Aún más Heimdall x Hel!


Le besaba.

Qué pasaba con el tiempo? Se había parado? El tic tac del gran reloj de pie del rincón parecía indicar lo contrario.

De todas formas, absorta en el mar de mariposas que revoloteaban en su estómago, Hel no se daba cuenta de nada. No podía. No quería.

Las manos enguantadas de Heimdall sostenían las suyas y las estrechaban contra los pechos de ambos, y ella temía que si a él se le ocurría quitarlas, su corazón iba a escaparse de su hueco correspondiente e iba a salir, y estallar en muchos pedacitos. Pero le besaba. Le besaba.

Qué distinto se sentía en la vida real.

Su mente, distante, le recordaba que en los libros siempre era todo mucho más frío. Pero el dios guardián se obstinaba en mantenerla pegada a la realidad, y Dios, qué bueno era en eso. Qué bueno que era bueno en eso.

Hel no podía mantenerse suficientemente concentrada en nada como para formarse una idea de qué era exactamente lo que pasaba por su cabeza, o más exactamente su garganta, dónde parecía haber un nudo, en aquel momento. Trataba de mantener una respiración pareja, y aunque realmente lo estaba intentando, sabía que Heimdall era perfectamente consciente de el caos que él estaba causando en su psiquis.

De cierta forma, le encantaba.

Se sentía protegida, estaba muy enterada de que sus rodillas hacía bastante que ya se hubieran dado por vencidas si el dios no la hubiera invitado silenciosamente a reclinarse contra su cuerpo perfecto, casi como el de una estatua, de esas que a los habitantes de Midgard les fascinaba tanto esculpir.

De todas formas ya no era, y desde hacía bastante que no era, una cuestión de orgullo, si no más bien de... entendimiento mutuo. Y eran buenos en eso, y a Heimdall le gustaba traspasar los límites cada vez que se definían límites nuevos, y Hel reiteraba, era muy bueno en eso.

No molestaban ni el silencio ni el frío glacial desde que, repentinamente, él la había estrechado contra sí, unos minutos antes. Ella creía recordar que él había estado a punto de partir hacia Asgard nuevamente, para no regresar hasta que lo vencieran o la resolución de Odín de no complacerlo, o la nostalgia.

A ella ya le habían vencido ambos hacía bastante, prueba de eso era la palidez sepulcral de su piel.

Heimdall separó sus labios de los de ella apenas unos milímetros, pero como atraído por un imán no pudo quedarse lejos por mucho tiempo, y un suave chasquido se desvaneció en la vastitud del salón que permanecía oscuro, callado.

La primer campanada de las dos de la mañana quizo hacer eco. Con un poco de pereza, el dios guardián terminó el beso y se acercó aún más a ella para murmurar en su oído con comodidad,

"Tienes que esperarme."

Ella sonrió.

"Sabes que las puertas están siempre abiertas para tí, Heim."

"Y aunque no lo estén..." el murmullo tomó un tono seductor y meramente arrogante. "Puedo atravesar paredes, así que eso no es un problema."



Perdón por la demora! Jeje, nadie se esperaba la decripción de un beso de como 430+ palabras de largo, no? ;)

Muchas gracias por los reviews y de verdad me da un poco de bronca haber tenido esta historia tan abandonada. Ya hace rato que perdí el hilo de la trama. No lo voy a encontrar, pero les prometo que como dice la poesía, "se hace camino al andar" y voy a actualizar prontito :)

Nos leemos!