Disclaimer: Lo que todos ustedes ya saben, lo que también se yo, pero de lo que no parecen estar seguros ellos, tanto que para evitar problemas todos los autores tenemos que decirlo. Saint Seiya no me pertenece yo tan solo soy una loca más que ama estos personajes, y que fantasea con ellos hasta cuando trabaja, Saint Seiya y todo lo relacionado con esta serie pertenece a Masami Kurumada y a Toei Animation, este es un fic echo para promocionar a la serie entre las personas que como yo también han enloquecido por los personajes, No hay, y repito no hay ningún afán de lucro una vez aclarado lo anterior ojalá que disfruten de este nuevo capítulo. (Samara y Dafnis son personajes míos).

Dos aclaraciones y un profundo agradecimiento primera yo no se muy bien de la geografía de Grecia, en especial de la isla de Milos pero bueno, se que ustedes me sabrán perdonar.

Segundo como seguro todos ustedes saben la pagina ya no permite ciertos caracteres así que todo lo que vean entre estos caracteres ((((palabras )))) corresponden a pensamientos.

Agradecimiento: El agradecimiento es para todos los que han acompañado a esta historia y en especial a los que dejan reviews perdonen si no los he contestado es que el trabajo no me ha dado tiempo, aún así muchas gracias y que Dios los bendiga.


Capitulo X.-Huida Frustrada (Segunda Parte).

En este mundo creado por Dios, pocas cosas son, o mas bien, comparten el portento de volar, volar, como lo hacen las gaviotas ni muy lejos ni muy cerca de la costa, apenas lo suficiente para garantizar que sus esfuerzos no serán vanos y al final de cada zambullida obtendrán de las aguas del mar su alimento. Una y otra vez estas excelsas aves ascienden aprovechando la ayuda del viento que, como fiel guardián les proporciona el impulso necesario para ganar la altitud indispensable para localizar a su presa, una vez localizada esta, cada gaviota emula al mejor y más certero de los torpedos y desciende en picada a toda velocidad dejando sin oportunidad alguna al pobre y desprevenido pez; cuya fugaz agonía es tan solo percibida por el resto de las criaturas marinas gracias al splash ocasionado por su verdugo y al desesperado chapoteo con el cual el atrapado pez lucha por su vida.

En los minutos que siguieron a la increíble revelación de Samara, M perdió la noción de cuantos peces habían encontrado el fin de su vida en el arrecife cercano a donde se encontraba el viejo templo donde A y Samara lo retenían prisionero, lo único seguro es que poco a poco su respiración adopto el ritmo de las inmersiones de las gaviotas, esto es, tomaba aire en cada ascenso y lo soltaba ávidamente en el momento en que el splash se producía, jugándole su mente en esta forma de la manera más ruin la ilusión de que él era uno de esos tantos peces y Samara, era una gaviota que lo observaba desde el aire, para súbitamente dejarse ir hacia el agua y arrebatarlo entre sus patas.

Estas muy callado pequeño¿Te sientes bien¿Quieres que te ofrezca un poco de agua?-

...-

Entiendo lo que sientes, yo haría lo mismo si fuera tú, a mí también me costaría confiar en la persona que tanto ha contribuido en mi desgracia, pero yo ... te aseguro que no miento...yo no tenía el derecho de involucrarte a ti en to...-

¡No¡no lo tenias¡de manera alguna!-

Milo responde sin ningún tipo de emoción en su voz con un reflejo opaco de tristeza y desesperanza en su bello semblante y la mirada fija en la ventana desde la cual contempla el ir y venir de las gaviotas, en el ciclo interminable de la vida, donde no hay más elección que la de comer o ser comido.

Milo ... yo... no sé...quisiera...-

Por favor, no hables, porque no quiero, ni creo poder confiar en nada de lo que me digas, tu no puedes, no tienes una idea de que tan grande es el daño que ustedes me han hecho, no es solo mi cuerpo lo que Albiore ha agredido, ha sido mi alma, mi corazón, mi más grande ilusión, mi honra como caballero y como persona... Dime Samara, dime si en algún momento pensaste en mi, en como sería yo, en lo que sentía, en lo que había vivido, en si he sufrido...en si me merecía que Albiore me hiciera lo que me hizo...-

