Paranormal

Primer día y el lugar le parecía normal, solo tenía que seguir alguno de los caminos y eventualmente encontraría signos de civilización. Le había tomado tiempo, pero al fin había una ruta que seguir, agradecía a la ciencia que su captor no hubiera tenido tiempo de llevarlo más lejos.

Segundo día, en las praderas encontró un especie cornuda de conejos. Los observó durante un buen rato, atrapó uno y lleno de sentimientos ambivalentes descartó cualquier pensamiento no científico. Seguramente había leído de algo similar en algún libro, el pensamiento no le parecía tan ajeno.

Habían pues, especies aún más extrañas en el planeta. Cuando volviera a casa hablaría con algún colega para estudiarlos mejor.

Tercer día, los caminos no lo habían llevado a ningún lado, todos llegaban a su fin antes de que siquiera cayera la tarde. Cerca de un pequeño lago observó una nueva especie de ranas, tras acercarse unos pocos pasos descubrió que eran hostiles… Aún le dolían los golpes.

Quinta noche, su antorcha se apagó y él quedo sumido en las más absoluta obscuridad. Vagamente recodaba un dolor más haya de lo agonizante.

Primer día, el lugar ya no le parecía tan normal. El mismo hombre, el mismo saludo y aunque los terrenos eran parecidos, le parecía estar en un lugar totalmente distinto.

Amanecer del cuarto día, se encontró con una cabaña. En su alegría, se olvido de los recursos que buscaba con necesidad y empezó a inspeccionar el lugar con el fin de encontrar a su habitante. La vivienda en buen estado daba señales de estar ocupada, incluso si estaba cerrada, por la ventana logró vislumbrar un acogedor comedor.

Tras rondar por los alrededores unos minutos se encontró con algo que le robo el aliento. Un cerdo humanoide con taparrabo, un poco más alto que él daba vueltas por el bosque. El cerdo al verlo huyo despavorido de él gritando en su mismo idioma.

Tarde del día trece, morir despedazo a manos de la extraña raza de lobos, definitivamente era una experiencia para no olvidar. Desangrándose en el piso cerró los ojos para entregarse a la fútil libertad de la inconciencia.

Día uno, observo sus manos, se arrodilló en el suelo y sujeto su cabeza entre sus manos enguantadas. Estaba bien, estaba sano y no en su propio charco de sangre. Sus manos ya no eran rojo carmesí, no estaban húmedas y pegajosas con el liquido que corría por sus venas, estaban secas, limpias, con sus guantes y su camisa, cubiertas con ropa que parecía ser nueva.

Imágenes de colmillos blancos eran reproducidas en su mente, así como también el mismo discurso que lo acompañaba al "despertar", se vio a si mismo, sus órganos esparcidos en le piso, fue real, lo sabía y tan solo habían pasado unos segundos tras su muerte. A diferencia de otras veces, esta vez era conciente de ello y no sabía ya, cuantas veces había repetido este maldito ciclo. Los esqueletos… que iluso, eran todos y cada uno los restos de si mismo.

Miró a su alrededor, nada de lo que conocía era suficiente para dar una explicación, ningún conocimiento le era útil para si quiera formar una hipótesis.

Frenéticamente busco comida, ramas, lo que fuera. En su desesperación murió igualmente esa misma noche.

Día cuarenta y siete. Con un sombrero de copa, conejos y madera armo lo que según los planos que hayo en el extraño cofre en medio de la sabana, era un prestihatitor. Con sus notas en mano, comenzó sus anotaciones sobre los procesos que la maquina era capaz de realizar.

Ya había perdido la cuenta de las veces que había muerto y los días los contaba por habito. Pero nada de eso impediría que conquistará este o todos los mundos que fueran necesarios.

La maquina comenzó a funcionar, ahora con una lanza y una gema azul en su interior. Observó a la energía afectar los materiales, generar grandes cantidades de calor, el sombrero se mantuvo intacto, así como los demás componentes del aparto. Anotó.

Y qué si se encontraba con algo extraño, nuevo, inexplicable por la ciencia que conoció toda su vida, eso solo daba paso a que su mente científica entrará en acción, pues él lo investigaría y él daría una explicación. Lo paranormal no existía, solo necesitaba cambiar su paradigma, tal como lo hicieron Copérnico, Lavoisier y tantos otros grandes científicos antes que él.


NA: Lo siento por el intervalo repentino, estaba terminando el semestre en la universidad y me encontré sin tiempo para revisar y subir esto adecuadamente.