas de vomitar…

-Sí, dos semanas… he estado cenando pesado últimamente – confesó, sintiendo más asco al recordar las abundantes cenas que Kiba le había invitado y que ahora la tenían en tan desagradable estado… y sin embargo, Sakura no pensaba igual…

-Temari san… perdona que lo pregunte pero, ¿has… tenido relaciones sexuales en el último mes? – preguntó esperando no ofenderla, y adivinando la respuesta en la mirada de la otra, que ante la cuestión de pronto abrió ligeramente más sus ojos verde aguamarina y se quedó por unos instantes casi con la boca abierta, con una nueva idea en la cabeza…

-Por Kami… no puede ser… - balbuceó incrédula, sorprendida y casi aterrada, mirando a la Haruno frente a ella, y al mismo tiempo sin mirarla.

¿Cómo había sido tan ingenua al pensar que una indigestión estomacal pudiera durar tanto tiempo? El sólo pensarlo era absurdo… porque tal y como había preguntado Sakura, Temari sí tenido relaciones sexuales durante aquel último mes…

Sintiendo una fuerte opresión en su corazón y unas irremediables ganas de llorar que se obligó a contener cerrando los ojos con fuerza, la kunoichi de Suna trató en la medida de lo posible de respirar profundo y mantenerse en completa calma, a pesar de estar completamente alarmada. Estaba embarazada. Por Kami, casi podía estar segura de que estaba embarazada… y no tenía la menor idea de qué era lo que iba a hacer…

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Y de pronto, Kiba sintió que toda la sangre se le iba a los pies al descubrir el lugar hacia donde el perfume de Temari lo dirigía: el hospital.

¿Qué estaba haciendo Temari en aquel lúgubre lugar? Al moreno no le agradaba en lo absoluto aquel edificio lleno de gente enferma y paredes blancas a los que uno iba sólo cuando estuviera enfermo o mal herido; el sólo pasar en frente, a veces le deprimía... y en aquellos momentos, le preocupaba al imaginar mil y un razones de porque su novia estaba en aquel lugar…

Porque sí, desde que ambos habían pasado aquella maravillosa noche juntos, para el experto rastreador, Temari se había convertido desde ese momento en su novia oficial para beneplácito de Sabaku no Kankuro que se marchó más tranquilo a Suna después de enterarse de aquella noticia… y dado que desde entonces el Inuzuka prácticamente no se le había separado a la ojiverde, encontrar repentinamente su aroma en aquel lugar, le ponía los nervios de punta…

Aunque, tenía que admitir que durante los últimos días la había estado notando diferente, un tanto pálida, e incluso su perfume natural había cambiado un poco… pero él no le había dado la menor importancia, porque ni siquiera se había dado cuenta del momento en que se habían ido suscitando aquellos cambios… pero ahora que estaba ahí frente al hospital, la sola idea de que Temari había estado enfermando en frente suyo sin que se diera cuenta le parecía algo sumamente alarmante… y es que él no se perdonaría que algo malo le ocurriera a la mujer que tanto amaba, por lo que entró en el hospital y se adentró en sus pasillos haciendo caso omiso de la mujer de la recepción y mucho menos de Ino, que sentada sobre uno de los banquitos de la sala de espera, con una expresión sombría que de inmediato cambió en cuanto lo vio, se puso repentinamente de pie.

-¡Kiba…! ¿Qué estas haciendo aquí?- le preguntó con el corazón a punto de salírsele del pecho ya que la presencia del muchacho le arruinaba los planes de interceptar a la kunoichi de Suna nada más verla salir del consultorio… pero él ni siquiera le respondió.

Concentrado únicamente en entrar en la misma habitación en que estaba Temari y averiguar la realidad de la situación, el castaño abrió la puerta del consultorio y entró en él sin siquiera avisar, encontrándose su novia sentada frente al escritorio con una prueba de embarazo en las manos… y al instante, todas las piezas sueltas embonaron en su cabeza.

¿Cómo no se había dado cuenta antes? ¡Si Temari presentaba los mismos síntomas que en su momento había presentado Kurenai sensei cuando se había embarazado! ¡Todos, todos los síntomas estaban ahí! La palidez, el cambio de aroma, su apetito… ¡todo! Por Kami, iba a ser papá, ¡iban a ser papás!

-Oh por Kami… ¡Estás embarazada! – casi gritó sintiéndose repentinamente el hombre más dichoso sobre la tierra.