Milo ...yo no...no quería...yo pensé que tú eras como el resto...como todos esos arrogantes, vanidosos y extremadamente soberbios caballeros dorados, creí que hacía lo correcto al ayudar a Albiore a alcanzar su mayor anhelo...creí que era justo que se rompieran las barreras, esas absurdas barreras de la categoría, de la arcaica jerarquía del santua...-

¿Barreras¿Jerarquía¿Arrogantes¿Soberbios, disculpa si me sonrió pero viniendo de una persona que juzga a un grupo entero por el comportamiento de uno de sus elementos encuentro tu juicio muy poco serio¿Cómo puedes tú juzgarnos a nosotros cuando ni siquiera nos conoces?- Interrumpe un molesto Milo tratando de ser lo más sarcástico posible en especial al referirse al juicio poco serio de Samara.

Claro que si yo...-

Conocernos tu¿cuántas veces nos has visto¿Cuántas veces has hablado con nosotros, o mejor aún cuantos días hemos compartido de sol a sol¿quizás bromeando, compartiendo el mismo plato o el mismo vaso, o simplemente charlando acerca de nuestros sueños, nuestros miedos, o recuerdos¿has estado con nosotros cuando hemos llorado, porque aunque te resulte difícil de creer lloramos Samara, si también nosotros lloramos y lo hacemos a menudo de amargura, de rabia o por impotencia¿qué has hecho tú para ayudarnos a sobrellevar el cansancio de un día de exhaustivo entrenamiento bajo el abrasador sol de Atenas, dime que has hecho, y en cuanto a las barreras que mencionas ni siquiera me hago una idea ya no digamos clara, mínima de lo que estas hablando.-

Ohh cariño, claro que sabes de lo que hablo, son los prejuicios, esos prejuicios de la categoría de una caballero dorado que le impide relacionarse con alguien de menor rango, menos aún aceptar sus ofrecimientos de amor, por considerar indigno tal relacionamiento-

¿De qué me hablas¿Cuáles prejuicios¿Qué relacionamiento?-

El de Albiore y tú, sino fuera por la arrogancia de los caballeros dorados Albiore habría podido acercarse a ti, declararte su amor y tu no lo habrías declinado, por temor al rechazo de tus compañeros de rango-

Aquí va otra vez, hablas juzgándome a mí, te expresas como si yo hubiera tenido la menor idea de lo que Albiore sentía por mí y simplemente me hubiera negado a corresponderle por temor al rechazo de los demás, por temor a la desaprobación del resto de caballeros de la orden dorada-

¿y acaso no fue así?-

¡CLARO QUE NO!, Tus palabras no hacen mas que validar todo lo que te dije, nuestra relación como caballeros no está solo basada en el rango común, se basa en la convivencia, en el respeto mutuo, en el cariño y la aceptación desinteresada de cada uno hacia los demás, ellos jamás y permíteme remarcarlo ¡JAMAS! Intervendrían en mi vida privada como yo tampoco me atrevería a hacerlo en la de ellos, si yo no le correspondí a Albiore es por que ni siquiera tenía idea de que él sintiera eso por mí, por Atenea, si a Albiore lo he visto cinco o seis veces en mi vida, han sido muchas, y la mayoría deben haber ocurrido cuando yo era un niño y me entrenaba en el santuario para ganar mi armadura como caballero.-

Yo...pero yo...Albiore me dijo que...oh cielos...-

Pues es obvio que Albiore te ha engañado, si tu le ofreciste tu ayuda y él vio en ella la oportunidad perfecta para forzar algo que él sabe muy bien que nunca obtendrá de mí ni siquiera a la fuerza, pues mentirte era lo de menos, yo...yo no puedo corresponder a nadie porque yo... yo estoy enamorado de Camus, lo he estado toda mi vida desde que éramos niños, y él me cuidaba, me protegía, me defendía de los niños más grandes que yo, me motivaba a seguir adelante a pesar del dolor, de todos mis fracasos, yo amo a Camus con todo mi corazón, amo su risa discreta, esa que solo a mí me dedica a manera de cariñosa reprimenda cuando él sabe que he roto alguna regla, amo sus maneras suaves y elegantes con las que me obsequia siempre que lo visito o me visita en nuestros respectivos templos, amo su mirar profundo e intenso como el azul del mar cuando oscurece, amo la luz que representa su guía siempre oportuna para mi, pero sobre todo amo su compañía, la compañía por la que aspiro a ser mejor cada día para ser digno de estar a su lado, para que mi compañía nunca sea para él motivo de vergüenza, amo al Milo que quiere y sabe que puede ser mejor estando a su lado, amo a la persona que soy, que estoy dispuesto a ser para él, y amo él que a pesar de todo lo malo que pueda haber en mí producto de mis temores, de mis frustraciones y carencias el no me ha abandonado, ha permanecido siempre a mi lado apoyándome. Y no tengo nada más que decir o una mejor manera de explicarte, de exponer el tamaño del daño que ustedes me hicieron.-

