Capítulo 10
- "Una fecha que vivirá en la infamia…"
La radio se encontraba prendida en la sala, y se podía escuchar claramente como el presidente Roosevelt hablaba sobre la tragedia que había ocurrido 2 días atrás.
Bajo aquellas palabras y en el segundo piso de la casa, Kristoff miraba serio mientras terminaba de guardar sus cosas dentro de una pequeña maleta, no sin antes observar una fotografía donde se encontraba su esposa y sus pequeños hijos, una fotografía que se tomaron en un día de picnic en verano.
Delicadamente coloco aquel recuerdo dentro de su maleta, para finalmente cerrarlo y cogerlo, no sin antes de bajar, pasar por última vez a la habitación donde se encontraban sus pequeños jugando inocentemente sin tener idea de lo que estaba ocurriendo más allá de su entorno, y solamente eran testigos de cómo su mamá les hablaba con un dejo de tristeza pero tratando de mantener una pequeña sonrisa en sus labios, la cual veía la manera de poder explicarles que su papá no estará con ellos por un tiempo.
Kristoff observo con pesar aquella escena, ya que sabía que Anna contenía las lágrimas, en ese momento, el rubio quería dejar todo, pensar que lo que vivían en una pesadilla y que pronto despertarían de eso, cuánto deseaba que todo ello fuese ficción… Aunque la realidad no era así.
Mientras él seguía observando, su esposa se dio cuenta de su presencia y levanto a sus hijos con ternura en sus brazos mientras los llevaba hacia su padre, Kristoff solo decidió coger a los niños mientras le sonreía débilmente.
- Ustedes van a ser niños muy fuertes y generosos como lo es su mamá, así que prométanme que van a protegerla siempre.
Los pequeños infantes, miraban algo confusos hacia su padre, no entendían el porqué de sus palabras, pero sintieron que era necesario abrazarlo tan fuerte como para que sienta que siempre estarán con él. Kristoff no pude evitar sentir tristeza con aquel hecho, así que por última vez llevó a los niños en la cuna y los coloco con cuidado dentro de ella.
Finalmente el joven se dirigió a la puerta de la habitación donde su esposa se encontraba mirando la escena con total tristeza mientras su mirada cambio a mirar el suelo, el rubio siguió su camino hasta antes de las escaleras cuando de repente fue detenido por un abrazo a sus espaldas, el cual pudo reconocer que era de Anna.
- Anna…
- Kristoff, por favor, prométeme que volverás sano y a salvo – respondió la joven mientras ya unas pequeñas gotas rodaban por su rostro.
El rubio en su habitual silencio solo decidió voltearse y abrazar a la mujer que amaba, con tal fuerza que parecía que no quería dejarla ir. Después de eso su esposa lo miro con los ojos vidriosos, mientras este le regalaba un último beso, uno de aquellos besos tan apasionados, en el cual se demostraban lo mucho que se necesitaban, querían y deseaban.
- Volveré – fue lo último que dijo el joven mientras le regalaba por última vez una sonrisa y le prometía que regresaría con ella y su familia.
Era un día muy frío de invierno, precisamente el mismo sentimiento y pensar se podía ver afuera de aquella casa, mientras el asiático azabache esperaba su compañero, no podía evitar sentirse mal mientras veía que la rubia platinada a quien amaba, trataba de mantenerse dura aunque sus lagrimas le jugaban una mala pasada, la cual se pudo percatar su pequeño que llevaba en brazos.
- Elsa, tranquila, sabes que esto es inevitable ya que nos toca luchar por nuestra patria… no llores.
- Lo siento Tadashi, es solo que intento no llorar, pero pienso en ti, en mi hermana, sus hijos y nuestro hijo… y no puedo evitarlo.
- Señora Elsa, déjeme que lleve al pequeño – comentó Gerda que con el mismo pesar que los demás miembros presentes, miraban impotentes lo que estaba ocurriendo.
- Espera Gerda – intervino Tadashi – Solo deseo llevarlo una vez más – en ese momento el azabache carga momentáneamente a su hijo mientras le sonreía, luego miro a la noble mujer y se lo entrego a sus brazos, para luego dirigirse a su hermano, el cual estaba con una cara tan seria, sabía internamente que Hiro no estaba de acuerdo con todo lo ocurrido, y no sabía que sentimiento debería mostrar, si rabia, odio, tristeza o impotencia. Así que el azabache se acerco a él mientras colocaba su mano sobre su hombro.
- Tadashi… no es justo… - comento entre dientes su hermano menor mientras solo el mayor decidió sonreír.
- Lo sé, pero créeme que prefiero ser yo, a que tú enfrentes aquellos horrores, por eso, te dejo a cargo del cuidado de todos, eres mi hermano, y sé que lograras cumplirlo junto con toda la familia que se queda – respondió Tadashi mientras observaba a Gerda, Kai, quien llevaba a un lado a Sven, el cual se sentía igual de triste, y a quienes aparecían recién a las afueras de la casa, Kristoff y Anna – Creo que llegó el momento.