E ingresando en dos pasos al consultorio, el moreno se abalanzó sobre la rubia que apenas y se puso de pie cuando se vio envuelta en aquellos fuertes brazos, estrechándola con fuerza sin importarle en lo más mínimo la mirada sorprendida de la Haruno que tan impactada como la propia Temari por la repentina intromisión, tan sólo se quedo quieta, inmóvil, tan solo admirando la felicidad que del Inuzuka emanaba, sintiendo repentinamente una punzadita de envidia al darse cuenta de lo afortunada que la embajadora había sido al enamorarse de Kiba, que al igual que la pelirrosa, no se percató de la expresión sombría de la futura madre que casi por accidente miró hacia la puerta y sintió un fuerte nudo presionando su corazón al encontrar ahí parada a Ino Yamanaka…

-Mi madre va a desmayarse en cuanto se entere… ¡Y Akamaru va a ponerse tan feliz! – siguió vociferando con entusiasmo el muchacho, terminando entonces el abrazo para poder mirar a su novia a los ojos, esperando verla sonreír como nunca antes la había visto, y desconcertándose enormemente al darse cuenta de que ella no parecía tan inmensamente feliz como pensaba… - Temari… ¿qué pasa, no estás contenta? – no pudo evitar preguntar… y ella, apretando con fuerza sus puños, se obligó a apartar la vista de la puerta y al mismo tiempo empujó ligeramente al moreno para terminar de una buena vez el abrazo…

-Yo… no me siento bien, ¿podemos hablar de esto después? - le respondió cerrando inmediatamente los ojos para evitar responderle, evidentemente incómoda ante la presencia del muchacho en aquel consultorio…

No quería responderle, no se atrevía a hacerlo porque sabía perfectamente bien que de hacerlo, le diría una nueva mentira…de nuevo le mentiría… por Kami, ¡si cada vez que abría la boca frente a Kiba tan sólo mentiras y palabras falsas era lo que decía!

Y lo que era peor, era que ella sabía que él no se lo merecía…

No, él no se lo merecía porque durante aquellas dos últimas semanas, el joven moreno se había comportado de una manera especial, digna de reconocimiento, merecedora absolutamente de amor…

Por primera vez, Temari podía jactarse de que había encontrado al novio perfecto: atento, guapo, detallista, amable, cariñoso y que se desvivía por ella con tal de complacerla… y sin embargo, a pesar de tener finalmente al tipo de novio que siempre había deseado, el recuerdo de Shikamaru no le permitía disfrutarlo…

Porque cada vez que se encontraba a solas con Kiba, a cada momento que él la abrazaba y le susurraba promesas de amor al oído, a cada instante que él la acariciaba o la besaba, la imagen del manipulador de sombras acudía pronta a su cabeza para hacerla sentir que tan sólo lo estaba usando, para recordarle que de no ser por su traición, ella ni siquiera le hubiera dado una oportunidad al Inuzuka, a ese atractivo y cariñoso chico moreno que preocupado por ella, de inmediato la ayudó a sentarse en la silla en donde había estado sentada hasta antes de su repentina intromisión…

-¡Pronto, hay que llevarla al quirófano! – ordenó asustado el muchacho, mirando suplicante a Sakura, que tomando el baumanómetro se disponía a tomarle la presión…

-Tranquilo, debe ser sólo una baja en su presión – quiso calmarle la pelirrosada, y Temari de inmediato asintió llevándose una mano al rostro, cubriéndose al instante los ojos…

-Sí, debe ser eso… como no desayune nada…- comentó al aire, y mirando discretamente al Inuzuka, que dando un respingo, salió de inmediato del consultorio.

-¡Iré a traerte algo de comer! – informó el muchacho, la Haruno, dando también un respingo, salió de inmediato detrás de él…

-¡Kiba está prohibido ingresar a esta área con alimentos- gritó, y como intuía que el moreno no la había escuchado, salió a toda prisa, dándole a Ino la oportunidad de hablar con la hermana del Kazekage, que para ese instante la miraba con arrogancia…

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Omg… esta vez me retracé todavía mas que la ultima vez, lo se, pero es que estos capítulos me están costando bastante trabajo!

Aunque bueno, ya por fin aquí tenemos la continuación del fict… y debo decir que aunque no me gusta poner a Temari como una mentirosa y embustera, la verdad es que creo que era un tanto necesario dadas las circunstancias en que se ha ido desarrollando su relación con Kiba, ¿no les parece? Digamos que es una perspectiva de la realidad por la que muchas mujeres de pronto pasan con tal de demostrar que están siguiendo con sus vidas después de una relación fallida…

Pero bueno, de momento dejare de indagar sobre el fict y espero ahora si poder traer la siguiente continuación dentro de 2 o 3 semanas, gracias por leer y por dejar review!

PD. La canción del principio obviamente se llama Mientes tan bien y la canta el dueto de Sin Bandera.