Yo...pero Milo¿no crees que tal vez el daño no sea tan grande como tu piensas¿si lo que Albiore dijo es cierto Camus debe amarte lo suficiente como para no importarse con esto, como para poder superarlo y seguir amándote en consecuencia, Si el de verdad es tan noble y bueno como tu lo pintas, aunque yo no lo creo, esto no será un obstáculo, al contrario ahora es cuando él más va a amarte, a apoyarte, a hacerte sentir seguro, esto no le importara si es que de verdad te ama tanto como tú a él...-

Pero me importara a mi Samara, yo estaré consciente en todo momento de lo que pasa, a mi mente vendrán las escenas, las asquerosas sensaciones que he tenido durante estos días al lado de Albiore y no solo eso, sabré que le falle, que le falle en entregarme a él puro, limpio, que le falle por ser tan débil, por haber permitido que esto pasara, ahora yo...yo...yo ya no podré sentirme seguro de su amor, en caso de que las palabras de ese infeliz de Albiore sean ciertas yo ya no podré sentirme seguro de su amor por mi¿por qué como diferenciar su amor de su lástima, pero sobretodo yo...yo ya no podría olvidar el dolor, la desilusión, el velo de decepción que cubrió sus zafiros cuando Albiore me penetraba.-

Milo, tu no, tu no puedes estar seguro de modo alguno de que eso es precisamente lo que él sentía, quizás el velo del que hablas se debía a otro tipo de emociones, ansiedad, impotencia, frustración o rabia por no poder defenderte, quizás el también sentía lo mismo que tú, que te había fallado, que debió de evitar que Albiore te violara...Milo piénsalo con cuidado¿Qué sentirías tú si las cosas fueran a la inversa¿Si de pronto alguien entrara a la casa de Acuario y abusara de Camus ante tus ojos?...-

Yo no...¡NO, NO, NO, YO MATARIA, MATARIA AL MALDITO QUE SE ATREVIERA...yo no...no me perdonaría si no pudiera protegerlo...-

Lo ves, seguramente Camus piensa lo mismo que tú, y para él también es horrible no haber podido ayudarte.-

yo...yo...yo no quiero que él sufra, que él sufra por algo que no es su culpa, él lo intento, trató de ayudarme...se expuso a un gran peligro con tal de salvarme...-

¿Y no crees que eso me da la razón, El peligro del que tú hablas yo se los envié, pero lo envié antes, mientras y después de que Albiore te atacara, te poseyera, y por lo que a mi respecta la actitud de él fue la misma durante todo ese tiempo, el no desistió, siguió tratando de salvarte, de alejar a Albiore de ti, aún después de que Albiore ya te había violentado, eso lo prueba, prueba que su amor no disminuyo, que el no le dio importancia a eso, que para él lo único importante eras tú, que lo único que deseaba era que ni yo ni Albiore te hiciéramos más daño-

Milo no tuvo más opción que la de guardar silencio ante estas ultimas palabras de Samara, porque en realidad algo en su corazón le decía que ella tenía la razón y sin notarlo, millones de imágenes de momentos vividos en compañía de Camus vinieron su mente, instándolo a no rendirse a luchar por su amor, por el amor por el que llevaba esperando toda su vida, y como un regalo de los dioses mismos acuden con extraordinaria nitidez unas palabras dulces, suaves, susurradas en su oído por aquel que amaba, por Camus, su Camus, palabras que él le dedicara cuando lo creía sumido en la inconsciencia.