El azabache despide con un tierno beso en la frente de su esposa mientras Kristoff terminaba de subir su maleta al taxi y se despedía del resto, incluyendo de su fiel amigo al cual le pedía que cuidara a todos.
Elsa decidió acercarse mientras ya subían al auto sus familiares.
- Tadashi… a pesar de todo, siempre conservare la esperanza de que nos volveremos a ver, y no importa cuánto tiempo tome, pero te estaré esperando tu regreso – finalmente la rubia puso decir aquellas palabras mientras aún rodaban unas lágrimas por su rostro, el joven de rasgos asiáticos, sonrió a su esposa.
- Gracias Elsa… cuida a Hiro en mi ausencia, sé que se meterá en líos… y… - Tadashi la observo por última vez junto a su pequeño retoño que aún lo llevaba en brazos Gerda – Te amo Elsa, a ti y a Hiroshi.
- Yo también Tadashi – la rubia pudo escuchar como el motor ya estaba listo para arrancar, mientras Anna camina a su lado y dando su mejor esfuerzo, les regalo una sonrisa a su cuñado y a su esposo, deseándoles que todo les vaya bien. Y mientras ocurría aquella escena, que quedaría grabada en sus memorias, el taxi empezó a dar su marcha, despidiéndose finalmente de las jóvenes y la familia que dejaban atrás.
La guerra estaba empezando a dar sus frutos en América. Empezando por separar más familias.
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Enero de 1942. San Francisco.
Ya había pasado Año Nuevo, y con ello, el invierno se acentuaba cada día más en las calles de San Francisco, para las mujeres y hombres mayores que se habían quedado, necesitaban continuar con su vida, y de alguna manera, ahora eran el sustento de su propio hogar, en el caso de Elsa, su situación de actriz musical se mantenía aún, como su éxito, aunque las habladurías también comenzaban a resurgir a sus oídos.
"Pero cómo es posible que una actriz tan buena se haya casado con un descendiente japonés".
"Ella es hermosa, pero es una pena que su hijo tenga raíces de esa gente demoniaca".
Esos eran algunos de los tantos comentarios que tenía que soportar día a día con los nuevos ensayos y presentaciones que iba haciendo con su elenco. Para su suerte de Elsa, Oaken, su amable jefe, no pensaba en aquellas cosas, antes que nada, la consideraba a ella una buena persona con una bella familia, y no había día que no le hiciera falta decirle lo que realmente debe importarle, su amor por Dios, su familia y su trabajo, además que solo los verdaderos fans se guiaban por su desempeño en las escenas que dramatizaba y cantaba, y no por su vida privada. Al menos esas palabras y el apoyo de su jefe, como parte del elenco, le ayudaban a seguir firme con su rol como actriz.
Por otro lado, Anna no dejaba de estar pensativa en su trabajo, si bien atendía como siempre a sus clientes, no dejaba de soñar despierta que aquella puerta que unía el almacén con la zona del acaparador iba a aparecer Kristoff sonriéndole con un poco de harina en su rostro mientras llevaba uno de los tantos paquetes que le pedían en la cocina. Ella realmente esperaba que ocurriera ello, pero para su sorpresa, la puerta se abrió mostrando a su querida suegra Bulda; su sentimiento de felicidad cambió a una sonrisa con la mirada triste.
- Hija… ¿De nuevo pensando en Kristoff? – la amable mujer de piel morena se acerco a la joven pelirroja con una mirada igual de triste que de ella.
- Sí mamá… es solo que no dejo de preocuparme por él… los niños van creciendo pero llegará un momento que me preguntaran por su padre…
- Anna – hizo una pausa la regordeta mujer mientras se acomodaba al lado de la joven, para Bulda, desde el momento que su hijo se caso con Anna, ella paso a ser parte de la familia, así que era normal que a veces se dijeran hija o madre como parte del cariño que se tenían – Sabes hija, yo también pienso lo mismo que tú, entiendo cómo te sientes, a pesar que Kristoff no es de mi misma sangre, tengo mucho miedo por lo que le pueda ocurrir en aquel campo de batalla, entre granadas y disparos… a veces tengo pesadillas sobre ello.
Anna la miro con tristeza, pero algo dentro de ella le hizo borrar de su mente la idea que tenía su suegra, ella tenía la fe de que pronto acabaría todo esto y volverían a su vida normal. Como una familia feliz.
- Nunca debemos perder la esperanza – finalmente respondió la joven mientras su suegra la miraba sorprendida – Además Kristoff me prometió que volvería – una sonrisa se dibujo en su rostro, lo cual de alguna manera calmo aquel estado de ánimo triste que Bulda había mostrado.