FLASH BACK

"Perdóname ángel mío, mi más preciado bien por no haber podido protegerte, por no haber podido evitar que Albiore te violara"-

FIN DEL FLASH BACK

Camus….mi querido Camus, como quisiera estar contigo ahora, sentarme a tu lado y recargar mi cabeza sobre tu pecho para contemplar el cielo, para contemplar las estrellas, esas estrellas que mudas y complacientes nos miran a diario burlándose con su luz de mi cobardía, del temor que me impide apoderarme de tus suaves y tersos labios, del temor que mantiene presas mis manos en mi propio regazo para evitar que traviesas se recreen en la maravilla de tu rostro, y que obliga a mis ojos indiscretos a permanecer cerrados para que no descubran con el brillo que tu les provocas cada uno de mis sentimientos y que tu me hables en susurros sobre la leyenda de cada una de las constelaciones que no solo nos rigen a nosotros los doce, sino a cada uno de los 88 caballeros del santuario, mientras yo le doy vida a cada una de ellas pero siempre con nosotros como protagonistas y culminándolas todas con un abrazo muy, muy junto y un tierno pero apasionado beso.-

Entonces que esperas¡Vamos Cariño De Prisa, Albiore no va a estar en el baño toda la vida, apresúrate yo te ayudare a escapar mientras que él no ésta aquí, y trataré de confundirlo para que tu tengas un poco más de tiempo antes de que salga en tu busca...-

Pero Samara...¿Por qué de pronto...tú...vas a traicionarlo?-

La voz de Milo denotaba desconfianza pero quién podría culparlo, en especial por el repentino cambio de Samara que de ser una arpía con tendencias asesinas hacia las personas que más quería, ahora le proponía ayudarlo a escapar, a librarse de ese infierno en el que Albiore lo había sumergido con la complicidad de ella, cierto era que Milo podía sentir un cambio en las vibraciones que emanaban de ella pero, y si era mas un engaño, una nueva jugarreta necesaria para facilitar los planes de ambos, necesaria para su tan "afamado hechizo", pero que más podía hacer, o se arriesgaba ahora, o lo dejaba para después, pero corriendo el grave riesgo de que ya no hubiera un después, de que su futuro dejara de estar en sus manos para estar en manos de Albiore, pero todo era tan extraño, la repentina espontaneidad de Albiore sobre los sentimientos de el caballero de Acuario, la aparente ruptura entre los aliados, el arrepentimiento de Samara y sobre todo esa sensación de urgencia por hallar las palabras que le permitieran comunicarse adecuadamente con Samara, a que se debía esa sensación de vacío entre él y ella, esa sensación de que algo que no había sido dicho se tenía que decir, aun sin estar seguro de lo que esto era en realidad.

Samara...yo bueno...no se que debo decir...yo...solo...gracias-

No amor, tu no me debes nada, al contrario soy yo la que siempre te deberá algo a tí, porque no hay nada en este mundo que yo pueda hacer por tí, que restituya tan gran daño.-

Bueno, bueno, basta de palabras, de prisa acompáñame a mi cuarto, tengo preparada ahí algo de comida, una frazada y medicinas para los golpes y las magulladuras que te provocamos todo dentro de una mochila, pero ¡corre¡corre!.-

Y así, un todavía desconfiado pero anhelante Milo sigue a Samara a través de la habitación , sin imaginar siquiera lo que le espera de nuevo en su futuro, sin imaginar en lo más mínimo el giro tan radical que su vida dará de hoy en adelante, un giro que tiene bastante que ver con su pasado, todo que haber en su presente y mucho que pesar en su futuro, los Dioses a veces también se aburren, y a menudo andan a la caza de nuevas gamas de colores, colores bellamente representados en las almas humanas como lo que nosotros llamamos emociones. Desgraciadamente algunos de esos colores conllevan matices tan intensos que pueden rebasar aquello que embellecen hasta empequeñecerlo, hasta minarlo, hasta destruirlo para siempre provocando que tanto el matiz como el portador del mismo se pierdan en la inmensidad del tiempo y el espacio unidos.

Samara camina deprisa, alcanza la puerta y presa de la agitación parece olvidar por un momento con quien habla, el caballero protegido del escorpión, así que de sus labios brota sin control una innecesaria advertencia.

Camina a mi ritmo, no te separes ni te rezagues, tienes que ir a la par de la antorcha que llevo en la mano para que no corras peligro y por ningun motivo, me escuchas, por ningún motivo te recargues, pegues o toques las paredes. Ahora vamos de prisa y ten especial cuidado en cumplir con lo que te dije.-

Pero Samara espera... ¿Por qué no debo?...-

El octavo caballero dorado no pudo ni terminar la pregunta cuando ya Samara comenzaba a andar por el corredor, ansiosa y evidentemente preocupada por que ya habían gastado mucho tiempo y Albiore podía estar de vuelta en cualquier momento, Milo tuvo que emprender un ligero trote para alcanzar a la sibila de Apolo, trote que interrumpió al contemplar el maravilloso espectáculo que tanto las paredes como el techo y el suelo de aquel antiguo templo obsequiaron a sus ojos, apenas podía creerlo y de no ser por que llevaba ya un buen tiempo en pleno uso de su conciencia y por que sus sentidos juzgaban como verdadero aquello que contemplaba jamás lo hubiera creído, al mismo tiempo que un extraño sentido de pertenencia con aquel lugar comenzaba a desarrollarse en lo más profundo de su ser.

Por momentos parecía que las paredes, o mejor aún la estructura completa cobraba vida matizando de destellos violáceos y rojizos el camino por el que el caballero andaba, destellos que solo eran percibibles a su alrededor, ya que en la zona donde el caballero yacía parado contemplando entre asombrado y expectante tal fenómeno dichos destellos no se percibían, sin aguantar la curiosidad o más bien motivado por una extraña atracción el caballero extendió sus manos hacia la pared con las palmas hacia arriba esperando por el toque con las paredes del hermoso templo en forma de laberinto.

¡OHHH NOOO¡MILO ESPERA TE DIJE QUE NO TOCA...!-

La sorpresa impide que Samara termine la frase frente a ella Milo sostenía no uno ni dos por lo menos diez escorpiones en cada mano sonriendo como un niño, entre divertido y orgulloso se dio la vuelta hacia donde Samara estaba dejando a esta con la boca abierta.

Mira, no es sorprendente que haya tantos aquí, Dioses quisiera ver la cara de Afrodita ahora, él que siempre se queja de Teofilo y Cleofás seguramente aquí sufriría un infarto el pobre pero son tan lindos y estos en particular -Milo levanto sus manos hacia Samara que retrocedió solo por "precaución"- no son comunes no solo en la isla de Milos, en toda Grecia, son muy venenosos, pero me pregunto ¿por qué no los había visto antes?-

(((((Caray, yo muriendo de la angustia por que se envenene y él jugando con ellos, maravillado como si fuera un niño¡ayy mi niño, pero si la tonta soy yo, acaso olvido que este templo es tuyo, que todo lo que hay aquí te pertenece, responde a tu espíritu y ellos en particular estan, aquí para protegerte, eres a la vez amo y siervo, protegido y protector, eres su elegido el guardián de la octava constelación)))).

Samara¿Estas bien, Samara...-

Samara¿Te ocurre algo?...-

¿Ehhh, ah no nada, nada solo me quede pensando en lo que decías, que eran peligrosos no se porque no se me ocurrió antes que tú no correrías ningún peligro, en fin deprisa, tenemos que aprovechar la luz del sol que queda para que tengas tiempo y te alejes, tienes una gran ventaja sobre Albiore, aunque el está más entero, y su cosmos le responde por completo, tu creciste en la isla y presumo que la conoces como la palma de tu mano aún de noche¿No es cierto Milo?-

Aja, yo podría si quisiera andar en ella con los ojos cerrados pero si este es el lado este de la isla, es un área muy despoblada, muy árida, no encontrare muchos lugares donde esconderme o como disimular mi rastro fácilmente, y así Albiore podría fácilmente ubicarme si no estoy lo suficientemente lejos.-

¿A qué esperamos entonces mi niño, de prisa sígueme pero ay por favor, deja esos animales en las paredes ¿quieres?.-

Y Milo percibiendo que aún lleva con él a los escorpiones y que estos mantienen a Samara muy pero muy "Atenta" de un modo delicado devuelve estos junto a los centenares de escorpiones que poblan el templo y sus alrededores.