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La tarde había llegado ya sobre San Francisco, mientras algunos regresaban a sus casas después de un día de trabajo, Elsa se encontraba leyendo un libro en la sala, aprovechando que su pequeño hijo tomaba una siesta en el sofá cercano, la casa ese día estaba solo con ella y Hiroshi, ya que Gerda y Kai habían salido a hacer las compras de la semana. Mientras ella continuaba leyendo con atención, repentinamente un golpe fuerte en la puerta le hizo saltar de su sitio, para voltear a ver lo que ocasiono aquel fuerte sonido.
- ¿Hiro? ¿Por qué vienes tan enojado? – efectivamente, su cuñado había llegado, pero su semblante era de rabia mientras observaba a Elsa la cual dejo de lado su libro para acercarse a él preocupada.
- Perdón Elsa… es que... me botaron del trabajo.
- ¿Pero cómo? ¿Si te iba muy bien? - preguntó la rubia platinada con una gran sorpresa.
- Es por mi apellido y mis rasgos, hay gente estúpida que piensa que yo soy igual que los que atentaron el Pearl Harbor, justo hoy un cliente que vino a reparar su carro, hizo una queja ante mi jefe, así que ya te imaginaras como acabo todo esto – el azabache malhumorado se acerco al sillón cercano mientras se sentó de golpe, realmente se sentía impotente por lo que le había ocurrido.
- Cedió a la presión de la gente… - Elsa termino de hablar mientras le miraba preocupada, entendía la impotencia que él sentía, ella también lo vivía día a día que iba a su trabajo, sobre todo por su hijo, que era su tesoro más importante.
La rubia no pudo evitar acercarse a su bebé, que por fortuna aún no se había despertado, y decidió cargarlo en brazos, sentía que debía protegerlo, sus rasgos principales eran como los de su padre, temía que pronto pasará algo más grave.
Como si un nuevo brillo apareciera en la mirada de Elsa, ella volteó a ver a Hiro, el cual se sorprendió de aquella mirada decidida de la joven madre.
- Hiro, te pido que esto no lo menciones a nadie, pero tengo una corazonada, pienso que de continuar la situación como se encuentra, se desatara tarde o temprana una histeria colectiva por solo tener un apellido japonés, espero equivocarme… pero si en caso pasara, es mejor tener listo nuestras maletas para huir de aquí.
- Elsa… pero eso es un caso…
- Hiro, yo viví la crudeza de ser perseguida con mi hermana por los alemanes… solo por ser descendientes de judíos… imagínate ahora con lo que ha ocurrido… por favor, tómalo como un acto de precaución, no deseo que a ti, ni a Hiroshi les ocurra algo, y que esto también traiga consecuencias a nuestros demás familiares.
- Entiendo – Hiro finalmente miro con decisión a la joven rubia y a su sobrino, de alguna manera pudo comprender porque Elsa le pedía ello. Su corazonada no era equivocada, dentro de él también sentía que el asunto se salía de control, poco a poco.
Hola y mil perdones x3, algo tarde pero les traje este nuevo capítulo x3 muchas gracias a todos quienes leen esta historia y sobretodo a Anna P. Rojas como siempre dejándome un lindo comentario, descuida te permito morderme x,D me lo merezco por obviar partes importantes x3, pero prometo compensarlo con full Kristanna pronto :3 (solo te spoileo que ya estoy empezando a escribir esa historia dedicada a ellos :3 ), bien la cuenta regresiva es de 5 x3, procurare seguir avanzando para que antes que se acabe el año pueda dar por concluida esta historia :) en este capítulo quise detallar un poco ya la "psicosis" que se vivió después del atentado de parte de los Japoneses, además del enlistamiento inmediato que hubo para la guerra (si me pregunta como es que Tadashi pudo entrar, es simple, aunque tampoco puedo confirmarlo al 100% pero no es sino hasta 22 de marzo de 1942 que se lanzo un decreto en donde finalmente se mando a aislar a todo japones nativo o que haya nacido en América en los campos de concentración, previamente a esa fecha ya habían discusiones en el congreso norteamericano, y sobretodo ya entraba una psicosis social que finalmente contagió al mismo presidente, así que hasta esa fecha no había "problema" con los japones-américanos o como se dice "nikei", la mayoría de datos es recopilado de la información de la internet y de libros de historia que he podido leer, como digo, habrá algunas diferencias, pero espero que sea de utilidad x3 ) el siguiente cap veremos más a Kristoff y Tadashi x3, al menos eso si les voy asegurando :)
Muchas gracias por la paciencia y espero con gusto sus comentarios y lecturas.
PD: Muchas gracias a los inbox que me han mandado en inglés de este fic, les agradezco bastante que les guste, espero más adelante pedir a alguien que lo traduzca x3, aunque no será tan sencillo x3, gracias de corazón.