Lo siento, pero... si tanto les temes ¿Cómo es que has podido estar aquí tanto tiempo?-

Pues...en realidad ya había estado aquí antes.-

Ya veo...Oye Samara¿Y por qué de pronto me hablas con tanto cariño como si me conocieras de algún sitio?.-

Pues, yo...no lo sé...tan solo me nace del corazón un calor muy especial dentro de mí, es como si entre nosotros existiera algún lazo y es que en realidad me recuerdas a alguien a quien amé mucho, y supongo que también se debe a que aún eres muy joven, así que, o mas bien eres mucho más joven e inocente de lo que yo pensaba, Albiore me mintió en muchas cosas.-

Entiendo, pero aún así yo...-

Basta de preguntas pequeño, el tiempo corre y Albiore podría aparecer en cualquier instante, así que anda¡Ven conmigo!-

Y Milo decide ya no insistir y hacer caso de Samara, luego de atravesar como diez puertas, girar a la derecha como veinte veces y otras tantas a la izquierda, subir y bajar cuatro o cinco tramos de escalera y terminar con un ligero dolor de cabeza, finalmente llegan a la puerta de la habitación de Samara, esta gira el picaporte y entra quedándose paralizada casi al instante, ahí sentado de manera displicente en un sillón mirando fijamente hacia la puerta se encuentra...

¡ALBIORE¿QUÉ¿QUÉ ESTAS HACIENDO AQUÍ?-

Al percibir el tono asustado en la voz de Samara y registrar en su mente el significado de las palabras que pronunciara, Milo automáticamente se puso en guardia, pero con el corazón oprimido en su pecho, sabía que sin su cosmos no podría hacer mucho frente al caballero de plata.

Vaya, vaya Samara, pues sí que estas cuidando bien de mi ángel, tanto que hasta le has ofrecido un tour por todo el templo para que no se aburra, y supongo que eso es bueno, no quisiera que su espléndido cuerpo se viera afectado en lo más mínimo debido a la falta de actividad, en especial considerando que estoy cada vez más cerca de poder disfrutar de él como siempre lo he querido.-

Albiore, no es...no es lo que parece, el chico se siente un poco mal y yo lo traje hasta aquí para darle algún filtro que le ayude-

Oh claro, claro, y no sabes como te lo agradezco, pero me parece que tardaste mucho tiempo para llegar desde mi cuarto hasta el tuyo, y que para sentirse mal, él se ve muy pero muy entero, casi como si nunca hubiera estado drogado...¿No crees?.-

Pues claro que nos tomo mucho tiempo, como te dije él no se siente bien así que venimos caminando despacio y pues él no tiene mucha energía, no ha comido bien y ...-

¡CALLATE¡TRAIDORA¡MENTIROSA, pensabas ayudarlo a escapar¡Maldita! Atrévete a negarlo.-

Te has vuelto loco Albiore, piensa en la cantidad de tonterías que estas diciendo¿qué rayos ganaba yo, traicionándote¿A mí en que me beneficia que el muchacho se escape, por el contrario, Atenea sabría donde encontrarme, y podría venir hasta aquí con la intención de castigarme por el ataque a su Santuario.-

¡MALDITA, NO ME MIENTAS!-

Y preso de la ira Albiore se abalanza en contra de Samara con toda la intención de golpearla, alza su puño derecho y cuando esta a punto de descargar el golpe en pleno rostro de la sibila, un fuerte impacto en su vientre lo dobla seguido de otro en pleno rostro que ocasiona que su labio inferior sangre, rematando con otro más a la altura de la boca del estómago que lo obliga a expeler todo el aire contenido en sus pulmones, Albiore no sabría nunca decir cual de los tres golpes fue el más doloroso, ni cual fue el primero, de lo único que estuvo plenamente conciente fue de la iracunda voz de Milo que siguió a los impactos, de su mirada de profunda repulsión, al marcado desprecio que emanaba del escorpión dorado.

Es increíble hasta que punto puede llegar tu cobardía, no solo atacas a traición y ayudándote de porquerías a un superior, a un caballero dorado, ultrajas mi cuerpo y pones a Atenea y a todo el santuario en peligro¡POR UN MALDITO CAPRICHO TUYO, POR UNA OBSESIÓN MALSANA, sino que además te atreves a levantar el puño en contra de una mujer¿cómo puedes¿CÓMO OSAS LLAMARTE A TI MISMO UN CABALLERO ATENIENSE?-

La verdad siempre debe ser dicha, de las tres personas que se encontraban en esa habitación el más sorprendido por tan intensa reacción a la cobardía de Albiore fue el propio Milo, que no podía explicarse el porque de tan airada respuesta.

Él guardián de la octava casa estaba atónito, no entendía el porque había reaccionado así de la forma en que lo había hecho, de lo que estaba seguro es que su sangre había hervido en sus venas cuando Albiore se dispuso a golpear a Samara, y un resorte interior lo puso en acción para protegerla.

Samara que de los tres fue la que más rápidamente salió de su estupor tomo el brazo de milo y jalándolo hacia el pasillo mas que gritarle o decirle, le imploro en voz apenas controlada.

¡Vamos¡De prisa, sigue por este pasillo, hasta topar con la pared, luego dobla hacia la izquierda y sube por los tres primeros tramos de escalera que aparecerán en tu frente, atraviesa la primera puerta a mano derecha y continua de frente por todo el pasillo hasta topar con una puerta de madera que tiene un vitral que representa la persecución del escorpión a Orión, así como la huída de este a través del mar, crúzala y estarás libre, una vez afuera por favor, por favor ¡No te detengas¡Corre, Corre lo más rápido que puedas¡No vayas a detenerte, tu conoces la isla una vez afuera del templo tu sabrás como orientarte y debes procurar elegir el mejor camino para quedar fuera del alcance de Albiore.-

¡No, Samara, No, si me voy Albiore va a agredirte, puede hasta matarte, tu lo viste está fuera de sí¡No voy a dejarte sola con él, podría lastimarte¡No, no voy a macharme!.-

Milo, mi niño, Dafnis tenía mucha razón, eres un ángel, a pesar de todo lo que yo te hice, piensas en mí antes que en ti mismo, te preocupa lo que me pase- lagrimas tristes y rebeldes surcan las mejillas de Samara, su corazón había ya olvidado hace mucho tiempo como es el calor, la ternura que provoca en nosotros, que brota de nuestro corazón el hecho de saber que hay alguien mas que se preocupa por nuestro bienestar.

– Oh Milo, mi dulce Milo¡Perdóname, perdóname¡Por favor te la suplico, eres un buen muchacho, ahora comprendo por que todos te aman tanto en el santuario, eres un tesoro, un verdadero y noble caballero dorado.-

Pero debes irte¡Pronto, has todo tal como te lo dije y alcanzaras la salida del templo sin mayor problema, no te demores, ni te preocupes por mi aún me quedan un par de buenos trucos que Albiore no conoce, que no se espera, corre, vete yo estaré bien, lo prometo ahora eres tu quien debe de cuidarse, anda confía en lo que te digo y vete¡Vete, antes de que Albiore se recupere.-

Samara, yo... ¿estas segura que estarás bien?.-

Por supuesto, anda, vete, ya lo escucho tratando de ponerse de pie, no pierdas más el tiempo y corre, yo lo entretendré el tiempo necesario para que tu te alejes lo suficiente.-

Gracias Samara, gracias por todo...y ten mucho cuidado.-

A ti mi amor, gracias a ti y suerte¡MUCHA SUERTE!.-

Sa...Sam...Samara...¿Cóm...cómo te atre...ves¿por qué, por qué maldita?-

Albiore apareció recargándose en el quicio de la puerta, su aspecto era impresionante, sus ojos totalmente rojos inyectados de sangre debido a la ira, su rostro contraído en parte por el dolor de los golpes que recibió de Milo y en parte por el sobrehumano esfuerzo que estaba haciendo para recuperarse lo más pronto posible, su piel pálida como cera, y el temblor en cada uno de los músculos de su cuerpo, le daban una imagen aterradora como si él mismo acabará de escapar del infierno. Como si fuera un alma en pena.

Y en parte podría decirse que así era, estaba perdiendo a su Milo, su niño, su caballero dorado estaba escapando y ahora entendía como había sucedido, la fuerza y certeza en los golpes de Milo hicieron de forma absurda la luz en su cabeza, Samara lo había engañado desde mucho antes, Milo no había estado drogado al menos no por ese día, solo así podía el caballero de plata explicarse el porque de la fuerza del escorpión, de su agilidad y buenos reflejos, así como de la velocidad con la que huía hacia el exterior del templo. HUIA, SU HERMOSO ADONIS HUIA!NOOO, NO PODIA PERMITIRLO, EL DEBIA DE HACER ALGO, TENIA QUE IMPEDIRLO.

Justo cuando se disponía a iniciar una carrera en su busca, la férrea imagen de Samara le cerro el paso, ella simplemente no estaba intimidada en lo más mínimo, ni por su aspecto, ni por el aura que emanaba del cuerpo del caballero de plata, ella lo detendría porque así se lo había prometido a cierto hermoso ángel de ojos aquamarina y cabellos azules, si ella lo haría, además porque asustarse acaso no ya antes había enfrentado su espíritu cosas peores.